Declaración: Rurouni Kenshin ni ninguno de sus personajes me pertenecen. Hago esto por diversión y sin fines de lucro.

Esta historia está dedicada a Pola Himura.Y este episodio en especial, a Lica, por su paciencia conmigo.

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Deseando Vivir

Capitulo Nueve

El honor de estar contigo

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Estupefacta, Noriko buscó a Kaoru con la mirada por el lugar, pero ni las luces de ella.

-Mamá, ¿pasa algo?-preguntó Kenshin a su espalda. Noriko, que podía intuír los sentimientos de Kaoru, no sabía que estaba pasando pero no quería que Audrey supiera que la novia de Kenshin los había visto y se había escapado pensando quizá qué cosas. Tampoco le iba a dar una cátedra sobre cultura japonesa versus la americana. Dentro de lo posible, quería cuidar la dignidad de la joven.

-Es sólo que... yo venía acompañada.- dijo a su hijo mirándolo con mucha intensidad. La alarma que se encendió en sus ojos le indicó que había captado el mensaje. Se despidió cortés de Audrey y tomó el ramo de flores.

-Y eso no era para Audrey por su cafetería?

-Claro que no, mamá, ¿cómo se te ocurre?. Es para Kaoru.-

Buscaron a la joven por el barrio comercial tras cerciorarse de que no estaba esperando en la camioneta. Noriko iba regañando a su hijo en su idioma por no haberle hablado antes de ese tema sobre Audrey.

-Se enteró de muy mala forma. Pobre niña... quizá qué está pensando. Llama a Ray y dile que Kaoru está extraviada.

Ray, uno de los amigos de Kenshin, era oficial de la policía. De inmediato se puso a patrullar el área buscando a la joven japonesa. Peter y Carl salieron en un auto a recorrer las calles cercanas a la casa por si regresaba, pero pasaron las horas y nadie tuvo noticias de ella.

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La brisa fresca le puso la piel de gallina a pesar de estar a días del inicio del verano y Kaoru se sobó los brazos. Buena la había hecho. Tras salir corriendo del lado de Noriko abordó un autobús que vio por ahí y se bajó cuando tras pasar el shock inicial, decidió que había paseado suficiente. No tenía idea dónde estaba y ya era tarde, pero cada vez que consideraba llamar a alguien en su ayuda, pensaba que tendría que ver a Kenshin y no quería. Le daba mucha tristeza, además de verguenza lo que había pasado y sólo sabía que necesitaba pasar esa noche lejos de él. Lo sentía así.

Y no sólo de él. Lejos de todo.

Tal vez era mejor dejar las cosas así, considerando que la misma madre y hermana de Kenshin habían dicho que él quería una familia numerosa y ella no podía brindarle eso. Audrey al parecer había sido madre, asi que no tenía ese problema de fertilidad y si Kenshin la elegía, Noriko no podría meterse entre ellos.

Pero entonces... ¿cómo era posible que él hubiese sido tan amoroso con ella pensando en otra? Sacudió la cabeza. Tal vez ella estaba pensando mal después de todo. No era una adolescente y entendía de las relaciones hombre-mujer. Todo lo que había pasado con Kenshin lo percibió tan espontáneo y verdadero, pero aquello que le dijo Claire... la misma Noriko se mostró muy contenta con ella por ser japonesa.

No sabía qué pensar y se cerró de brazos. Temblaba, pero por los nervios que sentía.

-Una "chinita".- dijo un hombre tras ella. Kaoru no entendió qué le estaban diciendo, el término le era desconocido pero el hombre se adelantó y le cerró el paso.-Una "chinita" que no es de aquí, parece.

Kaoru trató de ignorarlo y pasar por su lado pero él no se lo permitió, le pasó un brazo tras los hombros y de pronto Kaoru sintió que ponía la mano en su costado, atrayéndola hacia él. Se asustó mucho cuando la arrastró a un callejón y notó a otro hombre a su lado.

-Por favor, no me hagan nada.- suplicó en japonés al ser incapaz de recordar los términos adecuados en inglés.

-Cállate, china. La cartera.-

Temblando ostensiblemente Kaoru pasó la correa de su bolso por encima de su cabeza y entregó lo que le pidieron. No quiso pensar que dentro iba su pasaporte ni su smartphone. No llevaba dinero encima y esperó que no le hicieran daño al descubrir eso. Uno de los rufianes empezó a revisar y el otro abrazó a Kaoru como si fuera su novia.

-Eres exquisita. Ya verás cómo nos divertiremos.-

Kaoru no necesitaba entender a cabalidad ningún idioma para comprender las intenciones de ese hombre. Se puso a gritar y a pedir ayuda y en cuanto una mano se puso sobre su boca la mordió como pudo, con mucha fuerza. Sintió una bofetada pero no echó pie atrás en su llamado de auxilio y se revolvió entre ellos con toda su fuerza. La empujaron contra la pared y entonces uno de ellos salió volando con cartera y todo. Apenas tocó el suelo y viendo que las cosas se ponían difíciles, corrió a perderse. Mientras tanto, el otro recibió un puñetazo en plena mandibula, que le voló un diente y le trizó el del lado.

-¡Maldito hijo de perra!- gritó fuera de si quien la ayudó cuando le fue a dar otro correctivo al rufián y este se puso en pie y salió corriendo. Al mirar a Kaoru, Frank, su salvador, la miró jadeando, con las manos en la cintura.-¿Qué no te dije que no debías salir a perderte sola por ahí? Deberías escuchar los consejos que te dan.

El moño que solía llevar sobre su cabeza se había desarmado y al parecer, estaba muy fatigado. Frank tomó su teléfono para llamar a Ray e informarle donde estaba y que Kaoru había aparecido.

-No quiero que nadie sabe que estoy aquí...- dijo Kaoru quitándole el teléfono. Frank la miró como si le hubiera salido otra nariz.

-¿Qué dices? Kenshin está desesperado buscándote y nos puso a todos en tu busca. Además, ese imbécil te robó la cartera, tienes que poner la denuncia...

-Entiender, pero no quiere verlo ahora.-

Fatigado, Frank soltó el aire. La había divisado a lo lejos y tuvo que correr como loco para alcanzarla antes que le hicieran más daño y ahora ella le decía cosas que no le cabían en la cabeza. ¿Por qué no quería ver a Kenshin si él respiraba por ella? Mientras pensaba en eso se quitó la chaqueta y se la puso a Kaoru sobre los hombros, aprovechando de recuperar su celular y llamar a su amigo Ray. Al dar su ubicación y cortar, miró de vuelta a Kaoru y se le escapó una risita al notar que la chaqueta le quedaba enorme. Sacudiendo la cabeza, se aregló su moño.

