Bueno, por fin después de tanto tiempo sin subir ni un solo capítulod e mis dos fanfics largos y tras un one shot del cual me siento bastante a gusto que puede que haga esa historia cuando acabe con esta. Quiero pedir disculpas para todos aquellos que hayan esperado mucho por un nuevo capítulo, de verdad lo siento, no tengo más excusa que pereza y algunos puntos de bloqueo en este capítulo, que por cierto es el más largo que he escrito hasta la fecha desde que empecé a escribir para esta página. Sin más espero que os guste el capítulo :)

No soy dueño de nada de pokemon, esta franquicia pertenece a Nintendo y a los creadores del manga y el anime, sin embargo, la trama de esta historia es mía y los personajes también, además de algunos poderes extra que pienso que no quedan mal en este tipo de historias. El archipiéalgo Narel y todo su contenido también es invención propia, así como los personajes, si alguna vez meto un personaje cannon será avisado en esta Nota de Autor.

Un pequeño reto: a ver si lográis adivinar qué son los animales del cuadro y del ordenador mencionados en la tercera parte de este chap :)


Lugar: Pueblo Linde. Isla Kiros. Norte del archipiélago Narel. Mundo Pokémon.

Estación: Otoño

-¡Rad! ¡Shade! ¿Dónde os habéis escondido? Entrad en casa antes de que empiece a llover. –la voz del chico que hablaba sonaba con urgencia conforme el joven gritaba pero no recibía respuesta por parte de aquellos a los que se refería.

Tras esperar un poco, el chico soltó un suspiro de resignación y empezó a alejarse de su casa, situada en el extremo del pequeño pueblo. Estando al borde de los árboles, era la más cercana al bosque y una de las más grandes. Todas las familias del pueblo son familias humildes, generalmente las familias ricas prefieren vivir en las grandes ciudades en las grandes regiones como Sinnoh, Teselia o Kalos, aunque a veces prefieren quedarse en la tierra en la que nacieron en alguna de las capitales de una de las cuatro islas habitadas por humanos de Narel.

Volviendo con el joven que había salido de su casa. El chico estaba buscando por el límite del bosque, llamando a gritos los dos nombres mencionados anteriormente. Ante la falta de respuesta, el chico decidió adentrarse en el bosque con un suspiro pesado.

-Nunca entenderé porque a estos dos les gusta tanto estar fuera por la noche o cuando hace tormenta… para colmo esta vez es las dos a la vez. –murmuraría para oírse a sí mismo por encima del ruido de las hojas moviéndose por el viento que empezaba a aumentar ligeramente de velocidad.

Como si el tiempo intentase remarcar la urgencia de la situación, un rayo se mostró en el cielo y, tres segundos después, el trueno retumbó por toda la zona. Deteniéndose un momento a mirar el cielo, el chico pudo sentir como las primeras gotas de lluvia le caían en la cara, colándose entre las hojas de los árboles. Sin más, el chico volvió a ponerse en marcha, ignorando en la medida de lo posible la lluvia que empezaba a caer.

No lejos de allí, una pareja de hermano y hermana jugueteaba en un claro, disfrutando de la lluvia en la noche.

-No me vas a pillar Shade –gritó el macho con clara excitación mientras corría por el claro, intentando evitar que su hermana le atrapase.

-Eso lo veremos, Radius. –respondió ella.

Los dos hermanos eran de la misma especie, los dos eran Eevees, sin embargo, había claras diferencias a parte del género de cada uno. El macho, Radius, era como todos los demás Eevees, de pelaje marrón con una especie de collar de pelaje de color crema a la altura del cuello y con la punta de la cola del mismo color cremoso; por otra parte, la hermana era mayormente igual, en forma y tamaño, decantando que los dos o tenían la misma edad, o estaban cerca el uno del otro, sin embargo, el pelaje de la hembra, Shade, era de color plateado en la mayor parte de su cuerpo y la punta de su cola y su collar de pelaje eran de un blanco puro como la luna y sus ojos eran de un color plateado y cuando le daba la luz, sea del sol o de la luna, parecía que su pelaje emitía una especie de brillo especial.

Los dos hermanos jugaban tranquilamente, sin importarles en absoluto la tormenta nocturna que estaba cayendo sobre ellos, era como si ambos estuviesen de lo más cómodos en estas condiciones. Radius era rápido pero Shade tenía un gran aguante y no le costaba mucho mantener la persecución, incluso cuando su hermano esprintaba para poner distancia entre ambos. Después de un largo rato jugando a pillar, los dos decidieron parar para recuperar un poco de aliento, sentándose en mitad del claro el uno junto a la otra.

-¡Ahí estáis! –oyeron de pronto una voz y los dos se giraron para ver quien había hablado.

En el borde del claro se encontraron a un Espeon macho. Sus ojos púrpura fijos en ellos con una sonrisa cálida en el rostro mientras se acercaba a los dos hermanos.

-¡Hey, Papá! –saludó Radius con una sonrisa moviendo la cola de lado a lado acercándose al pokémon psíquico.

-¿Qué haces aquí? –preguntó Shade acercándose también a él.

-Buscaros a vosotros dos. Ichiro está a punto de llegar. Ya sé que os gustan las tormentas nocturnas, pero hace demasiado frío y podríais pillar un resfriado. Venga, vamos a casa y allí podréis jugar todo lo que queráis. –dijo el adulto con tranquilidad, girándose y empezando a caminar por donde había venido, con los dos cachorros justo detrás.

Tras caminar un poco, los tres pokémon se encontraron con un humano que esperaba apoyado en un árbol con una expresión severa en la cara.

-Bueno, ahora vamos a casa a darnos todos un baño caliente y luego cenar. –dijo el humano dándose la vuelta- Te juro, Hadrim, que les voy a poner collares de castigo si vuelven a escaparse de casa. –dijo el chico mirando al Espeon, quien no hizo ni un solo ruido, solo se quedó mirando al humano con rostro tranquilo mientras caminaban.

-Sí, sí. Ya sé que les gusta jugar en estas condiciones temporales, y más si es de noche, pero no tienen por qué salir del jardín de casa. Es un alivio que no tengamos pokéballs en casa, si no mis padres ya las habrían usado hace tiempo. –dicho eso, los cuatro empezaron a caminar de vuelta a la casa, con los dos cachorros sabiendo que su padre había hablado telepáticamente con el humano.

Después de media hora por fin llegaron a la casa, y los dos cachorros no tardaron en ser levantados del suelo en brazos de una Lucario con la cara muy seria.

