Hola chic s hermos s.
No sé si me quieran seguir leyendo después de tardar tanto en actualizar. Desgraciadamente tengo las manos llenas con situaciones que no me han permitido escribir y publicar tan seguido como quisiera. Aunque en estos momentos necesito situaciones relajantes como lo hace el poder jugar con nuestros personajes al escribir el factor tiempo no me lo permite. Tuve un pequeño respiro y lo estoy aprovechando para compartir con ustedes un capítulo más de esta historia. Es un fic poco largo, realmente no sé cuantos capítulos irá a tener pero no será cortito. No sé cuando podré actualizar lo que sí se es que no pretendo dejarlo inconcluso.
Muchas gracias a todas las lectoras que me regalaron un review, un favorito o pusieron la historia entre sus alertas o a su servidora. De todo corazón les agradezco que sigan mis historias.
En este momento no estoy recibiendo apoyo de ninguna beta por lo que los horrores ortográficos son todos míos y les pido una disculpa anticipada por ellos.
Lo que se encuentra en cursiva puede ser flash back de alguno de los personajes o bien algo del pasado.
Sin más las dejo para que lean el capítulo y espero lo disfruten.
Edward POV
Había discutido con mi padre, de nuevo, él no aprobaba lo que yo deseaba ser y hacer. Pero ya lo había decidido. Paralelo a mi carrera de Administración, había estudiado música, gracias al cariño y apoyo del rector Aro Volterra, quien en su momento había sido amigo de mi abuelo materno. Ambos sabíamos que Carlisle no aprobaría mis estudios de música por lo que ayudó para que apareciera como Anthony Masen y como tal ayudó para que consiguiera un puesto en la Universidad Juliard de Nueva York.
Estacioné en la acera del edificio, hace años el Rector Webber mandó construir este lugar para los profesores solteros de la universidad, está cerca de la universidad; es muy amplio y cómodo.
Entre mi amigo de la infancia Ben Cheney y yo rentaríamos el departamento, al ser espaciosos y los dos solteros podíamos estar bien así. El sabía mi secreto y en broma me llamaba E… Tony.
Miré hacia la entrada y había una chica haciendo malabares con una caja a la vez que trataba de abrir la puerta, vestía unos jeans que se ajustaban a su cu…erpo perfectamente, una blusa algo transparente que dejaba ver las tiras de su brasier rojo, no tengo idea porque pero eso me calentó la sangre.
— Calma Masen, que no eres un chiquillo hormonal— me recriminé.
Tomé un par de respiraciones para calmar mi estado y poder bajar a ayudarla, digo… no quería asustarla si me miraba con tremendo bulto en los pantalones.
Bajé del auto y caminé hacia ella quien maldecía entre dientes, su voz se me hizo conocida pero realmente no la ubiqué.
Me paré a su lado y ella al notar mi presencia se giró a verme dejándome en shock, era ella, no había forma de confundir esos ojos y esos labios, sus ojos parecían salir y rebotar en los lentes de lectura que traía.
— ¡Tú!
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— Papi, tengo hambre— mi hija estaba sentada en la cama frotando sus ojitos lagañosos con las manos, su cabello es una completa maraña, parece nido de pájaros. En su boquita se ve una mancha blanquecina de la babita que se le salió mientras dormía. Se ve hermosa.
— Buenos días bebé ¿Cómo amaneciste?— me acerque a ella y rápidamente se arrojó a mis brazos, la recibí gustoso besando su sien.
— Buenos días papi, te quiero mucho— me dio un sonoro beso en cada mejilla antes de que su estomago exigiera atención con un gruñido.
— ¿Escuchaste papi?, el monstruo del hambre quiere comer— asentí mientras caminaba hacia el baño dónde le quité la pijama.
— Primero te pondremos aún más hermosa antes de bajar a desayunar.
— Apúrate papi, no quiero que el monstruo del hambre me coma— se metió a la ducha, ya había templado el agua y en unos minutos estaba lista para ir a tomar su desayuno.
Vestía unos jeans con estoperoles en los bolsillos y una playerita amarilla con algunos garabatos al frente.
Al entrar a la cocina nos reímos por la imagen, Esme estaba poniéndole fruta a los panqueques mientras que Carlisle trataba de pellizcarlos ganándose unas palmadas en las manos.
— Buenos días papi Calis y mami Esme— se acercó a ellos y les saludó con sonoros besos en la mejilla.
— Buenos días princesa— Carlisle depositando un beso en su frente.
— Buenos días cielo, ¿Me ayudas a poner la mesa?— dijo Esme entregándole una fuente con fruta.
