Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Alexa, William y Severus se encontraban callados en el salón. El cobrizo estaba apartado de los otros dos, sentado frente a la chimenea, sumergido en sus pensamientos; entretanto los dos pelinegros estaban acomodados en el mismo lugar donde hace unos minutos la familia se estaba divirtiendo con el juego de mesa.

-Alex ¿puedes venir un momento?- preguntó William sin despegar la mirada del fuego.

La aludida miró un momento al mago, hizo una breve inclinación a modo de disculpa y se levantó para tomar asiento en el otro sillón cercano a la chimenea, quedando de frente al chico.

-¿Desde cuándo Mina anda con... con ese señor?- inquirió con desdén.

-Si no fuera porque te conozco Will, diría que tu visita a esta casa no fue precisamente con fines navideños- respondió la joven doctora con ironía mientras miraba de reojo como el pelinegro ojeaba un libro que estaba en la mesita.

El ojimiel miró en dirección al pelinegro, y al ver que estaba entretenido, dirigió una mirada molesta a la chica y susurró. -No te hagas la inocente, sé que te diste cuenta de lo que siento por Jessica y de lo dispuesto que estoy a reconquistarla-

-Claro que me di cuenta, si no eres nada disimulado- le reprochó respondiéndole la mirada. -Pero como te pudiste dar cuenta, Jessie ya tiene a alguien en su vida y esta vez vale la pena, así que tu reconquista puede irse de paseo-

-¿Qué te ha dicho ella sobre su "relación"?-

-Que le va muy bien, que él es el amor de su vida y que jamás había sentido algo así, ni siquiera por el imbécil de Edward- esbozó una sonrisa sardónica. -Y a ti más que a nadie le consta el tiempo que pasó ella ilusionada por él-

-Ni me lo recuerdes. Si Jessica no se hubiese fijado en ese malnacido, ella sería mi esposa en estos momentos- espetó con amargura, fijando su mirada nuevamente en las llamas. -Por eso vine, porque a pesar del tiempo... la sigo queriendo-

Alexa suspiró con pesar, William era un gran chico. Era un joven de metas, educado, respetuoso, cariñoso, inteligente, atento. Pero era muy testarudo y se había enamorado de alguien que desafortunadamente no le correspondía.

Jessica había aceptado que fuera su novio, con la esperanza de que con esas grandes cualidades y con el cariño que le tenía lograra enamorarse de él, y así sacarse a Edward de su mente y de su corazón. Pero al ver que eso no ocurrió decidió terminar por lo sano con él y recuperar su antigua amistad, consiguiendo una fuerte discusión con su hermano y el distanciamiento con su amigo.

-Willian- la ojiverde lo tomó de las manos. -Ella es feliz, es correspondida en su amor. Si la quieres, si de verdad la quieres, vas a dejarla en paz-

-La dejaré en paz si compruebo que ésta no es otra ilusión. Ya la perdí una vez por no luchar contra aquel ensueño que era Edward para ella, no volveré a cometer el mismo error- expresó el arquitecto con firmeza.

Con un suspiro, Alexa se levantó y se sentó nuevamente frente al pocionista. Al ver que éste ya había dejado de lado el libro, decidió que era hora de compartir tiempo con su "cuñado".

-¿Juegas al póker?- le preguntó Alexa con una sonrisa.

El mago enarcó una ceja. -No deseo jugar, gracias-

-Oh vamos juega conmigo por favor. Eres el único que tiene los pies sobre la tierra en estos momentos- dijo esto último elevando un poco la voz. Y por supuesto este hecho no pasó desapercibido por el ex profesor.

"Primero hablando en secreto, ahora con indirectas. Algo está pasando, definitivamente" se dijo mentalmente. La situación se estaba volviendo sospechosa, pero ya él descubriría que se traían entre manos.

-Además, no se me dan bien las esperas- culminó la ojiverde con una sonrisa, como si con esa simple frase explicara porqué debía jugar con ella.

