CAPITULO 6

ESTUDIANDO MAGIA (segunda parte)

Ayer no pude dormir tan fácil, por que esa sensación no desapareció, el sueño tuvo que ganarme para poder dormir, pero a pesar de eso me sentía feliz.

En fin, pasemos a mi día de hoy, donde descubrí algunas cosas.

Me levanté como cada mañana y me dirigí al comedor. Ahí, Mahad y Atem ya se encontraban sentados, solo esperaban al faraón y a mí.

Cuando llegué al comedor y vi a Atem, regresó esa sensación en el estómago a pesar de que había despertado sin ella.

-Buenos días Mana-me saludó.

-Buenos días-siguió Mahad.

-Buenos días chicos-saludé como de costumbre, solo que esta vez, en mis palabras se oía nerviosismo por el regreso de la sensación-¿Cómo durmieron?

Tanto Atem como Mahad me miraron extrañados y con mucha sorpresa por que era la primera vez que les preguntaba sobre su sueño y seguro notaron mi nerviosismo.

-¿Te sucede algo?-me preguntó Mahad.

-¿Te sientes enferma?-preguntó Atem levantándose de la mesa y dirigiéndose hacia a mí.

-No-contesté más nerviosa al verlo acercarse.

-¿Tienes fiebre?-me preguntó tocándome la frente-Estás roja.

-¡No!-exclamé alejándome de él-Estoy bien príncipe, no se preocupe-di tres pasos atrás-Tal vez deba decirles sobre mi estómago-pensé-Bueno la verdad es que…-quise decir.

-Buenos días niños-saludó el faraón que entraba al comedor-¿Sucede algo?-nos preguntó al ver mi cara.

-No lo sé padre-contestó Atem-Pero Mana estuvo a punto de decirnos algo ¿Qué era?-me preguntó volteándome a ver preocupado.

-Será mejor que primero lo consulte con Isis-pensé-Después de todo, si es algo malo no quiero preocuparlos-volteé a ver a Atem-No, no es nada. Olvídenlo.

-Pero aún estas roja-me dijo preocupado y queriéndoseme acercar otra vez.

-Si estás enferma será mejor que vayas con un doctor-dijo el faraón-No vaya a ser algo grave.

-Hazle caso al faraón Mana-me dijo Mahad casi regañándome.

-No, de verdad no es nada-contesté corriendo a la mesa para sentarme-Solo tengo hambre.

Todos me miraron por un rato, luego el faraón sonrió un poco y se sentó.

-No se preocupen niños-dijo ya sentado-Mana estará bien.

-¿Estoy bien?-me pregunté-¿Sabe lo que me pasa?

-Vamos Atem, ya siéntate-pidió el faraón.

Atem lo miró un poco confundido y luego me miró a mí-Si padre-contestó y obedeció la petición.

El desayuno terminó y los chicos fueron de inmediato a sus clases mientras el faraón y yo terminábamos con el desayuno. Usualmente termino al mismo tiempo que ellos, me gusta acompañarlos a su salón, pero con todo lo que estaba pasando, no quería… bueno si quería… bueno no se…

-¿Hoy no los acompañaras hasta su salón?-me preguntó sonriendo el faraón-¿Por qué?

-Es que…-no sabía que contestar, en realidad esperaba hablar con Isis antes de hablar con ellos de lo que sentía-Es que… ahora voy a estudiar yo también-contesté sonriendo.

-¡Ah! Ya veo-dijo el faraón-¿Qué estudiaras?

-El maestro Kazuke me dio un libro para poder estudiar en lo que las clases están suspendidas-contesté feliz por cambiar el tema-Y tengo que estudiarlo.

-Veo que estás entusiasmada-

-Si-contesté-Ya no puedo esperar a que regresen las clases.

-Disculpe alteza-se oyó la voz del maestro Aknadín que entraba al comedor-Se nos informó de otro ataque no muy lejos de la ciudad-comentó para luego clavar su mirada en mi.

-Ya veo-dijo el faraón en tono muy serio-Suerte con tus estudios-regresó la mirada hacia a mí con una sonrisa.

-Si gracias-agradecí tratando de ignorar esa mirada penetrante que detesto.

El faraón se fue a atender los asuntos de los que el viejo maestro Aknadín le informó, por primera vez me alegró verlo y llevarse al faraón. Creo que el sospecha algo de mi mal estar, bueno, no se si se le pueda llamar así por que en realidad me hace sentir feliz.

