Nota: El capítulo transcurre al término del segundo verano, justo antes de la final del Interescolar.
He de admitir mi ignorancia sobre muchos temas del deporte, entre ellos, el hecho de que no termino de comprender del todo cómo funcionan los torneos.
Pero digamos que en esta línea de historia, las semifinales fueron Kaijo Vs. Shuutoku y Yosen vs. Touou. Si, sin Rakuzan ni Seirin.
Tengo mis razones, y entre ellas es imaginar qué pasaría si enfrentamos a Shin-chan con Ahomine y a Kise con Murasakibara.
•·.·´`·.·•Midorima•·.·´`·.·•
Midorima no quería darse cuenta, pero fue inevitable que lo hiciera.
Lo notó de manera fugaz, en la semana de las finales del Interescolar de su segundo año de preparatoria, pero sabía que esos sentimientos llevaban ahí más tiempo del que él hubiera deseado. El equipo había logrado llegar hasta la semifinal nuevamente, pero Kaijo por fin había cobrado su venganza de la Copa de Invierno pasada y tres partidos amistosos perdidos, y habían logrado eliminarlos. Era evidente que Kise se volvía un monstruo cuando combinaba la Copia Perfecta con la Zona, por más breve que fuera ese momento. El partido de esa mañana había indicado que Shutoku quedaba en cuarto lugar esta temporada, perdiendo por míseros dos puntos contra Touou. En la noche del día siguiente sabrían si Yosen o Kaijo se llevarían el trofeo a casa.
La celebración del partido de clausura ocurría lejos de casa, por lo cual su equipo había rentado unas habitaciones de hotel para pasar dos noches en Chiba y asistir al partido por la tarde del segundo día. Tendrían la mañana libre para descansar y conocer algunas partes de la ciudad. Como era costumbre, para ahorrarse dinero y gastarlo en tonterías, los cuartos rentados eran de dos personas. Nadie había osado siquiera preguntarles su opinión al respecto; la nueva manager y el entrenador habían asumido que Midorima y Takao compartirían habitación. Kise ya lo había dicho una vez, muy a pesar de ambos: pareciera que estuviesen juntos en todo momento, o por lo menos así los percibía el resto del mundo.
Midorima suspiraba con desesperación minutos antes de meterse a la cama, mientras que su compañero se cambiaba el pijama en el colchón de al lado. Los dos estaban molidos hasta los huesos por el cansancio, después de que Takao lo hubiera jaloneado por toda la capital en busca de una maldita tienda de cartas. Era en venganza, de seguro, por todos los objetos de la suerte que le hacía buscar cada semana. Sin embargo, el muchacho de pelo negro le había dado las gracias y lo había invitado a cenar en una linda panadería cerca del hotel, donde las meseras no dejaban de mirarlos con cierta curiosidad después de que hubieran pedido un shortcake de fresa para compartir.
A pesar de su expreso propósito de ignorarlas y pasar por alto que Takao era un pequeño y molesto rufián que se salía con la suya más veces de lo que al peliverde le agradaba, no podía negar que eso parecía una cita. Midorima lo había seguido desde la mañana por todo Chiba buscando la odiosa tienda, hasta que dieron con ella y esperó pacientemente a que Takao hubiese terminado con sus compras. En el proceso, el de los ojos de halcón le había regalado un pequeño amuleto en forma de conejo, quizá con la intención de suplir a su objeto de la suerte diario en caso de que Midorima no lo encontrara. Como un remedio de emergencia.
Por más que quisiera negarlo, Shintaro agradecía infinitamente esos pequeños detalles que Takao hacía por él. Por ejemplo, ya tenía unos cuantos meses que le había dicho que dejara de traer la carretilla cuando pasaba a recogerlo, pero Takao insistía en seguir con su competencia, a sabiendas que terminaría perdiendo y pedaleando de ida y de vuelta. Ya no le exigía conseguirle su Lucky Item, sino que Takao lo acompañaba por voluntad propia todas las mañanas a buscarlo, como parte de una rutina de ambos que se negaba a quebrar. Le había enseñado a cocinar platillos sencillos, en caso de que su vida dependiera de ello, claro, pero había tenido la paciencia de intentarlo. Era eso: Takao le tenía paciencia.
Ni Akashi, ni Kuroko, ni Nijimura-senpai, ni siquiera el entrenador Shirogane le habían permitido tanto tiempo excederse con sus manías, pero Takao llevaba dos años siguiéndolo como su sombra, a costa de jugarle un par de bromas pesadas de vez en cuando. Su recompensa era siempre el rostro exasperado de Midorima, pero al mismo tiempo era ver ese duro exterior lleno de inseguridades y orgullo desvanecerse lentamente. A Shintaro le preocupaba, y le preocupaba a sobremanera. Nadie jamás se había dignado a acercarse tanto y a conocerlo con tanto interés. Takao era un bicho raro, definitivamente.