El mago evitó rodar los ojos y asintió. No era muy diestro con los juegos muggles, pero era preferible eso a seguir soportando la tensión que estaba en el ambiente.

La joven se acercó a la mesita que estaba al lado del sofá y buscó el juego de cartas.

*Flashback*

Luego de la reveladora noticia, los presentes quedaron en un profundo silencio. Tanto William como Joseph quedaron impactados, Elizabeth estaba sorprendida ya que no esperaba que la chica soltara la noticia de golpe, Corina solo cerró los ojos esperando lo peor, Severus y Jessica fulminaban con la mirada a Alexa, mientras que ella se mordió el labio en un gesto de culpabilidad y musitaba un "lo siento" a la vez que le mostraba 3 dedos que comenzó a descontarlos en forma decreciente.

"3, 2, 1..."

-¿ME PUEDEN EXPLICAR QUE SIGNIFICA TODO ESTO?- bramó Alarick, su cara esta roja por el enojo.

-Ali cálmate no es para tanto...-

-¡¿Qué no es para tanto?!- el castaño cortó el intento de su esposa para calmarlo. -Se presenta un desconocido en nuestra casa que resulta ser el "novio" de mi hermana ¿y dices que no es para tanto?-

El patriarca se levantó de su asiento y con un carraspeo llamó la atención de los presentes. Mejor llevaba la discusión a un lugar más privado.

-Corina, será mejor que vayas a revisar a Kate, puede que se haya despertado por los gritos- dijo mirando con reproche a su hijo.

La aludida se levantó y con un asentimiento se dirigió a planta superior.

-Alexa, William y usted señor... Snape, les agradecía que nos disculpen por unos minutos. Como comprenderán, necesitamos hablar con nuestros hijos- Joseph les sonrió afablemente para luego dirigir una mirada seria a sus hijos.

Después de fulminar con la mirada a su hermana y al "intruso", Alarick salió intempestivamente del salón.

-Hablamos luego- la castaña le dio un beso en la mejilla al pelinegro y también salió del lugar, seguida de sus padres.

*Fin flashback*

-¿Por qué tardarán tanto?- murmuró el mago con impaciencia mientras tomaba una carta.

-Créeme Severus, esa conversación va para rato, pero todo va a estar bien- Snape frunció el entrecejo. -No me mires así, Jessica es como mi hermana en consecuencia eres mi cuñado, así que creo que tengo todo el derecho de tutearte. Y agradecería que hicieras lo mismo- advirtió la ojiverde a la vez que cogía una carta y veía con satisfacción su mano. -¡Fantástico, tengo full!- expresó con alegría mostrando tres cartas de 3 y dos reinas.

-Jessica tenía razón al decirme que usted excede de confianza... Sin embargo, y solo porque en cierto punto tiene razón, le doy permiso de tutearme - Severus dejó sus cartas en la mesa, la alegría se esfumó de la faz de la chica. -Creo que con cuatro ases bastarán- sonrió con su conocida arrogancia.

-Eso fue... solo suerte- dijo con fingida indiferencia. -Veamos si tienes tanta suerte en la próxima ronda-

... Minutos después ...

-¡Maldición Snape no juego más!- exclamó Alexa mientras tiraba sus cartas en las mesas. -Es la primera vez que, de cinco rondas, solo haya ganado una. ¡Una nada más!- la joven se recostó en el sofá con expresión de derrota.

-Tranquila, "eso fue... solo suerte"- replicó Severus con sorna a lo que la chica lo fulminó con la mirada.

Corina, quien había llegado al comienzo de la segunda ronda, se carcajeó por el comentario del hombre. -No siempre se gana Alexa y tú lo sabes- canturreó mientras le hacía algunas morisquetas a la bebe, quien al parecer no quería dormirse otra vez.

-Disculpen la tardanza-

El patriarca de los Rosenbaum acababa de entrar en la sala acompañado de su esposa y de su hija. Unos segundos después entró Alarick pero por poco tiempo; después de decirle algo en el oído a su esposa, nuevamente salió pero esta vez acompañado por William quien, antes de irse, miró con tristeza como su ex se acomodaba al lado de aquel hombre.

