Declaración: Rurouni Kenshin ni ninguno de sus personajes me perteneces. Hago esto por diversión y sin fines de lucro.

Esta historia está dedicada a Pola Himura.

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Deseando Vivir

Capitulo ocho

En Salem.

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En medio del ajetro propio del Aeropuerto Internacional de Portland, Kaoru se encontraba empujando el carrito con las maletas suyas y las de Kenshin, camino a la salida, siguiendo a otros viajeros tras pasar por inmigración. El viaje desde Kobe a Tokio y luego el vuelo directo de once horas la había dejado agotada, sedienta y con los ojos irritados, pero se sentía inmensamente feliz de estar con él.

Kenshin claramente se veía de mejor ánimo a pesar de llevar el brazo izquierdo pegado al cuerpo y reía y bromeaba con ella cuando se detuvo en seco. Sus ojos se humedecieron, sus labios se curvaron en una sonrisa y pasó por el lado de Kaoru sin fijarse en nada más que la menuda mujer madura de cabellos cobrizos que se apresuraba en venir hacia él. A Kaoru nadie tuvo que explicarle quién era ella y sonriendo conmovida por la escena, empujó el carrito para acercarse a ellos mientras se fundian en un abrazo que la conmovió por toda la ternura y alegria por verse que se expresaron. Sin duda se habían extrañado mucho, Noriko no podía soltar a Kenshin y él tampoco la dejaba ir. Se llenaron la cara de besos y al terminar de saludarse, Kenshin la dejó un momento para tomar la mano de Kaoru y respirar profundo. La joven lo miró de reojo al notar que temblaba un poco.

-Mamá, ella es Kamiya Kaoru. Aceptó venir conmigo. Es mi novia ahora.

-¿Es cierto eso?- Dijo Noriko muy asombrada.- Tú eres la joven que lo cuidaba, ¿cierto? Siempre te vi en las videollamadas, pero eres más bonita en persona.-

Kaoru sonrió con timidez y se encogió de hombros. Incluso bajó un poco la cabeza. Noriko la amó.

-Si tú eres la que cuidó y tiene así de feliz a mi hijo, sólo puedo darte la bienvenida a nuestro pais.- dijo la mujer en japonés.-Nunca dejaré de agradecerte que me hayas tenido al tanto de sus operaciones y sus progresos. Este malagradecido no llamaba nunca.- dijo, dándole un leve golpe en la cabeza a su hijo.

-Mamá, el horario lo hacía difícil...

-¡Kenshin!- gritó alguien.

Los tres japoneses miraron hacia la salida y vieron venir hacia ellos a una rubia preciosa de más de un metro setenta, corriendo aparatosamente a toda velocidad. Se agachó un poco y abrazó a Kenshin muy contenta.

-Hermano, por fin regresas! Mamá no esperó a que terminara de aparcar y corrió a verte y me dejó atrás. ¡Oh! ¡Tú eres Kaoru! Qué bonita eres y mírate, a la medida de mi hermano, jajaja... Bienvenida.- dijo, y la abrazó como si fueran las mejores amigas de toda la vida. Kaoru sonrió de medio lado y Noriko trató de bajarle las revoluciones a la rubia.

-Brenda, cariño, no seas tan invasiva con Kaoru. Viene de un lugar muy distinto...

El grupo se dirigió a la salida y desde allí al aparcadero. Tras acomodar las maletas en el pick-up de la camioneta, Brenda extrajo una smartphone y se sacó una selfie con los tres, y luego una foto a Kenshin con Noriko.

-Hoy es un día histórico.- decía entre risas.- porque llegó mi enano hermano mayor... ¡Con su novia!

Kaoru se subió a la enorme camioneta Ford de color rojo. Noriko se ubicó al volante y tras pensarlo un poco, decidió invitar a Brenda de copiloto, porque algo le decía que su hijo iría mejor en el asiento de atrás. Kenshin lo agradeció, porque quería prolongar la sensación de tener a Kaoru al lado suyo unos momentos más y tras apoyarse en ella, se quedó dormido.

Por fin estaba en casa.

La joven en cambio no podía dormir a pesar del cansancio. Estaba demasiado intrigada con lo del volante y la conducción del lado contrario al que estaba acostumbrada. Cada poco rato pensaba que se estrellarían con otro auto.

-Kaoru.- dijo Noriko en japonés a poco de avanzar.- ¿Tú hablas ingles?

-Estoy aprendiéndolo y entiendo. Pero cuando Kenshin hablaba rápido en casa, me costaba seguirlo.

-Ya veo. A mí me costó años, pero te ayudaré en lo que pueda. ¿Vienes a quedarte?

-No. Entré como turista.

-Oh!- exclamó Noriko. Enseguida le dijo a Brenda que Kaoru no venía por tiempo indefinido como pensaron al verla.-Esos son tres meses. No puedes pasarte un sólo día o podrias tener problemas y no podrás regresar. ¿Lo sabes?

-Kenshin me lo explicó.- repuso la joven.

Tras salir de Portland y tomar la ruta 5 hacia el sur, se encontraron camino a Salem. Con Kenshin dormido sobre ella y acomodándose lo mejor que pudo, Kaoru se las ingenió para mirar el paisaje y sostener una conversación agradable con Noriko y Brenda, admirándose de lo grande que era todo allí, tan extenso. Y de ellas que eran tan amables.

Una hora después entraron a Salem y Kenshin despertó. Bostezando, preguntó cuánto faltaba.

-Estoy yendo a tu casa, hijo, para que puedas descansar y tomar una ducha. Por cierto, Kaoru, ¿dónde alojará?

-Mamá.- rezongó Kenshin.- No puedes preguntarme eso.

-En mi casa hay un cuarto disponible y podríamos hablar cosas de chicas.

-Pues te la prestaré otro día para su "día de chicas". Ella vivirá conmigo y no se hable más del asunto.- acabó autoritario.

-Jajaja, enano hermano, nunca te había visto así por alguien.- dijo Brenda de buen humor.

Una risita tímida de Kaoru les indicó que había entendido toda la conversación. Brenda se puso un poco seria y miró hacia atrás a la joven.

-Kaoru.- dijo de esa forma tan rara al pronunciar la "r".- Yo me iré la próxima semana a Chile, tenemos que tener nuestro día de chicas esta semana.

Kaoru la miró intentando componer lo escuchado para entender su significado. Asintió.

-Cuando quieras.

