Después de la visita a Azkaban, la joven sucesora citó a una audiencia pública. Fueron especialmente citados los miembros de la Orden del Fénix, la familia Malfoy, el ministro, los miembros del Wizengamot y representantes de la prensa. Audiencia de la cual no dió explicación alguna y de la cual no hubo oportunidad de preguntar debido a que la joven solo se presentó en el ministerio para solicitar varios documentos. Los citados tuvieron que contener su curiosidad hasta el día establecido.

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28 de Abril de 1999

Sala de Wizengamot

Nuevamente la sala se encontraba abarrotada de brujas y magos interesados en lo que allí se iba a realizar. Ya Windsor y los miembros del Wizengamot estaban en sus puestos, asi como los Malfoy y los miembros de la Orden.

-¿Dónde está Kingsley?- preguntó el rubio al notar la ausencia del auror en la sala.

-No se. Se reunió a primera hora con Jessica y de allí no se sabe a donde fue.- respondió Harry mientras saludaba a la señora Malfoy con una inclinación de cabeza.

De repente tres aberturas aparecieron alrededor del estrado central, lugar solicitado por la heredera para la audiencia; de allí emergieron las jaulas correspondientes pero en este caso estaban ocupadas.

-Son... los que fueron acusados por cómplices de mortífagos- comentó Ron. Un gran murmullo inundó la sala, tras la inesperada entrada de los prisioneros.

-¿Qué significa esto?- musitó el ministro, mirando con repulsión a los recién llegados.

Los murmullos se aplacaron al abrirse la puerta principal, dándole paso a la Heredera de Merlín, acompañada del Jefe del Departamento de Seguridad Mágica.

-Buenos Dias a todos los presentes- saludó la joven al tomar su lugar en la sala.

-Buenas Dias Excelencia- saludó el ministerio tratando de componer su mejor sonrisa.

-Todos se preguntarán el motivo de esta audiencia. Pues bien, está audiencia es para informar sobre algunas decisiones. Pero antes explicaré que es lo que conlleva a todo esto.- la joven dirigió su mirada hacia Harry y Draco, les sonrió y los saludó con una leve inclinación. Los chicos también sonrieron al sospechar lo que iba a ocurrir.

-Debido a que se desató varios comentarios entorno al encierro de la pareja Smith y el joven Alfred Glover, decidí investigar por mis propios medios sobre los acusados.-

-Excelencia, todo lo referente a los acusados esta en sus expedientes, no...-

-Leí los expedientes ministro. Y no se imagina el mal rato que pasé al ver que no se les dió oportunidad de defensa.- la expresión serena que tenía Jessica fue pasando poco a poco a una de seriedad.

-No tenían derecho a ella, ellos fueron encontrados ayudando mortífagos- expresó el ministro con calma. Pero en su interior se estaba alterando al comprender las intenciones de la joven sucesora.

-Por supuesto que tenían derecho. Se les acusó de supuesta complicidad, no por calidad de mortífagos. Usted como ministro y jefe de magos en el wizengamot estaba en el deber de invocar a una audiencia, investigar la realidad de los hechos. Pero no. Simplemente los encerró cuando en realidad son inocentes del cargo que se les acusa.-

-¡Curaron a un mortífago. A un ser despreciable que no merece misericordia alguna!- Windsor empezaba a revelar un gran odio en su mirada.

-Dígame que ley prohíbe la sanación a los mortífagos.- exigió Jessica. Las murmuraciones comenzaron a ser música de fondo en la calurosa discusión.

-No hay ley que lo prohiba. Pero por principios no debieron hacerlo.-

-¿Principios? El no ayudar a una persona, sea quien sea, ¿se puede considerar un principio?-

-¡Los mortífagos no merecen misericordia alguna, no después de todo el daño que nos hicieron!- decía el ministro, buscando apoyo en los miembros del tribunal.

-Pero usted no decia nada cuando los mortífagos eran llevados al hospital y eran curados para luego ser encerrados. ¿o sí ministro?-

El ministro calló de inmediato.

-Si ayudar a un mortífago herido es un crimen, los medimagos de San Mungo deberían estar también en Azkaban. ¿O no?- los miembros comenzaron a murmurar entre ellos. -A diferencia de los apresados, ellos si sabían que eran mortífagos y de igual manera los ayudaron.-

-No es lo mismo.-

-Claro que es lo mismo. Los encerraron por ayudar a personas mal heridas como lo haría cualquier persona con sentimientos. Díganme ustedes miembros del Wizengamot ¿Eso se puede considerar como un delito?-

-Tiene razon Excelencia, no es un delito- respondió uno de los miembros. -¿Pero como sabe usted que son inocentes de complicidad?-

-Apliqué... Legeremancia en los apresados. Y confirmé, a diferencia de otros...- la morena miraba fijamente al ministro. -...la versión que declararon-

-Pero pudieron haberla engañado Senadora- expresó otro miembro. -Los recuerdos pueden alterarse.-

-Mi habilidad de legeremancia es inmune a la oclumancia o cualquier hechizo para modificar recuerdos. Lo que ví fue absolutamente auténtico.- una sonrisa triunfante se reflejó en el rostro de la joven. -Entonces... En vista de lo explicado, y como ustedes comprenderán... He tomado la decisión de absolver a estas personas de los cargos que se les acusan y ordenar su liberación inmediata-

-No puede hacer eso- gruño el ministro al ver que los aurores se dirigían a las tres jaulas.

-El decreto nro 52 me da el poder para hacerlo Windsor- la joven se mostraba altiva y segura. -Abran las jaulas-

Los apresados, al ser liberados, se dirigieron a sus respectivas familias, quienes con abrazos y lágrimas celebraban el dictamen y la prensa tomaba nota y fotos del momento.

-¿Es todo... Excelencia?- preguntó Windsor visiblemente molesto.

-No Windsor, ahora viene lo interesante de la audiencia.-

Aquella sonrisa no le auguraba nada bueno al ministro.

-Antes que proseguir... quisiera pedirles algo. Sé el temor que tienen de que la oscuridad domine nuevamente el mundo y es por ello que quieren asegurarse de que ningún mortífago quede en libertad. Les voy a pedir que no se dejen dominar por ese miedo, que mantenga su mente abierta y que mantengan el beneficio de la duda. No todo es lo que parece...- Jessica le hizo señas a Kingsley y éste a su vez le hizo señas a un auror.

Del suelo, nuevamente surgió una jaula ocupada por un hombre de cabello negro que le llegaba un poco más de los hombros, de apariencia cansada, piel cetrina, nariz aguileña y de orbes oscuras como la noche.

-¿Snape? ¡¿Acaso esto es una broma?!- gritó Windsor levantándose impetuosamente de su asiento.


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Nos leemos después. Besos.