Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
"Esto no me puede estar pasando a mí" pensaba Severus una y otra vez mientras transitaba por el abarrotado atrio del Ministerio. Traía un humor de perros, por lo que no se dignó a ver ni a saludar a nadie a su paso y se adentró en el ascensor, maldiciendo la lentitud de éste cuando tenía prisa por llegar al quinto piso. Raudo y firme, salió del elevador en dirección a la gran oficina que se encontraba al final de aquel impoluto pasillo. Sin importarle las advertencias de la secretaria entró intransigente a la elegante estancia donde Draco Malfoy lo miró intrigado desde su escritorio.
-De todas las posibles visitas que tenía en mente para hoy, la tuya definitivamente no era una de ellas- habló el rubio con una sonrisa pícara. -Puedes retirarte Elena y que nadie nos moleste-
La secretaria asintió y se retiró con una inclinación.
-¿Viniste con chocolates?- exclamó el joven con ironía.
-No estoy de humor para tus estupideces, Draco- gruñó el pelinegro mientras se sentaba en una de las sillas frente al escritorio. -No estoy aquí por gusto-
-¿Ah sí?- el rubio elevó ambas cejas. -¿Y se puede saber el motivo por el cual Severus Snape se encuentra en mi oficina en contra de su voluntad?- inquirió divertido.
Severus inhaló y exhaló varias veces antes de responder en un murmullo, mirando sus zapatos con mucho interés. -Necesito... Necesito que me ayudes-
-¿Qué?- inquirió Draco fingiendo no haberle escuchado bien.
-¡Qué necesito tu ayuda maldita sea!- le gritó molesto. Ese era el motivo de su irritación, aquella frase patética. Él, el ex espía y mortífago Severus Snape, pidiendo ayuda al menor de la generación rubios-oxigenados-Malfoy. ¿Cómo había pasado tal aberración? Ah cierto, por imbécil y olvidadizo.
-¿Mi ayuda?- Draco sonrió malicioso. -¿A qué clase de ayuda te refieres?-
El pocionista se masajeó el puente de la nariz. "¿Por qué no me cae un rayo de una vez?"
-¿Tan malo es?-
-Se... Se me olvido que... que hoy es San Valentín-
El ojigris abrió los ojos desmesuradamente unos segundos para luego partirse de la risa.
-¡Deja de reírte idiota!- espetó el hombre fulminándolo con la mirada.
-No puedo creer lo que acabo de escuchar- Dijo Draco con voz entrecortada. -¡Severus Snape preocupado por el día de San Valentín!- y continuó riéndose. -No Snape ¡Espera!- exclamó al ver a su padrino levantarse con brusquedad de su asiento y dirigirse hacia la puerta completamente cabreado. -¿Cómo quieres que te ayude si te vas sin explicarme el problema?-
El ex mortífago se giró con rapidez. -Se lo explicaré a otra persona que no sea un subnormal- siseó peligrosamente.
-Ya, tranquilo. Te voy a ayudar- dijo Malfoy levantando las manos en son de paz. -Además ¿A quién más vas a recurrir?-
El hombre maldijo internamente, el tarado de su ahijado tenía razón. Lucius no era opción y Narcissa... un escalofrío recorrió el cuerpo del mago. Sin contar que ya se había humillado frente a él. ¿Sería capaz de humillarse dos veces? ¡Por supuesto que no! Tras bufar como un toro, regresó a donde estaba.
*Flashback*
-Severus, es hora de levantarnos-
-Y yo ya te dije que no-
-¡Tenemos asuntos pendientes que atender! ¿No eres tú quien siempre habla de la importancia de la responsabilidad?-
-No me importa, ya te dije que no- le repitió Severus, sosteniendo aquel delicado cuerpo debajo del suyo y sujetaba con firmeza las manos de la chica en la cabecera de la cama.
-Pero amor...-
-Pero nada- el pelinegro comenzó a frotar su erección cubierta por el bóxer en el centro de la morena, haciéndola gemir audiblemente. Acercó sus labios al lóbulo de su oreja, mordiéndolo y besándolo a placer. -Como pudiste notar, tienes asuntos más importantes que atender en este momento- susurró con voz ronca por la excitación.
