Deseando Vivir

Capítulo cinco

Nuestras Historias

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Tras dormir dos horas de siesta, Kaoru se encontró sola en el departamento. Sobre la mesa había una nota, escrita en un japonés tan precario como el de un niño que lo aprendió hasta los ocho años.

"Estoy donde Kenshiro". Esa última palabra escrita en romanji. Si Kenshin no sabía escribir el nombre de su padre en japonés, ¿Sabría escribir el suyo? Posiblemente su madre le había enseñado, aunque estaba más acostumbrado a escribir con el alfabeto latino.

Sonrió con cierta ternura, pensando en el pequeño pelirrojo que llegó a un país de costumbres tan distintas al suyo. Durante los días en que prepararon su departamento, tuvieron mucho tiempo para charlar. Kenshin era un conversador ameno, sus historias le mostraron a un niño asustado ante el abandono del padre y el brío de una madre que se aferró a la independencia que encontró en los Estados Unidos, trabajando en lo que podía mientras él aprendía el inglés en la escuela y se lo enseñaba a ella. El niño que sufrió burlas por su raza y su baja estatura y que ya adolescente se hizo de amigos con quienes vivió momentos tan memorables como formar una banda de rock del que fue vocalista, adoptar un perro moribundo o fracturarse la clavícula cuando voló en bicicleta tras sortear un montículo de tierra, teniendo un mal aterrizaje durante un desafío.

El que ya mayor, decidió enrolarse en el ejército por la gratitud que sentía de haber sido acogido en esa patria.

Le gustaban las historias de Kenshin, amaba escucharlas. Las de ella en cambio no tenían nada especial. Alumna regular, algunas amigas, el tipo de joven a la que los chicos no querían, ingresó al club de kendo a los quince años y no lo dejó hasta poco más de los veintiuno. La que pensaba que tenía el futuro en sus manos hasta el día en que Enishi la vio cuando aún estudiaba en el instituto y ya no pudo escapar de él.

Tomó una silla y se fue a instalar al balcón, a mirar la tarde convertirse en noche. Encontró el reproductor de música de Kenshin y se puso los audífonos para evadirse con las canciones mientras pensaba en la historia de ella. Realmente su vida no tuvo nada especial, sólo sueños sin cumplir. Le gustaba cantar e imitar a sus idols favoritas, pero nunca tuvo una banda. Fue la chica que quiso adoptar un perrito pero sus padres se opusieron. La que fue tratada de tonta por sus amigas por negarse a participar en salidas con hombres mayores para ganar dinero como lo hacían ellas.

Pensó que si hubiera sabido que Enishi vendría, no se hubiera molestado tanto en guardar su cuerpo y su inocencia para el hombre al que entregaría su corazón. De sólo recordar su noche de bodas, le entraban ganas de llorar.

La brisa marina movió sus cabellos en la penumbra y estaba intentando contenerlos cuando se sobresaltó al ver aparecer delante de ella una taza con té humeante. La tomó y al mirar a su lado, vio a Kenshin sonreírle. Luego acarreó una silla y se sentó junto a ella. Kaoru se quitó los audífonos.

-Muchas gracias por el té.

-De nada.

La noche se cerró sobre ellos y miraron las luces encenderse del edificio del frente. El silencio entre ambos era cómodo, pero se rompió porque Kenshin no sentía paz. Su corazón estaba agitado desde la noche anterior cuando ella no volvió y después de saber el motivo, los celos y la incertidumbre lo estaban estrujando. Todo porque le gustaba Kaoru, y ¡Maldición! Estaba hecho un lío.

-¿Por qué estuvo con él?- preguntó de repente.

-¿Ehh? ¿Qué?

-Quiero saber por qué pasó la noche con Enishi.- repuso Kenshin sin mirarla y sorbiendo el líquido oscuro de su taza. Kaoru pasó saliva.

-¿Por qué quiere saberlo?

-¿Y por qué no?

-¿Acaso le disgusta?

-Si. Me disgusta.- reconoció Kenshin tan tranquilo, pero por dentro bullía.

Avergonzada, Kaoru pensó en levantarse y escapar. Él lo percibió. Se estaba arrepintiendo de preguntarle, pero él era así, directo. Eligió esta vez sus palabras.

-No tiene que contarme la historia si no quiere.- repuso.- Tampoco estoy juzgando su proceder. Mi motivo para preguntar es tan mío como esa historia suya. Si usted confía en mi, tendrá al más leal compañero a su lado, como hasta ahora y también confiaré en usted mi motivo. Si no me quiere contar, seguiremos tal cual. Absolutamente nada cambiará. Como sea, no tiene que temer de mi.

Se levantó y acercándose al barandal, acabó de beber de su taza. Tras mirar a las personas que caminaban por la calle, decidió volver al interior. Sentía celos, era cierto, pero podía lidiar con eso. Lo que lo estaba superando era la tristeza con la que ella había llegado por la mañana y él no sabía si podía ayudarla o no. En tanto, Kaoru se preguntaba qué podía disgustarle de su encuentro con Enishi. Tal vez el que lo haya dejado solo durante la noche siendo su cuidadora. Se lamentó por ser tan irresponsable y le pidió disculpas. Él las aceptó y se metió al departamento, para volver casi de inmediato.

-Necesito que me ayude con el aseo, porque saldré con Kenjiro dentro de una hora y ayer no pude bañarme.

Kaoru asintió e ingresó al lugar acarreando las sillas y las tazas. Estaba tranquila porque era un tema que habían hablado con anterioridad. De inmediato se ocupó de las toallas limpias, del botiquín con vendas, gasas, apósitos y otras cosas, preparando el baño y sintiendo un poco de nerviosismo por estar con él en una situación tan íntima, más allá del hecho de verlo medio desnudo, pero se esforzaría en tratarlo bien. Kenshin entró y se sentó sobre una silla de plástico en el espacio de la ducha sólo con unos pantaloncillos de baño y por unos segundos, Kaoru se olvidó de respirar y se dio la vuelta con la excusa de acomodar mejor las toallas. Por Kami... ¡Había sentido algo al verlo! Es decir... estaba acostumbrada al cuerpo desnudo de su atractivo esposo y por eso creyó que ayudar a Kenshin en el baño no le produciría mayor emoción pero ahora... miró sus manos temblorosas... le había agradado lo que vió y no estaba preparada para experimentarlo.

