Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.


Marzo del año 2000

Grimmauld Place nro. 12

-Ha transcurrido un mes desde el último ataque de los mortífagos en las cercanías de Sutherland y desde entonces no hemos tenido noticias de ellos o de su paradero. Pareciera que se los hubiese tragado la tierra- comentó Harry Potter en la reunión mensual de la Orden de Fénix.

- ¿No ha habido ningún ataque desde entonces? ¿Nada? - preguntó McGonagall, sorprendida por la noticia.

-Nada Minerva y créeme, todos estamos tan desconcertados como tú- respondió Kingsley leyendo los informes de algunos miembros de la orden que confirmaban la noticia.

-Entonces quiere decir que... ¿se fueron? - Preguntó Bill

-Tantos ataques y desapariciones ¿por nada? Yo no lo creo- expresó Ron con rostro cansado, acababa de regresar de una misión.

-Pienso igual que Ron, tanto alboroto no es por nada. Su silencio debe de ser porque traman algo que requiere de total discreción- comentó Hermione, mirando pensativa su taza de té.

-Esa es la teoría que se maneja, la pregunta es ¿Qué traman? - intervino Sirius dándole un sorbo a su whisky del fuego.

- ¿O cuánto tiempo más durará la recesión? - agregó el patriarca de los Weasley a lo que el castaño asintió.

-Buenas noches a todos- Saludó Jessica al entrar en el salón.

"Al fin llegó" pensó aliviado Sirius al verla llegar. Pero su alivio duró poco al ver a Snape entrar detrás de ella.

En los meses que transcurrieron después de su conversación con su ahijado, Sirius había tratado de no molestarla lo máximo posible. Pero de igual forma Jessica lo había estado evitando y trataba de pasar el menor tiempo posible en el ministerio. Inclusive, evitaba las reuniones en donde él estuviera presente, pero en esta ocasión fue inevitable ya que su presencia era necesaria. Aprovecharía su asistencia para llevar a cabo la sugerencia de Ginny: hacer las paces. Si él quería convencer a la joven de que había cometido un error, lo primero que tenía que hacer era regresar a la antigua relación de amistad que tenían, y fortalecerla hasta llegar al punto de tenerse plena confianza para así quitarle la venda de los ojos que aquel murciélago cobarde le había puesto.

-Qué bueno que pudiste venir, Jessica, y bienvenido nuevamente Snape, por favor tomen asiento- comentó Harry señalando los dos puestos reservados entre Shacklebolt y McGonagall. -Estábamos comentando sobre la inactividad de los mortífagos en el último mes-

-Severus ya me ha informado sobre ello y es por eso que decidí venir porque... hay una incertidumbre que quisiera compartir con ustedes- dijo la intercesora con seriedad.

- ¿Incertidumbre? ¿De qué se trata? - inquirió preocupado el ministro.

-Comencemos con una pregunta para ver si llevo bien la cuenta ¿Hasta cuanto llegó el número de víctimas de "muertes especiales" desde el último ataque? -

-Desde el último ataque, lastimosamente el registro llegó con exactitud a las cien víctimas ¿Por qué lo preguntas? - preguntó Harry desconcertado.

-Pregunto porque esa cantidad... es peligrosa en estos momentos- todos miraron interrogantes a la castaña, por lo que prosiguió mirando directamente a Harry. -Les dije anteriormente que los conocimientos que tenían los mortífagos sobre los Koriak pasaba de lo básico, pero que no sabíamos hasta qué extremo ¿lo recuerdas? - el auror asintió. -Pues al parecer los mortífagos tienen en su poder absolutamente todos los conocimientos de este grupo en sus manos, y lo más desconcertante es que es imposible, ya que ese conocimiento supuestamente murió el mismo día que eliminaron al grupo-

- ¿Y por qué llegaste a esa conclusión entonces? -

La morena adoptó una expresión de confidencialidad. -Porque antiguamente había el rumor de que cuando los Koriak obtenían la magia de cien almas, era para utilizar sus conocimientos sobre la... Necromancia-

- ¿Necromancia? ¿Qué es eso? - preguntó Ginny.

-La Necromancia o nigromancia, señorita Weasley, es la magia del mundo de los muertos. Con esta magia, una persona puede resucitar a los muertos, esclavizar los espíritus de los difuntos y sobre todo aprender a dominar a la muerte para alcanzar la inmortalidad- explicó Severus con su característica seriedad.

Los demás se miraron sorprendidos y a la vez preocupados.

- ¿Y específicamente que pueden hacer ellos con ese conocimiento? - Inquirió McGonagall intrigada.

-Esa es mi incertidumbre. Los Koriakos desarrollaron la nigromancia a niveles insospechados y cuando planeaban algo de mayores magnitudes, absorbían la magia de cien almas. Y esta repentina calma por parte de los mortífagos en el último mes da mucho en que pensar, pero más que nada en que si ya cumplieron su cometido o no- expresó la heredera con frustración.

-Y el no saber que tenían o tienen planeado es peor. ¡Maldición! - exclamó Sirius dando un golpe en la mesa.