-¿Y no piensas dejar nada para esta noche especial?- jadeó la joven mirándolo con picardía.
El pelinegro la miró intrigado. -¿Noche especial?-
-Claro, al ser Día de San Valentín, esta noche es especial. Y más aún porque es nuestro primer San Valentín-
"¿Hoy es San Valentín?" Pensó, dándose mentalmente un palmazo en la frente. Sin darse cuenta le había soltado las manos.
-¿Tienes algún plan en mente?- preguntó la morena con entusiasmo mientras acariciaba distraídamente las oscuras hebras del mago.
"Mierda, estoy jodido"
Desde joven odiaba esa fecha, parecía que la vida le tenía un día especial para recordarle que él no merecía estar con alguien. Además de que lo consideraba un día para la cursilería y eso, obviamente, no iba con él; en consecuencia, no sabía ser romántico ni nada por el estilo. Pero ahora la realidad y las circunstancias eran distintas ¡Tenía pareja! Y para rematar, que se le hubiera olvidado por completo aquella condenada fecha y que no tuviera algo preparado para ella no era algo que lo favoreciera en lo que se definiría como "buen novio".
-¿Pasa algo?-
La pregunta de Jessica lo sacó de su ensimismamiento, y la observó confundido.
-No. Solo... pensaba en los últimos detalles que me faltan para la sorpresa de esta noche- respondió el mago con la seguridad de siempre, aunque internamente estuviera hecho bolas.
Un brillo de emoción se instauró en aquellas orbes castañas. -¡Fantástico! Dime ¿qué tienes planeado?-
-Ya te dije que es sorpresa. No quieres arruinar el momento ¿o sí?- "Mentiroso" se burlaba su conciencia.
-Bueno está bien, tú ganas. Esperaré hasta la noche- le dio un piquito en los labios, lo apartó de ella y se levantó en dirección al baño. -Apúrate que se nos va a ser tarde para la reunión- y cerró la puerta tras de sí.
Entretanto se escuchaba de fondo el sonido del agua caer al piso de la ducha, Severus se recostó pensativo en la suave cama. "¿Y ahora como arreglo este desastre?"
"Pues ya te jodiste, le tienes que cumplir"
"Cállate conciencia traidora"
"Yo solo digo la verdad, a fin de cuentas soy tú. Idiota"
"Tienes razón, eres un idiota"
"Bah, da igual que me insultes, de todas forma estas jodido. Su primer San Valentín arruinado por tu culpa murciélago despistado"
-Doble mierda- se dijo a sí mismo, aquel mequetrefe que tenía por conciencia tenía razón. Aquel no era solo su primer San Valentín como pareja, también era el primer San Valentín que celebraban ambos; y lo sabía porque, por más que le disgustase, ella le había confesado que había tenido solo dos relaciones anteriores a él, y ninguna había coincidido con aquel festejo. Seguramente la ilusión de su bruja era mayor por este hecho.
"¿Qué hago ahora?" se preguntaba una y otra vez mientras trataba de prestarle atención a lo que hablaban los eruditos en aquella asamblea. Jessica estaba al pendiente de la reunión, pero de vez en cuando lo miraba con una gran sonrisa, ilusionada por la supuesta sorpresa que él tenía. "¡Maldita la hora en que se me olvido esa condenada fecha! De haberme acordado antes, le hubiese pedido ayuda a Draco" Y allí fue cuando se dio cuenta de que todo no estaba perdido, aún estaba a tiempo de remediar el desastre.
*Fin Flashback*
-Después de eso, ella se dirigió para acá mientras yo arreglaba unos asuntos en el Consejo. Y ahora heme aquí-
-Ah ahora entiendo tu desesperación- habló Draco después de escuchar la explicación (obviando algunos detalles por supuesto) de su padrino. -Necesitas algo verdaderamente asombroso para fundamentar tu sorpresa-
-No me digas- dijo Severus con ironía.
