Rurouni Kenshin no me pertenece, siendo todos sus personajes obra intelectual de Nobuhiro Watsuki. Yo tomo estos personajes y los pongo en otros escenarios, por diversión y sin fines de lucro.
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Dedicado a Pola Himura
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Deseando Vivir
Capítulo 6
Mi brazo izquierdo.
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Despertó con su mejilla reposando plácidamente sobre el pecho de Kenshin, como si de una almohada se tratase. Habían girado durante la noche y él estaba recostado sobre el sofá y ella a su vez, acomodada a su lado. Con el calefactor y su manta, estaban calentitos para recibir el nuevo día.
No podría decir que estaba incómoda y le parecía milagroso el modo en que cada uno se acopló al espacio que le dejaba el otro mientras dormían. Pensó divertida que debían ser una muestra de tetris humano y sonrió, para luego tomarle el peso al asunto: Había dormido abrazada a Kenshin, aún lo tenía ceñido por la cintura y sentía en lo más íntimo de su ser que estaba con la persona correcta por primera vez en mucho tiempo.
Kenshin hizo un ruido con la garganta... como un ronroneo de agrado y ella cerró los ojos para fingir que seguía durmiendo.
Él alzó la cabeza y medio dormido estiró la manta para cubrirla mejor con ella. Estaba un poco doblado pero no podía importarle menos. Tener a Kaoru plácidamente relajada con él valía todos los dolores musculares que tendría a lo largo de la jornada. Como seguía con sueño, se movió lo suficiente para reacomodarse y trató de dormir de nuevo. Entonces reparó en que ella lo tenía sujeto por la cintura... con la mano bajo el pijama, tocando su piel.
-Se siente tan bien... - Murmuró en inglés. Kaoru no pudo entender sus palabras aunque las escuchó, pero intuyó por su tono de voz que debía tratarse de algo bueno. Decidió moverse un poco y enseguida él abrió los ojos.
-Buenos días, Kaoru.
-Buenos días, Kenshin.
Kenshin se veía gracioso al despertar. Tenia ojeras y su cabello era un desastre pero a pesar de no lucir tan atractivo como todos los días, ella lo consideró lindo de todos modos. Le pareció curioso que dormir con él y despertar así, a su lado, le pareciera tan natural, como si llevara años en esa rutina.
Debía ser fabuloso tener rutinas con él y saber que nunca terminarian. Kenshin se movió un poco y sentenció:
-Es muy temprano aún. Durmamos otro rato. Tengo sueño.
¿Esa era su voz de la mañana? Profunda y ronca... ¡Kaoru con escuchar eso y ya tenía el corazón a mil! Se repuso. Debía salir de ahí.
-Tengo que levantarme ahora, pero usted quedará más cómodo...
-Yo estoy bien.- E hizo ademán de dormir.
-Pero tengo que bañarme... Kenshin, tengo que ir al baño... y no puedo saltar sobre usted.
"¿Por qué no?" Pensó Kenshin malicioso. Ella retiró la mano de su cintura y lo movió un poco.
-Déjeme salir.
Kenshin abrió los ojos pesadamente y como pudo, se sentó. Estaba renegando de ella cuando Kaoru en un gesto enérgico lanzó la manta hacia atrás y ella y Kenshin quedaron en shock.
Se había quitado el pantalón del pijama durante la noche. Sus blancos muslos y sus bragas color rosa quedaron a la vista. Enseguida se volvió a sentar, roja de la vergüenza, estirando el borde de su camiseta sobre sus piernas.
-¡GUAU!- exclamó Kenshin, poniéndose de pie bien despierto. Trató de disimular la enorme y espontánea sonrisa que acudió a su rostro al verla en ese estado, pero no podía. Sólo pudo pensar que lo que distinguió bajo el jeans el día anterior era tal cual lo imaginó y sus ojos brillaban ante la expectativa. Su lado de caballero estaba sucumbiendo ante el hombre que acababa de vislumbrar algo que le gustaba cuando notó que ella estaba verdaderamente atormentada. Seguía sentada con las piernas muy juntas y buscaba tanteando con la mano su pantalón.
Solía pasarle a Kaoru que cuando sentía calor por la noche, se quitaba la ropa. Suerte que había dormido con ropa interior, si no estaría lista para el harakiri. ¿Cómo pudo ser tan tonta de no preveer esa situación? Sin duda Kenshin era muy calentito para dormir y... y... ¿Él se habría dado cuenta antes?
¿La habría tocado?
No tuvo que formular la pregunta, porque él lo entendió en su mirada. Se señaló el brazo izquierdo encogido tal como pasó la noche sobre su pecho. Luego se levantó un poco la polera y se puso la mano sobre la panza. Kaoru entendió que ella era la que había pasado el límite.
-Lo siento.-
-No hay problema.- dijo Kenshin de un humor inmejorable.- Oiga, no se ponga así... no es tan terrible enseñar un poco de piel.
-Pero... pero...- dijo ella, buscando las palabras que explicaran su tormento.-Me dio vergüenza.
Kenshin odiaba que Kaoru sufriera del modo que fuera, asi que hizo lo único que se le ocurrió. Torpe y rápidamente se quitó los pantalones de su pijama, quedando en polera y calzoncillos.
-Bien, ahora estamos a mano.- repuso. -Ya no es terrible que yo la hubiera visto porque usted me ve a mi. Repóngase y sigamos adelante.
Kaoru le echó un rápido vistazo y contra su voluntad, sus labios se curvaron. De inmediato, desvió la mirada.
Tras analizar su gesto, Kenshin miró al cielo.
-Dios, no me diga que estoy...-
Kaoru hizo una adorable mueca de no saber qué decir y asintió. No lo quería mirar pero... se mordió el labio mientras echaba una miradita rápida. Luego intentó reponer la compostura. Kenshin suspiró al ver su sonrisa.
-Oiga, a excepción de mi lado izquierdo, todo funciona de maravillas en mí. Digo... no es propaganda pero usted, que ha estado casada, ya sabe que... que mi estado es completamente normal por las mañanas.- dijo intentando aparentar que no le importaba.
