Pociones se convirtió en el único momento en que coincidían, ni siquiera habían coincidido en los entrenamientos de Quidditch, la liga aún no había comenzando y los entrenamientos que habían compartido de momento siempre habían sido con Ravenclaw.

Harry maldijo su suerte, aunque también se alegró de poder compartir esas horas de Pociones con la serpiente. Ya nadie osaba intentar sentarse a su lado, Malfoy lo había asumido como una costumbre.

No podía negar que esa especie de "entente cordiale" que ambos tenían le había servido para progresar en Pociones, incluso Malfoy le ilustraba cuando Harry se iba a equivocar en algún ingrediente. Éste siempre se lo agradecía y le dedicaba una sonrisa que su incordiosa vocecilla bautizó como "tonta-potter-sonrisa-". Le había gustado como el rubio se sonrojaba al principio pero más cuando éste había empezado a devolverle la sonrisa bautizada como "¿realmente-puede-a-alguien-sentarle-tan-bien-una-sonrisa?"

Le hubiera gustado preguntarle por su familia, cómo estaba llevando este año en Hogwarts pero no se sentía con valor para romper esa agradable paz entre ambos. Tal y como estaban de momento para el moreno estaba bien. Sabía bien que no iba a tener la misma relación que pudiera tener con el resto de sus amigos de Gryffindor, aunque sinceramente, no quería engañarse por más tiempo, ese interés que Malfoy estaba despertando en él parecía no ser recíproco.

Harry no se caracterizaba por querer llegar al fin de todos sus pensamientos, él era más de actuar, llevado por su instinto, método que hasta la fecha, todo sea dicho de paso, le había funcionado.

Albergaba dudas sobre si toda esa fijación por el rubio no sería su subconsciente que seguía buscando problemas en tiempos de paz.

En cada clase intentaba sacar algún pequeño tema de conversación al que el otro empezó a contestar, así transcurrían sus días en Pociones.

Después de su primer viaje a Hogsmeade, donde no vio por ningún lado a Malfoy, decidió preguntarle qué tal su fin de semana.

- ¿Probaste la nueva cerveza de mantequilla de la cabeza de Puerco?.- le preguntó como quien no quiere la cosa al rubio.

- No.- contestó secamente éste.

- No te vi el fin de semana en Hogsmeade.- insistió el moreno.

Se percibía por el rictus de Malfoy que el tema no era de su agrado, a lo largo de las semanas Harry había ido descifrando los pequeños gestos que identificaban el humor del rubio. Sí, se estaba convirtiendo en un Malfoy-experto, parecía que al menos en esos momentos que compartían en Pociones, el sarcasmo y la arrogancia habían desaparecido de él. Harry disfrutaba de ellos, incluso podía decir que los atesoraba, y en momentos de la noche, que jamás reconocería ante nadie, volvía a revivirlos.

El rubio suspiró y se encogió de hombros, aquel gesto despreocupado no coincidía con el resto de su expresión corporal.

- No puedo ir a Hogsmeade.- dijo al fin.

- ¿Qué?.- preguntó sorprendido Harry.- ¿Por qué?