-No deberías fastidiar a quien le estas pidiendo ayuda- el rubio lo miraba con fingido reproche, Severus solo bufó. -Y para que veas lo benevolente que soy, te voy a ayudar. Es más, ya tengo el plan perfecto para ti-
El hombre enarcó una ceja. -¿Tan rápido?- inquirió incrédulo.
-Las ventajas de que tu pareja sea mi amiga- respondió con una sonrisa sobrada.
-¿Y qué tienes en mente?-
La sonrisa del chico se hizo mayor. -¿Has escuchado del "Olympe Parisien"?
Jessica leía una y otra vez los documentos que tenía en sus manos y aun así no podía retener nada de la información que estaba plasmada allí. Por más que quería quitarle importancia al asunto, la realidad era que no podía. Todavía le costaba creer que Severus quisiera celebrar San Valentín.
Ella sabía que él no era un hombre "cursi" ni nada de eso, y hasta podría jurar que él odiaba esa fecha. ¿En serio su relación lo había afectado de tal forma? Porque, ella jamás lo presionaría a hacer algo que él no quisiera, aún si quedara desilusionada. Pero increíblemente, él ya tenía algo planeado para ese día. Se echó a reír, no podía imaginarse a un Severus más romántico. Sus pensamientos fueron interrumpidos por varios toques en la puerta.
-Adelante-
-Disculpe Excelencia, le llegó esta correspondencia-
-Gracias, Martha- agradeció mientras tomaba la misiva en sus manos.
Tras una pequeña inclinación, la bruja mayor se retiró.
Con mucha curiosidad, la morena abrió el sobre y sacó la pequeña nota que contenía la pulcra letra del pocionista.
"La nota es un traslador, se activará a las 8 pm. Vístete elegante y abrigada.
S.S"
Jessica no podía creer lo que acaba de leer por lo que la ojeó nuevamente, aumentando cada vez su curiosidad. "¿Qué tendrá planeado?" Miró el reloj de pared, ya era la hora de salida, debía apurarse para estar lista a tiempo. Con una gran sonrisa y con el corazón acelerado, recogió sus pertenencias y se dirigió a la mansión.
Ni bien el reloj había marcado las ocho cuando el traslador se había activado y la había arrastrado hasta... ¿Hasta dónde la había llevado?
Miró con detalle su entorno para reconocer el lugar y, mientras más observaba la gran estructura de hierro que estaba a su alrededor, su asombro era mayor. Aún incrédula, se dirigió al barandal más cercano, esbozando una alegre sonrisa a ver la ciudad que estaba debajo de ella.
-¡Por Merlín, estoy en París!-
-Acertaste-
La morena se volteó con rapidez, fijando sus castaños ojos en el pelinegro que estaba a unos metros de ella. Lucía gallardo y elegante con aquel paletot negro, y aquella sonrisa torcida solo lo hacía ver más atractivo de lo que ya estaba. Con una gran sonrisa corrió hacia el mago y lo abrazó por el cuello.
-¡No puedo creerlo, Severus! Es maravilloso-
El mago sonrió satisfecho al ver que la idea de su ahijado había funcionado. Al separarse de ella le tendió una cristalina flor. -Me alegro de que te haya gustado la primera parte de la sorpresa-
Jessica lo miró sorprendida. -¿La primera parte?- inquirió mientras tomaba gustosa su flor favorita.
-Así es, y ya es hora de la segunda parte- el mago le tendió su brazo a la castaña. -¿Me concede el honor de acompañarme, señorita?-
La morena sonrió divertida. -Por supuesto noble caballero- respondió mientras entrelazaba su brazo con el brazo del hombre y ambos entraron en el ascensor que guiaba al tercer nivel de la torre. Al estar solos, el ex profesor sacó con disimulo su varita, murmuró un encantamiento para neutralizar las cámaras de seguridad y luego acercó la varita al panel de control.
-Olympe Parisien-
El panel resplandeció con una luz dorada y enseguida el ascensor se puso en movimiento.
