Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
"Ya tengo pareja, Sirius. Y estoy enamorada de él"
Aquellas palabras habían dejado frío al soberbio Sirius Black. ¿Qué ya tenía pareja? Eso era imposible, pensaba él. En la velada ella le había dicho que no tenía novio y era cierto, Ginny se lo había confirmado. Y ahora que al fin estaba seguro de lo que sentía por ella y que había tomado la decisión de enseriarse por primera vez en su vida con una mujer... ¡resulta que ella ya tenía a alguien!
La pregunta ahora era ¿Desde cuándo?
"...cuando iba llegando a la oficina, ella estaba hablando con... esa persona, y "esa persona" estaba muy cariñosa con ella..."
"Era... Snape quien estaba con ella"
Las palabras de su ahijado le llegaron de golpe. Entonces ¿Harry tenía razón? No, no podía ser ¿o sí? Se maldijo a sí mismo, ellos trabajaban juntos así que la posibilidad de que ellos tuvieran algo no era tan remota. Pero el darse cuenta de ello no lo calmaba, todo lo contrario. Pensar que Quejicus era el responsable de su frustración, hacía que le hirviera la sangre y la ira comenzara a fluir en su interior.
-¿Es Snape?- preguntó con rabia contenida.
-¿Qué?-
- ¿Estás... saliendo con... Snape? -
Jessica lo estaba mirando fijamente, y no le estaba gustando lo que veía en sus ojos. Mostraban dolor, ira, pero sobre todo orgullo herido.
"No hay nada más peligroso que un orgullo herido" le dijo su padre una vez. "Hace que las personas cometan muchas locuras"
-Sirius será mejor que...-
-¡CONTESTAME!- bramó con desesperación.
La castaña se sobresaltó, parecía que su padre tenía razón ya que no esperaba esa reacción por parte del gryffindor quien siempre se había mostrado caballeroso con ella. Respiró profundo y con voz tranquila respondió.
-Si Sirius, Severus y yo somos pareja-
Ambos quedaron en silencio después de aquella confirmación. El aire se había tornado tan tenso que bien podía cortarse con un cuchillo.
Si la intercesora no esperaba aquel grito por parte de él, menos se esperaba lo que pasó a continuación. Después de unos incómodos minutos, el mago sonrió con suficiencia.
-¿Te embrujó no es así?-
La morena abrió los ojos desmesuradamente, viéndolo como si le hubiese salido un tercer ojo.
-¡Si eso es, no hay otra explicación! Te dio una poción de amor o te hechizó- seguía hablando, más consigo mismo que con ella. -Ya tengo la solución-
-S-sirius, pero de que estás...-
No pudo terminar la frase porque el animago se acercó a ella de imprevisto y la besó. Jessica trataba de zafarse pero Sirius era más fuerte y la tenía acorralada contra la rocosa pared.
Sin oportunidad de liberarse por sí misma decidió utilizar la defensa del anillo enviándole una fuerte descarga al castaño y logrando que éste la soltara de inmediato.
Sirius no se había recuperado del aturdimiento cuando sintió su mejilla arder. Observó a la castaña, y al verla con aquella mirada furiosa comprendió lo que había pasado: lo había abofeteado.
-¡¿Acaso te volviste loco?!- vociferó la castaña limpiándose los labios con la manga de su suéter.
-Demonios no funcionó- se quejó el animago chasqueando la lengua con fastidio. -Habrá que buscar a alguien que haga un antídoto-
-¿Qué?- chilló confundida. -Sirius ¿de qué estás hablando?- inquirió preocupada por el comportamiento del hombre.
-Jessica- el animago la tomó de ambas manos. -Estás bajo los efectos de una poción de amor, es la única explicación que tengo para tu repentino amor por Quejicus-
La morena retiró las manos con brusquedad, aquellas palabras la habían indignado. -Severus no necesita ninguna poción para enamorar, Sirius-
-Por favor ¿me vas a decir que un hombre tan amargado, apático y grasiento como Snape puede siquiera atraer a una mujer?- preguntó riéndose.
