te recuerdo mis advertencias
-NO LEAS SI NO TIENES LA EDAD MÍNIMA PARA CONDUCIR O COMPRAR UN ARM...
Espera... un momento. Esto no tiene gracia, si ya leíste el 1er capítulo a estas alturas ya estás condenado...
te añado algunas advertencias más entonces, a ver si esta vez sirven para algo
-SI SIGUES LEYENDO ESTO SERÁS VIOLADO/A EN SUEÑOS POR SUCUBOS/INCUBOS-
-SI SIGUES LEYENDO TE ACABARÁS POR PONER CACHONDO/A Y ESO TE LLEVARÁ ASESINAR
A MILES DE POSIBLES VIDAS HUMANAS DESPERDICIANDO TU ESPERMA/OVULO DURANTE EL PECAMINOSO ONANISMO
-SI ERES MUJER, SENTIRÁS LA IRRESISTIBLE TENTACIÓN DE DEJAR LOS ESTUDIOS,
Y QUEDARTE EN CASA CUIDANDO DE LOS HOMBRES DE TU FAMILIA
-SI ERES HOMBRE, DEJARÁS A TU NOVIA/MUJER (Y DEMÁS POSIBLE PROGENIE) PARA BUSCARTE UNA AMANTE JOVEN Y RUSA. TRATARÁS DE VIOLARLA PERO ELLA Y SU "BRADVA" ACABARÁN VIOLÁNDOTE A TI, ADEMÁS DE DEJARTE EN LA MÁS NEGRA DE LAS MISERIAS
- SI NO ERES NI HOMBRE NI MUJER Y LEES ESTO, TU IDENTIDAD SEXUAL SERÁ DEVORADA POR EL HETERONORMATIVISMO. FORMARÁS UNA FAMILIA, TRABAJARÁS DE 8 A 20 HORAS Y JUGARÁS AL GOLF LOS DOMINGOS, MIENTRAS FANTASEAS CON FURROS DE PELUCHE
ya no se me ocurre nada más
Compañera de Clase de la Talla S
2ª Parte
SESSHŌMARU
— Aparta enano, descansa un poco.
El guarro de mi hermanito parecía estar en las últimas, resoplando de rodillas en el suelo, totalmente agotado. Se había dejado el condón en el interior de Kagome al sacarla y no me queda más remedio que tirar de él, muerto de asco.
Cuando veo la goma la espalda se me empapa de sudores fríos y mi pulso, habitualmente propio de un cirujano, comienza a temblar levemente.
"¡Qué demonios!"
Y es que al tirar del condón no he podido evitar la visión del fino limo viscoso de un carmín intenso que lo recubre.
"¿Eso es sangre?"
— No puede ser…
Busco en su mirada el más mínimo rastro de engaño, esto debe de ser algún tipo de broma macabra. Tampoco es que Inuyasha hubiera sido tan bruto como para desgarrarla, a menos que…
— No… No puede ser que fueras…
Poco a poco voy perdiendo la seguridad y la compostura. Mi pene está a punto de estallar. El recuerdo de ella relajándose entre mis brazos, los ligeros gemidos que soltaba mientras sus pequeños pezones se endurecian entre mis dedos, me habían provocado la erección más dolorosa que he tenido en mi vida. Sin duda hace un momento ha tenido un orgasmo, además va por ahí con un maldito condón en el bolsillo, se lo monta con el imbécil de Hōjo, no puede ser que fuera virgen...
— ¡Je! Casi me asustas. No seas así. Si te gustó lo de Inuyasha, esto te va a encantar.
Me posiciono entre sus piernas y me trato de introducir lo más despacio posible. Ella se agarra a mi camiseta como si se estuviera ahogando en el mar y ésta fuera su único salvavidas.
— Si es la segunda vez, ¿por qué estás tan apretada? ¿No es tu primera vez, verdad? Si siempre llevas condón...
Ella no responde. Con una fuerza que no creí posible sigue agarrando a mi camiseta hasta que escucho las costuras partirse. Finalmente me clava una mirada de asustado reproche.