Jessica estaba por preguntarle a donde se dirigían cuando el ascensor se detuvo entre el segundo y tercer nivel de la Torre Eiffel. Al abrirse las puertas quedó a la vista un lujoso pasillo iluminado por una gran lámpara de araña cristalina y decorado con paredes de color amarillo crema. Al llegar al final se encontraba una doble puerta abierta de par en par donde el Maêtre recibía a los clientes.
-Bienvenidos al Restaurant Olympe Parisien- Saludó el encargado en francés. -¿Tienen reservación?-
-Sí, a nombre de Severus Snape- respondió el pocionista en el mismo lenguaje, acción que sorprendió gratamente a la castaña.
Después de revisar la lista el camarero asintió en confirmación y chasqueó los dedos para invocar a un elfo doméstico.
-Bienvenidos señores, mi nombre es Flox y seré su servidor esta noche. Sus abrigos por favor- expresó el elfo cortésmente.
El ex profesor quedó con un costoso traje negro de camisa blanca, y después ayudó a la morena a quitarse la abrigadora prenda, revelando un hermoso vestido azul rey de una manga corta, la parte baja constaba de una falda ceñida al cuerpo que le llegaba a la rodilla y que comenzaba con un cinturón de hojas plateadas, todo esto combinado con unas zapatillas y accesorios del mismo color metálico.
-Estás hermosa- le dijo al oído mientras colocaba una de las manos en la parte baja de su espalda y la guiaba a la mesa que les había indicado el elfo. Su agarre fue mayor al ver las lascivas miradas que provocaba su bruja al pasar. "Ya me encargaré de que no use ese vestido otra vez"
Después de tomar asiento, la criatura hizo aparecer frente a ellos dos copas de vino de sauco. -Es cortesía de la casa. Dentro de unos minutos vendré a tomar sus órdenes- y sin más se retiró.
Jessica aprovechó la retirada del elfo y miró maravillada el lugar. Las paredes del lugar eran de cristal, proporcionándoles a los clientes una perfecta vista panorámica de la capital francesa. Las mesas eran ocupadas por vajillas de la más fina porcelana y cubiertos de la más pura plata. La iluminación era tenue gracias a las lámparas en forma de flor que se encontraban como centros de mesa y el ambiente era inundado por una suave música de fondo. Imposible decir que no era un restaurante exclusivo y de lujo.
-Este lugar es impresionante- susurró la morena observando el sitio. -¿Cómo supiste de él?-
-Draco me lo sugirió- respondió el mago mientras le daba un sorbo a su copa. -Es un restaurante establecido para atender exclusivamente a la crema y nata de la sociedad mágica- comentó con sorna.
-¿No habías venido antes?- Severus negó con la cabeza. -Entonces, si no habías venido a este lugar con anterioridad, ¿Cómo lograste que te cedieran una mesa justamente hoy?- la bruja estaba intrigada. -No hay que ser experto en Adivinación para saber que solo los clientes más exclusivos tendrían el "privilegio" de tener una reservación en la noche de San Valentín- dijo mientras señalaba disimuladamente a las parejas que habían a su alrededor.
Severus sonrió presuntuoso. -Digamos que ser guardianes del Consejo y tener una cantidad considerable de galeones tiene sus ventajas-
La morena soltó una risotada, eso era de esperarse en él. -Entonces brindemos por la buena fama- ironizó mientras alzaba su copa. El hombre aceptó el brindis con satisfacción, a lo que ella negó riéndose.
Flox apareció nuevamente, y con un chasquido la carta ya estaba frente a ellos.
-¿Los señores que desean ordenar?-
-Para mí un paupiette en salsa carbonara, acompañado de tallarines de calabacín- respondió el mago.
-Pues yo elijo la Fricassé de ternera al Vermouth acompañado de una Ensalada Rouerge- pidió Jessica en un fluido francés.
-¿Algún vino en especial?-
-El mejor vino tinto que tengan-
-Bien, sus órdenes aparecerán dentro unos minutos. Buen apetito- tras una reverencia el elfo desapareció.
