Declaración: Rurouni Kenshin ni ninguno de sus personajes me perteneces. Hago esto por diversión y sin fines de lucro.

Esta historia está dedicada a Pola Himura. Algunas líneas de este capitulo para Lica.

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Deseando Vivir

Capitulo siete

Sosteniendo tu mano.

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La pregunta descolocó a Kaoru. Hizo una mueca de no entender y miró a Kenshin con atención. ¿Preguntó si ella tenía pasaporte? Se sentó en la cama y nerviosa, se pasó el cabello tras las orejas.

Él la miraba divertido, con una sonrisa que ponía a su corazón a dar vueltas, como si la pregunta no fuera suficiente para hacerla tambalear y hacerle difícil el pensar bien en qué le estaban queriendo decir. Tardó un par de segundos en abrir la boca con el asombro y también la duda pintados en la cara al comprenderlo.

-¿Acaso usted quiere que yo... ?- empezó ella. Se calló al ver que Kenshin también se sentaba y aunque ella tenía el torso descubierto, él sólo se concentró en tomarle las manos entre las suyas y acercarlas a su pecho, como si fueran un preciado tesoro para él. Las besó.

-Venga conmigo a Norteamérica. Por favor.-

La frase, dicha con suavidad y cierto temblor en la voz, conmovió a Kaoru al darse cuenta de qe, a pesar de su actitud despreocupada, él estaba nervioso. Sonrió y cerrando los ojos, bajó un poco la cabeza.

-No puedo creer esto.

Sintió que Kenshin le acariciaba una mejilla.

-Por favor.- repitió.- Me queda menos de un mes aquí y no es suficiente tiempo para nosotros... ¿entiende?

-Usted... me quiere llevar a su casa.- repuso ella, mirándolo de reojo.- ¿A mí? Yo, que no tengo nada de especial...

Un beso sobre sus labios le hizo notar que él tenía otras ideas sobre eso. Se separaron lo suficiente para poder mirarse a los ojos con comodidad.

-Yo no me puedo ir y dejarla atrás. Le prometo que quería hacer esto de otra forma pero... ya no hay vuelta atrás. Sucedió esto... - dijo sin poder contener una risita de alegría.- ... Y yo sólo sé que si usted está sintiendo lo mismo que yo, no puedo dejarla atras. Entiendo que sea muy pronto pero... -

-Yo... tampoco esperaba nada de esto... - expuso Kaoru.- Y si le dijera que no había pensado en su marcha con pesar, le mentiría. Y yo sólo sé... que de algún modo... esto está bien. Que es correcto porque... me siento bien en este momento. ¿Me puede comprender?

Con los ojos brillantes de alegría, Kenshin asintió. Kaoru singuió hablando.

-Tengo la impresión que cada paso que di, desde que nos conocimos, me trajo a esto, de un modo tan... no sé. Tan perfecto, quizá. Todo lo que dejé atrás... -Kaoru rió, avergonzada.- ¿Estoy divagando, verdad?

Una leve carcajada salió de la garganta masculina. Kenshin la miró, esta vez con decisión.

-¿Entonces, sobre el pasaporte?-

-Bolsillo interno de mi maleta, junto con otros documentos.- reveló ella. Kenshin echó la cabeza hacia atrás, con un gesto triunfante.

-¡Sii!-

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-Bien. Hemos hecho todo al revés.- dijo Kenshin saliendo de la habitación con Kaoru de la mano y algunas toallas.- Pero hay cosas que requieren ciertas formalidades. Y otras sólo informalidades. Por ejemplo, me parece bien que ahora que nos hemos acostado, nos bañemos juntos.

Kaoru, sonriendo, pensó en que en su experiencia, no todas las actividades soñadas con la pareja funcionaban como uno las pensaba. Con Enishi jamás se pusieron de acuerdo sobre la temperatura del agua y desistieron de bañarse juntos antes de los dos meses de matrimonio. Cuando regresó al presente tras pensar en eso, Kenshin ya estaba con medio cuerpo dentro de la ducha, percibiendo el agua.

-Está deliciosa. Venga.

La joven, cautelosa, metió un pie primero y notó que el agua no estaba tan fría, aunque tampoco tan caliente como le gustaba a ella, sin embargo no era del todo desagradable y tras unos minutos se acostumbró y acabaron de asearse.

La cena fue preparada entre ambos... es decir, Kenshin siempre estuvo tras ella tomándola por la cintura. A Kaoru le costaba creer que hacía un par de horas habían entrado en ese lugar en plan de amigos, aunque él claramente no venía con esas intenciones, y ahora, ¿Qué podía decir? Amaba sus malas intenciones, amaba que se la quisiera llevar y aunque no resultara, no tenía fuerzas en ese momento para alejarse de él por su propia voluntad. Sólo quería vivir ese momento, había estado deseando vivir esas cosas con Kenshin y ahora que era una realidad, no podía sentirse más agradecida con la vida.

-¿Dormiremos en su cuarto, en el mío, o separados?-

-Separados.- repuso Kaoru apoyada en él, ambos sentados en su sofá, entregados a los abrazos y arrumacos.- Es lo que corresponde. Sólo duermen juntos los que están casados.

-¿Acaso me está poniendo una condición?

Al darse cuenta de lo que había dicho, Kaoru enrojeció furiosamente.

-¡No!, no es eso... yo no quería decir... es solo que... -

-La próxima semana me operan. Entonces no debería dormir acompañado cuando regrese aquí pero yo quiero dormir con usted unos días. Y si nos vamos a USA, no estoy seguro que mi madre permita... Tal vez usted tenga razón y sea mejor dormir aparte.- acabó no muy convencido.

-Realmente usted hace las cosas al revés.- dijo Kaoru, considerando sus palabras.- Probemos esta noche, si no es demasiado problema, seguiremos así.

Kenshin la miró encantado. Él pensó que ella se enfadaría con él tras tener relaciones sexuales por la tarde, o que se haría la ofendida, o la avergonzada, o quizá que declararía querer irse del departamento, pero nada. Kaoru se lo había tomado de un modo tan natural y se dejaba llevar por él, que sólo le podía indicar que estaba, como él, convencida de que eso tenía que suceder.

