Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


El reino de Asarath se engalanaba nuevamente para recibir a los líderes de los reinos guardianes de Acquarius y Arthemius, pero en esta ocasión para celebrar el gran aniversario de la fundación del Tridium con una gran mascarada.

Representantes y miembros de la corte de cada reino se encontraban reunidos en el salón principal con sus respectivos trajes y máscaras, disfrutando de la fastuosa, colorida y espléndida recepción, además de rendirles sus respetos a sus soberanos quienes estaban acomodados en los tronos que se dispusieron al final del salón, colocados en un gran relieve para resaltarlos ante los demás.

-Majestades- con una reverencia se presentaron ante ellos una sonriente castaña y un enigmático pelinegro, ambos ocultos tras unos metalizados antifaces.

-Bienvenidos a la gala- saludó Marian con una gran sonrisa quien se encontraba en el centro del lugar enfundada en un bello vestido y antifaz blanco con detalles azul intenso e incrustaciones de zafiro. -Veo que mi buen gusto no ha cambiado en nada- comentó mientras los detallaba de pies a cabeza. -Señor Snape se ve espléndido-

-Gracias, Majestad- el mago hizo una breve inclinación de cabeza.

-Y tú querida, estás radiante como siempre-

-Gracias a usted, Majestad- la intercesora siguió el ejemplo del mago.

-¿Ya terminaste con tu papel de anfitriona Marian?- preguntó Raynor con un gesto de fastidio.

La ojiverde lo fulminó con la mirada mientras que el arthemiano trataba de no reírse y negaba con la cabeza.

-Te recuerdo que el año pasado la celebración te correspondió a ti Raynor, y en ningún momento intervine en tu recepción- reprochó en voz baja la asariana.

-Eso fue porque mi recepción no tuvo protocolos innecesarios- replicó el acquariano con una sonrisa de satisfacción.

La reina estaba por responderle cuando el rey de Arthemius decidió intervenir.

-¿Piensan dejar a nuestros invitados esperando toda la noche?- preguntó mientras señalaba a la pareja.

-Oh...- Marian dirigió nuevamente la mirada a sus colaboradores. -Disculpen pero, como es de esperar con Raynor, nada sale de acuerdo a lo planeado- se excusó mirando brevemente al acquariano. -Por favor disfruten de la velada-

Tras una reverencia, la pareja se alejó del lugar.

-¿Nunca dejarán de discutir?- le preguntó Severus al estar alejados de los reyes mientras le tendía una copa de vino blanco.

-Mientras sigan con su rivalidad, lo dudo- respondió divertida tomando un sorbo del claro vino.

-¡Jessica, que alegría verte!- saludó con un gran abrazo un joven moreno, ojos verdes y un poco fornido. Severus rodó los ojos.

-¡Dimitri!- la morena correspondió el abrazo. -¿Cómo me reconociste?-

-En realidad reconocí a Snape, así que asumí que la chica que estaba a su lado eras tú- respondió con una gran sonrisa. -Un gusto verlo nuevamente, Snape-

-Igualmente, alteza- ambos magos se dieron la mano.

-Mi padre me ha dicho que está desarrollando una nueva versión de la poción matalobos- comentó el príncipe con interés. Siempre le había llamado la atención las innovaciones.

-Así es, digamos que existen interesantes conocimientos en los reinos que deben ser aprovechados al máximo para la mejora de otros descubrimientos- respondió con impasibilidad.

-Eso es muy cierto, inclusive yo pienso que...-

-Buenas noches caballeros- interrumpió un joven castaño rubio y ojos grisáceos con una gran sonrisa. Y con una rapidez inesperada, se acercó a la joven heredera. -Jessica, cuanto tiempo sin verte- dijo a la vez que le daba un galante beso en la mano.

"El que faltaba" pensó el ex mortífago tratando de disimular su fastidio tomando un gran sorbo de su bebida.

-Igualmente Patrick- respondió la morena con una sonrisa forzada. La galantería del rubio era incómoda en esos momentos.

-Patrick ¿Por qué no vamos con Elliot y Selene? Creo que ya va a dar inicio el baile y no creo que tenga que recordarte que nosotros tenemos el deber que abrirlo- expresó Dimitri al ver que el rubio iba a comenzar a marear a su amiga con la diatriba de siempre.

