Harry se sentía tan bien, Malfoy le había tomado de la mano allá en la casa de los gritos mientras él los llevaba al jardín, realizó un encantamiento y transformó aquellos destartalados bancos en un encantador cenador que mantuvo libre del gélido clima invernal.

El rubio aún tenía las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, Harry quería volver a besarlo y acariciarlo pero tampoco quería que lo considerara un pesado. Cierto es que esperaba que le dejara volver a tocarlo de las mil maneras que había imaginado. Sin querer emitió un suspiro tan metido en sus ensoñaciones.

Malfoy dio una pequeña risa que le hizo volver a la realidad. Harry sacó una pequeña cesta encantada por los elfos de la escuela, ambos se sorprendieron de la cantidad de comida que contenía, aquellos elfos siempre tan generosos.

Comieron con tranquilidad, le encantaba poder estar así con el rubio, desde que comenzaron el curso, le había anhelado a niveles que ni el mismo había llegado a imaginar. Y ahora estaban ambos ahí, en uno de los lugares mas tétricos de Hogsmeade, brillando cómo si fuera un día de verano, junto a la persona a la que amaba… ¿amaba? Bien, sí, amaba a Malfoy, y no había manera de que se lo siguiera negando intentándolo camuflar de simple deseo. No podía obviar, que el deseo que sentía por él, le tenía noqueado la mayor parte del tiempo que le tenía cerca, pero en este momento, estando ellos dos solos compartiendo este momento de tranquilidad, podía vislumbrar lo que era un sentimiento más potente aún.

Bien, quería dejar que las cosas les llevaran por donde les tuvieran que llevar, ojalá fuera a estar juntos todo el tiempo, pensó Harry.


Draco estaba encantado con esa escena que le había montado Harry en la Casa de los gritos, a él jamás se le hubiera podido ocurrir entrar en ese desolado inmueble, pero lo cierto, es que por tétrico que pudiera ser, el momento que había compartido hacia nada cambiaría la percepción que tenía sobre él.

El moreno le tenía cautivado, nunca había querido ahondar en los sentimientos que tenía hacia él, y menos desde inicios de curso, cuando éste había demostrado verdadero interés por él. Draco siempre le había amado en secreto, y del amor al odio, como suele decirse sólo hay un paso, parecía que del odio al amor, existía el mismo paso, y ellos resultaba que los estaban desandando.

¿Harry le amaría o sólo le deseaba? Podía notar cómo el chico respiraba cuando le tenía cerca, con qué ojos de anhelo le miraba, cómo se quedaba embelesado observando sus labios y su cuerpo, él se sentía halagado, no iba a negarlo, pero también tenía una leve espinita clavada. ¿Eso era todo? ¿Habría más para ellos dos?

Draco había aprendido a vivir la vida de un modo diferente desde finales de la guerra, su último año había sido una pesadilla, viviendo al día temiendo que Voldemort decidiera matarlos en un ataque de ira. Tras su derrota, con sus padres en Azkaban, y él totalmente solo enfrentándose a un mundo que lo odiaba, se había acostumbrado a seguir viviendo al día.

Hoy estaba aquí, mañana, no tenía la más mínima idea, así que con esta misma filosofía estaba dejando que la vida le llevara sin oponer mucha resistencia, de momento le estaba llevando a los brazos de un atractivo moreno de ojos esmeraldas. Quizás dejarse llevar no era tan mala cosa.