Tenía que calmarse. Si seguía así, él podría escuchar los latidos de su corazó ía un trabajo que hacer. Ella era su cuidadora, era responsable de él. Kenshin la miró con curiosidad y ella se puso tras su espalda, para empezar a retirar las vendas. Se concentró con una fuerza sobrehumana en lo que hacía y su cuerpo y mente se normalizaron. Así pudo examinar la zona de los puntos.

-Se ve todo bien según lo que indicó su padre.- informó ella.

Kaoru decidió empezar por lavarle la cabeza y le puso shampoo mientras Kenshin mantenía el brazo izquierdo encogido, como si aún tuviera el cabestrillo. Para distender el ambiente, él decidió iniciar una pequeña conversación.

-¿Sabe, Kaoru, qué me gusta de usted?-

La pregunta la desconcentró un momento, haciéndole más difícil lo que hacía. ¿Algo de ella le gustaba? Su corazón brincó pero pensó que él debería quedarse callado y contárselo cuando ella saliera de ese espacio y dejara de verlo. Sin embargo la curiosidad la embargó. ¡Quería saber! Aparentando profesionalismo temperó el agua de la ducha teléfono para enjuagarlo.

-No lo sé. Dígame.

-Me gusta su voz.

-¿Mi voz?

-Si. Cómo suena y su forma de hablar. Dijo él mirándose la mano derecha.- Me he dado cuenta de que aquí algunas mujeres adultas y maduras que he conocido hablan como si fueran... niñitas. Usan un falsete que me descoloca, no entiendo por qué hacen eso. Usted en cambio no, al menos conmigo y lo agradezco.

-Usted es el primero que me lo dice.

-¿De verdad?

-Mi madre y mis amigas insistían en usar un tono infantil para algunas situaciones pero a mí eso me daba pudor. No le diré que no lo he usado, pero a modo de diversión. Pero... ¿por qué no le gusta?

Acabado de aclarar el cabello y de poner una toalla para absorber el agua, Kaoru tomó una esponja y enjabonó la parte de adelante de su cuello, hombros, brazos, pecho, abdomen.

-Porque me gustan las mujeres que parecen mujeres a la vista, que se comportan como una y hablan como tal. Un poco de voz infantil-tierna-kawai podría ser para momentos de intimidad, pero no para comunicarse con todo el mundo. Son cosas de cultura, supongo. Espero que no me exilien por pensar de ese modo aún siendo japonés.

Kaoru levantó los brazos de Kenshin para jabonar bajo ellos.

-No hay problema. Es su gusto.- Kaoru lo enjuagó y se mojó rotundamente la ropa. Comentó que la próxima vez ella también usaría traje de baño. Rieron y ella se concentró en lavar su espalda con el mayor de los cuidados.

Él estaba muy tranquilo, sentado y el ambiente se aligeró. ¿Por qué con él era todo tan distinto, tan calmo? Kaoru pensó en la pregunta que le había hecho en el balcón y que ella no había respondido. Llevaba ayudándola un tiempo y era natural que quisiera saber qué pasaba y por otro lado, ella si quería hablarle de su matrimonio, sólo que siempre le había dado pudor hacerlo porque tal vez, si ella se hubiera esforzado más, hubiera resultado y no quería escuchar esa sentencia de otra persona. No era fácil hablar de un fracaso con alguien al punto que ni Tae conocía la historia completa pero... se había sentido tan confundida y sola esa mañana cuando se fue para siempre de su jaula de oro y sin embargo, había encontrado fuerzas cuando Kenshin la acompañó al ayuntamiento más tarde y la invitó a comer. Él le había confiado algunas cosas, mostrándole sus debilidades, sus errores y fracasos como parte de la vida. No siempre era el más rápido, ni el más fuerte, ni el que tenía la razón. Era sólo un hombre que se esforzaba en perseguir sus metas, como todo el mundo.

Ella podia descansar en él.

-¿Kenshin?

-Dígame.

-Yo nunca pude querer a Enishi. No lo quise anoche. No lo quiero ahora.-

Se sorprendió a sí misma con esas palabras. No era lo que él le había preguntado, pero sintió en ese momento que era lo que él quería saber. Pudo notar su espalda hincharse cuando él tomó aire y luego lo soltó, como si se quitara un peso de encima.

-Está bien. Muchas gracias por aclarármelo. Si esa es su respuesta, debe intuír mi motivo.

Kaoru no respondió de inmediato. Sentía que el terreno que pisaba estaba cambiando y antes de decidir cómo proceder sobre eso, decidió empezar a liberarse de su carga.

-¿Le puedo contar mi historia o lo dejamos para mañana?

-Kaoru, ¿Se siente mal?

-Pesa demasiado.- reconoció. Recordar a Enishi en ese momento había cambiado por completo su estado de ánimo y ya no quería que él siguiera persiguiéndola de esa forma. Tal vez se liberaría si lo hablaba. Debía intentarlo.

-Hablemos.- repuso Kenshin con sencillez, poniendo toda su atención.

Kenshin tenía una querida hermana adoptiva, Brenda, varios años menor que él. Solía pedirle consejos que nunca seguía y él llegó a sospechar que esa era la excusa para hablar sus problemas con alguien. Kaoru no contaba con el apoyo de sus padres, a juzgar por las veces que le colgaban el teléfono o no le contestaban. Tae estaba lejos, Misao embarazada a la que Kaoru no le cargaría sus cosas. Estaba bien. Él quería escucharla.

-Anoche pasé la noche con Enishi porque él me propuso entregarme los papeles de divorcio...- comenzó, mientras limpiaba su herida y notaba que se erizaba su piel.-Y sólo pensé que desesperadamente quería librarme de él.

