Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
-Buenas noches- saludó la mujer al pequeño grupo. -Disculpa la tardanza Lucius pero se me presentaron algunos inconvenientes en el ministerio- decía mientras lo saludaba con dos besos en la mejilla, y le daba uno a Narcissa, uno a Astoria y uno a Draco.
-No hay problema Lyn, llegas a tiempo. De igual forma todavía estamos esperando a Andrómeda-
-Oh que bien- respondió la joven rubia. -Excelencia no sabía que estaba invitada a la cena- dijo sorprendida al ver a la castaña.
-Pues yo tampoco esperaba verla por aquí, Byron, y mucho menos que fuera familiar de los Malfoy- respondió la morena con una sonrisa la cual fue respondida con otra.
-Pero miren a quien tenemos aquí- exclamó la ojigris al ver al pelinegro. Después de mirarlo de abajo hacia arriba, se acercó seductoramente a él. -Nada más y nada menos que a Severus Snape. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos ¿no?-
-Desde la primera caída de Señor Tenebroso- comentó sin prestarle atención a la cercanía de la recién llegada.
-Cierto, me fui de viaje para prepararme como maestra en pociones. Y gracias a eso y a toda mi experiencia en el exterior, ahora soy la encargada del departamento de investigaciones del ministerio. Así que en cierto modo somos colegas, ¿no te parece fantástico?-
-Te felicito entonces, lograste lo que siempre quisiste- dijo el pocionista con total calma, sin inmutarse siquiera por las claras insinuaciones de la mujer.
-Muchas gracias, Severus. Sin embargo, no siempre logré lo que quise- dijo la pocionista mientras acariciaba el pecho del mago con su dedo. El mago enarcó una ceja.
Lynette Byron era prima de Lucius por su familia materna. Era una mujer astuta, decidida, arrogante y elegante, no por nada fue seleccionada para Slytherin en sus años de estudiante.
Su atracción hacia Severus comenzó cuando cursaba su cuarto año en Hogwarts y él su séptimo año, y aumentó aún más al verlo nuevamente el día que fue elegido por Lucius como padrino de Draco. Verlo con aquella aura enigmática y de chico malo le gustaba, tanto que se lo dio a demostrar en varias ocasiones y recibiendo a su vez varios rechazos por parte del pocionista. Ahora que lo volvía a ver, lo encontraba más atractivo y varonil, sin contar que la gran posición que poseía en el mundo mágico lo hacía un hombre codiciado. Su objetivo de conquistarlo y hacerlo suyo había vuelto y con mayor fuerza que las veces anteriores.
- ¿Y... Andrómeda tardará mucho en venir? - preguntó Lynette mientras se sujetaba del brazo del oscuro mago. Severus trató de separarse pero Lynette se aferró con fuerza haciendo que él desistiese y sólo gruñera en señal de fastidio.
Jessica estaba que no sabía a quién le debía la molestia que estaba sintiendo en esos momentos. A Byron por estar coqueteándole descaradamente a Severus o a éste por no hacer nada por quitársela de encima. Sentía unas ganas terribles de decirle a esa... señorita que se alejara de él, pero había aprendido bien de la realeza a guardar la compostura y a no perder la elegancia. Además ¿Bajo qué excusa le reclamaba algo a ella o a él? Ellos al fin y al cabo... no eran pareja; esa era la realidad.
-Ya no debe tardar- respondió Narcissa incómoda con la situación al igual que Draco. Eso no estaba dentro de sus planes para esa noche.
-Bueno, al menos he encontrado una excelente compañía esta noche-
La morena simplemente suspiró, todo indicaba que iba a ser una incómoda noche para ella.
En eso pensaba cuando inesperadamente sintió como unas manos se colocaron en su rostro, impidiéndole ver.
-Adivina quién soy- dijo una voz aterciopelada muy cerca de su oído, tanto que los labios rozaban suavemente el lóbulo de su oreja, produciendo escalofríos en la castaña. Era una voz que ella conocía muy bien.
