Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Severus se encontraba en la tranquila habitación que le habían asignado los Malfoy en la mansión. Después de que Jessica se fuera de Crystal Manor el día de Nochebuena, decidió aceptar la propuesta de quedarse en Malfoy Manor en los días que ella estuviera fuera. Quién lo diría, después de tantos años refugiándose en la soledad, ahora la consideraba un fastidio.

Estaba leyendo el regalo que su castaña le había enviado, un libro antiguo donde estaban recopiladas todas las pociones de la antigua civilización egipcia. Un libro difícil de hallar pero que, sorprendentemente, su novia había encontrado. Miró a un lado de la cama el envoltorio del regalo, encima de éste se encontraba un elegante collar dorado con un colgante circular del mismo metal y cuyo centro se encontraba un cristal transparente similar a un diamante. Abajo de éste se encontraba la nota que venía con ambos presentes. La cogió y comenzó a leerla nuevamente.

Querido Severus:

¡Feliz Navidad!

No te imaginas lo mucho que me hubiese encantado despertar a tu lado y entregarte esto personalmente. Pero en fin así tuvo que ser.

Me costó muchísimo conseguirlo pero, después de contactar a varios conocidos, al fin lo encontré y espero que te guste.

Anexo también un traslador especial, por si acaso hay posibilidades de anular el "compromiso" con los Malfoy, que te transportará directamente a la entrada de la casa de mi hermano. Se activará una vez que digas la palabra de correo de Arthemius y se cancelará automáticamente a la medianoche, así que... ya sabes.

Sé que ha pasado solo un día, y que tu ego quizás crezca más de lo que está si te lo digo pero... Te extraño.

Con amor

Jessica

Dejó la nota donde estaba mientras sonreía de lado. Leer aquella nota en cierto modo lo reconfortaba. "Ojalá que mi regalo también haya sido de tu agrado" Pensó. Él también la extrañaba, tanto así que no había dormido bien.

"Amigo, sí estás así que todavía no has intimado con ella, no me imagino cuando lleguen a conocerse mejor". Le había dicho Lucius en tono burlón después del desayuno. Maldita la hora en que cayó en la trampa del rubio e indirectamente le confirmó que él y Jessica todavía no habían llegado a más. No era por falta de deseo, Circe era testigo de las veces que había estado a punto de mandar su caballerosidad y autocontrol al mismísimo demonio y hacerla suya hasta no poder más. Pero no quería presionarla, esperaría a que ella se sintiera preparada para el siguiente paso en su relación. Jamás se comportaría como el imbécil hormonado de su ex novio, él la respetaría y le demostraría que sus intenciones iban más allá de lo carnal.

A pesar de todo, no le quitaba la razón a su viejo amigo, estuviera peor si conociera a plenitud a su castaña. Estuviera loco por no sentir aquella suave y tersa piel cerca de la suya, sin embriagarse del delicioso aroma de su cuerpo, sin poder escucharla gemir su nombre una y otra vez, sin poder verla entregarse al delicioso clímax que él gustoso le provocaría...

-Demonios- exclamó sacudiendo la cabeza. Se levantó y se dirigió a la ventana, buscando despejar su mente de tan intensos pensamientos. Gracias a eso se percató de que la tarde había transcurrido rápidamente y que el sol estaba empezando a ocultarse.

-Será mejor que me arregle antes de que Narcissa comience a fastidiar-

Sacó de una elegante caja una camisa verde oscuro, regalo de Draco para darle un toque más "alegre" a su guardarropa, y un pantalón negro.

-Más vale que sea una tranquila navidad-


-Hija ¿Ya terminaste con la mesa?-

-Si mamá ya todo está listo- decía Jessica a la vez que terminaba de colocar la última copa. -Corina ¿Sabes por qué mi mamá está tan perfeccionista hoy?- le preguntó en voz baja a su cuñada.

-Al parecer vamos a tener invitados- respondió la chica quien estaba alimentando en esos momentos a su bebé.

Corina Rosenbaum, Jones de soltera, era una joven de unos 26 años, tez blanca, cabello color negro y de unos hipnotizantes ojos ambarinos. Su familia era inglesa pero se habían mudado a Alemania cuando ella acababa de cumplir los 18 años. Antes del embarazo ejercía de publicista en una importante empresa transnacional.

-¿Y no sabes quienes serán esos invitados?-

-Ni idea-

-Bueno, creo que ya todo está listo- expresó satisfecha Elizabeth al ver el comedor. -La mesa está estupenda, maravilloso- exclamó alegre.