Al llegar a la casa de Kenshin, Kaoru sólo pudo pensar que las fotos que vio en el computador no le hacían justicia. Era enorme, tanto como las que vio de camino. De madera, dos pisos, hermosa, con mucho césped en el antejardín y un enorme perro que salió a recibir a Kenshin y no paraba de mover la cola y de lenguetear su cara. Tras el perro venía un hombre muy alto.

-Rey, amigo, te extrañé tanto.- le dijo el pelirrojo al golden retriever tratando de esquivarlo. En cuanto pudo, saludó a Dereck, el marido de Brenda que se encontraba desde temprano allí, ventilando la casa para el regreso de su dueño y enseguida le presentó a Kaoru, quien advirtió que Dereck era aún más alto que su esposa y él les ayudó a bajar las maletas. La casa de Kenshin definitivamente era mucho más grande que el departamento que compartieron en Kobe y sus muebles se veían muy cómodos. Y la luz... entraba tanta luz que parecía un sueño. Las cortinas, cojines y alfombras del lugar le daban un aspecto especialmente acogedor. Realmente quería quedarse allí.

Escuchó unas risas. Se asomó al patio trasero de dimensiones inestimables para ella y vio a dos pequeños rubios jugando. Algo en ella se estrujó en ese momento y apartó la vista. Brenda llamó a los niños para que saluden a "la tía Kaoru y al tío Kenshin" y los pequeños lo hicieron muy contentos, pero de inmediato volvieron a jugar con Rey.

Luego de preparar algo, comer y conversar, la familia de Kenshin se retiró para dejarles espacio. Al quedarse solos, Kenshin acercó a sí a Kaoru y le acarició la cabeza. Ella le rodeó la cintura.

-Esto es un sueño hecho realidad.- comentó al besarla.

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A pesar de sus deseos, Kenshin no permitió a Kaoru dormir. Cerca del mediodía ella percibió que era como medianoche y todo su cuerpo le gritó que buscara la cama, pero el pelirrojo la tomó de una mano intentando vencer el sueño también en él y se la llevó caminando a casa de Noriko para comer algo y aprovechar de disfrutar del rico clima.

-Tenemos que aguantar esto hasta la noche, Kaoru-dono. Si nos ponemos a dormir ahora nos costará más adaptarnos. Comeremos algo ligero, ¿está bien?

La joven no tenía ánimos ni para conversar y permitió que la guiara por la calle. El paseo fue más bien corto, porque Noriko esta a un par de cuadras de él, pero en esos pocos pasos que dieron miró en torno y le agradó el barrio. Parecía tranquilo y se respiraba otro aire.

Otro aire, otra vida.

A pesar de su entusiasmo por lo nuevo del lugar para ella y sus costumbres y su idioma, no mermó su cancancio, si bien le dio el ánimo suficiente para mantenerse en pie. Durante la comida tuvo una amena charla con Brenda y Dereck y pudo conocer a Seijuro, esposo de Noriko, que le pareció enorme y que, tras enterarse de su antigua afición al kendo la invitó a conocer su dojo.

-Qué bien. Alguien más para hablar en japonés además de Noriko.- comentó.-Supe que eres de Kobe. ¿Sufrió muchos daños con el terremoto del 2011?

-Entonces yo vivía en Nara.- repuso Kaoru.- La costa sufrió mucho daño. Aún se nota en Kobe.

-Yo soy oriundo de Fukushima. Me vine a los 24 años y después de fallecer mi padre el año 90, no regresé nunca más. Pero me siento más a gusto aquí y formé una familia. Me alegra que no hayas sufrido mayormente con el terremoto. Bienvenida a nuestro hogar, Kamiya Kaoru. Me alegro que Kenshin te haya traído.

Brenda anunció a Kenshin que tenía una llamada telefónica por la línea fija y se separó de ellos para atender a un amigo que quería saludarlo. Kaoru se quedó con Noriko y Seijuro hablando sobre algunas cosas como la floración de los cerezos que recordaba Seijuro y la última que había visto Kaoru, unos días antes del viaje.

-¿Entonces fueron con Kenshin a mirar los cerezos en flor?- preguntó Noriko emocionada.

-Si. Preparé bocadillos y fuimos al parque a comerlos. Alguien nos tomó una foto de esas... instantáneas. Él estaba muy contento.

De su cartera, Kaoru extrajo una agenda dentro de la cual estaba la preciada foto. A Noriko se le llenaron los ojos de lágrimas al recibirla. Se puso una gafas para mirarla mejor.

-Míralo, Seijuro... se ve tan feliz.

-Lo veo, querida. Lo veo. También lo estoy mirando ahora. Es como si hubiera regresado otra persona.

Kaoru los miró con curiosidad.

-¿Cómo? ¿No siempre él ha sido así... hem... bueno?

-No es eso, mi niña.- dijo Noriko, regresándole las fotos y acomodándose las gafas que habían resbalado por el puente de su nariz.- Mi hijo siempre ha sido muy bueno, pero tal vez esto te oriente un poco.- dijo yendo a un mueble de donde sacó una foto de entre varias de una carpeta y se la enseñó.-Este es el Kenshin que salió de aquí.

La foto era de Kenshin mientras caminaba a la camioneta con su bolso de mano, el día del viaje a Japón. Reconoció la chaqueta y la gorra de béisbol que llevaba el día que se conocieron. No parecía un hombre feliz que iba a viajar, se veía sumamente cansado, su expresión causó un poco de pena en Kaoru.

-Quizá había dormido mal.- dijo en voz alta. Seijuro se cruzó de brazos.

-Cuando Kenshin salió de aquí, estaba entregado. No sabía cómo le iba a ir en Japón, pero estaba cansado del dolor, muy cansado. Originalmente él iba a ser operado apenas pusiera un pie en tu país, pero la cirugía se aplazó. Luego se nos informó que sería en dos operaciones con un mes de diferencia. Lo supimos camino a Portland y eso lo devastó. Estaba harto. ¿Pero, te acuerdas, Noriko, esa primera llamada desde Kobe?

-Imposible olvidarlo. Mi hijo me llamó para contarme que ya había encontrado alojamiento y que estaba bien.- le explicó Noriko.- Dijo tal cual: "Una chica me trajo al albergue y me consiguió un cuarto". Su voz era diferente, incluso se rió. No lo podía creer, hacia tanto tiempo que no lo escuchaba reír.