Sin embargo, le consternaba la familiaridad que había tomado a la presencia de Takao en su vida diaria. El ir y venir del colegio, estar sentados el uno al lado del otro en clase, ir a práctica juntos y luego ir a casa de alguno a jugar videojuegos o a estudiar… se habían convertido en cosas tan necesarias para que su día estuviera completo, casi tanto como escuchar a Oha Asa en las mañanas. Si acaso su amigo enfermaba o tenía asuntos personales que atender, los días de Midorima se sentían vacíos. Sí, quizá contra su propia voluntad, había llegado a extrañar a Takao cuando éste le hacía falta en el día a día.
En dos años, Midorima había aprendido a aceptar a Takao en su espacio personal, a tolerar ese ridículo sobrenombre -caray, hasta le tenía algo de afecto a que su amigo fuera el único que lo llamara de esa manera-, y había ganado la habilidad de escuchar a Takao cuando éste parecía no querer cerrar la boca. Por su parte, Kazunari había aprendido a mantenerse quieto y en silencio, y ya sabía reconocer esos momentos en que Shin-chan no estaba de humor para ser molestado. En verdad eran ridículamente compatibles, y eso irritaba muchísimo a Midorima.
Lo que el alto adolescente se preguntaba era, ¿qué diablos tenía Takao en la cabeza para quererlo tolerar? ¿Era pena ajena? ¿Empatía? Al fin de cuentas, no importa que tan popular fuera Takao, ambos eran un par de solitarios necesitados de atención. Debía ser una mutua necesidad de tener compañía, de encontrar en alguien tan opuesto a él, un alma tan similar a la suya que pareciera que el destino había dictado que tenían que permanecer juntos. Hah… cualquier persona que lo escuchara diría que estaba enamorado de Takao.
Y esa persona estaría completamente en lo correcto.
Midorima lo observó meterse entre las sábanas con sus agudos ojos enrojecidos por el cansancio, mientras que él ya se encontraba recostado de lado, mirándole.
-Shin-chan, gracias por hoy. Fue muy divertido… gah, ¡estoy muerto!
-Ya duérmete, mañana será un día largo.
-¿Te he dicho alguna vez que no hay días que se me hagan largos estando contigo, Shin-chan? Todo pasa tan rápido cuando te diviertes.
-Creo que el calor te esta causando que te falte oxígeno en la cabeza, Takao. O quizá es el cansancio, estás diciendo más idioteces de las usuales.
-Ha ha ha… ay, Shin-chan, nunca cambies. ¿Qué haría sin mi tsundere favorito?
-Cállate, Bakao.
-Si, si, si…- bostezo de manera profunda y Midorima lo miró acurrucarse con las almohadas entre sus brazos y el cobertor sobre su pecho.- Dulces sueños, Shin-chan… sueña con shortcakes de fresa y conmigo.
-Si, seguro lo haré. Pesadillas, les llaman.
Pudo observar claramente cómo Takao abría un ojo con curiosidad y se rieron ambos por lo bajo, como en un mutuo entendimiento de sus bromas estúpidas. Después de un par de minutos, Takao se quedó profundamente dormido y Midorima permaneció observando durante unos minutos. En verdad, quizá jamás podría decírselo en la cara, pero Midorima adoraba ver a Kazunari cuando éste guardaba silencio. Verlo dormir era un deleite, pues sus facciones tomaban un aire tan tranquilo que hacía que Midorima se sintiera en paz.
Oha Asa ya lo había predicho, en un día de muy alta afinidad entre Cáncer y Escorpio. Si prestas atención, notarás que aquello que siempre has buscado ha estado allí desde el principio. Una profunda e interesante propuesta. Ese día, después de comprar su nuevo amuleto, lo notó. Llevaba mucho tiempo buscando a alguien que lo comprendiera y lo quisiera a pesar de todos sus errores y problemas. Sólo un idiota de las magnitudes de Takao podía aceptarlo tal y como era, incondicional y honestamente. Sabía que Takao le quería… sólo le tomaba mucho tiempo y esfuerzo admitir lo mismo.
Midorima tenía que descubrir cómo pagarle el favor, por todo lo que había hecho- desde la carretilla, los lucky items, todo ese amor que le había brindado hasta ahora. Tenía que hacerlo, demostrarle a Takao cuanto lo añoraba. Pero no era tarea fácil: una cosa era reconocer sus sentimientos y la otra era expresarlos en voz alta. Otra cosa era ser capaz de tragarse su orgullo.
Midorima lo observaba dormir mientras el sueño lo eludía. Suspiró con vehemencia y trató de cerrar los ojos, sólo para darse cuenta que seguía viendo a Takao a pesar de ello.
Nota: I AM MIDOTAKA TRASH. Oh, ¡por cierto! Gracias por sus comentarios, me subieron mucho el ánimo. Usualmente les contesto personalmente cuando ya está terminado el fic, por si cambian de opinión, pero ¡en serio aprecio mucho sus mensajes! Gracias, y espero sigan disfrutando los capítulos.
