Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
"Ni aun permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar, puede el hombre escapar a la sentencia de su destino".
Esquilo
Selene de la Roquet se encontraba paseando con gracia por el jardín sur del palacio asariano. Después de haber ayudado a su futura cuñada con algunos preparativos para la fiesta de compromiso, se había ido a refugiar en la tranquilidad de aquel floreado lugar. No era que tuviera problemas con Alice, al contrario, estaba contenta de que su hermano escogiera a la noble chica como su compañera de vida y futura reina de su pueblo; pero admitía que le daba cierta envidia su felicidad.
Habían transcurrido dos meses desde la última vez que vio a Patrick en aquella mágica velada, en donde bailó una y otra vez con aquel chico que era dueño de sus suspiros. A pesar de que el joven acquariano no dejaba de estar al pendiente de la intercesora, se había comportado muy galante y atento con ella. Pero no podía engañarse, él siempre era así con ella y todo por aquella palabra que amaba y odiaba a partes iguales: amistad.
Sin importar las discrepancias de sus predecesores, Patrick y Selene se habían hecho muy buenos amigos en el transcurrir de los años. Sin embargo, y para pesar de la princesa asariana, no era lo que su corazón pedía a voces. Ella deseaba sentirse amada por él, besarlo hasta quedar sin aliento, pero no podía hacerlo, no mientras Patrick la viera solamente como amiga.
En eso pensaba cuando llegó a una pequeña plaza, adornada con varias asarias, rosales de diferentes colores y un par de columpios en la zona central donde estaba sentada una niña de unos 8 años, cabello rubio platinado largo y tez blanca.
-Samantha ¿Qué haces aquí? Deberías estar en tu salón- exclamó sorprendida al acercarse a la infanta de peculiares ojos azules.
-No quiero estar allí- dijo la pequeña con un puchero. -Solo me recuerda la tragedia-
Selene respiró hondo, eso era algo que tenía nerviosos últimamente a los habitantes del reino. Samantha, al ser un oráculo, tenía premoniciones, y lo que veía pasaría indudablemente. Pero el miedo era mayor por la angustia que reflejó la niña después de ver aquella visión. Jamás se le había visto así de asustada.
-Samy, te hemos preguntando una y otra vez que viste para evitarlo y te rehúsas a decírnoslo-
-Es porque no puede evitarse. Tiene que pasar para que se libere la verdad-
La rubia frunció el ceño, desconcertada por la respuesta. -¿A qué verdad te refieres?-
El oráculo se levantó del columpio con un salto, haciendo que la chica retrocediera. -Una verdad que liberará y dolerá a partes iguales- y sin esperar otra pregunta, salió corriendo.
La joven quedó mirando pensativa por donde había desaparecido la pequeña.
-Por Hashmir ¿Qué será lo que vio?-
-¿En serio Draco hizo eso?- exclamó Jessica sin dejar de reírse.
-Sí, pero no le vayas a decir que yo te lo conté por favor- Astoria la miraba con ojitos de cachorrito. -Sé que es una tontería pero Draco igual y puede enojarse conmigo-
-Tranquila, tu secreto está a salvo- respondió la castaña con dificultad, tratando de calmar su ataque de risa. -Lo que pasa es que, de solo imaginarme la cara de Draco cuando se dio cuenta de que su suegro lo escuchó diciéndole cosas "indecentes" a su hija...- se echó a reír nuevamente, era muy pintoresca la situación como para no reírse.
-Sí, fue bastante incómodo- la slytherin estaba sonrojada. -¿Esa reunión se prolongará mucho?- preguntó mientras veía su reloj, ya había transcurrido una hora desde su llegada.
-No sé, es una reunión de urgencia con los delegados de otros países. Pero no debe de tardar, ya tienen mucho tiempo encerrados- explicó Jessica con una sonrisa.
Y como si lo hubiesen invocado el joven rubio platinado entró a la oficina con expresión cansina que, al ver a su prometida, pasó a ser de sorpresa.