De inmediato, Kaoru rememoró ese primer encuentro. Miró de reojo hacia la puerta, donde se asomaba parte de la espalda de Kenshin. Su corazón se hinchó de amor por él. No podía creer que ella pudiese haberlo inspirado si claramente había sido al revés.

-Kenshin es un hombre especial, él aguantó lo que pudo y me mostró eso a mí y me salvó. Mi vida era muy complicada cuando lo conocí, pero él enseñó que valía la pena luchar.- Dijo con absoluta convicción, logrando que Noriko y Seijuro se miraran. De pronto recordó aquella canción de One Ok Rock que tanto escuchaban.- Y yo sólo puedo sentir amor y agradecimiento hacia él.

Noriko reparó en las palabras de Kaoru pero no era el lugar para interrogarla sobre aquello, menos cuando Kenshin ya había acabado de conversar y regresaba con ellos, sentándose sin vacilar al lado de la joven. Ya tendría tiempo de hablar más profundamente con ella, pero veía como una buena señal la forma en que hablaba de su hijo.

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Kaoru en general siempre fue una chica solitaria. En su adolescencia tuvo salidas con amigas, no tantas como quiso, y cuando Enishi la vió todo eso teminó. Sus padres se encargaron de restringirla aún más, reservándola para el cano. Tampoco su familia era muy dada a reunirse. Por eso, cuando un par de días después divisó a las personas en casa de Noriko, no supo qué pensar. Se sintió asustada.

Eran todos enormes y había de todos los colores. Habían afroamericanos, latinos y estadounidenses. Hablaban fuerte y muy rápido y bebían cerveza y asaban carne y hamburguesas. Kenshin le tomó una mano al notarla dudar porque a pesar del cansancio estaba impaciente porque ella conociera a sus amigos. Ellos eran grandes personas y sabía que se llevarían bien. Le enseñaria a su "familia" completa.

-Yo crecí con estos hombres.- le dijo en japonés.- y son mis mejores amigos; uno de ellos trabaja conmigo y las mujeres que verá son sus parejas.- Le pasó un brazo por los hombros.- ¡Hey, qué pasa!- saludó, llamando la atención.

El "Ken" que se escuchó fue generalizado.

Cinco hombres los rodearon y uno a uno se fueron presentando a sí mismos con Kaoru, quien perdió el temor al verlos de cerca, escuchar sus voces y sus acentos. Estaban Ray, Peter, Frank, Steven y Carlos -a quien llamaban Carl-, todos muy amigables.

Las parejas de algunos de ellos se encontraban allí y la trataron de arrastrarla a su rincón para conocerla, pero Noriko las distrajo con una bandeja con bocadillos que les pasó y tomó a Kaoru bajo su protección, llevándola con ella. Le dijo que a ella también le parecieron enormes los americanos tras su llegada, pero que los amigos de Kenshin eran especialmente buenos y leales, y más de uno como un hijo más para ella.

Kaoru miró a Kenshin nuevamente y sus ojos se encontraron. Él caminó hacia ella, bajo la mirada expectante de sus amigos y la atrajo hacia su costado con una enorme sonrisa.

-¿A dónde te habías metido, cariño? No te separes de mí esta noche. ¿Me entiendes? Esta fiesta es para nosotros.

A Kaoru le llamó la atención que Kenshin fuera tan cariñoso delante de toda esa gente. Llegó a la conclusión que en efecto eran todos de su confianza y se sintió respaldada por su afecto. Sus amigos preguntaron sobre las compras en Japón y luego hablaron sobre algunos recuerdos graciosos en común que en algunos casos representaron teatralmente para que ella los comprendiera mejor. Con eso se pusieron nostálgicos y Peter, un afroamericano de unos 120 kilos, sacó una guitarra acústica y comenzó a tocar algunas canciones que a Kaoru le parecieron vagamente familiares, acompañado de la voz inspirada de Kenshin. Todos acabaron coreando.

Peter comenzó a tocar los acordes españolados de una conocida canción de Bryan Adams, y Kenshin lo paró en seco.

-Amigo, no toques esa aún. Resérvala.

Kaoru, que disfrutaba del concierto improvisado, no entendió el que Kenshin vetara una canción. Fue Noriko quien notó el guiño entre los amigos y entendió mejor que nunca que su hijo estaba sanado en cuerpo y corazón.

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Kenshin y Kaoru regresaron a casa caminando y ya en casa se dispusieron a compartir su cama occidental. Sobre el mullido colchón y entre las suaves sábanas de algodón se encontraron acurrucados el uno contra el otro, tomados de la mano, comentando de su fiesta y las vivencias desde que bajaron del avión. Ya habían vencido el malestar por el cambio horario en sus cuerpos y Kenshin quería conocer todos los pensamientos que tenía ella sobre el mundo que él le mostraba. Una palabra de Kaoru y él estaba dispuesto a cambiar la realidad con el fin de que se sintiera a gusto y decidiera quedarse siempre con él.

Al día siguiente Kenshin hizo una cita con el médico que lo trataría de ahora en adelante.

-Al parecer está todo bastante bien.- Comentó tras leer la copia del historial en inglés que le había enviado el doctor Akagi y ver las imágenes diagnósticas-. Aún deberás llevar el cabestrillo y dentro de unas semanas iniciarás terapia para recuperar movimiento perdido. Esta puede durar algunos meses y debes ser constante.

-Así lo haré.

El doctor se reclinó en su asiento y miró a Kenshin con detención, entrelazando sus dedos. Enseguida a Kaoru, que estaba sentada a su lado y que lo miraba muy atenta. El pelirrojo lucía distinto, aunque ni su peso ni su cabello habían variado. Irradiaba algo diferente.

Algo como paz.

-Dime Kenshin, ¿qué se siente vivir sin dolor de nuevo?-preguntó con una amplia sonrisa.

Kenshin no contestó. Sólo empezó a reir y el médico, entendiendo, rió con él. Se dieron la mano al despedirse y Kenshin quedó citado para pronto.

Al salir, tomaron un taxi y Kenshin llevó a Kaoru a conocer la oficina que tenían de la constructora donde trabajaba con su madre, hacían sus planos, planificaban sus proyectos y atendían a sus clientes. Se trataba de un edificio de ladrillo de dos pisos que se encontraba a pocos minutos de su casa a pie en un barrio comercial, cerca del cual había tiendas, cafeterías y un supermercado. Noriko estaba encantada con Kaoru y quería enseñarle todo. Llamó a su secretaria.

