Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
Grimmauld Place nro. 12
-¡Esto es horrible! Ya son dos días de búsqueda y no hay resultados- comentó Ginny con tristeza. -Ni siquiera dan aviso del secuestro. ¿Creen que ellos...?-
-¡Ni se te ocurra decirlo!- la cortó la matriarca de los Weasley mientras terminaba de preparar el almuerzo, esperando la llegada de los grupos de búsqueda de la Orden. -¡No debemos de perder las esperanzas! Confiemos en que está... viva y en alguna parte-
-Tu madre tiene razón, Ginny- habló Hermione. -No la capturaron por nada, algo querrán a cambio. Aunque...- su rostro se entristeció. -no creo que la entreguen en muy buenas condiciones-
La puerta principal se abrió con un sonoro golpe y de inmediato se escucharon varias voces discutiendo, al cabo de unos minutos se escuchó un fuerte portazo proveniente de una de las habitaciones de la planta alta.
-¿Qué pasó? ¿Cómo les fue?- preguntó la joven pelirroja al ver entrar a su novio y a sus hermanos a la cocina.
-Lo mismo, no hay rastro de Jessica ni de los mortífagos en ninguna parte- respondió Harry al sentarse. Su semblante era de total cansancio, y no era para menos, llevaban días sin dormir.
-¿Y Sirius? ¿No vino?- preguntó Molly al no verlo en la estancia.
-Ese fue el primero en llegar. Está hecho una furia ¿No escucharon el portazo?- respondió Bill señalando arriba. -Por lo que entendí iba a darse una ducha y se regresaba al ministerio-
-Y al menos Sirius se dignó a venir aunque sea a ducharse- comentó Arthur, dándole un beso a su esposa. -Severus ni a eso ha querido ir a su casa, no ha dormido y tampoco ha ido al Consejo. No ha parado de buscar ni un momento-
-Eso es cierto- afirmó Ron al sentarse, más que dispuesto a disfrutar las delicias de su madre. -Está buscando de forma continua junto con Malfoy por todas las zonas que fueron alguna vez guarida de mortífagos. Dijo que no han encontrado nada-
-¿Cuándo lo vieron?- inquirió Molly preocupada.
-Esta mañana- respondió el pelirrojo después de recuperarse. Casi se ahoga con un pedazo de carne.
El ojiverde suspiró, sentía mucho pesar por su ex profesor. Él muy bien conocía el lamentable pasado del pelinegro, y quería de todo corazón que al fin aquel valiente hombre fuera feliz, por eso rogaba que salieran airosos de esta situación. -La incertidumbre nos está carcomiendo a todos, no nada más a Snape. Kingsley está doblemente preocupado, una por Jessica y otra por la situación a la que hay que enfrentarse si no aparece pronto-
-Es cierto- concordó el patriarca Weasley. -A pesar de que su familia permanece ignorante de la situación, de igual forma se nos viene un gran problema encima. No solo con los demás países, sino también con el Tridium- el pelirrojo se pasó una mano por la cara, era evidente su cansancio. -Si un ataque a las fronteras los tiene molestos, no me quiero ni imaginar a lo que se tendrá que enfrentar Kingsley cuando se enteren de que su intercesora está secuestrada-
-Pues yo no quisiera estar en sus zapatos- la cara de George expresaba una gran lástima por el influyente hombre de color.
Hermione movía una y otra vez su bebida. -Jessica no merecía esto, ella no estuvo involucrada en la guerra- suspiró. -Ojalá que hoy por fin tengamos noticias, antes de que la situación se agrave más de lo que ya está-
Raynor y Emerick caminaban con gran rapidez por los pasillos de la instalaciones del Consejo, y aún preocupados no perdían su real porte ni su gracia al andar. Después de varios corredores, al fin llegaron a la sala de reuniones, donde Marian los esperaba sentada en su correspondiente lugar y muy entretenida con el papel que sostenía en sus manos.
-No esperaba verte tan pronto, Marian. Solo hace una semana de nuestra reunión y... henos aquí- comentó el arthemiano ocupando su puesto.
-Pues yo aspiro y espero que esta reunión sea de suma importancia. No por nada tenemos una agenda fijada- gruñó el otro soberano con cara de pocos amigos, en su trono.