-Cachorritos, me vais a decir ahora mismo por qué os habéis vuelto a ir al bosque. ¿Es que no podéis jugar en el jardín? –les reprochó.

-Luca, tranquila. No han llegado a enfermarse. Pero aun así, Radius, Shade, queremos que os disculpéis con Ichiro por haberle hecho salir a buscaros de nuevo.

Los dos hermanos asintieron bajando las orejas y colando las colas entre las patas ligeramente mientras Luca, la Lucario, los dejaba en el suelo de nuevo. Luca no era diferente a cualquier lucario, su pelaje era azul, negro y crema como todos y siempre mostraba un comportamiento amable y tranquilo, si había problemas, junto con Hadrim, los dos defendían su hogar junto a los humanos. Una vez en el suelo, los dos Eevees y el Espeon se dirigieron al baño, encontrándose al chico humano terminando de preparar la bañera. Una vez dentro, Hadrim cerró la puerta y pasó el cerrojo utilizando una versión suave de Psíquico. Los dos Eevees se acercaron a Ichiro y llamaron su atención frotándose contra una de las piernas del humano, quien, al sentir eso, dirigió su atención hacia los pequeños, quienes solo apoyaron las patas delanteras en sus muslos, ya que el chico estaba de rodillas en el suelo, mirándole con una carilla triste y con una disculpa en los ojos.

-Os habéis disculpado tantas veces con esas caritas que empiezo a preguntarme si esas disculpas son sinceras. –respondió el chico todavía con una expresión dura, haciendo que los dos cachorros retrocediesen ligeramente, sin embargo al final, el humano solo mostró una gran sonrisa- Bueno. No os pongáis así, pero no volváis a salir del jardín, ¿vale? Recordad que nunca habéis estado en una pokéball por lo que cualquier entrenador que os encuentre podría intentar atraparos, los Eevee son una especie muy rara aunque sean una de las más comunes de esta isla, junto con el resto de su línea evolutiva. –no era broma, Kiros también es conocida como "la isla Eevee" debido a la abundancia de Eevee-evoluciones a lo largo de toda la isla y es gracias a esta abundancia en este punto que los humanos normalmente dejan tranquilas a las manadas de estos pokémon que se encuentran. Claro de vez en cuando algún pokémon se separa del grupo y se acerca a los humanos por a saber qué razón. En el caso de Hadrim, la razón era mucho más clara: el Espeon no podría olvidar esos días.

Ya hacía cinco años desde que había pasado, Ichiro en aquel entonces tenía once años. En medio del bosque, un Eevee se había separado de su manada y estaba intentando seguir su rastro para volver con ellos. El pequeño Hadrim estaba perdido y asustado. Después de un rato caminando, un ruido le llamó la atención, al girarse, lo siguiente que Hadrim vio fue un Ariados saltando sobre él al mismo tiempo que un ataque azotaba con fuerza al joven Eevee, derribándole en el suelo antes de que el pokémon araña le sujetase completamente con su peso.

-Valla parece que he encontrado un delicioso bocadito. –dijo el Ariados con un tono burlón en la voz.

Asustado, Hadrim se removía sin parar, intentando liberarse del depredador que quería convertirle en su almuerzo. Sin embargo, cuanto más se movía, el joven Eevee se sentía cada vez más débil, empezando a sentir náuseas y a notar su visión borrosa.

-¿Qué pasa? ¿No puedes soportar un poco de veneno? –se burló el arácnido sobre él para luego retroceder.

Ariados no estaba preocupado, su pequeña presa estaría demasiado débil para llegar muy lejos si intentaba escapar, y lo intentó pero tan pronto como Hadrim se levantó, Ariados le atrapó una de las patas al suelo con su disparo demora y luego hizo lo mismo con las otras tres antes de acercarse para terminar de envolver al joven Eevee en esa tela pegajosa. Sin embargo, tan pronto como el Ariados estuvo junto a Hadrim, otro pokémon intervino, logrando acertar en la cara del arácnido con una pierna envuelta en llamas. Sin perder un momento, el recién llegado empezó a lanzar ataques con sus patas superiores, ya que era un pokemon que se movía a dos patas, pero tenía mayormente aspecto canino, Hadrim no tardó en reconocerlo como un Riolu. Mientras el Riolu continuaba encargándose del Ariados, Hadrim oyó pasos acercándose a él. Al girarse vio a un humano sujetando algo que se asemejaba a una cuchilla de un Syther pero de mucho menor tamaño. Viendo ese objeto, Hadrim intentó volver a escapar mientras le humano se acercaba a él y se agachaba a su lado.

-Quieto. Tranquilo, pequeño Eevee. –dijo el humano con tranquilidad acariciándole suavemente el lomo, soltando el objeto afilado delante del pokémon- ¿Ves? No voy a hacerte daño. –le dijo- Voy a usar esto para soltarte las patas, ¿de acuerdo? –dijo el humano señalando el objeto y en cuanto Hadrim asintió, por supuesto todavía algo asustado pero manteniéndose lo más quieto posible, el humano volvió a coger el objeto y agarró una de las patas del joven Eevee para ayudarle a tenerla quieta antes de cortar la seda que ataba su pata al suelo y liberar la pata. Tras hacerlo con las cuatro patas, el Riolu había vuelto, el Ariados, herido, había decidido salvar la vida y escapar, decidiendo que no merecía la pena morir por tan poca comida.

Cuando Hadrim estuvo libre intentó caminar un poco, pero todo su cuerpo estaba débil debido al veneno y al final cayó al suelo. Fue el Riolu quien se dio cuenta del problema y se lo dijo al humano. Mientras el pokémon emanación intentaba explicar el problema, Hadrim pudo sentir algo que venía de ese pokemon. Se dio cuenta de que estaba sintiendo su preocupación. La sensación de notar la preocupación del otro era extraña para él, pero no tuvo tiempo de pensar demasiado antes de ponerse a toser un poco debido a la sensación de enfermedad que le daba el veneno. Sin esperar ni un momento más, el humano cogió en brazos al Eevee y echó a correr, con el Riolu en los talones. Hadrim perdió la cuenta del tiempo que el humano estuvo corriendo después de muchos minutos. Lentamente, el veneno estaba llevándole a la inconsciencia. Mientras tanto, el humano, cada vez que veía que el pequeño pokémon estaba a punto de cerrar los ojos lo movía un poco para despertarlo.

-Hey. Aguanta. Ya casi hemos llegado. –le dijo el humano con tranquilidad, pero Hadrim pudo notar un poco de preocupación en su voz.

-Intenta mantenerte despierto, Eevee. –le llegó una voz femenina desde atrás.