Ray llegó de inmediato en la patrulla y los llevó a la estación de policía para dejar la constancia del delito. Rato después, Frank acogió a Kaoru en su piso.

El lugar llamó la atención de Kaoru. Mientras en el primer piso estaba la constructora dividida en cuartos, arriba el lugar carecía de paredes divisorias. Ella podía ver en un espacio la cocina, y enseguida una mesa para comer y un cómodo espacio de estar. Un enorme mueble con radio y televisor y otras cosas como un PSP, blu-ray y un computador. Más allá la cama sobre una tarima y muebles de guardad, como también un biombo cerca de la cama. Al menos el cuarto de baño si estaba en un cuarto. Le gustó el lugar.

-Tienes que ir mañana a pedir copia de tu pasaporte.- dijo Frank al cerrar la puerta tras ellos. Acto seguido le ofreció la ducha y su cama para descansar, pero ella se conformó con el sofá luego de bañarse y ponerse una camisa de él que le quedaba como vestido. Se cubrió con una frazada delgada y Frank le encendió el televisor para que se distrajera. Él se quedó parado, apoyado en el umbral de la puerta, mirándola de reojo en tanto ella se hacía bolita, como buscando desaparecer. No estaba muy seguro sobre cómo hablar con ella. Tal vez lo mejor era no inmiscuirse en el asunto y fue a preparar café.

En tanto, Kaoru se sentía muy miserable.

Más que miserable, impotente e inútil.

No sabía si era por lo mal que había resultado ese día, pero miraba su vida hacia atrás y le parecía que rara vez lograba tener el control de la situación. Primero forzada a casarse, luego su propio cuerpo le negaba la maternidad y encima su esposo que no fue de los mejores. Conocer a Kenshin fue sentir que el cielo le enviaba una ayuda, pero ahora se encontraba sola en un pais desconocido, sin dinero y sin tener hacia donde escapar. Era tan patétitca que un amigo de él tenía que ayudarla porque ni siquiera aquí tenía amigos propios.

Se estaba quedando dormida, aletargada por el baño y el cansancio, cuando sintió que alguien se sentaba en el sofá, a la altura de su pancita. Una mano acarició su cabello y asustada abrió los ojos, pensando en Frank, pero era Kenshin quien se encontraba allí.

Frank lo había llamado cuando estuvieron en la estación de policía, contándole lo sucedido y le rogó a su amigo paciencia en ir a buscarla porque ella no lo quería ver. Le dijo que era bueno esperar al menos hasta que estuviera más tranquila, y haciendo uso de toda su fuerza de voluntad Kenshin se aguantó de correr por ella por espacio de hora y media. Por su parte, Frank no preguntó qué había pasado, no necesitaba saberlo porque estaba seguro que debía tratarse de un malentendido y confiaba plenamente en su amigo Kenshin. Además, tampoco es que le gustara meterse en temas de parejas y según lo que había visto, claramente se trataba de eso.

-Vamos a casa.- dijo Kenshin sin dejar de acariciar el cabello de la joven. Ella buscó a Frank con la mirada y éste asintió.

-Es lo mejor para tí, muchacha.- repuso el castaño.- Llévate la manta y la camisa y mañana me las devuelves.-

Sin decir nada, la pareja salió para abordar un taxi, después de que Kenshin estrechara la mano de su amigo y le diera las gracias. Este, al quedarse solo, puso un canal que le gustaba en el televisor y se acomodó con una cerveza fría. Inquieto, se pasó una mano por el cabello tomado.

Rayos. ¿Por qué Kaoru tenía que ser tan linda?

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Tras bajarse del taxi, Kenshin llegó a la puerta de la casa y Kaoru, que se había mantenido callada todo el camino, entró rauda apenas él abrió, subió veloz la escalera y alcanzó el cuarto de invitados. Se encerró bajo llave y corrió a la ventana para abrirla y salir de allí cuando cayó en cuenta que estaba pensando como una estúpida y reparó que estaba medio desnuda. No tenía a dónde ir ni a quien recurrir porque al parecer, todos los amigos de Kenshin acabarían entregándola y eso era el colmo.

Tomó aire. Estaba pensando mal. Debía calmarse. ¿Por qué quería escaparse? Lo más maduro era hacer frente a la situación y hablar como él quería.

-Kaoru, déjeme entrar.-lo escuchó decir al otro lado de la puerta.

La joven lo ignoró, pensando en lo que debía hacer. Estaba enfadada y dolida, pero, ¿por qué? ¿Qué pasaba con su cabeza que pensaba de formas tan irracionales de pronto? Ella nunca fue de salir corriendo y ahora estaba aterrada con la idea de que Kenshin no la quisiera. Entonces supo que eso era..

Lentamente se sentó en el suelo, cerca de la ventana abierta, y abrazó sus rodillas.

Nunca antes había tenido una ilusión. Su vida había sido estructurada de modo que comprendió que cada etapa tenía un final, que los compañeros de la escuela se alejarían y la infancia daría paso a las responsabilidades. No tuvo tiempo para enamorarse y presionada, se casó, para vivir en el mejor de los casos, momentos de cordialidad y placer en la cama con su marido. Encontró por un tiempo, distracción en sus ocupaciones recreativas como el kendo o el flamenco pensando que así estaria bien, pero nada la habia preparado para su encuentro con Kenshin y como pronto empezó a anhelar su cercanía, su mirada y el sonido de su voz cuando la llamaba. Fue como un sueño sentirlo en ella y compartir su vida y su familia y sus amigos y de pronto su mundo se expandió junto a él. Amar a Kenshin implicó conocer un universo nuevo al que también quería y en el que se sentía acogida e integrada y no quería perderse de eso ahora que sentía con gusto que pertenecía a esa persona.

Por eso cuando vió a Kenshin por la tarde con Audrey se había olvidado respirar por varios segundos antes de echar a correr. Le dolía a horrores pensar que lo que Claire había dicho era cierto, que él pudiera querer a su antigua novia aún y vislumbraba ese hecho en que se enteró por otra fuente de que Kenshin y Audrey se veían. Le rompió el alma ver el ramo de flores sobre la mesa. La destrozó llegar a pensar que todo ese universo que él representaba para ella se lo entregaba por imposición de su madre

-Kaoru, por favor... hablemos...

