CAPITILO 5

ESTUDIANDO MAGIA

Al siguiente día desperté a la hora que acostumbro, no me emocionaba mucho la idea de estudiar por mi propia cuenta, pero al menos podría aprender algo de utilidad.

Me dirigí al comedor para el desayuno y aunque Atem y Mahad intentaban animarme, no pude evitar seguir sintiéndome mal. Finalmente, al acabar con el desayuno, nos dirigimos al salón, así recibiría el libro que el maestro Kazuke me tenía preparado.

Aún recuerdo a Atem tratándome de animar, al momento talvez no lo sentí de la misma forma, pero cuando lo pienso, me hace sentir tan bien… no se por que, pero es algo muy lindo lo que siento al pensar en eso.

Al llegar frente a la puerta del salón, Mahad tocó como de costumbre y educación.

-¿Podemos pasar?-preguntó.

-Si-se oyó una voz-Adelante.

Mahad abrió la puerta y entramos enseguida.

-Buenos días-saludaron Atem y Mahad.

-Buenos días-saludó el profesor de magia haciendo una reverencia a Atem.

-Buenos días-saludé un poco más animada.

-Buenos días pequeña-me dijo el profesor y enseguida de un movimiento apareció un libro grueso de color verde y me lo entregó-Toma-me dijo con una sonrisa-Aquí encontraras lo básico.

-Gracias-agradecí alegremente, ya que debo admitir que a pesar de mi descontento al no ser oficial, se que puedo aprender algo.-Muchas gracias.

Atem sonrió al ver que mi entusiasmo regresaba al igual que Mahad.

-Por ahora solo puedo darte eso, pero creo que te será útil-dijo el maestro Kazuke.

-Si-dije con una sonrisa natural-Me iré a estudiar.

-Adelante-me dijo con una sonrisa.

-Hasta luego chicos-me despedía con la mano corriendo hacia la puerta-Prometo aprender algo para cuando salgan-lo último que vi, fue sus caras sonrientes.

Después de esto, salí del salón y me dirigí directamente a la biblioteca, donde al llegar, me senté de inmediato en el lugar vacío mas cercano, abrí el libro y antes de empezar mi lectura, me paralicé por un momento. Un escalofrío recorrió mi espalda en tan solo unos segundos, pero a la misma velocidad a la que llegó, se fue y continué con mi tarea.

-¿Qué habrá sido eso?-me pregunté, pero ignorándolo enseguida-Será mejor que me apresure con esto-dije sonriendo-Debo aprender por lo menos un hechizo antes de que Atem y Mahad salgan de sus clases, se los prometí y lo voy a cumplir.

Durante los primeros minutos me mantuve entusiasmada, pero lo mío no es la lectura y comencé a aburrirme dejando el libro sobre la mesa de lectura y dando un enorme suspiro.

-¡Esto no es como lo imaginaba!-exclamé con voz fuerte.

El encargado de la biblioteca se puso enfrente de mí con cara de reproche y antes de que pudiera decirme algo, me escondí en la silla.

-Si deseas estar aquí será mejor que no hagas escándalo-me dijo mientras bajaba más de mi asiento-Hay personas que puedes distraer.

Cuando acabó, salté de la silla-Pero soy la única en el lugar-reproché haciendo que la persona mirara a su alrededor vacío.

-Pero aun así no debes hacer escándalo-me dijo para finalmente marcharse.

¿Quién entiende a los adultos? Te dan una razón para que no hagas ciertas cosas, pero si esa razón está ausente te siguen regañando.

El principio del libro lleva las reglas que hay que seguir para estudiar magia, que por supuesto me salté. Lo siguiente habla de la importancia de la disciplina… bla… bla… bla… No encontraba lo que yo quería…

-Necesito aprender un hechizo-dije murmurando y mirando de reojo al encargado que me vigilaba.

Coloqué mi cara sobre mi mano mientras pasaba las hojas del libro una y otra vez dejando que el aire que producían me refrescara el rostro.

-¡Que aburrido!-pensé-Esto no es lo que esperaba-dije una vez más en voz alta.

-Sh…-se oyó de la boca del encargado.

Una vez más pasé las hojas del libro, que detuve al ver unas palabras que llamaron mi atención.