Mirando hacia atrás vio que procedía del Riolu que corría tras el humano, que le miraba con un brillo preocupado- Ichiro va a llevarte a un Centro Pokémon para que se encarguen de tu envenenamiento. Aguanta un poco más. –le dijo ella ofreciéndole una sonrisa.

El pequeño Eevee solo asintió lentamente.

Poco rato después por fin llegaron al lugar. Sin perder un momento la humana a cargo del lugar, acompañada de un Jolteon, un Audino y un Sylveon, preguntó qué había pasado. En cuanto le explicaron la situación el Sylveon utilizó sus lazos para coger al pequeño Eevee de los brazos de Ichiro y luego los tres pokémon y la enfermera se apresuraban a la zona de cuidados, sin correr pero a paso rápido.

-Ya puedes descansar, Eevee. No te preocupes por nada, solo intenta recuperar fuerzas. –le dijo el Jolteon.

Incapaz de responder ni de mirar a quien había hablado por el agotamiento, Hadrim solo cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño. La siguiente vez que despertó se sentía mucho mejor y con fuerzas renovadas. Desde ese día, Ichiro y Luca, la Riolu, se habían encargado de cuidarle hasta que su manada pasó cerca del pueblo en el que vivían y él pudo regresar con ellos. Era un día soleado y la alegría de volver junto a su familia, junto a la felicidad que había experimentado viviendo al cuidado del pequeño humano, fue suficiente para hacerle a evolucionar a Espeon delante del humano, la Riolu y la manada. En ese momento fue capaz de enviar su agradecimiento al chico por su ayuda antes de partir con la manada, aunque siendo la primera vez que utilizaba la telequinesis el mensaje no estaba muy claro.

Varios meses después de aquello Hadrim había decidido volver con el humano. Recordaba el lugar con mucha claridad y no le costó regresar. Cuando el chico humano le vio de nuevo le recibió con los brazos abiertos, al igual que Luca, que todavía era una Riolu y desde entonces todo ha ido bien.

-Hey, Hadrim. –le llamó la atención el humano- ¿Vas a entrar en la bañera o tengo que meterte también a ti? –dijo con una sonrisa mirando al Espeon junto a sus dos cachorros, que ya estaban dentro de la bañera y levantados por encima del borde para mirarle.

Sin decir nada, el Espeon solo saltó dentro de la tina y dejó que la tibia agua empapase su cuerpo tras salpicar los alrededores y al humano, calentando la fría agua de la lluvia que todavía estaba sobre su pelaje. Los dos cachorros estaban sentados en cajones de madera llenos de piedras para evitar que flotasen mientras que él estaba directamente sentado sobre el fondo de la bañera mientras Ichiro empezaba a mojarles por completo con un pequeño cazo antes de pedirles que saliesen tras haber frotado sus cuerpos desde la nariz hasta las puntas de las colas. Los tres pokémon salieron de la bañera con tranquilidad y se sentaron en el suelo mientras el humano se remojaba a si mismo antes de dejar correr el agua por el bajante y empezar a enjabonar a los pokémon y de nuevo a él mismo para luego pasar la ducha por encima de cada uno para aclarar el jabón. Después de eso secar a cada uno y, para terminar, todos a cenar.

En la familia de Ichiro les gusta tratar a los pokémon como iguales, así que en lugar de darles comida pokémon lo que hacen es tomarse su tiempo para prepararle a cada uno su comida favorita, asegurándose de prepararla a conciencia para evitar cualquier cosa que les pudiese hacer daño. A veces incluso Luca se tomaba la molestia de preparar unas cuantas salsas de bayas para cada uno mientras la madre de Ichiro cocinaba tranquilamente. Después de la cena, toda la familia se reunió en el salón para jugar un poco a un juego de mesa, retirándose uno a uno según les iba dando sueño. Siendo Ichiro el único acompañado por los cuatro pokémon que eran las mascotas de la familia, pero que no eran tratados como mascotas.


Lugar: Ciudad Llana. Isla Corum. Oeste del archipiélago Narel. Mundo Pokémon.

Estación: Otoño

-¡Por allí va! ¡Coged a ese pokémon! –gritaría una voz tras Luna mientras esta corría haciendo uso de toda la fuerza que había en sus pequeñas patas en un intento de escapar de sus perseguidores. La huida la había llevado hasta una ciudad humana en la que parecía no haber dónde esconderse. Tras dar un giro para entrar en los callejones entre los edificios, Luna se encontró con un callejón sin salida. Bloqueada por una gran verja no tenía forma de escapar salvo que intentase escalarla, lo cual solo resultó en caer al suelo de nuevo y darse un fuerte golpe en la cabeza, quedando aturdida y ligeramente mareada.

-No tienes dónde escapar, Vulpix. –la voz le llegaría de nuevo y Luna miraría hacia la salida del callejón, viendo a un humano con gafas que no dejaban ver sus ojos, mirándola directamente a ella con una sonrisa en su rostro. El humano tenía el pelo aplastado y echado hacia atrás, de tez pálida, como si hubiese pasado mucho tiempo sin salir a la calle, vestía una camisa oscura y un pantalón vaquero claro y, encima de todo eso, llevaba una gran bata de laboratorio abierta. En una de sus manos llevaba una soga con la que previamente había intentado amarrar a la pequeña zorra para hacerla ir con él y en la otra mano tenía una vara alargada cuyo uso Luna había visto muy bien cuando la utilizaron para hacer, de un modo desconocido para la Vulpix, que la vara imitase un ataque Onda Trueno y paralizar a su madre cuando esta se metió en medio para evitar que el ataque golpease a su cachorrita. Después de eso Luna no sabía que había pasado con su madre, solo sabía que había salido corriendo y cuando miró atrás, solo pudo ver durante un segundo que estaban utilizando esa soga para meter a la Naintales en una jaula antes de tener que apartarse del camino de otra soga que por poco le rodea el cuello y salir disparada de allí sin perder más tiempo.

La Vulpix estaba agotada después de tanto correr y el intento de escalar aquella verja no había ayudado mucho. Cuando intentó levantarse, el humano lanzó de nuevo la soga hacia ella. Durante un momento, los rojos ojos de Luna se fijaron en el aro de cuerda que estaba pasando alrededor de su cabeza antes de cerrarse bruscamente alrededor de su cuello, tirando de ella hacia el humano y apretándose alrededor de su pequeño cuello, casi cortándole el aire, pero impidiendo que Luna pudiese utilizar su ataque de ascuas para quemar la cuerda y liberarse. Lo peor era que, mientras intentaba resistirse, tirando con sus propias fuerzas, siendo arrastrada hacia el humano, haciéndose daño en las patas como consecuencia, la soga se apretaba más fuerte alrededor de su cuello, ahora sí, impidiéndole respirar bien y drenando sus fuerzas un poco más cada vez.