- ¿Y no tendrá algo que ver lo que dijo Mulciber el día de la emboscada? - preguntó Harry.

-Es cierto, ese desgraciado mencionó que tenía un objetivo antes de marcharse- dijo Ron pensativo.

-Cuando estuvo en la entrada de la cueva no tenía nada relevante en sus manos y los mortífagos tampoco- comentó el animago.

-Y en sus restos tampoco se encontró nada importante- agregó Shacklebolt.

-Quizás lo que tenían planeado lo iban a ejecutar después de... eliminarlos- argumentó el gemelo a lo que el pocionista bufó molesto, no le gustaba recordar ese detalle.

-Puede ser- murmuró Harry.

- ¿Y si lo que pretenden es regresar a Voldemort a la vida? - comentó Bill en tono analítico, provocando un profundo silencio en la sala.

- ¿Eso... puede ser posible? - preguntó la matriarca de los Weasley en un hilo de voz, aterrada por la idea.

-No lo creo. Tengo entendido de que Voldemort creó horrocruxes para conseguir la inmortalidad, transformándose a su vez en un ser incompleto. Y si eso es así, la necromancia no les va a servir de mucho ya que ese tipo de seres son enviados a un lugar difícil de llegar, destinados al exilio eterno-

-El limbo- comentó Hermione a lo que Jessica asintió.

-Al menos es un consuelo saber que eso no es lo que tienen planeado- dijo George con un suspiro de alivio.

-Sí, pero seguimos en el mismo punto- replicó el patriarca de los Weasley.

-Y eso me recuerda que hay otra situación por notificar- los presentes dirigieron su atención al pocionista. -Se recibió una notificación por parte del Tridium, exigiendo respuesta inmediata sobre los atentados a sus fronteras. Si esta situación no se acaba pronto, el mundo mágico va a tener serios problemas con ellos, y por consiguiente el ministerio va a tener inconvenientes diplomáticos con los demás países- dijo con impasibilidad.

-Y supongo que a ti no te preocupa porque no habrá represalias contigo si eso pasa ¿no es así, Snape? - espetó furioso el animago, fulminando con la mirada al pelinegro.

-Agradecería que no empieces con la invectiva de siempre, Sirius- dijo cortante la castaña. -Se está tratando un tema de importancia para estar perdiendo el tiempo en discusiones inmaduras-

"¿Discusiones inmaduras?" pensó Black furioso. Estaba por contestarle cuando desvió la mirada hacia la joven pelirroja y ésta sólo negó con la cabeza, dándole a entender que era mejor no replicar. Respiró profundo, se mordió la lengua hasta casi hacerla sangrar y asintió a la castaña para darle la razón.

-Volviendo al tema- intervino Harry. -Debemos buscar toda la ayuda posible para encontrar el escondite de los mortífagos. Es por eso que tendremos que... solicitar ayuda a todas las criaturas mágicas posibles-

- ¿Sabes lo que estás pidiendo, Harry? - preguntó Ron. -El Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas ha logrado hacer acuerdos y restaurar relaciones con algunas criaturas, pero esos grupos son seres de nivel básico. Y la ayuda que requerimos tenemos que solicitarla a grupos de un nivel más... superior-

-Lo sé y es por eso que tendremos que intervenir en el trabajo de ese departamento Ron. A pesar de las diferencias y la desconfianza que podamos tener entre magos y criaturas, todos queremos vivir en paz. Solo hay que saber llegar a ellos- dijo el ojiverde esperanzado.

-Harry tiene razón, vale la pena intentarlo. De igual forma no hay nada que perder ¿o sí? - opinó Luna con aire soñador, obteniendo la aprobación de los miembros.

-Me parece buena idea. ¿Contamos con tu ayuda, Severus? - preguntó McGonagall, haciendo que los demás fijarán su atención al ex mortífago.

El mago miró a su novia y ésta lo miraba con preocupación.

-Solo participaré en acuerdos puntuales. Mis compromisos con el Consejo son ineludibles como comprenderán- decidió, dándole cierto alivio a la castaña.

-Comprendemos, Severus, y agradeceremos toda la colaboración que puedas dar- expresó animoso el señor Weasley.

Y así todos iniciaron con la planificación de los grupos encargados de los acuerdos y de las criaturas con quienes iban a comenzar los diálogos. Todos con la esperanza de lograr algún avance y confiando en el refrán muggle: "Entre cielo y tierra no hay nada oculto".


Mientras los miembros de la Orden del Fénix estaban optimistas con su proyecto de rastreo, una mujer encapuchada se aparecía en la entrada de un tenebroso y frío bosque. Con pasos elegantes y rápidos comenzó a internarse, siguiendo pequeñas e imperceptibles huellas orientadoras que desaparecían al pasar.

El atardecer hacía su aparición cuando la mujer visualizó la pequeña cabaña que le indicaron con anterioridad.

-Como siempre no piensan en otra cosa que no sea una maldita pocilga- masculló mientras se dirigía a la entrada del desgastado lugar.

Estaba por tocar la magullada puerta cuando ésta se abrió sola y al entrar vio como un hombre de unos 41 años, cabello oscuro y de mirada siniestra, la esperaba sentado tras una mesa destartalada y mostrando una amarillenta sonrisa.

