Una melodía nos unió. Nos dio un comienzo, felicidad y calidez.

Una melodía nos separó nos quitó nuestra alegría y nuestro amor.

(...)

El albino llegó corriendo al aeropuerto, buscó desesperadamente al azabache y lo vio a punto de entregar su boleto.

-¡Yuuri!-Gritó su nombre y corrió hacía él. El mencionado se giró extrañado.

-Viktor ¿qué haces aquí?-Preguntó serio, sin soltar la maleta.

-Yo...te a-Se interrumpió a sí mismo, ocultó sus ojos zafiro con su cabello y luego lo apartó con la mano.-Quería desearte suerte...

-Gracias...-Dijo casi en un susurro apretando fuertemente la manija de la maleta, quería llorar, quería gritar y ocultarse.

||como aquí no se puede poner música les pido que escuchen "Mia and Sebastian's Theme (Late for The Date) ||

-Sólo...sólo me hubiese gustado que durará más...-Miró fijamente al albino escuchando las palabras del ojiazul.

-A mí también.-Se le formó un nudo en la garganta.

-¿Por qué debemos separarnos?-Dijo con voz entre cortada.

-Por qué...me dejaste ir...-No pudo contenerse y las lágrimas salieron sin previó aviso. Entregó su boleto y miró al albino.

-"¿Siempre?"-Mencionó en un susurro pero audible. Recordando lo que el ojiazul le dijo aquella ocasión. -Yuuri ¿siempre?... -Siempre, Viktor

-Supongo qué este es el adiós, ¿no es así?-Sintió como las lágrimas amenazaban por salir, el azabache asintió sin dejar de llorar.

"No, no lo es, no es el fin. Por favor di que me necesitas, por favor dime que no me vaya, si me lo dices me quedaré contigo para siempre. Por favor te lo pido, no pongas un fin."

-Adiós Yuuri Katsuki-

-Adiós Viktor Nikiforov-Bajó la mirada y entró corriendo al avión. Lloró más y sintió como su corazón se rompía. Su primer y único amor lo había dejado ir, lo rompió en mil pedazos.

Guardó su maleta y se sentó en su lugar, miró la ventana y le echó un último vistazo a Rusia.

Desde entonces, Viktor Nikiforov se convirtió en el pianista más famoso de Rusia pero nunca dejó de practicar patinaje. Ha seguido soltero desde la última vez que vio a Katsuki.

Yuuri Katsuki se convirtió en el mejor patinador representante de Japón, se casó con una chica francesa y tuvieron dos gemelos. Viven felizmente casados.

?ᅡᅠSi no me hubieras dejado ir...?
.

-"¿Siempre?"-Recordó lo que el ojiazul le dijo aquella ocasión.

Caminó con determinación hacía él azabache y sin previó aviso lo tomó por las mejillas y lo besó apasionadamente.

Se separaron por falta de aire y lo miró fijamente.

-Siempre-Respondió, lo atrajo hacia él y lo volvió a besar siendo inmediatamente correspondido por su pequeño cerdito.

5 años después.

El albino y el azabache caminaban paseando a Makkachin disfrutando de su vida de casados hasta que Yuuri se detuvo es seco llamando la atención de Nikiforov.

-Yuuri ¿qué pasa?-Miró desconcertado al de ojos chocolatosos mientras que Makkachin agitaba la cola alegre.

-Viktoru...¿no escuchaste eso?-Dijo sin apartar la mirada de un callejón, la nieve comenzó a acumularse tanto en su cuerpo así como en el de Viktor y Makkachin.

El ojiazul iba a preguntar sin embargo, un llanto lo interrumpió. Yuuri abrió los ojos sorprendido y se echó a correr hasta el fondo del callejón. Viktor y Makkachin lo siguieron instintivamente.

Al llegar al final del callejón se llevó la mano a la boca, vio como Katsuki se agachó y se incorporó con un pequeño en brazos.

Se acercó a él y logró apreciar que el pequeño era rubio, abrió lentamente sus ojos y se pudo apreciar un hermoso tono verde.

-Viktor...-El azabache lo miró y su rostro lo decía todo, no quería dejar a ese pequeño ahí sólo.

-Vamos Yuuri, llevemos al pequeño Nikiforov a casa-Katsuki sonrió y asintió demasiado alegre, miró al pequeño y este estornudo por la nieve. La pareja empezó a caminar en dirección al departamento.

-¿Cómo le pondremos?-Encarnó una ceja el albino mientras Yuuri no paraba de mirar al pequeño.

-Yuratchka, pero le diremos Yuri-Rió levemente haciendo que Viktor sonriera al ver la alegría de su amado.

-Yuri es muy confuso, ¿qué tal Yurio?-Miró al pequeño y este al ver la cercanía de Viktor le jaló un mechón, este automáticamente se quejó pero después rió.

-Me parece perfecto-Murmuró Katsuki. Desde entonces, los Nikiforov me cuidaron como a su propio hijo...

¡Gracias por leer!