-¿S-Sirius?- Preguntó con sorpresa en su voz.
-Sorpresa- expresó el mago mientras se colocaba frente a ella y la saludaba con un beso en la mano.
El pelinegro, que en esos momentos estaba pendiente a la menor oportunidad para quitarse a la rubia de encima, se giró bruscamente al escuchar aquel insoportable nombre. Al verlo tan cerca de Jessica sus instintos asesinos comenzaron a despertar. Si no fuera porque Lynette lo tenía agarrado como un pulpo ya lo hubiese desaparecido de la faz de la tierra.
-Pero como...- Jessica estaba desconcertada.
-Buenas noches- saludo Andrómeda Tonks a los presentes.
-Hermana qué bueno que viniste- saludó la rubia con un abrazo. -Y qué bueno que cambiaste de opinión, Sirius- dijo con una sonrisa.
-Digamos que motivaciones para venir sobraron, Narcissa- respondió el animago con una sonrisa sin dejar de mirar a la heredera.
-Mierda- murmuró Draco mientras se tomaba su bebida de un solo trago. Definitivamente eso no estaba en sus planes.
El pocionista no lo soportó más y de un sólo movimiento se soltó de la rubia aprovechando que había aflojado un poco su agarre, dispuesto a darle un escarmiento al perro entrometido. Lucius, al ver las intenciones de su amigo, rápidamente intervino obstruyendo su camino.
-Ya que Andrómeda llegó, y los invitados ya están aquí pasemos a nuestros asientos y demos inicio a la cena- dijo el rubio mayor señalando la mesa principal.
El pocionista, reprimiendo su molestia, accedió y se dirigió junto a los demás a la mesa.
Lucius y Narcissa fueron los primeros en tomar asiento, seguido de Severus, Draco y Astoria. Jessica se dirigía a sentarse al lado del pelinegro, pero Lynette se le adelantó y se sentó en el lugar, produciendo un bufido por parte de él y un suspiro de cansancio por parte de la castaña. Sin quedarle de otra se sentó al lado de Astoria y del animago.
Después de que todos los invitados estaban en sus respectivos asientos, el rubio comenzó con su discurso.
-Buenas noches queridos amigos. Es un placer para mí y para mi familia darles la bienvenida a esta su casa. Quiero agradecerles su aceptación a esta cena; y esperemos que esta noche, nuestros lazos de amistad se fortalezca más; y más aún cuando se aproximan las festividades navideñas. Sin más que decir, disfruten de la comida- Culminado el discurso, aparecieron en las mesas los platillos a degustar.
El ambiente que se respiraba en el salón era ameno y tranquilo... a excepción de la mesa principal.
Si las miradas mataran, algunos ya estuvieran muertos en aquella mesa, pero más que nadie cierto animago. La idea de lanzarle un avada era muy tentadora para el pelinegro.
Desde que Jessica se sentó al lado del castaño, éste no paraba de darle conversación y de estar cariñoso con ella, pero lo que le molestaba más era el hecho de que ella se veía contenta con la atención recibida. Sin embargo, algo le había llamado la atención.
Cada vez que Lynette se le insinuaba, la molestia se reflejaba en el rostro de la castaña. Sonrió. Quizás si jugaba un poco...
-Severus ¿no te parece que el postre está delicioso?- preguntó la rubia joven mientras degustaba con sensualidad una cucharada de su pastel de chocolate.
-Estoy comiendo del pastel de calabaza, no sé si tu postre está delicioso- respondió mientras seguía degustando de su postre.
-Eso no es problema, prueba del mío- dicho esto, la rubia tomó una cucharada de su pastel y se lo ofreció llevado la fina cucharilla a los finos labios del mago.
El pelinegro aceptó el ofrecimiento, mirando de reojo a la castaña y pudo ver claramente como bufaba y miraba en otra dirección. Hizo un gesto de satisfacción, había salido mejor de lo que esperaba.