Entre los cuatro pusimos la mesa y comimos en silencio, a la esposa de mi padre le molestaba que hicieran ruido mientras estaban en la mesa.
Después de comer nos sentamos en la sala a charlar un poco, yo sabía que Carlisle lo hacía porque Carlie, mi princesa, estuviera más tiempo con ellos.
— ¿Hay muchos pendientes en la oficina?— preguntó.
— Como siempre, pero lo más importante por el momento es la información sobre la empresa de vinos en Sacramento. Para serte sincero aún no entiendo tu obsesión por esa empresa.
El se encogió de hombros y luego bebió de su café, me miró con una sonrisa lobuna, esa que tiene siempre que trae algo entre manos.
— Sé ver las oportunidades antes de que se presenten.
No podía rebatirle eso, no por nada estaba en la cima, el principal negocio era de exportaciones, este lo heredó del abuelo Marcus Cullen pero él se ha encargado de expandir Cullen Enterprise.
Ahora su imperio lo comprenden varios tipos de empresas de diversos ramos, desde una pequeña constructora, bueno no tan pequeña, donde construyen barcos de carga hasta una empresa de marketing.
— Cuando lea el informe te lo paso para que le des un vistazo.
— Me tiene intrigado el nombre que pueda tener.
— No te entiendo— bebí el último sorbo de café y coloqué la taza en el centro de la mesa. Mi hija se acercó, la tomó y se fue a la cocina a dejarlo, maniática del orden. Como ella.
— Ese hombre es un cascarrabias que ha tenido muchísimas mujeres, para demostrarles "su amor" ponía su nombre a la empresa, no te confundas solo cambiaba el nombre de la empresa pero ellas jamás vieron una sola acción de la misma.
— Está loco— aseguré, en el registro de una marca se gasta muchísimo.
— Sí, pero eso actúa a mi favor. Según informes me he enterado que entre él y su administrador han derrochado casi todo quedando al borde de la quiebra, sin contar con los préstamos bancarios que casi estoy seguro no podrán pagar.
— Entonces te traeré esa información cuanto antes— recordé que tenía la reunión mensual con los jefes— te la mandaré a tu correo mejor para que puedas analizarlo.
— Eso suena bien.
Nos fuimos de allí y tras dejar a mi hija en la guardería de la empresa la cual contaba con maestros para los primeros cursos.
Se despidió de mi con un piquito en los labios y una mirada asesina a para las mujeres que ahí se encontraban. Reí por lo bajo, ¡Cómo no amarla!
Fui a mi oficina dónde la señora Gaby me esperaba con mi café de todos los días y la lista de pendientes lista.
— Buenos días Señor Cullen.
— Buenos días Gaby, ¿Hay mucho para hoy?
— Lo de siempre— sonrió entrando tras de mí a la oficina.
Lo primero que hice fue escanear las hojas del informe y enviárselas a Carlisle, el día pasó rutinario entre reuniones y firmas.
Al salir me fui directo a recoger a mi hija y por el camino recibí una llamada de Emmett.
— Que fue— saludé riendo.
— Vaya, ese milagro que andas de buenas.
— Como siempre, mi princesa que cada día me sorprende más— me arrepentí al instante al hablarle de ella, sabía lo doloroso que es para él el que le mencionen niños.
— Oh— fue su brillante repuesta.
— Mejor cuéntame cómo dejaste las cosas en la sucursal en Sudamérica— cambié la plática.
— Sobre ruedas, Kachiri y Zafrina hacen un excelente trabajo— aseguró.
— ¿Eso significa que te quedas aquí?— extrañaba a mi hermano.
— Si, por eso te llamo, me gustaría poder hacerme cargo de alguna sucursal en el país.
— Imagino que tienes algo en mente.
— Cuando esté allá te cuento.
— Te espero entonces— me despedí cuando miré a mi hija hacer señales para que me apresure.
— Dale un beso a Carlie de mi parte— escuché el pitido señal de que había colgado.
Sacudí la cabeza, esta situación, a pesar de los años que han pasado, no cambia, desde que Irina la esposa de Emmett murió al dar a luz al pequeño Patrick, mi hermanos se convirtió en un ermitaño y amargado. Ese día no solo perdió a la mujer que ama sino también a su hijo, al único que pudo ayudarle a salir adelante, los padres de Irina contaban con una carta poder con la cual podían recoger al niño y ser sus tutores.
Ella confiaba en ellos, lástima que la defraudaran de la peor manera.
Al principio Emmett se sumergió en la depresión, dolido y desolado se perdió en el alcohol, nada lo podía sacar de esa oscuridad, hasta que llegó Carlie, entonces tomó fuerzas y duró un año internado en un centro de rehabilitación.