Severus fijó su mirada en aquellos ojos castaños que lo tenían loco. Adoraba perderse en ellos, en la calidez que transmitían, pero lo que más le encantaba era cerciorarse que su atención estaba puesta en él. Por Salazar, aquella castaña se había convertido en su máxima necesidad, ahora no podía imaginarse la vida sin ella. Después de tantos sin sabores, al fin la vida tomaba algún sentido y le daba un poco de dicha a su maltrecha alma. Sonrió internamente al verla entrelazar su mano con la suya y esbozar una de sus radiantes sonrisas.
-Gracias- le dijo con voz alegre, el pelinegro la miró interrogante. -Gracias por darme esta linda sorpresa. Sé que no debió ser muy cómodo para ti preparar esta velada ya que no te gustan los sentimentalismo y todo eso. Pero no te imaginas lo dichosa que estoy al saber que eres capaz de tomar estos retos por nuestra relación. Te amo, Severus-
-Yo también te amo princesa- le besó caballerosamente el dorso de la mano.
Y tal como lo dijo Flox, la comida apareció momentos después. Comieron en total silencio, disfrutando de la exquisita comida, pero sus miradas hablaban por si solas. Se transmitían lo complacidos que estaban porque su "noche especial" estuviera saliendo a las mil maravillas a la vez que compartían cierta atmósfera erótica, se sentían ansiosos por terminar su festividad con broche de oro. Después de haber culminado, al cabo de unos minutos, un bailable instrumental comenzó a sonar.
-¿Me permites esta pieza?- preguntó Severus al colocarse al lado de la heredera y extenderle su mano. Jessica aceptó gustosa y ambos se dirigieron a la pista de baile, moviéndose al compás de la música y con sus cuerpos posicionados en una cercanía tentadora. Después de algunos pasos y vueltas, la chica dirigió su vista a una de las esquinas del local, percatándose de la presencia de un hombre de unos 46 años, cabello largo rubio, ojos verdes, y bien parecido en el restaurante, acompañado de una despampanante pelirroja.
-¿Dupont?-
Severus fijó su vista en la misma dirección que su bruja y comprobó que tenía razón. Aquella versión barata de Lockhart estaba allí. Una idea maliciosa se instaló en su aguda mente, ese charlatán le debía una y era hora de cobrársela. Con altivez y tomando a la castaña de la mano se dirigió a la mesa donde estaba el pocionista francés.
-De todas las personas que sospechaba encontrarme en este lugar, jamás pensé que podía encontrarme contigo, Dupont-
-Lo mismo digo, Snape- espetó el francés para luego dirigirse con una sonrisa a la intercesora. -Bonne nuit mademoiselle Rosenbaum-
-Bonne nuit monsieur Dupont- respondió la morena con amabilidad. -¿Cómo le ha ido?-
-Muy bien, con muchas investigaciones- respondió con presunción. -Menos mal que no obtuve el puesto, muchos colegas e investigadores han requerido de mi total ayuda-
"Idiota" Severus bufó mentalmente, ahora más que nunca llevaría a cabo la pequeña... travesura que se traía entre manos.
-Por supuesto, tu ajetreada agenda no debe compararse a la tranquilidad y armonía que se respira en el lugar de trabajo del Tridium. Sin contar que las investigaciones que se realizan en el Consejo no se comparan a las grandes indagaciones que tú realizas- el rubio asintió engreído mientras le daba un sorbo a su bebida. -Ejemplo de ello es tu investigación sobre la mejora para la Poción Pimentónica, ni mi investigación para la mejora de la Poción Matalobos puede superarlo-
Dupont escupió el vino en la cara de la pelirroja, quien gritó asqueada y se levantó molesta de la mesa en dirección al baño.
-¿Qué acabas de decir?- preguntó el francés sin importarle lo ocurrido con la chica.
-Como escuchaste, voy a mejorar la Poción matalobos- Severus lo miraba divertido. -Voy a hacer que la poción anule la maldición cada luna llena, lo cual significaría la desaparición transitoria de la transformación y que, quien lo beba, lleve una vida normal- explicó orgulloso.
