Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Collinwood era un pueblo fundado por algunos magos que fueron salvados de la Suma Inquisición gracias al mago Merlín, lo cual lo hacía un lugar completamente mágico al igual que Hogsmeade; con la diferencia de que era un lugar más hogareño y solamente accesible por trasladores permitidos (para el caso de las personas que no fueran de la región). Su estado de reservación fue lo que conllevó a que la guerra no afectase directamente a ese lugar.

-Ahora entiendo porque la atención de Voldemort no llegó a este lugar- comentó el pelinegro después de escuchar el relato de la heredera, aún asombrado de que un pueblo con aquellas características tan llamativas estuviese oculto por tantos siglos.

-Y esperemos que siga siendo así. Sería un desastre si Collinwood pierde su paz- comentó la castaña mientras soltaba el brazo del mago y lo tomaba de la mano.

Habían pasado toda la tarde paseando, conociendo al pueblo y conversando sobre ellos. Severus le había contado sobre su semestre de entrenamiento y algunas anécdotas que ocurriendo en su búsqueda de nuevos conocimientos; ella también le relató lo que hizo durante ese tiempo, de los días que pasó con su familia, el nacimiento de su sobrina, entre otras cosas. Y así transcurrió el pasar de las horas hasta que las lámparas del pueblo comenzaron a encenderse, iluminando majestuosamente el lugar y anunciando la llegada del anochecer.

- ¿Y ahora a dónde vamos? - preguntó el pelinegro al ver que no paraban en ningún establecimiento.

-Por si no te has dado cuenta está oscureciendo- Dijo señalando el cielo. -Y te recuerdo que gracias al susto que me hiciste pasar, solamente tengo en mi estómago el ligero almuerzo que tomamos. Así que como comprenderás tengo hambre- terminó de explicar y continuó con la caminata.

-Pues te recuerdo que perdiste el desayuno por perezosa- dijo Severus con burla.

- ¡Hey! - la morena se detuvo. -Te recuerdo que es fin de semana, son días de descanso- se defendió mientras hacia un puchero.

El pelinegro la acercó hacia él y la abrazó por la cintura.

-Tú lo has dicho descanso, eso no significa dormir hasta tarde. Además- acercó sus labios al oído de la chica y con voz sensual agregó. -Si eso es ahora, no me imagino cuando comiences a hacer cosas más... interesantes en las noches-

Jessica se sintió desfallecer no solo por el significado de aquellas palabras, sino por la deliciosa cercanía de su novio. Su novio, que maravilloso se escuchaba. Por reflejo se mordió el labio inferior; si solo con aquella frase la hizo sentir como gelatina, no se imaginaba lo que podía sentir en una situación más... íntima.

Severus, al verla morderse el labio de forma tan provocativa, no aguantó la tentación. La llevó a un pequeño callejón que estaba a pocos pasos de su ubicación y allí la besó apasionadamente. Caricias iban y venían entre ellos, sintiendo un delicioso calor recorrer sus cuerpos.

Para cuando se separaron, Jessica estaba sonrojada y respiraba entrecortadamente. Severus no podía despegar los ojos de sus labios, rojos e hinchados.

-Será mejor que sigamos- dijo el ex mortífago mientras se aclaraba la garganta, daba gracias a la divinidad que el abrigo fuera lo suficientemente largo para cubrir cierto imprevisto. La joven, al percatarse del "problema" del mago mientras éste se acomodaba su abrigadora prenda, solo pudo asentir con una tímida sonrisa.

Después de arreglarse un poco, salieron del callejón. Siguieron su camino hasta llegar a un establecimiento de dos plantas, con base de piedra y estructura de madera. En la parte superior estaba un letrero que rezaba con un espléndido brillo: "La Estrella del Viajero".

La planta baja del pequeño hotel constaba de un salón que disponía de lámparas desplegadas alrededor de éste, algunas mesas y sillas bien decoradas, un gran ventanal con vista hacia el hermoso cielo estrellado y una cálida chimenea; además del recibidor y las escaleras que conducía a la parte superior donde residían las habitaciones. Un lugar sencillo pero muy acogedor.

- ¡Querida bienvenida! - saludó una señora regordeta, de cabello canoso y pómulos sonrosados quien salió presurosa del recibidor hasta los recién llegados. -Pensábamos que te habías olvidado de nosotros- decía mientras le daba un fuerte abrazo a Jessica.

