Nota: Este capítulo transcurre al inicio del tercer año.
Como nota extra, no estoy 100% segura en cómo se tendría que transportar uno para llegar de Akihabara a Akita, aunque por lo que investigué después, el tiempo de viaje es mucho más largo... pobre Mukkun, lo hice viajar en tiempo récord. Oh bueno, esto es ficción, y nada más por cuestión de historia me he decidido a dejarlo como está. Una disculpa por las incongruencias.
Gracias por todos los comentarios, he estado teniendo mucho feedback y eso me pone muy feliz. Extrañamente en FF tuve mucha respuesta de mi fic en español, y en Ao3 tuve mayor público en uno que subí en inglés... ¡que cosas!
•·.·´`·.·•Murasakibara•·.·´`·.·•
No, lo que Murasakibara vio en el tren desde Akihabara no podía ser real. Se negaba a creer lo que acababa de presenciar, pero ya no podía ocultar que había descubierto la verdad.
Había pasado un mes de iniciado su tercer y último año de preparatoria, y los ánimos de Murasakibara estaban por el piso. El basket había dejado de ser interesante otra vez. En especial, todo había ido en declive desde que Muro-chin se había graduado, ya que aún no había logrado encontrar a un compañero tan apto como él. Por ello mismo, le entusiasmaba muchísimo a Atsushi que llegara el viernes, pues por fin podría encontrarse con su universitario amigo para jugar un uno-contra-uno extraoficial.
A pesar de sus diferencias y constantes pleitos, se habían vuelto amigos muy cercanos a lo largo de su segundo año juntos, siendo Tatsuya y su competitivo pero amable carácter uno de los pocos factores que podían hacer a Atsushi sonreir y jugar entregándolo todo de sí. Todo iba a cambiar a partir de entonces. Por ello mismo, Murasakibara decidió hacerle un pequeño regalo a Tatsuya, aprovechando que había obtenido un poco de dinero por el año nuevo y que se encontraba de muy buen humor para hacer un viaje en tren en miércoles por la mañana. Cuando Muro-chin había dejado el Instituto Yosen, Murasakibara había acudido a su ceremonia, pero no le había dado nada para felicitarlo por sus logros.
Era raro en él hacer regalos a sus amigos, pero quien conociera a Atsushi lo suficientemente bien, sabrían que era un muchacho amable y cariñoso -mientras no se encontrara en la cancha de basket, claro está. Quizá con el fin de dar un buen cierre a su amistad con Himuro, decidió ir a Akiba a comprarle algo, cualquier cosa que pudiera recordarle a Tatsuya la breve amistad que habían tenido. Si bien, el gigante también hacía el viaje con la intención de comprarse varias cajas de dulces y chatarra, sabía que la respuesta para el regalo de Muro-chin no podía ser algo comestible.
Después de pasearse mucho tiempo por varias tiendas de anime y de figurillas coleccionables, entre las cuales había comprado un par de cosas para sus hermanos, Murasakibara estaba a punto de darse por vencido. No tenía ni idea de que comprarle. Himuro era muy bueno jugando al billar, pero no podía regalarle nada que le ayudara con eso. Le gustaba tocar la guitarra y cantar, pero Murasakibara no tenía ni idea de qué bandas le gustaban como para regalarle un disco o invitarlo a algún concierto. Se estaba frustrando, y ni todos los dulces de Akihabara podían hacerlo feliz si había viajado hasta allá, entre semana, sólo para no encontrar su objetivo.
Tras pasearse frente a un local de juegos de arcade, al fin encontró lo que estaba buscando. En una de las máquinas de peluches había un pequeño dragón azulado con un balón de basket en sus garras. ¡Era perfecto!. El gigantón se gastó hasta su último centavo intentando sacar el muñeco con la garra mecánica, pero cuando lo consiguió, ya eran cerca de las 6 pm. Demonios… será un dolor de muelas regresar a casa… pensó tras guardar su tesoro en la mochila y apresurarse a toda velocidad a la estación de metro, que, tras cambiar de línea en dos ocasiones y tomar un camión en dirección a Akita, por fin lo llevaría directo a casa. Su estúpido capricho le tomaría al menos tres horas de transporte. Al fin de cuentas, Atsushi no era precisamente una persona racional.