La morena estaba por replicarle cuando sintió unos pálpitos en su anillo. Alguien había entrado a los terrenos del sector.
-Jessica ¿Estás bien?- preguntó preocupado al ver que se había callado repentinamente.
-Hay intrusos en el sector- dijo con voz neutra y sin esperar más se dirigió a la salida apresuradamente.
-Demonios- maldijo él antes de seguirla.
Estaban llegando a la salida cuando un hechizo casi le da de lleno a la intercesora de no ser porque ella invocó a tiempo un escudo.
-Vaya, ¡hasta que al fin salen! Ya estaba pensando en enviar a estos chicos a buscarlos- Exclamó un mortífago mientras señalaba a los diez secuaces que lo acompañaban. Estaban a diez metros de ellos y los tenían rodeados.
-¿Mulciber?- preguntó Sirius sorprendido al detallar al mago que había hablado. -Pensé que habían destruido tu asqueroso ser en la guerra-
-Lamento decepcionarte mi estimado Black, pero como puedes observar, estoy más vivo que nunca- dijo el mortífago con una gran sonrisa. Al ver a la morena, la saludó con una falsa reverencia. -¡Excelencia! Que honor y que dicha verla en este lugar-
-¿Quién les dio la moltrena?- preguntó de golpe la intercesora, el ojiazul la miró desconcertado.
-No sé de qué habla, Excelencia- respondió el mortífago con burla pero evidentemente sorprendido de que la castaña supiera del artefacto.
-No se haga el idiota que bien sabe de lo que estoy hablando- espetó la chica. -Ese artefacto no se consigue a la vuelta de la esquina, sólo magos... especiales saben de él. Así que responda de una maldita vez ¿Cómo la obtuvieron?-
-Vaya, pero si la gatita tiene garras- el oscuro mago pasó su lengua por sus labios en un claro gesto de insinuación que le provocó una mueca de asco a la heredera. -Es una pena que no pueda tenerte como trofeo, no te imaginas lo bien que lo pasaríamos juntos-
-Mantén tus pensamientos asquerosos lejos de ella- amenazó el ojiazul apuntándolo con la varita.
-Por favor Black, somos diez contra dos. No pueden hacer nada en contra de nosotros- dijo Mulciber en tono burlón. Los demás mortífagos se reían divertidos por la ventajosa situación. -Hagamos algo mejor. Ríndete y te prometo que tu muerte será rápida-
-Ni loco me rendiría antes ustedes- Bramó el castaño colocándose delante de la morena en un gesto protector.
El mortífago se miró las uñas, mostrando indiferencia a las palabras de Sirius. -Bien. Si eso quieres...-
Ni bien había terminado la frase cuando uno de los mortífagos lanzó una maldición al ex merodeador que supo bloquearlo con éxito. Los demás mortífagos comenzaron a atacarlos pero los encantamientos eran repelidos por los escudos que creaba la castaña.
-A este paso no lograremos nada- espetó Sirius.
La morena bloqueó un bombarda que provino del lado derecho, descuidando sin querer el lado donde estaba el ojiazul. Mulciber aprovechó el desliz lanzándole un sectumsempra al auror, cayendo éste en seco en el corto prado sin parar de sangrar.
-¡Sirius!- exclamó horrorizada al ver a su acompañante pálido y como su ropa adquiría un tono rojizo.
-¡Atrápenla!- ordenó el mortífago a sus camaradas al ver que estaba sola.
Jessica elevó una de sus manos en dirección a ellos, concentrando su magia en ella.
-¡Expulso!-
Una fuerte onda se propagó con velocidad hacia los magos y éstos fueron lanzados con violencia a una gran distancia. Sin más, aprovechó el momento para acercarse al herido.
-H-huye Jessica- dijo el animago con voz entrecortada al sentir que las fuerzas lo estaban abandonando.
-Tranquilo Sirius, todo estará bien- dijo la castaña con una sonrisa nerviosa.
