Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
Crystal Manor, Collinwood
Severus se encontraba sentado en el fino sillón del escritorio de nogal negro del despacho de la mansión, leyendo con desagrado la noticia que adornaba la página principal de El Profeta. En ella se podía apreciar una foto de Jessica y él saliendo de San Mungo mientras un "Romance entre colegas" en letras grandes rezaba como titular. Sin poder soportar la molestia que le producía cada línea que leía, colocó bruscamente el ejemplar en el escritorio y giró el asiento hasta quedar frente al gran ventanal que le mostraba el invernal paisaje, buscando que aquel gélido panorama enfriara sus pensamientos. Sin embargo, para él era inevitable no imaginarse lanzándole varios crucios a la pajarraca de Skeeter por entrometida, y al maldito de Black por ser el culpable de que su relación con la castaña haya salido a la luz.
No era que le molestara que todos supieran sobre su relación, por supuesto que le encantaba la idea de que todos supieran de la fantástica mujer que estaba a su lado y de que ella era solo suya; el problema era que, al saberse que Jessica significaba algo más en su vida, corría gran peligro. No era ningún secreto de que los mortífagos estaban al acecho de cualquier oportunidad para hacerle pagar su traición y ahora, por culpa del perro sarnoso, ella corría con la misma amenaza.
Con lo sucedido hace dos días sabía que su bruja era perfectamente capaz de defenderse, había demostrado tener un gran poder en sus manos y una gran sabiduría al momento de utilizarlos. No era ignorante de que su pareja era una bruja excepcional pero todavía desconocía hasta qué punto llegaban sus habilidades; pero a pesar de todo esto él no podía dejar de preocuparse, ella era muy importante para él y nunca se perdonaría si algo le pasara, y mucho menos por su culpa.
-Así que ya todos lo saben-
El pelinegro se giró para observar como su castaña estaba sentada frente al escritorio y leía detenidamente la noticia, había estado tan sumergido en sus pensamientos que no se había percatado de la presencia de la chica. Al detallarla se dio cuenta que estaba vestida con un traje de jinete compuesto por una chaqueta azul turquesa y pantalón negro.
Después de unas líneas, a Jessica casi se le salen los ojos de sus cuencas, incrédula de lo publicado en aquel ejemplar. -No puedo creer esto: "No es de extrañarnos queridos lectores que la antigua mano derecha de El Que No Debe Ser Nombrado haya logrado engatusar a su colega, pues es conocido las grandes habilidades del ex profesor en el arte del engaño. Si pudo burlar a un poderoso mago como Quien Usted Sabe, ¿qué podemos esperar de una joven e ingenua como la señorita Rosenbaum?"- leyó sin dejar de lado la sorpresa en su voz. El mago le iba a arrebatar el periódico pero ella lo esquivó a tiempo y negó con el dedo índice. -Y para rematar... después no soy ingenua, soy la malvada que engatusó a Sirius Black para luego hacerlo sufrir con mi desprecio...-
-¡Ya deja de leer esa estupidez!- espetó molesto.
La morena quedó pasmada con la reacción del pelinegro, desde que estaban juntos no le había hablado con desdén. Inhaló y exhaló profundamente para calmarse, pasó la página y comenzó a leer otras noticias.
Severus respiró hondo y se acarició el puente de la nariz. -Lo lamento, Mina, no fue mi intención...-
-Solo... Solo no lo vuelvas a hacer ¿sí?- cortó secamente la joven heredera, a lo que el pocionista asintió incómodo. Al ver que había entendido, ella regresó su atención a la lectura.
-¿Vas a Arthemius?- preguntó el mago con suavidad, tratando de apaciguar la tensión que se había instaurado entre ellos.
-Así es, Dimitri quiere ver como se encuentra Kyana y ponerla a prueba para evaluar sus capacidades- respondió sin despegar la vista de la prensa.
-Considero eso una pérdida de tiempo. La única capacidad que tiene esa bola de escamas con patas es la de sacar de quicio a cualquiera- expresó el mago con sorna.
Jessica lo miró con reproche antes de colocar el periódico en su lugar. -Pues justamente eso dice ella de ti, a excepción de la parte en que eres un murciélago estreñido- replicó con una sonrisa burlona a lo que el mago chasqueó la lengua en un gesto de fastidio y se giró nuevamente hacia el ventanal. -¿Quieres hacer el favor de calmarte?-
-No tenían por qué enterarse de nuestra relación, no ahora que la situación con los mortífagos ha empeorado- explicó el hombre con molestia.
