CAPITULO 17
NUEVAS SORPRESAS
Han pasado 5 días desde que regresamos al palacio, todo ya está más tranquilo. Vi mal a Atem y sobre todo a Mahad, que decidí no buscar aún a Bakura.
Las clases de magia para los recién llegados, fueron canceladas 2 días, así los alumnos podrían descansar y recuperarse de la noticia. Escuché decir al faraón que hubiera preferido darles más tiempo, pero no estaban seguros de la proximidad de algún ataque.
Hoy por la tarde, después de la comida, logré convencer a Atem de jugar conmigo. He tratado de animarlo todo este tiempo y por fin cedió a darme una sonrisa.
-Estabas preocupada por mi ¿cierto?-me preguntó ya en el jardín donde acostumbramos estar.
Asenté con la cabeza y corrí hacia el árbol más grande del jardín ubicado en medio del lugar.
-Discúlpame-lo oí volteándolo a ver-. No quería eso.
No sabía que decir, quería consolarlo, pero no sabía como. Lo único que hice fue quedarme ahí parada sin decir ni hacer nada.
-Te lo compensaré-me dijo después de un rato y acercándose a mí-. Supongo que aún quieres ir a buscar a tu amigo.
-¡Si!-exclamé alegre-. Pero mejor me quedo contigo-dije bajando la voz y sonriéndole.
-Está bien, ya me encuentro mejor-me dijo sonriendo-. Además, prefiero llevarte yo a que te escapes sola.
-¿De verdad?-pregunté con emoción haciendo que el asentara.
Estaba apunto de hacer un festejo, cuando Isis llegó acompañada de Seto.
-¿Por qué tanta emoción?-preguntó ella al llegar cerca de nosotros.
-Hola Isis, hola Seto-saludé de igual forma con mi mano-. Es que iré a buscar a Bakura-sonreí.
-Pensé que lo harías desde el primer día-comentó la chica con una leve sonrisa.
Estuve a punto de decir algo, pero el arreglo de voz del joven de ojos azules hizo que Isis volviera a tomar la palabra.
-¡Es verdad!-exclamó ella-. Mana, se te dará un permiso especial para que puedas estudiar magia- sonrió dulcemente.
-¿De verdad?-cuestioné con felicidad extrema.
-Pero ¿quién…?-preguntaba Atem extrañado.
-Se le encargará a un alumno de nuestro nivel que la instruya-informaba Seto-. Como vive en el palacio, se decidió que tenía que aprender lo antes posible para poder defenderse. Fue orden del faraón.
-¿Quién será mi profesor?-pregunté emocionada de saber que alguien de casi mi edad sería quién me enseñaría.
-Aún no se ha dictaminado-respondió Isis disculpándose con la mirada.
-¡Enséñame tu A… alteza!-me dirigí con emoción a Atem haciendo levantar una ceja del joven castaño
-Eso no es posible-interrumpió Isis-. El príncipe tiene otros deberes que cumplir a partir de ahora.
En ese momento, Mahad apareció donde nosotros haciendo una reverencia hacia Atem.
-¿Qué fue lo que el faraón quería?-preguntó Seto mirando fijamente al recién llegado.
-¡Mahad! ¿Ya oíste que aprenderé magia?-pregunté emocionada.
-Si-contestó él-. Lo sé muy bien, por que el faraón me acaba de informar que seré yo quién tendrá que instruirte.
-¿Tu?-pregunté sin saber como reaccionar.
-Así que era para eso-comentó Seto un poco molesto.
-Creo que tendrás un buen profesor-siguió Isis con una sonrisa.
-Si, eso parece-siguió Atem.
-Mañana empezaremos las clases después de la comida-me informó Mahad-. No puede ser antes por que yo tengo que seguir asistiendo a mis clases ¿De acuerdo?
-¡Genial!-exclamé con felicidad pensando que sería una buena idea-. Tres buenas noticias, ustedes ya están mejor, iré a buscar a Bakura y además por fin estudiaré.
-¿Ir a buscar a Bakura?-cuestionó Mahad mirándome con enojo-¿No estarás pensando en…?
-Yo iré con ella-interrumpió Atem anteponiéndose-. No debes preocuparte.