Iba a decir "déjeme", pero las palabras murieron en su garganta. ¿Asi que esa tristeza extrema, esa sensación de miseria se debía al temor de perderlo? Nunca pensó que no podría soportar una situación así porque luego que él le planteara traerla a Estados Unidos, no se le ocurrió pensar que podría pasar algo así. Y ahora, ¿qué? Cerró los ojos con fuerza. Ahora nada. Sólo quería ser abrazada y que Kenshin le dijera que todo eso fue una mentira. No quería estar sin él. Era horrible. Tenía una rabia tremenda con él por el engaño y se reconocía que los celos la carcomían tras verlo con ella, pero por otra parte su corazón estaba gritando para que le abriera la puerta. Sus pensamientos eran tan contradictorios que sintió de repente las ganas de tomarse la cabeza y gritar.

Pensar la estaba torturando.

A lo lejos escuchó un tintineo que no logró abstraerla de sus cavilaciones. Kenshin había ido por el juego de llaves de la casa al no obtener respuesta de ella y abrió la puerta. La vió sentada en el suelo y se acercó rápido. Ella se puso de pie.

-Kaoru...

-¿Para qué me trajo aquí si todavía la quiere a ella? Yo no me merezco esto...- dijo la joven con rabia contenida, esquivándolo cuando llegó hasta ella.

-No es lo que usted piensa.

-Yo no tengo que pensar. Usted se encontró con ella y no es la primera vez. ¡Una señora pensó que ella era su novia! ¡Me dio mucha verguenza!-

-Lo sé. Y entiendo que me merezco esto y más por eso, pero si me dejara contarle lo que está pasando. Kaoru...

-No hay nada que contar, está todo muy claro. Apenas me devuelva mi depósito y recupere mi pasaporte, regresaré a mi pais y usted podrá hacer su vida con Audrey.

Noriko le había contado a Kenshin sobre lo sucedido esa tarde y él estaba al tanto de lo que había visto Kaoru, pero no entendía por qué estaba tan segura de lo que decía sonbre él y Audrey. Quizá era cierto que él no lograba entender la forma de pensar japonesa porque se había críado en occidente. De todos modos, debía reconocerse que sus actos, si bien no eran malos o faltos a la fidelidad, si se veían mal y en eso Frank había tenido razón. Fue un error no hablar con ella antes sobre eso aunque pensó que podría esquivar el tema.

-No entiendo de dónde saca que yo quiero hacer mi vida con Audrey si yo a quien amo es a usted. Aquí estoy, dando la cara por mi error de no contarle antes lo sucedido pero no comprendo por qué usted me dice esas cosas.

Kaoru se abrazó a si misma, evitando mirarlo pero escuchando atentamente sus palabras. ¿Era cierto que la quería?

Kenshin se había acercado lentamente hasta ella, notando sus ojos húmedos, aunque sin lágrimas y Kaoru se apresuró en evitar su miraba. Eso le dolió más que algún grito o una cachetada: saber que ella estaba sufriendo por su culpa y no confiaba en él.

-Vamos al dormitorio. Hay algo que quiero mostrarle. Por favor.

-Déjeme aquí.

-Kaoru, no tome esa actitud.- repuso él cansado, ya que su día laboral había sido especialmente estresante y buscar a Kaoru por todas partes no lo ayudó, asi como el susto que pasó la saber que había sido asaltada.-Tenemos que hablar de esto. Algo le pasa, además de haberme visto con Audrey. Por eso usted duda tanto de mí y quiero saber de qué se trata.-

-Sólo déjame sola.

-No, Kaoru... - dijo mirándola con intensidad.- Yo no puedo dejarla sola.

-Yo se lo estoy pidiendo.

-Pero yo no puedo hacer eso porque algo aqui está mal... ¿Alguien le dijo algo malo sobre mí?

Un leve espasmo en sus hombros y una alteración en su forma de respirar delataron a Kaoru.

-Por favor, no se encierre en sí misma con ese tema. Hablémoslo.- insistió Kenshin.

Sus miradas se encontraron por primera vez desde la mañana y Kaoru se decidió.

-Alguien...- dijo la joven afectada.- alguien me dijo que usted me trajo porque su madre quería una novia japonesa, pero que la preferida suya era Audrey.

La sangre corrió a borbotones por las venas de Kenshin. Enfadado al máximo, se obligó a dominarse. ¿Quién pudo hacerle ese daño a su relación con semejante mentira? Encontraría a esa persona y la haría pagar.

-Asi que era eso... - dijo tenso. Decidido, la tomó de una mano y la obligó a salir de allí, entonces la arrastró al dormitorio común, sin escuchar sus protestas.

-No la soltaré, porque yo la amo y es mi única verdad en todo esto.- dijo sentándola en la cama. Kaoru temblaba cuando él buscó algo en el fondo del clóset, quitándose el cabestrillo para hacerlo más rápido y sacó una caja cuadrada. La puso sobre sus piernas.- Esto era yo antes de conocerla y usted me devolvió mi vida a un nivel que no puede imaginar. Por favor, abra esa caja y descubra quien fue Kenshin Himura. Entienda que yo no podría jamás engañarla porque yo... porque nunca antes conocí a una mujer capaz de tenerme deseando vivir más allá del dolor que conocí.

Mirándolo insegura, Kaoru puso su atención en la caja y la abrió, encontrando algunos frascos con medicamentos y varias epicrisis guardadas de anteriores hospitalizaciones de él. Kenshin no dijo nada, seguro de que ella sola descubriría algo que no había compartido con nadie, aunque algunos lo podían intuír.

Además de los medicamentos, Kaoru encontró unas hojas escritas a mano. Le costó descifrar la letra, pero comprendió que eran mezclas de las medicinas indicando cantidad de cada una y un cálculo de en cuánto tiempo sentiría los efectos. Lo peor era que los escritos se hicieron con diferentes lápices, como si se tratara de diferentes ocasiones y pronto entendió que eran prueba y error. Miró a Kenshin espantada.

-Usted estaba... ¿usted intentó?

Con una mirada triste, Kenshin la instó a seguir descubriendo. Cuando Kaoru sacó una carta de un sobre y leyó "Querida madre..." no pudo seguir indagando y se cubrió la cara con las manos. Era una despedida. Kenshin se agachó frente a ella y le tomó las manos.