Elizabeth Rosenbaum era casi idéntica a su hija, tez blanca, cabello rizado y ojos castaños, guapa y muy bien conservada a sus casi 50 años.

-Mamá ¿me puedes decir el motivo de tanto detalle?- preguntó Jessica sorprendida de tanto mimo por parte de su madre con la decoración.

-Es una sorpresa hija, así que no puedo revelar nada- respondió mientras la detallaba. -Por cierto estás preciosa-

-Eh gracias-

La castaña lucía un jersey azul turquesa manga larga holgada, unos ajustados jeans y botines negros, y llevaba el cabello liso.

Unos golpes a la puerta llamaron la atención de las mujeres.

-Yo abro- dijo Jessica a la vez que se dirigía a la puerta. Al abrir, vio a la persona menos esperada.

-¡Feliz Navidad!- exclamó una joven mientras la envolvía en un gran abrazo.

-¿Alexa? Pero como...-

La ojiverde cerró la puerta tras ella, dejó sus maletas en un rincón, se quitó el abrigo revelando un suéter amarillo canario, una falda acampanada negra y unas botas oscuras, lo colocó en el perchero no sin antes guardar algo en el bolsillo de su falda.

-Pues verás- ambas comenzaron a caminar en dirección a la sala. -Mis padres decidieron darme carta blanca en esta navidad y se fueron a un crucero por el Caribe. Y ya que no tengo turno en lo que resta del mes, ustedes tampoco iban a estar allá y además que Eli me invito a pasar unos días por acá me dije: ¿Por qué no irme a Alemania a pasar la navidad con mi mejor amiga y de paso aprovechaba para conocer a la nueva integrante de la familia? ¡Pero qué preciosidad estoy viendo!- exclamó su amiga mientras se acercaba al coche donde estaba acostada la bebe. -Es hermosa, idéntica a Alarick, excepto por los ojos- dijo esto mirando aquellos pequeños ojos ambarinos.

-Que Alarick no te escuche decir eso, después quien lo aguanta- advirtió Jessica con fastidio a lo que su cuñada soltó una carcajada.

-¿Y... No hay alguien por ahí que me quieras presentar?- la pelinegra esbozó una sonrisa pícara.

La morena le hizo señas para que la siguiera, Alexa al entender la siguió hasta llegar a una de las habitaciones de huéspedes que se encontraba en la parte superior. La morena cerró la puerta con seguro para evitar que las molestaran en su charla.

-¿Va a venir?- preguntó entusiasmada la ojiverde, quería conocer al hombre que tenía suspirando a su amiga después de tantos años.

-Por desgracia no- dijo Jessica con un suspiro. -Los Malfoy lo invitaron a pasar las navidades con ellos-

-Qué lástima- expresó decepcionada. -¿Y esos regalos?- preguntó curiosa al ver unos paquetes al lado de la cama. Se sentó y comenzó a revisarlos. -Oh por Dios ¿quién te regaló esto?- exclamó asombrada al sacar de una caja de terciopelo roja un brazalete de oro con incrustaciones de rubíes.

-Es un regalo de Sirius-

-¿El qué dices tú que es un amigo?- la morena asintió, a lo que la pelinegra enarcó una ceja. -¿Tú crees que un amigo se va a tomar la molestia de regalar semejante joya?- dijo riéndose. -No Mina, esto es un claro mensaje de que te está pretendiendo- decía mientras se colocaba la prenda. -Y tiene buen gusto por cierto-

-Es lindo, pero extravagante. Tengo pensado devolverlo- comentó Jessica mientras le mostraba otro paquete.

-Sería una lástima que lo devolvieras, pero es tu decisión-

Después de unos minutos en los que vieron todos los regalos y en los que ambas aprovecharon para darse los suyos, Alexa no pudo evitar preguntar.

-¿Y el regalo de tu novio?- inquirió al ver que ya no había más regalos que ver.

Jessica abrió el cajón de la mesita de noche, sacó una flor cristalina y una caja de terciopelo verde botella. Con una sonrisa, su amiga comenzó a detallar la flor.

-¡Pero el hombre es romántico! Qué bello detalle enviarte el regalo con una flor- Jessica no pudo evitar sonrojarse, a lo que la pelinegra soltó una carcajada. Era tan fácil hacer sonrojar a su amiga. -¿Es... mágica cierto?- La castaña asintió. -Es bellísima-

-Ahora abre la caja-

Sin decírselo dos veces, la chica abrió la elegante funda, revelando un collar de plata con un corazón de esmeralda con incrustaciones de diamante alrededor como colgante.