¿Normal? Disimuladamente Kaoru trataba de calcular si ese bulto era normal... es decir... para su estatura baja...
Finalmente la joven se puso de pie. Ya no se sentía avergonzada. Kenshin estaba exponiendo mucho más y agradeció que su cuerpo de mujer guardara mejor ese tipo de secretos. Además, no encontró los pantalones de dormir que no sabía, estaban tirados por el otro lado del sofá. Embelesado, Kenshin admiró la forma en que ella caminaba hacia él, que estaba en su camino hacia el baño.
-Gracias.- dijo, y se tapó el trasero con las manos abiertas al pasarlo. Kenshin tuvo la tentación se seguirla al verla correr tan graciosamente y convencerla de bañarse juntos. Había dado un paso hacia el baño cuando se detuvo. Tenía un brazo que no podía usar.
Es decir, de poder moverlo, podía, pero el médico le había dado indicaciones para esos días sobre las limitaciones que debía imponerse por su bien. Se moría por abrazarla, por decirle que le gustaba y todo eso, pero para él el acercamiento físico era importante y por eso prefirió aguantarse. Mientras, la seguiría mirando y deleitándose con sus reacciones hacia él, porque él lo sabía. No le era indiferente a Kaoru.
Ya más tranquilo, ella lo llamó al cuarto de baño para asearlo, porque tenían una cita con el médico. Cuando ya estuvo limpio, Kaoru se hizo cargo del desayuno y de ayudarlo a vestirse. Cerca de las nueve de la mañana salieron a caminar y tras un rato, llegaron al hospital. Justo antes de entrar, Kenshin recordó su sueño de la noche anterior y sintió un escalofrío. Esperaba que todo saliera bien.
Akagi lo examinó en un cuarto donde habían otros jóvenes especialistas como él anotando y sacando fotos. Hizo un examen visual y luego le pidió que realizara algunos movimientos que usualmente Kenshin no podía hacer, de forma muy lenta. Sorprendido, él miró al médico cuando pudo levantar su brazo sobre la cabeza, con apenas un poco de dolor.
-La cicatrización es perfecta y pudiste recuperar rango de movimiento. Seguirás llevando el cabestrillo una semana más por precaución, pero puedes quitártelo durante la noche. Si llegaras a necesitar de tu brazo, puedes usarlo para movimientos que no requieran fuerza. No puedes cargar objetos o cargar el peso de tu cuerpo en el brazo. Puedes usarlo para bañarte siempre que te enjabones de manera lenta...
El médico siguió dando indicaciones que Kaoru se preocupó de anotar. Salieron rato después de allí, con Kenshin citado para la próxima semana para otra revisión y exámenes. La fecha de la próxima operación fue confirmada por Akagi y sintiéndose tan feliz, Kenshin solicitó ir a la playa. Kaoru lo acompañó.
Allí se sacó los zapatos, jugó con el ir y venir de las olas y caminó por la arena. Kaoru lo veía hacer.
Se veía tan cómodo al aire libre, tan... tan él mismo. Tan relajado, tan parte de la geografía. Kaoru lo miraba y por un momento sintió un poco de envidia de él. Ella en algunos aspectos era más tímida y él siempre iba muy seguro. Se acercó y vio que tenía los ojos cerrados.
-Al otro lado de este mar está mi mamá.- dijo Kenshin al percibirla.- Y le estoy enviando todo mi amor. ¿Qué sería de mí si ella no me hubiera enseñado a aguantar? Si llego a sanar, será porque ella me tomó de la mano hasta el aeropuerto.
Maravillada con sus palabras, Kaoru logró emocionarse. Pensó de una forma muy respetuosa y llena de admiración hacia Noriko. Sintió entonces que él posaba un brazo sobre sus hombros.
-Y llegando aquí, me tomó usted.
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Enishi terminó de realizar un informe y le pareció una buena hora para salir a estirar la piernas, además, había perdido una apuesta sobre el resultado de un partido de béisbol y necesitaba conseguir dos docenas de pastelillos. Ese día le pareció perfecto para saldar su deuda y relajado, bajó al primer piso.
Durante esos días había extrañado a Kaoru, pero no tanto como pensó. En realidad, el primer mes que estuvieron alejados él ya se había hecho a la idea de lo que podía pasar. No es que no la quisiera. Realmente consideraba que Kaoru era de él, pero tampoco pensaba rogar más de lo que ya lo había hecho esa última noche con ella. Porque si, le había rogado, le había suplicado que se quedara con él, le había prometido todo tipo de cosas y ella no dio su brazo a torcer.
Los primeros tres días habían sido especialmente críticos para él luego de esa noche. Había realizado su trabajo durante el día, y estuvo a punto de reventar su hígado con alcohol por las noches. Había ido de antro en antro bebiendo todo lo que soportó, otras veces en su propia casa hasta que su hermana fue a su rescate. Preocupada por no tener noticias suyas, Tomoe había decidido hacerle una visita y lo encontró en mal estado.
Le preparó una cena ligera mientras lo había enviado a bañarse. Luego hablaron sobre Kaoru.
-Déjala ir, hermano. Está bien. Ya hiciste todo lo que consideraste que debías hacer. Suéltala, tal vez llegue algo mejor para tí.
-Kaoru es la mejor.
-Mi querido hermano menor... Kaoru es una de las personas que más aprecio, pero no es para tí. Por qué quieres pasar el resto de tu vida con quien no te ama. ¿Tanto te complace hacerla sufrir?
-No, no es eso, pero...
-Hermano, Kaoru no estaba bien y lo sabes. Sólo déjala ir. Yo seré la primera en darle la bienvenida a la próxima chica. Por favor, hazlo por mí. No pienses en ella.
Enishi no pensó en lo que dijo su hermana hasta que unos días después, en la soledad de su dormitorio, recordó un malentendido que habían tenido. Kaoru se había comprado un vestido especialmente bonito que le había hecho mucha ilusión usar el dia nacional de los cerezos en flor. Se lo estaba probando con unos zapatos a juego cuando él llegó del trabajo y la sorprendió en el dormitorio. Unos celos irracionales lo atacaron. Una parte de él sabía que Kaoru no lo quería y pensó que posiblemente venía de estar con algún novio. La sangre le hirvió al pensar que le había entregado su cuerpo a otro hombre y cuando le arrancó la prenda para tener intimidad con ella, notó que tenía su periodo.