-En este Estado la eutanasia es legal, pero yo no estaba seguro de querer recurrir a alguien más para ese proceso y no sabía si encajaba en el tipo de persona que la puede recibir y decidí... Kaoru, usted tiene que comprender que yo ya no soportaba... fueron seis años de dolor y este había empeorado muchísimo en el último, mi médico intentó pararlo con medicamentos y no se pudo y pronto me encontré tomando morfina como si fueran pastillas dulces. El mes antes de irme no pude trabajar, apenas dormía y no encontraba una posición cómoda para estar, porque sentado o acostado dolía mucho. Continuamente estaba fatigado e irascible. A veces le grité a mi madre, le grité a todos. Después de una pelea especialmente fuerte con mi familia y con Frank, me sentí una carga y se me ocurrió... -Kenshin tomó aire.- Pensé en la posibilidad de... de... irme y probé algunas dosis de estas cosas que... conseguí por ahí. Casi lo logré una noche. Tuve dos intentos, además algunas sobredosis de medicamentos de modo accidental... esto... fue muy difícil para mí y para todos. Entonces surgió la posibilidad de operarme.

Espantada, Kaoru comprendió que Kenshin quiso matarse.

-Antes de irme me dieron una droga experimental para controlar el dolor que pareció funcionar un poco mejor que la morfina y sin efecto residual. En Japón mejoraron un poco las cosas y cuando la conocí yo me encontré rabiosamente, luchando para ignorar el dolor aunque en las crisis no podía. Nunca dejó de doler, pero yo soporté para poder mirarla un día más y luego otro día. Kaoru, por favor, tiene que creerme. Yo me esforcé para vivir para usted, no lo habría soportado si no la hubiera conocido, ¡No puede pensar que quiero a otra mujer!

-No, no, no diga eso.- repuso Kaoru, arrodillándose frente a él luego de dejar la caja a un lado y abrazándolo, con un nudo en la garganta.- Soy yo la que tiene mucho que agradecerle. Usted cambió completamente mi vida. No quiero escuchar nada más.

Kaoru recordó con pesar la foto que le había mostrado Noriko, además de otros comentarios. Si bien el mal que aquejó a Kenshin no era como una enfermedad terminal, se trató de algo que mermó su calidad de vida al punto que lo hizo perder el apego a ella. Y él le decía que siguió adelante tras conocerla...

Miró en sus ojos violeta y lo que vió allí le partió el corazón. Se sintió tan estúpida por haber creído las palabras de una desconocida y su confianza en él renació al punto que supo que lo del encuentro con Audrey tendría una buena explicación. Le echó los brazos al cuello y le pidió disculpas por su desconfianza, entonces él la tomó por la cintura.

Se quedaron abrazados, arrodillados junto a la cama. Ambos estaban demasiado emocionados como para decir algo más y cada uno enterraba la cara el cuello del otro. Fue Kenshin quien buscó sus labios primero y pronto sintió que ella le correspondía. Lo que siguió fue sobre la cama donde le repitió en todos los idiomas que conocía cuánto la amaba, y considerando sus amigos latinos y afro, fue en unos cuantos.

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El día siguiente amaneció nublado y remolón, Kenshin no quiso salir de la cama. Kaoru bajó a preparar algo de comer y le puso comida a Rey en su plato. Le parecía un perro muy inteligente, amistoso y muy limpio, además de tener su pelaje lustroso.

Bostezó un poco cansada mientras se lavaba las manos y comenzó a cocinar. Desde que llegaron de Japón, con un ánimo inmejorable por estar en su patria de acogida y en su comunidad, trabajando en lo que le gustaba y sin dolor, la forma de hacer el amor de Kenshin fue más enérgica, a veces más divertida e incluso más osada que en Japón. Pero lo de la noche anterior había sido especial, sumamente especial y aunque pensaba que tal vez lo había perdonado demasiado rápido por el asunto de Audrey, Kaoru sentía que debía confiar en él porque algo le decía que ese era lo que él merecía. De todos modos exigiría su explicación sobre el encuentro entre ellos, por eso hizo el más apetitoso desayuno que puso en una bandeja y subió al segundo piso.

Kenshin revivió con el delicioso aroma del café amargo. Se sentó ansioso por recibir la bandeja y Kaoru se quedó quieta al lado de la puerta.

-Tenemos un asunto pendiente. Quiero saber por qué salió con Audrey, ¿o es que acaso aquí los hombres salen con otras mujeres estando comprometidos?

Kenshin pensó que en cierto modo si, pero no era bueno darle esa respuesta a la joven, menos cuando su estómago gruñía de hambre y ella tenía la bandeja.

-Si primero me alimenta...-

-Creo que usted no está en posición de poner condiciones.- dijo Kaoru. Kenshin suspiró.

-Se lo iba a contar de todos modos.

-Lo escucho.

-Audrey me contactó hace varios días y me pidió discreción absoluta con ese tema. Necesitaba mi ayuda porque necesitaba dinero y consejo.

-¿Acaso no tiene empleo?

-Es un poco más complicado. Le propongo algo. Vamos a verla después de desayunar.

-No, no quiero ver a esa mujer.

-Por favor, Kaoru.

Tras discutirlo y comer, anunciaron a Noriko que llegarían tarde al trabajo y se fueron a ver a Audrey. Llegaron a una casa de aspecto humilde, más pequeña que la de Kenshin. Audrey los recibió y en cuanto vio a Kaoru le sonrió con amistad brillando en sus ojos celestes.

-¿Tú eres Kaoru? ¡Qué linda eres! Ken no dejó de hablar ayer de tí. ¿Te entregó tus flores? Eran bellísimas...-

Shockeada, Kaoru recordó vagamente un ramo sobre la repisa. Siguió a Audrey al interior de su casa con Kenshin a su espalda. Un pequeño niño de unos seis años veía la tele.

-Chris, saluda a Kenshin y a su novia Kaoru.- dijo Audrey muy propia de si. El pequeño, de tez pecosa y sonrisa a la que le faltaba un diente, hizo caso y volvió a su programa. Audrey tenía algunas facturas sobre la mesa y cajas por todos lados.-Disculpen el desorden, no he podido organizar este caos aún.

-Pierde cuidado.- repuso Kenshin.-Discúlpanos a nosotros por no avisarte que veníamos. Fue... algo impulsivo. Veníamos pasando...

-No te preocupes, Ken. Quería conocer a tu novia, de la que Frank habla tantas maravillas. Kaoru, eres muy afortunada de tener a un hombre tan solidario y responsable.

-No digas eso...- dijo Kenshin ligeramente ruborizado, pero Audrey miró a Kaoru.

