Deseando Vivir
Capítulo tres
La puerta que se abre
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Kaoru miraba la foto del pasaporte cuando sintió que venía Tae. Sin duda, Kenshin ya había llegado. Se ordenó un poco el cabello y se puso una bata encima del pijama para salir a verlo.
-Creo que se cayó en mi maleta cuando busqué su medicamento.- le explicó al pelirrojo al pasarle su documento.
-Me alegra que me haya avisado antes de alejarme mucho. Iba a necesitarlo. ¿Cómo pasó la noche?
"Hablando de ti en vez de mis problemas" pensó Kaoru, pero lo que Kenshin escuchó fue un:
-Tae y yo nos llevamos bien. Teníamos mucho de que hablar. Nos amanecimos.
-Me alegro.
-¿Y usted? ¿Su noche? ¿Durmió bien?-
-Claro que si.- Sólo había necesitado un analgésico. La miró enigmático.- Esta mañana, mientras venía, me han hablado mis tios. Les prometí llegar esta tarde a verlos, asi que debo ponerme en marcha. Los próximos días los tendré muy ocupados, pero si tengo tiempo libre, le avisaré.
-¿Avisarme? ¿Y por qué?
-Es que pienso que tal vez, podríamos salir por ahí... no lo sé. Me gustaría que pensara en ello.
-Me encantaría. En unos días, puede ser.
Feliz, Kenshin puso una mano en su brazo.
-Cuando tenga tiempo, llámeme. Hem... recuerde que yo no estoy familiarizado con la escritura de aquí, asi que no me envíe mensajes de texto.-
-Lo tendré en consideración.- dijo Kaoru.- Espéreme, iré a vestirme y lo despido- dijo al desaparecer en el cuarto de baño con un bulto bajo el brazo. Tae mientras salió a dejar a Kenshin a la puerta.
-Cuidela mucho. Ha pasado días muy duros.- dijo él.
-No se preocupe. Kaoru es una chica fuerte.- repuso Tae.
-Estoy seguro que saldrá adelante y le irá muy bien. Yo la apoyaré en lo que pueda. Tendrá un buen trabajo, quizá retome el kendo y algún día, si todo sale bien, formará una familia...-
Algo en la cara de Tae hizo sentir a Kenshin un poco fuera de lugar.
-¿Dije algo malo?-
Tae, una graciosa mujer de ojos entrecerrados, miró hacia la casa y luego lo encaró.
-No sé de donde venga usted, pero no es bueno que le diga esas cosas a mi amiga.
-¿Qué cosas? ¿Qué saldrá adelante?-
Tae asintió, cruzando los brazos.
-Es incapaz de tener familia y se acaba de divorciar. Ni siquiera tiene estudios superiores por haberse casado. En este momento ella no vale nada y ninguna familia la querrá para su hijo, salir adelante será una ilusión, a menos que se case o se largue de aquí. Tal vez lo mejor que pueda pasarle es que Enishi la reciba de vuelta.-
-¿Pero cómo puede usted decir eso si es su amiga? Ella puede salir adelante. Es joven, es inteligente... ella podría formar un negocio, estudiar, ser profesora de baile... No necesita volver con él.
-No se confunda. Yo quiero a Kaoru y tendrá mi casa y mi apoyo siempre, pero acá las cosas son distintas. Son muy difíciles para las mujeres solteras, peor aún cuando cargan con el estigma de ser divorciadas. No espero que lo entienda porque aunque luce como japonés, nuestra cultura le es ajena. Yo administro el restaurante de mi padre y éste ya está en plan de casarme con alguien, porque sin importar mis méritos, para él una mujer vale sólo si tiene hijos y sólo puede encontrar la dignidad como ama de casa.
Sorprendido, Kenshin la miró con los ojos muy abiertos.
-No puede ser así.
-Pregunte allá donde vaya, a quien conozca, qué piensa de un caso como el de mi amiga. Yo no estoy de acuerdo con este sistema y me lo tengo que bancar, por eso le hablo tan abiertamente de ello y no me importa decírselo. A quienes pregunte, seguramente se abstendrán de responder abiertamente, por eso esté muy atento a sus reacciones. Después, cuando nos veamos, hablaremos.
-Muchas gracias por aclarármelo.- alcanzó a decir cuando salió Kaoru de la casa.
Se veía muy linda y Kaoru se acercó sonriendo a él. Tae los dejó solos.
-Kenshin, le quisiera preguntar algo antes de despedirnos, y es que me dejó muy intrigada.
-Dígame.
-En su pasaporte pone... que usted nació en el año 1981. Es decir...tiene... 34, cierto?
-Los cumpliré en Junio. ¿Por qué?
-Es sólo que... pensé que era mucho más joven. Creí que tenía mi edad, pero, es mucho mayor.
-Supongo que no se me ocurrió decírselo antes. ¿Le molesta?
-Es raro, pero... no. No me molesta.-
-Está bien. Entonces, ahora si me marcho.-
Se despidieron mucho más formalmente que en la noche anterior y él se fue, esta vez, de modo definitivo. Kaoru se quedó mirando el auto perderse en el horizonte.