El vestido quedó con el cierre roto e inutilizable sobre el piso. Kaoru, sin emoción alguna, le aclaró que sólo lo había comprado y él... no supo qué decir.
A diferencia de otras veces, ese día ella no lloró, no reclamó ni gritó. Sólo se puso unos jeans desgastados y un sweater grueso en absoluto silencio e hizo sus quehaceres. Luego se acurrucó por ahí a ver la televisión. No le habló en varios días.
- ¿Por qué dices que me quieres, si sólo me haces daño?- le preguntó una mañana antes de que él se fuera al trabajo, tras prepararle un obento.-¿Me lo puedes explicar? ¿O es sólo que no soportaste verme tan joven y tan feliz que tuviste que tenerme como un entomólogo a sus mariposas? Porque así me siento, como una mariposa en un cuadro, cuyos colores se destiñen y no puede volar ni opinar ni defenderse de ti. Y lo peor es que ya no importa porque siento que he envejecido a tu lado y me da lo mismo lo que suceda. Vete tranquilo. Me encontrarás en casa como siempre, al regresar.-
Pero es que ni él entendía qué le había pasado con Kaoru y terminar siendo... un marido aberrante. Recordar ese episodio fue fundamental para empezar a conectarlo con otros, con conversaciones que tenían, con sus silencios cada vez más prolongados y sus miradas cada vez más vacías. Poco encontraba de Kaoru en la mujer del último semestre, pero notó que algo había cambiado en ella, o tal vez regresado cuando la vio esa última noche. Por eso le había preguntado si había otro hombre, ¿o acaso el cambio se debía a que estaba lejos de él?
Nunca tuvo la intención de quitarle sus alas y sus colores, pero la progresión en su pequeño álbum de fotos reveló otra cosa. Le dio rabia sentir que había sido tan estúpido y ahora lo único que podía hacer mientras pasaban esos horribles días era soportar hasta que las cosas cambiaran. Y aunque los pastelillos nunca le habían hecho gracia, al menos compartirlos con sus compañeros le haría sentir mejor unos momentos.
La pastelería cercana a la oficina estaba cerrada, al parecer por remodelaciones. Enishi se lo explicó a sus compañeros al regresar y prometió cumplir su parte de la apuesta apenas abriera. En eso pasó a ver a su colega Hibiki, para pasarle unas carpetas. Le llamó la atención ver a algunas personas en la sala de espera contigua a su oficina.
-Vienen al puesto de ayudante en la sección de Takamura, el pobre viejo ya no da abasto con las máquinas de fotocopias. Es un trabajo sencillo y estos jóvenes necesitan el dinero para sus estudios.
-Ya veo, pero ¿qué hace una mujer aquí?
-Ahh... ella. Acá está su nombre.- dijo Hibiki estudiando una lista.- Su nombre es Hiru Seiko. Es una belleza, ¿no?-
Enishi miró hacia la joven que esperaba en medio de unos cinco varones. Para su gusto estaba excedida de peso. La llamó a la oficina y ella se puso de pie y obedeció.
-¿Por qué buscas empleo aquí? Para hacer carrera no es bueno partir de tan abajo.- dijo enfrente de Hibiki. Saiko, cuyo cabello negro enmarcaba un rostro redondo de labios plenos, le respondió.
-No me interesa hacer carrera aquí. Estoy finalizando mi carrera en otra área pero necesito unos ingresos extra.
-Entiendo que el anuncio que puso mi compañero pedía varones para este trabajo. ¿Por qué vino?
-Por la posibilidad de quedar, aún siendo mujer.- dijo ella.- El trabajo no parece ser pesado y sólo hay que manejar pequeños volúmenes de papel.
-En efecto, no es pesado físicamente, pero por algo pedimos varones.
Enishi miró a Saiko. Era un poco más alta que Kaoru y llevaba gafas que le sentaban bien. Pero al parecer se estaba poniendo nerviosa, según notó en el modo pausado en que respiraba. Su pecho subía y bajaba y reparó en la piel que quedaba expuesta entre su mentón y el respetable escote redondo de su camiseta, donde su tono cremoso llamó su atención. Se obligó a concentrarse.
-Retírese. No hay posibilidades de que quede aquí. Y por favor, la próxima vez no piense que puede quedar en un puesto si los requisitos son otros. Hibiki, te dejo.
Salió de lugar con la soltura que le caracterizaba y pronto alcanzó su oficina. No tenía intenciones de contratar a una chica que sería presa fácil en las garras de Takamura, ocultos todo el día en la infame sección de fotocopias.
Apartó el asunto de su mente y regresó al trabajo.
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Como seguía contento, Kenshin pidió una hamburguesa llena de cosas en un local de comida rápida y como quería compartir su felicidad, encargó otra para Kaoru. Llegaron con su tesoro al departamento y se instalaron.
Kaoru miraba disimulada a Kenshin comer haciendo una demostración pura de elegancia y destreza masculina. ¿Cómo le hacía para no derramar ni un poco de aderezo, ni un trozo de lechuga? Ella tenía la cuarta parte de su hamburguesa desparramada sobre el plato y aunque la tomaba a dos manos como veía hacer a él, no había caso, por algún lado se le escapaban los ingredientes que si no ponía cuidado, llegaban a su ropa. Atormentada, decidió usar los cubiertos y dejar de ensuciarse los dedos... y los bordes de la boca.
-Es imposible.- sentenció. -A mí denme ramen. Yo no me puedo comer esto.
Hizo un gesto de incredulidad cuando Kenshin empezó a mirar con ganas alimenticias el trozo de hamburguesa que ella había dejado. Se tapó la cara tras regalarle sus sobras.
-Usted es un cerdo.
