Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
-¿Kyana?- se preguntó el mago, totalmente desconcertado.
-¿Trajiste a Kyana?- le había preguntado el príncipe arthemiano a la morena el día de la primera prueba del Tridium.
-Hoy amaneció rebelde así que no pude hacer nada para convencerla de que viniera. La dejé al cuidado de los elfos- respondió ella mientras ambos comenzaban a reírse.
-Nos vemos después Jessica, y espero que esa vez pueda ver a Kyana- le había comentado el sucesor arthemiano con un gran abrazo al despedirse el día de la selección final.
Severus ahora entendía todo. Kyana no era una persona, no era una niña como él había llegado a pensar. Era un dragón, por eso el príncipe Dimitri, al ser un señor dragón, bromeaba con ella sobre eso.
El dragón se acercó dócilmente a la joven heredera, permitiendo que ésta acariciara su cabeza. La joven, al percatarse de la presencia del mago, salió corriendo hacia él.
-¿Severus estas bien?- preguntó preocupada.
-Estoy bien- respondió con una mueca similar a una sonrisa.
No sabía si había sido su imaginación, pero el pelinegro podría jurar que aquel dragón había bufado.
-Gracias al cielo- la castaña suspiro aliviada. Inmediatamente, el rostro de la chica pasó de alivio a enojo. -¡¿Se puede saber qué demonios estabas pensando al venir aquí?!- vociferó.
Severus enarcó una ceja ¿y ahora por qué el cambio de humor?
-Has corrido un gran riesgo Severus ¿Acaso te volviste loco?-
-Solamente vine a conocer el misterioso Spring Mount- el mago se acercó a la morena hasta quedar su cara cerca de la de ella. -Si me hubieses advertido durante el pequeño paseo en las instalaciones que un dragón estaba entre las "comodidades" de la mansión, hubiese tomado las previsiones correspondientes- expresó con cierto reproche.
-Es dragona. Y en ese caso ¿Por qué no pediste indicaciones a los elfos? Yo nunca te mencioné sobre este lugar por eso. De forma que si ibas a un sitio desconocido, al menos te hubieses informado primero sobre el lugar ¿o no?- replicó la joven sin dejar de mirarlo.
-Es cierto, y ¿adivina qué? uno de los elfos fue el que me mencionó este extraño lugar, obviando un insignificante detalle ¿Cuál era?- dijo colocando una fingida cara pensativa. -Ah sí, el detalle de que una dragona estaría esperándome para... comerme- contraatacó con voz sedosa, produciendo un leve escalofrío en la chica.
-Pues... para tu información Kyana no tiene tan mal gusto- comentó la joven con una sonrisa burlona.
-Quizás ella no... Pero su dueña si- respondió sonriéndole seductoramente.
El comentario hizo que la bruja tuviera un fuerte sonrojo a lo que el pelinegro soltó una carcajada. La morena se volteó y le dio la espalda. "Maldito sonrojo" pensó. Desvió su mirada al frente, buscando calmarse un poco para enfrentarse al mago, cuando se percató de que había un brillo fuera de lo normal en el lugar.
Movida por la curiosidad comenzó a acercarse, tenía una corazonada de lo que podía ser pero le resultaba imposible que fuera cierto. Al llegar a donde estaba aquel mágico brillo se sorprendió al ver que su corazonada era acertada.
-Imposible- dijo en un susurro mientras se agachaba y acariciaba los pétalos de la cristalina flor.
-Él la sembró- le dijo la dragona a través de su conexión mágica.
Tan impresionada estaba por la flor que no se percató cuando Severus se colocó a su lado.
-¿Te gusta?-
-Está hermosa- la morena se levantó y se colocó frente a él.
El pocionista se agachó, con una floritura de su varita recortó la flor y se levantó para quedar nuevamente frente a ella.
-Es para ti- decía mientras le entregaba la flor.
Jessica esbozó una gran sonrisa. Ahora comprendía todo.
-No sólo viniste a conocer Spring Mount. Escuchaste la historia y viniste a plantar la asaria- el mago asintió. -¿Te pusiste en riesgo por una flor... para mí?-
Ambos se miraban con intensidad, produciendo aquella inexplicable conexión entre ellos.
-Todo esto y mucho más... por ti-
La castaña no lo soportó más, su acelerado corazón y su mente se lo pedían a gritos. Se acercó al hombre y colocándose de puntillas le dio un tierno beso en los labios. Sus labios comenzaron una suave danza en la cual se reconocía, se acariciaban, mostrándose lo mucho que se habían extrañado.
-Jamás llegue a pensar lo mucho que había extrañado tus besos. Hasta ahora- dijo mientras se separaba y rozaba su nariz con la del mago.
Severus no aguantaba un segundo más separado de sus dulces y carnosos labios. La rodeó por la cintura con sus fuertes brazos y unió nuevamente sus labios con los de ella.
Jessica colocó ambos brazos alrededor del cuello del pocionista, posicionando la mano que tenía libre en su nuca, acariciando con ternura su oscura cabellera, buscando profundizar más el beso. El pelinegro estaba extasiado con esa caricia y lamió el labio inferior de la chica; y ella, hipnotizada por todas las sensaciones que la abordaban, accedió sumisa a la silenciosa petición de entrada a su boca.