— ¿Por que? — La escucho murmurar en un hilo de voz. — ¿Fue por algo que dije?
Me quito la camiseta con un ademán decidido y ella me observa embelesada. Sus ojos son como dos pozos oscuros e inundados en lágrimas. Tengo la sensación de que me estoy hundiendo en ellos, profundamente, hasta quedarme sin aire. Inuyasha tenía razón. Me absorbe, me hundo en su interior empujando hacia adentro con las caderas y la cabeza me empieza a dar vueltas.
— ¿Qué es esto, Kagome? ¿Por qué no lo dijiste?
Ella no contesta pero no puedo ignorar la horrible vocecita en mi propia cabeza diciendo: "Sí que te lo dijo… No con palabras pero lo dijo. Lo dijo y no quisiste escuchar…"
— Si me lo hubieras dicho yo… Yo te lo habría hecho de otra manera...
No puedo detenerme ahora. Ahora que estoy tan adentro, tan profundamente perdido en ella, no puedo dar la vuelta. No puedo salir, no encontraría la salida, no querría encontrarla.
Con el pene profundamente incrustado en su interior sólo me queda un camino. Coloco con cuidado la mano sobre su vientre y comienzo a rozar suavemente su clítoris con mi pulgar.
Inmediatamente noto la presión alrededor de mi pene aumentar y ella abre un poco la boca acelerando su respiración. Su rostro se pone todavía más colorado. Sus pequeñas manitas agarran dos de mis dedos, tratando de apartar mi mano, pero al aumentar la presión de mi pulgar sobre ese mágico punto, se rinde y simplemente me aprieta con todas sus fuerzas. La visión de esas manos tan finas y pequeñas me provoca una punzada en el estómago.
— ¿Se siente bien, verdad?
— No… me duele…
— Tranquila… Es obvio que dolerá un poquito al principio. Pero pasará, te lo prometo.
Sus ojos siguen inundados y el torrente de lágrimas, ante mis palabras de consuelo, parece aumentar. Las trato de secar con mi mano libre para que no sigan ahogándome.
— Ya, para de llorar.
Necesito que pare, que deje de sufrir. Antes la calmé con mi beso, no pierdo nada por probar otra vez.
KAGOME
¿Por qué está haciendo esto? ¿Por qué es ahora tan amable? ¿Por qué me está besando con esos labios tan dulces? Noto en ellos el sabor de mis propias lágrimas y aún así son lo más dulce que he probado jamás. No puedo apartar la mirada de su rostro. Tan amable, tan preocupado, tan culpable… Cuando finalmente cierra esos ojos dorados, no me queda más remedio que cerrar los míos con él. Pero esa sensación vuelve… Esa sensación que me da tanto miedo. La que me deja impotente y temblorosa. Cuando finalmente sus labios se apartan de los míos respiro aliviada pero la sensación y el miedo no me abandonan del todo.
— ¡Para!¡Détente! — Logro mascullar… — Si sigues así yo…
Pero él no se detiene. La velocidad y la profundidad de su balanceo aumentan progresivamente. Su mano me agarra de la nuca y su lengua vuelve a hundirse profundamente en mi boca. Esa sensación de placer y pánico me embriaga y de repente deseo sentirla más intensamente, más adentro. Le abrazo con mis piernas y me aprieto con todas mis fuerzas contra él. Más profundo.
Nuestras lenguas pelean, sensuales, enredándose. Sesshōmaru me embiste más y más rápido. Un río de lava se escurre por mi interior, el calor aumenta y aumenta hasta que una cegadora luz blanca estalla detrás de mis ojos y un incontrolable gemido escapa de mi boca.
SESSHŌMARU
Lo he conseguido. O eso creo. Acaba de correrse, estoy seguro. Todavía noto como palpita alrededor de mi pene. No puedo dejar de mirarla, tan excitada, sensual y sudorosa. Ya es mía, ahora sólo me queda romperla de placer. Sonrío.
— Allá voy, Kagome.