-Usted me ha contado muchas cosas, pero nunca me ha hablado de la relación con su esposo. ¿Acaso él la violentó de algún modo?

Kaoru le empezó a secar el cabello con una toalla. No era fácil responder esa pregunta.

-Mis padres me entregaron a Enishi y se desentendieron de mí.- respondió.- Con toda sinceridad, llegué pensar que nuestro matrimonio funcionaría. Mi madre me habló de la resignación, paciencia y abnegación con el fin de ponerlos en práctica y que asegurarían la estabilidad, pero al año me di cuenta que perdía el tiempo aunque seguí poniendo de mi parte. Es decir, Enishi ponía los recursos y yo administraba, como se esperaba. Era un compañero ameno y a veces nos divertíamos, me cuidaba y me compraba lo que quisiera. Solía ser muy gentil y paciente y yo podía acoplarme a esa personalidad sin mayores problemas. Llegué a pensar que duraría toda la vida, pero cuando perdí el primer embarazo, Enishi empezó a presionar para el segundo y yo no podía embarazarme de nuevo, no sé por qué. Él se obsesionó con que yo no era amorosa, que no lo quería, ni quería formar familia y empezó a violen..., a chantajearme para que yo... obtuviera su perdón y pudiera quedarme en casa... desde ahí no quise seguir aplicando lo que mi madre me enseñó aunque ella decía que era mi deber. Mis padres no quisieron escuchar quejas hacia mi esposo, lo consideran un gran hombre y en muchos aspectos es así y simplemente me quedé en casa, sobrellevando la relación, que era lo que esperaban de mí.- dijo triste.

Kenshin notó su tono afectado. Sentía que ella se echaba la culpa en parte de lo que había pasado, aceptando a su vez el juicio de sus padres y su propio marido, sufriendo y dudando de cada paso que daba por eso. En cambio, para él estaba muy claro que la realidad era de otra manera.

-Tranquila.

Sintiendo un nudo en la garganta, Kaoru decidió guardar silencio. Había acabado su labor en el baño y salió, dejando a Kenshin solo para que aseara el resto de su cuerpo. Ella se quitó la ropa mojada, se puso una yukata y se sentó en el sofá. Algunos minutos después Kenshin llegó vestido sólo con el pantalón para salir, impresionándola una vez más por como lucía y sacándola un momento de sus pensamientos al poner otro tipo de sensación a recorrer su cuerpo. Se repuso y procedió a poner un parche limpio sobre la herida de la espalda.

Vendar a Kenshin fue un poco difícil por la falta de práctica y tuvo que repetir la acción hasta obtener un resultado más adecuado. Después lo ayudó con la camisa, una chaqueta y luego el cabestrillo. Siguió con los calcetines y finalmente ordenó su largo cabello rojizo. Kenshin en tanto, tenía una opinión en base a lo que había escuchado que necesitaba dar, aunque no estaba seguro de que ella quisiera escuchar tal cosa.

-¿Puedo expresar un punto de vista de un hombre... hacia otro hombre?

Un poco nerviosa, ella aceptó. Sería juzgada y debía aceptarlo por su incapacidad de guardar su secreto y mostrarse débil. Ya estaba hecho.

-Estoy seguro de que Enishi es un buen ciudadano fuera de casa, Kaoru, pero no es su culpa que él haya llegado a la desesperación y a la ira para violentarla. Eso fue responsabilidad de él. Por lo que usted me ha contado, él se empecinó en conseguirla y sus padres lo ayudaron. Fue una violación civilizada, con consentimiento de todos, contra usted. Quizá muchos soñamos en algún momento con raptar a la mujer que amamos pero en la práctica, la mayoría la dejamos ir porque eso... es lo que hace alguien enfermo. ¿Entiende mi punto de vista?

Un sonido proveniente la nariz de Kaoru al tomar aire le indicaron a Kenshin ella estaba afectada.

Y entonces sucedió.

Aquello que Kenshin esperaba desde que supo del aborto y que le extrañó no ver en todo su esplendor, se desató. Karou soltó el peine, se cubrió la cara y comenzó a llorar de un modo desgarrador mientras caía de rodillas. Todo lo sucedido desde que vio a Enishi por primera vez hasta la noche anterior pasó por su mente y el sentimiento que la embargó fue más de lo que pudo soportar.

Tranquilo, Kenshin fue a su habitación y le marcó a su padre para decirle que no saldría. Luego regresó con una cajita de pañuelos desechables y arrodillándose al lado de Kaoru y renegando de la chaqueta que no lo dejaba moverse bien, intentó contenerla. Lo frustraba no poder usar sus dos brazos para acogerla, pero ella se apoyó en su hombro derecho.

-Me quitó mi libertad, mis ganas de ser madre, de ser mujer... mi dignidad y ellos... fueron incapaces de defenderme!- decía entre lágrimas, libre de culpa por primera vez y expresando lo que sentía.-Por eso lo odio y lo odio tanto que me acosté con él y le dije que lo hacía por los papeles, para librarme ya de su horrible presencia. Le escupí que nunca lo quise, que ni su dinero ni su atractivo físico le habían funcionado... pero yo no soy así, Kenshin... no quería lastimarlo aunque se lo mereciera... porque igual me cuidó y fue bueno conmigo y yo no pude quererlo.

Kenshin se repuso al pensamiento de haber deseado estar en el lugar de Yukishiro y hacer las cosas de otra manera. No tenía derecho a pensar esas cosas, después de todo y se arrancó la idea. Si élla estuviera entre sus brazos, sería para despertar a su lado al día siguiente, y el siguiente... y toda la vida. Para hacerla feliz y preguntarle al comenzar el día, qué quería ella hacer.

-Eso ya terminó. Ya salió de allí... no se sienta culpable.

Kaoru se apegaba a su cuerpo porque su calidez la confortaba y él no ponía reparos en eso. Le susurró promesas de un mejor futuro y puso a su disposición toda la ayuda que estuviera en sus manos brindarle.