El ex gryffindor sentía como su cuerpo poco a poco se adormecía, la miró con preocupación antes de caer en la inconsciencia.
-Espero que esto sirva- dijo Jessica colocando su mano en el rojizo pecho del mago y recitó. -Innoria Puritae Mognar Ritairus- Sirius fue envuelto rápidamente en un cálido resplandor blanquecino. Tras un gran suspiro, la joven sucesora expulsó una gran luz azulada, cubriéndolo por completo y sanando las heridas producidas por el hechizo.
-Maldición- musitó al sentirse un poco mareada.
-¡Tú maldita perra!- Bramó el mortífago líder mientras se levantaba con dificultad y se sujetaba el brazo izquierdo, claramente fracturado. La morena se levantó y se dispuso a enfrentarlo. -¡No sabes con quien te has metido!-
Y con un movimiento de su varita, el mortífago invocó un fuego maligno en forma de cuervo, que extendía sus alas y cubría los alrededores de la cueva. -¡Este será tu fin!-
Mulciber esperaba que la intercesora mostrara terror ante el poder de su maleficio, inclusive ya sentía el sabor de la victoria en su boca. Pero sus aspiraciones se vinieron a pique al ver la sonrisa arrogante de la castaña. Sintiendo la furia bullir en su interior le gritó. -¿Se puede saber por qué sonríes mocosa estúpida?-
-¿Piensas destruirme con eso?- preguntó Jessica con sorna. Ella no acostumbraba a ser arrogante, pero tampoco era tonta y conocía muy bien el poder que había heredado. -¡Veamos que puede hacer tu parrajaco, pedazo de idiota!-
El mortífago sin esperar más lanzó aquella infernal ave en dirección a ella. La morena elevó sus manos hacia las llamas, haciendo que el anillo desprendiera un leve resplandor.
-¡Devuélvete!- ordenó con total seguridad.
El ave, inesperadamente, hizo caso a la exigencia de la bruja elevándose en el cielo y retornó en dirección al oscuro mago.
Las grandes llamas a su alrededor fueron la última visión de Mulciber. Por más que trató de aplicar el contramaleficio, el tiempo no había estado de su parte.
Con un movimiento de su mano, la intercesora extinguió las grandes llamaradas, dejando a su vista a los demás mortífagos inconscientes y regados por el lugar. Invocó algunas ramificaciones para asegurarse de que los magos no escapasen.
Exhausta, cayó de rodillas en el suelo. -Eso me pasa por no practicar a menudo- susurró con molestia.
-¡Demonios ¿qué pasó aquí?!- escuchó que exclamaba una voz familiar.
Al voltear, vio una cabellera rubia platinada acercarse al lugar mirando con perplejidad el escenario que estaba a su alrededor.
-Draco...- susurró sin fuerzas.
Y como si la hubiese escuchado el slytherin miró en su dirección, y al percatarse de quienes eran abrió los ojos desmesuradamente.
-¡Jessica!- escuchó la morena antes de caer inconsciente.
Severus se dirigía a paso ligero hacia la Oficina de Intercesión con la preocupación al límite. Después de culminar exitosamente su presentación ante el Tridium, el pocionista se trasladó con rapidez al Ministerio de Magia para cerciorarse de que su novia estuviera bien y que su terquedad no hubiese tenido consecuencias. Al llegar se encontró con la secretaria, una mujer de unos 60 años, cabello caoba, ojos azulados y de expresión maternal.
-Buenas tardes, Martha-
-Buenas tardes señor Snape ¿en qué le puedo ayudar?-
-¿La señorita Rosenbaum ya llegó de la expedición?-
-No señor, y tengo entendido de que ninguno de los que fueron ha llegado-
-Demonios- murmuró el mago masajeando el puente de su nariz, visiblemente molesto. -Voy a estar en la oficina, avíseme en cuanto lleguen ¿Entendió?-
-Si señor-
Estaba por entrar a la oficina cuando escuchó que lo llamaba una voz conocida.
"No puede ser" pensó con fastidio, pasándose una mano por el rostro.