-¿Todo está bien?- preguntó Severus en un susurro.

La morena asintió. -Nos tardamos porque mi padre quería que le contara como te conocí en lo que Alarick se calmaba- explicó mientras se acomodaba en el hombro del mago a la vez que entrelazaba su mano con la de él.

-Por el explosivo carácter de mi hijo, no nos presentarnos como corresponde- el ojiazul mayor le extendió la mano al pelinegro. -Joseph Rosenbaum, el padre de Jessica-

-Severus Snape- el mago se separó brevemente de la castaña y le correspondió el saludo.

Después de estrecharse las manos con fuerza, regresaron a sus asientos.

-Mi hija me ha dicho que son pareja desde hace casi un mes, que son colegas pero que usted desempeña su trabajo como pocionista- comentó mientras aceptaba gustoso un vaso de whisky de parte de su esposa.

-Así es. Gracias- respondió a la vez que agradecía a Elizabeth por el vaso de whisky.

-No conocemos mucho acerca del mundo mágico, nuestra crianza fue totalmente... "muggle" como dicen. De hecho, nos enteramos de nuestra ascendencia mágica tres años atrás, pero tengo entendido que su profesión es la equivalente a un Químico en el mundo muggle-

El mago asintió, aunque no le hacía ninguna gracia que su trabajo fuera comparando con el de un muggle.

-Y usted es mucho mayor que mi hija-

-Papá...- dijo Jessica con un deje de advertencia.

-No Mina no soy prejuicioso con la edad no me malinterpretes. Yo le llevo diez años a tu madre, así que sé cuándo dicen que el amor no tiene edad-

-Así es, le llevo...- el pelinegro tragó disimuladamente. -... dieciséis años a su hija pero, le aseguro que mis intenciones con serias-

-Y eso espero señor Snape- expresó el hombre totalmente serio, mirándolo fijamente. -Mi hija me ha demostrado que está muy segura de su relación y espero que no desperdicie tal confianza. También espero que la respete y la valore, es mi joya más preciada la que tiene en sus manos, y si la hace llorar le juro que...-

-Ya querido, creo que ya todos entendimos tu punto- cortó Elizabeth mientras le daba un beso en la mejilla a su esposo. -Hablemos de cosas más interesantes, conozcamos más a nuestro yerno. Por ejemplo, ¿es cierto que eres un héroe de guerra?- le preguntó emocionada.


La noche transcurrió entre preguntas, comentarios y trivialidades, siendo el tema principal el nuevo integrante de la familia.

Elizabeth se encontraba encantada con su yerno. Siempre había soñado para su hija un hombre atractivo, caballeroso, elegante, imponente, fuerte, cariñoso y de buena profesión. Y aquel hombre de gran porte, buena complexión, héroe de guerra y pocionista encajaba perfectamente en su ecuación; además respetaba y quería a su princesa y ella a él ¡¿Qué más podía pedir?!

En el caso del señor Rosenbaum, después algunas conversaciones, estaba satisfecho de que su yerno fuera un hombre culto, inteligente y sobre todo, que quería y respetaba a su hija. En aquellos ojos oscuros podía apreciar un brillo especial cuando su atención era para su princesa, aquel brillo similar al que aparecía en él cuando miraba a su querida Lizzie.

-Y todo indica que Kate va a ser una fiestera empedernida. Corina lleva horas tratando de dormirla y parece que está más despierta que nunca- comentó Alexa mientras veía como la pequeña castaña le sonreía. -Hasta parece que le gustó su futuro-

La familia comenzó a reírse de la ocurrencia de la chica, a excepción de Severus que sólo negó con la cabeza. Menuda "cuñada" se había ganado.

-Jessica ¿Quieres cargarla unos minutos? Parece que tienes más suerte que yo para dormirla.-

La morena esbozó una gran sonrisa y asintió.