Volvió al interior de la casa, un poco decaida y Tae para animarla, la puso a trabajar haciendo aseo. Entre dos y con música, se pasaba mejor.
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Kenshin fue bien recibido por su familia materna gracias al saludo super cortés que le enseñó Kaoru, y pudo entregar sus cartas a sus tíos y conocer a su primo Hibiki y su esposa Ren, madre de dos pequeños y mujer encantadora y callada, quien abrió con gracia los sobres de las cartas. Era un placer mirar a tan delicada criatura. Las japonesas tenían ese algo que inspiraba cosas agradables al mirarlas actuar y Kenshin sonrió pensando en su madre cuando era joven.
Su madre... ella le había pedido que se quedara mientras sus tíos leían para esperar reacciones, pero a decir verdad, él supo que las cosas no estaban bien cuando tras leer, lo miraron sin ninguna sonrisa en la cara.
-¿Sabes qué dice esta carta?- preguntó su tío Tetsuo. Su tía Sakura se ubicó tras el esposo y Ren, con las manos cruzadas sobre las piernas, miraba el piso.
-Lo ignoro.
-Acá dice que te operarán y que podrías necesitar cuidados post operatorios. Que eres algo así como un héroe de guerra.
Humilde, Kenshin asintió.
-Serví a mi pais con orgullo, dignidad y valentía. Luego de haber recibido tantas cosas buenas de ellos, quise retribuir.
-¿Cómo qué cosas?
-Un hogar, tío, donde mi madre vive tranquila con nuestra familia. Recibí educación e instrucción cuando la necesité.
-Lo que pasó en tu brazo fue consecuencia de servir a tu país.-
-Asi es.
Tetsuo se acomodó en su asiento. Kenshin empezó a sentir una molestia en su brazo izquierdo, pero se contuvo de tocarlo. No se mostraban debilidades frente a los demás.
-Por favor, lee lo que puso tu madre, mi hermana.-
Kenshin recibió la carta de su tío y antes de poner su vista en ella, miró en torno, a Hibiki que estaba muy serio. Luego intentó leer algo, pero sólo vio garabatos.
-Vamos. Dime qué dice allí.- insistió Tetsuo.
-Dice que... dice... No lo sé. No leo japonés.
-Está bien. Entonces yo te diré qué dice esa carta. Habla de una mujer que se fue a otro pais con su esposo durante su especialización como médico y ella decidió quedarse allí cuando él regresó. Esa mujer deshonró a su familia, fue la verguenza de nuestros padres y la mía. No contenta con eso se quedó con su hijo, al que educó en otra cultura y no en la nuestra. Esa mujer hoy me pide ayuda en su carta para un hijo que lucha por una bandera ajena y yo te digo que desconozco a ese sobrino.
Kenshin se puso de pie de inmediato. Erguido como estaba, miró a su tío con desprecio y no se molestó en usar el lenguaje formal.
-No entiendo lo que dices, porque aprendí otro idioma. Tampoco espero que tú ni tu familia me entiendan. Ignoraba lo que puso mi madre en la carta y no quiero ni necesito tu ayuda. Sólo lamento haber venido a perder mi tiempo. Finalmente, debo decir que tú no sabes el motivo por el que mis padres se separaron, y pienso que sin duda fue una buena decisión para ambos. Si yo, que he sido el afectado en esto no los juzga, tú no tienes ningún derecho a hacerlo.
Acto seguido, Kenshin sacó un documento que enseñó a su tío, al que le faltaba la firma.
-Mi madre me instruyó diciendo que si aceptaban la carta, yo debía aportar con esta cantidad a su familia por los gastos que pudiera generar en mi recuperación. De más está decir que no hay trato.
La esposa de Tetsuo, Sakura, miró la cifra en el papel e hizo rápidos cálculos. Les iban a pagar una pequeña fortuna y saldrían de varias deudas con ella.
-Pero sobrino, no te pongas así. Desde luego que podemos cuidarte...- comenzó servil. Tetsuo la apoyó.
-Por favor, podemos hablar sobre esto.
-Primito...-
Kenshin guardó su documento.
-El ejército me brindó una profesión gracias a la cual hemos salido adelante con mi madre, y queriamos compartir el fruto de nuestro trabajo con ustedes. Ya da igual.- Luego se inclinó formalmente.- Muchas gracias por su tiempo. No espero volverlos a ver.
Se dirigió a la puerta y se retiró con paso seguro. Estaba enfadado y sentía ganas de romperle la cara a alguien. ¿Cómo era posible que alguien hablara así de su madre? ¿Su madre que se merecía el cielo y las estrellas? Sólo Dios sabía cuánto había trabajado para aprender el idioma inglés y sacarlo adelante, antes de conocer a Seijuro y aunar fuerzas. Ella, menos que nadie, podía "deshonrar" a una familia. Su madre era lo más lindo del mundo. Y su padre... cierto que no tenían relación, pero Kenshin lo respetaba y trataba de entender sus motivos.
Al verlo salir, Tetsuo se quedó pálido, plantado en el sillón. De pronto reparó en su hijo y lo mandó a correr tras Kenshin y arrodillarse frente a él para recuperarlo, pero no fue posible.
