ESTE CAPITULO QUEDO CORTO, PERO SOLO ERA PARA CITAR UNAS CUANTAS COSITAS IMPORTANTES, DE HECHO, ESTE TIENE DOS DIAS ^^
CAPITULO 12
El pasado de Isis y un valioso dato.
No se que habrá sido de Bakura, estoy preocupada al grado que ya no se si disfruté de estar durmiendo a lado de Atem que me cuidó toda la noche esperando que me recuperara.
-Buenos días-oí la voz de Atem que me despertaba-¿Cómo estás?
Comencé a abrir mis ojos lentamente y lo primero que vi, fueron sus dos grandes ojos violetas que me miraban con preocupación, no pude evitar sonrojarme al verlo tan cerca de mí.
-¿Tienes fiebre?-me preguntó tocándome la frente-¿Te sientes mal?
-N… no-contesté titubeante por que su reacción me ponía nerviosa-¿Y Bakura?-salté de inmediato al recordar que este se había marchado.
-¿El?-preguntó Atem molesto y alejándose brevemente de mí-Se fue… pero cuando lo vuelva a ver tendrá que darme algunas explicaciones por haberte dejado en estas condiciones.
Al oír sus palabras las cosquillas en el estómago regresaron pero eran más fuertes y no pude evitar tocar mi estómago aunque sentía dolor en el.
-¿Te duele?-preguntó olvidándose de su enfado y mirando mi mano que presionaba el lugar de origen de las cosquillas.
-No-contesté nerviosa-Creo… que tengo hambre…
-Será mejor que subamos-me dijo-Ayer todo se calmó, pero no quise llevarte a tu cuarto por que pensé que podría lastimarte.
-Si-contesté quedándome callada, algo muy raro en mí.
-¿Te puedes levantar o quieres que te lleve?-me preguntó mirándome extrañado por mi silencio-Lo que dije sobre Bakura lo dije por que no quiero que te pase nada.
-Lo sé-contesté sin poder verlo a la cara e intentando levantarme.
Atem me ayudó enseguida a levantarme, me costaba trabajo caminar ya que el ataque me había atacado en el estómago y sentía como pasaba mi sangre por ahí.
Ya en mi habitación, Atem llevó el desayuno a mi cama junto con Mahad e Isis.
-¿Ya estas mejor?-preguntó Isis mientras Atem me entregaba el desayuno.
-Si, solo me duele un poco-contesté.
-¿Por qué no usas tus poderes de curación?-preguntó Mahad mirando a la ojiazul-Seguro que así sanará pronto.
Isis retiró el plato antes de que pudiera darle el primer bocado al trozo de pan que recién había tomado de la charola y puso sus manos sobre el área afectada, murmuró algunas palabras y el dolor fue desapareciendo poco a poco.
-¿Cómo te sientes?-me preguntó retirando sus manos y dando un paso atrás.
-¡Con mucha hambre!-dije pidiendo el plato con señales de mis manos y Atem sonrió haciendo caso a mi petición.
Todos me miraron entusiasmada por la forma en que comía, pero por un momento paré-Isis… ¿Puedes enseñarme a hacer eso?-pregunté mirando mis sábanas blancas-Es que tu puedes curar sin el riesgo a quedarte con las heridas y yo quiero aprender a hacer eso.
-Claro-me contestó-Solo hay que buscarnos un tiempo.
Por un lado, el día fue increíble por que me consintieron de muchas formas cuando tenían tiempo ya que a pesar de todo, tenían que ir a sus clases. Yo ya no puedo esperar más para iniciarlas.
En los últimos días, Bakura ha venido a verme con mucha frecuencia y el Faraón lo permite. Los ataques han disminuido considerablemente, pero no se baja la guardia en ningún instante.
Ya me acostumbré a la tensión que se presenta cuando él y Atem se encuentran juntos y de hecho, dicen que ya hicieron las pases (pero no si ni por que, si ni se han peleado).
-Lo siento-me dijo Bakura-Pero tengo que irme ya.
-Es temprano-objeté-Siempre te vas muy tarde…
-Seguramente tiene cosas que hacer-dijo Atem mirándolo.
-Si, así es-dijo-Nos vemos mañana.
No pude evitar que se fuera, pero algo bueno llegó después de ello.
-¿Quieres que empecemos con lo que quedamos?-oí la voz de Isis quién recién llegaba-Por fin tengo tiempo y tu también.