Cuando acabé con mi desayuno, me dirigí de nuevo a la biblioteca pensando en esas sombras que me dan miedo.

-Ya no debo temerles-me decía caminando por los pasillos escuchando el eco de mis pasos-Si sigo temiéndoles no podré ayudar a nadie.

Llegué frente a la puerta de la biblioteca y una idea me llegó, no pude evitar mis exclamaciones.

-¡YA SE!-grité-Necesito aprender el hechizo de congelación para ayudar a Atem y a Mahad. Ellos se agotan haciendo ese hechizo para protegerme, si lo aprendo será más fácil para ellos por que les ayudaré.

-Si solo vienes a gritar será mejor que te marches-oí una voz junto a mí, justo en el marco de la puerta de la biblioteca-Hoy si hay personas leyendo.

-No, vengo a estudiar-contesté con voz de regañada.

-Está bien, pero te estaré vigilando-me dijo dándome el paso para entrar al lugar.

Di el primer paso para entrar, pero recordé que no llevaba mi libro; después de desayunar me dirigí enseguida a la biblioteca y no llevaba mi libro ¿Cómo estudiar sin él?

-Ahora regreso-dije con una sonrisa al encargado de la biblioteca-Olvidé algo.

Y salí en camino hacia mi cuarto recibiendo una sonrisa del encargado que me miraba corriendo por el pasillo.

-¡Que tonta! ¿Cómo pude haber olvidado mi libro?-pensaba mientras corría por uno de los largos pasillos hacia mi cuarto y doblando en una esquina.

Regrese a la biblioteca después de hallar mi libro en la mesa de noche junto a mí cama, justo donde lo dejé.

En la biblioteca me leí todo el reglamento, advertencias y definiciones luchando contra el completo aburrimiento y el encargado que me regañaba por las cinco veces que me había quedado dormida. Ya estaba harta de tanto silencio y tantas reglas, pero finalmente terminé con mi promesa. Creo que es una de las promesas que mas trabajo me han costado cumplir, pero lo importante es que tanto Atem como Mahad se sentirán orgullosos de mí.

Al acabar, miré el sol para aproximar la hora que era. Todavía faltaba para que terminaran las clases de mis amigos.

-Creo que debería seguir aprendiendo hechizos-pensaba parada a medio jardín principal-¡NO! ¡Ya me aburrí de tanto leer y memorizar!-exclamé negando con la cabeza y los ojos cerrados-¡Quiero divertirme!-exclamé alzando mi puño y dejando ver una sonrisa en mi rostro-Pero… estoy sola, así las cosas son aburridas.

Justo en el sitio donde me encontraba parada, me senté, tenía que pensar en que hacer. Muchas veces pasó por mi mente dormir un poco, estaba algo cansada por mi desvelo de ayer, pero no quería que pasara lo de la última vez que me quedé dormida. No pasaron ni dos minutos de haberme sentado, cuando recordé a Bakura, mi nuevo amigo del pueblo.

-¡Tal vez el quiera jugar conmigo!-exclamé levantándome con entusiasmo de mi sitio-Seguro que él si podrá.

Guardé mi libro de magia en el lugar que le asigné desde un principio y me dirigí enseguida a las puertas del palacio para salir a buscar a Bakura. Una vez más tuve que ingeniármelas para burlar a los guardias, ya que el mismo truco no funcionó dos veces, tuve que aprenderlo de la forma dura… Pero mejor dejemos los detalles y pasemos conmigo fuera del palacio.

Comencé a caminar por la ciudad dirigiéndome al lugar donde conocí a Bakura, pero al llegar, no lo hallé por ningún sitio.

-Que tonta-pensé-Ni siquiera se donde vive ¿Cómo pensé en venir aquí? Y tanto trabajo que me costó salir del palacio.

Me senté en el lugar donde alguna vez lo vi, tenía que descansar un poco antes de regresar al palacio. Puse mis codos sobre mis rodillas, así como mi rostro sobre mis manos mirando pasar a la gente.

-Hola amiga mía-oí una voz que pertenecía a un niño que se paraba enfrente de mí-¿Por qué tan triste?

Levanté mi mirada y ahí estaba Bakura con una sonrisa-¡Bakura!-exclamé felizmente levantándome del suelo-Hola.

-Y dime ¿Por qué estas sola?-me preguntó-¿Y "Atem"?-me preguntó burlándose del nombre.

