CAPITULO 10

"MI AMULETO"

Ya han pasado 2 meses desde que ocurrió aquel incidente, del grito que di, me quedé sin poder hablar durante un tiempo, casi una semana. El maestro Kazuke fue mal herido, pero en cuanto pudo levantarse se dirigió a luchar. Estas dos personas vienen varias veces a atacar, a los guardias les cuesta mucho trabajo detenerlos.

Casi no veo a mis amigos ya que se les está presionando demasiado a los estudiantes de magia para que ayuden a defender el reino y Bakura… la última vez que lo vi fue aquel día del ataque de las sombras.

Después de desayunar quise intentar, una vez más en todo este tiempo, robarme a mis amigos para jugar un poco. Me iba yo dirigiendo hacia el salón, cuando vi que en la sala principal de reuniones, discutían algunos asuntos que… bueno… em… está bien, lo confieso, me dieron curiosidad.

Una vez ahí, solo asomé mi cabeza intentando no ser descubierta; y pude ver que toda la corte real y el faraón se encontraban ahí con preocupación.

-Los ataques son cada vez más constantes-dijo el maestro Saru preocupado-Yo recomendaría a su Majestad, que si se están presionando a los alumnos de magia… deberían instruir a los nuevos lo antes posible-argumentaba sin cambio de humor-Kazuke aún sigue débil por la batalla, así que puede quedarse a instruir a los nuevos.

-¡NO!-exclamó el poseedor de la Sortija milenaria-Tengo suficientes fuerzas para pelear, solo me tomaron por sorpresa la primera vez-se levantó de su asiento.

-No te alteres-pidió Aknadín con seriedad y Kazuke se calmó pero no regresó a su silla.

-Yo tampoco creo prudente el que los aspirantes a estudiar magia comiencen-comentó el faraón quien se levantaba de su gran silla para caminar en círculos-Kazuke seguirá débil, pero nos es más útil en batalla y no podemos arriesgar así a los niños inexpertos-hace una pausa llamando la atención de todos ahí-Pero lo que si creo conveniente es…

-¡Mana!-oí que la voz de alguien que me llamaba y volteé tras de mí-¡Atem!-exclamé contenta al verlo y corrí a abrazarlo.

Hacía tanto tiempo ya pasaba sobre eso de que estoy "enamorada" y decidí seguir con mi vida normal… bueno, ya no es igual que antes, pero es mi vida.

-¿Qué hacías ahí?-preguntó Atem con una sonrisa.

-Bueno yo...-comencé a reír nerviosamente-Es que…

-Están en junta ¿No es así?-preguntó guiñándome un ojo provocándome más nerviosismo.

-Si jeje… em… ¿Qué haces aquí?-pregunté cambiando el tema y mirándolo con curiosidad-¿No deberías estar descansando?

-Si, pero hace tiempo que no jugamos… y…pues quería entregarte un obsequio-contestó mi amigo sacando algo de entre sus ropas-Toma-me dijo mostrándome una linda gargantilla de oro con un rubí que lo adornaba-Lo mandé hacer para ti-me dijo subiendo la temperatura de mi cuerpo.

-¿Para mí?-pregunté incrédula al mismo tiempo que alagada.

-Si, lo habré mandado hacer, pero realmente es un amuleto de protección-explicó Atem con una agradable sonrisa-¿Acaso no te gusta?-me preguntó por que no reaccionaba por lo que oía.

-¡SI!-exclamé contenta-¡Claro que me gusta!-no podía evitar sentir esa felicidad y quería desbordarla más que con tan solo un grito, sonrisas y sonrojos.

-¿Quieres que te lo ponga?-preguntó al tiempo que contestaba con la cabeza ya que la emoción no dejaba salir palabra alguna de mi boca-Espero que con tantos ataques, esto te pueda servir de protección-decía mientras me lo ponía y yo sostenía mi cabello para permitirle el paso-Te lo habría dado en tu cumpleaños, pero las circunstancias de las últimas semanas…

-Me gusta-fue lo que dije al ver mi reflejo en los grandes ojos de Atem que me miraban fijamente, que al oírme simplemente sonrió una vez más para mí.

Un silencio, no tan incómodo por que disfrutaba la mirada de mi amigo, se presentó entre los dos.

-Gracias-salió de mi boca-Ojalá que yo pudiera darle un amuleto a él y a Ba…-pensaba bajando la mirada preocupada.

-¿Qué sucede?-me preguntó extrañado-¿Te sientes mal?