Al salir buscó a Sasha y Patrick para rogarles, si era necesario, que por lo menos le permitiera tener contacto con su hijo pero cuál fue su sorpresa al descubrir que ellos lo habían dejado en una casa de acogida, alegando no soportar la presencia del asesino de su hija.
Desde entonces se ha pasado buscándole sin éxito alguno.
— Hola papi, mira lo que hice hoy— Mi hija tenía en sus manos una hoja con diversos dibujos, de partes del cuerpo.
— ¿Y esto que significa?— pregunté pretendiendo no entender.
— Hay papi— sacudió la cabeza graciosamente y después me dio un piquito en los labios— son los cinco sentidos, la maestra nos enseñó cuales son y que hacen, además que bailamos y cantamos la canción de HI five*
— Wow, eres una niña muy inteligente— la felicité apretándola entre mis brazos.
— Porque me parezco a mi papi.
No podía estar más orgulloso de ella, mi hija era mi universo entero.
La llevé a casa y después de comer y limpiar, por petición suya, jugamos un rato y cuando menos pensé ya era hora de que durmiera por lo que la llevé a su cuarto para hacer la rutina previa a que duerma; Ducha, cepillado de dientes, cepillado de cabello y secado, poner pijama y leer un cuento.
Cuando la escuché balbucear entre sueños supe que estaba profundamente dormida. Por más que tratara de olvidarla, a ella, mi hija se encarga de recordármela a cada instante.
Fui a mi cuarto y me preparé para dormir.
Como todas las noches el sueño se me escapó siendo presa de los recuerdos, un pasado que por más que luchaba no podía olvidar.
Miré al buró donde tenía una fotografía de mi hija, la primera que le tomé cuando llegó a mi lado.
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Flash Back
Estaba desolado, nada me levantaba el animo, los porqués se arremolinan en mi mente al recordarle… ¡Maldita sea!, no quiero pensar en ella, no quiero recordar ni un solo minuto del año que estuvimos juntos.
No supe cómo pasó solo que un momento estaba en la gloria, siendo el hombre más feliz del planeta, un anillo con un pequeño diamante rosado cuadrado reposaba en el bolsillo de mi pantalón.
Hacía unos días había notado cambios en el cuerpo de mi mujer, tuve mis sospechas pero al confirmarlas fui el hombre más feliz del universo, ¡Seríamos padres!, no me cabía la felicidad en el pecho.
Pero todo desapareció en un segundo, ella se fue a ver a su padre enfermo, imaginé que al pequeño pueblo de Washington dónde decía vivir con sus padres Billy Black y Renee Black, además de sus hermanos, los gemelos Leah y Seth.
Pero no se qué pasó, ella jamás tomó algún vuelo a Seattle o cualquier lugar de Washington, desapareció por días. Nadie contestaba su móvil el cual estaba apagado, parecía que se la había tragado la tierra…
Hasta que un día mi mundo se derrumbó…
Marque, de nuevo el numero de mi princesa, estos días habían sido un verdadero infierno al no tener noticias suyas…
— ¿Aló?— una voz masculina respondió el teléfono sorprendiéndome.
— Perdón, ¿Hablo al teléfono de Bella Black?
El hombre rió estruendosamente— Lo siento, sí y no.
— No le entiendo, es o no el teléfono de Bella Black—dije molesto.
— Mire, no sé quien sea usted pero le voy a decir, este teléfono es de Bella, mi prometida y le suplicaría no moleste de nuevo.
Esa fue la única vez que supe de ella, al principio me resistí pero después el rector Webber me confirmó que por problemas familiares la joven Bella Black no asistiría más a la universidad.
Allí terminó de derrumbarse lo poco que quedaba de esperanza para mí, ella no volvería, se había ido dejándome solo y con un enorme hueco en el corazón porque no se había ido sola, se llevó con ella a mi bebé, uno al que amo con todo mí ser.
Renuncié a la universidad, me dolía todo al estar en ella, también me fui del edificio, comencé a trabajar en la empresa de mi padre, nadie supo lo sucedido, creyeron que había cubierto mi capricho de la música y ahora me pondría a trabajar en serio.
Los días se volvieron semanas, las semanas en meses… y más meses de infierno que parecía consumirme día con día.
Estaba revisando unos informes, parecía robot haciendo todo de forma automática, sabía mi trabajo y lo hacía bien, pero eso no quitaba que era un autómata.
— Señor Cullen la señorita Ángela Webber le llamó urgentemente y dejó un recado para usted.