-Soy un hombre con hambre.- repuso Kenshin antes de seguir engullendo. Kaoru prefirió preparse algo y se levantó justo cuando sonó la alarma de videollamada. De inmediato Kaoru ubicó el computador sobre la mesa, atrás de sus platos.
Noriko se emocionó al ver a su hijo tan repuesto. Un enorme japonés a su lado, el segundo padre de Kenshin, le dijo que tenía suerte de tener a una cuidadora tan linda, pero había una sorpresa, y era el motivo por el cual hacían la videollamada. Una preciosa mujer rubia y de hermosos ojos azules apareció en la pantalla.
-¿¡Brenda!?- dijo Kenshin emocionado. Kaoru recordó haber escuchado su nombre de alguna parte... Andrew era la novia que lo había engañado, entonces, ¿quién era Brenda?
La joven habló en inglés y Kenshin de inmediato le respondió en ese idioma. Lo veía desenvolverse tan sonriente, tan seguro, que le parecía impensable lo que había sucedido durante la noche. Su voz en otro idioma sonaba muy masculina a su gusto. En realidad, todo él era a su gusto. No podía dejar de pensar en eso. Se ruborizó ligeramente con ese pensamiento. Moviéndose de modo casual, fue a servir algo de beber para ocultar sus mejillas. Le puso a Kenshin un vaso con agua y lo vio reír con algo que decía Brenda.
Kaoru miró discretamente a Kenshin mientras reía con otra mujer. Él no era casado, dijo, ni había dejado novia. Pero se estaba riendo con una rubia preciosa y daba la impresión de querer estar de vuelta en su casa.
-Wait... wait...- escuchó que le decía a la pantalla y de inmediato tomó a Kaoru de una muñeca para sentarla frente a la pantalla.- Kaoru, mi hermana quiere conocerla.
¿Hermana?...
¡Claro! La hermana que había perdido un embarazo... hablaron de eso cuando se conocieron.
-Brenda dice que usted es muy guapa.- dijo Kenshin haciéndolas de traductor.
-Oh... no es cierto.- repuso Kaoru.- Dígale a su hermana que ella es muy hermosa. Hem... very beautiful.- dijo un poco torpe a la cámara. Kenshin y Brenda rieron, pero de un modo en que ella sintió que entendían su esfuerzo por comunicarse, en ningún caso fue una burla.
-Kenshin, dile a tu novia que tiene que venir a vernos. No es tan lejos. Tráela. Es demasiado linda. Además, podrá conversar con mamá Noriko.-
-Se lo preguntaré más adelante, pero no frente a ustedes, para que no se sienta presionada.
-Perfecto, hermano...
Se hizo una pausa. Kenshin intuyó por la expresión de su hermana que algo se estaba reservando.
-Hermano...- dijo Brenda, tras ser animada por su Noriko.- Tengo algo que contarte y no, no estoy embarazada.- se apresuró en aclarar.-Hem... Dereck firmó contrato para trabajar en una importante viña en lo que él se especializó. Enología. Está muy emocionado.
-Oh!- dijo Kenshin, tras explicarle a Kaoru rápidamente lo que sucedia.- Me alegro mucho por ustedes. Dereck ama la vida al aire libre en las viñas, trabajando en terreno y catando vino. ¿Y dónde encontró ese empleo? California, ¿no? ¿Seguirás viviendo donde siempre?
-El lugar se llama Casablanca, hermano. En un mes y medio nos vamos a la zona central de Chile.
-¿Qué?... dónde queda eso...
-Hemisferio sur, hermano.
Kenshin obligó a su mente a visualizar un mapa. Miró a Kaoru.
-¿Sabes dónde queda Chile? ¿Cerca del canal de Panamá?
Kaoru sólo se encogió de hombros, pero lo resolvió con su smartphone. Kenshin miró a Brenda con los ojos llenos de sentimiento.
-¿Tan lejos?
-Es un lugar bonito. Hay un mar cerca, a los niños les encantará.
-Pero ya no te veremos.
-Vendremos para la navidad, ya lo verás.
-Pero... pero Brenda, en un mes y medio más y recién podré salir de aquí. Tal vez no alcance a verte.
-Yo sé que alcanzarás, hermano. Cuando regreses llámame y yo vendré de inmediato para estar con ustedes. Sólo debes recuperarte y no tener retrasos.
-No, no los tendré.- dijo Kenshin emocionado.-Yo llegaré a tiempo y nos despediremos, y me verás mover mi brazo y yo... ¿Pero no había un trabajo más cerca?
Brenda, con los ojos llorosos, sólo atinó a sonreír y encogerse se hombros.
-Dereck se merece esta oportunidad.
-Lo sé. Realmente le deseo lo mejor.
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Tras la emotiva reunión familiar, Kenshin y Kaoru cenaron y él le habló un poco sobre la procedencia de Brenda, pues Kaoru quedó impresionada de que su hermana fuera claramente norteamericana.
-Cuando nos quedamos solos en Estados Unidos, mi madre fue apoyada por la madre de Brenda. Ella fue fundamental para nuestro asentamiento, nos ayudó mucho y nos protegió, pero falleció de cáncer de seno cuando yo estudiaba en la secundaria y Brenda tenía cinco años. Mi madre no dudó en cuidar de ella y por eso para mí, ella es mi hermana. Y yo soy su hermano mayor aunque a veces me siento más como su padre.
-Pero... ¿usted no tiene más hermanos naturales?-
-No lo sé, es decir, hijos de mi madre, no. Por parte de padre, no lo sé, aunque creo que no.
-Y el señor Hiko, de dónde salió.
Kenshin se acomodó en su sofá y la miró con una sonrisa.
-No siempre fui esta bien portada persona que usted conoce. De baja estatura y extranjero, en la escuela tuve problemas por eso. Bullyng le dicen ahora... entonces mi madre decidió buscar un lugar donde pudieran enseñarme a defenderme. Y claro, cuando vio un gimnasio de artes marciales, no dudó en inscribirme allí cuando notó que el maestro era japonés. Hiko me enseñó el kendo y yo le enseñé a la persona más maravillosa del mundo. Mi mami.-
Su sonrisa era encantadora. Pero un dato llamó poderosamente la atención de ella.