-¿Dónde lo vi?-me preguntaba mientras pasaba las hojas una por una para encontrar el lugar donde vi la palabra "formular". Al llegar a la parte media del libro, encontré una serie de hechizos básicos-¡POR FIN!-grité emocionada-A ESTO ES A LO QUE ME REFERIA.

-Sh…-volví a oír con más enojo, pero ya no me importó. Coloqué una pluma que llevaba en la página donde hice mi hallazgo, cerré el libro y salí del lugar abrazando el libro.

-Ahora si podré practicar-pensé con una enorme sonrisa y caminé por lo pasillos.

Bien, tal vez no fue buena idea salir de la biblioteca ahora que tenía algo importante que estudiar, pero ya no podía regresar después de mis escándalos.

Al darme cuenta que no tenía un lugar adecuado para estudiar, decidí dirigirme a mi habitación, donde al menos nadie intentaría callarme.

-Hacer flotar objetos pequeños… cambiar de forma papel…-leía en voz alta los títulos de los hechizos-¡Estas cosas no me sirven!-exclamé con enojo-Con estos hechizos no se puede curar a nadie, ni siquiera me pueden servir para alguna batalla-di un profundo suspiro.

Me encontraba recostada en mi cama con el libro abierto en las manos, pero al quedar insatisfecha, puso aquel objeto verde en mi pecho y miré el techo.

-Creo que al menos debería aprender uno de estos hechizos, no quiero romper mi promesa-pensé estirando mis manos-Pero debe ser algo de utilidad.

Después de un rato me senté en la cama y volví a revisar la lista de hechizos para elegir uno adecuado.

-¡Este!-exclamé con emoción-Este debe servirme en algún momento.

Me levanté de la cama con mucha emoción al hallar algo de utilidad y una enorme sonrisa se dibujó en mi rostro.

-No es mucho, pero de algo me ha de servir-dije levantando el libro en señal de triunfo-Pero necesito donde practicarlo… A decir verdad no se donde puedo encontrar a alguien que me deje intentarlo.

Regresé a sentarme en mi cama para pensar un poco y comencé a pronunciar el hechizo repetidas veces para memorizarlo.

-Ahora no conozco a nadie que tenga la necesidad de que le ayude-dije un poco decepcionada y seguí pensando-¡Tal vez aquí no haya nadie!-exclamé feliz al llegarme una idea-¡Pero seguramente fuera del palacio necesiten ayuda!

Tomé mi libro de inmediato y salí corriendo de mi habitación hasta la entrada del palacio.

-Muy bien, ahora hay que burlar a los guardias-pensé escondida tras una de las tantas columnas que sostienen los pasillos de la entrada del palacio-Cuando Atem y yo salimos de aquí él usó su magia para ocultarnos y poder salir, pero yo aún no se ningún hechizo…

Una idea llegó a mi mente casi al instante.

-¡AUXILIO!-grité en dirección del palacio con la esperanza de que se quitaran de sus posiciones para "ayudar"-¡AUXILIO! ¡AUXILIO!

La verdad no esperaba que eso funcionara, pero agradezco a Ra que así haya sido, por que en cuanto se fueron en busca de "la persona en problemas" logré salir sin problemas.

Al salir, pude ver la enorme ciudad, llena de gente como siempre de un lugar a otro.

Tal vez solo haya salido del palacio dos veces desde que tengo memoria, pero desde las torres del palacio se puede ver Egipto.

-Este no es momento para distraerte-me dije a mi misma-Tenemos que buscar a alguien para practicar.

Caminé sin rumbo durante un rato, pero parecía que todos estaban bien sin mi ayuda. Estaba triste, no por que la gente estuviera bien, si no por que no aprendería nada para cuando salieran de clases, así que me senté junto a una casa por un rato y miré a todos a mí alrededor.

-¿Será la primera vez que no cumpla mis promesas sinceras?-me pregunté mirando las calles.

Al terminar de preguntarme eso, vi a un chico que se sentaba al extremo de donde yo estaba, pude notar que podría ayudarlo con el hechizo que quería practicar así que me acerqué a él.

-Hola-saludé felizmente con mi libro y mis manos tras de mi-Me llamo Mana.

-Hola-me saludó no muy convencido el niño alzando su mirada.