Luna ya lo daba todo por perdido cuando, de pronto, un ruido metálico se oyó y ella retrocedió un par de pasos antes de caer sentada, tosiendo después de casi quedar asfixiada por la soga que todavía estaba alrededor de su cuello, sin embargo, el final de la soga estaba en el suelo, a medio camino entre ella y el humano. No había nadie más allí pero la cuerda había sido limpiamente cortada e incluso se podía ver, si se miraba lo suficiente, una muesca en el suelo señalando que algo había chocado con este. El humano se había quedado completamente paralizado y boquiabierto ante la repentina ruptura de la cuerda. Sin embargo, tras un momento, levantó su porra eléctrica, de la cual empezaron a saltar chispazos en el momento de apretar un botón en el mango, y la apuntó luego contra la pokémon. Cuando estaba a punto de disparar, algo extraño pasó. De pronto, una especie de neblina de color negro apareció en el callejón. Cegada por la neblina que no tardó en volverse tan densa que impedía ver más allá de sus narices, Luna solo se quedó quieta. Pasado un momento oyó un grito ahogado, un ruido contra el suelo y… nada, silencio completo. Tras varios minutos, la neblina se despejó y la pequeña Vulpix se encontró sola. Allí ya no estaba el humano que intentaba atraparla, ni rastro de lo que fuese que hubiese salvado su vida.

Sin embargo, cuando se puso a caminar para salir de allí cuanto antes, al pasar por la zona en la que había estado el humano momentos antes, la pequeña notó algo húmedo en sus patas. Al mirar hacia el suelo la única palabra que venía a la cabeza al ver sus ojos era "Terror". En el suelo, justo donde había estado su perseguidor, ahora solo había un gran charco de un líquido rojo y espeso que a ella no le costó mucho reconocer. Para rematar, a un lado, el charco se estiraba ligeramente, señalando que algo había sido sacado del líquido a rastras. Sin embargo, el rastro desaparecía completamente tras alejarse unos pocos metros. A parte de la sangre en el suelo, no había más señal de nadie. Ni cuerpo, ni ropa rota, solo la sangre y, bajo el aroma propio de susodicho líquido vital, había un olor extraño, un olor que se grabó a fuego de inmediato en la mente de la pokémon zorro en cuanto fue capaz de detectarlo, más que nada porque era un olor completamente nuevo para ella y que logró sacar su atención de la escena ante ella, gracias a su propia curiosidad. El aroma tenía aires antiguos, trazos de sabiduría, fuerza y poder y ligeros matices eléctricos; ante una segunda olfateada, ignorando en la medida de lo posible la peste a sangre, Luna juraría que pudo encontrar ligeros toques de añoranza y tristeza. Definitivamente ese no sería un olor fácil de olvidar para la joven.

El ruido de un cubo de basura al caer al suelo la sacó del análisis olfativo que había logrado hacer que se olvidase de la mancha de sangre que había ante ella. Mirando hacia atrás, la Vulpix no vio nada, pero decidió volver a ponerse en marcha. Tenía que encontrar un lugar seguro donde ocultarse para descansar. Antes de ponerse en marcha, esta vez, se deshizo de la soga como mejor pudo, logrando poner una pata delantera dentro del lazo y tirando para abrirlo lo suficiente para que este se cayese por sí solo. Con una pata manchada de sangre ya seca, Luna comenzó a caminar, alejándose de ese callejón. Sin embargo, cuando estuvo a punto de llegar a la calle principal, un grupo de pokémon de las calles saltó a su paso, entre ellos había un Skuntank, un Purugly, varios Meawth, un Purloin y un Liepard. Las cosas no iban tan bien para la pobre Luna. A pesar de que intentó defenderse, tanto por su propio cansancio, como por el número de contrincantes, la pobre recibió una paliza hasta quedar tirada en el suelo, echa un despojo, cubierta de cortes de arañazos y con moratones bajo el pelaje en las zonas golpeadas. Intentaba con toda su voluntad mantenerse consciente, sin embargo, no pudo mantenerse despierta y sus ojos se cerraron un momento después de que dos elegantes zapatos negros con cordones finos entrasen en su campo de visión, acompañados por una sombra que cayó sobre ella, cubriéndola del Sol de mediodía que estaba dando sin piedad sobre la apaleada Vulpix.


Lugar: En un bosque sin nombre. Afueras de Pueblo Calner. Mundo Animal.

Fecha: 11 de noviembre, año no especificado

Despertar en la cama. Sentir la almohada contra la cara, aplastándole la oreja, con el pelo alborotado. No recordaba bien que había pasado. Dark solo sabía que la noche anterior se había puesto a jugar porque no podía dormir, en un punto de la noche decidió ir a beber un poco de agua, cruzándose con Alejandra en la cocina y sirviéndole un vaso a ella a parte de uno para sí mismo. Después de beberse el agua y explicarle su situación a su nueva amiga, los dos volvieron a las habitaciones. Antes de que Alex entrase en la habitación de Natalie, le dijo a Dark que esperaba que pudiese dormir un poco, le vendría muy bien, teniendo en cuenta que al día siguiente tenían un campamento que montar. Tras mirarla a los ojos un momento, Dark solo sonrió tranquilamente y le dio las buenas noches antes de meterse en la habitación y cerrar la puerta. Lo siguiente que recordaba era estar jugando un rato más antes de sentir que el sueño se apoderaba de él. No perdió mucho tiempo en apagar el ordenador y acostarse en la cama, asegurándose de dejar espacio a Reisor. Menos de un segundo después, Dark estaba totalmente roque, roncando ligeramente sumido en lo que para él era el más delicioso de los placeres… el que solo proporciona una larga noche de sueño y descanso.