-No… es que… estoy preocupada por Bakura-murmuré con tristeza-Hace tanto tiempo que no lo veo… espero que no le haya pasado nada.

-¿Bakura?-preguntó ocultando fastidio-Seguro estará bien-dijo fríamente.

-Quisiera asegurarme de ello-contesté.

-Por el momento creo que te será imposible, pero en vez de pensar en él, deberías seguir practicando tus hechizos-cambió el tema animando sus palabras con respecto a los hechizos-Es posible que reanuden las clases.

-Si, lo sé-contesté aún preocupada por mi otro amigo-Pero no será así.

-¿Cómo lo sabes?-me preguntó confundido y mirándome interrogativamente.

-Bueno yo… em… pues…-tartamudeaba por que no quería delatarme espiando a la corte-Pues…

-¡Niños!-oí la exclamación de alguien tras de mí.

-Me salvé-pensé con alivio.

-¿Qué hacen aquí?-nos preguntó el faraón-Atem, deberías estar descansando.

-Lo sé padre-contestó mi amigo-Pero quería pasar más tiempo con Mana… pensé que se sentiría sola por que ya casi no nos vemos-el faraón sonrió un poco y comenzó a caminar.

-Pero no te agotes demasiado-pidió el buen rey que comenzó a caminar-Veo que le diste un regalo muy lindo-dijo riendo después de echar un vistazo a la cara de Atem que me fue imposible ver por la intervención del cuerpo del faraón.

-Ven Mana-me dijo Atem después de ver alejarse a su padre dándole una cara de enojo-Vamos a jugar un poco-me tomó de la mano para que lo acompañara y comenzamos a trotar, pero paramos al oír voces a la vuelta de una de los largos pasillos y nos asomamos escondiéndonos con las paredes para espiar a los que se hallaban cerca.

-¿Crees que esto acabe pronto?-preguntaba una chica de ojos azules llenos de esperanza al castaño frente a ella.

-Eso espero-contestó mi amigo Mahad-Hay que mantener la esperanza en que los dioses nos ayudarán a conseguir la victoria sobre estos bandidos.

-Pero lo que más me intriga es su procedencia-comentó Isis-Se supone que…

-Lo sé, pero creo que hay algo escondido en todo esto… después de todo nos obligan a esconder lo que Ma… ¿Qué fue ese ruido?-preguntó después de oír mi pequeño tropiezo y miró por donde Atem y yo estábamos observándolos, pero nos escondimos a tiempo.

-Debes tranquilizarte Mahad-pedía Isis tocando su brazo suavemente-Sé que debemos estar alertas, pero debes relajarte o podrías enfermar y yo…

-Hacen una linda pareja-murmuré con una risita.

-Tienes razón-oí la voz de Atem mirándolo sorprendida por que no esperaba que me escuchara-Hay que hacer algo-comentó guiñándome un ojo.

Ambos nos fuimos de ahí inmediatamente para hacer planes, pero una vez más, esas personas extrañas atacaron el palacio entrando con su Dragón Kumori justo en el pasillo donde Atem y yo nos encontrábamos.

-Una vez más nos logramos ver-dijo el hombre dirigiéndose a nosotros.

Atem se puso enfrente de mí cubriéndome de la vista de los enemigos a pesar de que hacía todo por ver lo que sucedía-¡Entréguense!-exclamó como orden-Ya han hecho demasiado alboroto.

-El pequeño príncipe es valiente-decía con voz burlona aquella mujer-Lástima que no llegará a Rey-hizo un movimiento con la mano haciendo que su bestia nos dirigiera un ataque, Atem se volteó para abrazarme y cubrirme del impacto, pero por el miedo del ataque cerré mis ojos hasta que oí un estallido.

Asustada, volteé a ver a Atem esperando que no estuviera lastimado y pude ver que un campo de fuerza nos protegía a ambos, era como una aurora color rosa que nos rodeaba. Cuando mi amigo vio esto, se sorprendió mucho.

-¿Estás bien?-pregunté preocupada.

-Si-me contestó soltándome ligeramente-Pero…

-Gracias al amuleto que me diste nos salvamos-interrumpí sonriendo.

-Ya me lo esperaba-dijo el hombre haciendo que Atem volteara a verlo-Esos poderes no son otros si no los de…

-¡Son míos!-exclamó Atem desesperado-No dejaré que lastimen a nadie.

-Un insignificante mocoso como tú no podrá detenernos-intervino la mujer burlonamente.

-NO LE DIGAN ASI-grité furiosa apretando mis puños-TENGAN MAS RESPETO.