-Claire, por favor, prepara un poco de té para nosotros.

La secretaria asintió y en el cuarto de cafetería puso el hervidor eléctrico. Se trataba de una mujer de mediana edad, de cabello rubio y la boca pintada de rojo intenso que miró a Kaoru con interés. Noriko le enseñó a Kaoru su estación de trabajo y la de Kenshin, que estaban separados por un biombo. En el lugar de Kenshin estaba todo ordenado como lo dejó antes de su partida y el de su madre en cambio rebosaba de post it pegados por todas partes para no olvidar nada. Tenía su computador también lleno de esos papelitos de colores.

-Acá está el plotter.- le dijo orgullosa a Kaoru pasando a un cuarto un poco más amplio.- Acá imprimimos los planos y los estudiamos sobre esa mesa, aunque a veces me toca hacer maquetas, porque hay clientes que no se sienten cómodos con la elevación del plano virtual.-

-Parece que es muy agradable trabajar aquí.- observó Kaoru.-Y el segundo piso, ¿En qué lo ocupan?

-Ahí vive Frank.- dijo Noriko.- La mano derecha de Kenshin. Tiene una entrada independiente por una escalera, pero él aquí cuida por las noches. Antes de él, esta casa le pertenecía a mi esposo, Seijuro. La casa atrás tiene un pequeño patio que es donde me entretengo cuando tengo poco trabajo. ¿Lo quieres conocer?

Kaoru siguió a Noriko pensando en encontrarse una decoración como de jardín zen o japonés en el lugar. Pero la mamá de Kenshin tenía otras ideas. Había un pequeño sendero de piedras y una banca bajo un refugio pequeño y el resto estaba lleno de arbustos y flores de todos colores.

-Es muy bonito. Es un pequeño gran lugar.

Satisfecha, la mujer mayor sonrió y los guió a la salita donde recibían a los clientes, para tomar el té.

Kenshin le contó a su madre cómo le había ido en el médico y que ahora se dirigía a la faena. Entonces Noriko recordó que había dejado algo en la tintorería y que quedaba a algunos metros de la nueva obra.

-No alcanzo a recogerlo hoy, pero tal vez tú puedas hacerlo.- dijo buscando en su bolso el ticket para retirar un abrigo de lana.- Y me harías un gran favor si lo hicieras.

Un poco contrariada al notar algo dentro de su cartera, Noriko repentinamente miró hacia la ventana y se quedó pensando.

-¿Mamá?

-¿Ehh? Oh, si... hem... acá está el ticket. Recoge mi abrigo, por favor.

Tras terminar el té, Kenshin y Kaoru siguieron a la siguiente parada en su agenda: La faena. Él se sentía tan animado con Kaoru su lado que quería mostrarle todo el estado de Oregón, todo su mundo, aunque por otra parte también estaba ansioso por reencontrarse con su cuadrilla de trabajadores y ver cómo andaban las cosas. Con el brazo encabestrado, Kenshin no podía manejar o podría ser multado, de modo que tomaron nuevamente un taxi. Apenas se bajaron y fueron divisados por los trabajadores, estos abandonaron sus puestos.

-¡Jefe!-

-¿Qué, pensaron que no volverían a verme?, jajajaja, no se librarán de mí tan pronto. Hey, Frank, ¿cómo se han portado estos haraganes?-

El tal Frank, uno de los hombres que estaba en la fiesta, resultó ser un tipo de un metro ochenta, delgado, ojos azules, que usaba el cabello castaño largo tomado arriba de la cabeza y usaba barba y bigote y que estaba a cargo en ausencia de Kenshin. Se acercó con su casco blanco.

-Bien. Jajaja. Me habían amenazado con hacer una huelga si no regresabas con sus figuritas de acción. buenas tardes, Kaoru.-

-Jajajaja, me parece estupendo porque por comprar esas cosas quedé desfalcado, asi que les pagaré a fin de mes con figuritas de Naruto, Bleach y Dragon Ball Z. Al que pidió el EVA 01 descuéntale dos meses.-

Kenshin y Frank se fueron a hablar sobre unos planos y la nueva tarea: Un edificio de dos pisos para un restaurante de comida fusión. Hablaron sobre los plazos y Kenshin pareció conforme con las gestiones de su reemplazante.

-Ha sido un buen trabajo, sin duda, atraer a este cliente. Con un poco de suerte, si quiere abrir una sucursal podemos hacer el trabajo nuevamente.- comentó Kenshin. Frank le preguntó sobre el resultado de su viaje, pues en la fiesta no habían tenido ocasión de hablar y se entretuvieron en eso varios minutos.

-Me alegro que ya no sientas ese dolor.- dijo Frank al concluír la visita.-Y también me alegra que te hayas traído una novia, ya era hora de que sentaras cabeza aunque voy a extrañarte en las noches de juerga. Ahora... antes de que te vayas... me gustaría tratar un asunto contigo, no quiero faltar el respeto a tu novia, pero es privado.

Kaoru miró a ambos hombres e hizo ademán de salir por la puerta. Kenshin la atajó.

-Nada es privado entre nosotros.- le dijo en japonés. Kaoru miró a Frank y a Kenshin de vuelta y trató de hablar en inglés.

-Entre tú y yo nada privado. Pero si privado es de Frank, yo respeto eso. Esperar fuera.

-Gracias por entenderlo, Kaoru.- dijo el hombre genuinamente agradecido del gesto de hablar en su idioma. Sonrió. Se alegraba de que al parecer, Ken no se consiguiera una Yoko Ono.

-Tú dirás.-

-Recuerdas a Kevin Presley, ese de Coneticut?

-Si. El que sufría de lumbago cada semana. ¿Qué pasa con él?-

-Nos puso una demanda por despido injustificado.

-¿Cómo que injustificado? ¡Ese tipo no trabajaba! Además seguí todos los pasos...-

-Lo sé, el hecho es que puso una demana y estás citado para dentro de una semana.-

Kenshin suspiró. No le hacía gracia ir a la Inspección del Trabajo, pero estaba seguro de que las cosas de su parte estuvieron bien hechas y tenía el finiquito como respaldo y el libro de asistencias.

-¿Algo más? Porque esto perfectamente lo pudo escuchar Kaoru.

-Si. Algo más. Vino una mujer a buscarte hace unos días, Audrey Wells.

La expresión de Kenshin cambió radicalmente.

-Ya veo. ¿Qué pasa con ella?- dijo mirando por la ventana a Kaoru, quien se había encontrado un gato negro en la vereda.

