Nota: Este capítulo ocurre en las eliminatorias para el Inter-High del tercer año.
No se puede tener drama y sufrimiento si no hay un capítulo con Makoto Hanamiya. Ahora que estoy leyendo el manga, la verdad es que esto esta muy inspirado en el partido de Seirin contra Kirisaki Daiichi, pero las cosas no salen tan bien y no tenemos a una mamá Teppei en el equipo para que proteja a todos.
•·.·´`·.·•Aomine•·.·´`·.·•
A Daiki le encantaría que dejaran de meterlo en problemas que no le incumben. Entre ellos, le importaba un comino enterarse de las relaciones personales de Midorima. Pero ¿qué le iba a hacer? Una vez que se dio cuenta, ya no había vuelta atrás.
El partido que había presenciado fue incómodo, si había alguna manera de describirlo. Quien ganara se enfrentaría a Touou en los cuartos de final, por lo cual se convertirían en sus siguientes contrincantes a vencer. A Aomine le agradó el resultado, pero le molestó el procedimiento de la compleja operación que tuvo que observar desde las gradas.
Kirisaki Daiichi versus Shutoku, y el marcador terminó 82-103, algo digno de esperarse de dos equipos tan eficientes… si es que se podía considerar a las técnicas sucias de Kirisaki Daiichi como tal. El encuentro había sido una masacre, de los cinco miembros principales del equipo naranja, seis habían terminado heridos y uno de gravedad. De los del equipo turquesa, sólo uno fue amonestado por sus métodos violentos de jugar.
El molesto enano amigo de Midorima había sufrido más que ninguno de sus compañeros, ya que sus enemigos lo habían marcado como una posible amenaza y se dedicaron los dos primeros cuartos a detenerlo a cómo diera lugar: golpes en el estómago, pisotones, empujones con toda la fuerza que un cuerpo humano puede soportar, y lo peor del caso, tres codazos directo a la cara. Sus ojos de halcón se vieron afectados desde el principio, pero su ávida capacidad de liderazgo le permitió salir adelante, para abrirle camino a Midorima de ampliar la brecha en la puntuación lo más posible.
Mientras los veía, Aomine se emocionaba cada vez más, entusiasmado de la posibilidad de tener que competir contra ellos en los próximos días. Pero al notar el deplorable estado en el que el equipo dirigido por Makoto Hanamiya había dejado a Takao, sus esperanzas se vinieron abajo. El equipo naranja estaba tan herido que sería imposible tuvieran un partido digno durante el resto de la temporada. Es más, era muy poco probable que pudiera competir el dúo dinámico que tanto había dado de qué hablar en ese Interescolar.
Hastiado de observar un partido tan frustrante, Aomine se separó de Satsuki con la excusa de ir a estirar las piernas y al sanitario. Llevar aplastado cuarenta minutos sobre el asiento no le haría bien, además de que sabía por adelantado cuál iba a ser el resultado. La chica de cabello rosa lo miró con desconfianza y le hizo jurar que volvería antes de terminado el partido, pero Aomine ignoró sus palabras y se fue caminando hacia el pasillo con desgane. Para ser una persona tan ágil, con una capacidad de aceleración sobrehumana, Aomine se movía con una lentitud inmensa cuando la flojera se apoderaba de él. Si Momoi le hubiera contado los minutos, lo habría regañado por haberse tardado un cuarto de hora sólo en llegar a los servicios.
Tras hacer sus necesidades, Aomine salió bostezando del cubículo con cara de pocos amigos. Ya podía suponer lo que Momoi estaría incluyendo en su sermón, pero poco le importaba en ese instante. Ah, una máquina de bebidas, perfecto… pensó cuando vio el dispensador a medio pasillo de dónde se encontraba. Más excusas para no volver con su equipo a mirar la tediosa premiación y el anuncio de los siguientes torneos. Depositó unos cuantos yenes y tecleó el número de la bebida energética que siempre disfrutaba en un día caluroso como aquel, pero al agacharse a recoger la botella, un fuerte ruido hizo que Aomine se sobresaltara, ahogando un grito en su garganta.
-¡No te atrevas a ponerle un dedo encima, Hanamiya!- Escuchó a una voz extrañamente familiar exclamando del otro lado del muro.
-¿Pero qué pasa, Midorima-kun? Yo sólo quería felicitar a tu compañero, hizo un excelente trabajo dirigiendo a todo el equipo. ¿Está mal que, de un base a otro, reconozcamos el talento ajeno?
En el tono del ex capitán y ahora entrenador permanente de Kirisaki Daiichi había un alto grado de maldad que Aomine no podía dejar de notar. Era más que evidente que provocaba a Midorima, con la intención de hundirlo más en su repugnante tela de araña que había tejido desde antes de haber comenzado el encuentro. Las técnicas de Hanamiya eran conocidas por todos, no sólo incluían heridas físicas, sino también una fuerte manipulación emocional y psicológica muy difíciles de tolerar. Midorima había caído en su trampa en el momento en que había levantado la voz, ya que el sereno adolescente casi nunca mostraba sus emociones, ni siquiera un enojo y odio tan profundos como aquellos.
-¿No tuviste suficiente con herirlo? El partido terminó. Déjalo en paz.
-¿Huh? Pero si nosotros no hicimos absolutamente nada, fue culpa de Takao haberse accidentado así. Debería de ser más cuidadoso la próxima vez. Además, no es como que me agrade romper las ilusiones de idiotas como él, que por ver que tienen un poco de talento se emocionan tanto… duele verlo, ¿sabes? Sólo le estoy haciendo un favor, terminando su miseria antes de que se humille enfrente de Aomine.
