Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
La Navidad no era una de las fechas preferidas de Severus Snape. No tenía gratos recuerdos de ella, su muggle padre se había encargado de eso con sus maltratos y su desprecio. Su madre siempre hacía todo lo posible para que esas fechas fueran lo más amenas posibles a pesar de lo poco que tenían, pero siempre terminaban en una gran tensión por el descontrol de su progenitor.
Al crecer, su pensamiento no había cambiado en absoluto. A pesar de haber compartido esas fechas con sus colegas en Hogwarts o en Malfoy Manor, se sentía solo y eso era algo que hacía sentirse incómodo en esas fiestas. Mientras veía como otros tenían con quien compartir y disfrutar, a él solamente le quedaba encerrarse, servirse un buen vaso de whisky y mentalizarse una y otra vez que la felicidad no era para él.
Ahora, al compartir nuevamente con los Malfoy, se sentía distinto. Una agradable paz lo abrigaba, era libre de toda atadura del pasado, estaba con los suyos y... tenía a una castaña que lo motivaba a ser feliz, a buscar esa felicidad que le fue negada.
Y su paz hubiese sido completa, de no ser por una mujer rubia y de ojos grises que se encontraba sentada a su lado parloteando animadamente con Narcissa y Andrómeda sobre moda.
-Un galeón por tus pensamientos, Severus- comentó Lucius Malfoy al ver a su amigo tan pensativo. -Llevo minutos tratando de tener una conversación contigo-
El pelinegro se limpió con la servilleta, haciendo gala de su innata elegancia. -Discúlpame ¿Qué me decías?-
El rubio mostró una sonrisa digna del Gato de Cheshire. -Ni en mis más alocados sueños pensé verte tan pensativo por una mujer- comentó con ironía.
El pelinegro dirigió nuevamente su atención a su plato mientras tomaba una porción de su pastel de calabaza y volvía a su impasibilidad. -El pensar es, a veces, una buena forma de escapar de la... cruel realidad- decía mientras miraba disimuladamente a Lynette y le daba una mirada cargada de reproche a Draco quien estaba sentado a su derecha. -¿Tranquila Navidad?- preguntó en un siseo que denotaba burla.
-No es mi culpa- masculló con molestia el joven ojigris degustando de su tarta de fresa. -No tuve nota máxima en Adivinación para predecir visitas no planificadas-
-Ya Severus, no es para tanto-
El pelinegro le dedicó una mirada fría a su amigo haciéndole recordar a Draco los tiempos de intimidación de su padrino en el colegio.
-Está bien ya entendí- dijo el rubio mayor en son de paz.
La visita de Lynette había sido inesperada. Todos pensaban que ella estaba ya instalada en la romántica ciudad de París con su familia paterna. Sin embargo, se llevaron una gran sorpresa al verla entrar intempestivamente en el salón, muy bien vestida y con la explicación de que había decidido que mejor pasaba las navidades con su adorado primo.
-Y dime, Lynette ¿Cuándo te vas a casar? Por lo que tengo entendido falta poco para que el reloj biológico se ponga en tu contra- preguntaba Andrómeda mientras le daba de comer a Teddy un poco de helado de vainilla.
-Pues espero que sea pronto, solo me falta convencer al hombre que quiero. Ese fue uno de los motivos por los que regresé a Gran Bretaña- la ojigris culminó su explicación con un guiño al pocionista y continuaba degustando su tarta de melaza de forma provocativa. El mago soltó un bufido mientras centraba su atención al postre que tenía enfrente. Lo que le faltaba para completar la noche, que Lynette declarara delante de todos que no lo iba a dejar en paz.
Los tres rubios se miraron sorprendidos de los planes que tenía su prima con su amigo. Pensaban que lo que ella sentía por él era meramente atracción, deseo, un encaprichamiento por lo difícil que era Snape para conquistar... nada más. Había llegado el momento de que la rubia saliera de su error.
- Bien, espero entonces que seas correspondida muy pronto. El matrimonio es hermoso si es compartido con la persona que amas- Andrómeda le dedicó una sonrisa, luego dirigió su mirada a Snape. -Y tú Severus ¿ya tienes pareja?-
El pelinegro estaba por responderle cuando Narcissa, con voz sedosa y elegancia aristocrática, intervino.