-¡Dios mío y toda su corte celestial!- exclamó mientras lo sacaba de su estuche.

Jessica soltó una risita al ver la cara de sorpresa de su amiga. -Es un collar camaleón-

-¿Collar camaleón?- inquirió Alexa desconcertada.

-Así es. Te muestro-

La castaña se colocó el collar e inmediatamente la esmeralda adoptó el color azul turquesa del jersey.

-¡Wow eso fue magnífico!- chilló la ojiverde.

-Eso mismo dijo mi mamá cuando lo vio-

-¡¿Tú madre ya lo sabe?!- gritó totalmente asombrada. La morena la reprendió con la mirada. -Lo siento-

-Mi mamá y mi cuñada lo saben, e incluso ella me propuso invitarlo a la cena de esta noche para presentárselo. Los que no saben son mi papá y mi hermano-

-Pues por Joseph no me preocuparía, es muy comprensivo pero Alarick... es otra historia-

-Lo sé- murmuró Jessica con fastidio.

La pelinegra sacó una pequeña nota de la caja y con voz cantarina leyó.

"Espero que te guste mi pequeño presente. Una joya especial para una persona especial.

Siempre tuyo.

S.S"

-Un hombre de pocas palabras, pero muy preciso en decir la cosas. Me agrada- dijo con una sonrisa, mientras colocaba la nota en su sitio. -Y dime querida amiga... Ya tú y él...- inquirió la doctora mientras movía las cejas pícaramente.

-¡Alexa!- exclamó la castaña poniéndose roja.

-Oh vamos Jessie somos como hermanas, tú sabes todo de mí, yo sé todo de ti. ¡Así que habla pequeña traviesa!-

Jessica emitió una risa nerviosa. -La verdad es que todavía no tenemos ese tipo de intimidad-

-A ver...- la pelinegra comenzó a enumerar con los dedos. -Viven solos en aquella casa, se quieren y para rematar ¡duermen juntos! ¿Y me dices que no ha pasado nada?-

-Alexa, Severus es un caballero-

-¿Y? Que yo sepa los caballeros no son de piedra-

-¡Bien! Sí, ha habido momentos intensos. Pero... cuando todo indica que... va a ocurrir, él disminuye la intensidad- dio un gran suspiro. -Y sé que lo hace porque no quiere presionarme-

-Está esperando por ti- le dijo Alexa pensativa. -¿Y tú no quieres estar con él?-

-¡Por supuesto que sí!- la castaña se tiró en su cama, pensativa en lo que sentía por aquel hombre. -Con él siento cosas que jamás logré sentir por Edward. Aun cuando tenemos poco tiempo de estar juntos, siento que lo había esperado desde siempre, me siento dichosa, completa. Tan sólo su presencia basta para que cada uno de mis sentidos se desborden de felicidad, para que encienda cada parte de mi ser. Es... lo más intenso que he sentido en toda mi vida-

-¿Y entonces se puede saber cuándo le vas a dar la señal señorita? Porque eres todavía señorita ¿cierto? ¿O tuviste una aventura y no me lo contaste?- la miró con reproche.

-Alex, sabes muy bien que mi ilusión era que mi primera vez fuera con Edward y tú mejor que nadie sabes cómo terminó todo. Después me fui al entrenamiento mágico, tres años en los que tuve que aprender toda una vida de magia. Sin contar que después de lo que pasó no tenía ganas de una relación-

-Entonces: si estás enamorada de él y por lo que me acabas de contar tienen unas ganas locas de estar juntos ¿Qué estás esperando para demostrarle que quieres estar con él?-

-No soy tan extrovertida como tú, no sé nada de como seducir a tu pareja en la cama- dijo con pesar. Sin embargo su expresión cambió fácilmente al desconcierto al ver a su amiga carcajearse. -¿Se puede saber que te hace gracia?-

-Que pienses que necesitas un plan para seducirlo- respondió la ojiverde con una sonrisa. La morena frunció ligeramente el ceño. -Es simple, la próxima vez que la pasión y el deseo entre ustedes aumente, no permitas que él se aleje y hazle saber que tú también deseas lo mismo que él. Es más- se levantó de golpe y se colocó frente a su amiga. -Toma las riendas tú. Una de esas noches te presentas ante él con un conjunto sexy...-

Jessica emitió una sonora carcajada al ver a su amiga simular algunas poses sensuales.