Al verme enfadada, ambos adultos retrocedieron un poco y luego se murmuraron algunas cosas.

-¿Cual nos has dicho que es tu nombre?-preguntó la mujer curiosa.

-Que mala memoria-dije molesta-Mi nombre es MANA, MANA, no se les olvide-dije con pucheros.

-Tranquila-me pedía Atem asustado-No te alteres.

-¡Es verdad!-exclamó el hombre-Pues bien, Mana despídete de todo… por que serás eliminada.

-¿Qué? ¿Por qué?-pregunté desesperada.

-No la dañarás-dijo Atem quien volvió a interponerse.

-¿Pero que hice?-seguí preguntando-Se que me porto mal pero…

-Se los diré-dijo la mujer-Después de todo serán eliminados…

En ese momento, llegó toda la guardia, la corte real y el faraón.

-Atem, llévate a Mana-ordenó el faraón-¡Cuídense!

Atem asentó con la cabeza, y no se dio cuenta que ya me había puesto otra vez en frente de todos-¿Cómo se llaman?-pregunté reclamando-Es de mala educación no dar su nombre y ya saben el de todos aquí.

Ambos adultos sonrieron- Mi nombre es Bakiria-contestó la mujer de una forma soberbia.

-El mío es Urans-contestó el hombre de cabello color alvino de actitud más soberbia que la mujer.

-¡Vámonos!-exclamó Atem y me jaló para correr con él.

-¡ALTO AHÍ!-gritaron los villanos desesperados, quise voltear a ver lo que sucedía, pero Atem no me lo dejo hacer-¡ESE PODER NO SE ESCAPARA DE NOSOTROS!-gritó el hombre siendo lo último que oí de ellos.

Atem y yo seguimos corriendo y me llevó al sótano del palacio, donde aún en el suelo, había un escondite secreto en el cual nos introducimos.

-¿Qué es este lugar?-pregunté asustada ya que todo estaba muy obscuro y caminando con precaución tomando las ropas de mí amigo.

-Es un escondite hecho para la familia real-decía mientras una luz comenzó a brillar dejándome ver a Atem con una antorcha en la mano-Pero es un secreto y no debes decirle a nadie.

En ese lugar, había unas decoraciones muy hermosas, mucho más que las del palacio, era como una enorme habitación muy cómoda-Pero no soy de la familia real-dije suspirando.

-Pero yo sí y es necesario que se te proteja-me dijo Atem-Además eres mi amiga y confío en que guardarás el secreto.

Mi corazón comenzó a latir más rápido que de costumbre y no pude evitar sentirme feliz-¡Gracias!

El me sonrió un poco-Ponte cómoda, creo que tardaremos en salir de aquí-me dijo.

-Esto tiene que estar en mi diario-pensaba-Pero…-se me salió de la boca.

-¿Qué sucede?-me preguntó Atem mientras sacaba unas golosinas de una pequeña alacena.

-Yo… es que…mi… diario…-murmuraba tímidamente.

Atem se quedó pensando por un momento breve-Yo iré por el-me dijo consolándome-Quédate aquí y no vayas a salir.

-Pero…-quise detenerlo ya que prefería su presencia al diario, pero el salió del lugar inmediatamente ignorando mis llamados-¿Por qué hice eso?-pensaba muy preocupada por él.

Ya había pasado casi una hora y él no regresaba y a cada rato oí estruendos fuera del lugar-¿Le habrá pasado algo?-pensaba desesperada-Ya no puedo estar más tiempo aquí, se que le prometí que me quedaría, pero estoy muy preocupada.

Cuando me disponía a salir, oí un gran estruendo, superaba a todos los anteriores-¡Atem!-exclamé gritando por la preocupación y abría la puerta subterránea para salir. Cuando estuve en el sótano, vi a Atem tirado con algo en las manos-¡Atem!-corrí hacia el y comencé a moverlo hasta que despertó.

-Toma-me dijo entregándome lo que tenía en las manos-No debiste salir.

Sonreí al ver mi diario y más aún verlo a el, lo ayude a levantarse y volvimos al escondite, donde vi que tenía una herida en la pierna, por eso no podía caminar bien. Lo ayudé a acostarse en la cama que ahí había y decidí usar mis poderes de curación para quitarle la herida aunque se me regresara a mí.

Atem se quedó dormido, se veía agotado cuando lo encontré, así que no vio lo que hice, ya para la noche, me había vendado la herida que apareció una media hora después de que se la quité en mi pierna derecha. Ahora escribo en mi diario, pero lo que más felicidad me da es que dormiré a su lado hoy.