No sabía de ellos desde hace meses, me la recordaban constantemente.
— No tengo tiempo Gaby— aseguré a mi secretaria sin quitar la vista de los papeles.
— Siento molestarle pero me exigió que le pasara su recado— levanté la mirada ofuscado por la actitud de esa chica.
— ¿Qué quiere?— atrapé el puente de mi nariz entre los dedos pulgar e índice, era una estúpida maña que tengo cuando me enojo.
— Dijo— se sonrojó— con perdón de usted le repito las palabras textuales de la señorita Webber "Dile a ese Cabrón que tienes por jefe que traiga su apretado trasero al edificio en este instante o no me tocaré el corazón para ir personalmente por él y arrastrarlo de las pelota hacia acá".
— Cancela mis reuniones por esta tarde y si pregunta mi padre por mi dile que tuve una emergencia— ella asintió sorprendida— y por favor ni una palabra a nadie acerca de esta llamada.
Salí con rumbo al edificio, ese dónde fui feliz por un año, ese donde encontré mi infierno y mi paraíso.
Estaba igual a como lo deje la ultima vez, el viejo vigilante leyendo el periódico mientras que el perro pastor alemán está a su lado echado y medio adormilado.
— Profesor Masen— saludó el hombre con una inclinación de cabeza misma que respondí y entré sin decir palabra.
Me sabía el camino de memoria, pero era demasiado doloroso, cada rincón del lugar me recordaba a esa mujer que jugó conmigo y me dejó viviendo un infierno.
Casi podía oír su risa, su voz llamándome, casi podía aspirar su aroma en el ambiente…
Estaba a punto de tocar la puerta cuando escuché el llanto de un bebé, ¿Un bebé?, no sabía que ellos estuvieran esperando… esos éramos nosotros.
Mi corazón se apretujó al seguir escuchando ese dulce y dolido llanto, esa como si me llamara a mí, como si conociera ese bebé…
Quedé estático frente a la puerta por una buena cantidad de tiempo, mi cuerpo no respondía, solo mi corazón que late furiosamente tratando de controlar tantos sentimientos provocados desde que recibí el mensaje de Ángela.
Al final mi cuerpo respondió y logré golpear a la puerta, casi de inmediato Ben, aun en pijama y con el rostro demacrado, como si hubiera visto un fantasma, abrió y tiró de mí para que entrara.
— Que…
La imagen frente a mi me quebró, mi amiga estaba con un bebé en brazos envuelto en una manta rosa con pequeñas figuras amarillas. El pequeño cuerpecito se sacudía y las manitas salían de la manta.
— Tienes que ver esto Tony— me acerque a paso lento, mis pies parecían pesar mil veces más de lo normal, la respiración se me volvió agitada.
— Es…— no… era imposible.
— Siéntate amigo— Ben me entregó un sobre que tenía como destinatario "Señor Anthony Masen"
Con manos temblorosas lo abrí, era totalmente impersonal, escrito a computadora e impreso.
Anthony:
Te entrego a tu hija, espero que la aceptes o hagas lo que quieras con ella… no tiene cabida en mi vida.
Bella.
Leí la pequeña nota y los papeles firmados por ella dónde me cedía la custodia total de la niña, ¿Era real?, ¿Esa pequeña lloroncita era mi hija?...
Miré hacia Ángela quien aun sostenía al bebé hipando entre sus brazos, su rostro compungido y los ojos llorosos me regaló una sonrisa triste.
— ¿Qué harás con ella?— preguntó señalando el bulto entre sus manos.
— No lo sé.
Nos quedamos en silencio, solo los hipos adormilados de la bebé interrumpían ese silencio, no sabía qué hacer; aunque no quisiera pensarlo existía la posibilidad de que esa niña no fuera nuestra, o mía.
— Creo que debo llevarla al médico, deben revisarla y me gustaría hacernos una prueba de paternidad— ellos asintieron con una sonrisa.
— Iremos contigo Tony— a pesar de que sabía quién era yo en realidad, cosa que les costó una separación de un par de meses a la feliz pareja, decidió seguir llamándome así.
Ella se encargó de conseguir una sillita para bebé, y también de cambiarle el pañal antes de salir de su departamento, mientras conducía hacia el hospital me contaron lo sucedido.
— Había llegado de la escuela temprano porque no tuve las ultimas clases— suspiró Ben— En cuanto abrí la puerta del departamento se abrió también la de al lado, dónde vivían ustedes— asentí con una mueca— el maestro Stephan salió cargando una canasta con la bebé, al parecer alguien la dejó en la puerta con la carta dirigida a ti.