Kenshin ya estaba acelerando en el auto. Ni siquiera miró por el espejo retrovisor.
No era fácil hacer enfadar a Kenshin, pero cuando sucedía, el calmo pelirrojo podía llegar a ser realmente implacable y rara vez echaba pie atrás sobre alguna decisión tomada. No lo conmovieron las posteriores llamadas de su tía hablándole sobre los plazos de una hipoteca o que el nieto entraría a la escuela pronto. Él había llegado solicitando ayuda de la forma más humilde y se dieron el lujo de despreciar a su cultura y a su madre. Y eso, eso nunca, pero nunca lo iba a perdonar.
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Tras hacer una diligencia en el banco, Enishi hizo una pasada rápida por el ayuntamiento para dejar los papeles firmados por él y Kaoru para el divorcio de común acuerdo. Había esperado unos días pensando que ella aparecería pidiendo clemencia, pero nada de eso sucedió y él decidió finiquitar el asunto de una buena vez. Entró resuelto al lugar y salió minutos después.
Con tanto trabajo como tenía, era poco el tiempo que podía dedicar a pensar en ella y analizar lo que él de verdad quería. Bloqueó sus pensamientos al entrar en el edificio y nada más sentarse en su escritorio, fue llamado por el presidente.
-Quería informarte que dentro de dos semanas celebraremos el aniversario de la empresa. Puedes invitar a tu esposa, porque será una fiesta familiar.
-Agradezco su invitación, señor Miyagi, pero no será posible llevar a mi esposa.
Algo en la expresión dura de Enishi motivó al señor Miyagi a señalarle el asiento y a pedir dos té a su secretaria. Cumplida la petición, ella cerró con discreción la puerta.
-Quiero que me diga qué pasó con su esposa.- dijo Miyagi resuelto.
-Los detalles de todo esto son problemas que como pareja manejamos en reserva. Lo que le puedo contar es que ella me engañó al decir que quería formar una familia conmigo. -
-¿Acaso no quería hacerlo?-
-Exacto. Por eso, señor Miyagi, vendré solo a la fiesta de la empresa.
Miyagi se echó hacia atrás en el asiento y entrecruzó los dedos a la altura de su pecho.
-Me gusta tu decisión, muchacho. Realmente valoro eso. Vuelve a tu puesto y espero verte en esa fiesta.
Enishi salió con una sonrisa en los labios del lugar y se dirigió a su escritorio. Necesitaba evaluar un informe que acababa de llegarle y pedir unos datos sobre la competencia. Se entretuvo tanto en eso que se la pasó la hora volando.
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Mientras Kenshin, muy temprano, regresaba a Kobe para buscar dónde vivir e iniciar una batería de exámenes pre-operatorios, Kaoru se ponía un delantal para ayudar en la cocina del restaurante del padre de Tae. No sería nada complicado, sólo ayudaría un poco a limpiar y a despejar los espacios. Eso era mejor que quedarse sola en casa y se lo agradeció a su amiga.
Un par de días después encontró un trabajo de medio tiempo que le exigía poco esfuerzo físico como cajera en una tienda de artículos de cocina. La paga era decente, pero que su jefe pasara a llevar su cadera con la mano de vez en cuando no la convencía. Sentía ganas de gritarle algo y golpearlo cada que pasaba, pero sólo podía agachar la cabeza y aguantarlo.
Una tarde su jefe le pidió que se quedara un poco más para cerrar correctamente la caja. Kaoru accedió a la petición y estaba contando el dinero cuando él cerró la cortina de la tienda tras echar a la última empleada, quien miró a Kaoru con una expresión que ella no supo descifrar. Entonces su jefe se abalanzó sobre ella. Ansioso, quería tocarla y nada más que eso, sus pechos y su cola antes de dejarla ir. No fue violento con ella, pero para Kaoru fue tan asqueroso que llegó muy descompuesta a la casa y le contó a Tae lo sucedido. Su amiga la consoló a su manera.
-Tienes que acostumbrarte, querida. Así es el mundo para nosotras.
-¿Pero y si lo denuncio en alguna parte?
-Puedes intentarlo, pero te aseguro que si esto le ha pasado a tus compañeras, no te apañaran por mantener su puesto de trabajo. Kaoru... yo sé que ya no querías estar con tu marido, pero al menos en tu casa estas cosas no te pasarían.
Cabizbaja, Kaoru reflexionó en las palabras de su amiga. Tenía razón. Su jaula era la protección y ahora no contaba con eso. Era cierto que Enishi la dejaba sola todo el día y por la noche la demandaba en la cama, buscando al hijo, pero al menos ella sentía que estaba "bien" porque era su mujer y era su deber formar familia con él. Además, tampoco era siempre. A veces llegaba muy cansado y respetaba sus periodos.
Se preguntó en ese momento por qué había sentido que debía salir de la casa. Su matrimonio no había sido nada del otro mundo.
-Pero no puedo volver con él. Ya salí de allí.