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Guiando su auto con seguridad, Enishi regresaba a casa. Había estado en una convención fuera de la ciudad y regresaba satisfecho de su desempeño, pues pudo conseguir tres clientes más que el año pasado. Sin duda eso sería considerado para el puesto que queria y contento con la idea, tomó una curva.

Al salir de ella percibió un cierto olor a quemado al que no le dio mayor importancia, pero unos minutos después el volante se le trabó y tuvo que frenar de emergencia. Ni siquiera pudo enderezar la conducción, asi que quedó detenido en la carretera. Fastidiado, se bajó y se puso en un lugar seguro y de inmediato marcó a la asistencia en ruta para que lo apoyaran. Quince minutos después apareció la grúa, cuando Enishi ya tenía desplegados los elementos de seguridad que indicaban que su auto estaba estacionado.

El vehículo de asistencia lo llevó a un taller mecánico que quedaba en la entrada de la ciudad de Kobe, que era lo mejor que podía hacer por él. Por suerte era domingo y no tenía trabajo. Enishi se quedó en el taller junto a un sujeto de apellido Hiru que tenía que salir, pero lo dejaba en las mejores manos según él. Enishi pudo ver unos pies bajo un vehículo, con unos toscos zapatones negros y sin duda un mono azul de trabajo para evitar manchar su ropa y tras cinco minutos a solas con esos pies, se empezó a impacientar.

Tampoco quería pasar su domingo mirando pies y autos.

-Oye, ¿te falta mucho? Puedo llevar mi auto a otra parte si no puedes.

No hubo respuesta por espacio de varios segundos y sonó su celular. Era Hibiki, con una duda sobre un negocio. Enishi le respondió autoritario sobre el cierre de una manufactura y le cortó. Entonces Enishi pudo ver que los pies bajo el auto se movían y al apoyarse en el piso, lograban que el resto del cuerpo saliera hacia afuera

Se sorprendió cuando después de los muslos, la figura adelgazó considerablemente para empezar a ensanchar otra vez. ¿Una mujer?

Con todo el cabello metido en un gorro elasticado, la mujer se puso de pie delante de él, limpiándose las manos con un paño. Su rostro era de una extraña belleza, de mejillas sonrosadas y labios gruesos. Le pareció familiar.

-Lamento no poder terminar más rapido, señor Yukishiro.- repuso ella, caminando hacia el auto que supuso era de él. Enishi se sintió asombrado.

-¿De dónde me conoce usted?- preguntó él, intrigado porque ella lo llamó por su nombre. La joven lo miró de reojo y pasó de largo a ver el auto. Quiso saber qué había pasado y cuando Enishi se lo explicó, se agachó cerca de la rueda del copiloto y examinó en donde se unía al auto.

-¿Empezó hace mucho tiempo a oler a quemado?-

-Ehh... desde esta mañana...-

-Esta mañana sin dio la falla, pero debió haber avisado antes con el olor a quemado. Unos días antes, tal vez.

-No lo sé, no suelo usar mucho el auto. Lo usé el día jueves...- repuso, y recordó de golpe que si habia tenido un problema de olor al que no le dio importancia.- Puede ser que haya presentado olor.-

La mujer examinó más a fondo. Enishi sólo podía mirarla algo perturbado. Algo extraño había ahí en el modo en que se sentía con ella y su mente trataba de decirle algo. La mujer se puso de pie.

-Este problema es relativamente común, pero hay que cambiar una pieza. Sugiero que acepte uno de los vehiculos que pondré a su dispocision mientras consigo el reemplazo. Podría tardar hasta tres días según la disponibilidad...

-¿Mi vehículo ya no andará?

-Puede andar. Posiblemente se pueda marchar en el ahora que está frío, pero es vital cambiar esa pieza o volverá a trabarle la dirección y podría tener un accidente. Es mejor no arriesgarse...

-Me parece bien. En tal caso me lo llevo.

-Pero señor Yukishiro.

-Usted me parece demasiado joven como para poder reparar mi auto. Ya sé qué tiene y que puedo seguir usándolo. Por eso me lo llevo.

La joven lo miró con el mentón ligeramente alzado.

-Soy perfectamente capaz de efectuar este trabajo. Por otra parte, su seguridad está en riesgo.

-Tomo la responsabilidad.- dijo.- Asi que me lo llevo, señorita... ?-

-Haru, Seiko.- respondió ella, sacándo un pequeño estuche del bolsillo del pecho de su mono y extrayendo unas gafas que no hicieron otra cosa que enfatizar sus labios cuando se las puso, pero su mirada no era tan adorable cuando lo escudriñó. -Haga lo que quiera. Usted sin duda ya emitió un juicio sobre la situación y me encontró incapaz, nuevamente, tal como el día que fu a buscar trabajo en su empresa. ¿Pero sabe? Yo no entiendo qué hace un hombre arriba de un auto cuyas fallas claramente no percibe y que desde mi punto de vista no está capacitado para guíar; menos entiendo qué hace en una empresa apurando a un subordinado para que cierre una manufactura y deje gente sin trabajo por hacerlo con los chinos cuando usted debería estar desligándose de ellos. China simplemente no podrá seguir manteniendo mucho tiempo el ritmo de producción a bajos precios que lleva, y eventualmente arrastrará a varios en su caída y le resultará más caro reabrir su manufactura en un año más que mantenerla funcionando. Yo no haría negocios con ellos, al menos no ahora. Busque alguien que haga el trabajo por un precio justo y no por bolitas de dulces. Por eso el mundo está como está, nadie quiere pagar los precios reales de lo que obtiene.

-Usted es una metomentodo. No tiene por que ocuparse de mis conversaciones privadas.- dijo Enishi furioso tras escuchar el monólogo.

-Y usted claramente es el tipo de persona incapaz de ver el desastre que se cierne frente sobre usted, porque ignora las señales. No me extrañaría que su vida no vaya bien y de todos modos no es mi problema. Llévese su auto y no se vuelva a presentar más ante mí, pero antes pague mi servicio.- dijo, extendiendo una boleta sobre la que puso un precio.- Porque me tomó mi tiempo revisar su auto, y eso que no le incluí la asesoría sobre economía que le acabo de dar.

