Nota: Ocurre tiempo después del final del tercer año.

Todas mis notas finales al término del capítulo :)


•·.·´`·.·•Kagami•·.·´`·.·•


Kagami era un idiota. Nunca se dio cuenta de absolutamente nada, hasta que fue muy tarde.

Después de que Shutoku eliminara a Seirin de su última Copa de Invierno, Taiga resintió la derrota y cortó toda la comunicación con Midorima y sus compañeros. Kuroko lo sermoneaba, diciendo que era una actitud muy infantil, pero Kagami nunca se había caracterizado por ser una persona madura, para empezar. El pequeño peliazul insistía en comunicarle las noticias sobre su ex-compañero de Teiko en las fechas siguientes, pero Kagami se hacía de oídos sordos y se negaba rotundamente a escuchar nada que tuviera que ver con el molesto peliverde y su enano amigo con ojos de halcón.

Si se los encontraba en fiestas o en partidos amistosos, Kagami volteaba la mirada y se hacía de la vista gorda. La ley del hielo jamás le había importado a Midorima, quien parecía estar agradecido de la falta de atención del as de Seirin. Takao parecía haberle prometido no entrometerse, por lo cual fue muy fácil para Taiga evadirlos por completo. Al enterarse que ambos se iban a ir un tiempo de viaje, fue como cerrar un capítulo de su vida para no volver a saber nada más sobre esa loca Generación de los Milagros y la extraña sinergia que habían creado con un grupo de despistados jugadores de baloncesto de preparatoria.

Kuroko intentaba contarle las cosas ahora que ambos estaban en la universidad y compartían la renta del departamento, pero Kagami había comprado su silencio a cambio de que Nigou pudiera vivir dentro de la casa. Su vida iba muy bien, sin más noticias que las necesarias sobre Kise y los otros, y cero información sobre la irritante zanahoria de dos metros. Una complicada carrera en gastronomía lo mantenía distraído de los problemas y un equipo extraoficial con los viejos jugadores de Seirin lo contentaba. Los miembros de STRYK usualmente los retaban a unas rondas y solía verse con Aomine para un one-on-one al menos una vez al mes, pero no le importaba en lo más mínimo qué había sido de la vida de los otros ahora.

Kuroko, una vez más, fungía del abogado del diablo y le hacía saber del destino de los antiguos miembros de su círculo de amigos. Kise se había retirado y se dedicaba al mundo de la moda por completo ahora. Murasakibara y Tatsuya habían abierto un café en Akihabara, al cual Kagami acudía de vez en cuando. Akashi había heredado la fortuna familiar y estudiaba negocios internacionales en Europa. Aomine había cumplido su sueño de volverse profesional por un tiempo, pero luego terminó en la policía por alguna razón que a Kagami le había interesado muy poco en retener en su memoria. Ah, Momoi parecía haberle dado el sí después de que Kuroko la rechazó por enésima vez, eso sí lo recordaba. Sin embargo, como Kuroko le había prometido, jamás tuvo noticias de Midorima desde que se graduaron de la preparatoria.

Eso fue hasta que una noticia muy grande llegó a oídos de Tetsuya y, claro está, no se pudo mantener callado. Era ya el último año de universidad de ambos, y tan idiotas y simplones como siempre, seguían sin novia y frecuentando el viejo y destartalado Magi-burguer de siempre. Kuroko miraba la pantalla de su celular con ojos de asombro mientras Taiga engullía su onceava hamburguesa con queso, lo que causó que Kagami preguntara con curiosidad qué es lo que le había llamado la atención.

-¿Qué te pasa ahora? ¿Estaba adulterada la vainilla?

-No… me llegó una invitación para una boda.

-¿Huh?- Kagami checó su propio teléfono, pero no había ninguna invitación para un evento en su bandeja de entrada. Si Hyuuga y Riko-san no lo habían invitado, iba a estar sumamente molesto.

-Parece que Midorima-kun se va a casar… nunca creí decir eso. El evento va a ser en Nueva York, qué cosas.

-¡¿Que Midorima va a hacer qué?!- Kagami casi escupe su bebida encima de Kuroko -Digo… ¿a mi que me importa? Pobre ilusa que lo tolere, sinceramente.

-Oh, Kagami-kun, no tienes una idea…

Pasaron unos cuantos meses y Kagami decidió dejar el asunto por la paz y olvidarlo por completo. Kuroko le avisó que iba a comprar los boletos de avión y que podía ser su Plus One para la boda, pero Kagami, aún resentido después de tantos años, se rehusó a acudir. Era claro que no estaba invitado, ya que jamás le llegó una invitación propia. No tenía nada que desearle a ese imbécil cuatro ojos, más que su futura esposa tuviera muerte cerebral para quererlo más de un año. Ni las llamadas e insistencias de Kise y Satsuki de acompañarlos pudieron convencerlo de ir.

Kagami se quedó al encargo de cuidar a Nigou, quien fue su única compañía en esos tiempos. Fueron unas semanas un tanto solitarias, ya que todos sus contrincantes habituales se habían ido a la maldita boda y no regresarían sino hasta finales de agosto, cuando reiniciaran las clases después del descanso de verano. Kagami decidió desconectarse de la red durante esos días y sólo recibía un mensaje ocasional de Kuroko que le indicaba que todo seguía en pie. No quería ver fotos de la boda ni de la fiesta, ni de nada que le recordara que había perdido humillantemente contra ese tubérculo arrogante y su molesto enano parlanchín.