-Por supuesto que lo sé Dimitri por eso vine para acá- le espetó el joven acquariano mientras se acercaba nuevamente a la castaña. -Jessica ¿Aceptarías ser mi pareja... de baile?-

El pelinegro contuvo un chasqueo que su afilada lengua. "Es el príncipe de Acquarius, no puedes maldecirlo" se decía una y otra vez. Y antes de que algún comentario envenenado saliese de su boca, la morena habló.

-Agradezco la invitación Patrick pero...- Jessica enlazó su brazo con el del pocionista. -Severus es mi pareja de baile para esta velada, así que... no gracias- culminó con una gran sonrisa.

-Pero, no creo que Snape se moleste si bailamos...-

-Pues a mí sí me molestaría que él, siendo mi pareja, otorgara el primer baile a una desconocida. Y yo no acostumbro a hacer lo que a mí no me gustaría que me hicieran, así que no- Inconscientemente Jessica miró en dirección a los sucesores asarianos, topándose con unos ojos verde claro que la miraban interrogante. Una idea le surgió de repente.

-¿Por qué no bailas con Selene? Ella tampoco tiene pareja y te aseguro que no le sería molestia compartir algunas piezas musicales contigo-

-Pero…-

-Es una fantástica idea, ya tienes ese problema arreglado Patrick así que ¡ya vámonos!- el arthemiano se lo llevó casi a rastras al centro del salón.

Después de que los sucesores se retiraran, Jessica se dirigió al pocionista. -Disculpa por no decirles sobre nuestra relación, pero conozco a Patrick y a Raynor, y son capaces de armar un escándalo en plena celebración-

-Tranquila lo sé, yo tampoco lo consideré apropiado. No por el momento-

La heredera sonrió y le dio un beso en la mejilla a su novio. -Será mejor que nos acerquemos a la pista, ya Marian va comenzar su discurso-

-Buenas noches damas y caballeros- anunció Marian al llegar al centro del salón. -Sean todos bienvenidos a esta celebración. Hoy, conmemoramos nuestra unión de equilibrio, una unión que ha permitido que nuestros reinos hayan convivido durante milenios en paz y armonía, y que los conocimientos de la antigüedad sigan en nuestra guardia- la reina tomó una copa y la alzó. -Un brindis por el Tridium y por sus futuras generaciones ¡Salud!-

-¡Salud!- dijeron a unísono.

-Antes de iniciar el baile, quisiera felicitar a nuestro pocionista, el señor Severus Snape, quien está de cumpleaños el día de hoy. Nuestros mejores deseos para usted y que la divinidad le conceda muchos años con nosotros-

Los presentes aplaudieron mientras que el pelinegro agradecía con una inclinación de cabeza.

-¡Que comience el baile!-

La música comenzó a sonar y los sucesores de los reinos tomaron sus posiciones para iniciar el baile. Elliot y Dimitri con sus prometidas, y Patrick con Selene. Luego de unos compases, las demás parejas comenzaron a unirse.

-¿Me permite?- preguntó Severus con galantía, extendiéndole la mano a su pareja.

-Por supuesto noble caballero- la morena aceptó su mano riéndose por la pintoresca situación.

Al posicionarse en la pista, empezaron a moverse con gracia al ritmo del vals.

-Te ves hermosa- comentó el pocionista.

-Lo sé- respondió con una sonrisa pícara.

-Tanta arrogancia no es buena querida-

-Y mira quien fue hablar, la arrogancia en persona-

-Insolente-

-Murciélago-

Ambos sonrieron, había pasado mucho que no se decía aquellas palabras.

-¿No... te recuerda algo este lugar?- preguntó Severus sonriendo de lado.

-Cómo no recordarlo, en este lugar fue donde bailamos por primera vez antes de... nuestro primer beso- respondió sonriendo mientras él la elevaba brevemente del suelo.

La morena sonrió aún más al pensar que, después de aquella noche del Elypsium, ella creía que no vería más a ese enigmático hombre. Jamás le pasó por la mente que recibiría aquella grata sorpresa seis meses después de la despedida y que esa sorpresa ahora sería el hombre de su vida.

Al terminar la melodía, los presentes aplaudieron. La pareja, al separarse para hacer lo mismo, se percató de que Patrick se dirigía a ellos. El acquariano estaba por invitar a la castaña a bailar cuando Marian apareció.

