Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Severus estaba sorprendido, no esperaba verla tan pronto y mucho menos en donde a partir de ahora sería su casa. Su corazón comenzó a latir con fuerza, después de seis meses sin saber de ella, estaba más hermosa que antes.

-Menos mal que llegaste Jessica, así arreglas este asunto de una vez- exclamó el cuadro hastiado, sacando a ambos de su pequeño shock.

-¿Qué asunto?- preguntó la morena mirando al cuadro.

-Al parecer, el señor Snape fue enviado a vivir aquí en la mansión-

-¿Qué? ¿Pero por qué?- ahora la joven miraba al pelinegro. -Tengo entendido que la casa del pocionista está en Gales-

-La reina de Asarath me dio esto- el pelinegro le tendió el sobre. -Allí está la explicación de mi asignación a este lugar-

La morena tomó el sobre y lo sopló, quedando en sus manos una nota y un bello polvo dorado en el aire. El pelinegro se asombró al ver el truco de aquella correspondencia, pero ¡que no se podía esperar ya de aquellos reinos! La joven mientras comenzaba a leer se fue acercando a su escritorio hasta sentarse en su mullido sillón.

-No hay nada que arreglar Phillipe- la joven colocó la nota en el escritorio. -El Consejo asignó al señor Snape a la mansión debido a que la casa de Gales fue destruida durante la Guerra. Estará como invitado hasta que esa situación se solvente-

-Pero... No es bien visto que una señorita como tú esté viviendo bajo el mismo techo con un hombre que no es su marido- dijo el francés entre dientes.

-Por Merlín Phillipe, ¡estamos casi en pleno siglo XXI! Además hay diez habitaciones disponibles en esta mansión, y sin contar que el señor Snape va a pasar la mayoría del tiempo en la instalación central mientras que yo estaré en el ministerio. Así que no veo ningún inconveniente- reprendió Jessica al cuadro mientras éste miraba con desconfianza al mago. Severus lo estaba fulminando con la mirada.

-Bueno que queda, si ya es una decisión tomada no tengo nada más que decir. Excuse moi - espetó y se retiró.

-Severus- el pelinegro volvió a prestarle atención a la morena. -Discúlpalo, es muy protector con la mansión y...-

-Si la mansión es una joven de nombre Jessica, entonces comparto tu explicación- expresó con ironía. La morena rodó los ojos.

-El caso es... que tienes que darle tiempo a que te conozca mejor y se acostumbre a tu presencia- el pelinegro rodó los ojos. -No quiero discordia en la mansión, por favor ¿sí?- la joven colocó su mejor cara de cachorrito.

Severus bufó. Nunca había caído en ese tipo de manipulaciones, a excepción del viejo loco de Albus, pero con nadie más. Pero ahora... tenía una nueva "manipuladora" en su vida.

-Está bien, trataré de mantener las cosas en paz-

-Gracias- la joven esbozó una sonrisa. El pelinegro se podía dar por bien servido el chantaje. -Ahora pasemos a las presentaciones- la joven se levantó de su asiento. -Elfos vengan aquí- invocó en voz alta.

Cinco elfos se aparecieron frente a ellos.

-Excelencia- dijeron a unísono con una reverencia.

-Quiero presentarles a nuestro nuevo huésped el señor Severus Snape- anunció señalando al susodicho. -Pido para él, el mismo servicio y el mismo respeto que me tienen-

-Como ordene Excelencia. Bienvenido a Crystal Manor amo Snape- saludaron con una reverencia al pocionista, y éste les respondió con una inclinación de cabeza.

-Bien, pueden retirarse a sus oficios- ordenó y tras una última reverencia los elfos se retiraron. Luego se dirigió al mago. -Acompáñame, te mostraré las instalaciones-


La mansión era un lugar de grandes dimensiones. Constaba de diez habitaciones como lo había dicho anteriormente Jessica, así como también los salones especiales: un baño grande similar al baño de prefectos en Hogwarts, un salón de entrenamiento mágico, un salón de entrenamiento físico, un laboratorio de pociones, un salón de relajación, el Gran Salón, entre otras. En la parte externa se encontraba un abundante bosque y un lago cristalino al cual la mansión debe su nombre. Además, el único pueblo cercano al lugar era el pueblo de Collinwood, un pueblo mágico que había pasado desapercibido por la guerra.

-Nunca pensé que cuando me informaron que tendría todas las comodidades fuese tan... al pie de la letra- comentó el mago mientras entraban nuevamente al estudio.