Me senté junto a él y coloqué el libro sobre mis piernas-¿Tu como te llamas?

-Ese… ¿ese es un libro de magia?-me preguntó al notar el objeto sobre mis piernas.

-Si, así es-contesté feliz enseñándoselo.

-Eso quiere decir que tú estudias la magia-aseguró el chico sorprendido.

-Si, pero dime ¿Cómo te llamas?-le volví a preguntar.

-Me llamo Bakura- me contestó con una sonrisa.

-Veo que te has raspado la rodilla-le dije aún feliz.

-Si-me contestó-Pero no es de gracia.

-Lo sé pero ¿quieres que te cure?-le pregunté con emoción y esperanza de una respuesta afirmativa.

-¿De verdad puedes hacer eso?-me preguntó sorprendido.

-Claro que si tontito, la magia puede curarte heridas-le contesté.

-¿Tontito?-preguntó algo enojado-Yo…

-Por favor déjame ayudarte-le pedí levantándome del suelo.

El chico sonrió un poco-Está bien, hazlo, confío en ti.

A decir verdad fue algo muy lindo de su parte cuando me dijo "confío en ti", nadie me había dicho eso antes y me puse mucho mas alegre. Las cosquillas en el estómago regresaron en ese momento, yo creo que debo irme a revisar con el doctor.

Coloqué mis manos en su rodilla, cerré los ojos y comencé a pronunciar el hechizo con la esperanza de que funcionara, al acabar, los abrí enseguida.

-Vaya, eres buena-me dijo Bakura-Ya no me duele.

Quité mis manos de su rodilla y la vi ya sin ningún rasguño-¡Lo logré!-dije con emoción.

-Si-dijo Bakura mirándome con sorpresa por mi reacción-¿Acaso es la primera vez que lo haces?

-No-dije moviendo mis manos torpemente-Es solo que me gusta celebrar cuando hago las cosas bien.

Bakura me miró dudoso de mis palabras.

-¿Y cuantos años tienes?-le pregunté para cambiar el tema-Yo tengo 8 años.

-Tengo 9 años-me contestó cambiando la expresión de su rostro con una sonrisa.

-¡AH!-grité emocionada-¡Igual que Atem!

-¿Atem?-se preguntó en voz alta-¿Te refieres al príncipe?

-¿Eh? No… digo… ¿Cómo voy yo a llamar al príncipe por su nombre?-reí un poco tratando de pensar en algo, no podía dejar que se enterara de que Atem me había dado permiso de llamarlo por su nombre.

-Si, tienes razón-me dijo haciendo que sintiera alivio.

-Atem es mi… es mi…-intentaba pensar en algo, pero estaba tan nerviosa por mi error que no me llegaba nada a la mente.

-¿Hermano?-me preguntaba Bakura-¿Primo?

-No, no es ningún familiar mío-contesté haciendo tiempo para pensar en algo.

-¿Prometido?-me preguntó.

-¡NO!-grité apenada, sentí la cara caliente y mis nervios aumentaron-¡Es mi amigo!

-¿Amigo?-me preguntó-No es común la amistad entre hombres y mujeres.

-Pero yo no soy una mujer aún, soy una niña-aclaré-Y si, es mi amigo.

-Tienes razón, solo somos niños-dijo Bakura sonriendo.

-¿Quieres ser mi amigo?-le pregunté para demostrarle que esas amistadas si eran posibles además de que me había caído muy bien.

Bakura comenzó a pensar un poco-Si, serás entonces mi primera amiga-me dijo feliz.

-¡Si, la primera!-exclamé feliz, pero recordé que tenía que llegar al palacio antes de que Atem y Mahad salieran de sus clases-Lo siento, tengo que irme.

-¿Tan pronto?-me preguntó.

-Es que ya es tarde y si no, no llegaré a…-no podía decirle que no llegaría al final de la clase de magia siendo que le dije que la estudiaba-no llegaré a…

-¿A ver a Atem?-me preguntó remarcando el nombre.

-Em… si… quedé de verlo-le dije-Ya me voy-dije para echarme a correr en caso de que quisiera acompañarme-¡ADIOS!-le grité como último.