-Astoria ¿Qué haces por acá?-
-Hola Draco, yo también me alegro de verte- dijo Greengrass con ironía. -Iba a tu oficina cuando me encontré con Jessica y me dijo que estabas en una reunión. Así que, para no aburrirme, la acompañé hasta acá para conversar un rato- sonrió al ver a su prometido confundido. -Y como ya veo que lo olvidaste, te lo recuerdo: Ayer me dijiste que pasara buscándote para ir a almorzar-
-Es cierto- masculló el ojigris, pasándose la mano por su rubia cabellera, luego miró a su amiga y se acordó del motivo que lo había traído a esa oficina. -Esto te lo envían los representantes de Francia y Rumania- dijo mientras le extendía unos papeles. -Y aprovechando que Tory ya está aquí ¿nos acompañas a almorzar?-
-Gracias, pero no tengo hambre. Además, aprovecharé para leer esto- respondió la castaña mientras señalaba los documentos que le había entregado.
Draco no sabía porque pero tenía un mal presentimiento. Algo le decía que no debía dejar sola a su amiga.
-Pero al menos ven a acompañarnos, ni modo que te quedes aquí aburrida-
La morena miró a Astoria y luego miró a su amigo con una sonrisa pícara. -No te preocupes Draco, revisó esto y después me voy para el consejo-
El joven mago estaba receloso. -¿Segura?- la morena asintió. -Bien, en ese caso nos retiramos-
-Hasta otra ocasión Jessica- se despidió la menor de los Greengrass con una sonrisa.
-Hasta luego Astoria, espero verte pronto- se despidió la heredera con un apretón de manos.
Después de que la pareja se fuera, la secretaria entró a la oficina.
-Disculpe, Excelencia, acaba de llegarle esta misiva- anunció la veterana mujer, entregándole una carta.
-Gracias Martha, puedes retirarte-
Al alejarse la secretaria del lugar, Jessica miró con recelo el sobre.
-Innoria Puritae Mognar Ritairus-
Un cálido resplandor cubrió la carta unos segundos. Al ver que no había nada fuera de lo común, procedió a leerla.
"Me urge hablar contigo. No es que me agrade la idea, pero es necesario. Severus corre peligro y necesito tu ayuda. Te espero a la hora del almuerzo en la cafetería Lumière du solei. Por favor no faltes.
Lynette"
La morena se levantó bruscamente de su asiento. -¿Severus en peligro?- susurró mientras releía la carta.
Desde que la noticia de su relación con el ex profesor saliera a la luz pública, Lynette se había mostrado reacia e indiferente con ella. No era que a la castaña le importara mucho su comportamiento, no mientras existiera el respeto. Así como sabía que Byron no la quería ver ni en pintura, sabía que eso se debía a que ella también quería a Severus. En consecuencia no era de extrañarse que la pocionista, a pesar de sus diferencias, le pidiera ayuda para proteger al hombre que ella también amaba. Además de que estaba segura de que si había recurrido a esto era porque Severus la había ignorado... otra vez.
Vio el reloj de pared, faltaban cinco minutos para el almuerzo. -Será mejor que me apresure- tomó su abrigo y salió rápidamente de ministerio.
-¡Maldición!- bramó Severus al alejar otro caldero con una dañada poción, con ésta ya eran cinco pociones matalobos arruinadas. Con un movimiento de su varita retiró todo de la mesa de trabajo y se sentó en su butaca, acariciándose el puente de la nariz.
Desde que había llegado a las instalaciones sentía una opresión en el pecho que no le permitía concentrarse. Conocía esa sensación, aparecía cuando algo estaba por ocurrir, y ese algo siempre era desagradable para él.
La Orden llevaba días investigando acerca del escondite de los mortífagos a través de las criaturas mágicas. Y, contrario a lo esperado, éstas se mostraron muy dispuestas a cooperar, informando que había actividades extrañas al sur de Inglaterra. Sin embargo y hasta ahora, los grupos no habían encontrado ninguna pista de su guarida, lo cual llevaba a pensar que quizás aquel escondite estaba bajo el encantamiento Fidelio, un pensamiento nada alentador.
-Master Snape ¿Se encuentra bien?- preguntó Gary, uno de sus asistentes.
-Estoy bien, sigan trabajando- respondió sin siquiera mirar al muchacho quien, al ver que su jefe no estaba de humor, no quiso tentar su suerte y regresó a su sitio.
Dándose cuenta de que no podía concentrarse al elaborar la poción, decidió dedicarse a los cálculos de la nueva poción. No llevaba ni medio pergamino cuando lo arrugó con brusquedad y lo arrojó a la basura.