-Hola Sev, tanto tiempo sin verte- saludó la rubia con una gran sonrisa.
-Lynette- respondió el saludo con voz neutra.
-Llevabas días que no aparecías por acá. Es bueno saber que, de vez en cuando, te acuerdas que existe este ministerio- dijo la pocionista con cierto reproche en su voz pero a la vez mostrando indiferencia, mirando con detenimiento el esmalte rojo sangre de sus uñas.
El mago enarcó una ceja. -Supuse que lo sabías Byron, no tengo ninguna obligación con el ministerio. Es decisión mía si visito o no este lugar y créeme, no me produce felicidad venir aquí. Sólo vengo porque mi... colega se encuentra realizando sus labores en esta institución- replicó con voz sedosa.
-Oh Severus no digas eso- la mujer hizo un puchero y se cruzó de brazos. El aludido sólo rodó los ojos. -¿Ni siquiera te dan ganas de ver a tus amistades? ¿No te dan ganas de...- se le acercó y comenzó a pasear su dedo índice sobre el pecho del hombre? -... venir a verme? -
-S-señor Snape-
Ambos miraron en dirección a la veterana bruja. Mientras Severus la miraba interrogante, Lynette la fulminaba con la mirada por arruinar su conversación.
-Disculpen la interrupción pero... un auror acaba de avisarle a la secretaria del ministro que el grupo acaba de llegar de Rumania y...-
El pelinegro no esperó a que la mujer terminara su explicación y se dirigió al elevador. Estaba por llegar cuando visualizó a su ahijado salir de ascensor con expresión cansada y el cabello más desordenado de lo normal.
-Draco-
El rubio, que venía distraído leyendo un documento, levantó la vista al reconocer el dueño de aquella familiar voz. Al ver que no se había equivocado, suspiró de alivio pero casi al instante palideció al recordar la conversación que tuvo con su amiga antes de llegar a la Oficina de Trasladores.
*Flash Back*
-Oh dementores ¿Otra vez el murciélago dejó evidencia?- Draco sonreía como el gato de Cheshire al ver a la castaña vestida con un suéter anaranjado claro de cuello alto y unos jeans claros. Pero al ver que la morena se entristeció, se preocupó. -¿Pasa algo con Snape?-
-Nada es que...- soltó una bocanada de aire. -Está molesto conmigo por lo de la expedición-
-Qué raro... Con lo sonriente que es...- expresó el rubio con sorna, Jessica lo fulminó con la mirada. -Bien, lo siento- exclamó levantando las manos en son de paz. -Supongo que él quería venir pero tenía compromisos ineludibles con el Tridium ¿o me equivoco?-
-No, tienes razón eso pasó. Él no quería que viniera pero, así como él no puede faltar a sus deberes, yo tampoco puedo faltar a los míos-
-Y al ver que era una causa perdida se fue dando el clásico portazo- complementó el slytherin con una sonrisa.
La intercesora lo miró y parpadeó varias veces sorprendida. -Se nota que conoces bien a Severus-
-De toda la vida mademoiselle- suspiró dramáticamente a lo que Jessica soltó una risita. -Por eso sé que ese "enojo" no es más que preocupación. Hasta yo estaría así, esta búsqueda implica un gran riesgo-
-Eso lo sé, pero él tampoco debe olvidar que yo también soy bruja y sé defenderme-
-Eso también es cierto- y antes de que entraran a la oficina agregó. -Pues espero que todo resulte bien, Jessie. Porque si te llega a pasar algo, estoy seguro que Voldemort será un tierno conejito comparado con un Snape molesto-
La bruja sonrió negando con la cabeza y se dispuso a entrar seguida de su colega.
*Fin Flash Back*
-Hola padrino- saludó Draco cuando el ex profesor se le acercó.
-¿Dónde están los demás?- inquirió al ver que el rubio llegó solo.
-Eh... Están en San Mungo. Trajeron algunos aurores heridos-
-Aja ¿Y por qué Jessica no vino contigo?-
"Mierda, me va a cruciar aquí mismo si le digo" pensó nervioso.