-Qué bueno que está aquí joven Patrick. Así puede llevar al señor Snape con Raynor y Emerick, en lo que me robó por unos minutos a su pareja- dijo con una sonrisa que daba a entender que no había derecho a réplica.

-Eh... Está bien, no... no hay problema- respondió con una falsa sonrisa. Le hizo señas al pelinegro para que lo acompañara y éste, tras una breve reverencia, lo siguió.


-¿De qué quieres hablar conmigo Marian?- preguntó Jessica luego de unos silenciosos minutos, al ver que la mujer la había guiado hasta un lugar retirado del palacio.

La reina se giró hasta quedar frente a ella; mirándola fijamente y con voz calmada se preparó para responder. -Supe que ya tienes pareja, y que todo indica que la relación es seria-

La moreno rodó los ojos. -Selene- se dijo en voz baja al saber que ella era la única que sabía de su relación.

-Sé que tu vida personal no debería ser de nuestra importancia, pero influye en nosotros indirectamente- la pelinegra le hablaba con voz maternal. -Eres la heredera de Merlín y nuestra intercesora, y tus decisiones en ese ámbito también nos afectan. No me tomes por prejuiciosa pero, aquel hombre que aspire a ser alguien en tu vida debe ser alguien digno de ti y digno de la posición que gozas- la tomó de las manos. -Eres más que una colaboradora para nosotros, eres parte de nuestra familia y lo sabes, nos tenemos confianza ¿o no?- la castaña asintió. -Y entonces ¿por qué no me contaste?-

-No me sentía preparada para contarles, o mejor dicho, no estábamos preparados para comunicarles la noticia. Selene ya se había percatado, y en la última venida sólo le confirmé lo que ella sabía- le explicó con calma.

La ojiverde la miraba desconcertada. "Patrick no es, Elliot y Dimitri ya están comprometidos. ¿Selene ya se había percatado? Pero en qué momento..." la mente de la soberana trabajaba rápidamente, sacando conclusiones. De pronto sus ojos se abrieron desmesuradamente.

-¡Estás saliendo con Snape!- exclamó en voz alta.

La morena le hizo señas para que bajara la voz a la vez que estaba sonrojada, confirmando así su sospecha.

-Vaya, eso no... me lo esperaba. Sin embargo, me... tranquiliza saber que es él-

Ahora Jessica la miraba desconcertada. -¿Te... tranquiliza?-

-Así es, escogiste a un gran hombre y excelente pretendiente. Te felicito- expresó esbozando una gran sonrisa.

-¿Entonces... no me lo vas a reprochar? ¿Estás... de acuerdo?-

-Obviamente esperaba a alguien más joven para ti, pero estoy conforme. Lo único que te reprocho es que no me lo dijeras-

La intercesora sonrió y le dio un gran abrazo a la mujer que consideraba como una tía y amiga. Saber que contaba con su apoyo la hacía sentirse más tranquila.

-Ahora que lo pienso, tengo una pregunta- dijo la asariana al separarse, esbozando una sonrisa maliciosa. -¿Cuándo se lo dirás a mí querido amigo Raynor?-

La joven suspiró. -Esa es una de las razones por la que no me sentía preparada para dar la noticia-

-Bueno, si quieres... yo me sacrifico y le doy la noticia- dijo con fingida inocencia, tratando de contener la gran sonrisa que quería posarse en sus labios. -No tengo problema alguno en decírselo-

-Por supuesto, quien mejor que tú para decírselo delicadamente- expresó la joven con ironía.

-Así es, se lo diré como corresponde-

Jessica enarcó una ceja.

-...No me darás ese gusto ¿cierto?-

La castaña negó con la cabeza.

-Bueno, al menos lo intenté- suspiró. -Regresemos a la fiesta-


La velada transcurrió entre risas, conversaciones, bailes y demás distracciones. Severus se sentía satisfecho por frustrar cada uno de los intentos del joven acquariano de invitar a bailar a su novia. Si no podía maldecirlo, al menos podía fastidiarlo por momentos. A los reyes no podía negarles la oportunidad, con ellos no había problema alguno. Sin embargo, y a pesar de que no le hacía gracia, también les permitió algunas piezas a los sucesores de Arthemius y Asarath, y eso sólo porque sabía que querían a su castaña como amiga... nada más.

-Severus-

El mago dirigió su atención nuevamente a la joven. Jessica, con una gran sonrisa, tomó su mano y comenzó a guiarlo a uno de los distantes jardines del palacio, todo bajo la suspicaz mirada del hombre.