-¿Usted sabe kendo?
-Le apuesto lo que quiera que con el palo de esa escoba hago picadillo a cualquiera.-dijo muy tranquilo.
Kaoru lo miró, asombrada.
-Kenshin, hablo en serio.
Kenshin se puso de pie sin dejar de mirarla. Adoptó algunas posturas de forma correcta.
-Hace años no practico, por razones obvias. Por eso no se lo mencioné antes.
Se instalaron en el sofá a mirar la tele antes de acostarse. Kenshin había trabajado durante la tarde en unos presupuestos y Kaoru lo ayudó a calcular. Pero ahora, lejos de concetrarse en la película, Kaoru pensaba en Noriko.
Parecía una madre tan... tan especial. Kenshin siempre hablaba bien de ella y por las videollamadas se podía notar el amor con que le hablaba a su hijo. Por un momento sintió envidia y al pensar en eso, se fue al ventanal y luego al balcón con su teléfono en la mano. Marcó a sus padres y no le contestaron. Insistió y nada. Llevaba haciendo eso todos los días y tomando aire para dominar su frustración, se apoyó en el barandal.
Ella siempre fue una buena hija. Hizo y dejó de hacer todo lo que le pidieron y ahora que por una vez fallaba le quitaban su respaldo.
-No es justo.- pensó. No se lo merecía. Al voltearse, Kenshin estaba tras ella. No tuvo que explicarle lo que había pasado, él estaba al tanto de la situación.
-Sabe, Kaoru? Yo pienso que es muy fácil no contestar un llamado. Pero por lo que mi madre me explicó sobre ustedes, es que no pueden decir "no" cara a cara. Vamos mañana a visitar a sus padres.
-¿Y si se enojan conmigo?-
-Ahora no le hablan. No sé en qué podría empeorar.
Kaoru iba a decir algo, pero no supo como objetar. Kenshin tenía razón. Sin embargo... ella no estaba segura de poder enfrentar la situacion adecuadamente.
-¿Me acompañará, cierto?
Kenshin le iba a decir que después de lo de Enishi no volvería a dejarla sola con gente así. Pero prefirió asentir.
Cansada, Kaoru medio sonrió y luego se fue a acostar. Kenshin se quedó un rato con su televisor y sintió que le faltaba ella recargada en su costado. Miró a la puerta de su cuarto y pensó en golpear y entrar.
Enishi se había obsesionado con ella nada más verla y por presionarla lo había echado todo a perder y la había dañado. ¿Y él? Estaba en una situación parecida. Nada más verla en el parque esa tarde, tuvo que acercarse a preguntarle algo que ya sabía. Cada día que pasaba sentía que el departamento se hacía más y más grande, y que ella debería estar más y más cerca de él. Rapidamente su brazo derecho se había acostumbrado a cobijarla y necesitaba sentir ese calor extra que ella le brindaba. Por Dios, quería todo con ella y estaba seguro que podía tenerlo pero debía recordar que estaba de paso. Había cosas que podía disfrutar con ella, hasta cierto punto. Podía lastimarla... o podía convencerla de irse con él.
Miró su mano izquierda. El sueño que habia tenido no había sido premonitorio y estaría bien muy pronto. Si hacía las cosas bien y con calma, tal vez podría convencerla de viajar...
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El tren era muy veloz. Al desocuparse un asiento, Kenshin se lo ofreció a Kaoru. Ella sonrió y lo usó, a falta de otras personas y de que él no quería sentarse.
Kenshin era muy amable con ella y tenía costumbres que le gustaban. Eran detalles, sin duda, pero amaba cuando él abría la puerta del taxi para ella, o de donde fuera que tenían que entrar. Era protector, pero le daba su espacio y la instaba a descubrir el mundo por ella misma. Tras el desayuno, Kaoru se decidió y antes de llegar a la estación de trenes, se inscribió para un curso de inglés que empezaba en unos días.
-Así entenderé lo que dice Brenda.- argumentó. Pero mientras, ya que iban a ver a sus padres, le pareció bien repasar con él lo de los honoríficos que Kenshin no usaba con nadie por falta de costumbre. Se los explicó y él escuchó atento. En eso, el tren llegó a la estación y se acercaron a la puerta.
-Entonces a su padre he de decirle "Kamiya-san" y no, "Hey, Kojiro, ¿qué pasa?"- dijo con un tono norteamericano, lo que hizo que algunos pasajeros se dieran vuelta a mirarlo. Kaoru se sintió mortificada de verguenza y él, como si nada.
-No, no se le ocurra, o nos echará a patadas.
-Y a usted, ¿cómo le digo?
-Kaoru-san puede ser. Pero no pasa nada si me sigue llamando sólo Kaoru.
Bajándose del tren, Kenshin pensó un poco.
-Y qué palabra más... hem... honorífica que esa hay además del "sama"... ¿sensei?-
-Hay una... "Dono", pero ya no se usa.- repuso Kaoru, buscando el cartel que indicaba la salida.- Por aquí, Kenshin. Hem... dono es lo más formal.
-¿Más que "san"?
-Desde luego.
Cuando se separaron del gentío de la estación de trenes y buscaron un taxi, Kenshin se sintió iluminado.
-Kaoru-dono.- murmuró.- Me gusta como suena.
-¡No puede decirme Kaoru-dono! ¡No soy importante!
-Para mí lo es, Kaoru-dono. Usted es muy importante para mí. Usted... usted es mi brazo izquierdo, mi guia turística, mi profesora de etiqueta... no vuelva a decir que no es importante.
Kaoru se detuvo con esas palabras y Kenshin le sonrió. Luego suspiró. En plena calle, ni siquiera pensar en abrazarla. Ella bajó un poco la cabeza, con las mejillas enrojecidas. En eso, les paró un taxi y pudieron seguir su camino.
Ninguno habló durante el trayecto, pero tampoco había nada que decir. Las cosas entre ellos estaban muy claras, aunque Kaoru pronto reparó que él se quitaba el cabestrillo. Ella lo ayudó.