-... Y simplemente deja fluir tu lado apasionado. Te aseguro que eso bastará para que él entienda lo que quieres querida- culminó con una expresión traviesa.

-¡Jessica, tu padre y tu hermano llegaron! Bajen, ya tendrán tiempo para hablar de chicos- se escuchó la voz de la madre de Jessica desde la planta baja.

-Elizabeth no cambiará- dijo Alexa riéndose al ver a su amiga cubrirse la cara con las manos y negar con la cabeza totalmente apenada.

Después de arreglarse un poco, ambas se dirigieron a la sala donde estaban reunidos.

Joseph Rosenbaum, un hombre de 59 años, de cabello canoso, de ojos de un profundo azul y bien conservado, se encontraba cerca de la cálida chimenea cargando a la pequeña Katherine. Un joven de unos 27 años de cabello castaño y ojos azul oscuro se encontraba hablando animadamente con un joven de su misma edad, cabello cobrizo y ojos color miel. Su madre y su cuñada estaban sentadas en el otro sofá hablando trivialidades.

El chico ojimiel dejó de hablar con su amigo y se quedó mirando detenidamente a la bruja.

-¿Jessica?- preguntó impactado sin dejar de mirarla de pies a cabeza.

-H-hola William- saludó la castaña sin salir de su asombro.

Alexa trataba de contener la sonora carcajada que quería escapar de su boca. Parecía que el destino se estuviera riendo de su amiga con la presencia de aquel joven.

William Valmont era el mejor amigo de Alarick. Era arquitecto al igual que su amigo y actualmente estaba trabajando en el mismo país. Los Rosenbaum lo conocían desde niño y desde entonces era como un hijo más. Y tanto era su cariño hacia él que, el día que se enteraron de que Jessica lo había aceptado como novio, todos lo tomaron con alegría. Alegría que acabó cuatro meses después cuando la castaña terminó con él. Después de una fuerte discusión con su hermana, Alarick se fue a Alemania y William a Japón.

-Will cuanto tiempo sin verte- exclamó la ojiverde mientras lo saludaba con un beso en la mejilla. -¿Qué haces por Alemania?-

-Estoy cumpliendo unos encargos de la empresa donde trabajo. Así que aproveche de pasar las navidades con mi segunda familia. ¿Y tú? Veo que el tiempo no ha pasado en vano en ustedes- expresó el chico mirando nuevamente a la castaña.

-Muchas gracias, querido. Al igual que tú vine a saludar a los Rosenbaum y a pasar las fiestas con mi mejor amiga. Y veo que la recuerdas muy bien-

-Por supuesto, como olvidarla-

Aquella respuesta, dicha con aquel sutil anhelo, hizo que el instinto de la castaña se despertará. Su intensa mirada y su suave voz le indicaban que algo se traía entre manos, logrando ponerla tensa.

-Bueno, ya que todos estamos reunidos ¿Qué les parece si empezamos con la cena?- propuso Elizabeth al ver la tensión entre los chicos.

-Me parece muy bien- aceptó Alarick a la vez que tomaba a la bebe de los brazos de su padre y la acostaba en su cochecito. -Pasemos a la mesa entonces. Alexa ¿Quieres pasear a Katherine hasta el comedor?-

-Por supuesto- con emoción la chica tomó la riendas del coche y se retiró conversando con Elizabeth y Corina.

Joseph y su hijo siguieron a sus esposas, dejando de últimos a Jessica y William.

-Estás muy hermosa- le susurró el ojimiel.

-Gracias-

-Ah... ¡Qué buena idea tuviste en comprar una mesa tan amplia Ali!- comentó William al ver que la mesa podía ser ocupada cómodamente por ocho personas.

Todos miraron de forma cómplice a Jessica, que hechizó el anterior comedor de seis personas.

-Permíteme- le dijo William a la bruja y caballerosamente rodó su silla. Con un gesto la invitó a sentarse. Con un asentimiento la chica agradeció el gesto y se sentó al lado de su amiga. El joven tomó asiento a su lado.

Al levantar la mirada, se percató de que su padre, su hermano y su ex se miraron pícaramente. Y tal parecía que su querida amiga también se había percatado de las miradas porque soltó una risita.

-No es gracioso Alexa-

-Para ti no lo es, pero para mí sí- replicó sin dejar de reírse.

"Ojala Severus esté mejor que yo" pensó con un suspiro. Menuda noche iba tener.