-¡Usted no puede salir así como así del palacio!-exclamó mi amigo de ojos castaños-. Si planea salir, yo lo escoltaré.
-Si me lo permiten, me gustaría ir-pidió la joven de ojos azules.
-Yo también iré-se ofreció el joven castaño a lado de ella sin quitar su mirada de Mahad.
-Está bien, después de todo… estaba a punto de pedírselos-sonrió Atem-. Vayamos-me miró con una sonrisa y me invitó a caminar.
Fuimos a avisar al faraón, no perecía muy feliz con la idea, pero cedió a dejarnos, solo que nuestra escolta aumentó considerablemente. No solo fueron los mejores alumnos de magia, si no también los hechiceros de élite para acompañarnos.
La verdad yo deseaba ir sola con Atem.
Nos dirigimos hacia los establos, se me ofreció un caballo, pero jamás en mi vida he cabalgado y Atem me dejó subir con él en su caballo. Eso fue algo bastante cómodo e incómodo, estar tan cerca… me ruboricé de inmediato en cuanto lo tomé de la cintura.
A Mahad no parecía agradarle la idea "Por que es incorrecto" Cuando Isis se negó a llevarme argumentando que no sabía como mantenerse con una persona además de ella, Atem ordenó que no se discutiera más el asunto.
Ya nos encontrábamos en medio de la ciudad, la gente nos abría paso haciendo reverencias hacia el príncipe Atem, algunos se sorprendieron de verme en el mismo caballo que Atem, pero no me importaba.
-Con tanta gente no podré hallarlo fácilmente-pensaba al ver reunirse cada vez más gente-. Tal vez…
Pensaba en escapar, aún con toda esa vigilancia, pero aunque lo lograra, no podía abandonar de esa manera a Atem.
-Escúchame Mana-me llamó él interrumpiendo mis pensamientos-. Si seguimos así, tardaremos más, así que cuando te diga, sujétate bien ¿De acuerdo?-murmuraba vigilante a nuestro alrededor.
Afirme levemente con la cabeza y de un segundo a otro ya nos encontrábamos siendo perseguidos por la escolta.
-¡Nos alcanzaran!-exclamé preocupada mientras oía gritar nuestros nombres a nuestros seguidores.
-No te preocupes-me dijo-. Sostente fuerte.
Atem entró por una pequeña calle donde tomó más velocidad arriendo al caballo. La calle era tan estrecha que solo podía pasar un jinete a la vez, así que eso los entretuvo lográndolos perder.
Ya cerca a las orillas del río nos detuvimos.
-¿Y bien?-preguntó mirándome-. ¿Tienes alguna idea de donde hallarlo?
-No, no sé donde viva-contesté con tristeza-. Solo me lo encontraba cerca de la plaza, después de eso el faraón le dio permiso de visitarme y…
-Entiendo-me interrumpió-. Demos algunas vueltas a la ciudad, tal vez lo hallemos.
Durante el resto del día permanecimos buscando a Bakura sin ningún éxito, una parte de mí se encontraba triste, pero no podía evitar sentirme dichosa de pasar toda la tarde a solas y tan cerca de Atem.
Justo al atardecer, regresamos al palacio, ya nos esperaban con enojo a las puertas del palacio.
-¿En qué pensabas?-oímos el reproche del faraón hacia Atem con gran enojo-. Les doy el permiso para salir a pesar de lo que sucede ¿y decides huir?
-Fue mi cul…-quise defenderlo.
-¡Mana!-exclamó con enfado-. Sé muy bien que él tomó la desición, no lo defiendas.
Jamás había visto con tal enfado al faraón, me sentí culpable de lo que sucedía.
-¿No piensas decir nada en tu defensa?-le cuestionó al pobre de Atem sin calmar su enojo.
El permaneció callado, sin bajar la mirada y parado con firmeza frente a su padre.
-Tienen prohibida la salida del palacio ¿me oyeron?-concluyó entrando al palacio.
Después de eso, él día siguió, con la excepción de que no vi ni a Atem ni al faraón por ningún lado, estaba preocupada por lo sucedido y decidí buscar al faraón para disculparme.
Busqué por los pasillos hasta toparme con una habitación, cuya puerta abierta me invitaba a pasar.