-Me parece mejor si esto lo guardamos.- propuso. Kaoru pensó que tal vez Kenshin no quisiera sentirse disminuido físicamente mostrando una dolencia ante su familia y guardó la órtesis en su cartera. Se bajaron del vehículo frente a la casa y Kaoru, mirándola, tomo aire. Luego apretó el botón del intercomunicador, pero fue Kenshin quien se anunció.
-Mi nombre es Himura Kenshin y vengo con su hija. Con Kaoru.
La puerta se abrió y ambos pasaron, pero Kaoru se quedó detenida en el jardín, sujetando fuertemente, con ambas manos, la correa de su cartera.
-Vamos.- le dijo Kenshin. Reparó en su mirada preocupada. -Tranquila, todo saldrá bien.- dijo él tomándola de la mano.- Ya llegamos hasta aquí.
Hubo tal ternura en su forma de hablarle y tal delicadeza en su forma de tomar su mano, que se animó y le dirigió una sonrisa. Al proseguir su avance, notaron que Kojiro estaba en la puerta de la casa, esperándolos. Kenshin decidió soltarla pero ella aferró sus dedos con fuerza a su palma. El padre sin decir nada se dio la media vuelta y entró. Ellos lo siguieron.
El padre de Kaoru era un hombre alto, al menos, más que Kenshin y delgado. Debía rondar los cincuenta años. Vestía una yukata celeste y había mucha calma en sus movimientos. La señora Kamiya Hotaru era bella a pesar de que tenía la misma edad de su esposo. Sin duda Kaoru había heredado mucho de ella.
Kenshin reparó en que los padres no saludaron a Kaoru ni se acercaron a ella, a él en cambio si. Los guiaron a la sala de estar y les ofrecieron sentarse. Hotaru corrió a la cocina a preparar algo para los recién llegados.
-¿Y cuál es el motivo de su visita, señor Himura?- preguntó Kojiro. Kenshin miró a Kaoru que tenia la vista clavada en sus rodillas. ¿Qué le pasaba? ¿Tanto temor o respeto sentía hacia ellos?
Kojiro sonrió, intentando ser amable, pero Kenshin se sentía muy a la defensiva. Decidió hablar.
-Quiero que Kaoru sea feliz. Que se sienta bien, pero ella los extraña, por eso he venido.
-Lo que Kaoru sienta en este momento, ella misma se lo ha buscado.- dijo Kojiro tan tranquilo.- La familia es lo más importante y ella ha desbaratado la suya. Ha elegido apartarse de nuestro camino.
-No, papá.- dijo Kaoru, mirándolo.- Yo elegí apartarme de Enishi, no de ustedes. ¿Cómo podría... ?
Kojiro levantó una mano para hacerla callar. Hotaru entonces trajo algo para beber y comer y se instaló cerca de su esposo.
-Kaoru sabía cual era su deber y no lo cumplió.- dijo Hotaru.
-Pero... ¿de verdad ustedes no quieren verla nunca más?
-Si.- repuso Kojiro sin dudar un momento. Hotaru con su silencio lo apoyó.- Sería muy bueno que se fueran de aquí. Sólo los recibimos por la molestia que se tomaron en llegar hasta acá.
Kenshin miró preocupado a Kaoru. La situación era tensa y sabía que era difícil para ella. Intercambiaron miradas y él trató de infundarle valor. Ella asintió. Kenshin miró con decisión a Kojiro.
-Usted no sabe qué tipo de hija se está perdiendo. No sabe qué tipo de maravillosa mujer se está perdiendo.
-Su falta ha sido muy grave, señor Himura. Ella no vale...
Kaoru no quiso seguir escuchando y desvió la mirada a una mesita de arrimo que se encontraba en la habitación. Vió un marco de fotos que no recordaba se encontrara allí y se levantó para mirarlo mejor.
-¿Cómo?- saltó Kenshin.- ¿Qué no vale nada? ¿Por dejar al esposo psicópata que tenía ella no vale nada?
-Señor Himura.- repuso Hotaru con calma y educación.- Si Kaoru hubiese sido paciente, sin duda Enishi hubiera superado cualquier defecto...
Kaoru tomó el marco y miró la fotografía que llamó su atención. Reconoció a los invitados y se congeló la sangre en sus venas.
-...por menos de lo que le hizo Enishi a Kaoru encarcelan a los tipos en mi país...- escuchó a Kenshin decir airado y se sorprendió al verlo de pie. Ella se acercó y le puso una mano en el hombro. Él comprendió que tomaría la palabra.
-Entiendo que el juicio tan duro a mi comportamiento se debe a que ustedes siempre han visto en Enishi al hijo que no tuvieron en mí. Puedo ver que a pesar de nuestra separación, él ha seguido viniendo a verlos cuando a mí me han cerrado las puertas de mi casa y me han obviado de las celebraciones familiares, porque en esta foto del cumpleaños de papá, al que no fui invitada, se ve él en medio de ustedes, abrazándolos. Si tanto lo quieren como hijo, si lo ven tan perfecto, entonces yo no tengo nada que hacer aquí. Yo ya no los quiero como padres. No me merezco esto porque yo no fallé, fueron ustedes. Gracias por recibirnos.- dijo con calma y educación.- Vamos, Kenshin.
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Los días pasaron y tras obligarse a pensar que era huérfana, Kaoru borró el número de sus padres de su teléfono. A Kenshin le llamó la atención que ella estuviera tan decidida a ignorarlos, aunque lo entendía. Quizá con el tiempo menguara su rabia y dolor e intentara acercarse a ellos de nuevo. Esperaba entonces, estar a su lado para apoyarla.
Kaoru inició sus clases de inglés. Luego repasaba en casa y Kenshin la ayudaba y le enseñaba algunas palabras extra para conjugar los verbos que aprendía. También le explicaba formas de componer las oraciones y llegó el dia en que el profesor felicitó a Kaoru por su avance. Ella sonrió, pensando en el secreto que guardaba en el departamento.