-Regresó de Denver y quiere verte. Dice de no sé qué tema quiere hablar contigo. No quiso dejarte recado.

-No veo para qué. No tenemos asuntos pendientes.-

-Yo sólo cumplo con decírtelo. Mira, yo recuerdo lo que sucedió entre ustedes, ya éramos amigos y por eso decidí mantener esto en reserva y ni siquiera Noriko lo sabe. Esa niña que trajiste, Kaoru, parece buena persona, por eso... a veces los hombres nos confundimos con estas cosas que vienen del pasado, por eso no quiero que ella te atrape desprevenido. No sé qué intenciones trae.

-Gracias por contármelo.- dijo Kenshin, intentando disimular su tensión.

-No hay nada que agradecer. Desde la universidad has sabido ser un amigo leal conmigo.

Tras regresar de Afganistan y planear su empresa, Kenshin buscó a Frank, su compañero de estudios, para ofrecerle empleo en su constructora, porque siempre tuvieron una buena química en los proyectos que hicieron juntos. Tras algunos años, Frank ya se había convertido en su mano derecha y por eso quedó a cargo de las faenas cuando él marchó a Japón. Eran muy amigos.

Kenshin salió del lugar y se despidió de todos, prometiendo reintegrarse pronto. Alcanzó a Kaoru.

-¿Kaoru, le gustaría dar un paseo a la ribera del río? Es muy bonito, y está muy cerca. Le encantará.-dijo en su idioma nativo. La joven asintió y fueron hacia el enorme río Willamete que atraviesa la ciudad de Salem. Caminaron un rato, tomados del brazo, pero muy a su pesar la mente de Kenshin a veces se iba a otro lado.

¿Audrey de vuelta? Eso no sería raro. Lo raro era que quisiera verlo.

Recordaba muy bien los pésimos términos en los que se despidieron.

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La tarde de chicas llegó antes de la partida de Brenda. Kaoru lamentó realmente no haber alcanzado a tratar más con ella, porque parecía una buena persona. Tenía siempre una sonrisa en sus labios y era muy divertida, pero sobre todo, muy acogedora.

-A mí no me extrañó que aceptaras ser la novia de mi hermano, si se notaba a leguas que estabas loca por él.- dijo Brenda mientras bebían un poco de alcohol, junto a Noriko y Kaoru.- Porque... ¿sabes por qué? Porque yo te vi cómo lo mirabas. Cuando yo hablaba con mi hermano por la videollamada, tú no mirabas la pantalla del computador, ni la cámara. Lo mirabas a él, ponías toda tu atención en lo que decía y pensé: "Esta chica está loca por Kenshin". Oye, Kaoru, ¿por qué no te casas con Kenshin y te quedas aquí para siempre con él? Podrían tener muchos bebés, tú eres muy joven y Kenshin siempre ha estado loco por ser padre y por eso se hizo esa casa con un patio tan grande, para que puedan jugar allí muchos niños.- dijo entusiasmada.-¿Cierto, mamá?

-Si. Cuando me pidió emplazar la casa en el plano, pidió mucho patio y jardín para los niños. Creo que el haberse criado aquí, tan solo conmigo y luego Brenda le hace desear eso.-

-Si, mamá, te imaginas, muchos Kenshincitos jugando, qué lindos serían.

La joven sonrió, un poco incómoda. Ignoró lo de los niños.

-Me encantaría quedar aquí. Salem muy bonito, bonitos lugares que caminar y visitar y todo grande, pero no poder quedar. No poder casar con Kenshin.

-Entiendo que es muy pronto.- dijo Brenda tras disimular una risita con el inglés de Kaoru.-Pero ustedes se quieren. ¿Cómo se conocieron?-

Kaoru miró a Noriko primero, un poco nerviosa. Lo mejor sería decir la verdad. Les habló del encuentro en el parque y que esa misma noche tuvo que salir de su casa.

-Ah... vivías con tus padres.- dijo Brenda muy interesada.

-Hem... No. Yo vivir con mi esposo.-dijo. Brenda y Noriko se miraron.

-¿Eres casada?- dijeron a coro.

-No. Yo... yo separar de esposo y después divorciar.- dijo Kaoru.- Yo divorciada.

Nuevamente madre e hija intercambiaron una mirada, esta vez preocupada.

-¿Tu esposo era malo contigo?- preguntó Brenda. Kaoru asintió.

-Me casé forzada. Nunca pude quererlo ni darle fa...- miró hacia un lado.- No quería más esa vida.

-Tesoro.- le dijo Noriko.- A mi también me forzaron a casarme con el padre de Kenshin, y cuando mi hijo nació con el cabello rojo, su familia nos empezó a molestar por eso. Dudaban de la paternidad a pesar de que también es mi color natural...

-Pero ellos son iguales...- repuso Kaoru.- Ahora que los vi uno junto al otro, es innegable...

-Lo sé y él lo sabía, pero lo que pensaban los demás pesó más que nuestra relación. Por eso ya no quise volver. Pero y tu familia, ¿qué piensa de esto?-

Al bajar Kaoru la mirada, Noriko decidió cambiar de tema.

Brenda le contó su historia de amor con Dereck y otras cosas, como que había tenido que vender su casa en California para marcharse y hacer una enorme venta de garage con todos sus muebles. Partió con Dereck dos días después y prometió comunicarse vía messenger o whatsapp, ya que no había mayor diferencia horaria con respecto a su nuevo país de residencia. Noriko quedó muy triste y Kenshin y Kaoru los llevaron al aeropuerto.

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La demanda interpuesta por el ex trabajador de Kenshin no llegó a ninguna parte, pero le llevó una pérdida de tiempo al pelirrojo en la Inspección del Trabajo. Fue ese mismo día que apareció Audrey por las faenas, para hablar con él y renuente, Kenshin aceptó. Salieron a tomarse un café, bajo la mirada preocupada de Frank.

Conversaron alrededor de una hora, tras lo cual, Kenshin regresó a su casa. Kaoru había limpiado y lo esperaba con la cena, recibiéndolo contenta. Al verla pensó que era muy afortunado de tenerla en casa, que era una verdadera preciosidad y que su comida estaba buenísima. Por su parte, Kaoru quería hablar algo con él.

-Estos días que me he quedado sola en casa me he sentido muy sola, a pesar de que Rey me entretiene. Pero usted sabe que a mi no me gusta ese tipo de vida y yo quiero hacer algo más limpiar aquí. Quisiera hacer algo, ayudar o trabajar...