Se mantuvieron así muchos minutos y acabaron sentados en el sofá. Kenshin se enteró de detalles y de cosas que si no fuera por su brazo lastimado, hubiese ido a buscar a Enishi para darle de golpes. Historias de soledad en una jaula de oro donde el final del día dependía del especial humor de su carcelero. Kenshin sintió indignación pura y se conmovió al punto que sintió sus ojos humedecerse. Kaoru le contó todo aquello que guardó celosamente para sí misma durante todo ese tiempo.

-No creo que haya sido deshonroso salir de esa casa, si no una cuestión de supervivencia, eso sólo me hace pensar que usted es una mujer valiente que no murió del todo en esas cuatro paredes y que desea vivir. Si de mi hubiera dependido, esto no hubiera pasado. Si hubiera sabido antes cómo eran las cosas, no la hubiera dejado nunca ir sola con él y le contrataba al mejor abogado para librarla. Kaoru, yo no puedo arreglar su vida si usted no quiere... pero puedo decirle que yo quiero que usted empiece a ser feliz.

-Pero si yo soy feliz aquí con usted. Aquí estoy tranquila, tengo paz. Este departamento es mi verdadero hogar.- dijo ella con la sinceridad brillando a través de sus lágrimas y enterneciendo el corazón de Kenshin.

-Mi Kaoru... - murmuró él, sintiendo un fuerte golpe en el pecho, llamándola con su brazo derecho estirado para que buscara apoyo. Kaoru no tardó en captar el llamado y refugiarse en él.

Él lo sabía. Kaoru era a su parecer una mujer especialmente fuerte y a la vez, frágil y de cuidado. Las lágrimas que ella se avergonzó en derramar, por considerar que demostraban su ineptitud para manejar su vida, a él sólo le mostraron que ella no era un ser excepcional y al estar más cerca de la tierra que del cielo, Kenshin entendió que era una mujer de carne y hueso, a la que un simple mortal como él podía acceder. Por la que un hombre debía reponerse para cuidar y caminar a su lado.

Con esa importante verdad asumida y sintiéndose feliz, le propuso buscar algo en la tele para ver juntos. Kaoru preparó unos bocadillos y bebidas mientras se decidían por una película. Al regresar con una bandeja, se apoyó en él y se dio cuenta de que si la abrazaba, no podía comer al usar su brazo libre, asi que se sentó a su lado un poco avergonzada y minutos después rió con la historia, pero Kenshin intuía que seguía triste, aunque no todo era tan malo.

Kaoru finalmente había iniciado el duelo por la joven Kaoru que caminó al altar y a modo de ver de Kenshin, a partir de ese momento empezaría a sanar y a buscar quien quería ser.

Y eso era algo que él no se podía perder.

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Pasados unos días, Kaoru se levantó de buen ánimo. Luego convenció a Kenshin de comer una preparación especial de pollo cuando él pidió estofado de res. Lo sorprendería, aunque ahora que lo pensaba, a Kenshin al parecer le gustaban las cosas condimentadas y su pollo en ese aspecto no cumplía los requisitos.

Se puso un delantal y se tomó el cabello en una coleta alta, con el fin de estar más cómoda. Kenshin estaba en la mesa ocupando el notebook, haciendo un presupuesto que le había pedido su madre relacionado con un galpón para tractores, cuando se le ocurrió mirarla y todo lo que había en su cabeza en ese momento se fue al diablo.

¿Dónde rayos había conseguido Kaoru esos jeans? Y esa silueta... ¿Siempre estuvo ahí? Tenía la impresión de que ella había ganado algo de peso en lugares más que interesantes, como su trasero, sus muslos...

-... el puerto. Entonces, ¿qué dice?- preguntó ella con una risita antes de darse vuelta. Kenshin la miró sin entender y pestañeó varias veces antes de volver a la realidad real de planificar un paseo.

-Disculpe... estaba haciendo un cálculo de figura... digo, de contorno... o sea, de perímetro. Es un galpón muy... creo que no le puse atención.

Adorable, ella rió. Estaba picando algo. Kenshin no supo que era, porque cayó en cuenta de su polera ajustada y miró como andaba el contorno de busto, pero eso fue un vistazo rápido.

-Le decía que podemos ir al puerto esta tarde, además, buscan a una vendedora de cosméticos a dos calles de aquí y me preguntaba si podía ir a ver ese tema.-

-Me sacarán los puntos mañana y podré recuperar la movilidad de mi brazo izquierdo. Usted tendrá mucho tiempo libre entonces, pero piense que dentro de unas semanas me volverán a operar y deberá ayudarme de nuevo. Quizá le vendría mejor, con las horas que le dejo disponibles, aprovechar estos días para hacer algún curso de algo que la ayude.

Kaoru pensó un poco.

-Tiene razón, Kenshin. Eso haré.

Regresó su atención a la cocina y Kenshin su atención a ella.

-Se le ve muy bonito el cabello recogido. Sabe?-

-Gracias, Kenshin.

La figura de Kaoru le gustaba. Era definitivo. Si tuviera su brazo izquierdo libre, se acercaría a ella por la espalda y la atraparía por su pequeña cintura. Entonces, se inclinaría sobre ella a mirar lo que hacía y como al descuido, le dejaría un millón de besos sobre el cuello mientras buscaba el borde de su polera para tocar su piel; de a poco subiría sus manos despacio hasta abarcar cada seno con una mano y ella tendría que dejar lo que estaba haciendo.

Miró el espacio de la cocina en general y encontró el lugar idóneo para apoyarla, subirle la polera y chupar sus pechos. Si ella se dejaba, él no debía dudar y la sentaría en el mueble...