-Déjeme llevar estos papeles a la oficina ministerial y luego vamos con Jessica ¿Está bien?- "Diga que sí, diga que sí"
Después de unos tormentosos segundos el pelinegro asintió. -Apresúrate-
Jessica abrió los ojos lentamente y una luz blanca la encandiló al instante, cerrándolos de inmediato. En su segundo intento trató de acostumbrarse, logrando visualizar un techo blanco, unas cortinas del mismo color que cubrían aparentemente una ventana, una puerta, unas mesitas a los lados y la cama individual donde estaba acomodada.
Se iba a preguntar qué hacía allí cuando recordó todo lo ocurrido en Rumania y como se desvaneció al sentirse aliviada de ver a su rubio amigo.
-Es cierto. Seguro Draco me trajo hasta aquí- susurró pensativa.
El sonido de la puerta al abrirse la sacó de sus pensamientos.
-¡Jessica, que alegría verte despierta!- Saludó Kingsley al llegar hacia ella. Tenía algunos rasguños en la cara y en su ropa, pero nada de importancia.
-Hola Kingsley-
El mago cogió la silla que estaba recostada de la pared y se sentó a su lado y la agarró de la mano. -¿Cómo te sientes?-
-Un poco débil pero bien. ¿Y ustedes? Por lo que veo no fuimos los únicos atacados-
-Así es, nos emboscaron en la zona norte. Pero a pesar de la desventaja logramos capturar un gran número de mortífagos. Para cuando terminamos con ellos y regresamos, nos encontramos con el desastre y con Draco tratando de ayudarte, se veía nervioso el pobre-
La chica sonrió, su amigo se había preocupado por ella.
-Así que eso pasó-
-¡Si eso pasó, me diste un susto de muerte!- le reprochó el rubio al entrar a la habitación.
La morena le iba a responder pero calló al ver a Severus entrar con su porte imponente y su expresión impasible. Ella no sabía si reír o llorar ya que: ella + cama + debilidad = ¡te lo dije! por parte de Severus. Mientras, Draco aprovechó su silencio para seguir con el reproche mientras se acercaba al lecho.
-¿Sabes lo que es llegar a ese lugar convertido en un completo caos y encontrarte cerca de la cueva, desmayada y totalmente demacrada? Al menos ahorita tienes un poco de color, antes parecías que estabas muerta-
Jessica abrió los ojos más de lo normal para llamarle la atención al joven mago. -Draco, hablaremos después sobre eso- masculló señalando disimuladamente con la mirada al pelinegro.
-No, Draco, continúa. Tengo curiosidad por saber acerca del... escenario que encontraste- pidió el ex profesor mirando fijamente a la castaña con una sonrisa que trataba de disimular la molestia que sentía en esos momentos.
-Pues yo estoy interesado en cómo se produjo ese escenario- intervino el ministro dirigiendo su mirada a la chica y extrayendo de su túnica un pergamino. -Sirius nos relató que fueron emboscados por mortífagos liderizados por Mulciber, que él fue atacado con el maleficio sectumsempra y por ello no pudo seguir luchando. A pesar de la debilidad vio claramente que atacaste a los mortífagos con un potente expulso capaz de derribarlos a todos momentáneamente y luego quedó inconsciente, dejándote en contra de sus fuerzas a merced de once mortífagos incluyendo al líder- terminó de leer la declaración y con una sonrisa agregó. -Y de los cuales encontramos a diez con fuertes lesiones y amarrados con ramificaciones mágicas mientras que el líder estaba calcinado a unos metros de ellos. ¿Alguna explicación?-
La intercesora miró en dirección a los slytherin quienes la miraban expectantes por la respuesta.
Tras un fuerte suspiro, la morena les contó a los presentes lo que pasó después de la inconsciencia del animago hasta el desvanecimiento de ella, dejando al ministro y al rubio sorprendidos mientras que el pocionista estaba furioso.