-Eso... eso es imposible- el rubio estaba molesto. -¡Esa poción no tiene más mejoras!-
El ex profesor sonrió maliciosamente. -Las ventajas de ser un guardián del Tridium: tener conocimiento antiguo a la mano, las posibilidades de mejorar y crear pociones que nadie consideraría por sus complicaciones... en fin, tu entiendes. De todas formas es solo una investigación, a diferencia de ti que tienes varias ¿no es así?- el francés lo fulminó con la mirada. -Hasta luego Dupont-
Y con aire victorioso, Snape se dio vuelta hacia su mesa con su compañera.
-¿Qué pasa?- preguntó el pelinegro al ver que Jessica estaba seria.
-¿Era necesario que le restregaras en su cara tu investigación?-
-Por supuesto- las copas se llenaron mágicamente, el pelinegro le dio un sorbo a su copa. -Él se regocijó diciendo que no había ganado la selección porque él así lo había querido al darse cuenta de que el puesto era "aburrido". Yo solo le di una muestra de lo "aburrido" que es mi trabajo- sonrió con suficiencia.
La morena suspiró, eso era algo que nunca iba a cambiar. -Mejor... dejémoslo así. La noche ha sido fantástica como para arruinarla con esta situación-
-Me parece bien- concordó Severus tomándola de la mano y plantándole un beso en la muñeca, produciendo un leve estremecimiento en el cuerpo de la joven.
-Disculpen- el elfo estaba frente a ellos. -¿Desean ordenar algún postre?-
Ahora la malicia tomó posesión de la mente de la chica, cruzándosele un pícaro pensamiento. -Quiero una copa de helado de chocolate y vainilla-
-¿Y usted señor?- el mago negó con la cabeza. -Bien- Flox chasqueó los dedos y al instante apareció frente a la chica su pedido. -Buen provecho- y nuevamente desapareció.
Jessica tomó con mesura una cucharada de su postre y se lo llevó a la boca, gimiendo de gusto al sentir la placentera combinación del intenso chocolate y la sutil vainilla en su paladar.
-Simplemente exquisito- exclamó gustosa y le dio otra cucharada.
Severus estaba hipnotizado con el disfrute de su castaña. La forma en que gemía cada vez que llevaba una porción a su boca, su satisfecha expresión al sentir aquellos sabores en su paladar, como limpiaba sugestivamente su labio inferior con su lengua mientras lo observaba con aquella conocida mirada traviesa...
-¿Se puede saber que estás haciendo?- inquirió el mago al sentir como la castaña estaba acariciando con el pie su pierna.
-Yo nada- respondió con fingida inocencia. -¿Y tú?-
El hombre se sobresaltó al sentir como ahora aquel fino pie acariciaba su semierección.
-Estás jugando con fuego hechicera- advirtió con la voz ronca.
-Pero si yo no estoy haciendo nada malo- La joven sonrió juguetona y lamió provocativa los restos de helado que quedaba en la cuchara, sin dejar de acariciar el bulto que estaba luchando por salir de aquella prisión que eran sus pantalones.
Severus se levantó con brusquedad y se dirigió a donde estaba el maêtre, al cabo de unos minutos regresó por ella, llevándosela casi a rastras del lugar.
-Es hora de que pagues tu descaro, bruja atrevida-
La morena se dejó llevar gustosa, carcajeándose por la evidente excitación del mago. Estaba complacida, había logrado su objetivo.
Ni bien se habían aparecido en el salón cuando comenzaron a besarse apasionadamente, devorándose los labios como si hubiesen pasado muchos años desde el último beso compartido. Después de algunos pequeños traspiés y sin dejar de besarse, Severus logró acomodarse en el sofá, sentando a la castaña en su regazo y quedando a horcajadas sobre él.
-¿Desesperada?- preguntó con sorna al separarse por la falta de aire.
-Tú estás igual que yo, así que no te hagas- replicó Jessica con voz entrecortada.
-¿Ah sí? ¿Y quién lo dice?-
Un gruñido salió del mago al sentir como la castaña frotaba su centro con su más que notable erección.