-¡Pero qué demonios me está pasando!- siseó con molestia. -¡Ni unos malditos cálculos puedo hacer!- gruñó en voz alta, llamando sin querer la atención de sus trabajadores. Al percatarse de ello, los fulminó con la mirada. -¡A trabajar!-
Sobresaltados por la inexplicable irritación del pocionista, continuaron de inmediato con su labor. Totalmente cabreado, Snape salió del laboratorio para tomar un poco de aire. Tenía que conservar la calma si no quería cometer una locura.
-Espero que Potter los encuentre pronto, antes de que ocurra algo peor-
El taxi se frenó frente a un elegante local en las afueras de la ciudad. En la parte superior de la fachada se podía leer "Lumière Du Solei" escrito con una exquisita caligrafía. Después de pagarle al chofer, Jessica se dirigió al sofisticado local.
-Bienvenida mademoiselle ¿en qué le puedo servir?- preguntó uno de los mesoneros con una gran sonrisa.
-Busco a la señorita Byron-
-Ah sí, mademoiselle Byron tiene una reservación. Acompáñeme por favor- el mesonero la guió hasta una mesa que estaba un poco alejada de las demás.
-¿Le sirvo algo mientras espera?-
-Un té por favor-
-Enseguida- dijo el joven antes de retirarse y regresar al cabo de unos minutos con la orden.
Mientras la chica tomaba de aquella infusión, se sentía cada vez más relajada hasta el punto de comenzar a sentirse adormecida. Al voltear, aquel joven camarero estaba a su lado con una sonrisa burlona.
-¿Qué está pasando?- logró decir, ya que sentía su lengua pesada.
-Duerme maldita perra- respondió el mesonero con una voz femenina conocida. -Duerme que no sabes lo que te espera- y sin darse cuenta, la castaña cayó en un profundo sueño.
El mesonero poco a poco se fue transformando hasta convertirse en una bella rubia de ojos grisáceos.
-Ya dejen la farsa chicos, la función acabó- vociferó Lynette mientras transfiguraba el uniforme que llevaba puesto por un elegante traje negro perlado, y con un sencillo movimiento de su varita cerró las persianas.
Los supuestos clientes se despojaron de sus trajes, apareciendo a su vez vestidos de negro. De la cocina salió Avery, aplaudiendo con ganas.
-Bravo querida, bravísimo- exclamó contento al acercarse a la mujer. -La ventaja de que tengas tu propio restaurante. Ahora ya puedes retirarte, nosotros nos encargaremos de ella-
-Recuerda lo que me prometiste, Avery. Debe vivir el infierno en vida- siseó la rubia mientras tiraba a la intercesora al suelo y le daba un puntapié en la espalda.
-Y así será mi querida Lyn- el moreno estaba sonriente. -¿Ya tienes tu coartada?-
-Según los registros del ministerio estoy fuera del país, la carta que le envié ya se habrá consumido después de su lectura y la única que me puede echar de cabeza pronto no vivirá para contarlo- respondió la bruja con una gran sonrisa.
-Muy inteligente de tu parte, perfecto-
-No sé porque te sorprendes. Adiós-
Tras una última patada, la mujer se retiró del lugar.
-Los lores se pondrán contentos con este regalo- expresó mientras cargaba el cuerpo inconsciente de la joven.
Tras una seña del oscuro mago, todos desaparecieron, dejando el lugar en completa soledad.
-Severus ¿estás seguro de lo que nos estás diciendo?- inquirió Kingsley con el rostro desencajado.
-Por supuesto que no, Shacklebolt. Estaba aburrido y decidí convocar una reunión de emergencia para verles sus estúpidas caras- espetó el pelinegro con ironía. -¡Claro que estoy seguro!-
-Lo que Kingsley quiso decir...- intervino Arthur Weasley. -Es que si ya se cercioraron si no está en los lugares que ella frecuenta-
-Pues en la casa de sus padres no está ni en la de su hermano, su mejor amiga no la ha visto, al ministerio no regresó desde su partida al mediodía, no fue a la reunión que tenía pautada en el Consejo, no se ha aparecido en ninguno de los reinos y estas son las horas que no ha regresado a la mansión- enumeró Draco mirando el reloj que marcaba más de medianoche, preocupado por el bienestar de su amiga.