-¿Qué...?- la pregunta del pelinegro fue silenciada por un cálido beso de la castaña.

El pocionista no tardó en responder, jamás podría resistirse al dulce y embriagador sabor de sus labios. La chica colocó ambos brazos alrededor del cubierto cuello del mago, mientras que éste posicionó sus manos en su nuca y espalda para profundizar más el contacto.

El beso poco a poco se volvió más exigente. Severus no sólo quería conformarse con sus labios, así que comenzó a deslizar sus labios por su mandíbula hasta llegar a la nívea piel de su cuello. La joven suspiró al sentir como aquellos finos labios acariciaban su piel, haciéndola erizar y perderse en un mar de sensaciones. Recorrió el mismo camino hasta posarse nuevamente en sus labios, fundiéndose en un beso desesperado.

Al separarse ambos respiraban agitadamente, y en sus miradas se podía ver la pasión y el deseo que los envolvía.

-Vamos a casa Sev- susurró seductoramente cerca de sus labios.

-Si nos vamos... No habrá marcha atrás, y sabes muy bien a que me refiero- replicó con voz ronca.

La morena sonrió y se abrazó más al mago. Tras una brillante luz, ambos desaparecieron del lugar.


Se aparecieron directamente en la recámara principal. Al llegar, Severus se percató que la habitación estaba decorada con velas rojas y blancas que creaban una luz tenue en la estancia, y pétalos de rosas de las mismas tonalidades, dándole un ambiente más íntimo y romántico.

-Ya entiendo tu insistencia para que te esperara en el despacho-

-Tenía que preparar bien mi sorpresa de cumpleaños- replicó con una sonrisa y un leve sonrojo mientras le retiraba la chaqueta y la lanzaba a alguna parte de la habitación.

El pelinegro la acercó nuevamente a él y la tomó del mentón para que sus miradas se encontraran.

-¿Estás... segura de esto?- el mago se encontraba serio. No quería que ella se sintiese forzada a algo de lo que ella no estuviese preparada. La amaba y jamás haría algo que la lastimase. Admitía que una parte de él se sentiría decepcionado si ella se arrepentía de dar este paso tan importante para ellos, Merlín sabía las ganas que tenía de mostrarle el maravilloso mundo del placer, transmitirle su amor en todos los sentidos y de que al fin ella fuera suya, completamente suya. Pero su bienestar era más importante.

Ella acercó su mano a la mejilla del hombre, acariciándola con ternura. Lo amaba, y esa preocupación por su bienestar hacía amarlo aún más. Jamás se había sentido así en toda su corta existencia, y tenía la total certeza de que su decisión era la correcta. Se entregaría a él, así como deseaba que él se entregara a ella.

Sin prisa retiró el pañuelo plateado de su cuello y acercó sus labios a los suyos. Antes de fundirse en ellos le susurró con todo el amor y la pasión que la embargaba.

-Quiero ser tuya, Severus, solamente tuya-

Al escuchar aquellas palabras mágicas, él acortó la poca distancia que quedaba entre ellos y la besó con suavidad e intensidad a la vez, demostrándole la felicidad que lo abrumaba.

Al separarse, la giró hasta que la espalda de la chica quedara pegada a su pecho. Tras apartar sus delicados rizos, comenzó a trazar nuevamente un camino de besos por su cuello hasta sus hombros, deleitándose con aquella tersa y suave piel, disfrutando de su tenue aroma frutal que le encantaba.

Jessica se sentía hipnotizada con las exquisitas sensaciones que recorrían su cuerpo al sentir las caricias. Y su estremecimiento era mayor al sentir como besaba y mordía el lóbulo de su oreja, susurrándole con voz seductora lo bien que se sentía tenerla de esa forma en sus brazos.

Con parsimonia el mago le bajó la cremallera del vestido, y jadeó al ver lo que mantenía oculto aquella voluminosa prenda.

Llevaba un conjunto de lencería negro con liguero, compuesto por una tanga y un sujetador sin tirantes con una cubierta de encaje que hacía resaltar su cremosa piel y sus bien formados atributos.

La castaña se colocó frente a él y adoptó una pose provocativa.

-¿Te gusta lo que ves?- preguntó con una mirada traviesa, girándose lentamente para que el hombre pudiera apreciar mejor el panorama.