De mala gana, Enishi pagó y se fue en su auto. En efecto, no tuvo problemas en llegar con él hasta la casa y lejos de pensar que el problema debía resolverlo, se le ocurrió que no existía ninguna panne y que Seiko sólo quería cambiar la pieza para hacerle gastar de más.

De todos modos, esa noche antes de dormir, vió sus sensuales labios.

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Kaoru ya llevaba un rato despierta, acariciando su cabello rojo y estudiando su rostro a sus anchas. Mirando las cicatrices del hombro con detención y pensando que parecía tan irreal dormir con otro hombre que no fuera Enishi y sentir que había descansado a su lado.

Teniendo aún fresco el tacto de su ex esposo sobre su piel, no fue difícil comparar, pero porque no pudo evitarlo. Cada caricia de Kenshin, cada beso y cada susurro fue sobrepuesto en su mente a lo que ya conocía. Tal vez, sin desearlo por él, también fue comparada a algún antiguo amor y siendo así las cosas, Kaoru procuró no darle muchas vueltas al asunto, porque ambos tenían sus historias. Kenshin sin duda era diferente en su trato, en su ritmo y le encantaba, preocupado de cómo se iba sintiendo ella. Enishi tenía fuerza y pasión, pero Kenshin, además de eso, tenía la sensibilidad para llegar a su corazón en todo momento.

Cuando Kenshin abrió los ojos, ella le sonrió.

-Buenos días.- dijo él en inglés.

-Buenos dias.- respondió Kaoru en el mismo idioma. Era una de las pocas frases que podía decir sin problemas.

Entre besos se levantaron y prepararon el desayuno. Entre risas hablaron algunas cosas, como sus planes para el día.

-Mis amigos me encargaron todo tipo de juguetes para fanáticos y he pensado que podríamos hacer la compra entre hoy y mañana. Tengo apuntadas las direcciones de las tiendas que debemos visitar y una lista.- dijo Kenshin.- Como ahora mi brazo está bien puedo hacer esa tarea tranquilo. En una semana más volveré a estar encabestrado.

A Kaoru se le hizo divertido pensar en buscar figuras de animé y comprometió su ayuda. Compraron enormes bolsas en el comercio que fueron llenando con figuras de acción, de hentai y algunos mangas. Ella también le enseñó en las calles, máquinas expendedoras de bebidas en cuyas latas había impresa algún personaje de animé. Kenshin encontró una figura de Rurouni Kenshin del personaje principal y, tras ser confundido con Takeru Sato, a pesar de que su cara era un poco más redonda y sus colores de nacimiento. Eso, hasta que llegó el hermano mayor del vendedor.

-No, no es parecido. Al que se parece más es a Ken Nihimura, el que actuó en la primera serie, la del año 96. La señorita también se parece a Kaori Hayahama. Ustedes hacen una buena pareja, si hicieran cosplay, arrasarían.

Tras decidirse a comprar la serie completa en Blueray y las películas de acción real, Kenshin obtuvo un generoso descuento en sus compras totales, tras mostrar su licencia de conducir con su verdadero nombre y aceptar hacerse unas fotos con los dueños de la tienda. Kaoru también apareció. Fue un momento freak.

Regresaron a casa cansados, pero felices.

-Se gastó mucho dinero a pesar del descuento por ser famoso.- observó Kaoru. Kenshin rió.

-No es dinero mío. Mis amigos lo repondrán en casa. Por eso pedí que escribieran el nombre de cada cosa en su respectiva boleta, asi no nos perderemos. Ahora, Kaoru, quisiera plantearle algo.

-Digame.

Se tomaban un té, sentados en su balcón mirando hacia el edificio del frente. Había algunas galletitas en un plato sobre el regazo de Kaoru.

-Como viajará conmigo a USA, tal vez sea bueno que se familiarice con el inglés. Entonces, he decidido darle instrucciones simples en ese idioma cuando estemos aquí en casa de aquí en adelante. Así aceleraremos el proceso y ayudaremos más a sus clases. ¿Está bien?-

-Si. Me parece bíen, pero no sea muy duro conmigo si no entiendo enseguida.

-Tranquila. Ahora mismo empezaré.

Un poco nerviosa, Kaoru asintió.

-Kaoru, dígame.- dijo Kenshin ya en inglés.- ¿Usted aceptaría ser mi novia?

Kenshin la miró, esperando que ella comprendiera sus palabras. Kaoru escudriñó en sus ojos violeta, para responder un poco insegura tratando de componer la frase en ese idioma, pero inmensamente feliz de que esa fuera su primera comunicación.

-Si. Yo aceptar.

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El dolor en el brazo de Kenshin lo seguía despertando por la noche, y era Kaoru quien se apresuraba a darle su medicina y el vaso de agua. No era fácil lidiar con eso para él, y ella se sentía muy descolocada e inútil por no poder hacer más. Cuando se calmaba, ella lo recibía sobre su pecho y él, menos adolorido y más confortado, podía dormir tranquilamente.

Pero fue en una de esas noches que Kaoru se empezó a preguntar sobre la verdadera naturaleza del dolor de Kenshin, acariciándole el cabello tras una crisis. Es decir, ella sabía que el origen estaba en una herida recibida en la guerra y que era muy intenso, y precisamente eso era lo que la preocupaba. Sentía que había allí algo más sobre lo que él no le había hablado, algo que no estaba bien, pero no estaba segura de qué. Se recordó que él sería operado para resolver ese problema y tal vez, no tendría que preocuparse por eso, sin embargo, no dejaba de sentir pesar por lo que había tenido que vivir.

Despertó por la mañana muy contenta y dejó a Kenshin descansando para ir a preparar el desayuno. Los calmantes siempre lo ponían un poco aletargado y no importaba si dormía un poco más. Estaba acabando de preparar una sopa cuando sintió que él venía. Traía unas ojeras muy marcadas.