-Tu amigo lo confirma - gimió la chica en su oreja, mordiéndola con suavidad. Esa acción solo hizo que Severus la sujetara con más fuerza de la cintura y elevara su cadera para intensificar el roce. El deseo acumulado durante la cena los estaba consumiendo, sus respiraciones se volvieron erráticas y sus corazones galopaban a gran velocidad.
-Pídemelo hechicera, quiero oírte- susurró el ex mortífago con los labios pegados a su cuello y acariciando sus muslos.
-Sev... Severus- jadeó hipnotizada por las intensas sensaciones.
-Hazlo- ordenó mordiéndole el lóbulo de su oreja.
La morena lo miró con los ojos entrecerrados, nublados por el más profundo deseo. -Hazme tuya, Sev- sollozó ella. -Ya no aguanto más, te quiero dentro de mí-
-Así me gusta- el pelinegro sonrió juguetón, y con una elegante floritura de su varita ambos quedaron desnudos.
Severus jamás se cansaría de admirar el cuerpo de su bruja, además de que tenerla encima de él, acariciándolo con aquella mirada lasciva, sus sexos a centímetros de fusionarse, sus pechos subiendo y bajando por su agitada respiración... ¡Por Merlín! Su excitación aumentaba cada vez más si es que podía.
Jessica gimió de satisfacción al sentir como aquel vigoroso y más que listo miembro se deslizaba en su húmedo interior a la vez que él capturaba unos de sus firmes pezones en su boca. Inició con un vaivén pausado, disfrutando el delicioso calor que recorría su cuerpo al sentirse por fin poseída por su hombre. Poco a poco sus movimientos pasaron a ser frenéticos, sus cuerpos estaban sudorosos y los gemidos iban en aumento.
En aquel despacho solo podía respirarse placer y sensualidad, mientras los gemidos y el sonido de sus cuerpos al encontrarse funcionaban en una perfecta sinfonía de fondo.
-Severus... Estoy tan cerca- jadeó entrecortada. -Quiero más-
El mago hizo un rápido movimiento y, sin salirse de ella, la acostó en el sofá y se colocó encima, embistiéndola con mayor facilidad y rapidez.
Los gemidos de la castaña se transformaron en gritos al sentir como todas las sensaciones de su cuerpo se concentraban intensamente en su parte baja, y casi al instante se dejó arrastrar por el tan ansiado clímax, gritando el nombre de su amado. Severus, al percibir como los músculos vaginales se contraían deliciosamente alrededor de su miembro, no pudo aguantar más y se corrió con un fuerte rugido.
El hombre se acomodó como pudo a su lado para no aplastarla con su peso y la acomodó en su pecho. Buscó a tientas su varita en la mesita que estaba al lado del acolchonado mueble y transformó su abrigo en una cómoda manta.
-Creo que ya entiendo porque a muchos le gusta San Valentín, sobre todo el final- comentó Jessica con una risita después de unos minutos de recuperación.
-¿Por qué se desesperan y terminan follando en el sofá? ¡Auch!- se quejó por el pellizco que le dio la castaña.
-No lo digas de esa forma, pareciera como si hubiese sido en contra de tu voluntad-
-Prácticamente me violaste- dijo burlón. -¡Oye, deja de hacer eso!- exclamó al sentir otro pellizco.
-Entonces deja de decir tonterías y vamos a descansar-
Severus la miró socarrón. -¿Y quién te dijo que vamos a dormir esta noche?-
Totalmente sonrojada, Jessica enarcó una ceja y lo miró suspicaz. -¿A qué te refieres?-
El mago metió su mano por debajo de la manta y con mesura acarició uno de sus senos, haciéndola jadear.
-Me refiero a que quiero mi recompensa por haber hecho bien mi parte "romántica"-
-¿Y el pago es inmediato o en cómodas cuotas?- preguntó la castaña con una sonrisa pícara.
El mago se acomodó nuevamente sobre ella, penetrando lentamente su húmeda vagina. -En cómodas cuotas... Pero que se tienen que pagar esta misma noche- y la besó apasionadamente, comenzando una de las muchas veces que se amaron aquella noche de 14 de febrero.