-Yo también los he extrañado Annette, pero en estos momentos también extraño el oxígeno- expresó la joven con dificultad.

-Oh lo siento querida- se disculpó la mujer a la vez que se separaba de ella, permitiéndole respirar.

- ¿Y su esposo? - preguntó la castaña una vez recuperada.

-Frank está Francia con nuestro hijo arreglando la situación de la venta de nuestra casa- respondió con una sonrisa. Luego dirigió su mirada al pocionista. - ¿Y quién es el caballero? -

-Annette te presento a Severus Snape, Severus te presento a Annette Lancaster, es la dueña del local-

-Mucho gusto señor Snape- saludó la señora extendiendo su mano.

-Madame Lancaster- respondió mientras le daba un galante beso en la mano.

-No sé porque, pero creo que a usted lo he visto antes- dijo pensativa.

-No lo creo madame, es la primera vez que visito el pueblo- respondió el mago con cortesía.

- ¡Ya recuerdo! - exclamó eufórica sobresaltando a los presentes. - ¡Usted es el hombre que sale en el periódico acompañando a Jessica! - expresó como si hubiese hecho el mayor descubrimiento de la historia.

La joven iba a preguntar a qué se refería, pero inmediatamente recordó al reportero que estaba en la cena de los Malfoy.

-Así que aparecemos en El Profeta- dijo la morena con fastidio.

- ¿Lo dudaste? - le preguntó el mago con ironía.

-Pues déjenme decirles que salen muy bien, hacen una bonita pareja- dijo la bruja mayor alzando pícaramente las cejas.

- ¿Tú crees? - preguntó la más joven mientras tomaba nuevamente la mano del pelinegro.

- ¡Son pareja! - expresó mientras daba pequeños saltitos de emoción llamando nuevamente la atención de los presentes. -Oh lo siento-

La morena esbozó una gran sonrisa mientras el pelinegro negaba con la cabeza. Aquella mujer era muy parlanchina para su gusto.

-Y dime querida ¿a qué se debe tu visita? -

-Estábamos dando un paseo por el pueblo y se nos hizo tarde. Así que quise aprovechar para mostrarle a Severus los deliciosos platillos que ofrecen aquí-

- ¡Fantástico! - dijo la señora con una gran sonrisa. -Vengan, les tengo un buen lugar-

La señora Lancaster los acompañó hasta una mesa cerca del ventanal donde se podía apreciar una excelente vista del paisaje nocturno. Después de tomarles la orden y de aparecer una botella de vino de grosella, se retiró para darles privacidad.

-Ya sabías lo de El Profeta ¿no es así? -

-Lo vi esta mañana- el pelinegro le dio un sorbo a su bebida. -Lucius debe de estar muy contesto, aquella cena fue el regreso triunfal de la familia a la alta sociedad- expresó con burla.

-Y supongo que nuestra presencia contribuyó a ello ¿o me equivoco? - preguntó Jessica mientras miraba detenidamente su copa.

-El reportaje habla en su mayoría de nuestra presencia en el lugar y de la amistad que tenemos con los Malfoy. ¿Tú que crees? - expresó con ironía.

-Creo que aun así les tienes un gran aprecio-

-Son, de algún modo retorcido, la única familia que me queda- el pelinegro hizo una mueca similar a una sonrisa.

-Y es una familia que también te quiere Severus. No es necesario que lo digan, se nota que eres muy importante para ellos, así como ellos son importantes para ti-

-Es decir que ellos son los únicos que me quieren- expresó dolido. A pesar de todo, parte de su inseguridad seguía presente, resistiéndose a creer que aquel ángel estaba con él por amor y no, aún más difícil de creer, por atracción.

La morena se acercó a él y le dio un dulce beso en los labios. Al separarse, ambos se miraron fijamente.

-Te quiero Severus, te quiero. Eso jamás lo dudes- le decía a la vez que acariciaba con suavidad la mejilla del pocionista.

Severus Snape, el hombre que siempre tenía un comentario para todo, se había quedado sin habla. Le había dicho que lo quería, ella le había dicho que lo quería y con una seguridad que hacía que su corazón comenzara a latir con fuerza. Estaba por responderle cuando mágicamente apareció la comida que ellos habían ordenado. Unos ravioles con salsa de queso y champiñones para ella, y unos medallones de carne con ensalada para él.

- ¡Que delicioso huele! - expresó la castaña dirigiendo su atención a su platillo.

El mago solo asintió. Ya habría tiempo para decirle y demostrarle que él también sentía lo mismo por ella.