-Cállate ya.-Midorima hablaba en una amenazante voz ronca, aunque no estaba gritando. Aomine, desde el otro lado del muro, sabía que el peliverde tenía a Hanamiya acorralado contra la pared, probablemente con toda la intención de matarlo si se atrevía a volver a abrir la boca. -No voy a permitir que lo sigas insultando.
-¡Vaya, vaya! Shougo-kun tenía razón, sí tienes algo por los enanos bocones después de todo. Antes eras el perrito faldero de Akashi, y ahora proteges a ese imbécil con uñas y dientes, ¡qué interesante! Sólo me motivas mucho más a querer sacarle los ojos a ese halconcito tuyo, Midorima-kun.
Entonces pasó algo que Aomine jamás se habría esperado: escuchó claramente a Midorima azotar el puño contra el muro. Lo había hecho con toda la intención de espantar a Hanamiya sin agredirlo, claro está. Shintaro jamás había estado a favor de la violencia, y ni siquiera al perder la calma de ese modo podía haber hecho tal cosa como golpear a un contrincante. Sin embargo, a continuación se oyó otro golpe, y el sonido de huesos crujiendo al contacto. Aomine no tuvo que esperar más, cruzó el umbral para llegar hasta donde estaba su ex-compañero, ya fuera para detenerlo o para ayudarlo.
Midorima se había hecho unos pasos hacia atrás y se agarraba la boca con la mano no vendada, mientras que uno de sus compañeros de segundo año lo miraba consternado. Sus ojos furiosos no se posaron nunca en Aomine, sino que estaban fijos en Hanamiya, a punto de explotar de cólera. Midorima se lanzó contra él, pero su compañero de equipo lo detuvo a tiempo por los hombros. El muchacho de pelo negro reía egocentricamente, sin demostrar temor de que el otro fuese a matarlo a golpes. Aomine se interpuso entre ambos, jalando a Hanamiya del cuello y empujando a Midorima hacia su kohai.
-Tch, ustedes siempre me están causando problemas… ¿así que ahora eres amigo de Haizaki, eh?- Aomine lo empujó al piso, y fue hasta entonces que Hanamiya se calló por fin. Si Midorima furioso no representaba una amenaza, Aomine provocado seguramente sí lo era. -Si sabes lo que te conviene, te largarás de aquí antes de que le diga al número 7 que suelte a Midorima y dejemos que te mate, ¿ok? Si me entero que te acercaste a la enfermería, me aseguraré de que Imayoshi te atienda en el psiquiatra de la prisión, ¿entendido?
Hanamiya se puso de pie, con cara de pocos amigos, y salió en dirección al pasillo sin refutar. Aomine suspiró, agotado de siempre estar metido en embrollos ajenos, más si involucraban al imbécil ex-jugador de Kirisaki Daiichi. Se dio la vuelta para encarar a Midorima, quien ya había recobrado algo de su compostura aunque aún tenía el labio inferior y el orgullo heridos. El peliverde lo miraba desconcertado, como si hubiese sido Aomine quien tuviese toda la culpa de lo que acababa de pasar, mientras que el chico de segundo año desviaba su mirada de uno a otro con miedo de que se pusiera violenta la situación otra vez.
-Así que al final Midorima-sama sí tiene emociones humanas, ¡qué noticias tan grandes han llegado a nuestra tierra!- Aomine se burló, cruzando los brazos frente a su pecho para examinar al escolta de Shutoku desde cierta distancia. Sabía que no era buena idea hacerle mofa después de haber estado tan molesto, pero no podía contenerse. Tenía que cobrarle el favor, de todos modos. -¿Serías tan amable de explicar qué demonios pasó?
-Tch, escuchaste toda la conversación, Aomine. ¿Qué más quieres que te diga?
-No lo sé, ¿por qué te molestaste tanto con Hanamiya, si sabes que es un imbécil de primera? Además, ¿qué no insistías que Takao era sólo un sirviente, o una herramienta, o algo así? ¿por qué tanta furia por alguien que ni te importa?
Para sorpresa de ambos, el número 7 bufó por lo bajo, pero se calló de inmediato en cuanto Midorima le envió una mirada punzante. El peliverde suspiró, como si estuviera dándose por vencido. Gimió un poco de dolor cuando la herida en su labio se agrietó al tratar de pronunciar palabra, pero después de limpiar la sangre nuevamente, volteó a mirar a Aomine con ojos desafiantes.
-Las cosas son diferentes ahora. No puedo permitir que le hagan daño. Sin él, yo… nuestro equipo se viene abajo.
Sin más, Midorima se dio la vuelta, empujando a su kohai del hombro hacia la enfermería. Aomine lo miró con ojos sorprendidos mientras los dos se alejaban, ya que no podía creer nada de lo que acababa de pasar. Midorima siempre había sido raro, extravagante en el mejor de los casos, un excéntrico desesperante en los peores. Pero jamás habría imaginado que era de esa clase de raros. Ah, Kise y Satsuki seguramente lo patearían por intolerante, por lo que se regañó mentalmente antes de darse la vuelta y regresar por el camino en que llegó.
Quién lo diría, Midorima batea para el otro lado.
Nota: Pobre Ahomine, siempre metido en problemas ajenos. Me costó mucho trabajo pensar un escenario en el que este par pudiera convivir y que le quedara en claro a Aomine el por qué de las emociones de Midorima... pero creo que al final el resultado no fue malo.
Una pequeña sorpresita, hoy subiré 2 caps., porque el siguiente no me convence del todo. Quizá es para compensar que no está al nivel de los demás, pero aun asi, espero lo disfruten.
