Notas: Este capítulo ocurre directamente después del encuentro de Shutoku vs. Rakuzan.
Sólo porque me gusta verlos sufrir.


•·.·´`·.·• Otsubo, Miyaji y Kimura•·.·´`·.·•


El día del partido final de Shutoku en la Copa de Invierno, los de tercer año se dieron cuenta.

No había sido una derrota aplastante, sino un juego reñido y excitante: la competencia contra Rakuzan había dejado a los diez jugadores con la adrenalina al tope, y a los espectadores al borde de su asiento. Al final, el equipo de Akashi resultó vencedor y los del uniforme naranja -por lo menos los más jóvenes- terminaron derramando lágrimas de frustración. Inconsolable, Takao lloraba a lágrima viva, y aunque quisiera hacer bromas para subirle el ánimo a Midorima, cómo lograba hacerlo cada que las cosas no salían como éste quería, su propia tristeza le impedía lograrlo. Extrañamente, Midorima demostró que las emociones humanas no eran un tema completamente ajeno a él: expresó empatía por el dolor de Kazunari, derramando un par de lágrimas también.

Para todos ellos había sido una derrota difícil, pero quizá Midorima lo estaba pasando peor. Habían peleado y perdido contra Akashi, su mayor rival y, a su vez, quizá una de sus mayores motivaciones para seguir mejorando día a día. Su deseo por vencer a Akashi era tan grande y ambicioso que el haber fracasado en el intento significaba un golpe muy duro en el orgullo del muchacho de lentes, quien se limitaba a caminar cabizbajo y en silencio hacia los vestidores.

Takao había logrado quedarse en silencio, aunque sollozaba en voz muy baja. Se sentaron el uno al lado del otro en las bancas afuera de las duchas, y sus superiores los miraron con preocupación. Había mucho pasando por sus cabezas, eso era seguro, pero Miyaji, Kimura y Ootsubo estaban seguros de saber qué era lo que los atormentaba en ese momento: el hecho de que Akashi hubiera podido frenar su ataque combinado sin siquiera usar su Ojo de Emperador.

Habían pasado meses practicando ese movimiento especial, coordinando su pase y tiro de una manera casi sobrehumana. Esa técnica requería de una confianza infinita y una capacidad de ambos para actuar en sincronía en todo momento. Por esa misma razón, los de tercero entendían el dolor por el que debían de estar pasando los dos chicos de primero, pensando quizá "no fue suficiente" o "nuestro dúo sigue siendo débil".

-No se flagelen, muchachos.- Ootsubo comenzó, en un intento de recuperar su papel como capitán después de su propio momento de desesperación. Colocó una mano sobre el hombro de Takao, que parecía estar a punto de echarse a llorar de nuevo de forma estrepitosa. -Esta es la primera vez que lo intentaron en un gran partido, la próxima vez será mejor.

-Pero la próxima vez los senpai no estarán con nosotros…- Takao sollozó. Al parecer ninguno de los tres sospechaba que el más bajo estuviera preocupándose por el retiro de los de tercer año.

-Ustedes tendrán la labor de llevar el espíritu de Shutoku a la victoria en los próximos dos años, ¡idiotas!- Los regañó Miyaji, revolviéndose el cabello a ambos. Aunque el colérico alero quisiera negarlo, él también había llorado un poco por la derrota.

-Anímense, aún hay mucho camino por recorrer.- Kimura trató de subirles el ánimo, y gracias al cielo, evitó que Miyaji empezara a arrojarles cosas en su arranque de enojo repentino. Estos tres años habían sido una aventura al lado de sus dos idiotas favoritos, ahora cuatro idiotas con los dos de primero que no dejaban de hacer muecas de dolor y tristeza. A pesar de haber perdido, los tres muchachos mayores se alegraban de haber llegado tan lejos.

-Capitán… Kimura-senpai, Miyaji-senpai… ¿podrían darnos un minuto a solas?

Era extraño que Midorima fuera el que preguntara. Los tres mayores se miraron por un segundo con incredulidad, pero si algo habían aprendido de Midorima, es que el molesto peliverde era realmente bueno en sorprenderlos de vez en cuando. Asintieron, y los tres se dirigieron rápidamente a las duchas, antes de regresar a los vestidores unos diez minutos después.

-Están que se mueren de tristeza ese par. No me gusta verlos así.- Miyaji dijo a través del cancel de la ducha, mientras se quitaba el sudor del cabello.

-Es normal… pero estoy seguro que les servirá como motivación para el Interescolar del año siguiente. Son un gran equipo, algo lograrán hacer de ahora en adelante si siguen que Takao puede sacar a relucir el verdadero potencial de Midorima, y Midorima puede ayudar a Takao a crecer muchísimo como jugador… así que esperemos ver cómo cambian los dos cuando nosotros ya no estemos para regañarlos- Ootsubo confiaba plenamente en ellos y le gustaba obviar lo mucho que sus kohai habían crecido a lo largo de ese año tan peculiar.

-Hah, pareciera que estas escribiendo nuestro obituario... o que les estás dando tu bendición, Tai-san…- Hubo un silencio incómodo después de ese comentario de Kimura.

-Oye, no estarás pensando…

-¡Naaaah!

Más silencio.

-Bueno, esto es incómodo...

-¡Tú fuiste el que lo dijo de una manera tan rara, Taisuke!

Los tres, ya con un mucho mejor ánimo, caminaron fuera de las duchas hacia los vestidores, donde esperaban que los otros dos ya estuvieran de un mejor ánimo o que ya se hubieran metido al agua para irse a descansar lo más pronto posible. Sin embargo, se encontraron con una escena bastante peculiar: el base y el escolta estaban recargados contra las puertas de los guardarropas, rendidos por el agotamiento. Takao tenía la cabeza apoyada contra el hombro de su amigo, pero podían distinguir que se había quedado dormido usando a Midorima de pañuelo de lágrimas. Midorima, por el contrario, sujetaba al otro por el hombro y había apoyado su rostro contra la frente de Takao. Ya no traía puestos los lentes, que descansaban en el bolsillo de su chamarra. Era un gesto bastante personal, inclusive tierno, de dos amigos consolándose mutuamente en un momento de desesperanza y frustración.

-¡Te lo dije! ¡me debes una ida a la banda de sushi, Taisuke!- Dijo Miyaji antes de despertarlos bruscamente.

No podían tenerlo por seguro, pero ese grado de confianza e intimidad que tenían entre ellos era imposible de igualar. Había algo ocurriendo entre esos dos, fuese lo que fuera, que parecía sólo el comienzo de algo más que simple compañerismo por un deporte, o de una amistad de preparatoria.

Al final de cuentas, Otsubo, Kimura y Miyaji sólo se arrepentían de tenerse que graduar ahora, ya que no lograrían ver en directo el resultado de aquello que acababan de descubrir.


Nota: La cosa es que cuando escribo, asumo que todo mundo los va a shippear tanto como yo. Ergo, headcanon: en mi universo de animes de deportes, todos son unas fujoshis.