-Severus tiene novia, Drómeda ¿No te lo había dicho?- preguntó con fingida inocencia.
Un incómodo silencio se instauró por un breve momento en el lujoso comedor. Lucius y Draco miraron impresionados a la rubia por su facilidad en anunciar la noticia, Severus también la miraba pero sin expresión alguna y Lynette se encontraba en estado de shock.
-¿En serio?- exclamó Tonks con asombro, rompiendo el corto mutismo. -Eso es maravilloso Severus, te felicito-
-Gracias, Andrómeda- respondió el ex profesor mientras le daba un sorbo a su bebida.
Después de culminar la fastuosa y reveladora cena, todos se preparaban para el momento del té.
-¿Qué les parece si tomamos el té en el salón?- preguntó Narcissa después de que una elfina doméstica le anunciara que el té estaba listo.
Los presentes asintieron y se retiraron del lugar rumbo al salón.
-Sev ¿puedo hablar contigo?- le preguntó Lynette al alcanzarlo en la entrada.
-Ya lo estás haciendo- respondió con voz neutra.
-En serio, Severus ¿Podemos hablar, en privado?-
Él la miró, inadvertidamente, sorprendido por la inusual seriedad de la bruja. Con un gesto la invitó a guiarlo a un lugar más privado. Ella lo condujo hasta el despacho de la mansión.
Lynette caminó lentamente hasta la ventana donde se colaba la radiante luz lunar, iluminándola cual reflector natural, preparando el ambiente para la escena que estaba por presentarse.
-¿De qué quieres hablar, Lynette?- preguntó el pelinegro con impaciencia colocándose de pie frente al escritorio.
-¿Es cierto lo que dijo Narcissa?- preguntó con voz neutra, mirando fijamente el panorama nocturno.
-Sí, es cierto- respondió lacónicamente.
La rubia tragó con fuerza. -¿Y se puede saber quién es esa... persona?-
-...No-
Ella se giró lentamente, dirigiendo su mirada al pocionista. -Dime que todo es mentira, Severus. Que solo es un invento para evitar que Lucius te siga fastidiando-
-No Lynette es cierto, tengo una relación desde hace casi un mes-
El rostro de la bruja fue cambiando poco a poco de la neutralidad al enfado.
-¿Quién... es... ella?- arrastró cada palabra, inyectándoles una parte de su enojo a cada una.
-Ya te dije que no, Lynette. Si eso es todo, será mejor que regresemos al salón- y sin esperar respuesta el pocionista se dio vuelta y, con su habitual estilo, caminó con ligereza hasta la salida.
-¡No hemos terminado de hablar, Severus!- vociferó a la vez que también salía del estudio, siguiendo al mago.
Severus había acelerados sus pasos hasta visualizar las puertas que daban con el salón, estaba a punto de abrirlas cuando la ojigris lo alcanzó y lo giró bruscamente hacia ella.
-¡Te exijo que me digas quien es esa maldita zorra!- exclamó a gritos. La rabia estaba empezando a dominarla.
-Yo no tengo por qué darte explicaciones, ¡así que déjame en paz!- espetó el ex mortífago.
-¡Por supuesto que sí me tienes que explicar! Primero no me querías por culpa de la maldita sangre sucia de Lily Potter, ni después de muerta dejaste de pensar en ella. Y ahora que regreso, ¿resulta que una cualquiera quiere quitarme nuevamente lo que es mío? No, Severus, ya deje que me ganaran una vez por no saber quién era mi enemiga. ¡Así que dime de una vez quien es esa puta barata que quiere arruinar mi vida!-
-¡No te atrevas a seguir insultarla!- exclamó el ex mortífago con voz amenazante.
-¿Qué son todos esos gritos?- preguntó Narcissa en voz alta al salir del salón seguida de los demás.
-¡Tú!- Lynette la señaló de forma acusadora. -Tú sabías que Severus estaba saliendo con alguien, así que tú debes de saber quién es. ¿Dime quien es la fulana que quiere engatusar a Severus?-
-Lynette por favor cálmate...- le pidió Andrómeda al verla alterada.
-¡NO ME VOY A CALMAR!- rugió la ojigris. -Así que habla de una maldita vez, Narcissa ¿Quién es?-
-Severus ¿a dónde vas?- preguntó Lucius al ver al mago dirigirse a las escaleras, logrando desviar la atención de su prima.