Después de desperezarse, Dark cogió la ropa que se iba a poner ese día, con todas las piezas de ropa en la mano siguió su costumbre de dejar el pijama tirado sobre la cama y caminar por el pasillo hasta el baño sin nada cubriendo su cuerpo. Por suerte no se cruzó con nadie por el pasillo antes de pensar que podría haber ido en pijama al baño y luego recogerlo todo. Después de una fresca ducha mañanera, el chico se vistió con un pantalón de chándal oscuro con una línea blanca por la línea de la costura a ambos lados y marcando los huecos de los bolsillos, los cuales tenían cremallera y atando el cordón de la cintura para evitar que la prenda se le viniese abajo mientras caminaba; se colocó una camisa blanca de deporte y luego se puso unas deportivas de suela blanca con tela gris y líneas y cordones de verde fosforito y para terminar, un chaqueta oscura de tela del estilo de las chaquetas de los deportistas, fresca pero que impide que el que la lleva sienta mucho frío. Después de eso se dirigió a la habitación, recordando que ese día él y Natalie irían con Reisor y Alejandra a pasar el fin de semana al bosque junto a sus tutores y a una profesora amiga de estos últimos. Una vez allí cogió una maleta de acampada con muchos bolsillos, dos por delante, dos a cada lado y los bolsillos grandes para las cosas grandes, además de eso, las ataduras para el saco de dormir enrollado y un segundo bolsillo grande separado del primero para así separar la ropa de la comida. Tras colocar la ropa en uno de los bolsillos grandes, unas linternas y pilas en los bolsillos pequeños, junto con algunas otras cosas que podrían resultar útiles, entre ellas, cerillas para encender una hoguera, dejándolo todo preparado, Dark cogió su maleta y la llevó junto a la puerta, donde ya estaba la de Natalie.

No hizo falta preguntar dónde podían estar, al llegarle el olor del desayuno, Dark se dirigió de cabeza a la cocina. Claramente estaba de mejor humor después de haber podido descansar. En la cocina estaba su madre, preparando un desayuno abundante para todos, su padre estaba sentado a un lado con su cafelito de todas las mañanas, esta vez sin periódico, hablando con Rei y Alex, conversación en la que Nat estaba haciendo de mediadora para sacar a sus amigos del apuro de algunas preguntas de su padre, no es que fuese duro ni nada, simplemente que el hombre a veces actuaba de forma algo más alegre y bromista y algunas de sus preguntas tenían algún matiz de doble sentido, algo que Alex parecía notar casi enseguida, pero que Reisor tardaba más en entender pero que no encontraba tan divertido sin embargo, tal vez porque no lo entendía… o simplemente no le hacía gracia. Tanto la madre como el padre llevaban ropa casual ese día, informal, pero no por ello dejaban de estar bien vestidos.

-¿Está ya el desayuno, Gara? –preguntó el padre tras dar un gran sorbo de aire por la nariz.

-¿Por qué no me ayudas a poner la mesa, Jonay? –respondió la nombrada con un pequeño tono de demanda.

-Vale, vale. –dijo Jonay con una sonrisa, levantándose y cogiendo platos para todos y poniéndolos en la mesa tranquilamente.

Después de eso, Gara comenzó a coger cada plato y a poner el desayuno, que consistía en huevos con tostadas y bacon.

Tras un desayuno acompañado por una conversación sobre la pequeña escapada de fin de semana que iban a tener los chicos y una llamada a los tutores de Rei y Alex, los cuatro chicos estaban preparados para irse. Lo único que faltaba era que llegasen los tutores a buscarles. Los cuatro estaban sentados fuera de la casa, sentados en un banco de la calle. No tuvieron que esperar mucho antes de que llegasen conduciendo un furgón de color verde oscuro con aspecto de ser nuevo.

Tras un largo trayecto en coche durante el cual Dark volvió a quedarse dormido a medio camino, algo que hizo que Natalie sonriese ligeramente, llegaron a un claro en el bosque bastante grande. Dark despertó al parar la furgoneta y se estiró en el sitio, bostezando.

-Hemos llegado. –dijo Ruper mientras bajaba del vehículo.

El resto hizo lo mismo y cada uno cogió su mochila

-Dejaremos la furgoneta aquí y empezaremos a caminar hasta encontrar un buen lugar para acampar. –dijo luego el mismo con tranquilidad.

-Un paseo por el bosque. –comentó Dark- Suena bien. –añadió sonriendo.

Después de varias horas caminando por el bosque, algo llamó la atención de Dark, algo a parte de los árboles y el paisaje. A un lado del camino que estaban siguiendo, el chico encontró un edificio, escondido por la vegetación que lo rodeaba y que cubría sus paredes. Llevado por la curiosidad, se desvió del camino, llamando la atención de todos al deslizarse ligeramente por la pendiente hasta llegar a la explanada donde estaba el edificio.

Cristales rotos en las ventanas, la puerta delantera caída en el suelo delante de la misma, con las bisagras claramente rotas, como si algo hubiese salido a golpes del edificio. Las paredes por fuera todas estaban cubiertas de vegetación, símbolo del largo tiempo que había pasado el edificio bajo la caricia de la naturaleza misma.

-¿Qué es este sitio? –preguntó Natalie, que se había acercado a su hermano, también mirando todo eso.

-Cualquiera diría que alguien solía vivir aquí hace la tira. –respondió Dark dando una segunda mirada a todas partes.

-¡Hey! ¿Habéis encontrado algo interesante? –llegaría la voz de Alex, haciendo a los dos hermanos mirar hacia atrás viendo que sus compañeros de viaje se acercaban a ellos.

-A parte del edificio en sí… no. –respondió Nat volviendo a girarse para volver a mirar la edificación.

-Bueno, ya que lo hemos encontrado, ¿por qué no exploramos un poco? ¿Quién sabe lo que puede haber ahí adentro? Tal vez algún tesoro. –sugirió Alejandra.

-No creo que sea seguro. Podría caérsenos el techo encima. –respondió Dark, inseguro de entrar en ese sitio.

-¡Oh Venga! ¿Dónde está tu espíritu aventurero, chico de los bosques? –le pinchó la alegre chica, empezando a caminar hacia el edificio y entrando en este sin ni siquiera temblar, al menos no aparentemente.

-En casa. En la silla de mi ordenador, donde nada me puede matar. –terminó Dark comenzando a entrar en el edificio tras Alex.

Mientras tanto, fuera, Nat y Reisor intercambiaron miradas, el chico hizo un gesto levantando los hombros y ligeramente las manos y negando con la cabeza antes de adelantar una mano, invitándola a pasar primero. Mientras tanto, los tres adultos se habían quedado al margen después de haber sido ignoradas sus advertencias de no entrar en ese sitio. Al final decidieron esperar fuera junto al mismo.