Le vuelvo a abrir las piernas y aguantándome las ganas de embestirla con todas mis fuerzas comienzo de nuevo el juego. Con suavidad comienzo a frotarme contra los empapados
y resbaladizos labios de su vagina.
— ¿Mi pene se siente muy bien, verdad? Solo así, la puntita… Muy suave, quiero hacértelo muy suavecito…
Ella jadea con el rostro desencajado.
— ¿Te gusta? ¿Continúo?
Rozo mi glande contra su clítoris y continuó con circulares movimientos hacia su entrada.
— Vamos, di algo…
— Me siento rara…
— Eso es bueno…
La giro ligeramente de costado y me situo detrás, abrazándola con un brazo mientras uso el otro, firmemente posicionado en su trasero para dirigir el balanceo. La noto cada vez más húmeda y abierta, más resbaladiza. El aire se llena de sonidos húmedos y obscenos.
— A mí no puedes mentirme, Kagome… Venga, vamos de nuevo.
La coloco boca abajo y la penetro una vez más, empujando profundamente. Ella gime y se eleva en el aire permitiéndome sostenerla con mi mano sobre su pecho y pegando su espalda contra el mío. Con ese movimiento llego a lo más profundo de su interior y me permito embestirla con movimientos secos mientras mi otra mano sigue jugando con su clítoris.
— Aunque ya no seas virgen, es esta tu primera vez sin condon. Siénteme, Kagome.
Al escucharme ella se revuelve asustada.
— ¿No llevas uno?
— ¿Acaso no lo entiendes? ¿No notas la diferencia?
Vaya que si la nota, sus gemidos no pueden ser disimulados. Aunque proteste arquea la espalda todavía más permitiéndome llegar aún más profundamente
— Me lo prometiste… — Lloriquea entre jadeos. No, sigue sin entender. La agarro del rostro, girándolo y obligándole a mirarme.
— ¿Qué es lo que prometí?
Esa cara colorada no es de sufrimiento.
— Kagome… No me engañas. Estás disfrutándolo tanto como yo…
Le pego un lento lametón por el cuello acompañándolo con suaves mordiscos que terminan en su oreja, mientras la embisto cada vez más duro y rápido.
— Me la suda tu novio, eres mía. Mi olor está en tí, mi saliva, mi semilla...
La embisto más y más. Más fuerte, más potente… Le trato de aclarar su situación pero mi propia respiración acelerada hace que las palabras suenen entrecortadas por mis jadeos.
— Te voy a inundar, Kagome. Te llenaré… hasta arriba de mi esencia. Te marcaré… Eres mía, sólo... mía…
Con un gruñido me corro en su interior mientras la aprieto contra mí con todas mis fuerzas. Increíbles espasmos de placer me recorren de los pies a la cabeza. Es mía. Sólo mía.
Tras el orgasmo ambos caemos agotados sobre la cama. Mientras observo y acaricio su cuerpo pegajoso y caliente me sorprende una voz ñoña y consentida.
— ¿Es mi turno ya?
"¡Maldita sea! Me olvidé del cretino de Inuyasha."
— ¡Lárgate de aquí, imbécil! ¡Se acabó el espectáculo!
— Pero yo sólo lo hice una vez…
— ¡LARGO!
…
La tarde avanza lenta y sofocante. El pobre ventilador hace lo que puede pero a pesar de la tardía llegada del crepúsculo el ambiente de húmedo calor veraniego sigue siendo asfixiante
Sesshōmaru observa el cielo tornarse rojizo mientras habla por su celular.
— Sí… ya se fueron todos a casa… No… yo acabo de llegar… Sí... , ya quedamos mañana si eso… Oye Hōjo, sobre el mensaje de antes, ¿vas en serio con Kagome? … ¿Ah sí? ¿Y cuándo piensas dar el paso? … Bueno... Ya me lo contarás otro día…
Sesshōmaru cuelga el teléfono y baja la mirada hacia sus piernas donde se encuentra Kagome lamiéndolo con sensualidad.
— Hoy no viene, ¿quieres continuar?
— …
— Ya veo… Hoy realmente hace un calor insoportable…