-Kaoru, el mundo para nosotras es difícil y para triunfar en él debes ser fuerte, debes apretar los dientes y seguir adelante, no hay otra forma. Si quieres renunciar a tu empleo hazlo, pero tu jefe no es la excepción que encontrarás. ¿Entiendes lo que digo? Sólo debes ocuparte de hacer tu trabajo. Con el tiempo tu jefe se aburrirá de tí, te lo aseguro.
Insomne, pensó que ahora dependía de si misma. La única opción sería seguir de cajera, mientras buscaba otro empleo que le permitiera salir de allí.
Al día siguiente tomó su bolso para ir a trabajar y así pasó una semana, hasta que el jefe le anunció nuevamente que tenía que quedarse a trabajar más tarde.
No quería hacerlo y salió a tomar su colación fuera del local para pensar en cómo salir de la situación. ¿Debía aguantar como le indicaba su amiga Tae? Entonces sonó su teléfono y contestó. Era Kenshin.
Lo saludó con cortesía, sintiéndose feliz de escucharlo. Él le preguntó cómo estaba.
-Bien.-Respondió insegura.
-¿Le pasa algo?
Kaoru se dio cuenta que su voz la había traicionado.
-No... nada.
-¿De verdad?
-Bueno... en realidad tengo un problema.
-¿Y lo puedo saber?
-No es nada serio.
Kenshin se quedó callado unos segundos, pensando.
-Kaoru... cuando una situación no le gusta, sólo puede hacer dos cosas: dejarlo como está o salir de allí. Dejarlo pasar es lo más fácil. Salir es algo que usted ya ha hecho. Sabe que puede ser doloroso, pero tal vez le abra otras puertas.
Los ojos de Kaoru se llenaron de lágrimas. Luchó por sacar la voz.
-Muchas gracias. Lo tomaré en cuenta. Tengo... tengo algo que hacer. ¿Podemos hablar más tarde?
-Desde luego. Tengo un asunto que tratar con usted.
Cortaron. Más tranquila, Kaoru regresó a su lugar tras la caja y al cerrar tras salir su última compañera, su jefe puso una mano en sus pechos. Entonces algo dentro de ella se rebeló. Lo empujó con todas sus fuerzas y corrió a la salida. La cortina estaba bajada y sintió pánico al estar atrapada, sobre todo porque su jefe la tomó por la cintura y la ajustada falda tubo que debía usar no le permitía mucho movimiento como para agredirlo con la rodilla.
Frenética, buscó cómo abrir la puerta en la cortina con la mirada en tanto sentía las manos de jefe apretarla y jadeando, le puso una fuerte cachetada en la mejilla. El hombre quedó descolocado y ella aprovechó de abrir la puerta, salir y correr hasta que se detuvo por ahí a tomar aire. Temblaba notoriamente y estaba asustada. Sentía muchas ganas de llorar y de esconderse, meterse a la cama o ser protegida.
Por un segundo sintió que extrañaba su antigua vida, que nada de lo que Enishi pudo haberle hecho la hizo sentir tan miserable como lo que ese viejo asqueroso de su jefe le hizo. Al menos, para bien o mal, ella se entregó por voluntad a su esposo.
Rechazó ese pensamiento al recordar las veces que él la doblegó. Suspiró. Su mente era un caos. Debía aprender a cuidar de si misma.
Al día siguiente se levantó temprano y fue a su trabajo. El jefe le pidió hablar un momento a solas con ella. Kaoru accedió, y él le pasó un sobre, donde venía el dinero que le correspondía por los días trabajados. Ella nada objetó y se retiró de allí tan derecha como pudo.
La sensación de que eso se trataba de un nuevo fracaso la golpeó duramente. Tae le había dicho que debía aguantar, Kenshin algo sobre puertas que se abrirían. Caminó sin apenas prestar atención a la calle, perdida en sus pensamientos y de pronto pensó en Kenshin, viajando solo por un lugar que no entendía y sufriendo dolor. Él si era valiente... y seguía adelante. No lo había llamado como prometió y ahora adoraría tenerlo en frente en ese momento. Se prometió llamarlo en cuanto llegara a casa. Le parecía que todo era más simple con sólo escucharlo.
Ya más contenta con la vida dobló la esquina y entonces vio al pelirrojo con un pequeño bolso a la espalda.
-¡Kenshin!-
No pensó en nada más que la felicidad que le provocaba verlo y se lanzó a sus brazos en un gesto espontáneo, lanzando lejos su bolsa. Tae la miró con total asombro. Kenshin, por su parte, la abrazó con cariño.
-Pensé que nunca diría esto por estas tierras, pero me siento como en casa.-
Escuchó una risita emocionada de la joven y se complació con eso.
Kaoru lo soltó. Sus mejillas arreboladas.
-Kenshin. ¿Pero, qué hace aquí? ¿Y el auto?
-Sobre el auto, lo devolví al alquiler hace pocos días. Ahora me muevo en tren. Sobre qué hago aquí, vine a proponerle un trato, aunque Tae me dijo que consiguió un empleo.
Kaoru miró a Kenshin con cierto asombro. Le pareció un hombre sumamente instintivo...
-Ya no tengo empleo. Quiero ver qué puertas se abren para mí.
Tae miró boquiabierta a su amiga e hizo pasar a la pareja a su casa. Kaoru no quiso contarle a Kenshin lo que le había pasado y él respetó su decisión.