El interior del edifico no estaba mucho mejor que el exterior, sin embargo, todo parecía ordenado y bien colocado. Si no fuese por las interminables capas de polvo, telarañas y algunos animalillos que salían corriendo cuando pasaban ellos se podría decir que allí todavía vivía alguien por lo bien ordenado de todo. Dark estaba explorando el recibidor, observando viejos cuadros cuyas imágenes estaban tan gastadas por el tiempo que apenas se podían distinguir las personas de la foto, o los animales que había en estas. Sin embargo, la curiosidad pudo con el chico y descolgó un cuadro de la pared, intentando observarlo mejor, apartando el polvo con la mano y luego alumbrando la imagen con la luz de su teléfono móvil. Las siluetas todavía estaban bien así que no tuvo difícil reconocer a una persona rodeada de varios animales, sin embargo… estos últimos eran raros, no recordaba haber visto animales con esas siluetas antes. Junto a la persona había un animal levantado sobre las patas traseras, claramente equilibrado de forma que no parecía necesitar las patas delanteras para mantenerse, su cabeza asemejaba la de un chacal y las caninas orejas lo dejaban claro, delante de ambos había otro animal, sentado, este era cuadrúpedo, su pelaje colgaba de su cuerpo en una postura aparentemente relajada mientras miraba a la cámara. El cuadrúpedo tenía también un gran tamaño, llegando a la altura de las caderas de la persona. Había otros animales, algunos sentados, uno de ellos tumbado y algunos sobre las patas traseras incluso algunos más pequeños que parecían estar jugando delante de los que posaban para esa foto. Ahora sí, normalmente las fotos se descoloran de arriba abajo y no era diferente con esta, la parte superior apenas tenía formas visibles, por el medio como mucho se veían siluetas, sin embargo, en la parte inferior, además de siluetas todavía se podían distinguir algunos rasgos de los fotografiados. Pues los dos animalillos que estaban jugando delante de todos los que posaban para la foto eran los más detallados, teniendo en cuenta el paso del tiempo. No había mucho color, solo un degradado de blanco a rojo y se podían ver las siluetas de los animalillos, uno estaba agachado con el pecho en el suelo y la parte de atrás en alto, listo para saltar mientras el otro estaba sobre las patas traseras con las delanteras levantadas sobre la cabeza, los dos eran la misma especie, con pelaje extra en la zona del cuello y el pecho, largas orejas, las cuales los dos tenían hacia atrás y una esponjosa y peluda cola. Tras observar esa foto, Dark volvió a colocar el cuadro en su sitio y continuó su pequeña exploración, pensando que la escena que fue fotografiada debía de mostrar alguna especie de familia pasándolo bien un día.

La casa a parte de viejas fotos y posibles reliquias antiguas y tesoros sentimentales, no tenía mucho más de interés, al menos hasta que Reisor tropezó con el típico trozo de suelo que estaba levantado y cayó sobre una pared. De vieja que estaba la pared esta cedió el peso pero, en lugar de dar fuera del edificio, estaba a un pasillo secreto.

-Buen trabajo, Reisor. –dijo Alejandra viendo la nueva entrada que daba a una escalera de caracol que descendía, adentrándose en la tierra mientras que una gran barra iba hacia el techo y posiblemente lo atravesaba. La escalera tenía barandilla y estaba pegada a la pared, por lo que se podía utilizar la bara para bajar.

-Bueno, ¿Qué pensáis? –preguntó luego Alex mirando hacia Dark y Natalie, que acababan de llegar a la zona.

-No creo que debamos bajar, si esta habitación estaba escondida, no quiero saber que podría haber ahí abajo. –respondió la chica.

-Por otra parte, ya que estamos aquí, lo peor que puede pasar es que vomitemos por una horrible visión. –replicó Dark mirando a su hermana.

Pasado un momento de una intensa mirada que parecía querer atravesar al chico, Nat cedió y aceptó bajar. Alex no perdió tiempo y con su personalidad tan… living la vida loca, saltó sobre la barra y se dejó deslizar hasta llegar abajo con un sonoro "wiiiiiiii", los otros tres jurarían que esa chica todavía seguía siendo una niña pequeña. Reisor, que se había levantado, solo se encogió de hombros y decidió bajar también, pero, al contrario de lo que sugería su aptitud tranquila, también utilizó la barra para bajar, solo fue mucho más silencioso. Dark y Natalie decidieron bajar tranquilamente por las escaleras hasta llegar abajo.

Cuando llegaron a la habitación, Alex y Rei ya estaban ojeando muchas cosas con ojos curiosos. Y como para no… la habitación no estaba inmaculada pero tampoco estaba demasiado organizada. A un lado había un escritorio lleno de papeles y un ordenador viejo, una de las paredes había sido asaltada totalmente por estanterías de libros tan llenos de polvo que no era posible leer el título en el dorso; en otra de las paredes había un montón de papeles colgados de la pared sobre lo que parecía ser un mapa de alguna parte, ningún lugar que ninguno reconociese, o al menos que Dark y Natalie reconociesen y en la última pared… no había pared, sobre un tremendo amasijo de cables pegado al muro que conectaba con el ordenador del escritorio y con una especie de máquina en el centro de la pared. La máquina parecía sacada de una película de estas de ciencia ficción, parecía una especie de incubadora de tubo vertical, con una mascarilla para respirar y vías con sus respectivas agujas y toda la pesca. El cristal sin embargo estaba destrozado y esparcido por el suelo alrededor de la máquina.

-¿Pero qué…? ¿Estamos en un plató de una película de Hollywood o algo por el estilo? –preguntó Natalie mientras observaba la habitación, ganándose una mirada confusa de Alex y Rei pero siendo ignorada por Dark, quien se acercó al ordenador para echarle un vistazo.

Fue en ese momento que Dark se dio cuenta de que, para estar bajo tierra, había bastante luz en esa habitación, lo cual le hizo mirar hacia arriba para ver que, efectivamente, había electricidad corriendo por esa habitación, así que, decidiendo husmear, encendió el ordenador, recibiendo respuesta del aparato. Viendo lo importante de la habitación, Dark se esperaría encontrarse con una contraseña para acceder incluso al escritorio del ordenador pero sorprendentemente no se encontró con ninguna barrera de seguridad, al contrario, tras encender el ordenador se encontró con el escritorio en frente, lleno de carpetas de archivos e imágenes e incluso vídeos. Curioso, el chico abrió una carpeta de imágenes pero en ese momento toda la energía que restase en esa habitación se fue de golpe. El aparato duró unos segundos más encendido, lo que permitió a Dark ver por encima durante casi un segundo una foto guardada en el ordenador y lo que vio le hizo abrir los ojos como platos. Sin embargo, ya no podría confirmarlo, aunque estaba seguro que sus ojos no le habían jugado una mala pasada. El chico juraría haber visto una imagen de una criatura de pelaje dorado erizado como si fuesen púas y con un pelaje más claro alrededor del cuello, pero fue lo único que pudo distinguir antes de que la pantalla se apagase por la falta de energía. Fue entonces cuando los cuatro amigos se pusieron de acuerdo en abandonar ese lugar, dando por concluida la exploración y salieron de la habitación, Dark terminando la fila, agarrado de la mano a su hermana para no perderse, pero no podía quitarse de la cabeza la criatura de pelaje amarillo y espinoso… casi le recordaba a un… "¡AY LA PUTA!" fue lo último que pasó por su cabeza antes de quedar totalmente en shock y que su mente dejase de pensar durante los siguientes veinte minutos.