-¡SI!-exclamé contenta por lo que oía-¡POR FIN!
Atem e Isis me miraron sonrientes.
-Por cierto alteza-siguió la chica de tez morena-Su padre quiere verlo en el salón del trono.
-Gracias-agradeció Atem-Entonces creo que las dejaré.
Atem se marchó del lugar y aunque me sentía mal por que mis dos "amigos" me abandonaban, me sentía entusiasmada por aprender algo nuevo.
-Antes de empezar…-oí la voz de mi compañera-Dime ¿Por qué quieres estudiar magia?
-Por que quiero ayudar a mis amigos cuando me necesiten-contesté sin dudarlo.
-¿A tus amigos o aquellos que te gustan?-me preguntó desconfiada de mi respuesta haciéndome bajar la mirada reflexionando un poco.
-A mis amigos y a los que me gustan-contesté-Quiero ser útil…
-Me dijiste que el príncipe y Mahad te gustaban y…-
-¡Yo no dije eso!-interrumpí-Bueno yo… dije que sentía cosquillas cuando estoy cerca de ellos pero… ahora sé que… me gusta Atem y Bakura-confesé sonrojada-Pero no se los digas por favor…-pedía suplicante y con nerviosismo.
-¿Atem?-preguntó Isis sonriente-Ya veo que si al oír su nombre y no su título…
-No le digas a Mahad por que me va a regañar-pedí suplicante.
-No te preocupes-sonrió Isis-No se lo diré… pero me preocupa que Bakura…
-¿Por qué?-cuestioné.
-No, por nada-me dijo-Es que… tendrás más problemas así.
-¿Y tu por que estás aquí?-pregunté.
-¿A que te refieres?-
-¿Por qué estudias magia?-me acerqué a ella con curiosidad.
-Yo… hace tiempo quedé huérfana, no tenía donde ir y tuve que escapar de algunos bandidos que me perseguían, cuando estuve acorralada, me hinqué pidiéndole a Ra que me salvara, cuando abrí los ojos, los bandidos estaban inconscientes. El maestro Torak que pasaba por ahí haciendo ronda de vigilancia, observó lo sucedido y me trajo al palacio. Se me hizo la oferta de hacer el examen y estudiar magia; yo me encontraba sola, no tenía un hogar y no perdía nada con intentarlo. Estuve bajo el cuidado del maestro Torak hasta el día de los resultados donde fui aceptada. Solo quería un destino y ya me había puesto una meta, llegar a ser parte de la corte real para poder proteger al pueblo de los bandidos y que nadie pasara por lo que yo.
Al entrar a estas clases no solo encontré un propósito en mi vida, si no también encontré a una persona-Isis decía esto mientras perdía su mente en el cielo.
-¿Mahad?-pregunté con sonrisa pícara.
-Em yo…-titubeaba mi amiga-¿Sabías que si te vuelves parte de la corte real podrás estar junto al príncipe cuando suba al trono?
Me cambió el tema tan rápido, que solo alcancé a captar lo último que me decía.
-¿De verdad?-sonreí muy contenta.
-Si-me contestó-Por que ayudarás con lo que tenga que ver con el pueblo y estarás en constantes juntas donde obviamente él estará.
-Y no sólo estaré junto a él…-pensaba-Si no que también lo protegeré, y esa es mi mayor meta ¡Proteger a mis amigos!... aunque me gusten…-¡Gracias Isis!-dije en extremo feliz y salí corriendo de ahí.
De inmediato corrí hasta donde se encontraba el maestro Kazuke, pero no lo hallaba por ningún sitio.
-¿Dónde podrá estar?-me preguntaba en voz alta después de mirar en cada habitación del palacio por la que pasaba.
Me fui a los lugares que frecuentaba, pregunté a más de uno que se cruzó en mi camino y nadie sabía nada de él. Hasta que finalmente, una intuición, si es que así se llama a esas sensaciones que te llevan a donde no sabes por que, me invitó a ir al templo del dios Anubis, donde, después de pasar por varias estatuas, antorchas y demás, pude ver, al final del lugar, al maestro Kazuke que oraba frente al altar del dios.
-¡Por fin lo encontré!-exclamé contenta llamando la atención del maestro quién me veía regañándome con la mirada-Lo estaba buscando para…
-Mana…-murmuró el poseedor de la sortija milenaria-Silencio… mañana hablamos.
Simplemente me corrió con la mirada… y no pude hacer más ese día.