-¿De quién será?-pensaba mientras admiraba el lugar aparentemente vacío.
La curiosidad de saberlo era más fuerte al notar que aquel cuarto, sin duda pertenecía a una joven; eso supuse al hallar un vestido blanco sobre la cama.
Un suspiro proveniente del balcón, me llevó a espiar aquella área. Ahí, encontré al faraón mirando la ciudad.
Estuve apunto de salir de mi escondite anunciando mi presencia, pero las palabras del faraón me detuvieron.
-Parece ser que nuestro hijo madura rápido-lo oí murmurar.
-¿Madurar?-me preguntaba confundida-. Em… ¿faraón?-llamaba tímidamente después de meditar un poco.
-¿Qué haces aquí?-preguntó el faraón sorprendido.
-La puerta estaba abierta y…-explicaba de forma alarmante-. Bueno yo venía por que no quiero que castigue a Atem por que la verdad yo…-decía balbuceando.
-Espera-me detuvo el padre de mi amigo-. Sé lo que piensas, pero Atem sabe muy bien lo que hizo, sabe que cuando hace algo mal, hay consecuencias, tú también lo sabes.
-Si, pero fue mi culpa-insistía.
-Atem recibirá lo que merece-decía con tranquilidad aquel hombre-. Pero no debes preocuparte, que gracias a ello, él ha obtenido la madurez que se necesita para tomar el cargo que le pertenece cuando muera.
-¿Madurez?-pregunté en voz alta.
Otra vez esa palabra, ¿Por qué la mencionaba como si en su voz hubiera melancolía?
-El sabía que hacía mal y enfrentó el problema sin peros ni protestas-explicaba con paciencia-. Eso es madurez, jamás podría marcharme de este mundo sin saber que mi hijo cuenta con ella.
-Pero…-me extrañaba que hablara de la muerte en esos momentos.
-Por favor pequeña-me interrumpió-. No te preocupes por él. Por ahora será mejor que descanses, tuvieron un día largo. Y les debo una disculpa a ti y a mi hijo.
Mi cara marcó una gran interrogación, no comprendía el misterio en sus palabras y él lo notó.
-Fui muy duro e injusto-explicaba.- Me preocupa su seguridad y me dejé dominar por el enfado y la preocupación. Por favor, ve a descansar.
-Está bien-respondí extrañada y saliendo de la habitación-. ¿De quién era esa habitación?
Todo el camino se me atravesaron preguntas de lo sucedido, pero lo más importante ¿Dónde estaba Bakura?
Estaba ya frente a la puerta de mi cuarto, me dedicaba a abrirla cuando de repente vi como una mano la abrió antes que yo y sin darme tiempo de ver al dueño, me lanzó dentro de la habitación.
En cuanto pude, volteé buscando al culpable de lo sucedido y ahí lo vi, mi joven amigo de cabellera albina se encontraba frente a mí. La expresión de mi cara cambió radicalmente a una enorme sonrisa y enseguida me abalancé hacía él.
-¡Bakura!-exclamé con gran felicidad-. ¡No sabes cuanto te extrañé!
-Yo también-respondió de una forma fría-. Pensé que no regresarías.
-¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho?-preguntaba sin cesar-¿Por qué no habías venido antes?
-Si quieres que conteste alguna de tus preguntas-me detuvo con una sonrisa e intentando zafarse de mi-. Será mejor que hagas espacio entre tus preguntas.
-Lo siento-me disculpé sin querer dejar de abrazarlo-. Te extrañé tanto.
-No sabía que ya habías llegado-me decía ya sin tratar de zafarse de mi-. Hasta hoy por la tarde con el alboroto en la ciudad.
-Al menos funcionó de algo-pensé muy contenta.
-Ya es muy noche, solo quise asegurarme de que ya estabas de regreso-me decía por fin soltándose de mi-Vendré mañana nuevamente.
-Pero…-
-Hasta mañana-se despedía mirándome-. Cuídate-me pidió revolviendo mi cabello y saliendo de la habitación.
Es verdad, han pasado cosas malas estos días, pero hoy todo mejoró y ya no puedo esperar más para iniciar mis clases y por supuesto, charlar con Bakura.