-Decidí venir hasta aquí porque se me acabó el plazo que me había autoimpuesto para conseguir apoyo.-dijo Kenshin muy serio a Kaoru y Tae que estaban sentadas a la mesa con él.- Y por eso pensé en Kaoru. Usted puede ayudarme en lo que necesito, a cambio, yo la ayudaré con ingresos para iniciar esta etapa nueva en su vida.
Interesadas, las amigas prestaron toda su atención.
-Kaoru, usted conoce en parte mi dolencia. Yo vine a este país porque mi padre forma equipo con un importante médico, el señor Akagi, especializado en dolor. Él asegura que puede curar mi hombro o minimizar en gran medida el dolor que siento, pero tras estudiar mi caso, dice que se deberá realizar en dos cirugías, con un mes de diferencia entre cada una. Todo ese tiempo deberé vivirlo aquí para asistir a los controles y ser seguido por el equipo del señor Akagi que quiere documentar mi caso. Por esto, el costo de las cirugias no me será alto.
Kenshin tomó un poco de agua del que le ofreció Tae. De inmediato siguió.
-Mi madre y yo tenemos una empresa en USA. Ella es arquitecto y yo constructor. Ella no pudo acompañarme a este viaje porque está a cargo de Norken, por eso solicitó a sus parientes que me acogieran en sus hogares en Tokio. No me fue bien con ellos y quienes si tuvieron la dispocisión para hacerlo no tenían el espacio suficiente para mí. Finalmente mi padre, Himura Kenshiro alquiló un departamento para mí en su mismo edificio para verme, pero por su trabajo estaré sólo gran parte del día y tampoco pretendo molestarlo durante su descanso, asi que pensamos en una persona que me pudiera asistir. Y esa persona, Kaoru, es usted.-
-¿Yo? Pero... Kenshin, yo no sé nada de enfermería... -
-Le puede parecer un poco retrógado lo que diré, pero no necesito una enfermera. Necesito una mujer que haga labores de casa. Mi brazo izquierdo estará inmovilizado un mes, quizá más tiempo. No podré cocinar, por ejemplo, o preparar el computador para comunicarme con mi mamá. A cambio de sus labores domésticas, yo le pagaré un sueldo y le dejaré tiempo libre para que haga lo que guste. Puede vivir conmigo en el departamento o bien en algún lugar que con gusto alquilaré para usted. ¿Qué dice?
Chiba le gustaba a Kaoru, pero extrañaba Kobe. La idea de vivir con Kenshin era tentadora y por otro lado... ¿Su mamá llevaba una empresa? Moría de ganas por saber más de ella. Miró a Tae.
-Si yo estuviera en tu lugar, ni lo pensaría.
A Kaoru le parecía un poco raro cobrar a Kenshin por el servicio doméstico, pero él se veía muy propio hablando de pagarle por eso. Seguramente, de dónde venía eso tenía una paga. Aceptó la oferta.
-Lo que si debo decirle es que debemos partir esta misma tarde o mañana muy temprano, porque me interno en pocos días, asi usted queda instalada.-
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Tras agradecer a Tae su hospitalidad, Kaoru emprendió el regreso a Kobe. Su viaje fue muy ameno y ya en la ciudad conoció al padre de Kenshin con cierto recelo, tras lo vivido con su jefe. Se dio cuenta entonces que sólo con Kenshin se sentía segura porque confiaba en él plenamente.
El departamento era muy parecido al que fue su hogar con Enishi y enseguida se sintió cómoda. Kenshin le enseñó las habitaciones y notó que tenía mucho espacio. Además, el le estaba cediendo la habitación más grande.
-Probemos un tiempo. Me quedaré aquí y mientras, buscaré un alquiler con calma.- dijo Kaoru.
Acomodó sus escasas pertenencias y se dieron cuenta de que no tenían nada para amoblar el lugar. Kenshin no estaba muy seguro de comprar cosas, porque regresaría a su país, sin embargo pensó en Kaoru. Tal vez podrían servirle a ella.
Se fueron sin perder el tiempo, de tiendas. Compraron un par de futones y sus respectivos cobertores, un calentador eléctrico, un hervidor de agua y algunas cacerolas. Kaoru evocó los días en que estaba armando su casa con Enishi y tuvo un sentimiento de nostalgia.
Kenshin la notó pensativa cuando le preguntó por tercera vez qué platos quería llevar. Ella entonces se repuso y le indicó los de color blanco. Luego compraron cubiertos, una mesa plegable con dos sillas que no eran muy bonitas pero sí económicas y Kaoru se empezó a divertir con las compras. Incluyó un par de pocillos y los utensilios para cocinar además de los de aseo. Kenshin la miró asombrado, porque no había pensado en eso.
Tras eso, acomodaron lo que pudieron y después de comer algo por ahí, fueron por víveres y cosas de uso personal como jabon, shampú y papel higiénico. Ya por la noche, agotados, terminaron de acomodar todo.