Regresé de inmediato al palacio con algunos problemas cuando los guardias me descubrieron y me preguntaron el por que estaba fuera del palacio, pero fue lo de menos y llegué a tiempo frente al salón.

-Hola-saludé a mis amigos que salían del salón-¿Cómo les fue?

-Bien, pero cuéntanos ¿Cómo te fue a ti?-me preguntó Atem con una sonrisa.

-¿Qué aprendiste?-me preguntó Mahad.

-Yo aprendí a curar heridas leves-contesté feliz recordando mi hazaña en la ciudad.

-¿De verdad?-me preguntó Atem sorprendido.

-¿Y ya te aprendiste las reglas y sabes la responsabilidad que tienes ahora que se permitió aprender magia?-me preguntó Mahad seriamente.

-No, eso es aburrido-contesté a su larga pregunta.

-Pero…-quiso sermonearme.

-Mahad-se oyó la voz de Isis tras Mahad-Disculpa si te parezco fastidiosa, pero es que aún…-decía Isis sonrojada, pero no quiso terminar su oración.

-¡Es verdad!-exclamó Mahad-Discúlpame por no haberme acordado, vayamos a comer de una vez y enseguida te ayudo con el hechizo.

-Si, gracias-agradeció Isis aún sonrojada y vi como colocaba una mano sobre su estómago.

-¿Será que ella también está mal del estómago?-pensé-Le preguntaré otro día.

-Con permiso alteza-Mahad hizo una reverencia seguido de Isis.

Ambos se fueron hacia el comedor dejándonos a Atem y a mí solos en el pasillo.

-Mana, por algo están las reglas-me dijo Atem siguiendo el trabajo de Mahad-Será mejor que las leas primero.

-No es necesario-le dije sonriendo-Ya curé a alguien sin necesidad de leerlas.

-¿Lo lograste?-me preguntó sorprendido-¿A quien curaste? ¿Qué tan grave era la herida?-preguntaba preocupado examinándome.

-Si, lo logré-le dije orgullosa de mi misma-Fue a un chico que me encontré en el pueblo, tenía un pequeño raspón-al acabar de decir esto, mi rodilla comenzó a dolerme, pero no dije nada.

Atem, se dirigió inmediatamente a revisar mis rodillas-¿Cómo este?-me preguntó señalando un raspón en mi rodilla derecha.

-Si-dije sorprendida el ver que era exactamente al que había curado.

-No puedes curar una herida así como así por que se te revierte-me dijo Atem curándome la herida.

-¿Qué haces? Me acabas de decir que las heridas se traspasan-le dije a Atem preocupada pero esa sensación en el estómago regresó-No lo hagas.

Cuando Atem terminó el hechizo me regaló una sonrisa cálida que hizo que la sensación en el estómago aumentara-La herida es muy leve y puedo evitar que se transfiera a mi cuerpo-me dijo-Además, aunque no pudiera evitarlo, no dejaría que estuvieras lastimada sin importar la gravedad.

Esas últimas palabras hicieron que la sensación del estómago invadiera todo mi cuerpo y una vez en el día, sentí mi cara caliente.

-¿Qué te sucede Mana?-me preguntó Atem preocupado-Tu cara está roja, ¿acaso tienes fiebre?-siguió preguntando después de tocar mi frente.

-No, me… me siento muy bien-contesté nerviosa-Pero ¿Por qué a ti no te pasó nada?-pregunté tratando de olvidar ese nerviosismo.

-Dependiendo de la experiencia de magia que tengas, puedes lograr evitarlo-me contestó-Será mejor que leas todo el libro para que entiendas-me pidió con voz suplicante.

-Está bien-dije aun algo nerviosa-Lo haré para que no te preocupes por mí-pensé.

-¿Te parece si vamos a comer?-me preguntó Atem.

-Si-contesté entusiasmada.

Durante todo el día no se me quitó esa sensación en el cuerpo cada vez que miraba a Atem, pero el día pasó tranquilamente.

Decidí preguntarle a Isis sobre esta sensación antes de pasar con algún doctor, pero será después de sus clases de mañana, por que por ahora tengo que estudiar esas aburridas reglas.

Ah! Por cierto, espero volver a ver a Bakura, pero será después de que aprenda más cosas para que no sospeche de mí.