Se movió un poco incómodo. Desde sus años de adolescencia que no le pasaba tener una erección con semejantes ideas. Eso le pasaba por hacer caso a su amigo Bill que lo inició en el porno, gracias a quien tenía esa mente mugrosa. Se concentró primero en bajar la erección y miró su hoja de cálculos. Para hacer lo que quería, Kaoru debía quererlo, desearlo y desde luego, estar de acuerdo pero en ese momento de la vida ella tenía las cosas un poco confusas. Haría una pequeña prueba para ver sus posibilidades y necesitaba la mente fría para leerla, asi que cuando tuvo sus deseos bajo control, se levantó de la silla y caminó hacia ella. Invadiría un poco su espacio personal, situándose justo detrás. Entonces se inclinó hacia delante, sin tocarla. Estaba revolviendo algo en la olla y olía bien, pero el aroma dulce de su cabello empezó a interferir con su escrutinio. Cerró los ojos y se reconcentró en observar su reacción.

-¿Qué hace aquí?- preguntó ella, dedicándole una sonrisa.

-Veo qué hace.

Sentirlo tan cerca en una situación cotidiana la puso alerta. Kaoru lo miró de reojo, nerviosa. Sentía el calor de él traspasar su ropa y llegar a su espalda y repentinamente, la tentación de inclinarse un poco hacia atrás fue poderosamente fuerte. Tanto así que se acercó un poco a él y rozó su cuerpo, pero no se atrevío a más. Sin embargo, ese pequeño indicio bastó a Kenshin, quien se acercó lo que faltaba, brindándole respaldo. Acto seguido, posó su mano derecha en la cintura de la joven. Ella no se retiró.

Esto no lo percibió como cuando su asqueroso jefe la había tocado de un modo tan soez. Ahora que Kenshin, cuyo calor corporal para ella era sinónimo de protección y abrigo, estaba teniendo contacto con ella, sólo la hacía sentir halagada y deseaba que se prolongara más ese momento al punto que llegó a relajarse. Si para él eso estaba bien, para ella no había dudas. Le gustaba.

-Huele muy bien.- dijo Kenshin cerca de su oido.

-Me alegro que le guste la comida.- repuso ella. Todo su cuerpo le gritaba que dejara lo que hacía y se diera la vuelta, pero la cordura que le quedaba la hizo concentrarse en la olla.

-Si, también huele bien.

Respirando pausadamente, Kaoru puso la tapa a la olla y bajó el fuego de cocción. Con todo bajo control, se dio la vuelta lentamente y apoyó su cuerpo en el mesón. Kenshin le sonrió de modo inocente. Con la mano derecha le tomó el cabello de la coleta y dejó que se deslizara entre sus dedos.

-Realmente se ve muy linda el día de hoy. No la molesto más.

Más que satisfecho, Kenshin regresó de vuelta a su estación de trabajo y sonrojada, Kaoru se lo quedó mirando, deseando que volviera. Al entender que no sería asi se resignó y empezó a limpiar el tiradero. De vez en cuando se volvía y encontraba a Kenshin con la vista en la pantalla y tecleando con una sola mano, sonriendo.

Ese hombre tenía algo. Un algo que le encantaba. Algo que ahora que su vida anterior quedaba atrás, necesitaba explorar.

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-Esta es la página web de "Norken".- dijo Kenshin.- Ahora usted verá exactamente qué es lo que hacemos.

Kaoru prestó atención a la pantalla, después del delicioso almuerzo (que Kenshin se repitió) y le gustó mucho el diseño de la página. Aunque su inglés era muy limitado, entendía la forma de contactar con ellos y navegar. Kenshin le enseñó la galería de fotos.

-Estas son imágenes de los proyectos que hemos hecho. Galpones, quinchos, casas, casas sustentables, piscinas. Con mamá queremos contratar a un paisajista para dar servicio de diseño de jardines y entornos. Con el cambio climático y el agua más escasa, es preciso usar especies resistentes a la sequía.

Las fotos eran en general, muy buenas y Kaoru se sorprendía con las construcciones. Kenshin diseñaba y ejecutaba las obras, Noriko hacía todo lo que era planos y le indicaba a su hijo qué ideas eran factibles. El resto era un electricista, un gásfiter, carpinteros...

-Me encanta esa casa.- dijo Kaoru muy entusiasmada con un lugar de aspecto rústico, fabricado en madera.- Tiene algo... oh, Kenshin, realmente me gusta. Sería genial vivir en un lugar así.

-Ese fue el tercer proyecto de Norken.- repuso Kenshin.- Y fue más bien experimental. Tiene techo con paneles solares y un calentador solar de agua. Los paneles del techo cubren un porcentaje pequeño de electricidad, pero para una persona sola está bien. En el jardín hay un recipiente para compostaje...

-¿Aquí vive sólo una persona? Pero es muy grande!

-Acá sus casas son muy chicas. Esa es mi casa. Yo la diseñé y también me gusta mucho, asi que si quiere saber qué tan maravillosa es... pues es muy maravillosa. - Kenshin pasó las fotos para enseñarle el patio trasero y el lugar donde hacía las barbacoas con sus amigos.

-¿De verdad es su casa?- preguntó Kaoru muy seria.- Lo lamento, yo no sabía...

Kenshin le enseñó una de las fotos que llevaba en su computador, de él en esa casa. Salía con un hermoso Golden Retriever.

-Ese es Rey, mi mascota. Somos grandes amigos, aunque ya está algo viejo. ¿Y? ¿Aún quiere conocer la casa?. Tengo una habitación especial para invitados provenientes de Japón.

Kaoru no respondió de inmediato y Kenshin no iba a presionarla. Tomó su chaqueta porque tenían un paseo pendiente.

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El calor al mediodia era insoportable y el sol abrasaría aún con más fuerza conforme avanzara la tarde. Por eso había decidido salir al amanecer para algo que ya no podía recordar. Delante de él el paisaje se movía haciendo ondas y daba la impresión que había algo que sabía, no encontraría allí.