Se sentaron en sus sillas plegables a mirar su hogar temporal, cada uno con un sentimiento especial. A Kenshin le parecía que su departamento se veía vacío, acostumbrado como estaba a su casa llena de fotos en las paredes, flores y un cómodo sofá sobre el que había un paño tejido por su madre. Kaoru en tanto se sentía conmovida... había dejado una casa llena de lujos para fracasar en un empleo... con esos pocos muebles sentia que empezaba a reconstruír su vida.
-Compraremos un sofá.- dijo Kenshin de pronto.- No me importa lo que nos cueste, pero yo necesito un sofá.
"Lo que nos cueste", pensó Kaoru.
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Al tercer día en Kobe, ya estaban bien establecidos y con un lindo sofá de color verde musgo delante de la ventana. Su casa seguía viéndose vacía según Kenshin, pero estaba contento y listo para enfrentar su operación. Cuando se levantó aquella mañana, se encontró a Kaoru preparando el desayuno y canturreando.
Se veía muy a gusto en el desprovisto espacio de la cocina. De pronto, reparó en algo nuevo sobre la mesa. Era algo así como una bolsita de tela, muy pequeña.
-¿Y esto?
Kenshin hizo ademán de abrirla para mirar su contenido, pero Kaoru corrió a detenerlo.
-No lo haga, déjelo!
La joven tomó la bolsita de sus manos y luego, de modo solemne, se la entregó.
-Le deseo una buena operación y una buena recuperación. Por favor, conserve este amuleto cerca suyo.
A Kenshin le pareció recordar algo de su infancia. Esas bolsitas...
-"¿Omamori?" ¿Cómo lo consiguió?
-Fui al templo temprano, a pedir por su salud. Mañana es su ingreso al hospital, por eso le traje uno. Todo saldrá bien.
Kenshin puso el Omamori en el bolsillo de su camisa. Él no creía mucho en esas cosas, acostumbrado como estaba a rezar, pero si a ella le hacía ilusión, estaba bien.
-Gracias.
Salieron a hacer la última compra: Un televisor. Cuando iban a la tienda y Kaoru le hablaba del Omamori, alguien casi choca con Kenshin. Este se detuvo y recibió una cordial disculpa de un hombre alto, entonces escuchó la voz de Kaoru.
-Enishi...-
-¿Cómo estás, Kaoru? Tanto tiempo.
-Más de un mes... - se obligó a decir ella.
-¿Y tu amiguito... ?- preguntó con voz sedosa. Kaoru, que conocía ese tono, intuyó que miraba en menos a Kenshin y eso la molestó, de tal modo que sonrió y miro al pelirrojo.
-Este hombre que está aquí es Yukishiro Enishi.
Enishi de inmediato se percató que ella lo provocaba al mostrarle más respeto a su amigo dándole su nombre. Sonrió peligrosamente. Kenshin entonces decidió presentarse.
-Ya veo. Mi nombre es Himura Kenshin, señor Yukishiro.
Enishi prestó mas atención al acompañante de Kaoru. Había algo raro en él. Era más bajo sin duda, pero pudo sentir que en cierto modo, eran equivalentes. No podía entenderlo.
No había conocido a otro hombre que le diera esa sensación y no le gustó.
-Kaoru, supongo que en honor a los viejos tiempos, podríamos tomar algo por ahí y conversar.
-Justo en este momento íbamos a hacer algo con Kenshin.
-Pero supongo que al señor Himura no le molesta que me acompañes, ¿cierto?-
Sabiendo que Enishi lo ponía en una dífícil situación, Kenshin miró a Kaoru. Ella no había hablado mucho sobre Enishi en una actitud que él consideró muy madura de su parte. Pero sabía algo: Ella estaba muy asustada de su reacción ante la pérdida de un hijo y decidió salir de la casa tras un incidente que no quiso revelarle. Y él, lejos de protegerla, le bloqueó el acceso al dinero.
Miró a Enishi con una sonrisa cordial que no llegaba a sus ojos. Ese hombre en vez de contener a su esposa, la había castigado. Propuso un divorcio sin dialogar primero. No merecía que él se hiciera a un lado. No en ese momento.
-Kaoru y yo tenemos un asunto que resolver, por cuanto necesito la opinión de ella para decidir y no podemos postergarlo.
-¿Y qué piensas tú, Kaoru?
Kaoru estaba echa un lío. Pero una rápida mirada a Kenshin la orientó.
-No puedo acompañarte ahora, pero a las cinco estaré desocupada. ¿Puedes?
Enishi entrecerró los ojos. Kaoru sabía que a esa hora él solía mirar una serie de detectives, su única debilidad.
-Si te desocupas antes...
-No lo creo, Enishi. Mejor dejémoslo para otro día...-
-Está bien. Será a las cinco. Te espero en el Café de la Sakura. Lo abrieron hace poco...
-No. Ahí no.- dijo Kaoru convencida, recordando que ahí tomó su primer café con Kenshin y no quería manchar ese lugar en su memoria con Enishi.- Mejor en el Cory.
-Como digas.
Como si se hubieran puesto de acuerdo, Kenshin y Kaoru comenzaron a caminar al mismo tiempo. Enishi quedó atrás, mirándolos, y luego de sonreír y acomodarse las gafas oscuras que llevaba, siguió su camino.