Severus no podía creer que le hiciera esa pregunta. ¡¿Que si le gustaba?! Esa pregunta podía ser muy bien respondida por cierta parte baja de su anatomía la cual se encontraba "eufórica" por la deliciosa vista. Sin poder resistirlo más, la besó con intensidad. Con suavidad la fue recostando en la cama sin dejar de saborear su boca.

-Eres tan hermosa- le susurró mientras se colocándose encima de ella para acariciar y saborear cada parte de piel expuesta. -Única- Se sentía sediento, hambriento de ella. Jessica no podía dejar de gemir y suspirar, se sentía a punto de estallar por todas las emociones que la abrumaban, en especial en su bajo vientre; pero quería sentirlo más cerca de ella, mimar su piel como lo hacía él. Para cuando el pelinegro se separó de la morena para recuperar un poco de aire, se percató que solo estaba en bóxer. Había usado un encantamiento para desvestirlo.

-Eres una tramposa- le dijo con voz ronca, arrodillándose entre sus piernas.

Pero Jessica no le contestó, estaba muy concentrada mirando su pecho. Lentamente se arrodilló en la cama hasta quedar frente a él y acercó una de sus manos a su torso para acariciar las llamativas cicatrices que adornaban aquel delgado pero fibroso cuerpo.

-Te doy asco ¿no es así?-

Al mirarlo, el pelinegro la miraba con tristeza y amargura. Hizo el ademán de retirarse, pero ella lo agarró de la mano.

-Severus... Escúchame-

-...-

-¡Mírame y escúchame!-

Con cierta reticencia, el mago la miró. Mirándolo con determinación, la joven colocó ambas manos del pocionista entre las suyas.

-Jamás, escúchalo bien, jamás sentiría asco de ti. Estas cicatrices- decía subiendo su mano al pecho del hombre y delineaba las marcas. -Son muestras de que tengo a mi lado a un hombre fuerte, valiente e inteligente, que cometió errores en el pasado pero que asumió las consecuencias de sus actos y salió victorioso de sus demonios. Un hombre que ha luchado toda su vida para sobrevivir y que ahora merece ser feliz- soltó sus manos para agarrar la cara del pocionista, acercando sus labios a los suyos. -Permíteme hacerte feliz, déjame mostrarte cuanto te amo, Severus-

El hombre tragó con fuerza. -¿Me... me amas?- Podía apreciarse una mezcla de anhelo y sorpresa en su voz al formular la pregunta, mientras que su corazón latía con fuerza.

La morena sonrió. -Sí, te amo... como jamás pensé amar a alguien- y sin esperar más, lo besó.

Severus todavía estaba digiriendo aquellas mágicas palabras. Lo amaba, por Circe ¡ella lo amaba! Al sentir esos dulces y cálidos labios sobre los suyos no dudó ni un momento en responderle, deseando demostrarle a través de ese gesto que era correspondida.

La acomodó nuevamente en la cama y se colocó entre las piernas de la chica, reanudando los mimos. Acariciaba con su aliento el cuello y los hombros de la chica provocándole un placentero estremecimiento. Al llegar a la altura de los pechos, los besó por encima de sujetador para luego desabrocharlo por la parte delantera, revelando unos medianos, redondos y firmes senos, con unos pequeños pezones rosados que se mostraban ansiosos por ser probados.

-Hermosos- susurró antes de saborear unos de sus pezones mientras que con la mano acariciaba el otro pezón.

La chica emitió un fuerte jadeo y arqueó su espalda para buscar mayor contacto, rozando instintivamente su pelvis con la erección del mago.

-Dioses- gruñó, acompañándola en sus movimientos sin dejar de alimentarse de sus pechos.

-Oh Severus- decía entre gemidos, sumergida entre múltiples espasmos.

Antes de que perdiera el control, el hombre continuó su camino de besos hasta su ombligo el cual saboreó, introduciendo su lengua causándole cosquillas. Sonrió cuando la escuchó reír.

Siguió besando hasta llegar a su bajo vientre. Aproximó su nariz adonde se apreciaba una mancha de humedad para aspirar su fragancia, extasiándose con él; su miembro reaccionó instantáneamente, poniéndose más duro si podía. Al pasar su lengua por encima de la tanga, percibió lo empapada que estaba. Jessica gimió temblorosamente.