-¿Todavía doler?- preguntó en inglés, tal como habían acordado. Kenshin no dijo nada, sólo asintió y se puso dos calmantes al hilo con un vaso con agua. Kaoru vio esto con espanto, pensando en su estómago, asi que lo sentó para darle de comer de inmediato. Tomándose la cabeza con la mano derecha y apoyándose en la mesa con el codo, Kenshin soltó aire pesadamente y apretó los dientes.

-Es mucho.- dijo a la par que se le caían un par de lágrimas. Kaoru entró en pánico y corrió a llamar a Kenjiro. Este, que acababa de llegar del hospital, no tardó en bajar, justo cuando Kenshin no pudo contener sus gemidos y se tomó el brazo con fuerza, respirando con dificultad.

-Tendrá que ir al hospital.- dio Kenjiro al interrogarlo sobre la intensidad de su dolor y examinarlo.- Hablaré a Akagi para que te espere.-

Kenshin miró a Kaoru. No quería separarse de ella pero esto era más de lo que podía soportar. Recordó el sueño en que le arrancaban el brazo y cayeron más lágrimas. No podía con eso. Se lo llevó una ambulancia.

Akagi y su equipo lo recibieron y de inmediato comenzaron a estabilizarlo. Sólo la morfina hizo efecto mientras Kaoru, con el corazón en un puño, lo acompañaba y lo veía dormir. Tuvo que pasar todo ese día en el hospital y temprano, al día siguiente, le dieron el alta. Ella lo había ido a buscar llevándole una chaqueta, porque hacía frío y salieron juntos a enfrentar el día. Caminaron a la casa en completo silencio y al entrar, Kenshin abrazó a Kaoru y se apoyó en la puerta, atrayéndola con él. Suspiró y la besó. Ella respondió su beso y fueron hasta el futón para reconfortarse mutuamente sobre lo sucedido.

Desnudos, no se atrevían a expresarse verbalmente el uno al otro cuánto se habían extrañado ese día y esa noche, pero lo hicieron con sus manos y con sus besos. Kaoru fue especialmente cuidadosa con él y Kenshin la mimó y la acarició. No hubo penetración. No lo necesitaron porque sus almas quedaron fundidas con eso y quedaron más que satisfechos y recargados para seguir con su día.

Esa misma tarde retomaron algunas actividades, como ir a la piscina y nadar un rato, o invitar a Kenjiro a una cena para contarle que estaban de novios. Sobre contárselo a Noriko, Kenshin decidió hacerlo esa noche, cuando se comunicaran, aunque luego se lo pensó mejor y decidió contárselo en persona. Se rieron con las posibilidades de lo que podría pasar.

La mañana anterior a la internación de Kenshin, Kaoru se encontraba preparando la comida. Kenshin estaba ocupado viendo unos presupuestos y escribiendo sobre una consideración al diseño que le envió su madre, que era inviable en el material que querían, pero posible en otro. Al enviar el mail y levantar la mirada, vio a Kaoru de espaldas y notó su cintura y el mundo se puso a girar en torno a él. Ya había vivido eso y si no, al menos había querido vivirlo.

Las cosas sucedían a veces con tanta naturalidad y sincronía en ellos, que cuando Kaoru sintió las manos de él sobre su cintura, sonrió para sus adentros. Hasta que por fín se había animado. Con toda calma y revolviendo la sopa, sintió las manos de Kenshin llegar hasta sus pechos y meterse bajo el sostén, apretujándolos, mientras él se hacía cargo del lóbulo de su oreja. La sensación fue tan extrema, que Kaoru apagó el fuego de la cocina a la par que sentía la boca de Kenshin ahora mordisqueando ligeramente su cuello y haciéndole notar su masculinidad abultada tras sus caderas. Un poco asombrada de su propia respuesta, deseos y emociones, pensó que incluso con una misma persona, el sexo se podía sentir muy diferente, y eso era todo un descubrimiento. ¿Qué más le podía enseñar Kenshin?

Tras unos momentos, él acabó sentándola en el mueble, tal como en una fantasía que tenía, y ella ansiosa por vivirla, no puso ningún reparo. Ese día comieron un poco más tarde, pero Kenshin no estaba ese día para dar quejas. Kaoru lo miraba de manera cómplice y sobre la mesa se tomaron una mano.

Durante la noche, Kenshin le pidió un favor especial, y era que lo acompañara en algo. Cuando él se arrodilló en su cuarto y bajó la cabeza, ella hizo lo mismo. Entonces, él le habló a Dios y pidió por su salud, que guiara las manos de los médicos y que cuidara de Kaoru mientras él no podía hacerlo.

Ella no comprendía muy bien cuál era la naturaleza del Dios de occidente, pero Kenshin se veía muy humilde y confiado pidiendo algunas cosas. Si era importante para él, con mayor razón lo sería para ella y en su corazón, Kaoru le pidió a Dios por él.

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Con todo arreglado y los pasajes comprados, Kenshin fue a internarse para la última operación. Al parecer le implantarían un aparato que bloquearía las señales defectuosas que enviaban dolor al cerebro, porque físicamente no había nada que lo produjera. Estaban todos muy expectantes e incluso había un par de periodistas de revistas científicas. Kaoru acompañó a Kenshin tanto como pudo, infundándole valor y sosteniéndolo con su ternura pero por sobre todo, con su buen humor. Entonces, los médicos hicieron salir a Kaoru para preparar al paciente y ella salió a caminar, porque se sentía un poco nerviosa. Buscó una máquina que expendía té cerca de la entrada y en eso un grupo de enfermeros que irrumpieron asisitiendo una emergencia llamó su atención, pero se quedó helada cuando una conocida cabeza cana se asomó entre ellos. Por si le quedaba alguna duda, más atrás distinguió a Tomoe, que entró corriendo seguida de Akira. Los médicos les prohibieron el paso y Akira corrió a encargarse del papeleo. Descolocada, Kaoru caminó hacia su ex cuñada.

-¿Tomoe?

La aludida se volvió a ella con los ojos arrasados en lágrimas. Kaoru se asustó.

-Tomoe, ¿qué pasó? ¿Enishi?

La mujer estaba claramente devastada.

-Mi hermano, Kaoru, mi hermanito...

-Pero... ¿qué...?