Las cosas en el departamento seguían tranquilas. Kenshin se preocupaba de hacer cotizaciones para su madre y eventualmente la ayudaba con algunos planos. Aunque estaba sentado frente al computador trabajaba mucho y se esforzaba y luego por la tarde salía a caminar con Kaoru. A la hora de la cena, Kenshiro los acompañaba a veces y les contaba algunos casos interesantes que llevaba. Por la noche veían alguna película y aunque retrasaban el momento para irse a acostar, no volvieron a dormir juntos pero siempre que podía, flirteaba con ella. Cualquier cosa le servía para decirle lo linda que lucía, si acaso un nuevo peinado o alguna prenda que llevara encima. Ella seguía ocupada de la casa, de ayudarlo en lo que podía con sus planos y presupuestos.
El siguiente control médico reveló en Kenshin una evolución muy positiva y sus exámenes salieron buenos. El médico le indicó dejar el cabestrillo por completo, pero le prohibió hacer algunos esfuerzos, aunque lo autorizó para nadar, siempre que fuera en un estilo que no esforzara mucho su brazo izquierdo, asi que Kenshin ese día invitó a Kaoru a la piscina y tras comprarse un traje de baño, partieron. Con simpleza y elegancia, él se sumergía en el agua y luego se quedaba flotando, o nadaba bajo el agua. No movía sus brazos mientras Kaoru lo miraba plácidamente desde la orilla, donde chapoteaba. Luego se animó a seguirlo y nadaron juntos en medio de otras personas.
Finalmente llegó el último control médico de Kenshin. Akagi lo autorizó a realizar los movimientos que quisiera.
-Evita lesionarte, porque el próximo miércoles ingresas a pabellón y trataremos el dolor. Ya pronto terminará todo esto, muchacho.
Muy agradecido y feliz, Kenshin se despidió de Akagi. Por fin podía usar su brazo izquierdo como quería y aunque fuera por siete días, ya tenía una idea de cómo.
Regresaron caminando por la playa y ella se apartó para comprar un par de refrescos. Kenshin siguió hasta donde el agua mojaba sus pies y aunque le gustaba ese lugar como escenario, pensó que lo mejor sería declararle sus intenciones a la joven a puertas cerradas y reuniendo el valor, su corazón se aceleraba de anticipación.
Kaoru, mientras, lo miraba al acercarse con sus latitas. Sólo pudo pensar en el modo en que había entrado a su vida, cambiándolo todo.
"Como una fuerza de la naturaleza"
Pudo notar como su cabello rojizo se movía con el viento y aunque estaba feliz de que por fin llegaría el fin de su dolor, la entristecía pensar que el tiempo empezaba a agotarse para disfrutar de su compañía, porque simplemente amaba levantarse por la mañana y verlo. Preparar el desayuno y cocinar jamás lo había disfrutado tanto. Sus conversaciones y sus pequeñas historias sobre la vida en Occidente le encantaban, tanto como el tono de su voz, además que sin saberlo, él le enseñaba tanto...
Él no se rendía. Nunca lo hacía. Sufría dolor pero nunca más lo vio llorar como la noche de la pesadilla, ni él dejó de lado su amabilidad hacia ella. Nunca más hizo preguntas sobre lo sucedido con Enishi. Sólo se ocupaba de su bienestar a pesar que no era su obligación. Lo admiraba. Lo admiraba al punto que podría hacerle un altar.
Aunque siempre supo que él estaba de paso, no creyó que vislumbrar el final de esa etapa la afectaría tanto. Odiaba sentir que en su vida, las buenas temporadas acababan en algún momento.
Kenshin jugaba descalzo con las olas, los zapatos en una mano. Cuando ella se acercó lo suficiente, él se volvió. Había tal paz en su mirada violeta, y otra cosa que no pudo descifrar, que se quedó plantada en su sitio, mirándolo. Y entonces supo que la suma de todas las emociones que él la hacía experimentar sólo con estar cerca suyo era amor. Y el saber que por primera vez en su vida estaba enamorada llenó sus ojos de lágrimas.
-¿Pasa algo?
-No.- repuso Kaoru bajando la cabeza.- Es sólo que... me entró un poco de arena. Ya es tarde. El sol se ocultó y debemos volver a casa.
-A nuestra casa.- dijo él, a modo de corrección. Ella sonrió con la idea, pero su mirada no cambió el tinte triste que tenía. Como quería que fuera su casa.
Kenshin se puso los zapatos al salir del arena y luego caminaron por espacio de media hora, bebiendo de sus latitas. Compraron algunas cosas en la tienda de abarrotes y siguieron hasta su edificio.
-¿Por qué está tan triste?- preguntó él cuando subían en el ascensor.
-No estoy triste. Sólo un poco cansada.-
-Yo me siento bien. Ya tengo mi brazo izquierdo libre y puedo hacer las cosas que quiero hacer con él.
-Como escribir sus mail secretos.- dijo Kaoru intentando animarse, al salir del ascensor.
-Claro, mis mail secretos a todas mis novias. También iré a la piscina a nadar vigorosamente y usted me tiene que acompañar, pero antes de eso, haré algo mucho más importante. Tiene que ser hoy mismo.
Kaoru suspiró entrando al departamento.
-¿Qué podría ser tan importante que no se pueda aplazar?- preguntó, mientras Kenshin cerraba la puerta.
No dijo nada, pero la miró.
Al encontrar sus ojos, Kaoru tuvo una sensación de caída libre en su estómago y se quedó plantada en su sitio. Su corazón se aceleró y él se acercó a ella y la tomó por la cintura.
Se tenía que declarar, se lo tenía que decir, pero algo pasó. Supo que podía besarla en ese momento, estaba seguro y no iba a desperdiciar la oportunidad. Puso sus labios sobre los de ella con la intención de darle sólo un beso, nada más que uno, pero al probar su boca algo pasó. Ella lo besó de regreso y su sabor y textura anularon su juicio. Algo parecido a la pólvora se esparció por sus venas y en vez de decirle lo mucho que le gustaba la acorraló contra la puerta y apoyó su cuerpo contra el de ella. La besó hambriento y desesperado y aunque por la mente de Kaoru pasó hacerse la ofendida, un deseo repentino y nunca antes experimentado la golpeó con toda su fuerza.