-Tú tienes que saber que Kenshin y mi esposo Chris llegaron a ser muy buenos amigos y cuando mi prometido falleció en Afganistán, Kenshin prometió cuidar de nosotros a pesar de todo lo que estaba pasando. En realidad yo nunca necesité mucha ayuda hasta ahora que regresé a Salem, lo busqué y cuando le dije que necesitaba un hogar para mi y mi niño y una cafetería para alquilar, él se hizo cargo y nos encontró hermosos lugares. Es nuestro ángel.

Al saber que Audrey había engañado a Kenshin y lo había plantado antes de la boda, quedando además, embarazada de su amante, Kaoru se había hecho una imagen mala de ella. Pensó que era una especie de mujer inmoral o algo así, pero viéndola... su aspecto era recatado, su hijo se veía muy bien cuidado y su casa... lucía como la casa de cualquiera que no acababa de acomodarse tras una mudanza. Pero su actitud, su actitud amistosa y agradecida fue lo que acabó de inclinar la balanza a su favor. Audrey les ofreció un café y puso su cafetera a andar, sirviendo la mesa mientras la aromática bebida caliente se preparaba, esparciendo un aroma que incluso despertó los sentidos de Kaoru.

El pequeño Chris se levantó de su sitio cuando su programa de televisión terminó y se puso a jugar con algunas cosas de una caja mientras se sentaban.

-Me alegro que haber encontrado lugar para vivir y trabajar.- se encontró diciendo Kaoru.

-Gracias, linda. Era necesario cambiar de aire y salir de Denver.- dijo con cierta amargura Audrey, mirando a su hijo.- Estaré aquí un tiempo y quizá me mude más lejos.

-Espero que no sea necesario irte.-

Mirando a Audrey, algo tras ella llamó la atención de Kaoru. Era un marco de foto, claramente la foto de ella y Chris padre. Audrey siguió la trayectoria de su mirada, tomó el marco y lo acarició con la punta de los dedos.

-Es muy difícil seguir para una mujer sola con su hijo, por eso regresé a la ciudad. Aquí están los abuelos de Chris que quieren estar más cerca de él y yo... necesito protegerlo. Allá no podía por mi empleo lejos de casa, en cambio acá lo cuido por la mañana, lo llevo a la escuela y todo está cerca de mi negocio. Por la tarde lo recojo y me lo llevo a la cafetería. Es un buen niño, muy tranquilo y no da problemas, pero si nuestro Chris estuviera con nosotros, sería mejor.

-Entiendo.- dijo Kaoru, recordando sus sentimientos al imaginarse un mundo sin Kenshin.- Lamentar mucho pérdida tuya. Tal vez un día... sólo alguien aparecer de la nada y ayudar con tu vida, como Kenshin conmigo.

-Gracias.- dijo Audrey poniendo el marco en su sitio.-Yo no sé si eso sea posible para mí. Siempre he tenido claro que Chris no volverá, y en todos estos años no ha aparecido quien me haga sentir que puede ser mi nuevo compañero. Además, ahora es más dificil, porque un hombre no sólo tiene que gustarme a mí. Tiene que ser bueno con mi hijo.

Alguien tocó la puerta y Audrey corrió a abrir. Mientras se ausentaba, Kenshin tomó la mano de Kaoru bajo la mesa y la apretó ligeramente.

-¿Ve que no había de qué temer?- dijo bajito. Kaoru solo asintió. Audrey entró seguida de Frank, quien los saludó. Kenshin le había pedido que pasara a recogerlos y se lo explicó a Audrey. Ella se entristeció ante la idea de que se fueran sin probar su café.

-Quédense... sólo un rato más, mientras lo prueban. Frank, tú tienes cara de que necesitas un café.- dijo Audrey animosa. El enorme hombre castaño miró de reojo a Kaoru y pensó que por su culpa había dormido bien poco, asi que aceptó el café.

Y si el chofer se tomaba uno, Kenshin y Kaoru tenían que volver a sentarse.

Tal como anticipó Audrey, el café de grano colombiano que les sirvió estaba de maravilla y tras compartir un agradable momento, los amigos se retiraron para ir al trabajo. Por un momento, al verla tan sola con su pequeño, Kaoru había sentido el impulso de quedarse a su lado y ayudarla, pero tenía sus obligaciones junto a Noriko aunque se lo planteó para el viernes por la mañana, aceptando Audrey de buena gana. Kenshin y Frank se fueron a la faena, donde el pelirrojo se deshizo en agradecimientos a su amigo por rescatar a su novia.

Mientras, en el trabajo, la reprimenda que recibió Kaoru de Noriko por salir corriendo y encima por el asunto del asalto fue colosal. Cabeza gacha, escuchó un largo reto que fue por momentos bastante duro y lo peor es que en cada uno de sus puntos tenía razón. Que pudo ser asaltada sexualmente, que se pudo haber caido en manos de quizá que psicópata, que debió pensar mejor las cosas y que había reaccionado como una inmadura chiquilla fueron algunas de las cosas que le dijo, sin embargo Kaoru, a traves de sus palabras pudo vislumbrar la preocupación de una madre postiza que había pasado un verdadero susto hasta que Kenshin le había informado, tras recibir la llamada de Frank, que todo estaba bien.

Noriko la apreciaba genuinamente y eso no pudo dudarlo. Más tarde se tomaron una hora para ver el asunto del pasaporte.

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Los días pasaron y las cosas parecieron retomar su ritmo habitual. Kenshin y Kaoru conversaron sobre Claire y sus palabras y la joven le pidió disculpas a Kenshin por desconfiar de él y no haber tratado ese tema antes. Sobre Kenshin, sólo tenía claro que si volvía a ver a esa vieja loca y mentirosa, le diría unas cuantas cosas que no quería que su dulce Kaoru escuchara. Le importaban un carajo los años de la señora, pero lo cierto es que no tuvo mucho tiempo de pensar en eso los días que vinieron, porque Impuestos Internos llegó a fiscalizarlos debido a una denuncia anónima por evasión y aunque tenían cómo imaginar quien hizo tal cosa, no tuvieron tiempo de ir a enfrentarla. Tuvieron que llamar a su contador y buscar todos los papeles que les solicitaron, confiados que todo estaba en orden, pero pasando un mal rato.

Eso no evitó que llegado el sábado, el cumpleaños número treinta y cuatro de Kenshin se celebrara con una buena fiesta como correspondía, con harta carne asada, harta cerveza y un enorme pastel, con música en vivo junto a sus amigos. Audrey no pudo estar presente por un compromiso con sus suegros, pero Kenshin la pasó fenomenal y qué decir de Kaoru que tenía esa sensación agradable de pertenecer a un grupo y la certeza de amar lo que amaba Kenshin.