-No sé, no sé, un accidente, me dijeron. Perdió el control del vehículo en carretera y se estrelló contra un muro de contención. No sé cómo pudo pasar esto.- dijo con voz nasal.

-¿Pero viene muy mal?

Sorbiendo poco decorosamente para contener la humedad de su nariz a falta de pañuelo, Tomoe intentó dominarse por todos los medios. Trató de secarse las lágrimas con el puño de su blusa y le explicó que Enishi había tenido un paro cardiorespiratorio en la ambulancia.

Kaoru nunca antes la había visto llorar por algo y no tenía referencias sobre que lo hubiera hecho alguna vez. Abrazó a su cuñada, algo que le resultaba tan natural con Kenshin y que, aunque a Tomoe le incomodó un poco, acabó aceptando. Se quedaron así un par de minutos y ya con Tomoe más calmada y pañuelos y con Akira listo tras hacerse cargo del ingreso del paciente, le preguntaron que qué hacía ella ahí. Entonces Kaoru recordó a Kenshin.

-Estoy acompañando a... a mi... - No le vió caso a mentir.- A mi novio. Él será operado dentro de unos minutos.

-¿Tienes un novio?.- dijo Tomoe, por primera vez más animada.-Oh, Kaoru, no sabes cuánto me alegro. Espero que sea un buen joven para tí.

Para Kaoru, alguien de treinta y tres años encajaba en la categoría de joven, sobre todo viendo a Kenshin. Sonrió.

-Me dijeron que podría saludarlo cuando lo llevaran a quirófano. Vuelvo enseguida.

Con preocupación por lo de Enishi y cierto pesar, Kaoru corrió al pasillo donde estaba la habitación de Kenshin. Los camilleros se lo estaban llevando.

-Todo estará bien, cariño.- le dijo ella poniendo toda su esperanza en su mirada para que él la captara, pues notó que temblaba ligeramente. Estaba nervioso.

-Lo sé.- repuso él, sacando una mano de debajo de la manta con que lo cubrieron, con el omamori que ella le regaló entre sus dedos.- Llevo mucho tiempo esperando este día, me preparé y tengo fe que todo irá bien.

Kaoru tomó su mano, y le quitó suavemente el omamori, porque no podía llevarlo con él.

-Quiero que sepa que le dejé una tarea.

-¿Cómo?- preguntó Kaoru caminando a su lado por el pasillo sin soltarlo.

-Dejé una canción escrita para usted bajo la almohada. La tiene que traducir al japonés, pero sin hacer trampas. Sólo diccionario o ayuda de su profesor de inglés. Nada de internet, a menos que quiera escucharla.-

Kaoru sonrió.

-Está bien. Cuando despierte la tendré traducida.

Al mirar hacia el frente, Kaoru notó que ya estaban en la puerta que los separaría.

Se miraron.

-Te amo.- dijeron a la vez y se soltaron.

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Los padres de Kaoru ya habían llegado cuando ella bajó para saber sobre Enishi una hora después. La sorpresa fue grata hasta que ellos se abalanzaron sobre ella.

-¿Qué haces aquí? ¿Esto es lo que querías, no? Ver al pobre de Enishi mal.

-¿Mamá, de qué hablas?- repuso Kaoru.- Enishi tuvo un accidente. Nada que ver conmigo, hace un mes que no nos vemos.

-Pero nadie cuida de él, vive solo. ¿Crees que no lo sabemos?.-

-Bueno, pero... ¿y eso qué?-

-Si no lo hubieras dejado y cuidaras de él como una buena esposa, él no estaría tan estresado y hubiera puesto más atención a la curva.- dijo la madre. Kaoru simplemente no lo podía creer.

-Mamá... ¿estás escuchándote? Yo no soy responsable de Enishi, su felicidad o lo que pase con él. No sé por qué fue el accidente, si porque él no estaba atento o si el auto falló, pero yo aquí no tengo nada que ver.-

Para fortuna de Kaoru, apareció Tomoe, quien se acercó a ellos.

-Ya despertó de su inconciencia, ahora lo están revisando, pero preliminarmente dicen que tiene golpes en el tórax y el más grave en la cabeza, que por suerte llevaba el cinturón de seguridad. El auto quedó destruído en la parte de adelante y que Enishi tiene una pierna rota.

Internamente, Kaoru rogó que saliera bien de todo eso.

-Cuando lo consideren oportuno, me llamarán para ir a verlo.- dijo Tomoe.- Le agradezco mucho su preocupación, pero parece que dentro de todo lo malo, él está bien. Mi hermano es muy fuerte y saldrá de esto.

Contenta, Kaoru fue a la máquina expendedora y sacó dos vasitos con té, uno de los cuales los compartió con Tomoe. Hablaron de algunas cosas, pero Kaoru se cuidó mucho de hablarle sobre Kenshin, y menos de su viaje a norteamérica. No quería que sus padres se enteraran en esa situación tan delicada. Transcurrida una hora Tomoe pudo pasar a ver a Enishi y ya más tranquila, salió al cabo de un rato para hablar con los demás. Estaba el jefe de Enishi y un par de sus compañeros de trabajo. Hotaru se acercó a Kaoru.

-Enishi posiblemente tendrá una larga recuperación, a juzgar por lo de su pierna. Tomoe ya tiene bastante trabajo con su familia, tal vez puedas ayudarle a cuidarlo.

Helada con la idea, Kaoru intentó disimular su espanto.

-No lo veo posible, madre. Él y yo estamos separados. La sentencia de divorcio ya salió, es legal, no queda nada de nuestro matrimonio.

-Pues es lo menos que puedes hacer por él luego de estos años casados. ¿Qué acaso no te brindó todo lo que necesitaste? Deberías ser más agradecida...-

Harta, Kaoru se levantó se golpe y salió al exterior. Se estaba haciendo de noche y ya tenía demasiadas preocupaciones. Kenshin estaba siendo operado y lo de Enishi no era menor, y ahora los reclamos sin sentido de su madre, quien le dió alcance.

-Enishi le hizo un fuerte préstamo de dinero a tu padre.- dijo la madre de Kaoru a su lado, sin mirarla.