-Severus no aguanto-

Severus había tenido toda la intención de quitarle las bragas como corresponde pero, al escuchar el gemido desesperado de su castaña, decidió por lo más rápido: romperlas.

-Me... me gustaban mucho esas bragas- reprochó ella haciendo un puchero, haciéndola ver sin querer más sexy.

-Quizás esto pague el precio- ronroneó él mientras acariciaba su depilado montículo.

Estaba por preguntarle a que se refería, pero su preguntar murió al sentir aquella lengua recorrer su humedad. Sus cinco sentidos se fueron de paseo.

Severus estaba extasiado con el dulce sabor de la castaña; si esa fuera su condena con gusto la cumpliría, sería un verdadero placer para él beber siempre de su delicioso néctar. Sin contar que verla con los ojos entrecerrados y mordiéndose el labio interior de manera tan provocativa hacía que su labor fuera toda una obra de arte.

-¡Oh Dios mío!- gritó la castaña al sentir como sus labios atrapaban su hinchado clítoris y lo succionaba cual bebe alimentándose. Ella se sacudía como una serpiente, incapaz de controlar las infinitas olas de placer que la atravesaban en ese momento.

Él seguía lamiendo, succionando y mordisqueando, sintiendo como su amada estaba cerca del orgasmo.

-No... no pares Severus...- hablada entrecortadamente a la vez que se tensaba y se arqueaba, gimiendo sin control por la llegada inminente de su orgasmo.

El pelinegro aprovechó que ella aprendía a respirar nuevamente para quitarse el bóxer, liberando de su prisión su larga, gruesa y rosada erección, la cual estaba humedecida con su propia excitación. La cubrió nuevamente con su cuerpo y comenzó a entrar en ella lentamente.

-Tranquila princesa- le susurró al sentirla tensarse bajo de él. -Relájate- decía mientras acariciaba su mejilla y se perdía en sus orbes achocolatadas. Al chocar con la barrera, le advirtió. -Va a dolerte, pero será por un momento-

-Confío en ti amor-

La besó con ternura, y en un empujón se llevó todo rastro de virginidad en ella. Tuvo que apretar los dientes para no correrse en ese momento, la sentía tan estrecha, húmeda, caliente, tan suya... ella era suya, solamente suya, su mujer.

Ella se mordió el labio para no soltar el pequeño grito que pulsó por salir mientras que sus manos apretaron con fuerza los firmes brazos del hombre.

-Ya pasó princesa, ya pasó- le susurraba mientras besaba sus lágrimas.

Pasado el momento, la morena abrió los ojos lentamente y le sonrió. -Muévete... despacio-

Una sonrisa se dibujó en el rostro del mago, y tal como ella lo pidió comenzó a mecerse lentamente.

-Oh... por Morgana- exclamó Severus al sentir como aquella abertura abrazaba a su miembro como un guante, haciendo la fricción más intensa.

Las arremetidas eran lentas pero profundas, sustituyendo rápidamente la molestia de la desfloración por el auténtico placer. Ambos permanecían abrazados, besándose con intensidad, sintiendo como una magia desconocida los envolvía y los hacía uno solo.

-Más... Severus...- gimió tirando de su labio.

-Oh Jessica...- el moreno aceleró sus embestidas, aumentando el volumen de los gemidos.

Ella rodeó su cadera con sus piernas, moviéndose a la par con él. -Más fuerte amor, más-

Él aceleró más, sintiendo el orgasmo de ella cerca y el suyo también.

-Oh Severus... Severus...-

-Mírame... nena, quiero... ver el... éxtasis... reflejado en... tus ojos- demandó mientras sus movimientos se hacían cada vez más erráticos.

Sus ojos marrones quedaron atrapados por unas orbes negras como la noche en el momento de que un potente orgasmo atravesara todo su ser.

-¡SEVERUS!-

El moreno rugió con ferocidad, dejándose llevar al sentir como las paredes apretaban con fuerza su miembro.

Quedaron frente con frente, sudorosos pero sin despegar sus miradas de las suyas. Se entregaron el uno al otro, se pertenecían, de eso ya no había duda.

-Este ha sido el mejor cumpleaños de toda mi vida- le susurró mientras la colmaba de besos.

-Me alegra escucharte decir eso- le respondió, dándole un casto beso en los labios. -Te amo-

-Yo también te amo-

"Mi princesa... mía"