A la mañana siguiente, Noriko se apareció por allí con panecillos recién horneados para desayunar con su hijo, mientras Kaoru seguía durmiendo pues había insistido en dejar todo limpio y ordenado antes de acostarse a dormir y en cuanto él la sintió llegar a su lado, le saltó encima con intenciones sexuales que ella aceptó de buen modo. Cuando terminaron y él se acomodó tras ella, Kaoru se encontró profundamente dormida en pocos segundos y ya por la mañana él no la quiso molestar.

Madre e hijo se encontraron conversando y repasando la última semana e invariablemente llegaron al tema de Kaoru. Le quedaba mes y medio en Estados Unidos y Kenshin no quería pensar en eso.

-Es complicada una relación a distancia, hijo mío. He pensado que en un tiempo más, podría hacer un contrato de trabajo para Kaoru y de ese modo, conseguir una visa para ella para que regrese por más tiempo.

-Yo la he animado a averiguar si puede postular a la visa U por el asalto que sufrió, pero Erick nos explicó que las visas U de este año ya se entregaron todas.

Noriko miró a su hijo. No sólo él no quería soltar a Kaoru. Ella tampoco.

-Es una niña tan linda.-dijo, mirando hacia el patio donde Rey olisqueaba algo.- Y si pudiera quedarse, sé que serías muy feliz. Podrían formar una familia y llenar este lugar de niños.

Kenshin miró a su madre preocupado, a la par que sorbía un poco de café.

-Sobre eso, madre, me gustaría explicarte algo.

-Dime.

-Seré directo. Kaoru no puede tener familia. Es imposible...

Repuesta del shock inicial, Noriko sonrió.

-Eso no es posible, cariño. Los milagros existen y...

-No es cosa de milagros, mamá. Ella... realmente no puede, está... probado mediante exámenes. Aunque le cuesta, puede embarazarse pero no pasar de allí. Ha sufrido varias pérdidas. - Dijo en voz apenas audible para Noriko.- Por eso... de ser posible... no quiero que menciones nunca más el tema de los niños. No delante de ella. No como algo que yo desee.

-Pero Kenshin... tu sueño siempre ha sido...-

-Ya no, mamá. Yo no quiero nada que Kaoru no pueda darme. Para mí lo más importante es estar con ella y que ella esté feliz.

Noriko recordó la llegada de Kaoru y algunos comentarios que le hicieron con Brenda. Se cubrió la boca por un momento, pero no hizo comentarios al respecto, ni quiso indagar más con su hijo.

-Pero dime, ¿qué piensas de ella ahora que han podido convivir más tiempo?

Acabando de pasar un pedazo de pan con café, Kenshin suspiró.

-Tiene que ser ella, mamá, la mujer que pase el resto de su vida a mi lado. Es que.. tú no te imaginas, yo la miro cada mañana y... sé que suena raro pero yo sé que no puede ser otra. Cuando yo la conocí me volvió loco. La iba siguiendo cuando llegamos a una plaza y se sentó por ahí. Entonces yo le inventé que estaba perdido...-

Conteniendo una risita de emoción, Kaoru, sentándose despacio en la escalera, escuchaba de Kenshin la versión real de su primer encuentro. ¿Asi que la iba siguiendo? ¡Qué psicópata! Pero escuchar esas cosas a poco de levantarse eran como un regalo.

-... Ella es muy fuerte, mamá. Aunque pienses que es una inmadura por lo del otro día, te aseguro que Kaoru es una mujer responsable, valiente, que siempre trata de salir adelante por sus propios medios. Yo estoy muy orgulloso de ella, por cómo se ha enfrentado a situaciones difíciles sin perder nunca esa amabilidad y esa chispa. Es, sin embargo, una mujer muy solitaria...

-Pues no se nota. Con todos tus amigos se lleva muy bien. Frank la adora.

-Es que ese es el punto... es como una joya que nadie había descubierto aún. Ni siquiera el marido que tenía sabía que ella podía ser tan... tan brillante como persona porque sólo se encargo de opacarla. A pesar de esa mala experiencia, ella me aceptó y no sabes lo honrado que estoy de que ella me permita ser su compañero.

Madre e hijo se sonrieron y escucharon algo que llamó su atención. Kenshin llegó a la escalera y descubrió a Kaoru con su pijama, sentada. Estaba emocionada por algo y lo abrazó fuertemente.

Nunca nadie había dicho esas cosas de ella y en realidad, ella pensaba que se sentía honrada de ser su mujer.

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Pasaron unos días y ya, más familiarizada con el barrio, Kaoru se animó a visitar a Noriko para encargarle un labial de esos de catálogo. Regresando a casa, un maullido de gatito llamó su atención, pero lo que encontró fue lamentable.

Se trataba de un felino que temblaba, en evidente estado de desnutrición, con todas sus vértebras notorias bajo la piel y la cola enrollada bajo el abdomen, en el cual había montones de pulgas circulando. Kaoru se le acercó y lo acarició, compartiéndole un poco de yogurth natural que traía en su bolsa de compras. El gatito lamió lo que ella puso sobre la tapa del envase para él.

Mirando bien al animal, resolvió que no podía ser un gato, porque tenía tres colores, asi que sólo podía ser una gatita. Le dio pena pensar que andaba sola por el mundo pasando hambre, sin rumbo y sin hogar, asi que la envolvió en un pañuelo que llevaba al cuello y se la llevó a casa. Allá le dio un baño, le dio algo de comer y le puso un lazo, aunque seguía viéndose feucha.

-Te llamarás Emily.- dijo Kaoru al recordar que había escuchado ese nombre por ahí y mientras ordenaba un poco la cocina, llegó Kenshin, a quien de inmediato la gata salió a recibir. En tanto Rey, un perro ya algo viejo a esas alturas, apenas y olfateó el aire ante la presencia del gato y siguió echado en su sitio.

-¿Y esta cosa?

-Es nuestra Emily.- repuso Kaoru tan campante. Kenshin pensó que al pobre animal le había pasado una aplanadora por encima y además, el lazo rojo se veía desmesuradamente grande para lo flaco que estaba.

-El gato se va. No me gustan.- repuso el hombre.- Los perros son los amigos, los gato son traidores.

-Por favor, quedémonos a Emily. Está sola y necesita un hogar...

-Kaoru.

-Por favor...

Kenshin se alegraba mucho de que por cosas del karma y el destino, Kaoru no fuera su hija porque no podia decirle que no. Feliz, ella tomó a su espantosa gata, a quien ya le había hecho una cajita con un cojin para que durmiera y la cobijó bajo su barbilla.