-Cariño, no puede buscar un empleo por ahí si entró como turista. Pero buscaré algo para que pueda hacer. Quizá pueda tomar más clases de inglés y perfeccionar el manejo del idioma. O bien puedo hablar con Seijuro para que le de lecciones de kendo.

La joven pareció pensarlo un poco.

-Me gusta la idea. Le agradecería que me ayudara.

Mirando a Kaoru recoger la mesa, perdió el valor de contarle sobre la aparición de su ex novia y los motivos que tenía para ayudarla, porque eso implicaba remover viejas cosas de las que se avergonzaba, además, se trataba de algo relacionado con su negocio y en ese aspecto, no era necesario que Kaoru supiera. No se lo dijo ese día, ni al siguiente. Cuando lo comentó con Frank, él claramente tenía otra idea.

-Amigo, es cierto, no estás haciendo nada malo. Pero creo que deberías contarle a tu novia precisamente porque se trata de tu ex novia. ¿O no sabe de la existencia de Audrey?.-

-Lo sabe. Algo le conté.

Reflexionando sobre esas cosas, Kenshin llegó a casa esa tarde y se encontró a su madre tomando té con Kaoru. Lo estaba esperando y mientras Kaoru preparaba la cena, ellos hablaron aparte.

-Tuve que despedir a Claire y me he quedado sin secretaria. Desde hace un tiempo sospechaba que estaba tomando dinero de mi bolso y ahora que lo comprobé no puedo tolerar esa actitud, por eso mañana, si tienes tiempo, me gustaría que fueras a la agencia de empleos para solicitar a alguien. Yo no tengo tiempo de lidiar con eso, tengo que ir al ayuntamiento a hacer unos estudios.

-Durante mi tiempo en Japón, Kaoru siempre me ayudó con mi trabajo. Ella dice que se aburre en casa y tal vez podría ocupar el puesto de Claire por un tiempo, después de todo tiene que marcharse. Además, yo mismo no puedo regresar a las faenas más que a supervisar por lo que haré trabajo de diseño y planimetría 3D, asi que estaré con ustedes más tiempo. A ella no le gusta estar sola.

A Noriko le gustó tanto la idea que pudo pasar por alto el hecho de que por sus problemas con el idioma, Kaoru no podría atender el teléfono, asi que al día siguiente la reclutó y le dió algunas labores simples que ella ejecutó con eficiencia. Era tan bonita y tan educada que aunque su dominio del idioma no era el mejor, las personas que llegaban a hablar con ella a la oficina alababan a su nueva secretaria. Noriko se sentía feliz y en el plazo de una semana Kaoru aprendió muchas cosas y el trabajo de Kenshin también se vió beneficiado con su presencia porque lejos de ser un distractor, se sentía con ganas de mostrarle lo que él sabía hacer y le ponía muchas ganas.

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Un día viernes Noriko tuvo que irse antes y le dejó las llaves de la oficina a Kaoru para que cerrara. Cuando la joven lo hizo, se encontró con Frank que venía llegando a su departamento. Se saludaron con amabilidad.

-¿Kenshin sabe que estás sola aquí?.

-No. Me dijo que terminar un poco tarde, asi pensé caminar hasta casa. No muy lejos y aprovechar pasar por la tienda, para comprar algunas cosas.

Frank, preocupado tras mirar su sonrisa inocente, no perdió el tiempo y llamó a Kenshin al celular.

-Hola, Ken... oye, tu novia está aquí, afuera de la oficina... Entiendo, la pondré en un taxi.-

-Pero no es necesario un taxi, yo caminar.- dijo Kaoru cuando Frank cortó y se metió el celular al bolsillo. Soltando aire, él la miró.

-Pequeña, tú no eres de aquí y todo tu aspecto grita eso. Simplemente no puedes ir sola por ahí aunque tu casa quede a la vuelta de la esquina. Te acompañaré en el taxi, eso dijo Kenshin.

-Parece que Kenshin piensa que soy una inútil. No es necesario que me acompañe, Frank.

-Órdenes son órdenes.- repuso él.- Vamos al almacén para que compres lo que necesites.

Un poco frustrada, Kaoru caminó escoltada por Frank. Le daba verguenza que la acompañara pero tenía que reconocer que era un poco intimidante un país nuevo con costumbres tan diferentes. En el almacén pidió un litro de leche y otras cosas, y mientras salía, Frank se quedó comprando algo para él. En eso, la joven se encontró con la señora Claire quien tras saludarla se le acercó.

-¿Cómo te va en el trabajo, niña?-inquirió. Kaoru no estaba segura de si debía responder o no.- Supe que estás ayudando a Noriko.

-Bien. Gracias.- dijo tras dudar.

-Ya veo. Hasta que Noriko consiguió lo que quería. Una novia japonesa para su hijo. Ella le dijo a Kenshin antes de irse que no regresara sin una chica, es lo mismo con estos asiáticos, les gusta formar clanes.

-No, no... - comenzó Kaoru, pero Claire atacó.

-Noriko siempre se ha creído superior por ser japonesa y ninguna novia de su hijo le ha gustado. Supe de una, Audrey... a la pobre chica le hizo la vida miserable y por eso ella no se pudo casar con Kenshin y la correteó de aquí. Y Kenshin la quería, porque de pura pena y despecho se enroló para esos paises del Medio Oriente para que lo mataran y le fue peor. Si es muy mala, no lo sabré yo que trabajé con ella. ¿Lo ves? Apenas llegaste tú y me echó de mi puesto. Japoneses.

Despectiva, la mujer pasó de largo por el lado de Kaoru para hacer sus compras, justo cuando Frank llegó hasta ella.

-¿Qué te dijo esa vieja bruja?

La joven, helada, se obligó a contestar.

-Nada. Sólo me saludó.

Obligó a sus pies a moverse cuando Frank la guió afuera a buscar el taxi. Se sentaron juntos en la parte de atrás y mientras él se hacía cargo de las indicaciones, ella empezó a darle vueltas a las palabras de la mujer.

Andrew... Audrey... mientras caminaba a casa, forzó su mente a recordar qué le había contado exactamente Kenshin sobre ese nombre. La antigua novia, aquella que había tenido un hijo de su amigo Curt... Chris... si, era Chris.