Se compraron unos refrescos más allá y Kenshin notó que las manos de Kaoru temblaban de tal forma que no podía abrir la lata. Si él estuviera en su país, podría tomarle las manos o abrazarla para infundarle ánimo y seguridad, pero no podía allí en la calle. Se sintió impotente, aunque de inmediato le quitó con delicadeza la latita y la abrió para ella.
Algo era algo. Kaoru lo miró agradecida.
-Si quiere, nos podemos ir a casa. El televisor no es tan urgente.
-No, no es necesario. Es sólo que... solo que... tengo demasiadas emociones encontradas. No lo quiero, pero me golpeó verlo otra vez, esa es la verdad. Kenshin... ¿Hice bien aceptando su invitación?
Llegaron a la tienda.
-Pienso que a usted y Enishi les faltó una conversación más. Sea para cerrar esto definitivamente o tal vez para empezar de nuevo. No quise decir esto delante de él para no darle poder sobre usted, pero es lo más correcto.
Compraron el televisor rápidamente y regresaron a casa. Kaoru estaba muy callada pensando y cuando faltaban unos minutos para las cinco, tomó su bolsa pesadamente y salió. Ni siquiera se arregló un poco. No se veía feliz. Incluso lo miró como pidiéndole que la acompañara, a lo que él negó despacio, pero se ofreció a ir a buscarla.
Cerca de las cinco y media, tomó una ducha. Se colocó una yukata que Kaoru insistió que comprara y estaba lidiando con el obi cuando lo sorprendió la puerta al abrirse.
Kaoru entró a la casa. No se veía muy bien.
-¿Enishi no fue a la cita?-
-Fue.- repuso ella. Se veía muy cansada, como si soportara un enorme peso.
-¿Hablaron?.
Muy triste, Kaoru asintió y se apoyó en la puerta. La confusión que tenía era absoluta.
Enishi le había pedido que volvieran y ella dijo no. Insistió en que lo pensara y la respuesta fue la misma. Pensaba que quemaba sus naves tras ella de manera definitiva y entonces él le dijo que seguían casados.
"Fui a dejar los papeles, pero me arrepentí. Podemos volver a intentarlo, porque no creo que ese tipo con el que estabas sea tu amante. Aquí los tienes. Velos tú misma".
-No supe que decirle y corri hasta aqui.- dijo ella después de un rato, mientras compartían un te.- Sólo sentí que no quería volver con él. Tal vez consiga un abogado, no lo sé.-
-¿Pero usted de verdad no quiere nada con su esposo? Es decir... si él le pidió que volvieran debe extrañarla. Quizá esté dispuesto a cambiar alguna actitud que a usted no le guste.
¿Enishi, cambiar? Kaoru lo dudaba.
-Aunque cambiara, él nunca sería como...- Kaoru se calló abruptamente al darse cuenta de lo que iba a decir. Para salir del paso dijo.- Nunca sería como prometió al casarnos.
Relajado, Kenshin tomó las tazas y las llevó al fregadero. De pronto la taza que llevaba en la izquierda se deslizó entre sus dedos, cayendo y rompiéndose. El dolor había vuelto. Se dobló tomándose el brazo y apretando los dientes.
Ninguna postura corporal lo ayudaba a sentirse mejor y Kaoru buscó su medicamento y se lo díó. Pasada media hora Kenshin se instaló en el sofá, agotado, tomando agua.
Kaoru lo miró con cierta curiosidad.
-¿Cómo fue su accidente?
A Kenshin no le gustaba hablar sobre lo que había pasado, pero pensó que tal vez eso distraería a Kaoru de sus propios problemas.
-Yo serví al ejército de los Estados Unidos durante algunos años.- dijo sentándose al lado de ella en el sofá.- A cambio, ellos me dieron una profesión y me brindaron la posibilidad de conocer excelentes amigos. En 2009, poco tiempo antes de finalizar mi contrato, me enviaron en misión a Afganistán por seis meses. Pocos días antes de mi regreso, me sucedió esto.
Detuvo un poco su relato para pensar bien qué contar. Quería ser breve.
-Íbamos transitando por la polvorienta calle de una ciudad de barro, aparentemente abandonada. Mi amigo Chris hizo un juego conmigo y me envió a buscar algo que se le había caído del jeep. Me bajé y di unos pocos pasos, entonces una bomba de los talibanes cayó sobre mi amigo y cuatro camaradas más. Yo salí volando por la explosión, y mi cuerpo quedó ensartado en unos metales que sobresalían de una muralla.
-¿Ensartado? Kenshin...
-Si, Kaoru, quedé ensartado. Mis pies no tocaban el suelo. El desgarro de mis músculos y el dolor eran horribles. Dos de los metales traspasaron mi cuerpo, el resto se enterró o sólo cortó. Algunas piedras que volaron cortaron mi cara...
-La cicatriz...
Kenshin encogió un poco las rodillas para apoyar sus brazos allí.