Severus la pegó más hacia él mientras ambos comenzaban una ardua lucha que ninguno quería perder. No sabían el porqué, o quizás si lo sabían, pero podían sentir como su magia se estaba conectando, como reaccionaba una con la otra, sintiéndose completos al estar juntos. Sin embargo, por la falta de aire, tuvieron que darse una pequeña tregua, quedándose abrazados, transmitiéndose sus emociones solo con ese gesto.
-Así que ella es la famosa Kyana- comentó el mago, mirando la dragona.
La dragona, al escuchar que la mencionaban, me mostró altiva ante el mago. Al detallarla con calma, se percató de que era un magnífico espécimen de dragón joven, se veía hermoso con sus escamas diamantinas azuladas pero a la vez se mostraba imponente.
-No lo digas en ese tono Severus, lo que menos quiero es que Kyana y tú se lleven mal- respondió la castaña mientras colocaba la barbilla en el pecho del pocionista, mirándolo con amor como aquella noche antes de que se separaran.
-No te preocupes, esa lagartija tamaño montaña me cae muy bien, es más, cuando intentó comerme, mi cariño hacia ella aumentó a niveles insospechados- expresó el pelinegro con claro sarcasmo.
-Como siga de chistoso ese vampiro de pacotilla, no fallaré a la próxima- espetó la dragona, mirando con reproche al pocionista.
-Kyana no digas eso ni de broma- la reprendió la morena mirándola con seriedad. Conocía muy bien el carácter de la criatura, el cual era muy volátil a pesar de ser un Safir Groenlandés, cuyo carácter es pacífico.
El mago enarcó una ceja al ver la repentina acción de la castaña.
-Kyana es mi dragón elegido, gracias a un lazo de unión mágica puedo comunicarme con ella. A diferencia de otros dragones que sólo puedo ordenarles- le explicó mientras jugaba con los botones del abrigo del pelinegro.
-Eres una bruja de mucho poder, no es de extrañarme tus habilidades-
La joven esbozó una sonrisa por el halago, gesto que fascinó al pocionista, dándole un cálido beso.
-¿Iba a alguna parte antes de venir aquí señorita Rosenbaum?- preguntó Severus inquisidoramente al percatarse que estaba muy abrigada.
-Pensaba dar un paseo por el pueblo señor Snape- respondió la castaña mientras se separaba de él. -¿Quisiera acompañarme?-
-Con una condición-
La bruja lo miró interrogante.
El pelinegro tomó la mano libre de la morena entre sus manos.
-Que sea mi novia- le dijo a la vez que le daba un galante beso en la mano.
La boca de Jessica formó una perfecta "o", no podía creer lo que sus oídos habían escuchado.
-Ni se te ocurra aceptar- expresó Kyana mirando de hito en hito a la heredera y al pocionista.
-¿Estás... totalmente seguro de lo que me estás pidiendo?- preguntó la castaña seria.
El ex mortífago la miró interrogante.
-¿Estás seguro de que quieres tener una relación... conmigo?-
Severus no comprendía el motivo de su pregunta, pero el entendimiento llegó a él al ver lo que aquellos preciosos marrones ojos reflejaban en ese momento: miedo.
"Edward" pensó. Todavía recordaba aquella historia sobre como ese miserable, después de enamorarla y engañarla, le había hecho sentir que no valía como mujer. Ahora él era quien tenía la oportunidad de hacerla feliz, y no fallaría. No le fallaría.
-Jamás había estado tan seguro en toda mi vida. Me otorgaron una segunda oportunidad para ser feliz, y quiero que esa oportunidad sea contigo-
La castaña tenía miedo de que volvieran a lastimarla, pero al ver la seguridad y la sinceridad en aquellos oscuros ojos, como la miraban con intensidad y ternura al mismo tiempo, decidió dejar el miedo a un lado. Alexa tenía razón, tenía que seguir adelante, ser feliz.
-Entonces... acepto, acepto ser tu novia Severus- exclamó con alegría la castaña, plantándole un dulce beso.
Severus sentía que todo lo que estaba pasando no era real. Se sentía feliz, dichoso. Tenía un fantástico trabajo que le daba una excelente posición, era dueño de su vida y ahora aquella hermosa, inteligente y gentil joven era su novia. A pesar de todos los errores cometidos, después de todo lo que había vivido y sufrido, al fin su vida estaba tomando curso. "Soy un maldito con suerte" se dijo mentalmente al ver sonreír a su ahora novia.
La dragona gruñó en desacuerdo, sacando al hombre de sus pensamientos. Abrió sus alas y se elevó hasta entrar a la cueva, no sin antes fulminar con la mirada a Severus.
-No tengo que preguntar la opinión de ella, sé que está internamente saltando de felicidad- ironizó con una sonrisa burlona.
Jessica sólo bufó, bendito problema tendría con esos dos.
-Ya vámonos- expresó la joven, llevándose casi a rastras al hombre que la miraba divertido.