-No te burles-lo regañe enojada por la acción.

-Lo siento-se disculpó más por quedar bien conmigo que siendo sincero-Dime

-Es que…-había olvidado que no debía haberlo buscado sin antes aprender más magia y una excusa con respecto a Atem- Es que…yo… bueno, pues verás…-decía ya muy nerviosa-Te estaba buscando para jugar-dije en un desesperado intento para cambiar el tema, aunque al final, era la verdad-Después de todo somos amigos ¿No?

-Si-dijo Bakura no muy convencido de mi respuesta.

Me alegro que no me haya hecho más preguntas en ese momento.

-¿Dónde vives?-le pregunté para no volver a caer en el mismo error de no saber donde buscarlo.

-Yo no soy de aquí-me contestó sorprendido por mi pregunta.

-¿Entonces? ¿Donde vives?-pregunté con más curiosidad todavía.

-Yo… a… vivo lejos de aquí, no creo que conozcas mi aldea-me contestó con seriedad-Será mejor que olvides eso, después de todo yo ya no puedo regresar a mi hogar.

-¿No puedes regresar?-pregunté extrañada-¿Por qué? ¿Te corrieron de tu casa?

-Deja de hacer esas preguntas-me dijo enojado-Si solo has venido a molestar mejor me voy-dijo dando media vuelta a punto de marcharse.

-No, espera-detuve tomando su brazo-Lo siento, es que quería saber donde buscarte-dije esto último bajando la voz.

El volteó, me miró seriamente y puso una mano sobre mi cabeza-Será mejor que tu seas la que me diga donde vives-me dijo sonriendo-Así yo seré quien te vaya a buscar, no es correcto que una pequeña como tú ande sola en la ciudad.

-¿Decirte donde vivo?-pregunté preocupada.

-¡Es verdad!-exclamó-Si estudias magia debes vivir en el palacio-quitó su mano de mi cabeza.

-Si-contesté-Después de todo es lógico que sepa algo como eso-pensé-No creo que puedas ir a buscarme-le dije-Ya que no dejan pasar a cualquiera.

-Eso es lo que tu crees-me dijo sonriendo con astucia-Si tu puedes salir, entonces yo podré entrar.

-Pero a mi me cuesta trabajo-objeté seriamente-Si no fuera por mis habilidades mágicas no podría salir-dije presumiendo un poco.

-Créeme, lo lograré-me dijo cerrando su puño-No sabes lo feliz que me siento al haberte conocido-en ese instante puso una mirada que no me inspiró mucha confianza.

-Será mejor jugar un poco antes de que tenga que irme-le dije para sacarlo de su pensamiento-Tengo que regresar al palacio antes de que…

-¿Eh?-preguntó al no acabar mi oración-Te quedaste de ver con el príncipe Atem ¿No es así?

-Si-contesté feliz-Es decir No, ya te dije que…

-No me engañas, si vives en el palacio, debes conocer al príncipe y al faraón-me dijo caminando un poco-Pero no entiendo tu falta de respeto-me lo dijo no muy sorprendido y casi sin importancia.

-Es que… pensé que así no te darías cuenta-le contesté caminando tras él-No quería que nadie supiera que vivo en el palacio.

-Pues tu primer error fue el llevar aquel libro contigo-me dijo burlándose de mí.

-Lo sé-dije enojada.

El resto del día estuvimos jugando a la pelota, carreras, entre otras cosas muy divertidas, pero cada vez que le preguntaba algo sobre su aldea cambiaba de actitud y su mirada me daba miedo, así que decidí no hablar más de ello.

-¿QUE?-grité al ver el cielo con una pelota en mis manos-No puedo creerlo.

-¿Qué sucede?-me preguntó mi amigo.

-Ya es muy tarde-le dije alterada-No llegaré a tiempo.

-Ven, vamos-me dijo tomando mi mano.

-¿Qué haces?-pregunté sintiendo esas cosquillas nuevamente.

-Yo te ayudaré para que llegues a tiempo-me dijo jalándome suavemente-Vamos.

Asenté con la cabeza y Bakura comenzó a correr sin soltarme-Esto es como aquella vez-pensé recordando el día en que Atem me regaló mi diario-Solo que ahora no huyo-reí un poco sin que Bakura lo notara.

Llegamos tan rápido al palacio que ni me di cuenta. Eso me pareció muy raro, por que solo volteé y ya estábamos frente a la gran puerta.