-Eso ya lo sé. Desde que lo hizo que ustedes no dejan de presionarme para unirme con él, pero ese no es mi problema. Ya no. No quiero nada más con él. ¿Es tan difícil entenderlo?

-Tu padre no ha podido pagarlo.

-¿Acaso Enishi les ha cobrado?

-No, pero Kojiro consideró que debía saldar esa deuda ahora que ustedes se han separado, no ha podido y eso lo tiene muy mal. Duerme muy mal por las noches.

Kaoru palideció, mirándo a su progenitora.

-No es cierto.

-Lo es. Y si fueras una buena hija nos ayudarías con esto, al menos cuidando de Enishi mientras tu padre reúne el dinero.

-Mamá... ¿te estás escuchando? ¿Estás comprendiendo lo que me hicieron y me quieren seguir haciendo? Me usaron de moneda de cambio y por eso ya no soy ni practicante de kendo, de flamenco ni profesional porque me cortaron las alas. Si papá se metió en ese préstamo, él debio preveer cómo pagarlo y tuvo más de tres años para hacerlo.

-Bueno, las cosas no se dieron...

-Lo siento, pero no te puedo ayudar con eso. Yo ahora estoy en una relación. Una relación que yo elegí libremente, donde quiero estar. No retrocederé cuidando de Enishi, no nos obligues a ambos a estar en una relación que no nos aporta nada.

Kaoru se dio la vuelta para salir, su madre claramente estaba molesta.

-¿Es ese pelirrojo que te acompañó el otro día, ¿verdad?-

-Se llama Kenshin, madre. Y si. Es por él. Es mi novio.

-No puede ser un hombre decente si se involucró contigo estando casada.-

Suspirando, Kaoru no le vio caso a seguir en esa conversación que no llevaba a ninguna parte. Calculando que aún quedaban algunas horas de cirugía por delante, decidió simular que se iba y accedió por otra entrada al hospital, para aguardar, a solas, la salida de Kenshin de pabellón.

Ella realmente se sentía enamorada y quería pasar más tiempo con él para conocerlo mejor. El viaje a USA unos meses antes lo hubiera rechazado sin dudarlo, pero ahora sentía que necesitaba salir de ese entorno y encontrar paz y tranquilidad en otro sitio. Ya había intentado irse con su amiga Tae para poner distancias y aunque no había resultado, eso hablaba de un intento, no de huir, sino de empezar de nuevo en otro lugar. No era tonta. Sabía que sólo con su pasaporte, su tiempo de estancia en USA podría ser apenas de algunos meses, pero con eso tenía para mantenerse cerca de Kenshin. Después ya vería, tal vez esperaría un tiempo prudente para volver, aunque no le hacía gracia pensar en un amor a distancia, hablando mediante un computador. Kenshin la habia acostumbrado a rodearla con sus brazos y hablarle al oído, y a enredar sus piernas entre las suyas por las mañana. A mirarla animado cuando ella le ponía el desayuno... realmente era un placer servirlo y ayudarlo con sus trabajos de cálculos mientras aprendía el inglés.

Entendía que si se queria quedar en USA más tiempo, una buena idea era casarse con alguien natural de allá o llegar casada, pero ella no podía hacerlo al menos en Japón hasta dentro de seis meses más y claro, tampoco podía pedirle matrimonio a Kenshin apenas a dos meses de conocerse. Y aunque le gustaba su relación tal como estaba, no estaba segura tampoco de querer casarse de nuevo. Apartó esa idea de su mente y se rió. Se le ocurrían muchas cosas esperando a que él saliera.

Le gustaban sus ojos. Eso sin duda. Y la forma en que sonreía. Y cuando la miraba y le sonreía era como una bomba, amaba eso y sentía que se derretía. También le gustaba su cuerpo y eso no podía negarlo. Evocó su figura parte por parte y se sonrojó con la idea. Sonrió y entonces apareció el doctor Akagi.

-Señorita Kamiya, la operación salió bien, no hubo complicaciones. En unos momentos llevarán al señor Himura a la sala de recuperación y podrá visitarlo mañana.

-Me alegro mucho.- dijo Kaoru.- Ya no sufrirá dolor.-

-Eventualmente algo podria pasar del dispositivo, pero no demasiado. Estoy seguro que su calidad de vida se verá mejorada sustancialmente.

Caminando entre algodones, Kaoru regresó contenta a su departamento donde habló a Noriko explicándole cómo estuvo la operación. Durmió en el futón de Kenshin y abrazó una camisa de él. Se levantó muy temprano para tener tiempo de arreglarse para verse guapa, porque quería que él la viera linda y muy animada, regresó al hospital. En la entrada se topó con Tomoe.

-Enishi pasó buena noche.- le informó la mujer con su voz suave.- Preguntó por tí. Quiere saber si querrías hablar con él.

Al recordar su última noche, Kaoru se sintió avergonzada. No quería verlo.

-Entiendo si te es incómodo.- repuso Tomoe ante su silencio.- Pero podrias considerarlo, después de todo están separados. Tú estás rehaciendo tu vida pero para él esto ha sido muy difícil. Quizá quiere verte para seguir con la suya.

-Primero iré a ver a mi novio.- dijo Kaoru saboreando esa palabra, aunque conmovida por lo de su ex marido.- Luego veré el tema de Enishi. Lo prometo.

La joven salió con rumbo a ver a Kenshin, llevando en su cartera la letra de la canción que él le dejó, un diccionario y el smartphone para que pudiera charlar con su madre si le apetecía. Noriko estaba avisada de que podría recibir esa llamada durante lo que era su madrugada, pero grande fue la impresión de Kaoru cuando vio a sus padres sentados con Kenshin y este la fulminó con la mirada al entrar.

-Pero ¿qué...?

-Estamos hablando con el señor Himura sobre tus deberes para con tu esposo.

-Ex esposo.- aclaró Kaoru muy tensa. Una rápida mirada a Kenshin le indicó que estaba muy molesto, y sabía que luego de la operación, posiblemente estaba muy adolorido.-¿Cómo llegaron hasta aquí?