La joven de ojos ambarinos le colocó con cuidado a la bebé en los brazos. Con infinita ternura, la castaña comenzó a arrullar a su sobrina.

El ex profesor quedó embelesado con la tierna imagen que se presentaba frente a él. Se veía hermosa con un bebé en brazos, y no pudo evitar imaginársela con un bebé de cabello negro y ojos de un precioso color café... un bebé de los dos. El pensar que podía formar una familia hacía que su corazón se acelerara pero no podía evitar cuestionarse. ¿Él podría ser un buen padre? No había tenido un buen ejemplo de cómo serlo y no era muy diestro con los niños...

-Parece que le eres muy interesante Severus- la voz de su novia lo sacó de sus pensamientos. Al verla, la joven señaló en dirección a sus brazos. Unos pequeños ojos ambarinos lo miraban fijamente, como si no quisiera perder detalle de aquel hombre extraño.

-Creo que Kate reconoce a su tío- canturreó la Alexa con una sonrisa pícara.

-Yo también lo creo- secundó Elizabeth mirando a su nieta con una gran sonrisa. Corina solo asintió con una sonrisa.

¿Tío? ¿Ahora era tío? Se preguntó Severus, sorprendido por la aceptación de aquellas mujeres. No estaba acostumbrado a ello, de hecho, sentía que estaba en un mundo surrealista.

Jessica comenzó a tatarear una canción de cuna mientras la mecía en sus brazos. Después de unos minutos, la pequeña empezó a bostezar y a cerrar sus ojitos, hasta quedarse dormida.

-¿Lo ves? Tienes buenas manos para los niños- comentó Corina con una sonrisa a su cuñada.

-Y será mejor que todos sigamos el ejemplo de mi princesita- Joseph miraba el reloj que marcaba más de la medianoche. Se acercó a donde estaba su hija para darle un beso en la mejilla y un beso en la coronilla a la bebe. -Lo dejo en manos de estas mujeres Severus. Yo no soy responsable de lo que hagan con usted- dijo riéndose. Ambos hombres se dieron las manos. -Que tenga una buena noche-

-Igualmente señor-

-Por favor llámame Joseph, como diría mi Lizzie: eres parte de la familia, por lo cual no debería haber tantos formalismos-

Tras un "buenas noches" para su familia, el patriarca se retiró a su habitación.

-Ya regreso- susurró Elizabeth mientras seguía a su marido.

-Hora de acostar a esta traviesa- decía Corina mientras retiraba a la bebe de los brazos de su cuñada y se retiraba también de la sala.

-Una navidad de locos ¿no creen?- preguntó Alexa mientras se estiraba en el sillón.

-Y como no serlo, si invitaron a una loca como tú- respondió la castaña con reproche.

-Oh vamos, yo solo me adelante a la presentación de Eli. La tormenta era inevitable, ¿o me vas a decir que si Alarick se hubiese enterado por otra persona no hubiese explotado como lo hizo?-

En eso su amiga tenía razón, aún si su padre se lo hubiese dicho con el mayor cuidado posible, la reacción sería la misma.

-Además, te ayudé a matar tres pájaros de un solo tiro- la pelinegra comenzó a enumerar con los dedos. -uno: que Alarick explotara de una vez; dos: que Joseph se enterara y aceptara tu relación; y tres: que el testarudo ese... aterrizara de una vez- se apresuró a decir al ver a su amiga alarmada por lo que ella pudiera decir sobre William.

-Ya Joseph se está acomodando para dormir- comentó Elizabeth al entrar a la estancia. Se sentó al lado de Alexa y con una mirada traviesa se dirigió a su hija. -Esto es lo que vamos a hacer. Ya tienes edad suficiente para que Severus duerma en tu habitación. Si tu padre o tu hermano preguntan, le dices que Alex y tú están durmiendo juntas y que acomodamos a Severus en la habitación que le habíamos asignado a Alex ¿Está bien?-

-Mamá ¿Sabes lo que estás diciendo?- dijo soltando una risita.