-¡Severus regresa aquí ahora mismo!-
Sin embargo, el mago hizo caso omiso a la pregunta del patriarca Malfoy y a los reclamos de Byron, y siguió hasta su habitación. Al sentir pasos apresurados en su dirección, aceleró los suyos y cerró la puerta de su recámara con un portazo justo en la nariz de la pocionista. Con agilidad, hechizó la puerta antes de que la rubia intentara abrirla.
-¡Abre la maldita puerta!-
Bufó. Él sabía lo caprichosa y testaruda que era Lynette Byron. Una vez que se encaprichaba con algo, hacía hasta lo imposible por conseguirlo. Esperaba un berrinche por parte de ella, pero lo tomó por sorpresa verla en ese estado de histeria. Jamás la había visto perder la compostura de esa manera, y más aun comportándose como una novia traicionada cuando ni siquiera tenían algo que ver. Quizás su malcriada cabeza había llegado lejos con la imaginación.
Con un movimiento de varita arregló sus pertenencias, ni por que estuviera demente se aguantaba otro ataque de histeria de la bruja. Escribió una breve nota excusándose sobre su partida y la dejó en la cama. Tomó su abrigo y, después de guardar todo en su bolsillo, se desapareció.
Mientras esto ocurría, una enfadada Lynette había entrado a su recámara y estaba destrozando todo a su alrededor. Su mirada mostraba una profunda ira.
-Primero la asquerosa sangre sucia me separó de él, y ahora aparece otra infeliz queriendo entrometerse en mi camino- cogió un florero y lo estrelló contra la pared. -Pero esto no se va a quedar así- sonrió malignamente. -Sea quien sea me las va a pagar. Esa zorra se va a arrepentir de haber nacido-
Snape se apareció en el despacho de Crystal Manor.
El lugar estaba silencioso, iluminado solamente por la luz de la luna y ocupado por los objetos pertenecientes al lugar. Era de esperarse, nadie se encontraba allí a excepción de él. Ni Phillipe estaba allí; según tenía entendido, a él le gustaba pasar las navidades entre los cuadros de la posada de Madame Lancaster.
-Conforta Neartu- recitó el mago. Era la primera vez que lo hacía.
Su anillo desprendió un cálido resplandor dorado, reforzando satisfactoriamente el escudo de la mansión. Continuó vagando por la solitaria mansión hasta llegar a la habitación que venía ocupando las últimas semanas.
La recámara se encontrar igual que la mansión, sólo que la soledad se sentía con mayor pesadez en ese lugar. Los recuerdos de una fría y desolada mazmorra lo golpearon, aquellos momentos en los que la navidad sólo significaba embriaguez y tristeza. Sonrió con amargura, después de pensar que sería distinto ese año, todo indicaba que esta sería otra navidad solo, en su fría habitación y con una botella de whisky de fuego a la mano.
-Esto es una menuda mierda-
-Amo Snape ¿Qué hace usted aquí señor?-
Al voltear se encontró con un ser con orejas largas y ojos del tamaño de una pelota de tenis. "Lo que me faltaba". -Vivo aquí elfo tonto- espetó dedicándole una mirada gélida que hizo temblar a la criatura.
-Eso lo sé señor, Alix se refería a que hace usted solo en la mansión. ¿Acaso no estaba celebrando con los señores Malfoy, señor?- se explicó el ser de orejas largas con voz temblorosa, temiendo la reacción de su malhumorado amo.
Severus se acercó al elfo y colocó su cara a pocos centímetros de la cara de su sirviente. Y en un peligroso siseo le respondió. -Lo que yo haga en este lugar no es asunto tuyo. No estoy de humor para aguantar las estupideces de nadie así que ¡lárgate ahora mismo!-
-P-perdón amo Snape- el elfo estaba al borde del llanto. El mago bufó y se sentó en la cama. Cuando el elfo se disponía a desaparecer, agregó en un hilo de voz. -Si le fue mal con los señores Malfoy ¿por qué no se va con la joven ama? Nadie merece pasar las navidades solo- Al ver que su amo parecía a punto de explotar, murmuró un rápido y agudo "con permiso" y se desapareció.
