Draco estaba contemplando el semblante totalmente honesto de Potter, aún no se acostumbraba a esa cordial relación que ambos estaban viviendo.
Le sorprendía ver el interés con que el Gryffindor intentaba en cada clase de pociones entablar conversación con él. También se había sorprendido de la satisfacción que le producía poder sumergirse en sus cálidos ojos verdes, y percatarse que no había ninguna doble intención en sus gestos, y sí, verdadero interés.
Volvió a encogerse de hombros, total, ya tenía poco que perder, "tu orgullo" pensó, sí, realmente era a día de hoy lo poco que le quedaba. Ya no podía hacer gala de su apellido, su sola mención le hacía sentir el nivel de parias que habían obtenido dentro del mundo mágico. Y por una vez en su vida, no tener que defender su pureza, su apellido, le había hecho quitarse un enorme peso de encima.
- Se revocó mi permiso para ir.- dijo mirando al moreno. Quizás no supiera qué significaba aquella concesión para alguien tan orgulloso como él.
- No lo entiendo.- contestó simplemente.
- Potter, en verdad aún me sorprende lo simple que eres.- le pinchó, aunque el tono ligero que utilizó aligeró la frase que en cualquier otro momento de su relación hubiera sido dicha con suma gelidez.
- Ya bueno, soy un colmado de virtudes, lo sé.- dijo con una sonrisa.¿Por qué tenía que alterarle tanto la sonrisa de ese puñetero Gryffindor, ¿por qué?
Suspiró nuevamente e intentó explicar de la manera menos humillante su situación. Decidió que la manera más sencilla era ser sincero y explicar sus condiciones legales.
- Bien, mis padres como ya sabrás están en Azkaban.- intentó decir esa frase sin ningún tipo de emoción.- Al carecer de ningún otro familiar vivo mi custodia legal la lleva un agente del Ministerio, hasta que cumpla los 18 , este tipo de cuestiones las llevará él. Y no autoriza mis salidas del castillo.
Se atrevió a mirar al moreno al finalizar, la cara de éste reflejaba un amplio abanico de emociones, no es que el Gryffindor fuera bueno escondiéndolas.
- Menuda mierda.- concluyó.- No me parece justo.
Draco asintió, muy prosaico pero muy acertado. Le gustó el gesto enfadado del chico, su tonta imaginación disfrutó pensando que se preocupaba por él.
- Bueno, cuando acabe la escuela habrá acabado. Tampoco es que le importe a nadie.- esto último se le escapó, demasiado íntimo, demasiado personal "mierda" se dijo imitando a Potter.
-A mi me importa.- dijo el otro agarrándole del brazo, obligándole a girarse.
Demasiado, sencillamente demasiado. La coraza que se había levantado al rededor de eso, vale, al rededor de todo en su vida, esos malditos cálidos ojos verdes se la estaban cargando. La cara del Potter era pura determinación, Draco se vio sumergiéndose en sus brazos, y se sintió tan estúpido que se zafó rápidamente de la mano del otro.
- Olvídalo, Potter.- zanjó el tema. Se sentía expuesto y débil y todo por culpa de estúpido san Potter, defensor de las causas perdidas, tan perdida cómo él en esos momentos.
No se engañaba, era su lado santurrón Gryffindor el que hablaba en esos momentos, si fuera otro el que sufriera una injusticia él iría a defender. Puto complejo de héroe.
No quiso volver a dirigirle la palabra durante el resto de la clase y salió lo más rápido que pudo de las mazmorras, quería aire fresco, quería huir de todos, quería volver a sentirse fuerte, y sobre todo no quería caer más en el engaño de esas semanas pensando en que ser amigos podría ser posible.