-Sé lo que estoy diciendo. Ustedes ya son adultos, tienen ciertas necesidades...-

-¡Mamá!- exclamó la castaña roja como un tomate. El pelinegro estaba con la misma tonalidad.

-Seño... Elizabeth- se apresuró a decir al ver a la castaña mayor fruncir el ceño. -No deseo incomodar, yo puedo...-

-Para nada Severus, no eres ninguna molestia- cortó su suegra con una gran sonrisa. -Bien, vayamos a descansar-


La recámara de la morena era sencilla pero acogedora. Constaba de una cama king size sin dosel, una mesita de noche con una lámpara, un baño, un armario y una televisión.

-Jamás pensé que fueras una desordenada- comentó burlonamente al ver el desorden de ropa y objetos al que estaba sumido la habitación.

-Digamos que el orden y los viajes no se llevan bien cuando se trata de mí- y con una floritura de su mano la ropa, los regalos y demás objetos regresaron a su lugar. Se dirigió a donde estaba el pocionista y lo abrazó, colocando su mentón en el pecho del mago. -¿Mucho mejor?-

Severus sonrió y le dio un cálido beso en los labios. Solo Merlín sabía lo que había esperado para tenerla solo para él y probar nuevamente sus dulces y suaves labios. Se separaron al sentir la falta de oxígeno. -Ahora si estoy mucho mejor-

-Me alegro de que así sea- respondió con una gran sonrisa. -Me voy a cambiar- tras un corto beso se fue al baño.

Después de unos minutos, la morena regresó vestida solamente con un camisón rosado y el cabello recogido en una coleta. El pelinegro ya estaba acomodado en la cama, vestido con un pijama negro y leyendo el libro de pociones egipcias.

-¿Te gustó mi regalo?- preguntó mientras se acomodaba en el pecho de su pareja.

-Una excelente elección. ¿Cómo lo conseguiste?-

-No fue fácil créeme, tuve que mover varios contactos diplomáticos para lograr llegar con el paradero de ese "raro ejemplar de pociones"- respondió riéndose mientras se acomodaba en su pecho. -Por cierto, me encantó el collar, es precioso- comentó mientras sostenía el dije de corazón en sus manos, el cual estaba ahora de un cálido rosado.

-Me alegro que haya sido de tu agrado. Créeme, tampoco fue fácil encontrarlo-

-¿Y eso por qué?-

-Pues porque... es una joya originaria de la Era Medieval-

-Impresionante- comentó sorprendida. -¿Pero cómo la encontraste?-

-No eres la única con contactos- respondió con una sonrisa de satisfacción.

- Interesante... ¡Hey!- exclamó cuando el pelinegro le quitó la goma que sostenía su cabello, dejándolo suelto. -¡¿Por qué hiciste eso?!-

-¿Cuantas veces tengo que decirte que me gusta verte dormir con el cabello suelto?- preguntó con fingida molestia.

-¡Pero era solo por esta noche!- decía la castaña mientras hacía un puchero.

-Ni esta ni otra noche- le dio un beso en los labios y la recostó nuevamente en su pecho. Con parsimonia, comenzó a acariciar aquella suave cabellera, desprendiendo de ella aquel fresco aroma frutal que tanto le encantaba.

-Eres un mandón. Pero definitivamente extrañé mucho tus mimos- dijo Jessica a la vez que se acurrucaba más al mago.

-Y tú eres una insolente- replicó con una sonrisa.

-Te quiero-

-...Yo también te quiero- respondió el pelinegro dándole un beso en la coronilla y continuó con su lectura.

-Te quedarás los próximos días conmigo ¿Cierto?- preguntó con voz adormilada.

-¿Quieres... que me quede?-

-Por supuesto-

-... Está bien-

Al cabo de unos minutos, la morena tenía la respiración acompasada. Severus colocó el libro en la mesita y apagó la lámpara. Acomodó su faz en aquella suave melena y se dispuso a descansar.

Esa navidad de locos había valido la pena, estaba con su castaña y podría descansar bien. Todo estaba bien.