Una vez fuera, todos se quedaron tranquilos en el exterior, viendo como los adultos habían montado un pequeño campamento con hoguera y usando las mochilas para sentarse mientras esperaban a los chicos.

-¿Algo interesante? –preguntó Ruper al verles.

-Nada interesante. –respondió Reisor.

-Pues la cara de Dark dice otra cosa. –comentó Sim señalando al chico que iba el último de la fila de cuatro con una cara en la que estaba estampado directamente: "Shock": ojos abiertos como platos, pupilas encogidas, boca abierta invitando a las moscas a entrar y salir libremente y respiración temblorosa.

-¿Dark? –preguntó Natalie mirándole, pero él no respondió- Dark. –le llamó sacudiéndole ligeramente, de nuevo sin respuesta- ¿Hola? Tierra a Dark Corel. ¿Estás con nosotros o te has ido de viaje? –dijo por último dándole un par de cachetadas flojas en la cara.

Esos ligeros toques lograron sacar al chico de su especie de trance.

-¿Eh? –preguntó el chico mirando a su hermana y luego al resto, dándose cuenta por fin de que ya estaban fuera del edificio.

-¿Qué has visto ahí adentro, chico? –preguntó Lisa mirándole con curiosidad.

Por un instante la imagen que había visto en el ordenador durante ese instante cruzó su mente, dejándole silenciado.

-No me creerías si te lo dijese. –respondió el chico al final sin darse cuenta de que había cuatro pares de ojos acompañados de caras completamente duras por alguna razón, pero que no perdieron tiempo en relajarse.

-Bueno, creo que sería buena idea que descansásemos un poco aquí, después seguiremos hasta la zona de camping, echaros una siesta o algo mientras Simbra y yo preparamos algo para merendar. –dijo Ruper, diciendo por primera vez el nombre completo de Sim.

-Sí, buena idea. –respondió Dark, que luego se apartó hasta apoyarse de espaldas en un árbol y luego dejarse caer hasta quedar sentado y el resto tranquilamente se sentó alrededor del fuego.

-Oye, ¿le pasa algo? –preguntó Alex a Nata.

-No. Solo quiere pensar y aclararse la cabeza. Sea lo que sea que ha visto ahí adentro ha debido de ser algo impresionante. –respondió la hermana con tranquilidad pero sin poder evitar tener un pequeño toque de preocupación en la voz por su hermano.

Mientras tanto, Dark estaba sumido en sus pensamientos, sus ojos yendo de un lado a otro, mirando más allá del suelo mientras su mente estaba en una carrera por intentar ordenar sus pensamientos y calmarse, algo que no estaba siendo fácil. "No puede ser que haya visto eso… Es imposible… O tal vez… No, que va, no puede ser seguro que al final me han jugado una mala pasada los ojos… No eso es una estupidez. ¡Lo vi! Sí. Durante medio segundo, eso no da tiempo a ver nada claro… Aun así…" y así continuaron los pensamientos del chico quien a pesar de su problema de insomnio en casos de nerviosismo como el que estaba teniendo en ese momento, no pudo evitar empezar a quedarse dormido hasta que el sueño pudo con él y el chico calló en el mundo de los sueños.

Pesadillas asaltaron su mente durante todo su sueño pero por alguna razón no podía despertar. Al menos no hasta que en una pesadilla estaban a punto de dispararle, en esa pesadilla despertó en el momento exacto del disparo, jadeando y sudando debido a todas las pesadillas que había tenido durante su sueño. Jadeando y resoplando, tragando incluso de vez en cuando, con la mirada perdida en el frente, Dark casi da un brinco al sentir una mano en su hombro derecho, pero tampoco perdió tiempo en mirar para encontrarse directamente con los ojos de Lisa clavados en él.

-¿Estás bien? –preguntó la profesora.

-…Sí… solo… pesadillas… -respondió el chico entre pausas para elegir las palabras.

-Ten. –ofreció la mujer acercándole una cantimplora con zumo de fruta.

El chico la aceptó con manos temblorosas y dio un par de tragos sin pegar los labios al contenedor del líquido, sería de mala educación ya que no era suyo.

El fresco néctar líquido no tardó en recorrer su garganta, refrescándole y permitiéndole recuperar mejor el aliento y algo de hidratación después de lo que había sudado durante su visita al reino de las pesadillas, incluso se podría decir que por el sabor Dark no podía distinguir que fruta era de la que estaba hecho el zumo, pero estaba delicioso así que en lugar de preguntar eso, sacó otro tema.

-¿Dónde están todos? –preguntó pasado un rato.

-Han ido por ahí a recoger algo de leña y frutas, estarán aquí en un rato. –dijo ella sentándose a un lado del fuego con total tranquilidad mientras el chico se levantaba hasta sentarse, dándose cuenta de que estaba tumbado sobre su saco de dormir y con el de su hermana haciéndole de almohada.

Tras un rato tranquilo, Ruper, Simbra, Reisor, Alejandra y Natalie regresaron al claro, cada uno cargando con algunas ramas secas o con frutas varias. Suerte que por la zona crecían manzanos y perales silvestres. Uno de los orgullos de Calner era su Flora silvestre, no perjudicada por el hombre, o al menos no tanto como para impedir el crecimiento de árboles frutales silvestres, junto con algunos setos y arbustos de bayas silvestres por los bosques que rodean el pueblo.

Tras colocar la madera en el suelo y las frutas sobre una manta, todos se quedaron tranquilos alrededor del fuego, charlando tranquilamente, haciendo que los dos hermanos Corel se diesen un poco más a conocer, compartiendo anécdotas con los demás. De las cuales sacaron que Simbra y Ruper son hermano y hermana, que a Lisa le gusta tenerlo todo en el sitio correcto, que Reisor y Alejandra no son precisamente hermanos, más bien que tienen los mismos tutores pero que son muy buenos amigos, pero que en general todos ellos menos los dos hermanos Corel han vivido unas vidas que serían la envidia de todo aventurero, difíciles de creer por lo rebuscado de las criaturas y demás cosas pero al mismo tiempo, mientras las contaban había una sinceridad en sus miradas que barría con cualquier duda que tuviesen Dark o Natalie sobre lo que les contaban. Incluso Lisa y Reisor compartieron una historia de una pelea con el hermano de la profesora que, siendo exagerados, casi lleva a la destrucción de una ciudad… como si eso pudiese ser posible para una profesora de física y un relojero.