Kuroko volvió justo unos días antes de que su curso de literatura japonesa iniciara, ahora que había sido contratado en el Instituto Seirin, volvería a pisar el suelo donde una vez albergó sonrisas alegres y sueños de triunfo. Todo regresó a su ritmo habitual una vez que su sombra se encontró en casa, y el ya crecido Nigou estaba quizá más feliz que Kagami de verlo. Kuroko sólo estaba feliz de que Kagami no hubiera encendido la casa en llamas mientras él no estuvo.

Por fin, después de un mes entero de negación a las redes sociales y a la comunicación con el mundo exterior, Kagami se conectó con el universo y volvió a subir sus habituales tweets de eventos de baloncesto, fotos de platillos que preparaba o disfrutaba en restaurantes, y de Kuroko dormitando con Nigou en posiciones tan diversas como habían estrellas en el cielo. En una aburrida tarde de disfrutar películas en el sillón con su mejor amigo -ahora room mate y compañero de vida heterosexual- y su perro, Kagami se dedicó a perder el tiempo pasando las fotografías de sus amigos en la pantalla del teléfono. Una, en especial, le llamó la atención y le hizo hacer un gesto de desagrado total.

La foto la publicó Takao, pero Kise la había compartido múltiples veces con montones de emojis, hashtags y cosas innecesarias que lo hacían ver como un adolescente caguengue nuevamente. La foto era linda, debía de admitirlo, pero los sujetos de ella no le agradaban en lo absoluto: Midorima y Takao sonreían a la cámara con un paisaje de campiña a sus espaldas. Las millones de molestas etiquetas que Kise había agregado estaban en inglés en la mayor parte, y Kagami sólo alcanzó a leer "honeymoon", "love wins" y "best friends forever". Taiga gruñó con desprecio e hizo que Kuroko lo volteara a ver con curiosidad, pausando la película en el proceso.

-¿Qué pasa?

-¿No te parece de mal gusto?- Le enseñó la foto, pero por la nula reacción de Kuroko, parecía que él ya la había visto con anterioridad -Midorima está en su luna de miel y se lleva a Takao con él a Compostela… ¡Pobre muchacha! ¡tendrá que soportar las raras manías de Midorima por el resto de sus días!

Lo siguiente que ocurrió, Taiga no se lo esperaba en absoluto. Kuroko empezó a reírse muy, muy fuerte, tanto que el perro salió disparado a ver qué era lo que le ocurría a su amo. El muchacho peliazul pataleaba, sosteniendo su estómago y llorando un poco por la risa, y Kagami se sintió muy estúpido al momento, sin saber por qué.

-Ay, ay Kagami-kun…

-¿D-de qué te ríes, idiota?

-Pues de que en serio no sepas nada, Kagami-kun… ¿tanto te negaste a escuchar noticias de Midorima-kun que no sabes con quién se casó, verdad?

Kagami lo miró confundido un segundo, esperando a que Kuroko contestara, pero el muchacho de pelo azul lo dejó en suspenso un largo rato. Al ver que no había respuesta, el menor rodó los ojos y volvió a pasarle el celular a Kagami. El idiota pelirrojo miró la pantalla por unos largos segundos, hasta que cayó en cuenta de qué tan estúpido tuvo que haber sido para no darse cuenta. Se tapó la boca con las manos y dejó caer el teléfono sobre el colchón, lo que causó que Kuroko se volviera a reír descontroladamente por otros cinco minutos.

-Tengo que hacer unas llamadas.

-¿Después de 6 años, Kagami-kun?

-¡Cállate, Kuroko!


Notas: ¡Hola queridos! ¿No creerían que me olvidaría de Bakagami, verdad? Ahora si, oficialmente he terminado este fic, espero haya sido de su agrado. Me dio mucho gusto ver que tuviera una buena respuesta de parte de ustedes, en especial muchos insistieron en que estas historias bobas les hicieron recordar el amor por Shin-chan y Takao. Muchas gracias, y nos seguiremos leyendo en otros fics en el futuro.

Creo que no había quedado muy claro la otra vez, sobre el fic que ofrecí traducirles: estoy escribiendo otra historia, llamada Out of the Comfort Zone, en inglés. En resumen, narra el último año en Shuutoku de Takao y Midorima, en el que Kazu intenta hacer que su amigo se sienta más seguro de sí mismo para que su trabajo en equipo (y obviamente también su relación con él) mejoren. Takao le propone una serie de retos estúpidos en cada capítulo, que van obligando a Shin-chan a salirse de su zona de confort. Eventualmente, los sentimientos se interponen y la relación se torna distinta a como la imaginaban.

Secreto a voces trama en el mismo universo que Comfort Zone, pero en vez de observar todo desde el punto de vista de Takao, lo vemos desde los ojos de la Kiseki no Sedai y otros personajes. Ya que noté el interés que pusieron en este fic, traduciré poco a poco esa otra historia... pero ya que aun no la acabo y que hasta el momento llevo 100 cuartillas terminadas, puede que tome un buen rato de trabajarlo. Ténganme paciencia.

¡De cualquier modo, espero verlos pronto!