-Es lo de menos. Sólo le hablamos a Himura sobre el accidente de Enishi, que te requiere a su lado.-repuso Kojiro. Kaoru se colocó entre ellos y el pelirrojo. A pesar de su aletargamiento por los analgésicos, él pudo notar algo diferente en la actitud de ella hacia sus padres.

-Mi deber es para con Kenshin.- repuso Kaoru. -Yo lo cuidaré de aquí en adelante porque quiero hacerlo. Ustedes no me pueden obligar a ser la enfermera de Enishi, ¿por qué no lo entienden?

-Eres nuestra hija.- comenzó Hotaru.

-La hija a la que abandonaron a su suerte para que Enishi hiciera lo que quisiera con ella. Pero ya no más de eso.

-Ya veo. Este hombre te ha malinfluenciado.- dijo Kojiro. Y se puso a discutir con Kenshin sobre el tema. Disminuído fisicamente y en mala posición con el brazo encabestrado, ante el ataque el pelirrojo se empezó a estresar, al punto que una de las máquinas que lo monitoreaban emitió una alarma que una enfermera captó, sacando a todos del cuarto. Decir que con esto, Kaoru se sintió fatal, fue poco. No se quiso despegar de la puerta mientras estabilizaban a Kenshin y las lágrimas corrían por sus mejillas. No podía soportar que sus propios padres dañaran a quien ella más amaba y cuando la enfermera le indicó que Kenshin dormía y que estaba bien, furiosa, Kaoru estalló. Buscó a su padre dos pasillos más allá y lo enfrentó.

-¿Cuánto le debes a Enishi?-

Tartamudeando por primera vez en su vida al ver los ojos de su hija, Kojiro mencionó una cifra bastante alta, pero no imposible. Kaoru asintió. La indemnización tras el divorcio que le había dado Enishi era más que eso y aunque el dinero le haría falta para empezar su nueva vida, con lo que le quedaba sería suficiente. Se lo mencionó a sus padres quienes empezaron a agradecer. Ella los cortó.

-Ustedes fueron a dañar a la persona que más me importa y eso no se los voy a dejar pasar.- dijo furiosa.-Sin embargo me ocuparé de esa deuda. Pero no quiero que molesten a Kenshin ni quiero volver a verlos. De todos modos no creo que me extrañen.

Se retiró y calmándose, tomó aire y fue a ver a Enishi. Tomoe, que estaba con él, al verla le cedió su puesto.

-Me alegro de ver que no fue nada muy grave.- dijo Kaoru.- Nos diste un susto, especialmente a tu hermana.

-Lo lamento.- dijo un poco cansado, con la cabeza vendada.- Fue por mi culpa. El auto presentó una falla que no quise atender y ayer me estrellé cuando se me trabó el volante tomando la curva.

Genuinamente, Kaoru se alegraba de verlo vivo. Ella nunca lo odió, aunque a veces se frustraba y rabiaba por su causa.

-Es muy importante para mí ver que estás aquí. Sé... cómo son las cosas, así y todo pienso que si me visitas, es que no lo hice tan mal.- repuso el hombre de cabello cano.

Cuando Kaoru conoció a Enishi, a él le quedaba aún bastante cabello negro, y ella atribuía el blanqueamiento de su pelo al estres que pasaba por sobresalir en el trabajo. No le quedaba mal, a juzgar por el interés que causaba en las enfermeras.

-Una chica me dijo hace unos días que yo no sé ver las señales.- empezó Enishi de pronto.- Creo que si las veo, sólo que prefiero hacerme el tonto. Es más fácil. Luces mucho más linda que hace unos meses y tus padres me hablaron de un novio tuyo y creo saber de quién se trata. Dime, ¿estás con él?.

No había rabia en las palabras de Enishi, ni acusación. A Kaoru le pareció que el golpe en la cabeza le había afectado algo.

-Si. Tengo una relación con él.

-Con el pelirrojo.- Kaoru rió ante esa mención.

-Si.-

Enishi asintió, riendo.

-Lo sabía. Lo supe al verlo... se notaba a leguas que ese tipo gustaba de tí.

Kaoru bajó la mirada pensando en el mal rato que había tenido que pasar a causa de sus padres. Le habló de un modo prudente sobre el uso que le queria dar al dinero que él le dio de indemnización y que aún no había cobrado. A Enishi no le pareció justo que ella renunciara a eso a causa de Kojiro y sus malos manejos económicos y se lo comentó, pero Kaoru insistió en hacerlo. Al cabo de varios minutos aceptó.

Al salir Kaoru del cuarto y regresar Tomoe a su sitio, Enishi se quedó con una sensación agridulce en el pecho. Deseaba tener a Kaoru de vuelta, pero las cosas que ella le comentó le dieron la impresión de que él sin duda ya era su pasado. Se alegró de ver lo cordial de su trato y pensó que tal vez las cosas debieron ser de otro modo entre ellos. Él tenía sus gustos, pervertidos tal vez en algún grado, y pretendió que una chica como ella los satisfaciera. Kaoru hubiera sido mejor como su hermana o amiga, compañera de trabajo incluso, pero no como su mujer, simplemente porque había cosas que no compartían y estaba bien, porque eran diferentes y eso él no supo verlo. Pero había algo más sobre Kaoru. Ella era muy ubicada con los temas que trataba y ahora, viéndolo postrado, le hablaba de una deuda. Se le hizo extraño que se ocupara de esas cosas con tanta premura y de pronto se le ocurrió que se quisiera ir lejos. En fin, que ya no estaba en su poder controlar esas cosas, asi que le deseó la mejor de las suertes cuando ella salía de la habitación. Ella se volvió para mirarlo y no tuvo que preguntar para qué.

Después de todo, se conocían muy bien.

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De regreso en el cuarto de Kenshin, Kaoru se acomodó a su lado para mirarlo dormir. Le tomó la mano libre y lo acarició, entonces se sintió mal por lo sucedido y le dio tristeza.