-Tarde o temprano se iban a enterar-
-Hubiese preferido tarde-
Tras un largo suspiro, la morena se levantó de su asiento, se apoyó en el espaldar del sillón principal y abrazó al mago. Severus se sorprendió por un momento pero se dejó hacer. -A veces no todo sale como lo planeamos amor y simplemente nos toca... "disfrutar" de la decepción-
-He "disfrutado" de ella toda mi vida y estoy cansado de ello- espetó con amargura.
-Pero al menos esta vez hay una variante- afirmó la heredera con animosidad. El pelinegro la miró de reojo, esperando a que prosiguiera. -Ahora no estás solo, Severus. Esta vez estoy aquí para soportar los desencantos de la vida contigo-
Él sonrió de lado, tomó ambas manos femeninas y las entrelazó con las suyas, agradeciendo su apoyo. -Ese es el problema. A diferencia de otros tiempos... Ahora tengo algo que perder-
-Confiemos en que todo va a estar bien- le dio un beso en la mejilla. -Vamos a estar bien-
Ministerio de Magia
Cuartel General de Aurores
-Ya retiramos a la prensa del ministerio y el perímetro está asegurado, señor- informó un auror.
El animago suspiró aliviado. -Excelente, Thompson, puedes retirarte-
Tras una inclinación, el auror se retiró.
-Si no fuera porque la prensa también me está acosando, estaría muy dichoso de que la loca de Skeeter haya publicado ese escrito- comentó el ojiazul, pasándose la mano por la cara con cansancio.
-Pues de seguro en estos momentos Snape estará pensado en todas las formas de tortura que podría aplicar en ti porque la culpa de que su relación ahora sea de dominio público recae sobre tus hombros- replicó Harry Potter señalando el diario que tenía en sus manos.
-¡¿Mi culpa?!- exclamó Sirius indignado.
-Sí, tú culpa. ¿Quién fue él que armó tremendo escándalo en el hospital?-
-Era lo que se merecía ese infeliz. Y no me mires así, Harry- advirtió al ver al ojiverde mirarlo acusadoramente. -Además, si te hace feliz, Jessica no quiere verme ni en pintura. Me quedó muy claro después de que me negó la visita ayer a su oficina- explicó con pesar, acomodándose en el respaldar de su silla.
-Pues tiene toda la razón en no querer hablarte Sirius, tu comportamiento dejó mucho que desear-
-Pero...-
-No hay excusa Sirius- lo cortó con calma. -Te recomiendo que dejes pasar el tiempo y esperes a que los ánimos se calmen-
El castaño soltó una gran bocanada de aire, quizás su ahijado tenía razón. -Trataré de no presionarla-
El chico asintió y se levantó. -Debo irme-
-¿A dónde vas?-
-Tengo una reunión con Kingsley dentro de unos minutos, ya sabes, por el ataque en Alstoe. Nos vemos después-
Después de que su ahijado se fuera, el mago quedó pensativo en su asiento.
-Algún día tendrá que hablar conmigo. Por ahora, le daré su espacio. Por ahora-
-¡DESAPAREZCAN DE MI VISTA!- bramó Tamara al entrar al despacho donde su hermano estaba reunido con los líderes de los grupos mortífagos. Mientras el rubio la miraba divertido, los demás solo la miraban aterrados. -¡AHORA!-
Sin tentar más su suerte, los magos salieron con gran velocidad del lugar dejando solos a los hermanos.
-¡¿Se puede saber por qué no fui informada de la reunión?!- preguntó furiosa.
El rubio esbozó una sonrisa burlona. -A ver hermanita, responderé a tu pregunta con otra. ¿Quién perdió una apuesta anteayer?-
Y era en estos momentos que los mortífagos agradecían que su Lady los corriera de la reunión. El rostro de la rubia solo anunciaba muerte a aquellos que estuvieran en su campo visual.
-¡Eso no tiene nada que ver, Darius Beaumont!- estalló la joven acercándose al escritorio donde su gemelo estaba sentado cómodamente. -¡Perdí mi derecho de decisión, no de información!-
El joven se acomodó en el espaldar de su silla y la miró con aburrimiento. Odiaba explicar lo que para él era lo más lógico. -Tú misma lo dices, Tamara, tienes derecho a estar informada, por lo que no le veo ningún sentido que estés en las reuniones cuando puedo comunicarte personalmente todo lo que se está haciendo-
-De igual forma quiero estar presente- masculló su hermana.