Respondió con todo lo que sabía al beso de Kenshin, con un apremio que desconocía en ella y permitió que él con sus manos acariciara su contorno y no se molestó cuando sintió sus palmas frotar sus senos. Nunca todo estuvo tan claro en su mente... iría tan lejos como él la llevara. Tras años de hacer lo que querían los demás, ese momento estaba dispuesto a vivirlo plenamente para ella porque quería hacerlo. Porque lo deseaba.
Mientras el beso se intensificaba ella no tardó en desabotonarle la camisa. Al exponer su torso, sus manos palparon su pecho y tetillas y con un gemido ahogado, Kenshin la sujetó por las caderas para que ella pudiera sentir su excitación contra ella. No se lo pensaron más y se fueron al dormitorio de él.
Ninguno habló, ni con algún gesto se pidieron permiso para quitar tal prenda. Cada uno desnudó al otro, acarició y besó como si llevaran años haciéndolo. Kaoru presionaba la cabeza de Kenshin contra su cuello mientras él causaba sensaciones placenteras con su lengua y ella cerraba los ojos, dejándose llevar por la caricia y jadeaba excitándolo más con su sonido. Pronto sintió los dedos de él en su entrepierna, impregnándose de su humedad y aunque por un momento tuvo la sensación de que él intentaba decidir algo, dejó de pensar cuando él se apoderó de uno de sus senos, succionándolo. Quería que lo hiciera, que fuera más fuerte incluso y Kenshin así lo entendió cuando ella se arqueó y le clavó un poco las uñas en la espalda. Él estaba dispuesto a eso y más luego que ella con delicadeza encontró un punto vulnerable tras su oreja.
Quería darle todo y hacerle todo. Sentía que no tenía límites en lo que haría por ella pero, por otro lado, sentía temor de que todo eso se tratase de un sueño y terminara. Quería hacerla suya, quería penetrarla ya. No tuvo dudas cuando ella separó las piernas y lo recibió encima, abrazándolo de inmediato. Entonces puso su miembro en ella y fue Kaoru quien hizo el movimiento que le permitió quedar dentro.
Ella sintió cierto dolor, pero no se molestó con eso, porque su excitación pronto la hizo olvidarlo. Kenshin la penetraba ritmicamente y ella sin dejarse intimidar con el movimiento, lo siguió sin cuestionarlo. ¿Quería tomarla? Ahi la tenía. Ella había deseado ese momento. Por Kami que lo había hecho.
Notó que Kenshin cargaba su cuerpo al lado derecho y recordó lo de su hombro. Le puso una mano en el pecho y él se detuvo. Se movió un poco y respirando un poco fatigados, cambiaron de postura, situándose ella sobre él.
Kenshin quedó, a su modo de pensar, favorecido con el cambio al poder acceder con facilidad a los senos de Kaoru mientras ella se movía y cuando se cansó y se recostó sobre él unos momentos, se sintió en la gloria. La joven volvió al ataque y mostrándole su fuerza, él guio sus caderas. Kaoru pronto alcanzó el orgasmo. Se repuso para ayudarlo a él a conseguir el suyo.
Lo sintió terminar en ella y agotada, se recostó nuevamente sobre él. Intentó moverse para un lado, pensando que le molestaría, pero Kenshin habló por primera vez.
-Usted se queda conmigo.- dijo, atrapándola por la cintura. Kaoru cerró los ojos y se acomodó sobre él, sintiendo como su miembro cambiaba de tamaño a uno más pequeño y salía de ella. También el líquido, pero con sus problemas de fertilidad no le dio mayor importancia.
-Kenshin...
Sus ojos violeta habían oscurecido y comenzó a besarla esta vez más tranquilo. La abrigaba con sus brazos y ella ya no intentó bajarse. La segunda vez que tuvieron relaciones sexuales fue de un modo mucho más calmo e incluso más placentero. Kenshin se tomó su tiempo en acariciarla y besarla, guiándola para que se arrodillara frente a él y por un momento, ella pensó que le pediría una felación, sin embargo se arrodilló frente a ella para seguir con su juego.
Un juego en el que ambos eran iguales.
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Se quedaron dormidos en el futón y cuando Kaoru despertó, Kenshin la tenía por la cintura desde la espalda, y la besaba en el cuello.
-Kenshin.- dijo dándose la vuelta, y entonces él le puso un dedo sobre los labios.
-Antes de que diga cualquier cosa y tengamos un malentendido como sucede en esas series que suele ver mi hermana, Kaoru-dono, hay una pregunta que he querido hacerle desde el día en que nos conocimos, cuando supe que había dejado su casa.
Ella puso cara de no entender. Kenshin puso todo su encanto y seducción en la sonrisa que le dedicó a continuación.
-Kaoru-dono, usted... Tiene pasaporte, ¿verdad?-
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Fin acto 6
Mi brazo izquierdo
Septiembre 2, 2015
Notas de autora:
¡Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii! ¡Se lo preguntó! Después de cinco capítulos pudo hacerle esa pregunta :D
Soy tan feliz, si, feliz. Me encanta pensar en eso.
El calor empezó a azotar mi país de nuevo, mis ventas bajan y me entretengo en otras cosas, asi que aquí estamos.
El domingo fuimos con mi esposo a comer un poco de deliciosa comida chatarra y entonces pude notar como sin problemas él engullía su "Pollo Granjero" mientras el mío quedaba desparramado sobre la bandeja, junto a todas las servilletas que suelo usar para limpiarme y pensé: Voy a incluir una escena como esta sólo para preguntar si sólo yo soy el desastre o le pasa a alguna otra chica que su marido-novio-hermano-amigo-etc tiene más estilo para engullir este tipo de sándwich. Según recuerdo, mi madre también comentaba que mi padre siempre fue estiloso para comer y ella no, y puede que al final sea una cuestión de genes.
Asi que ahí lo tienen.
Sobre el resto, no hay mucho que explicar. Vamos al capitulo que sigue.
Un abrazo.