Incluso Enishi que tenía un caracter difícil tenía a mucha gente aguardando noticias suyas, y ella y Kenshin sólo se tenían el uno al otro en ese lugar. Le resultaba muy duro pensar que sus padres no la querían, salvo como una moneda de cambio para Enishi. Le dolía que no se preocuparan de ella, que incluso su cuñada mostrara más comprensión sobre sus motivos para separarse y le diera su apoyo. Sus padres la juzgaban con dureza todo el tiempo y se sentía muy cansada de luchar con eso. Sólo no quería volver a verlos por un tiempo.

Si lo de Kenshin no resultaba, ¿quién podría sostenerla? No quiso pensar en eso y se obligó a tener una buena actitud. Ella debía apoyarlo, debia esforzarse por sonreírle cuando despertara y ya después resolvería su vida según lo que sucediera. Recordó lo de la canción y acomodándose, apoyó su cuaderno sobre la mesita de noche de Kenshin y transcribió lo que entendía. Al principio le costó y no siempre el diccionario tenía la palabra exacta que buscaba, pero cuando tras varios minutos las frases comenzaron a tomar forma, ella miró a su novio dormitar. ¿Esa canción la eligió a propósito? Su estado de ánimo cambió radicalmente.

"Si amor tú das

(seré un hombre de buena fé)

En amor vivirás

(y esta promesa no romperé)

Seré la roca sobre la que puedas construir

estaré allí cuando envejezcas

para proteger y mantener."

"Cuando hay amor adentro

(juro que siempre seré fuerte)

Entonces hay una razón por la cual

(te probaré que nos pertenecemos)

Seré la pared que te proteja

del viento y la lluvia

de las heridas y el dolor."

Riendo quedo, Kaoru miró a Kenshin. "La roca sobre la que puedas construír" Le parecía hermosa esa idea. Construír una vida a su lado. Construír una familia, tal vez, o construir lo que se pueda con su amor. Kenshin estaba dormido y sin embargo con su intención logró protegerla del dolor. Él la quería bien y ya no se lamentó de lo de sus padres. No se concentraría en quienes no la querían, sino en quien sí.

De pronto se preguntó: ¿Quién era Kenshin? ¿Cómo era posible que hubiera aparecido tan oportunamente en su vida? Tras conocerlo, ella tenía mucha fe sobre las cosas buenas que podrían suceder en su vida. No creía en los ángeles y ahora creía. No sabía quien era Dios y ahora pensaba que debía andar por ahí. No creía que pudiera llegar a amar su vida, y ahora le gustaba.

Kenshin comenzó a despertar y ella cerró su cuaderno. Le pidió una disculpa por lo de sus padres y él pareció aceptarla, pero se notaba un poco incómodo.

-¿Es cierto que su ex esposo tuvo un accidente y está aquí?

-Si. Pasé a verlo hace un rato, mientras usted dormía.

-¿Y cuidará de él?

-¡No! Para nada. De ningún modo. Yo cuidaré de usted.

Notablemente aliviado, Kenshin la miró, tocándose el brazo. Había recordado un sueño que tuvo, cuando querían arrancarle su brazo izquierdo y eso lo llenó de desconcierto. No tuvo mucho tiempo para pensar en eso, porque Kaoru se comunicó con Noriko y madre e hijo pudieron charlar.

Pasaron los días y Kenshin recibió su alta, asi que pasó a ver a Enishi que aún seguía internado. Tras saludarse y enterarse cada uno sobre el estado del otro, no se dijeron nada más, y no fue necesario, pero quedaron en paz con ese gesto.

Regresaron a casa y retomaron sus rutinas con las llamadas a norteamérica, las cenas con Kenshiro y los paseos al puerto. El control de la primera semana fue óptimo y la semana siguiente, tras ser debidamente monitoreado, también. Akagi muy sonriente le dio el alta médica y dio el pase para que su colega en Oregon, que le envió los datos del caso, pudiera hacerse cargo del seguimiento. En efecto, ya en la primera semana Kenshin notó la falta de dolor y con confianza, retomó su relación amorosa en todos los aspectos con su novia japonesa.

Kaoru en tanto quedó a cargo de todos las necesidades de Kenshin, tal como después de la primera operación, pero hubo un día en que ella fue quien requirió de cuidados. Esto, tras someterse a un examen relacionado con su fertilidad y que fue especialmente molesto. Los resultados estuvieron listos dos días antes del viaje a USA y un ginecólogo se los leyó. Deprimida tras lo que supo, Kaoru agradeció al doctor explicarle el asunto y se reunió con Kenshin afuera. No quiso hablar sobre lo que le dijeron y él entendió que era mejor no indagar. Pero le pidió que al menos, antes de irse, hablara con sus padres. Pesarosa, Kaoru lo hizo para informarles que se iba por un tiempo a Estados Unidos y ellos no le prestaron mayor importancia. De todos modos Kaoru quedó más tranquila con eso y pudo marchar en paz. No había nada más que decir.

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El enorme avión salió de su aparcadero y tomó la pista para despegar. Tras recibir los permisos, tomó velocidad, la que aumentó considerablemente cuando encendieron las turbinas y todos los pasajeros quedaron pegados a sus asientos. Kaoru, nerviosa además con el ruido, miró a Kenshin.

-¿Y ahora?- preguntó. Kenshin la miró con ternura y subió el posabrazos que había entre sus asientos.

-Ahora, mi amor... ahora nos vamos juntos.- dijo tomándola de una mano, justo en el momento en que el avión se despegó.

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Fin Capítulo 7

Sosteniendo tu mano

Octubre 13, 2015

Notas de autora.

Wiiiiiiiiiiiii! Siempre me emocionan estas cosas, cuando los protagonistas se marchan a vivir lo suyo. Es lindo pensarlo. Lo de enlazar esta historia con un guiño a una más antigua fue inspiración de última hora. Me gusta pensar que la mayoría de mis universos alternos suceden en el mismo espacio tiempo.

Sobre el fragmento de la canción que traduce Kaoru, es "All for Love", escrita por Bryam Adams e interpretada por él, Sting y Rod Stewart. Se usó como tema principal de la banda sonora de "Los 3 Mosqueteros" del año 93.

Quiero agradecer por este medio a quienes me han escrito comentando. Son muy amables. Ya hemos pasado la mitad de la historia, asi que sigamos adelante.

Blankaoru.