-Bien, puedes estar presente- accedió el mago con indiferencia. -Pero recuerda que las órdenes las doy yo, después no salgas con que te sientes humillada o cualquier otra tontería-
Tamara bufó y fijó su vista en el librero. -Maldita la hora en que aposté mi liderazgo- espetó frustrada.
-No Tamy, maldice la hora en que decidiste no hacerme caso y mandaste a esos imbéciles a una misión imposible- replicó con sorna. -Eres tan conocedora como yo de las habilidades y del gran poder que otorga aquel anillo a su portador, y aun así cometiste la estupidez de enviar a unos ineptos a capturar a una bruja con semejante poder y entrenada por el Tridium. Dime hermana ¿se puede saber por qué pensaste esa idiotez?-
-Solo pensaba en que ella no estaba tan preparada como creíamos, pero a la mala entendí que si estábamos acertados. ¡¿Puedes dejar el reproche de una maldita vez?!- exclamó irritada.
Darius sonrió con suficiencia. -El único ganador de todo este desastre fui yo, así que no te preocupes el tema está zanjado-
-Bien- dijo Tamara más tranquila, acostándose en el sofá. -Ahora explícame para que te reuniste con los subordinados-
-Pues luego de tu...- la rubia le dedicó una mirada de advertencia. -Tú misma lo dijiste, necesitamos acelerar el plan. Es por eso que les ordené a los jefes de los grupos buscar cómplices que estén dentro del círculo social de la intercesora para que nos colaboren-
-¿Y crees que sirvan para eso?-
-Por supuesto. Es algo a lo que ya están acostumbrados- respondió con seguridad el ojiazul.
-Eso espero- objetó irónica.
-No te preocupes Tamy- el mago sonrió. -Lo tengo todo calculado-
Lynette Byron caminaba con altivez y elegancia hacia su oficina, sin importarle que ya fuera casi la hora de salida. Había tenido que viajar a Francia el día anterior para solucionar pequeños inconvenientes con algunas propiedades de su padre, no podía darse el lujo de perder ninguna de esas antiguas y cuantiosas reliquias familiares, pero ahora que todo estaba en orden tenía que ponerse al día con sus obligaciones. Estaba por llegar a su destino cuando escuchó a dos de sus asistentes de laboratorio conversando animadamente, iba a reprenderlas por perder el tiempo pero, al escuchar Snape en su charla, se escondió cerca de ellas.
-Es un chisme bastante jugoso el que consiguió Skeeter. Quien iba pensar que el profesor Snape, con lo amargado que es, tenía novia- comentó una de ellas.
-Corrección Lore, la pregunta principal es ¿Que le vio ella a él? Su Excelencia es linda, de buena posición, podía tener al mago que quisiera. Sirius Black por ejemplo, ese hombre está lamiendo el piso por ella y ni caso le hace. Pobrecito-
-Sí, y tan guapo que está. Bueno si ella no lo quiere, que me lo regale-
Ambas comenzaron a reírse y siguieron con su chismorreo, pero la rubia ya no estaba. No había querido seguir escuchando y se dirigía a su oficina como alma que lleva el diablo.
Con ansiedad, tomó el ejemplar de El Profeta que estaba en su correspondencia y comenzó a leerlo con rapidez, devorando cada palabra impresa. Y su furia fue en aumento al ver aquella foto en donde se podía apreciar que la reportera no estaba en su error. Al terminar, le dio una fuerte patada a la silla que estaba a su lado.
-¡¿Cómo fui tan estúpida?!- bramó Lynette lanzando el periódico a algún lugar de la oficina y afincando ambas manos en el escritorio. -Ellos trabajan juntos y la desgraciada aprovechó ese tiempo para engatusarlo ¡cómo no me di cuenta!- vociferó a la vez que lanzaba todo lo que estaba en el mueble al piso.
-Mistress Byron ¿Está usted bien?- preguntó uno de los trabajadores al otro lado de la puerta.
-¡NO QUIERO QUE NADIE ME MOLESTE, LÁRGATE!- gritó desde su sitio.
Lo próximo que se escuchó fue el silencio que dejó la partida inmediata del asistente.
Con los ojos inyectados de odio y con la rabia a flor de piel siseó. -Esa estúpida se va a enterar quien es Lynette Byron. Nadie se mete en mi camino y vive para contarlo, y Rosenbaum no va a ser la excepción. Eso lo juro-