-Maldito elfo- murmuró enfadado. -¿quién le pidió su estúpida opinión?-
Con desgana se levantó para ir al baño a refrescarse la cara; en el camino, una hermosa asaria que estaba en el tocador captó su atención. Aquella cristalina flor representaba uno de los mejores recuerdos de su vida, el día que Jessica lo había aceptado. Sonrió al recordar ese maravilloso momento.
-Como quisiera que estuvieras aquí-
"Si quieres verla, ¿por qué no vas con ella?" Le decía su conciencia
-No quiero molestarla, ella está con su familia- se respondió con pesar.
"¿Y? Si ella no quisiera que fueras, no te hubiese regalado un traslador que te lleva hasta Alemania y no te hubiese dicho que te extrañaba. No seas idiota, el elfo entrometido tiene razón, que no te arruinen la primera navidad que vale la pena"
Su conciencia tenía razón, no porque Lynette le haya arruinado el compartir con los Malfoy significa que ya se le haya arruinado la noche. Miró el reloj que estaba en la mesita de noche, marcaba las diez y quince.
-Todavía hay tiempo- se dijo para luego sacar la pequeña maleta de su bolsillo, extrajo el dorado collar y la guardó nuevamente en el bolsillo. -Espero que no me arrepienta de esto también- expresó mientras miraba el lujoso traslador. -Oscailte-
Y tras una fuerte luz, Snape desapareció.
-¡¿Otra vez?!-
-Si querida amiga, otra vez- canturreó Alexa mientras esbozaba una sonrisa de superioridad.
-¡Pero no es justo!- protestó Jessica haciendo un puchero.
-Lo siento Jessie, págame- le respondió mientras extendía su mano hacia la castaña quien, a duras penas, le pagó.
- A este paso seré la primera en quedar en bancarrota- se quejó la bruja al ver que le quedaba poco dinero.
Después de cenar, los más jóvenes decidieron distraerse jugando Monopoly, mientras que los "adultos contemporáneos" como hacía llamar Elizabeth a su generación disfrutaban verlos jugar. La bebe se había dormido y ya estaba acomodada en su cuna.
Cada vez que sus hijos y sus amigos jugaban, era todo un espectáculo. Aunque había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que se habían reunido de esa manera.
-Caíste en mi territorio Ali, hora de pagar- exclamó Corina, extendiéndole la mano a su pareja.
-¡Pero si soy tu esposo!-
-Eso no tiene nada que ver querido, lo siento- expresó la joven de ojos ambarinos con una sonrisa traviesa, sin apartar la mano.
El ojiazul la miró fingiendo estar ofendido y le entregó el respectivo dinero. -¡Es tu turno Will, solo diez pasos y le jodes la jugada a mi hermana, y cinco para comprar la estación que quiere mi cruel esposa!-
-¡Hey!- Ambas chicas lo miraban con reproche.
El cobrizo lanzó los dados y logró un nueve, cayendo en uno de los territorios de Jessica.
-¡Ja! Sigue con la mala intención, Ali- gritó eufórica mientras extendía la mano hacia Valmont. -Hora de dar, William-
-Yo estoy dispuesto a darte lo que tú quieras Mina, solo tienes que pedirlo- le respondió con un guiño y una sonrisa seductora, provocando alguna que otra risa en los presentes.
-Hermano, si vas a coquetearle a mi hermana, ¡que sea lejos de mí!- exclamó con una mueca de asco, más risas se escucharon a raíz del comentario.
-Y yo me conformo con que me pagues el alquiler de mi terreno- respondió la castaña con reproche.
El ojimiel le entregó los billetes que le debía. La morena retiró su mano con rapidez al sentir el roce intencional de su ex.
-Cory es tu turno-
De pronto sonaron unos fuertes golpes a la puerta.
-¿Esperan a alguien?- preguntó la señora Rosenbaum. Los jóvenes se miraron a ver si alguno respondía.
Nuevamente se escucharon unos golpes, pero esta vez con más fuerza.
-Sigan jugando, yo iré a ver quién es- la castaña mayor se levantó y se dirigió a la puerta.
Al abrir se encontró con un hombre de tez blanca, de cabello negro largo hasta los hombros y ojos oscuros como una noche sin luna.
-Buenas noches señora Rosenbaum, mi nombre es Severus Snape y estoy... buscando a su hija- se presentó el pocionista con seguridad, aunque por dentro estaba nervioso.