-Yo también tuve la misma impresión la primera vez que llegue a este lugar, jamás pensé que la casa de resguardo fuera tan... grande- comentó la morena mientras tomaba asiento en el sofá.

-¿Y dices que está mansión fue cedida al mago Merlín?-

-En aquel tiempo, Merlín ya era intercesor y... por ciertas circunstancias, el Tridium decidió cederle la mansión temporalmente. Luego de su muerte, y al no observarse la pronta presencia de un nuevo intercesor, la mansión regresó a la custodia del Consejo-

El pocionista asintió compresivo, se dirigió al gran estante que estaba en la pared y tomó un libro. Al abrirlo, no tenía nada escrito. Tomó otro y ocurrió lo mismo.

-¿Libros patrón?- Preguntó señalando el libro. La joven asintió. – Así que también contamos con una biblioteca universal-

-Así es. Es un poco más pequeña que la del Consejo, pero igual de eficiente. Y en el mueble que está allá- decía mientras señalaba los dos estantes negros que estaban a los lados del ventanal. -Están los libros exclusivos de los reinos, bien puedes usarlos también-

-Entiendo. ¿Y... hay otro... invitado aquí?-

-No. Este lugar sólo puede ser habitado por los protegidos del Tridium y sólo pueden recibirse las visitas que pasen la prueba de esencia de la mansión, es decir, sólo aquellos que el encantamiento reconozca como de confianza. Somos solamente tú y yo en la mansión-

El pelinegro no pudo evitar sonreír pícaramente, esa última frase había sonado tan bien.

La cara de la morena podía confundirse con un tomate de lo roja que se puso al percatarse de la frase comprometedora que había dicho.

-Eh... bueno yo... quise decir que...- decía nerviosa mirando hacia otro lado del despacho.

Severus se acercó poco a poco y se sentó al lado de ella. La tomó de la barbilla y la obligó suavemente a mirarlo.

Durante los seis meses que estuvo lejos, Severus nunca dejo de pensar en ella, pero ya no se preguntaba el por qué. Después de su partida, aceptó lo que le había pasado: se había enamorado de ella. Y aquella revelación lo motivó a esforzarse el doble para culminar lo más rápido posible su preparación, no quería perder la oportunidad de continuar lo que ya había iniciado aquella noche. Cuando le informaron de su regreso, Severus tenía una decisión tomada: había encontrado nuevamente el amor y esta vez no lo iba a dejar escapar, haría lo que Lily le había aconsejado, lucharía por lo que quería.

-Severus...-

Ambos se miraban con intensidad, deseo, pasión. Poco a poco se fueron acercando, sintiendo sus respiraciones, sus labios estaban a punto de rozarse cuando...

-Joven ama, amo Snape- llamó un elfo doméstico, interrumpiendo el mágico momento. -La cena está servida-

Severus miró hacia otro lugar del despacho, tratando de calmarse para no terminar torturando a la inoportuna criatura. Jessica lamentó la interrupción pero también le hacía gracia ver como el pelinegro trataba de guardar la compostura.

-Gracias Alix, iremos de inmediato- respondió la heredera.

-Con permiso- y con un plof el elfo desapareció.

-Bueno- la morena se levantó. -Vamos, que no quiero escuchar los reclamos de Tyna si la comida se enfría- y salió rápidamente del despacho.

El pocionista bufó. Tanto tiempo esperando ese momento y un maldito orejón lo arruina todo. Muy a su pesar se levantó y se dirigió al comedor.

La cena transcurrió en total silencio, pero con varios intercambios de miradas, miradas que decían todo y a la vez no decían nada pero que mostraban sentimientos encontrados. Al culminar la cena, Jessica le pidió a uno de los elfos que ayudarán al pocionista en la elección de su recámara para que descansara, mientras ella se dirigió a la suya alegando que estaba muy cansada. Ese comportamiento sorprendió al pelinegro ya que esperaba hablar con ella después de lo que casi pasó, pero decidió que mejor era dejarla sola. Eligió una habitación que estaba separada de la habitación de la castaña por una recámara de por medio, y se retiró a descansar. Y tenía razón en dejarla sola, la morena tenía mucho en que pensar. El regreso de Severus había sido inesperado e impactante, pero la alegría que sintió su corazón le demostraba que era un regreso que esperaba con ansias. Y ahora que lo había tenido tan cerca de ella, apunto de besar sus finos y varoniles labios nuevamente, se daba cuenta de que la pasión y el deseo por aquel hombre de orbes oscuras no había disminuido en lo absoluto. Sí, ahora se lo confirmaba a sí misma: seguía enamorada de Severus Snape.