Notas de la autora: No podían faltar los dos involucrados directamente en el asunto.
Los capítulos se fueron haciendo más grandes según iba avanzando con esto, pero este aun es pequeño a comparación.

Este capítulo trama en el verano de su primer año de preparatoria, antes del campamento en que se cruzan con el equipo de Seirin.


•·.·´`·.·•Takao•·.·´`·.·•


El siguiente en darse cuenta fue Takao.

No le tomó mucho tiempo al muchacho con los ojos de halcón para notar que estaba metido hasta el cuello en reverendo embrollo. Apenas estaban a medio torneo Interescolar y Takao ya esperaba con ansias que terminara, salieran vencedores o no. Se acababa de enterar del arduo entrenamiento que pasaba cada año en el campamento de verano para prepararse para la temporada siguiente, y el base no dejaba de imaginarse de vacaciones con su querido "amigo" Shin-chan en la playa. Sí, seguro que las advertencias de sus senpai eran ciertas, no les quedarían ni cinco minutos para respirar después de los partidos de práctica en la arena o las diez rondas corriendo alrededor del spa, o las cinco vueltas que tenían que dar nadando a la orilla del mar. Todo el arduo dolor del entrenamiento valdría la pena por ese fin de semana que Nakatani-sensei les dejaba libre después del tormento infinito. Ir a comer mariscos, sandías y paletas heladas mientras peleaban con pistolas de agua, la playa para ellos solos y sus compañeros de equipo por la tarde, una noche calurosa de verano bajo las estrellas… sonaba bastante bien para los oídos de Takao.

Takao suspiró, mientras jugaba con su lapicero durante la clase de matemáticas y observaba a Midorima tomando apuntes -que él también debería estar anotando- delante de él. Con su caligrafía perfecta y ordenada, el muchacho de pelo verde miraba fijamente hacia el frente y Takao no podía evitar perder la poca concentración que podía sostener en clase. Shin-chan lo distraía demasiado. Si bien al principio su obsesión con el jugador de Teiko había surgido por su estúpido orgullo herido, ahora se había convertido en algo completamente diferente que Kazunari no podía explicar con palabras. Podía ser un pedazo de basura mal agradecido, un tsundere arrogante e irritante, y quizá el peor mejor amigo sobre la faz de la Tierra, pero Takao le quería. Le quería como nunca había querido a alguien.

Shin-chan era todas esas cosas negativas y más, pero en tan sólo medio año Takao ya lo conocía mejor de lo que el escolta hubiese querido, quizá hasta más de lo que había dejado acercarse a cualquiera de sus compañeros de Teiko. Debajo de ese exterior frío y fatalista, Kazunari había encontrado a un chico sensible y apasionado, que no hacía otra cosa que ocultar sus verdaderos sentimientos con una ridícula fachada fabricada de orgullo y timidez. Hasta cierto punto, Takao no podía negar que le gustaba ese aspecto tan curioso de Shin-chan, que lo hacía un blanco tan fácil de sus burlas y sus bromas.

Nunca en su vida le había pasado por la cabeza el sentirse atraído por otro hombre, y la verdad es que Takao no sabía si estaba descubriendo una faceta nueva de sí mismo, o si simplemente amaba a Shintaro, a su Shin-chan, y le daba perfectamente igual si fuese hombre, mujer, o algo indistinto entre ambas opciones. Le gustaba su cabello y sus bonitos ojos que armonizaban en ese peculiar tono esmeralda; sus pestañas largas que rozaban con sus lentes de pasta gruesa; esa sonrisa discreta que parecía la tenía reservada sólo para él; sus manos, delgadas y la izquierda siempre envuelta delicadamente para protegerse… ¡ah, Takao se moría por poder estrecharlas contra las suyas!; esa línea de la mandíbula tan bien dibujada y su cuello largo y delicado... a veces se preguntaba qué se sentiría morderlo, qué clases de sonidos escaparían por sus labios...

¡Ugh, pareces una colegiala! ¿qué diablos pasa contigo? En definitiva... Kazunari, eres 100% gay por Shin-chan.

El base hizo su mejor esfuerzo por contener una risita indiscreta, que ocasionó que Shintaro lo volteara a ver molesto por una milésima de segundo, como si hubiese roto su concentración. Ni siquiera le dijo nada, el peliverde solo gruñó por lo bajo y regresó a su toma de apuntes, sin preocuparse en lo más mínimo por lo que le hubiese causado gracia a Takao. El chico de los ojos de halcón suspiró, entristecido por un instante… era obvio que nunca podría decirle esto a Midorima. Ni loco lo haría, por más que le doliera verlo alejarse con el tiempo. Takao odiaba más que nadie los amores no correspondidos, pero comprendía a la perfección la situación en la que se encontraba. Midorima no sentía nada por él. Es más, era muy probable que no sintiera nada por nadie. Quién sabe, quizá algún día su aparentemente asexual amigo le presentaría a alguna noviecita, lo que dejaría a todo mundo sorprendido. Takao sabía que se le rompería el corazón en mil pedazos, pero lo aceptaría con una sonrisa en el rostro, y mantendría en silencio estos sentimientos que le oprimían el pecho y le robaban el aliento. Haberse dado cuenta del amor que sentía por él era algo terrible y grandioso a la vez, sublimidad y terror encarnados en un mismo momento.

Takao no sabía qué pensar de todo ello. Pero no le quedaba más que esperar.