Era la primera vez que se enfrentaba a una situación así, el jamás había tenido una relación formal; no sabía cómo desenvolverse en ese ámbito, pero eso no significa que se mostraría inseguro. Su orgullo y su valía ante su posible futura familia política estaban en juego.
Había reconocido a primera vista a su suegra, y como no hacerlo si aquella mujer era una réplica casi idéntica de su castaña, a excepción de su rizado cabello y su expresión madura. Él se esperaba que, después de su breve presentación, ella se mostrara desconcertada. ¿Y quién no?
Sin embargo, el desconcertado fue él al ver como la dama parpadeó como si estuviese viendo un fantasma para luego esbozar una sonrisa pícara.
-Así que usted es Severus Snape- dijo mientras lo detallaba de pies a cabeza. -Pase. Permítame el abrigo-
-Gracias madame- le entregó la prenda.
-Oh querido por favor llámame Elizabeth, no creo ser tan vieja-
El mago enarcó una ceja por la confianza que le demostraba la mujer pero no emitió ningún comentario, sin embargo Elizabeth se percató de su desconcierto y con voz amistosa agregó.
-Además eres parte de la familia, por lo cual no debería haber tantos formalismos y menos si se trata de mi yerno-
Aquella declaración cogió por sorpresa al pelinegro, no pudiendo evitar que sus ojos se abrieran más de lo normal y un ligero sonrojo se posara en sus pálidas mejillas. Él no esperaba que ella supiera de la relación con su hija.
La mujer, satisfecha por el efecto provocado, le indicó que la siguiera y éste, después de recuperar inmediatamente la tranquilidad, la siguió.
En el breve recorrido pudo apreciar que el diseño de la casa era una mezcla de toque moderno y lo característico de una morada familiar, y que estaba decorada con detalles sobrios pero sin perder la esencia hogareña.
Unas sonoras risas resonaban cada vez más fuertes a cada paso que daban. Al llegar, el corazón de Severus comenzó a latir con fuerza. Allí estaba su novia, su castaña, tan hermosa y radiante como siempre, al parecer le reclamaba algo a un joven castaño al igual que ella y de ojos azules que se quejaba de alguna injusticia, todo indicaba que era su hermano al escuchar el nombre del susodicho.
-¡Claro que es válido, Alarick! Cory tenía el terreno que me faltaba y yo tenía la estación que ella quería. ¡Solo es negocio!- decía Jessica con gesto triunfante.
-¡No es justo que confabulen contra nosotros! ¡Qué les hemos hecho!- se quejaba el ojiazul, colocando teatralmente una mano en el corazón y fingiendo estar ofendido.
Las chicas comenzaron a reírse, eso no era nuevo con Alarick.
-La próxima vez tendré que esconder ese juego, a ese paso pensarán que están jugando con dinero real- dijo la matriarca al ver uno de los muchos reclamos de sus hijos, logrando que los presentes se percataran del nuevo invitado.
Jessica sentía como su corazón latía con fuerza al ver a su novio parado en la entrada del salón con su porte tan varonil y con una sonrisa casi imperceptible. Sin pensar en quienes estaban a su alrededor, la morena corrió hacia el mago y lo abrazó por el cuello, haciendo que éste trastabillara un poco.
-Pensé que no vendrías. Ya me estaba resignando a que no te vería hasta después de año nuevo- le dijo la castaña en el oído.
-El compromiso con los Malfoy acabó más rápido de lo que esperaba. Además, yo... también te extrañé- replicó Severus mientras la miraba fijamente.
La castaña le correspondió con una sonrisa y un leve sonrojo.
-Déjenme adivinar...- Ambos voltearon en dirección a la joven que los sacó de su ensimismamiento. La ojiverde los miraba con una sonrisa maliciosa. -Usted es Severus Snape ¿no es así?-
El pelinegro la miró con detenimiento. Por su descripción física y su conocimiento sobre su identidad, sospechaba quien era la joven.
-Y usted debe ser Alexa Hamilton-
La pelinegra sonrió con orgullo, su amiga le había hablado de ella.
-Alex ¿Sabes quién es ese señor?- preguntó William.
-Por supuesto- la sonrisa malévola había regresado a la joven doctora.
"Ay no"
-Es el novio de Jessica-