¿Qué era todo eso que le había contado? ¿Sería parte del despecho por el despido o habría algo de verdad en ello? Ella nunca se consideró especial y ahora un hombre en dos meses de conocerla se la traía a su país, sin contar que se había hecho cargo de ella en Japón con todos los problemas que traía a cuestas. A favor de Kenshin podía decir, que una mujer separada era mal mirada. Si Noriko hubiera pedido una novia japonesa hubiera preferido una joven soltera y virgen.

-Kaoru, ¿estás bien? Ya llegamos.- escuchó a Frank decirle desde lejos. Fingió una sonrisa y tras darle las gracias, se bajó del taxi y entró a la casa. El vehículo partió y ella se quedó sola con sus pensamientos que eran como verdaderas dagas, porque Kenshin aún no había llegado para distraerla al menos de eso. Algo en su mente le dijo que si ni sus padres no la querían, resultaba raro que Noriko la quisiera tanto apenas verla y hubiera aceptado de tan buen grado darle el empleo aunque no estaba capacitada para eso... se tomó la cabeza con ambas manos y la sacudió como si así pudiera dejar de pensar pero no podía evitarlo y ahora le dolía la idea repentina de que Kenshin pudiera haberle echado el lazo con tanta premura sólo por satisfacer el capricho de su madre. Se tendió en el sofá y cerró los ojos. Para su fortuna se quedó dormida.

Una hora más tarde llegó Kenshin agotado tras acompañar a uno de sus empleados a realizar unas compras de material. Encontró a Kaoru dormida y se sentó donde pudo en el sofá.

-Mi amor, despierte.- le dijo en japonés, susurrando las palabras. La joven se movió y él no pudo resistir la tentación de recostar su torso sobre ella y abrazarla.-Me encanta, Kaoru. ¿Por qué tiene que ser tan linda?

Kaoru abrió los ojos y lo miró de una forma tan adorable, que Kenshin le hizo el amor ahí mismo. Ella lo recibió muy cálida y correspondió a todos sus besos y caricias como si así pudiera ganarse lo que no se hubiera ganado ya. Por otra parte él sintió que cualquier experiencia previa que haya tenido era un pálido reflejo de lo que estaba viviendo.

-Te amo, Kaoru.- le dijo en ese momento, y luego al cenar y luego al acostarse. Ella se esforzaba por ayudar y él se sentía orgulloso de ella, sobre todo cuando al día siguiente, Noriko le preguntó si no podian hacer algo para que la joven pudiera alargar su estadía, porque era muy eficiente. Y su madre no solía ser sentimental en asuntos de trabajo

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-Frank me dijo que el viernes te encontraste con Claire y ella te dijo algo.- le dijo Noriko el lunes siguiente cuando estuvieron a solas.- ¿Me puedes decir qué fue?

Kaoru no había tenido tiempo de darle vueltas al asunto porque estuvo muy ocupada con Kenshin limpiando el enorme patio trasero y luego paseando por ahí. Y claro, siendo besada y mimada por él en cada lugar de la casa, que era muy grande para ella. Sin embargo, cada que se acordaba, algo dentro de ella dolía, asi que no lo quería pensar.

-Nada importante.- contestó. Noriko no le creyó.

-Claire siempre fue una buena secretaria, pero tenía algunos defectos como persona. Es muy chismosa y a veces malintencionada. Por favor, no hagas caso de nada que pueda decirte, ¿está bien?

Kaoru asintió y siguió sus labores. Era 15 de Junio y cerca de las once de la mañana, Kenshin y Frank entraron raudos a la oficina porque tenían un problema. Uno de sus clientes se atrasó con un importante pago y avisó sobre la última hora, cuando Noriko y Kenshin ya no podían hacer nada para cubrir los sueldos de los trabajadores. Gran parte de su dinero en ese momento estaba invertido en la nueva obra y la otra opción era retirar parte de su patrimonio personal, que aunque temporal, no era algo que quisieran hacer.

-Lo mejor será hablar con los muchachos y decirles que en cuánto podamos les pagaremos.-dijo Frank.-Ellos entenderán.

-No, no, eso no es responsable.- dijo Kenshin.- Necesitamos cubrir esos sueldos. Lo mejor será retirar lo que queda en mi cuenta y algo de la de mamá.

Kaoru siguió interesada el tema.

-Quizá yo pueda prestar pagos dinero. Creo que alcanzar con eso, total que aqui no tener gastos.

-No, mi amor.- repuso Kenshin.- No puedo permitir eso.

-Cuadrella trabajar duro. Merecer paga. Yo no necesito dinero ahora, cuando puedas devolver a mi.

Si Frank tuvo alguna duda sobre Kaoru con respecto a adoptarla de hermana menor -una idea que tenía cada vez que la veía-, ahora estaba listo para hacerle un altar. No sólo era su gesto, sino que seguía hablando en inglés por consideración a él. Kenshin aceptó y con Kaoru se sentaron frente a la computadora para hacer una transacción electrónica.

Viendo la cifras en la pantalla, Kenshin, a su lado notó de inmediato que la cantidad que ella tenía en su cuenta era muy inferior a la que debía tener, si bien alcanzaba para pagar las quincenas.

-Creí que Enishi le había dejado una indemnización.- le comentó en japonés mientras ella vaciaba su cuenta para dejársela a él.

-No quise el dinero.- comentó la joven.- Y se lo devolví.

-¿Pero cuándo hizo eso?-

Con la cuenta en cero, Kaoru cerró su sesión bancaria y miró a Kenshin.

-Cuando estabábamos en el hospital.

-Y no me había contado.

-No encontré el momento. Estaba saliendo de su operación, no le quise molestar con mis cosas.

-Debió decírmelo. Me hubiera hecho cargo de todos sus gastos desde que nos vinimos.

-Kenshin.- dijo Kaoru con calma.- Usted hace mucho por mí. No es necesario que gaste de más.-

Al recibir el dinero en su cuenta, Noriko traspasó a la cuenta de cada trabajador su salario y Frank se fue tranquilo a la faena junto con Kenshin, tras darle las gracias nuevamente a la joven por ayudarlos con el problema de liquidez.

-No sé de dónde la sacaste, pero si viajas a Japón tienes que llevarme. Quiero una yo también.- dijo Frank manejando.- Tracy se come mi dinero.

-Espero que Tracy no escuche eso.

Frank suspiró largamente.

-No lo sé. No creo que le importe de todos modos. Las cosas no andan bien, pero... entre nosotros ¡nunca lo han andado!