-Pero ¿Cómo…?-quise preguntar pero Bakura me tomó por los hombros haciendo que la sensación anterior se intensificara.

-Escúchame Mana-me dijo mirándome a los ojos-Yo distraeré a los guardias mientras tu entras. Así llegarás a tiempo.

-Si-contesté nerviosa por la sensación-Entonces nos vemos otro día.

-Adiós-se despidió.

El plan de Bakura fue todo un éxito, por un momento pensé que lo atraparían, pero logró escapar.

-Ahora tengo que llegar al salón de clases-pensé mientras corría por los pasillos.

-¿A dónde te diriges?-oí una voz gruñona que me obligó a frenar haciéndome caer-No se debe correr en los pasillos mocosa.

Así es, era el viejo maestro Aknadín. De todos los días y momentos en los que corro por los pasillos, hoy que tenía prisa, me detiene y me hace caer.

-Lo siento-me disculpé levantándome y sobando mi trasero-Pero tengo prisa.

Dio un clásico gruñido de enojo-No corras en los pasillos-dijo y se fue.

-Solo me hace perder tiempo-pensé.

-VI ESO-oí su voz gruñona alejándose del lugar y haciendo que unos escalofríos recorrieran mi cuerpo.

-Entrometido-dije en voz baja-¡Ah! Tengo que correr-y volví a correr.

De inmediato me puse frente a la puerta del salón llegando a después de que mis amigos salieron.

-¿Dónde estabas Mana?-me preguntó Mahad extrañado.

-Si, es verdad-dijo Atem acercándose a mi-Tu siempre estás antes de que nosotros salgamos.

Di un paso hacia atrás con esa sensación regresando a mí-Yo…-dije-Es verdad, tengo que preguntarle a Isis-pensé colocando mi mano derecha sobre mi estómago-Perdí la noción del tiempo-contesté.

Ambos me miraron incrédulos por mi respuesta, ya que nunca había hecho eso desde que empezaron sus clases.

-¿Pues donde estuviste?-me preguntó Atem.

-En la ciudad-contesté con alegría.

-¿Y tus estudios?-me preguntó Mahad reprochándome-Así nunca serás una buena alumna.

-No me regañes-pedí suplicante-Ya se todo lo que me salté ayer, eso fue muy aburrido.

-Pero tampoco debes salir del palacio-siguió Mahad-Está en las reglas.

-Es verdad Mana-dijo Atem sonriéndome-No queremos que nada malo te pase y menos que estés sola fuera del palacio. Puede ser peligroso.

-Yo prometí aprenderme las reglas, no seguirlas-me defendí controlando el nerviosismo que regresaba con la sonrisa de Atem-Y no estoy sola, tengo un nuevo amigo.

-Si quieres tomar parte de la corte real algún día, será mejor que sigas las reglas-dijo mi amigo castaño-Y yo comprobaré que te lo sepas todo.

-¿Quién es ese nuevo amigo?-me cuestionó Atem-¿Dónde y como lo conociste? ¿Acaso es el chico que curaste?-cada pregunta me la hacia subiendo ligeramente su tono de voz.

-Alteza-detuvo Mahad-¿No cree que son demasiadas preguntas seguidas? Así no podrá contestar ninguna.

Atem miró a Mahad-Tienes razón-le dijo y regresó su mirada a mí-Lo siento.

Su reacción hizo que mi corazón comenzara a palpitar con más fuerza.

-Si-contesté-Es el chico que curé, lo conocí en la ciudad, no estoy segura donde estábamos cuando lo conocí y su nombre es Bakura.

-Ya veo-dijo Atem como que reprimiendo algo-¿Y cuantos años tiene?

-Igual que tú-contesté feliz haciendo que Atem ya no me dijera nada. Se hizo un silencio incómodo.

-Pues veamos si realmente te aprendiste todo-me dijo Mahad en tono de desafío rompiendo aquel silencio-Empieza-me pidió.

Cuando lo oí, solo me hizo recordar el aburrimiento que tuve que pasar para aprenderme las reglas.

-¿Qué te sucede?-me preguntó Mahad tratando de hacerme hablar.

Di un gran suspiro-Regla número uno, obedecer las indicaciones del profesor al pie de la letra; regla número dos…-decía en coro deteniéndome a mi misma al ver salir a Isis del salón-¡Isis!-llamé alegremente.