Aunque estaba acostumbrado a moverse envuelto en ese aire caliente con su ropa militar, se empezó a fatigar, cada vez más y más. Alrededor sólo había ruinas de casas de barro, bloques de piedra y sobre todo, arena. El sonido del viento lo sobrecogía y por instantes, la luz lo cegaba. Cargaba su pesado fusil y una mochila a la espalda cuando el dolor comenzó y al mirar a su costado, vio las puntas afiladas sobresalir entre su pecho y su hombro izquierdos; de inmediato la sangre a borbotones. Aterrado al punto de ser incapaz de gritar, con el pecho oprimido de angustia, pudo ver sus piernas agitándose en el aire mientras un gemido apenas audible se liberaba de su garganta.

No quería estar ahí, suspendido, mientras sentía que con cada movimiento que hacía se desgarraba su carne. Entonces, de entre las sombras fantasmagóricas del horizonte, vio que surgían siluetas oscuras que se desprendían de ellas y venian hacia él.

Lo matarían, estaba seguro.

Quiso disparar su arma pero se tornó tan pesada que no pudo sostenerla con una mano y quedó completamente indefenso cuando ésta cayó al vacio. Las sombras extendieron sus brazos hacia él y comenzaron a jalarlo hacia abajo. La desesperación ante lo que sucedería desató sus lágrimas y sus jadeos fueron en aumento cuando sintió su piel abrirse. Un sudor frío cubrío todo su cuerpo mientras escuchaba palabras en una lengua que no comprendía y tiraban de él más fuerte. Se desgarró.

Su cuerpo se separó de su brazo izquierdo. El dolor se hizo insoportable y cayó rápidamente al vacío.

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Durante su paseo, Kenshin se inscribió en una piscina púbica y le había contado a Kaoru que en la secundaría había practicado la natación y llegó a ser capitán del equipo de su escuela. Incluso había competido estando en el ejército, con muy buenos resultados, pero que ahora sólo nadaba para entretenerse o descargar tensiones.

Eso explicaba la forma en V de su espalda que le encantaba, desde que lo vio vestido formal en el albergue. Todo él le gustaba, al punto que repasó en su mente varias veces lo sucedido en la cocina y sintió algo que creyó, nunca llegaría a sentir. Su intensidad la abrumaba, pero le causaba curiosidad explorar esas emociones. Después de ser "encarcelada" por otras personas, sentía que se debía a sí misma esforzarse por hacer algo que deseaba y acercarse a él era una de esas cosas.

Suspiró y se quedó dormida. Despertó al rato. Escuchó como un gemido que venía del otro lado de la pared y aguzó el oído. Escuchó otro. ¿Kenshin?

¿Le dolería la herida?... trató recordar si había tomado la última dosis del día de calmantes...

No pudo seguir pensando. Claramente algo le dolía y se levantó para verlo. Cogió un viejo sweater que se puso sobre el pijama mientras salía de su pieza y entraba a la de él. Lo primero que notó al encender la luz es que se tomaba el hombro, que echaba la cabeza hacia atrás y que su piel estaba cubierta de sudor. Pero había algo más. Tenía los ojos cerrados. ¿Una pesadilla?

No estaba segura cuál era el modo correcto de despertar a alguien en ese estado, pero notó que lágrimas corrían por sus sienes. Los gemidos fueron cada vez más fuerte y ella lo jaló del brazo derecho, llamándolo.

Kenshin gritó al abrir los ojos. Al tener conciencia de que estaba despierto, se sentó y se llevó una mano a la frente, jadeando. De inmediato fue conciente de que el dolor no se había ido con la pesadilla y se agarró el brazo.

-Kenshin, ¿se siente bien?

Con la respiración alterada y su corazón disparado, Kenshin intentaba llenar sus pulmones con bocanadas de aire. Pero el cuarto en el que se encontraba la parecía muy pequeño y las paredes se le venían encima. Apartó el cobertor y buscó levantarse, gimiendo de dolor al apoyar su brazo izquierdo y sintiendo la garganta muy apretada. Cuando Kaoru lo ayudó a ponerse de pie, corrió a la puerta y de ahí a la salita. Enseguida salió al balcón a sentir el aire frío de la madrugada, con tal premura que Kaoru temió se lanzara al vacío.

En el balcón encontró un lugar en el que podía sentir el fresco de la noche en su cara, lo que lo ayudaría a despertar, pero, consciente de que Kaoru estaba en pie y lo acompañaba, sintió mucho pudor. Con las lágrimas aún corriendo por sus mejillas, se sintió avergonzado de que ella lo viera así, y encorvándose un poco, de dolor, se movió hacia un rincón del balcón que quedaba a la sombra, como si así consiguiera que ella no lo viera. La joven de inmediato llegó a su lado y lo tomó con delicadeza del brazo derecho.

-Vamos adentro. Si sigue aquí cogerá un resfriado y el médico dijo que no se debía enfermar. Además, le daré un sedante...

-Aquí estoy bien.

-Pero el frío...

-No me importa el frío.- dijo, con una voz muy cansada.- Allá siempre hacía tanto calor, estaba tan caliente...

-¿Dónde?

Kenshin se dio cuenta de que había hablado de más. Miró a Kaoru de reojo. Ella aún lo tenía del brazo.

-¿Dónde hacía tanta calor?

El pelirrojo suspiró.

-Afganistán. Incluso de noche costaba dormir con ese calor...

Kaoru buscó en su mente algo que supiera de ese lugar. Imágenes de un desierto fue lo único que llegó a ella, pero no estaba segura que fuera eso.

-Vamos adentro, Kenshin, y hablamos de eso.-

Kenshin, apoyado en el barandal y mirando hacia las estrellas, la ignoró. Una ráfaga de aire frío movió sus cabellos y obligó a Kaoru a soltarlo, para arroparse mejor con su swéater. A pesar que estaban lejos del puerto, la brisa llevaba la fragancia del mar. Al percibirla, Kenshin se dio cuenta de que estaba muy lejos de lo que para él era el infierno y tomando una bocanada de aire, se empezó a calmar.

-Sólo... deme unos minutos aquí. Lo necesito.