-Por lo que veo te gustó- dijo la pocionista llevándose la cucharilla con los restos de crema a la boca, lamiéndose los labios sugestivamente.
-El pastel está bien- respondió restándole importancia y volviendo a su normal máscara de frialdad.
-¿Todo bien?- preguntó Sirius a la morena al verla incómoda.
-Nada, es sólo que... sin querer me mordí la lengua- respondió con cierta acidez.
De cierta forma no era mentira lo dicho, sólo la parte de "sin querer". En sentido figurado, se había mordido la lengua para no lanzar algún improperio a la "nueva parejita". Aspiró y expiró lentamente, debía controlarse, montar un numerito en la cena de los Malfoy no era lo apropiado. Bueno, eso era lo que se repetía una y otra vez.
De pronto se escuchó un plof al lado de la señora Malfoy, un elfo había aparecido y le había traído una carta.
-No puede ser- murmuró la rubia mientras terminaba de leer la carta y la colocaba en la mesa, llamando la atención de los comensales.
-¿Qué ocurre querida?- preguntó Lucius colocando una de sus elegantes manos encima de la mano de su esposa.
-Madame Renard no podrá asistir esta noche. Tuvo un imprevisto con su voz y su medimago le recomendó reposo por unos días-
-¿Invitaron a Madame Renard?- inquirió sorprendida la castaña, los rubios asintieron. -Qué lástima que no haya podido asistir, es una de las mejores pianistas del mundo mágico- dijo con pesar.
-Y lo peor de todo es que ella era el espectáculo de esta noche, con ella finalizaba la cena- comentó la rubia mayor mientras le indicaba a uno de los elfos que comenzaran a servir el té.
-¿Entonces qué piensan hacer?- preguntó Andrómeda al ver a su hermana y cuñado pensativos.
-¿Porque no tocas tú el piano, Draco?- sugirió Astoria.
-¿Y-yo?- el joven slytherin se puso pálido.
-¡Por supuesto! Recuerdo que recibiste clases de piano y de canto, y eras muy bueno-
-Eso fue hace mucho tiempo, Tory, no recuerdo nada de esas lecciones- respondió el rubio tomando un sorbo de su té.
-No seas modesto, Draco- dijo Jessica con una sonrisa traviesa. -Comparte tus maravillosos dones para el arte con nosotros-
-Eso mismo deberíamos decirte, Jessica- comentó Severus mientras tomaba tranquilamente su té. -Porque no usas tus dones musicales para ayudar a los Malfoy. Me consta que eres una excelente cantante y pianista-
La morena no sabía si matar al pocionista por arruinarle el momento de diversión o sonrojarse por el halago.
-Parece que el mundo se va a acabar. Quejicus halagando a alguien, quien lo diría- expresó el animago en plan burlón.
-Yo reconozco la excelencia pulgoso, a diferencia de ti que no puedes reconocer el buen arte ni porque te lo peguen en tu asquerosa cara- respondió con desdén en su voz.
-Suficiente ustedes dos- exclamó Narcissa, callando a los dos magos. Luego dirigió su mirada a la joven. -Jessica ¿es cierto lo que dice Severus?-
-Bueno, si es cierto que sé cantar y tocar el piano. Pero Severus exagera, yo...-
-Recibiste una gran ovación por parte de la corte y la realeza asariana. Y es bien sabido lo mucho que quieren y respetan el arte- replicó el pelinegro con una sonrisa de triunfo.
-Ya tengo curiosidad- exclamó Sirius para luego dirigirse a la castaña. -¿Por qué no haces una demostración? Así sacas de un aprieto a Narcissa y veremos si Quejicus está exagerando- le propuso con una gran sonrisa.
-Está bien- suspiró. Y al ver al joven rubio suspirar de alivio, agregó. -Pero... Draco cantará conmigo-