-Aún no has acabado-me detuvo Mahad al ver que mis pies se dirigían hacia la joven-Sigue.

-Luego te las digo-le dije y corrí donde Isis-¿Te puedo hacer una pregunta?-fue lo primero que le dije haciendo que ella quedara extrañada.

-¿Por qué no se lo preguntas a Mahad?-me cuestionó viéndolo a él que se acercaba con Atem.

-No, por favor no les digas nada a ellos-le pedí evitando que ellos me escucharan.

-Esta bien- susurró.

-No creas que te dejaré ir así como así-se dirigió a mi Mahad.

-Mahad-oí decir a Isis en voz tenue.

-Primero hay que ir a comer-detuvo Atem-Seguro que hasta tú tienes hambre Mahad-acabadas estas palabras, oímos el estómago de Mahad sonar seguido del de nosotros.

-Está bien, primero comeremos-dijo Mahad apenado por los ruidos de su cuerpo-Vamos-dijo dando la media vuelta para empezar a caminar.

-¿No vienen Mana, Isis?-preguntó Atem al ver que ninguna de las dos dábamos pauta a seguirlos.

-Adelántense-contesté nerviosa-Quiero… quiero…

-No se preocupe alteza-contestó Isis-Iremos a lavarnos.

-Está bien-se conformó Atem y se fue a alcanzar a Mahad.

-Gracias-agradecí después de un suspiro.

-Ahora dime que es lo que me querías preguntar y por que no quieres que ellos lo sepan-me pidió Isis.

-A bueno, es que yo…-decía torpemente buscando como empezar a preguntar-Verás, pues el otro día observé que te tocabas el estómago a la vez de que te sonrojabas-dije como una introducción a la vez que Isis me miraba apenada y sonrojada-Y pues he estado sintiendo cosquillas en el estómago y nervios, pero, se que te va a sonar raro, pero esas sensaciones me hacen sentir bien. Entonces lo que quería preguntarte era que ¿Sabes si esto es una enfermedad muy grave?

Isis no me dijo nada al principio, se quedó en silencio por un muy largo rato haciendo que me asustara.

-¿Y por que no quieres que ellos se enteren?-me preguntó un poco más tranquila ya que mi pregunta la alteró.

-Es que ellos se preocupan mucho por mí y si es algo grave no quiero que se enteren para que no se preocupen-contesté-La verdad es que no sabía a quien más recurrir.

-Mira, no te preocupes, es algo que nos pasa a todo el mundo-me contestó colocando su mano sobre mi hombro-Si quieres mañana te explico con más calma, por ahora nos están esperando.

-¡Si!-contesté con felicidad al saber que no era la única con esas sensaciones-¡Vamos a comer!

Comenzamos a caminar-Por el momento será mejor que no les digas nada a ellos-me dijo mi compañera.

-¿Por qué si tú dijiste que no es nada grave?-la cuestioné sorprendida por lo que me decía.

-Mañana que te explique ya será tu decisión que les digas o no, por el momento es mejor que no lo digas ¿De acuerdo?

-Está bien-acordé con ella.

El día siguió su curso y no pude salvarme de la prueba de Mahad que me hizo recitar casi todo el libro secando mi boca.

-Bien, ya estás lista para aprender los hechizos-eso fue lo que me dijo al final.

-Es sorprendente que te hayas aprendido todo-dijo Atem.

-¿Qué no confiaba en mí?-pregunté decepcionada.

-No lo decía por eso-comenzó a reír Atem de una forma peculiar.

-¿Qué acaso usted no se lo sabe alteza?-preguntó Mahad sorprendido.

-Pues yo…-dijo Atem riendo de la misma forma-¿Saben? Ya tengo mucho sueño, mejor me voy a descansar. Hasta mañana-al terminar salió corriendo del lugar.

-Espere alteza-quiso detener Mahad, pero se detuvo al ver que hacía pucheros-¿Y a ti que te pasa?

-Pues que no era necesario que me las aprendiera-dije enojada-Ni siquiera A… el príncipe se las sabe de memoria.

-Estuviste apunto de llamarlo por su nombre ¿No es así?-me preguntó.

-No-contesté riendo torpemente-¿Sabes que? Yo también tengo sueño Adiós-y corrí directo a mí habitación.

Ahora me encuentro aquí escribiendo ya no puedo esperar para que Isis me explique esto de la enfermedad.