Nota: El momento esperado. Ocurre al final del campamento de verano. Sin más, disfruten.


•·.·´`·.·•Midorima y Takao•·.·´`·.·•


Después de tres años de estar juntos, seis meses de duda, y un beso bajo las estrellas, negarlo era imposible para ambos.

El último día de su último campamento de verano, su entrenador interino les había dejado la tarde libre. Los de segundo y primer año se entregaron al vicio de comer hasta que les doliera el estómago para después relajarse toda la noche en el spa. Ellos dos, siendo los únicos dos alumnos de tercero que habían permanecido en el equipo hasta entonces, se separaron del grupo después de la cena, ya que Midorima insistía en salir a correr ahora que el clima era más amable y ya no había un calor sofocante oprimiéndoles los pulmones en todo momento.

Sin embargo, ninguno de los dos tenía ganas de moverse a más de diez kilómetros por hora, así que sólo caminaban sobre la arena mientras las estrellas comenzaban a cubrir el cielo. El mar murmuraba cuando las olas azotaban contra la orilla, y Takao jugaba con las puntas de sus pies para que el agua no tocara sus dedos al bailar sobre la arena. Midorima lo observaba moverse gracilmente, con una leve sonrisa en los labios. Había pasado tanto tiempo sin que se sintiera molesto por la presencia de su base, que tenerlo lejos ahora representaba un acto sumamente doloroso.

Takao había dicho un primer "te amo" tan sólo unos días antes de venir al campamento, casi para asegurarle a Shintaro que no se equivocaba respecto a sus sentimientos. Midorima le había contestado con un simple "Yo igual", pero no había habido más intercambios sobre el tema en lo que restaba de la corta temporada de receso.

Nakajima, su entrenador de campamento, parecía estar al corriente de la situación. Probablemente Takao le había contado algo, por lo que les dejaba más tiempo a solas que al resto del equipo. Claro está, el entrenamiento era igual o más arduo que el de los demás, pero los dos regresaban rendidos a su habitación en el hotel y sólo lograban disfrutar de una buena noche de sueño si compartían el mismo colchón hasta el amanecer, cuando la rutina volvía a comenzar. Compartían las comidas y el baño juntos, separándose de sus compañeros lo más posible. Para este punto, ya era evidente que el capitán y el vice-capitán eran más unidos de lo que inicialmente cualquiera de sus kohai pudo haber pensado. Las bromas de "mamá y papá de Shutoku" no faltaban en hacerse oír, pero a Takao le causaban risa. ¡Shin-chan es la mamá, obviamente!

En su ánimo taciturno y serio, aún aferrado a sus amuletos de la suerte, Midorima había permitido que Takao indagara demasiado en su vida cotidiana. Lo que había iniciado como una espina en su costado, ahora se había convertido en parte de él. Kazunari se veía tan hermoso, bailando con las olas del mar y con las estrellas reflejadas en sus ojos claros. Su piel morena, tostada por el sol y acariciada por la arena tenía un aroma salino gracias al agua que llevaba envolviendolo toda la semana, y su oscuro cabello parecía perderse con la noche. Era toda una visión y un placer el observarlo, ya que Midorima jamás había conocido a una persona tan libre y hermosa en toda su vida.

Sin siquiera pensarlo dos veces, Midorima extendió sus manos para atraparlo y detener su juguetona danza. Takao se sobresaltó por un segundo, pero su cuerpo se suavizó en el momento en que los cálidos dedos de Shin-chan se deslizaron sobre su piel para acercarlo a él. El menor sonrió, sintiendo los brazos de su querido amigo rodear sus hombros con cautela.

Shin-chan vibraba de emoción, todas esas sensaciones que se oprimían dentro de su pecho amenazaban con salir al entrar en contacto con Takao, pero Kazunari estiró las manos hasta su cuello para asegurarle que estaba allí, a su lado, y que nada de eso iba a cambiar. Detrás de los lentes de pasta dura y sus largas pestañas, Midorima cerró los ojos, expectante. No sabía qué hacer, presa del miedo y los nervios repentinos, pero sentir el cuerpo del otro y su peso acomodarse suavemente contra su pecho le dieron el valor necesario para proseguir, y con manos temblorosas agarró el rostro del muchacho de ojos de halcón.

-¿... puedo?- Preguntó, tan cortés como siempre. Era algo que a Takao le volvía loco de su compañero, esa capacidad de ser tan gentil con él a pesar de su usual frialdad.

-Me ofendería si no lo hicieras, Shin-chan.

No había nadie que invadiera su privacidad, y cualquier rastro de duda había desaparecido de la mente de Shintaro. Se inclinó con suavidad, mientras Takao se levantaba sobre la punta de sus pies para alcanzarlo. ¿Cuántas veces en los últimos meses no había pensado que esto pasaría? ¿Cuántas veces no tuvo que contenerse para no cubrir a su amigo de besos y caricias que hubieran hecho a más de uno darles una mirada desaprobatoria? Ni la noche en la cancha de street basket, ni la vez que Takao se quedó dormido entre sus brazos toda la noche por primera vez, ni siquiera cuando Midorima le había confesado, de manera indirecta, lo que sentía por él, había tenido esa sensación tan dulce que estaba experimentando ahora. Su piel, sus besos, sus mejillas, todo era tan suave en contraste con los ángulos marcados de su cuello y de sus hombros. La nariz, pequeña pero afilada, rozaba contra la suya cuando Takao abría lentamente los labios para profundizar ese primer beso tan esperado. Sonrojados los dos, se separaron para poderse mirar el uno al otro. No había palabras, solo un cómodo silencio que la risa tímida de Takao invadía mientras Midorima apoyaba su frente contra la de su compañero. Un beso más, y otro más... podía quedarse besándolo hasta que llegara el amanecer.

Ya era imposible negarlo. Shintaro lo amaba demasiado.


Nota: ¡Kyaaaa! ¡Amé escribir esto asdfghd!

Falta un breve y divertido epílogo, de un idiota muy distraído que nunca se dio cuenta de absolutamente nada.

¡Gracias por leer, y por llegar hasta aca!