Kaoru lo miró unos segundos, a pesar de que él esquivó sus ojos. Entonces ella se quitó el swéater y con cuidado, lo puso sobre sus hombros. Estaba sobrecogida por la tristeza que percibía en él, sobre todo cuando agachó un poco la cabeza al sentir el calor extra. Entonces ella, un poco insegura, se acercó más a él. Abriendo sus brazos, lo ciñó por la cintura. Kaoru con cuidado apoyó la cabeza sobre su hombro.

No dijo nada, y él a su vez, se permitió apoyarse en ella y cerrar los ojos.

Kaoru no escucho sollozos, pero sintió el cuerpo de Kenshin estremecese suavemente contra el de ella, y pudo percibir la humedad que se abría paso por la tela de su pijama hacia su piel. Ella en su abrazo, se reacomodaba para quedar más cerca y procuraba envolverlo para que no sintiera frio. Sentía su brazo derecho sobre la espalda y el izquierdo, apoyado débilmente en la cintura. Cuando pareció que se había calmado, ella lo soltó.

-¿Ahora sí vamos adentro?.-

Más tranquilo, Kenshin la siguió.

En el interior, estaba temperado, porque Kaoru había encendido el calefactor. Cuando él se sentó a la mesa, ella le puso té, sus medicamentos y le preguntó si quería comer algo más. Él dijo que no y ella lo acompañó con te y un par de galletas.

-Lamento haberla despertado, Kaoru. No me di cuenta.- dijo con la vista puesta en su taza, el swéater aún encima.

-¿Usted soñaba con ese lugar?

Kenshin asintió.

-¿Esto le pasa muy seguido?

Kenshin acabó su té y corrigió su postura, sentándose derecho. Entonces la miró. Su rostro pareció endurecerse.

-No. Sucede a veces, unas dos al año, como mucho.

-¿Pero es como eso que le llaman... estrés postraumático o algo así?

-Puede ser.

-Entiendo. Lo que le sucedió a su brazo fue muy fuerte y...

-Lo que me pasó a mi y a mis camaradas fue sólo la última desgracia que me tocó ver.- dijo Kenshin interrumpiéndola.- Vi repatriar a compañeros mutilados, me salvé de un par de emboscadas y ayudé a morir a otros. Tomaba sus manos y los abrazaba y les decía: "todo estará bien", pero no lo estaba, Kaoru, porque todos eran jóvenes y ninguno debió haber estado allí. -

-Pero Kenshin...- dijo consternada.- Usted volvió de ese lugar...-

Kenshin se puso de pie y caminó al ventanal. Kaoru lo observó desde su sitio.

-Nunca regresé de ese lugar.- dijo sin mirarla.- ¿Usted cree que el mismo Kenshin que fue allí, con ánimo de servir, fue el mismo que volvió? ¿Cómo podría? Yo me enrolé en el ejército para defender y ayudar a mi patria. Pero cuando partí a Afganistán, para "mantener el orden y la amenaza a raya" no esperé ver lo que encontré allí. El gobierno nos puso allá como propaganda de un país poderoso que defiende a sus ciudadanos de la amenaza talibana o del Estado Islámico, como quiera usted llamarlo, pero lo cierto es que una vez allí nos dejaron completamente solos. Los talibanes nos atacaban en cualquier momento del día, armados hasta los dientes y teníamos que aguantar como podíamos con nuestras armas, luchando contra el clima y situaciones adversas. Los talibanes se podían mover por la zona. Nuestro superior tenía que pedir permiso desde días antes a cada jefe de cada tribu para que nos dejara transitar por sus tierras. Yo fui hasta allá pensando que con mi fuerza podría proteger a las personas que amo, pero después que eso terminó...

Las lágrimas de Kenshin se habían secado y la piel por donde pasaron brillaba. No quería mirar a Kaoru por pudor aunque entendía que por cultura ella no las miraría mal. Pero él en cambio había aprendido que los hombres no lloran. También que la vida podía llegar a ser muy corta y que llevar esos recuerdos a cuestas y solo, en una noche como esa, podía ser una carga pesada si quería volver a dormir. No podía dañar a Kaoru lo que él le contaba porque ella sólo podía imaginarlo y quizá, le serviría como una historia que contar en alguna conversación.

-Pero usted ya no es militar... -repuso ella, levantándose. Puso las tazas en el fregadero.

-No, pero soy reservista hasta dentro de algunos años más y espero que nunca me llamen para volver. Obama está retirando las tropas de allí y pensando en quienes están hoy, eso me alivia un poco, porque las cosas cada vez se ponen peor... Nosotros podemos prestar apoyo a un pais que lo necesite, es algo que sigo pensando, pero pretender reformarlo completamente a punta de armas es imposible porque no entendemos sus códigos, su cultura, ni vamos con mayor informacion y en eso somos muy distintos. Yo creo en un Dios de amor, ellos arrasan en nombre del suyo. En las filas nos los pintaban a todos como unos hijos de perra que destruirían a mi país y te imaginabas a hombrones fornidos, pero cuando veías a una mujer andrajosa con sus hijos correr hacia tí, con bombas rodeando su cintura, apretar el gatillo para salvar a tu tropa te sacaba lágrimas.

Kenshin nunca antes le había hablado de esas cosas y Kaoru se sentía superada. Incluso parecía que había más cuando la miró, con una media sonrisa. Entrecerró los ojos.

-Cuénteme su pesadilla.-

Kenshin se cruzó de brazos y narró lo que recordaba.

-Siempre es la misma. De todos modos, Kaoru, ya estoy tranquilo. Entenderá que soñar algo así es bastante perturbador y cuando desperté me sentí desorientado.

Por primera vez, Kaoru estaba viendo una faz de él que no pensó existía y estaba abrumada. Conociéndolo, no se le ocurrió pensar que una parte de él se había quedado detenido en el tiempo, el horror y el dolor... tal como ella en los días que habían pasado, pero él llevaba años.