-Qué extraño, el cielo está nublado- se escuchó comentar en un pequeño grupo que estaban hospedados en el lugar.

Un gran trueno resonó por todo el lugar, sobresaltando a los presentes y dando inicio a una tormenta eléctrica con nieve.

-Imposible- murmuró la castaña sorprendida, al mirar aquel extraño fenómeno meteorológico.

El rostro de Snape se mostraba serio, aquel temporal solo le traía malos recuerdos, memorias de un Lord Voldemort en pleno apogeo.

"Él está muerto, no hay nada de qué preocuparse" pensó.

- ¿Extraño temporal no te parece? - comentó Jessica degustando nuevamente su platillo.

-Muy extraño, pero no debemos preocuparnos ya pasará- respondió indiferente siguiendo el ejemplo de la chica.


-Bienvenida mi Lady- saludó un mago encapuchado y con una máscara plateada haciendo una reverencia a la recién aparecida bruja.

- ¿Mi hermano dónde está? -

-Está con los prisioneros- respondió sin dejar de reverenciarla.

-Bien, vamos- respondió la bruja caminando con altivez y elegancia seguida del hombre.

A pocos metros se escuchaban sollozos y gritos desgarradores. Al llegar, el panorama era desolador y aterrador para cualquier persona que tuviera respeto por la vida. Alrededor de una gran fogata, algunas personas estaban encadenadas mientras algunos magos encapuchados estaban torturándolos y maldiciéndolos, burlándose de sus víctimas, disfrutando de su dolor.

La rubia bruja sonrió. Eso era sólo el comienzo de lo que se avecinaba para todos aquellos que quisieran entrometerse en su camino. Recorrió el lugar con la mirada hasta encontrar a quien buscaba. Con paso ligero llegó hasta donde estaba su hermano.

- ¿Hermoso tiempo no crees? - preguntó la bruja con euforia.

-Tú y tu fanatismo por las tormentas- respondió el mago con una sonrisa. La bruja se alzó de hombros.

- ¿Cuánto tiempo llevan con la tortura? -

-Una hora. Tal vez menos- expresó el rubio con aburrimiento.

-Con eso bastará- respondió con satisfacción. - ¡Es suficiente! -

Los magos se detuvieron de inmediato. La bruja sacó una cristalina varita y comenzó a jugar con ella entre sus dedos.

-Flint-

- ¿Si, mi Lady? -

-Trae el cofre-

El mortífago levitó hasta ella un cuadrado cofre mediano negro adornado con algunas runas antiguas. Tras recitar un encantamiento, la bruja extrajo una pequeña jaula de hierro con forma de esfera; en medio de ésta estaba plasmado un círculo en cuyo centro estaba una estrella de seis picos y a su vez en su interior estaba dibujado un cuervo con las alas alzadas.

Tras un movimiento de su varita las cadenas fueron abiertas, liberando a los prisioneros quienes cayeron estrepitosamente al frío suelo, jadeando por las múltiples heridas y con terribles espasmos producidos por la maldición Cruciatus.

-Pero miren que tenemos aquí. Un espectáculo digno de ver- exclamó la mujer con gran alegría. - ¿Quién resiste mejor una maldición? ¿Los muggles o los sangre sucia? - varias risotadas se escucharon por parte de los mortífagos.

-No perdamos más tiempo, Tamara, acabemos con esto de una vez- expresó el rubio con fastidio. Como odiaba cuando su hermana retrasaba lo inevitable.

-Siempre arruinas el momento, Darius- la ojiazul lo fulminaba con la mirada. -Colóquenles los cristales-

Los mortífagos comenzaron a colocarle a cada mago prisionero un collar con un cuarzo transparente en forma de rombo como colgante.

-A los muggles también- expresó con molestia la bruja al ver lo que estaban haciendo.

-Con todo respeto, mi Lady- intervino uno de los mortífagos haciendo una pronunciada reverencia. -Pero ¿Por qué también a los muggles?-

-Porque también requiero de su magia imbécil- espetó lanzándole una maldición no verbal. El mago estaba retorciéndose en el suelo a la vez que comenzaba a vomitar sangre. - ¿Alguien más quiere hacer una pregunta? - Nadie contesto. -Bien, sigamos. Darius es tu turno- se colocó al lado del aludido y le entregó la esfera.