-Pero llévela mañana al veterinario para que le indique como cuidarla. Estando tan flaca, puede requerir otros cuidados.- Así lo hizo Kaoru al día siguiente muy temprano y le indicaron un desparasitador y otras cosas. Regresó muy contenta con su gata en una caja transportadora al trabajo y se la enseñó a Noriko.

-¿Qué es eso?-

-Mi gatita.- dijo Kaoru feliz. En el mismo veterinario había comprado un collar más adecuado para el gato con un coqueto cascabel. También le había comprado un rascador y aunque Noriko no entendía qué podía ver Kaoru en ese animal tan feo, la dejó ser.

Más tarde llegó Frank. Venía a buscar a Kaoru para algunas vueltas que tenían que hacer. Ella llevaba una carpeta con papeles para el contador y otras cosas para el banco. Sostuvo una charla agradable con Frank durante los trayectos y le agradeció nuevamente la ayuda prestada unas noches atrás. Contento, él sólo podia pensar que era un encanto tenerla a su lado.

Nunca en su vida había envidiado algo de sus amigos, pero ahora se encontraba queriendo a la novia del mejor y más querido para él. Había hablado hacía dos días con la chica que salía para dejar las cosas hasta ahí y estar por lo menos más tranquilo.

-Hace un poco de calor.- repuso de repente.- Tomémonos un refresco y seguimos donde Noriko. No nos demoraremos.

A Kaoru le gustó la idea y lo siguió a un negocio para comprar un par de gaseosas. Frank le contó un chiste y ella rió cuando él de pronto comentó como al descuido, ya sin poder contenerse.

-Eres muy bonita.

Aunque no la miraba directamente cuando dijo esas palabras, algo en ellas hizo saltar su corazón y no era que se sintiera emocionada con la idea, era que intuía una intención detras. Sin dejar de sonreír, Kaoru le dio las gracias por el cumplido y sorbió de su botella. Se tomó su tiempo para hablar, cuando regresaron a la camioneta.

-Me recordaste a ex marido.- dijo mientras se acomodaba en el asiento.

-¿Qué dices?- No tenía idea que fuera separada.

-Lo que escuchas. Yo estuvo casada tres años con hombre que decirme esas mismas palabras. Él siempre vio en mí algo que quería tener y no tuvo conmigo porque yo... sólo ser la cáscara de sus ilusiones, de pareja y familia. Por eso yo esperar que él ahora rehacer su vida también, no con mujer que él piense bonita, sino con mujer que él piense valiosa. Esa ser indicada. Yo estoy con hombre valioso. Tú hombre que valioso para alguna mujer buena.

-Entiendo.- dijo Frank, sentado al volante y haciendo partir la camioneta. Miró a Kaoru sonreírle y su corazón se desbordó por ella. Esperaba que tuviera razón y apareciera pronto esa mujer que ella le decía, o tendría que presentar su renuncia a Norken.-Gracias por aclarármelo con tanta delicadeza.-

Resultó que pasando cerca del barrio comercial, vieron a Audrey caminando hacia su cafetería. Kaoru le pidió a Frank aparcar para saludarla y al bajarse, Audrey les ofreció algo fresco para beber. Aunque no tenía sed, Kaoru aceptó enseguida y se sentó en un lugar cómodo y fresco con Frank. Cuando Audrey llegó con los refrescos, Kaoru recordó que había dejado su nuevo teléfono en la camioneta y esperaba una llamada de Kenshin, asi que corrió a buscarlo mientras Audrey se quedaba con Frank. Cuando regresaba hacia ellos los miró hacer y consideró que hacían una linda pareja.

Sonrió.

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Al regresar esa tarde a casa, Kaoru puso comida en el plato de su gatita, cuyo aspecto mejoraba y eso la complacía. Hacía mucho calor y decidida a darse una ducha, entró al dormitorio para buscar su ropa. Entonces encontró una caja misteriosa con una enorme rosa roja encima y una nota. Con sorpresa, recordó que ese día, veintiocho de Junio, era su cumpleaños.

Como no podía ser de otra manera, la nota era de Kenshin. Le deseaba un feliz cumpleaños y le pedía que usara el regalo que iba dentro de la caja. Kaoru pronto se encontró acariciando la suave tela de un vestido precioso color violeta. Emocionada, se bañó en tiempo récord, se peinó y se puso la hermosa prenda, mirándose asombrada en el espejo de cuerpo entero que había dentro de una de las puertas del armario. ¿En verdad esa era ella?

Esbelta, de fina cintura y piernas bonitas. Cuello fino, labios llenos, ojos oscuros y mejillas sonrosadas.

¿Cómo podía alguien tan simple como ella cambiar tanto con una prenda?

El vestido que le llegaba un poco más arriba de las rodillas estaba precioso como ninguno que recordaba haber tenido. Por suerte tenía unas sandalias color piel y cuando bajó al primer piso, se encontró a Kenshin impecablemente vestido de traje negro, de pie, delante de la puerta de entrada. Ya no traía el cabestrillo y lucía diferente. ¿Qué sería?

-Su cabello.- dijo acercándose.- Se lo cortó...

Lucía más joven y a su modo de ver, mucho más atractivo. Acarició su cabeza mientras Kenshin la miraba embelesado.

-Usted se ve bellísima. Tal vez no la saque a cenar como pensaba, alguien podría verla y querer robármela.

Tras besarse, subieron a la vieja, pero bien mantenida camioneta Chevrolet Silverado del año 97, de amplia cabina que era el tesoro de Kenshin, quien se puso al mando, contento de poder manejar de nuevo. Las calles estaban con poco tráfico y Kaoru pronto notó que guiaba por el medio. Eso le llamó la atención y recordó que tanto Frank como Noriko lo hacían de una forma normal, de todos modos, Kenshin sólo lo hacía cuando la calle estaba despejada del otro lado.

Llegaron a un restaurante donde Kenshin tenía una reservación. El lugar era de muy buen gusto y la comida, sabrosa. Kaoru nunca había estado en un lugar asi y relajados ambos, hablaron de su casa, del trabajo y de ellos, también bailaron. Pasaron un momento muy ameno y regresaron a su hogar, pero cuando Kaoru se iba a bajar de la camioneta, ya dentro del garage, notó que Kenshin no se movía.

-¿Pasa algo?

Kenshin la miró, con sus ojos brillando en la oscuridad

-No quiero que se vaya.

La joven lo miró comprensiva y le acarició la mejilla marcada.