-A ver si entendí ¿Te quedaste sola... con Black? ¿Y el muy desgraciado lo único que hizo fue debilitarte?- inquirió el pelinegro en un siseo.
-Se quedó por petición mía, Severus- intervino Kingsley, extrañado por la actitud del mago. -Pensaba que le iba a otorgar mayor protección, pero ya entendí que es muy capaz de defenderse sola-
-Disculpen- una enfermera entró a la estancia con una bandeja que llevaba dos frascos. -Necesito darle las pociones a su Excelencia-
-Y yo me tengo que retirar- el hombre de color se levantó. -Nos vemos después- besó la mano de la joven heredera y se retiró.
-Yo... Veré en que puedo ayudar- tras darle un beso en la frente a la castaña el ojigris se marchó, dejando a la pareja con la sanadora.
La mujer se disponía a entrar cuando el pelinegro tomó ambos frascos y los revisó.
-¿Y a esto le llaman pociones?- siseó con desdén regresando los frascos a su sitio. -Llévese eso-
-Pero...-
-¡Ahora!-
La enfermera no replicó y se retiró, cerrando con manos temblorosas la puerta.
-Eso fue grosero, Severus- lo reprendió la castaña.
-Las pociones de este lugar son una bazofia y no me retracto de decirlo- respondió el pelinegro acercándose a la silla donde hace unos momentos estaba el ministro pero terminó sentándose en el pequeño espacio que la heredera le mostró a su lado. Buscó algo en el bolsillo de su chaqueta y le extendió a la chica dos frascos similares a los que traía la enfermera, a excepción por el color vivo e intenso en su interior. -Bébelas, te harán sentir mejor-
La morena cogió sin dudar los frascos y se tomó las pociones de golpe.
-Saben a fresa- dijo desconcertada por el buen sabor que quedó en su paladar, dejándose acomodar en el pecho de su pareja.
-Siempre mejoro mis reservas- respondió el mago con indiferencia, acariciando el brazo de su novia.
Después de unos minutos de silencio, la castaña habló. -Severus, sé que estás molesto conmigo...-
-Lo estoy porque te lo advertí y no me hiciste caso, pero mi molestia es más por Black. Por su culpa tú estás en esta cama-
Jessica sonrió, al menos era bueno saber que su molestia no era del todo para ella.
-No me puedo imaginar si hubiese sido yo el que te encontrara en esas condiciones- dijo el mago en tono sombrío.
-Era normal que me encontraran así, no estoy acostumbrada a la habilidad de curar y gasté mucha energía vital en Sirius-
-Pues lo hubieses dejado morir-
-¡Severus!-
El hombre la tomó de la barbilla para mirar aquellos ojos achocolatados que le encantaban. -Prefiero que sea él y no tú. Eres... lo más valioso que tengo y no sabes cuánto temo perderte-
-Eso no pasará amor. Es más, para tu tranquilidad, te prometo no ponerme en riesgo al menos que cuente con tu compañía ¿Está bien?- decía Jessica mientras le acariciaba la mejilla al mago.
-Me conformo con eso- susurró complacido y le daba un cálido beso en los labios.
Estaban tan entregados a fundirse en aquella antigua danza, que no se percataron de la entrada de dos personas a la habitación.
-Vaya Snape, jamás pensé que llegaras tan bajo como para embrujar a una mujer para que se enamore de ti-
Al voltear, Sirius estaba parado en la cabecera de la cama con expresión de asco y Harry detrás de éste mirando a la pareja perplejo.
-¿Por qué no te comportas como un verdadero hombre y dejas que ella decida por sí misma con quien desea estar?-
-Sirius por favor...- intentó intervenir el ojiverde.
-¡Por favor nada Harry! Este infeliz- bramó el animago señalando al pocionista. -Tiene bajo una poción de amor a Jessica y ¡no voy a permitir que siga manipulándola!-
Severus se levantó con rapidez y se irguió en toda su altura frente al ojiazul. -¿Se puede saber de dónde sacas semejante estupidez Black? Aunque no es de extrañarse, la estupidez es común en ti- dijo con sorna.