Los cristales comenzaron a desprender un gran resplandor al igual que la metálica esfera mientras el mago recitaba el encantamiento en un lenguaje muy extraño, desconocido se atrevería a afirmar el slytherin Marcus Flint.

Desde la caída del Señor Tenebroso había permanecido oculto temporalmente en algunos bosques del país para evitar la captura de los aurores. Durante sus escapes logró reunir a varios camaradas que estaban en su misma situación, obteniendo un grupo de mortífagos bastante significativo, en la espera de un nuevo líder que originara una nueva era de terror e impulsara a los sangre pura a su antigua gloria. Cuando pensaron que no había esperanza de recuperar su antigua causa, aparecieron aquellos extraños hechiceros con sorprendentes poderes y encantamientos jamás escuchados. "Todos los traidores del mundo mágico y sangres sucias pagarán su osadía con sangre. La gloria de Lord Voldemort resurgirá con más fuerza, solamente tienen que seguirnos" aquella frase había sido la detonante de sus ansias de poder.

Sus pensamientos fueron interrumpidos al ver como aquellas personas emitían una luz dorada a su alrededor y como ésta era transferida a la esfera que su señor tenía en sus manos.

"Así que ellos tenían razón, los muggles poseen magia innata. Imposible" pensó con asombro.

Al culminar, el mago tenebroso tenía en sus manos una gran cantidad de energía, mientras que los cautivos tenían un aspecto similar a las víctimas del beso del dementor.

-He culminado Tamara. La advertencia es toda tuya- Darius guardó la esfera nuevamente en el cofre, lo selló y se retiró junto con él.

-La antigua religión ha regresado, y esta vez es para quedarse- dicho esto la joven alzó su varita hacia los prisioneros, produciendo una nueva sinfonía de gritos y alaridos. Al culminar, vio con satisfacción su obra de arte. -Quítenles los collares, luego mátenlos. Pueden... comenzar su "fiesta" pero eso sí, no olviden lo acordado-

-Sí, mi Lady-

Al ver que no había nada más que ordenar, se dio vuelta y con elegancia se alejó del lugar.


-Ya era hora de que llegaran- exclamó con molestia Phillipe al verlos llegar. -Se les está haciendo costumbre llegar tarde-

-No es nuestra culpa, Annette no quería dejarnos ir. Por poco nos hace dormir en su posada- respondió Jessica mientras se aplicaba un hechizo para quitarse las cenizas.

-Annette y sus exageraciones, hasta creo que a veces se le olvida que es una bruja- comentó divertido. -Aunque admito que es una fuerte tormenta-

-Sí, muy fuerte- murmuró para sí misma. -Bueno ya nos vamos a descansar. Buenas noches Phillipe-

-Buenas noches querida, descanse Snape- se despidió el francés con una breve inclinación de cabeza.

-Budiet- respondió el pelinegro también con una inclinación para luego seguir a la castaña.

-Veo que Phillipe y tú se llevan muy bien- comentó la morena al llegar a la parte superior de la escalera.

-No somos los mejores amigos, pero, al menos hay cordialidad entre nosotros- respondió él mientras la acompañaba hasta la entrada de su habitación.

-Pues me alegra mucho escuchar eso- decía a la vez que abrazaba al mago. -Prefiero mil veces eso a que se estén peleando todo el tiempo-

-Ya te lo dije, por mi parte no habrá problemas- dicho esto le dio un suave beso en los labios. - ¿Dormimos juntos? -

Severus no habría querido pedírselo de esa manera tan directa, inclusive él pensaba que era muy apresurado hacer esa petición ¡Por Circe, tenían solo un día como novios! Sin embargo, sentía una gran necesidad de estar cerca de su calidez, de su embriagante aroma y de su belleza. Quería estar con ella, sentirla cerca como no pudo en los últimos meses. Él no era un hombre acostumbrado a muestras de cariño o afecto, y en realidad él mismo se había encargado de eso alejando a todos aquellos que quisieran acercarse a él, apreciaba mucho su espacio e intimidad llevándolo a permanecer en soledad. Sin embargo, ahora que había probado la calidez y el amor de su castaña, sentía que no podía apartarse de ella.

Jessica había abierto los ojos desmesuradamente al escuchar aquella inesperada pregunta, su cara parecía un arco iris al desfilar en ella todos los colores posibles y sin contar que se le había olvidado respirar. ¿Había escuchado bien? ¿Dormir juntos?

- ¿Jessica estás bien? - preguntó al verla un poco pálida.

-Eh... S-si estoy b-bien- respondió recuperaba la respiración.