Kaoru llegó hasta el sofá, donde se sentó, encogiendo las piernas y cubriéndose con una manta que había encima. Lo miró y en su corazón nació una necesidad fuerte e ilógica de protegerlo de aquello que podía lastimarlo. De abrazarlo y arrullarlo y amanecerse si era necesario para cuidar que durmiera bien. Por un momento deseó haberlo conocido para 2009 y evitar que fuera a Afganistán. Confundida con esos deseos poco usuales que él le despertaba, paseó su vista para evitar mirarle directamente, se topó con el reproductor de música y se puso a jugar con el.

-Entiendo que esas cosas lo hayan marcado. Sinceramente no puedo imaginar cómo fue porque acá todo es tan diferente, pero al menos yo me he sentido muy respaldada por usted en estos días difíciles, y si puedo ayudarlo en algo, incluso a despertar de un mal sueño... para mí sería el más grande honor. Hacer cualquier cosa por usted es muy importante para mí.-

Kenshin, emocionado, suspiró y la miró enigmático. Luego se sentó junto a ella.

La guerra era sólo una parte de todo lo que había en su cabeza por esos días, pero sin duda, era algo que podía explicar a Kaoru y ella aceptaría como algo lógico que le causara malos sueños. Omitió deliberadamente lo perdido que se sentía en ese país tan extraño a pesar de ser su patria de nacimiento, lo mucho que extrañaba su entorno. Pero por sobre todo, su temor a que la operación no resultara o que algo saliera mal.

Las cosas se habían estado complicando en el último tiempo con respecto al dolor a su brazo. Los medicamentos contra el dolor debían ser cada vez más y más fuertes y ya había visitado el hospital cuatro veces por sobredosis, porque solía pasarle que cuando le dolía el hombro y la espalda por las noches, se levantaba medio dormido hasta tres veces, y las tres veces se medicaba, sin contar del par de veces que se medicaba más de la cuenta de manera consciente, como un adicto. Pudo controlarse tras contactar con Akagi y recibir esperanzas de que su caso tenía solución, pero sentía el temor de ser incapaz de controlarse en la ingesta de medicamentos si algo salía mal y de hacer sufrir a su madre y hermana con sus hospitalizaciones. El dolor tampoco daba tregua, por eso pensaba en terminar sus días de forma prematura antes que seguir padeciéndolo cuando pasara al siguiente nivel pero con Kaoru, el dolor seguía ahí, solo que ya no le parecía tan terrible. Sólo mirándola parecía que todo iba mejor. Escuchando su voz que adoraba, se sentía infinitamente acompañado y cuando la miraba y ella le sonreia de vuelta, se sentía comprendido.

-Kenshin...

-¿Si?- dijo, volviendo a la realidad.

-Me gustaría que me dijera qué dice una canción en inglés.- Dijo ella con un audífono puesto.

-Vamos, escuchémosla.- dijo él repentinamente animado.

Kaoru se acercó a él para compartir los audífonos, y como algo muy natural, él extendió su brazo derecho. Ella se acomodó sin dudarlo en el espacio que le ofrecía y con cuidado le puso un audífono. Apenas comenzó la música, Kenshin sonrió.

-Esa es mi canción.

-Lo sé. También me gusta, asi que también es mía.

Kenshin pensó un poco.

-Por lo que dice, puede ser para los dos. Asi que no pelearemos y la compartiremos.

- Está bien. ¿La tengo que ir deteniendo?

-No es necesario. Me la sé de memoria. Dice: "Aquí viene la lluvia, muchas cicatrices nunca desaparecen. Este es el precio de la guerra y lo pagamos con el tiempo"

Kaoru miró a Kenshin quien traducía simultáneamente con la canción. ¿De verdad decía eso? Se emocionó.

-"Vamos a luchar, lucharemos hasta que no haya nada más que decir. Cueste lo que cueste. Luchar, luchar, hasta que tus miedos se vayan. La luz se fue, y sabemos que una vez más, vamos a luchar, luchar hasta ver otro día."-

-Realmente la canción es suya.- observó ella en la breve cortina musical. Kenshin sonrió y siguió.

-"Sigamos adelante, es tarde. El sol está saliendo, una vez más. Este terreno está conectado con la valentía. Almas en consuelo. Vamos a luchar, lucharemos hasta que no haya nada más que decir. Cueste lo que cueste. Luchar, luchar, hasta que tus miedos se vayan"- dijo, mirando a Kaoru como si le dijera esas palabras a ella.-. "La luz se fue, y sabemos que una vez más, vamos a luchar, luchar hasta ver otro día. Otro día. Cueste lo que cueste..." A partir de aquí se repite todo lo que ya le he dicho.- repuso, antes de cantar ahora en inglés.

-Usted canta muy bien.- dijo Kaoru cuando la canción terminó, sintiendo los ojos un poco pesados, pero sin ánimo de irse aún.

-Fui vocalista de un grupo.-

Kaoru rió. Luego se incorporó un poco.

-Kenshin ¿Está incómodo? El brazo.

-Mi brazo está muy bien. Los dos. ¿Por qué?

-Ya es tarde.

-Tiene razón. Si seguimos aquí nos dormiremos.

Estaba muy cómodo. Ya ni se acordaba de la pesadilla. Quería estar así, mucho rato con ella.

-No me molesta dormir aquí.- dijo Kaoru luego de unos instantes, sintiendo una adorable anticipación que bajaba a su vientre.

-A mi tampoco.- dijo Kenshin repentinamente feliz. Se miraron y sonriendo, despacio, ella volvió a acomodarse bajo su brazo. Él amó ese movimiento.

No dijeron nada más y cerraron los ojos, mientras la música del reproductor seguía sonando. Cuando la batería del reproductor se agotó, estaban profundamente dormidos.

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Fin Capitulo 5

Nuestras historias

Agosto 14, 2015.

Notas de autora.

Hola!

He estado atareada. Como siempre, agradezco mucho sus reviews y les envío miles de abrazos.

La letra de la canción corresponde a "Fight the Night", del grupo One Ok Rock.

Blankiss.