-Buenas tardes, preciosa. Cuánto tiempo sin verte- saludó mirándola de arriba a abajo. -Y veo que el tiempo ha sido muy generoso contigo-

-Cállate, Avery. Sabes que tus adulaciones nunca me han interesado- dijo la mujer con arrogancia mientras se quitaba la capa, revelando su larga y rubia cabellera.

-Tan simpática como siempre, Lynette- replicó el mago con ironía. - ¿Y cómo está el traidor de tu primo? -

-Bien, disfrutando de su recuperada posición. Pero no vine a hablar de esos infelices-

-Oh creo que estoy falto de noticias. ¿Desde cuándo tu familia son unos "infelices"? - inquirió con tono burlón.

-Desde el momento en que se volvieron cómplices de mis enemigos- respondió con desdén, recordando como los Malfoy prefirieron apoyar a una desconocida como Rosenbaum para conquistar a Severus que a ella que era su familiar.

-Vaya, al parecer la traición es una costumbre Malfoy-

-Así parece, pero no importa. Puedo valerme por mi misma- dijo la ojigris mientras extraía de su bolsillo una cajita. Con un movimiento de su varita la caja se expandió hasta adoptar un tamaño medio. -Aquí están las pociones que me pediste- la colocó en la mesa.

El moreno se acercó a la caja y comenzó a revisar los frascos que allí se encontraban.

-Bien, cumpliste tu parte- dijo el mortífago cerrando nuevamente la caja. -Y dime querida ¿Qué quieres de mí? No te imaginas la sorpresa que me lleve al saber que querías contactarme-

Lynette sonrió maliciosamente, había esperado mucho para este momento. Dos meses para ser exactos investigando la forma de contactar a uno de sus viejos cómplices y al fin había tenido éxito. Sólo esperaba que si pudiera realizar el encargo.

-Quiero que me ayudes a eliminar a una persona-

-Eso no es problema Lyn, a eso me dedico- Avery se carcajeó por su propio chiste. -Dime a quien desaparezco-

La rubia sonrió, esa era la pregunta que quería escuchar y que con gusto iba a contestar. Se acercó a la mesa con movimientos felinos, aproximó su aristocrática faz a la del mago y con voz sensual le respondió. -Quiero que desaparezcas... algo insignificante. Quiero que desaparezcas a la Heredera de Merlín-

Avery abrió los ojos desmesuradamente, mirándola incrédulo por unos segundos para luego carcajearse con ganas.

- ¡No te rías idiota que es en serio! Quiero que elimines a Rosenbaum- espetó dando un fuerte golpe en la mesa, haciéndola crujir peligrosamente.

- ¿Y se puede saber por qué ese deseo asesino hacia una de las personas más importantes del mundo mágico? - inquirió el moreno divertido.

Lynette se alejó un poco de la mesa. -Porque es un maldito obstáculo en mi camino y, como todo lo que estorba, tiene que desaparecer- respondió con todo el odio que la consumía.

-Ah ya entendí- el mortífago sonrió con suficiencia. -El traidor de Snape tiene que ver ¿no es así? -

-No es de tu incumbencia- espetó molesta.

El mago emitió una gran risotada. No esperaba que la rubia, después de tantos años, siguiera con aquel capricho. Pero ella tenía razón, eso no era de su incumbencia, de todas maneras, ese desgraciado iba a morir tarde o temprano; además él tenía asuntos más importantes que tratar.

Se levantó con rapidez y se colocó frente a la rubia con una sonrisa maliciosa. - ¿Qué eres capaz de hacer para que Rosenbaum deje de existir? -

-Lo que sea- respondió con firmeza.

El hombre sonrió aún más por la determinación de la pocionista, al fin había encontrado a la persona que sus jefes necesitaban y que le habían solicitado meses atrás.

-Pues... Tengo el plan perfecto para ti-


- ¿Qué pasa Sirius? ¿Para qué nos mandaste a llamar? - preguntó Ginny al llegar a la biblioteca acompañada de Hermione y Harry.

-Necesito su ayuda, no he podido acercarme a Jessica- explicó exasperado el animago. -Y como si no bastara, Snape no la deja sola ni para ir al baño ¿Cómo voy a hacer las paces con ella? -

-Entonces sí que estás en un gran aprieto- comentó decepcionada. -Déjame pensar en algo-

-Sirius, dijiste que no la presionarías- le reprochó Harry.

-Le he dado dos meses Harry, creo que es tiempo suficiente- replicó el animago.

- ¡Ya lo tengo! - exclamó la pelirroja, sobresaltando a los demás. -Yo hablaré con Jessica para convencerla de que hable contigo-

- ¡Bien! Pero... ¿Y Snape? - inquirió el ojiazul.

-Ya... veré en el camino como lo distraemos. Vamos Hermione-

La castaña iba a replicar, pero Ginny ya la había arrastrado fuera de la biblioteca.

Sirius suspiró aliviado, las esperanzas regresaban a su cuerpo. -Ahora lo que queda es esperar-