Kenshin rió con el comentario y lo lamentaba por su amigo, que estaba metido en una relación tortuosa de terminar y regresar casa dos semanas. A él esas cosas demasiado intensas no le gustaban y por eso consideraba que se había sacado la lotería con Kaoru. Por la tarde fue a un control con su médico y de vuelta compró un ramo de flores.

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-... entonces el sábado 20 celebraremos el cumpleaños de Kenshin.- le dijo Noriko a Kaoru mientras acababan de ordenar para marcharse a casa.- Por eso ahora pasaré a encargar un enorme pastel a mi amiga Alice. Ella trabaja al otro lado del río y hace una masa tan deliciosa...

Para la fiesta de bienvenida de Kenshin, Kaoru recordó que había probado de un pastel excepcionalmente bueno. Le preguntó a Noriko si lo había hecho Alice y al recibir confirmación, decidió acompañarla.

-Kenshin me dijo que iría al doctor por la tarde asi que todavía no ha llegado a casa. Me gustaría aprovechar para llevar un pastelito.

-Es una gran idea, querida. Como queda en un barrio comercial, podemos mirar algo de ropa de las vitrinas, ¿qué te parece? Luego nos tomamos un café y si Kenshin quiere, lo llamamos para que nos acompañe.

Para Kaoru la idea no podía ser mejor. Tomó su cartera y siguió a Noriko a su camioneta. Tras algunos minutos se encontraron en el barrio comercial y pasaron a ver a Alice. Su pastelería era una casona acogedora, con vitrinas y pasteles de todos los colores, además de otro tipo de masas dulces que preparaba, y tenía un espacio para comer ahí mismo que Kaoru amó. Queria quedarse ahí y pedir un chocolate caliente.

-Necesito un pastel para este sábado.- dijo Noriko a su amiga tras saludarla con gran afecto. La mujer de cabello corto y cano abrió su agenda y consultó sobre detalles como la fruta de relleno y el tipo de cobertura, además de la hora a la que lo vendrían a buscar.

-Entonces es cierto que tu hijo regresó. Me alegro tanto.- comentó con sincera alegría.- Hace unos días me pareció verlo por ahí con su novia. Iba con un brazo encabestrado, asi que supongo que lograron operarlo.

-Si, lo operaron y quedó muy bien. Ahora debe empezar una terapia cuando le quiten el cabestrillo, pero, entonces conociste a la novia de mi hijo?. Es muy bonita, ¿cierto?- dijo refiriéndose a Kaoru, pero la respuesta las desconcertó.

-Bueno, Audrey siempre ha sido muy bonita.- Comentó Alice.- La maternidad le ha sentado de maravillas. En realidad, cuando escuché que Kenshin tenía una novia no pensé que fuera ella, tal vez me equivoque. ¿Y esta preciosa niña, es tu sobrina? Mira que bonita es.- dijo refiriéndose a Kaoru. Noriko, intuyendo el desastre, se excusó de manera muy amable para retirarse pronto de ahí y sacar a Kaoru.

A diferencia de Claire, su amiga Alice no era una mujer malintencionada o chismosa. Había algo muy raro que se desprendía de sus comentarios y para su desgracia, muy pronto se toparían con ello. A Noriko le bastó una mirada a Kaoru para comprender que ella sabía quién había sido Audrey en la vida de Kenshin.

-Iremos a casa y hablaremos esto con mi hijo.- dijo Noriko. Luego recapacitó.-No. Tú lo hablarás, porque yo no soy quien para meterme en su vida, pero esto te concierne a tí. A mí nunca me gustó esa muchacha, no es mala, pero no era para Kenshin y no sé qué tratos puedan estar teniendo ahora, pero estoy segura de que mi hijo no está siéndote infiel de ninguna manera, porque yo lo crié, yo lo eduqué, ¿entiendes, Kaoru?.-

Muy callada, Kaoru siguió a Noriko por el barrio. Habían estacionado en un lugar alejado para tener ocasión de mirar las vitrinas camino a la pastelería y en ese regreso fué cuando un enorme ramo de flores sobre una mesa de cafetería llamó la atención de Kaoru. Al mirar a las personas de esa mesa, el alma acabó por caérsele a los pies. En efecto, una mujer muy hermosa, de cabello castaño cortado hasta los hombros, le tomaba a Kenshin su mano derecha. Ambos se veían muy sonrientes.

Sintiéndose muy incómoda y fuera de lugar, las palabras de Claire la golpearon repentinamente. Audrey había sido el amor de Kenshin y ahora se habían encontrado una vez más en una cafetería y ella se sentía repentinamente estúpida, humillada y fuera de lugar. Noriko en cambio no se quedó en su sitio y se adelantó para encarar a su hijo.

-¿Kenshin Himura, qué estás haciendo aquí? - exigió saber llegando a su lado.

Incómodo, Kenshin se puso de pie. Audrey también.

-Señora Hiko...

-Quiero saber qué está pasando.

-Mamá.- dijo Kenshin.- Es un asunto de trabajo.

-Ya veo. Es algo muy feliz por lo que se ve.- dijo Noriko sin intentar ocultar su suspicacia. Audrey se adelantó.

-Le pedi a Kenshin que me ayudara a rentar un lugar para poner una cafetería, porque me he asentado de regreso en Salem y él consiguió este sitio. Lo cité para agradecer sus gestiones y mostrarle como lo he dejado.

Noriko encontró sinceridad en el gesto de la joven y al mirar hacia atrás para decir algo se dio cuenta de que Kaoru no estaba con ella.

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Fin capitulo ocho

En Salem

Octubre 22, 2015

Revisado el de 26 de Octubre 2015.

Notas de Autora.

Hola!

Olvidé mencionarlo en las notas de autor anteriores, pero queria agradecer sus respuestas ante la interrogante de "quienes se manchan más al comer hamburguesa". Al parecer las femeninas somos siempre más guapas, más simpáticas, multitareas y llenas de curvas, pero a la hora de comer hamburguesas con estilo, nuestros compañeros nos llevan la delantera. Como sea, una buena hamburguesa o una buena pizza o lo que sea rico siempre valen la pena. Como dice mi abuela, la plata mejor gastada es la que gastas en buena comida.

La historia está llegando a su final, ya saben que no me gusta componer historias muy largas y por otra parte, tengo dos que están en stand by. Gracias por acompañarme hasta hoy y un abrazo a todas.

Blankaoru.