El ministro se sentó con lentitud en una de las sillas, estaba pálido. -Esto no puede estar pasando-
-Por favor no pensemos en lo peor- Harry se levantó de su asiento. -Quizás, a lo mejor tenía algo pendiente por hacer y se le olvidó decirles. Ella es una poderosa bruja, no pudo haberle pasado algo-
-Por primera vez en su existencia ¡deje de ser un imbécil Potter!- bramó Severus dando un sonoro golpe a la mesa. -¡ES OBVIO QUE ALGO LE PASÓ!-
-¡No insultes a Harry, maldito murciélago!- gritó Sirius acercándose peligrosamente al ex profesor. -¡Si algo le pasó a Jessica fue por tu culpa! ¡Y CULPA DE TUS EX AMIGOS!-
-¡¿Mi culpa?!- Severus se le enfrentó. -¡Es tu culpa asqueroso ex presidiario por ir de vieja chismosa con Skeeter!-
-¡A mí no me llamas así, imbécil!- gruñó Sirius, fulminándolo con la mirada.- ¡Maldita sea la hora que Jessica se dejó engatusar por un desgraciado como tú! ¡Maldito seas una y mil veces, Snape, por ponerla en peligro!- le gritó furioso. -Ahora voy a terminar el trabajo que no completó aquella serpiente. ¡Te voy a matar!- Sirius no terminó de hablar cuando le encestó un puñetazo en la cara al pelinegro, dando comienzo a una pelea al estilo muggle entre los dos magos.
-¡Ya basta!- gritó Shacklebolt mientras usaba su varita para separar a ambos magos, amarrándolos a cada uno en sus sillas. -¡No tenemos tiempo para peleas absurdas!-
-Kingsley tiene razón- habló Harry. -Debemos movilizar a los aurores lo más pronto posible. Sirius, voy a necesitar tu ayuda-
-Cuenta conmigo para lo que sea- expresó el ex merodeador, mirando con rabia al pocionista y escupiendo un poco de sangre.
Shacklebolt se dirigió al Snape. -También necesitaremos tu experiencia con mortífagos, Severus, así que te voy a pedir que te calmes y nos ayudes con la búsqueda-
Después de gruñir varios improperios, el mago asintió.
-Debemos movernos rápido- comentó Draco mirando un reloj de arena rojiza que estaba en uno de los muebles del comedor, estaba por terminarse, así como podía terminarse el tiempo de la morena. -Debemos actuar antes de que sea tarde-
Jessica comenzó a despertarse lentamente. Y mientras más recobraba la conciencia, más comenzaba a dolerle la cabeza y parte de su espalda. Trató de enfocar algo a su alrededor para saber dónde estaba, y gracias a una pequeña rendija, se percató de que estaba en una celda y que ya era de noche. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Se preguntó internamente. Intentó usar sus manos, pero no podía hacerlo. Al mirar a los lados, se percató de que la habían inmovilizado con unas curiosas cadenas doradas. Al enfocar la vista en uno de los brazaletes que rodeaban sus muñecas, vio que tenía un símbolo de infinito atravesado por una esh minúscula.
-No puede ser- susurró asustada. Y su miedo fue mayor al ver que tenía razón: estaba atada con caleptos, cadenas que anulaban la magia de su portador.
De pronto la puerta de la celda se abrió, dejando pasar a dos jóvenes de cabello rubio y ojos azules.
-¡Hasta que al fin se despertó la bella durmiente!- exclamó el mago con una sonrisa mientras se sentaba en una silla al lado de la puerta.
-Sí, ya era hora de que despertara. Esa tonta de Byron se pasó con el somnífero- espetó la bruja que lo acompañaba.
-¿Qué hago aquí?- preguntó Jessica con voz ronca.
-Eso no le concierne, Excelencia. No aún- respondió indiferente la rubia mientras sacaba su varita.
La morena abrió los ojos desmesuradamente al ver que la varita de la mujer era cristalina. -Imposible- susurró desconcertada.
-¿La reconoces?- preguntó la mujer con burla en su voz, mostrándole su mágico instrumento.
-¿Quiénes son ustedes?- inquirió en un jadeo.
La rubia sonrió maliciosa, transformando su varita en un látigo. -Tu peor pesadilla-
¡Y ya comenzamos con la cuenta regresiva!
Ya veremos en que terminará todo esto :)
Nos leemos después.