-¡Al menos no soy poco hombre y cobarde como tú!-
El pelinegro lo tomó de las solapas de su camisa y con furia le espetó. -¡Tú a mí no me llamas cobarde maldito perro sarnoso!-
-¡Te llamo como me dé la maldita gana!-
-¡Ya basta los dos!- exclamó Jessica levantándose con rapidez y separando a los dos hombres con ayuda de Harry.
-¡Estás en serios problemas Quejicus, y yo mismo me encargaré de que se te castigue por ello!- bramó el castaño mientras intentaba de que su ahijado lo soltara.
-¡Tú no vas a hacer nada Sirius!- vociferó la castaña, dejando al animago sorprendido. -Tú lo único que vas a hacer es retirarte ahora mismo si no quieres que te baje de rango o peor, que te saque del ministerio-
El castaño se rascó la cabeza en un gesto de confusión. -Sé que el puesto de intercesión es de gran importancia, Jessica, pero no tanto para dar ese tipo de órdenes- dijo riéndose.
-Pues tómalo de esta forma- Jessica estaba seria. -No me estoy dirigiendo a ti como intercesora, sino como la heredera del poder absoluto del Ministerio-
Sirius abrió los ojos desmesuradamente. Y justo cuando iba a preguntar a qué se refería, la morena se le adelantó.
-Y si no sabes a qué me refiero, bien puedes preguntarle a Harry. Él sabe muy bien de lo que estoy hablando- tras fulminarlo con la mirada se dirigió al ojiverde. -Llévatelo antes de que colme mi paciencia-
El moreno asintió y a rastras se llevó a su padrino que todavía no podía creer lo que había pasado. Al cerciorarse de que ya los aurores no estaban por la unidad, Jessica se abrazó al pelinegro y suspiró de cansancio.
-¿Estás bien?-
-Solo estoy cansada y ya quiero irme a casa. Sácame de aquí ¿sí?-
-Necesitas el permiso del medimago para salir-
La morena levantó la vista y lo miró con fastidio. -Tú tienes influencias en este lugar, Severus, así que no te hagas el chistoso y sácame de aquí ¡ya!-
-...Y yo soy el mandón- dijo con ironía.
La castaña le sacó la lengua y ambos se dirigieron hacia el medimago que, después de unas palabras con el slytherin, le dio inmediatamente el permiso de salida de la joven. Con expresión cansada, ambos salieron del hospital para aparecerse en la mansión a darse un merecido descanso después de tan agitado día.
-¿Acaso te volviste loco, Sirius?- le reclamó el-niño-que-vivió-dos-veces-y-venció a su padrino mientras entraban a la oficina del joven. -Si pensabas que podías tener una oportunidad con Jessica, ya puedes olvidarte de ello. Jamás la había visto tan enfadada y mucho menos amenazando a tal extremo-
-Si lo sé, la jodí hasta el fondo- dijo el castaño con frustración, cerrando la puerta con un sonoro golpe. -Pero tienes que entenderme ¡es imposible que una chica como Jessica se haya fijado en ese murciélago grasiento!-
-No te creas, a mí también me cuesta creer que Snape y Jessica estén juntos pero... Es la realidad y hay que aceptarla- dijo Harry apenado, prácticamente tirándose en el sillón principal. Él tenía esperanzas de que su padrino fuera feliz con Jessica, pero se había resignado. Como esperaba que el animago hiciera.
-Por favor Harry ¿Aceptar esa aberración? ¡Nunca!- exclamó dando un sonoro golpe al escritorio. -No sé qué voy a hacer, pero Snape no se va a quedar con ella ¡No señor!-
El joven mago negó con la cabeza y suspiró cansinamente, cuando su padrino se proponía ser terco lo hacía muy bien.
Y mientras ambos aurores discutían una y otra vez sobre el tema, no se percataron de que una mujer de rizos rubios y gafas estrafalarias también estaba escuchando la conversación.
-Que interesante...-