Mi mente estaba totalmente revuelta… ¿Quién era esa mujer?, cómo pudo dejar así a su hija, esa no es la Bella que conocí, mi Bella, ¿Sería solo una ilusión…? tantas dudas saltaban a mi mente y me sentía ahogado.
Fin de Flash Back.
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Los rayos del sol acariciaron mi rostro, no había dormido nada en toda la noche, miré la hora y se me hacía tarde para llevar a Carlie a la guardería e ir a trabajar.
De mala gana me levanté y me metí a la ducha, aún con la cabeza llenas de preguntas sin respuesta, pero no la buscaría, ella me abandonó y tal vez hasta se casó con ese hombre que respondió el teléfono, no conforme con eso abandono a nuestra hija, corrijo, a mi hija.
Fui a levantar a mi princesa que estaba acostada con la colita parada, desde que pudo moverse sola comenzó a dormir así cuando duerme solita.
Le di una palmadita en la colita y se estiró en la cama.
— Despierta bebé. — pedí mientras preparaba su ropa.
— Nop. — se quejó mientras cubría su carita con la manta.
— Despierta que se nos hace tarde para que vayas a la guardería y para que tu papi se vaya a trabajar. — insistí mientras reía por sus caras graciosas.
— No quiero — Hizo un gracioso puchero mientras trataba de acomodarse de nuevo para seguir durmiendo.
— Por favor princesita, ¿No me quieres?— la chantajeé mientras le quitaba la manta.
— Si te quiero mucho pero no me quiero levantar— se cubrió de pies a cabeza con la manta.
No podía entender cómo podía parecerse tanto a ella, a la mujer que la parió, si jamás han tenido contacto alguno.
— ¿Hay alguien en casa?— la puerta del cuarto se abrió entrando una chica de short vaquero y camisa a cuadros, en los pies unas botas vaqueras, su cabello corto y despeinado sostenido por un sombrero vaquero algo deshilachado.
— ¡Allie llegaste!— se levantó Carlie corriendo a los brazos de ella quien la recibió cubriendo su rostro de besos y girando con ella en los brazos.
Bella POV
Conducía hacia la empresa a una guerra segura, James trataría de imponer un cruel castigo a mi Tony y yo lucharía para defenderlo, eso sucedía siempre, hasta que él encontró mi punto débil, uno que logré vencer.
Las palabras aun me dolían pero más fuerte era el dolor al ver a mi bebé sin poder sentarse por los cinturonazos o castigado sin postre cuando James se encargaba de mandar preparar los favoritos de mi niño durante el castigo.
La última vez que permití que su frase "Es mi hijo y no tuyo" me doblegaran, fue cuando sus manitos llenas de ampollas no podían tomar siquiera la cuchara porque le dolía demasiado.
Manejé lo más despacio posible, no tenía ganas de enfrentarlo, de seguro que Victoria le tendría la cabeza llena en contra de Tony hablándole de su pobre Peter y como el cruel de mi hijo le había golpeado sin piedad.
— Tomaré el camino más largo— murmuré girando en el siguiente cruce.
Las calles estaban con su clásico ir y venir de las personas al trabajo o a la escuela, lo de siempre… o eso creo. Hay veces que siento que los años que perdí de mi mente son demasiado valiosos pero no vuelven por más que me esfuerzo.
Pasé frente a una agencia de viajes, al frente tenía un enorme imagen de la estatua de la libertad, mi cabeza comenzó a palpitar con dolores punzantes… pequeñas imágenes mías sonriendo con un grupo de desconocidos mientras íbamos hacia la isla, el dolor se volvió insoportable.
Unos ojos verdes aparecieron frente a mí, eran parecidos a los de Tony… el dolor se agudizó más si es que era posible hasta que no me quedó más que estacionar el auto, el mundo comenzó a girar. Saqué mi móvil y marqué el número de Gin.
— Dime que cortaste oreja y rabo de Zorra por favor— dijo entusiasmada,
— Gin… por favor…
— Isa, ¿Qué pasa, dónde estás?— escuché su voz lejana mientras luchaba contra el horrible dolor que parecía taladrar mi cabeza.
No supe cuanto tiempo pasó cuando Gin y Rosalie llegaron, me sacaron del coche y me subieron a otro, las imágenes iban y venían frente a mí, cosas muy confusas que jamás desde el accidente habían pasado.
Las chicas balbuceaban algo, pero no lograba entenderlas, el zumbido en los oídos era demasiado fuerte y abrumador. En algún punto del viaje me deje llevar por la inconsciencia sintiendo al fin un poco de paz.