-Usted sabe que tengo que hacerlo. Me queda muy poco tiempo aquí pero si quiero volver a verlos, tengo que irme por un tiempo. Luego volveré...

-Pero sólo podrá venir por dos meses este año.

-Lo sé.

-Yo no puedo viajar de nuevo a Japón, debo permanecer aquí y ocuparme del negocio...

Kenshin puso su mano sobre la de Kaoru.

-Lo entiendo, mi amor... - dijo ella, percibiendo el calor que rabiosamente irradiaba su palma.

-¿Por qué no se casa conmigo y se queda siempre? Le darán la residencia permanente, no tendremos que separarnos más. Le queda como mes y medio más, alcanzamos a organizar algo...-

Kaoru rió.

-Sería lindo... pero...- deslizó con cuidado su mano entre el rostro de Kenshin y la palma de este.- Yo... yo no puedo... usted lo sabe. No será padre conmigo.

Fue tal la tristeza que la embargó al decir eso que buscó la manilla de la puerta para salir, pero Kenshin la alcanzó a tientas, de una muñeca. Kaoru no alcanzó a escapar.

-A mí eso no me importa. No quiero ser padre. Sólo quiero estar con usted, siempre.

-Pero... algún día...- dijo Kaoru con la voz ahogada.- Querrá, como todos.

Kenshin se deshizo del cinturón de seguridad y tuvo la libertad para atrapar a Kaoru por la cintura y deslizarla sobre el asiento continuo de su vehículo hasta donde estaba él. Puso la nariz entre sus cabellos.

-Debió pensar en eso antes de acompañarme aquí, porque después de este tiempo, usted es mía, su fragancia y su cuerpo y su alma. Yo regresé a casa sano y salvo por usted y por Dios que si usted se va a Japón y no quiere regresar, yo dejo todo botado y me voy allá a instalarme a su lado. Puede pensar que soy un arrastrado y qué si lo soy, yo encontré algo que siempre quise tener y no me moveré un centímetro de su lado porque estoy seguro que aquí, abrazándola está mi lugar.

Kaoru no dijo nada, pero Kenshin la sintió temblar. Traspasando su cabello suelto, besó el cuello bajo su nuca y así siguió a cada lado de sus hombros. La joven movió la cabeza para facilitarle la caricia y pronto sintió que él le bajaba las tiras del vestido. Las manos de Kenshin masajearon sus senos y apretaron sutilmente cada pezón mientras ella se quitaba los zapatos con los pies. Él reparó pronto en el pulso que desbocado, percibía en su suave cuello y en su propio corazón igualando el ritmo.

-Vamos a la casa...- murmuró Kaoru, deseando ser tomada por él, pero Kenshin ya tenía otros planes. La levantó de una forma que la sorprendió por la fuerza que le mostraba, moviéndose él al asiento del copiloto y dejándola de frente sentada encima suyo.

-Pero yo la quiero ahora.- dijo chupando uno de sus senos, mientras sus manos apretaban el trasero de Kaoru antes de deslizarse entre medio de sus piernas. Ella lo abrazó por la cabeza y acariciando su centro sobre la ropa íntima con el pulgar, pronto aventuró un dedo dentro de ella. Enseguida se movió con el fin de liberar su miembro lo suficiente para penetrarla en tanto ella movía hacia un lado el puente de sus braguitas, abriendo el acceso para él. Bien erecto, Kenshin sintió a Kaoru bajar en él y atraparlo no sólo entre sus piernas, también entre sus brazos, aprisionándolo contra sus pechos tersos. Se sentía fantástico en ese lugar mientras ella llevaba el ritmo de la relación, subiendo y bajando. Aun cuando el espacio era reducido, no se sentían incómodos en la cabina.

Cuando uno de los senos de Kaoru pasó cerca de su boca, lo atrapó y le dio una caricia tal con su lengua, que ella tuvo que detenerse y arquearse hacia atrás para disfrutarlo con más intensidad. Kenshin la apretó hacia sí por la cintura y ella sintió una oleada de excitación con eso. Le gustaba esa fuerza física que él se atrevía a mostrarle por primera vez, le causaba un inmenso placer notar la intensidad de su abrazo, de cómo sus manos se enterraban en su espalda y su boca succionaba una de sus aureolas sonrosadas como si un dulce sabor adictivo brotara de ellas. Ella se frotó contra su miembro, gimiendo cerca de su oido.

-Te amo.- dijo Kenshin. Y se pasó al otro seno. Kaoru pensó que debía retribuir tanta generosidad y por eso se movió lo suficiente para quitarse rápido la ropa interior y volver sobre él. Se movió hacia arriba y abajo sin descanso, aunque variando los ritmos y guiándose por los gemidos de Kenshin. Fue así que descubrió a su vez una forma de moverse tal que rozaba algo especial en su intimidad y de ese modo encontró un genuino placer a la par que se lo brindaba a él. Fue ella quien se desató primero en su orgasmo y él la siguió con apenas segundos de diferencia.

Abrazados mientras recuperaban el aliento, se repitieron innumerables veces cuánto se amaban.

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Fin Capitulo 9

El honor de estar contigo

Noviembre 14, 2015.

Notas de autor.

He estado muy atareada por estos días por cosas relacionadas con mi familia y trámites que me tocó hacer. La musa ha estado medio esquiva y tengo otros trabajos que sacar adelante, asi que al menos hoy, me siento tranquila por sacar este capítulo. Ha sido más tranquilo tras el remolino que fue el anterior. Ya veremos el próximo.

Incluí la escena de la gatita Emily a modo de homenaje a mi cuchita que me acompaña siempre que escribo (Emilia), aunque tampoco es como un "Mary Sue" de mi mascota, a quien me la regalaron bien cuidada de una casa y que nunca ha pasado pellejerías. Quizá lo más traumático para ella fue la esterilización, pero por ahí anda, toda preciosa, jugando por la casa y durmiendo sobre mi ropa negra.

Ha sido muy entretenido adaptar los diálogos a los cambios de idioma, pero en especial los de Kaoru me han dado trabajo cuando habla en inglés con sus errores, y cuando habla en japonés de un modo correcto. Como soy muy distraida tuve que revisar el texto un par de veces para corregirla, encontrándome escenas en que le hablaba atarzanado a Kenshin siendo que entre ellos, a solas, se hablan muy formales, en su idioma natal.

Espero pronto llegar al final, para variar no estoy segura de si puedo condensar lo que me falta contar asi que si no termina en el próximo capi, sería en el once. O el doce... pero de que termina antes de fin de año, termina, señoras.

Cariños a todas.

Blankaoru.