Tras haber tomado la segunda ruta de su travesía, las cosas empeoraron. El subterráneo venía rebosando de gente, sobre todo de empresarios recién salidos de sus oficinas. Hacía frío, ya que apenas había entrado la primavera unos cuantos días antes y durante las noches el clima solía volverse más gélido de lo normal. No es que pudiera sentirlo de todos modos, ya que venía aplastado contra una de las paredes del vagón sin posibilidad de moverse. Lo bueno era que su estación era la última, así que no tendría problema de quedarse atrás. Con sus audífonos puestos y sus tesoros bien guardados en su chamarra, Murasakibara observaba a la gente desde las alturas, gracias a su propio tamaño que rebasaba a los demás transeúntes por más de una cabeza. No le impresionaba que muchos lo voltearan a ver debido a su gran tamaño y peculiar color de cabello y ojos, a lo largo de los años ya se había acostumbrado a esas atenciones no solicitadas.
En su letargo y su terrible distracción, algo atrapó su atención, justo en el momento en que sentía sus ojos cerrarse con pesadez. De espaldas a él, un muchacho de cabello verde y casi de su misma altura viajaba a unos cuantos metros de él. Era inconfundible, no podía ser otra persona que Mido-chin. Qué extraño, usualmente no usa el transporte público… pensó Atsushi mientras lo observaba. El as de Shutoku ajustó su espalda contra la puerta en cuanto un montón de pasajeros salieron, y otros cuantos más entraron al vagón. Y fue allí cuando lo vio: Mido-chin venía abrazando a alguien. Murasakibara casi escupe la soda que iba bebiendo debido a la impresión que eso le había causado… ¡¿Mido-chin estaba saliendo con alguien?! No, Murasakibara ahora no podía ni quería creer que fuera cierto. Su curiosidad ya se había agitado lo suficiente, debía saber a quién venía sosteniendo entre sus brazos, pero la gente ocultaba el rostro de la otra persona. Murasakibara ni siquiera podía ver si se trataba de una mujer, pero por el negro cabello corto, el gigante podía asumir que no era así.
Tuvo que esperar cuatro estaciones más a que el vagón se despejara y así pudiera ver de quién se trataba. La respuesta le llegó de golpe, pero Atsushi tenía que aceptar que era la opción más acertada, después de todo. Su pequeño compañero de equipo,- Taka-chin, si a Atsushi no le fallaba la memoria-, estaba acurrucado y completamente dormido en los brazos de Midorima, quien descansaba su barbilla contra la cabeza del menor. Los brazos de Takao reposaban contra el torso de Midorima, quien lo rodeaba por la cintura con delicadeza. El ex-compañero de Atsushi dormitaba tranquilamente, pero observaba con cuidado cada que el tren se detenía para asegurarse de no equivocarse de estación. No había notado la presencia de Murasakibara al fondo del lugar, y Atsushi agradeció que fuera así. Su rostro probablemente demostraba su vergüenza y su vago interés en ese pequeño momento de intimidad que los dos compartían sin que nadie les prestara una pizca de atención.
La voz del interfono anunció la siguiente estación y Midorima le dio unas palmaditas en el rostro a su compañero. Kazunari se despertó avergonzado y negó varias veces con la cabeza, mientras Shin-chan lo miraba con un gesto desaprobatorio, pero un claro sonrojo en sus mejillas. Los dos se separaron, pero Murasakibara claramente notó cómo Mido-chin tomaba al otro de la mano firmemente antes de bajarse del tren en cuanto se abrieron las puertas automáticas.
En cuanto se perdieron de vista, Atsushi sintió sus manos temblar dentro de sus bolsillos. Jugaba con el pequeño dragón de peluche para intentar tranquilizarse, pero eso no bastaba del todo. No es que le importara en lo absoluto la relación de Mido-chin… ya había escuchado rumores de que el peliverde estaba saliendo con alguien, más después de las irreverencias habituales de Kise de funcionar como chismografo entre sus amigos. Tampoco le sorprendía que estuviera saliendo con otro hombre, al fin y al cabo, Mido-chin siempre había sido una persona muy rara. Lo que le había asombrado era ver a su ex-compañero con un rostro tan apacible, mientras disfrutaba del contacto físico de otro ser que no fuera uno de sus Lucky Items. En dos años, Yosen se había enfrentado a Shutoku un par de veces, y en efecto eran un equipo poderoso, sobre todo por esa mortal combinación de pases y anotaciones. Nunca se imaginó, sin embargo, que entre ese par pudiera haber una especie de romance.
Murasakibara hizo entonces lo único que le venía a la mente:
-Aka-chin… no creerás lo que acabo de ver.
Nota: Un poquitin de MuraHimu implícito, porque son mi segunda ship favorita (¡maldita gama de colores cool que tienen este par!). Gracias por sus comments, mañana subiré el siguiente capítulo, con un personaje muy... uh, personal. No es un OC, pero se acerca ja ja ja.