Pasadas unas horas las charlas se habían relajado bastante, Natalie había decidido irse a dormir ya que al parecer había bastantes planes para el día siguiente pero, por otra parte, Dark lo que hizo fue alejarse un poco del campamento, acercándose a los árboles y subió a uno de ellos, quedándose en las gruesas ramas inferiores. Acomodado en las ramas, el chico se quedó tranquilo, mirando hacia el cielo, adorando el cielo estrellado, mucho mejor en la oscuridad del bosque que en las iluminadas calles del pueblo o bosques cercanos al pueblo, definitivamente hay una infinidad de estrellas más en un lugar como ese sitio. Pasados unos minutos oyendo el crujido de la hoguera y mirando las estrellas, Dark empezaba a dormitar, soñando despierto, distraído, pensando en sus cosas o pensando en nada de pronto sin darse cuenta, síntoma de estar empezando a dormirse.

Pasado un tiempo no calculado de esa manera, de pronto, algo llamó su atención en el claro. Todos estaban ya durmiendo, pero había algo raro, a la luz de la hoguera, Dark pudo ver cinco esferas de cristal, cada una de un color flotando, sobre Alejandra, Reisor, Ruper, Simbra y Lisa. La que estaba sobre Alex era de un color azul suave y emitía un pequeño haz de luz que caía sobre la forma dormida de la chica, la que estaba sobre Reisor era de color negro pero aun así era distinguible en la oscuridad, las que estaban sobre Ruper y Simbra eran una roja y la otra azul y la que flotaba sobre Lisa era de un color rosa perla, todas las esferas tenían un haz de luz cayendo sobre aquel sobre el que la esfera estaba. Hasta que dos rayos más salieron de cada piedra, dirigiéndose hacia Natalie y hacia él mismo. Dark estaba demasiado sorprendido como para moverse y cuando los cinco rayos le alcanzaron el chico se quedó completamente paralizado. En ese momento fue cuando Alex y los demás despertaron, dejando solo a Natalie durmiendo. Alex fue la primera en mirarle, con su característica sonrisa mientras su cuerpo empezaba a brillar. Cuando la luz desapareció donde antes estaba Alex ahora había una criatura con aspecto de gato con las patas superiores más pequeñas que las traseras y una larga cola que en la punta era más gruesa justo antes de acabar, lo que Dark tenía delante de sus ojos era una Mew de pelaje celeste que brillaba al contacto con la luz de la hoguera, todavía sonriéndole con esa sonrisa. Reisor también empezó a brillar, al igual que Ruper y Simbra, Lisa era la única que no brillaba. Cuando las luces cesaron, en lugar de Ruper y Simbra estaban Latios y Latias y en lugar de Reisor, quien estaba era Darkrai. "Bueno. E ahí el origen de las pesadillas." Sería lo primero que pensaría Dark al verle, lo cual incluso a él le pareció raro, uno no se toma tan a la ligera que unos personajes de un juego se salgan del juego y te paralicen usando alguna especie de poder suyo mientras están haciendo a saber qué.

-Lisa, deberíamos irnos ya. –habló Darkrai hacia la profesora, quien solo asintió y cerró los ojos, empezando a concentrarse.

-¿Qué está pasando aquí? –Dark preguntó, recuperando por fin su voz.

Fue Mew quien se acercó a él, con una mirada que rogaba por ser disculpada.

-No te preocupes, no te va a pasar nada. –le dijo el pokémon con tono tranquilo mediante telepatía, ya que lo más seguro sería que Dark no la entendería si hablaba normalmente- Escucha, ahora tendrás muchas preguntas y te las responderé cuando hayamos terminado, solo quiero que sepas que ninguno os hemos mentido en nada, desde nuestros nombres hasta nuestras historias, incluso las formas humanas que has visto son nuestras reales. Necesitamos que confíes en nosotros, ¿vale? –pidió el pokémon.

Tras un rato de mantenerle la mirada al pokémon legendario, Dark suspiró y asintió, cerrando los ojos y luego miró a su hermana.

-¡Oh! No te preocupes por ella. No le pasará nada. Pero, como sabemos que no estarías tranquilo sin saber cómo está ella, decidimos que la llevaríamos con nosotros también. –dijo Mew con tranquilidad viendo como Latias se acercaba a Natalie para observarla un poco.

Sin más palabras, Mew se giró hacia Lisa y asintió. Fue entonces cuando Dark pudo ver que unas marcas brillaban con un color rosa perla por todo el cuerpo de Lisa, quien empezó a brillar de nuevo antes de emitir un fuerte rugido y luego, todo lo que Dark podría ver era una cegadora luz blanca que le forzó a cerrar los ojos para evitar quedarse ciego, aunque el dolor no se lo pudo quitar nada. Después de varios segundos, la luz desapareció y el chico abrió los ojos de nuevo para encontrarse en un bosque, otro bosque distinto al que estaban previamente, pero allí solo estaban él y Natalie, nadie más. Por alguna razón agotado a un gran extremo y seguramente llevado por el shock, Dark se desmallo en el suelo, quedando inconsciente junto a su hermana.


Bueno, lo habéis adivinado? no? bueno que pena porque no voy a decirlo jejeje, por cierto: valla misterio el de la segunda parte no? que criatura podría haber hecho eso? Weird... Habrá que esperar para saberlo. Espero que hayáis disfrutado de este capítulo

*Knock Knock*

-¿Quien puede ser?

Dark: -¡Aber la puerta!

Yo: -Woops. Creo que no.

Dark: ¡Abre o la derribo!

Yo: ¿Qué harás? Le lanzarás un Pulso Umbrío o algo.

*la puerta sale volando y un rallo oscuro rodeado de anillos cruza la habitación*

Yo: *gulps* Hasta la próxima *huye a toda leche*

Dark: Cuando le pille... Bueno parece que eso ha sido todo, esperemos que Rayrudan no vuelva a tener tantos lapsus de pereza mezclados con bloqueos porque enotnces el siguiente capítulo irá para largo... ¿qué es esto? *coge un boceto del siguiente capítulo* uuuuuh parece que habrá un poquito de acción... Bueno quien sabe, capaz que quita esta parte... Hasta pronto. *apaga la cámara del ordenador*