Nota: Este capítulo transcurre al final del primer año, antes del receso de invierno.
Bakagami, como costumbre, está en peligro de repetir el curso y Kuroko disfruta sus cinco minutos de soledad.
•·.·´`·.·•Kuroko•·.·´`·.·•
Kuroko lo descubrió por accidente, una noche de regreso a casa.
Era tarde y hacía bastante frío, pero Nigou no se inmutaba por ello. El perrito movía la cola alegremente mientras Kuroko tiraba de la correa para que el cachorro no se lanzara sobre las palomas en la acera. El chico de pelo azul caminaba distraídamente, sorbiendo de su batido de vainilla con ahínco. Kagami-kun no había ido a práctica ese día por ser la semana de exámenes finales, por lo cual Kuroko tomó a su segundo mejor compañero de paseo para ir a Magi Burger por un aperitivo. Venía con sus audífonos alrededor del cuello, como costumbre, pero la música era lo suficientemente fuerte como para separarlo de todo lo que ocurría a su alrededor. Kuroko apreciaba esos momentos de soledad e introspección como nadie podía imaginarlo.
Sin embargo, su atención se desvió al instante en que pasó frente a la cancha de basketball del parque en el que siempre solía practicar y molestar a Kagami por las tardes después de la escuela. Una voz profunda- y bastante molesta- fue capaz de distraer al pequeño jugador de baloncesto de su pacífica ronda nocturna. La voz, desgraciadamente, le era demasiado familiar. Ya había oído a esa persona gritar de ira demasiadas veces en el pasado, pero las palabras que salían de su boca eran inusuales, por definirlo de alguna manera. Tetsuya se detuvo en seco a observar la escena del otro lado de la acera: detrás del enrejado de metal, que servía para que los balones no salieran volando contra algún vecino despistado, Midorima estaba a punto de agarrarse a golpes con Takao. El menor no se veía menos molesto que su compañero, y ambos se tenían agarrados del cuello de la playera.
-¡¿Cuántas veces te voy a tener que repetir que no fue tu culpa?!- maldecía Takao mientras jalaba a Midorima hacia abajo, para ponerlo a su altura.
-¡No te estoy pidiendo tu opinión!- Le espetó el otro, azotándolo contra la reja de metal. Kuroko dudó por un minuto, quizá debía interferir antes de que en serio se metieran en problemas. Sabía que ninguno de los dos era precisamente violento, pero cuando provocados, la situación seguramente podría escalar a lo peor.
-¡Me importa un pepino, Shin-chan! ¡¿Quisieras escucharme por un momento?!- Bufó, y Kuroko estaba seguro de que en cualquier momento se daría cuenta de que estaba observándolos de manera nada discreta, gracias a su ojo de halcón… pero Takao parecía tan molesto que su concentración y sus ojos estaban fijados únicamente en el muchacho que lo estaba acorralando contra la barda.
-¿Qué caso tiene? No pudimos hacer nada en el estúpido partido…
-¡¿Nada?!- Takao estaba cada vez más molesto -No me vengas con eso, tarado. Nos paramos de frente a Akashi y tres de los Reyes sin Corona, y salimos de allí con la cabeza en alto. ¡No. Fue. Tu. Culpa! Sólo hay que practicar más y pensar en nuevas ideas para ganar la próxima vez.
-Hah, próxima vez…
-¡No me vengas con esas, Midorima!- Kuroko no pudo evitar notar que no lo había llamado por su apodo. Takao volvió a sujetarlo del cuello, era lo único que podía hacer para defenderse de los veinte centímetros que el peliverde le rebasaba, por no decir que el escolta era mucho más fuerte que él. Pero Takao no parecía sentirse intimidado. Quizá su rabia era mucho mayor que su miedo. -¡Estoy harto de esta maldita actitud tuya!
-Si tanto te molesta, déjame en paz y lárgate ya.
-Idiota. ¡Eres un reverendo idiota, Shin-chan! ¿En serio crees que te dejaría cuando se nota a kilómetros que necesitas hablar? Maldita sea… trata de demostrar de vez en cuando que en serio confías en mí.
-Yo… lo siento.- Kuroko abrió los ojos como plato cuando vio lo vulnerable que se encontraba Midorima. Pero no era eso lo que le sorprendía: sabía que su ex-compañero solía tener cambios de humor muy fuertes cuando lastimaban su orgullo -más aún de la manera que Akashi lo había logrado- pero era completamente inusual ver a Shintaro apoyándose en alguien más cuando sentía esa desesperanza y frustración tan profundas. Las pocas veces que Teiko no se llevaba la victoria, Midorima usualmente desaparecía del gimnasio por un buen rato y no dejaba que nadie lo viera llorar.
Pero allí estaba Takao ahora, dándole palmaditas en la espalda para que el mayor dejara salir todo aquello que conflictuaba su mente y su corazón. Desde donde Kuroko estaba parado, no parecía que estuviera llorando, pero poco faltaba para derramar lágrimas. En ese momento, las palabras de Hyuuga-senpai resonaron en su mente, Esos dos son como la luz y la sombra de Shutoku. Justo como él y Kagami, Midorima y Takao eran un dueto inseparable que sólo podían volverse más fuertes si continuaban tal y como lo habían hecho en ese combate contra Rakuzan. Sin embargo, había algo muy diferente en cuanto a la relación de ese par a la que Kuroko tenía con su propio as. El peliazul no sabía cómo describirlo, pero pareciera que ese vínculo que Shintaro y Takao compartían era mucho más profundo que sólo ser compañeros de equipo…
En su tren de pensamiento tan convulso, y la escena tan conmovedora y extraña que se desarrollaba frente a él, el muchacho no notó que había soltado la correa de Nigou desde hace unos segundos, y el travieso cachorrito corría a toda velocidad hacia donde estaban los dos chicos de Shutoku. Alertado, Kuroko empezó a correr con la esperanza de que no lo vieran persiguiendo a su perro y, evidentemente, espiando en su conversación. Pero ya era demasiado tarde…
-Dime que no llevas toda la tarde ahí, Kuroko…
-Yo sólo estaba de paso.- dijo el chico mientras se acercaba a regañar a su perro, que jugueteaba con los cordones de los zapatos de Takao, y el muchacho se agachaba para revolverle las orejas al pequeño Tetsuya 2. Midorima lo miraba con ojos de odio y desconfianza, a pesar de que su compañero lo saludaba con ahínco e insistía en tener un one-on-one uno de estos días… pero Kuroko ya no podía ignorar lo que había visto.
En definitiva, eran una clase muy diferente de luz y sombra.
Nota: Todo es culpa de Junpei Hyuuga, él los empezó a shippear y todos le hicimos caso.