El pelinegro la tomó por la barbilla e hizo que aquellos achocolatados ojos se encontraran con sus orbes oscuras como la noche.

-Sé que todavía no estás preparada para dar ese paso, y jamás te forzaría a algo que tú no quieras. Sólo quiero dormir contigo, nada más eso-

La joven se sonrojó al ver que el pelinegro se había dado cuenta de su inquietud. Y una vez más él le había demostrado lo caballeroso que era. La respetaba y la valoraba, y eso hacía que lo admirara y lo quisiera aún más.

-Me encantaría... dormir contigo- la morena esbozó una gran sonrisa, la cual fue correspondida por el pocionista. - ¿Dormimos en mi recámara? -

-Me parece bien-

La morena abrió la puerta, revelando una gran habitación. Constaba de una gran ventana alargada, una mesa mediana con dos sillones y unos muebles en el lado izquierdo, en el lado derecho se podía apreciar un gran armario y una puerta que conducía al baño, en la pared que estaba al lado de la entrada estaba un elegante tocador de espejo ovalado, y en el centro estaba una cama matrimonial vestida con sábanas blancas, el cobertor y los doseles eran de un color crema intenso, y en cuyos lados estaban una mesita de noche. Elegancia y comodidad eran las dos palabras que podían describir con claridad a la estancia.

-Sin duda la recámara principal- expresó el pelinegro al detallar el lugar.

-Así es- respondió mientras sacaba la asaria que estaba resguardada en su bolsillo y la colocaba en una caja de cristal que tenía en su tocador al lado de la ninfea. Después de activar el hechizo de calefacción, se dirigió al baño. -Ponte cómodo en lo que yo me cambio- decía mientras entraba y cerraba la puerta.

Severus sonrió. A pesar de aclarar sus intenciones ella seguía nerviosa. Ya se encargaría de tranquilizarla.

Con un accio invocó una polera y un pantalón de pijama negro. Estaba acostumbrado a dormir sin la parte de arriba del conjunto, ya sea en pantalón o bóxer, pero tampoco podía forzar los nervios de su novia. Con un movimiento de su varita ya tenía el pijama puesto, se recostó en la cama a esperar a su hechicera.

La espera no fue larga, al poco tiempo Jessica estaba saliendo vestida con una franelilla de tirantes y un short de seda color lila. El pocionista tragó saliva con dificultad al verla de pies a cabeza, menuda tentación tenía frente a él. "Tranquilo, respira, prometiste respetarla, no eres un adolescente hormonado" se decía una y otra vez.

La castaña estaba levemente sonrojada, sabía que él la estaba devorando con la mirada; era una situación que la apenaba pero que a la vez le gustaba. ¿Qué mujer no le gustaba sentirse deseada por su pareja? Severus le hizo señas a su lado, invitándola a acostarse.

Ella, armándose del valor que no tenía en esos momentos, se acercó lentamente a la cama y se acostó al lado del pocionista, recostando su cabeza en el pecho de él, aspirando su masculino aroma.

- ¿Estás bien? - preguntó preocupado, lo que menos quería era espantarla.

La morena levantó su cabeza donde cómodamente estaba y asintió con una sonrisa. El mago, tras un suspiro de alivio, la tomó del mentón y le dio un corto beso en los labios para luego recostarla nuevamente en su pecho. Al cabo de unos segundos, comenzó a acariciarle el cabello, encantado de lo sedoso que era y del delicioso aroma frutal que desprendía, mientras se sumergía en un mar de pensamientos.

- ¿En qué piensas? - la voz amortiguada de Jessica lo sacó de sus pensamientos.

-En las vueltas que da la vida- el pelinegro detuvo el movimiento de su mano sin apartarla.

-No te detengas por favor- dijo la joven con voz adormilada. Se sentía tan a gusto en su pecho y con el pequeño masaje, que estaba quedándose dormida.

El pelinegro no contestó, le dio un beso en la coronilla y reinició el masaje.

-Duerme cariño- le susurró con ternura. La morena cerró los ojos y se acurrucó más al cuerpo de su pareja ronroneando de forma similar a un gato, gesto que le hizo gracia al hombre.

Al poco tiempo su respiración era acompasada, delatando que se había quedado profundamente dormida. El mago también cerró los ojos, dejándose llevar por la calidez que ella le transmitía.

-Yo también te quiero- fue lo último que susurró antes de caer en los brazos de Morfeo.