-No sé cómo sucedió, pero apareció después de eso. Fue... horrible ver a mis compañeros muertos y no poder asistirlos. La ayuda llegó varias horas después, aunque de eso ya no me acuerdo porque perdí la conciencia. Desperté después de ser operado de urgencia para salvarme el brazo y su movilidad. A pesar de lo horrible que se pudo ver, los metales no hicieron daño en órganos vitales. Me enviaron de vuelta a mi país y allí los médicos acabaron de mejorarme en lo que pudieron, pero el dolor me quedó de remanente.
-Lamento lo que le ha pasado. Lamento lo de sus amigos.
-Yo lo lamento mucho más. Sobre todo por Chris. Era un gran muchacho y planeábamos vivir muchas aventuras juntos. Él iba a casarse... cuando regresara. Era como mi hermano.
El pesar en su voz no dejó indiferente a Kaoru. Él no quiso seguir hablando y ella pensó en una trivialidad para aligerarlo.
-Hace un tiempo vi en el cable el programa de un tatuador famoso, y a veces salen casos de soldados que se tatuan el nombre de sus amigos porque no pueden ni quieren olvidarlos. ¿Usted lo ha pensado?
Kenshin lo pensó unos segundos.
-¿Me deja descubrirme el torso?
Ella asintió y Kenshin abrió la yukata un poco, deslizándola por sus brazos y le enseñó su espalda. Una horrible cicatriz sobre el omóplato izquierdo, zurcada de varias más en la espalda y en el brazo la dejaron horrorizada, especialmente por profundas que se notaban. Con los ojos cerrados, dominando sus nervios, Kenshin enseñó la parte de adelante donde las cicatrices pequeñas eran menos, pero había una grande que terminaba bajo la clavícula, con forma circular. Kenshin se volvió a cubrir.
-Creo que esto es suficiente recordatorio. Aunque intentarán mejorar su aspecto durante la operación, no se irán.
Kaoru se quedó mirando a Kenshin sin saber qué decirle. Finalmente optó por lo más sencillo y sincero que se le ocurrió.
-Muchas gracias por contarme esto. Realmente lo aprecio mucho.
Se quedaron escuchando música y se fueron a acostar al rato. Kaoru se quedó pensando en Kenshin y en lo que ella estuvo a punto de decir en la mesa. Que Enishi jamás sería como él, por eso no regresaría. Lo pensaba sinceramente. Antes había rondado por su cabeza la idea de volver con él, pero ahora que Enishi se lo pidió, supo que no podría. Volver a ver a Kenshin fue suficiente para que pensara en dejar esa puerta abierta... aunque fuera para asistirlo el tiempo que necesitara.
Sin embargo, aunque se reconocía que le gustaba Kenshin, sabía que la suerte estaba echada. Él regresaría a su país tras poco tiempo y aunque se fijara en ella, no podrían formar una familia por sus problemas de fertilidad. Pero si hubiera una posibilidad... Si él pensara en ella.
Ignoraba que Kenshin lo hacía. Y se sentía nervioso por eso.
Él le había enseñado parte de su cuerpo y estaba seguro de que a ella no le había gustado. Pero lo peor era que el médico no le había podido asegurar el éxito de la operación para quitar el dolor. Cierto que el dolor era fuerte, pero Kenshin había notado que se había incrementado con los años a niveles a veces, insoportables. El había pensado que si no sanaba, no se permitiría vivir mucho tiempo más sufriendo eso y lo lamentaba por su familia.
No contaba con que conocería a Kaoru y que las cosas se darían con ella. Pero no podía insinuarle nada mientras no supiera qué pasaría con él. Además, estaba el caso que aún era casada y eso le disgustaba, porque sabía que ahora menos que nunca, se permitiría buscar una relación más allá de la amistad con ella.
Al día siguiente, con el Omamori sobre su mesita de noche en el hospital, dejó que lo prepararan para operarlo. Y con los ojos cerrados, le pidió a Dios que todo saliera bien.
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Fin capítulo 3
La Puerta que se Abre
6 de Julio de 2015
Notas de autor:
Hola!
En momentos que escribo estas líneas, aún es mi cumpleaños. Quisiera agradecer con todo mi corazón a quienes me saludaron por diferentes vias. Realmente fue un cumpleaños un poco raro, pero lindo. Dentro de todo este día hubo un destello maravilloso que me sacudió. Dios es bueno conmigo.
Esta semana me había propuesto subir un capítulo de "Después de Perderte", pero tengo ganas de seguir con esta historia.
Me costó mucho decidir algunos hilos argumentales, como que Kaoru y Enishi siguen casados, y otro tipo de cosas que no puedo adelantar. Al menos a Kenshin lo dejamos en su cirugía y en buenas manos en su nuevo departamento.
Quiero pedir disculpas por los reviews, yo también espero que me sean respondidos los que pongo. En mi cotidiano yo no trabajo frente a un computador o cerca de uno. Mi trabajo es más físico y necesito mis dos manos y mi concentración en ello para no accidentarme, eso me deja tiempo para escribir, corregir y repensar por la noche, a veces para contestar reviews y revisar face. Pero no siempre puedo hacer todo eso y me quedo dormida. Ahora que tengo un celular puedo mirar face un poco, pero nada más.
Espero que se hayan entretenido. Les dejo. Un abrazo a todos y mucho amor.
Blankiss.