La pelinegra interrumpió su lectura y lo miró seria. -No convocaría una reunión fuera de itinerario sino fuera de extrema necesidad, Raynor- después de fulminar con la mirada al acquariano, le extendió el misterioso papel al líder dragón. -Este es el motivo de por el cual están aquí-
Emerick leyó con detenimiento la pequeña nota escrita en él. Al terminar, miró desconcertado a la asariana. -¿Qué es esto, Marian?-
-Invoqué a Phillipe para indagar acerca de nuestros colaboradores, y resulta ser que en los últimos días ninguno ha hecho acto de presencia en la mansión. Sin contar que tampoco se han presentado ante el Consejo- el semblante de la morena era sombrío, algo que a ambos líderes los desconcertó. -Así que, mi querido Emerick, esa nota puede ser la respuesta a las ausencias de Jessica y Snape-
-¿De Snape?- Raynor estaba leyendo la nota una y otra vez. -Aquí solo mencionan sobre el paradero de Jessica...-
-Yo me entiendo, Raynor, y con eso me basta- lo cortó con calma la reina. -El detalle de esta nota es que solicitan específicamente nuestra presencia en aquel extraño lugar en donde, al parecer, Jessica va a estar-
Raynor frunció el ceño e hizo una mueca de desdén. -¿No pensarás que le haremos caso a esta nota o sí?-
-Pues a mí me preocupa esta situación- habló Emerick con expresión analítica. -En los últimos días no hemos sabido nada de la pequeña Safir. No apareció en la reunión de los eruditos y ahora resulta que tampoco ha estado en la mansión- chasqueó la lengua suspicaz. -Debemos averiguar qué está pasando-
El acquariano se levantó intempestivamente de su asiento, mostrando molestia en su rostro. -¿Ir al mundo mágico? ¿Por una nota que puede ser una trampa o una mala broma?-
-La carta llegó hasta nosotros, Raynor, eso significa que no es una broma- replicó Marian. -Y que no haya podido localizar a Jessica lo confirma-
-Y no creo que haya problema en ir al mundo mágico. Si es una trampa pagarán por su atrevimiento- el arthemiano sonrió burlón. -¿Acaso tienes miedo, Raynor?-
-¡¿Miedo yo?!- El mago dio un fuerte puntapié al suelo, indignado por la pregunta de su camarada. -¡Yo soy el Rey de Acquarius, gran soberano del agua! ¡A mí me temen, yo no le temo a nadie!-
-Entonces ya está dicho- Emerick se levantó de su trono. -Iremos a esa citación-
-Y otra vez encontramos otra guarida vacía. ¡Maldición!- bramó Draco mientras le daba una patada a la destartalada silla que estaba delante de él. -¿Dónde carajos se pudieron meter esos miserables?-
Mientras el rubio descargaba su frustración con cualquier objeto que estuviera en su camino, Severus se encontraba pensativo, mirando detalladamente la fría cueva. No había que ser un experto para saber que aquella guarida se encontraba deshabitada desde hace tiempo, al igual que los otros escondites que habían visitado. Se pasó la mano por la cara en un gesto de cansancio y angustia.
Habían transcurrido dos días desde la desaparición de la castaña, y desde entonces los mortífagos no habían hecho petición alguna por el rescate de su bruja. Su conciencia le susurraba inclemente lo que podía significar aquel silencio, que quizás a estas alturas Jessica estuviera… Suspiró audiblemente, su corazón se mostraba reacio a aceptar esa posible y nefasta realidad. Negó con la cabeza, no debía perder el control de sus pensamientos, no ahora cuando la persona más importante de su vida cuenta con su autocontrol. A pesar de que todo indicaba que las circunstancias estaban en su contra, algo en su interior lo motivaba a seguir buscando, una corazonada que le decía que aún había esperanza de encontrarla con vida.
-Han sido dos días de intensa búsqueda, será mejor que tomemos un buen descanso antes de seguir- manifestó el rubio platinado, tirándose en el suelo sin ninguna gracia, y pasándose una y otra vez la mano por su aristocrática cara. -Si queremos seguir rindiendo en el rastreo, debemos recuperar energías y…- señaló su cuerpo con un gesto de asco. -asearnos un poco ¿no crees?-
El mago lo miró impasible antes de responder. -Si quieres descansar bien puedes hacerlo. Yo no me voy a detener por ello-
El chico abrió los ojos desmesuradamente. -Pero…-
-El tiempo es oro, Draco. Un minuto que pierda descansando, es un minuto menos para Jessica, es un minuto…- el ex profesor ahogó un jadeo, tan sólo de pensar en lo que pudiera estar pasando su castaña hacía que su sangre hirviera de rabia y a la vez su alma se comprimiera dolorosamente. -No puedo dejar que el tiempo siga corriendo en mi contra-
-En eso tienes razón, Snape. Sin embargo, una vez me dijiste que las mejores decisiones se tomaban con la cabeza fría, que un buen estratega necesitaba que todos sus sentidos estuvieran alertas y en perfecta sincronía. ¿Cómo pretendes tomar buenas decisiones con los sentidos adormecidos por el cansancio?-
- No es la primera vez que me enfrentó a una situación agotadora, y aun así he tomado las decisiones correspondientes- espetó fulminando con la mirada a su ahijado. -Fui la mano derecha de Voldemort y espía de la Orden ¿O ya se te olvidó?-
- No, no se me ha olvidado- murmuró el rubio con tristeza. Suspiró, su padrino era muy testarudo y no iba a ceder, y él tampoco iba a estar perdiendo el valioso tiempo que tenían en una tonta discusión. Admitía que él si deseaba descansar y refrescarse un poco, pero ni loco le perdía el rastro a su ex profesor. A saber que podía pasar en su ausencia. Por parsimonia se levantó y sacudió el polvo que se había adherido a su traje. -Bien, en ese caso prosigamos-
El mago mayor asintió y ambos se encaminaron a la salida.
"Resiste nena, por favor resiste"
Jessica soltó un alarido de dolor al sentir como su magullado cuerpo era rociado con una sustancia incolora y de olor muy penetrante. Su vestido ya no era ni la sombra de lo que fue, y los pocos pedazos que quedaban estaban manchados de sangre seca, producto de los múltiples latigazos que aquella mujer le había propiciado. Ya el atardecer estaba en su apogeo, lo sabía por la pequeña rendija que estaba en la parte superior de la celda y que le daba un poco de iluminación a ese macabro y asqueroso lugar. No había comido ni bebido nada en esos dos días de encierro, y con lo débil que estaba, no solo por la pérdida de sangre, sino por los cruciatus soportados, sabía que no iba a aguantar mucho. Aquella mujer había dicho que regresaría para darle fin a su existencia, y allí estaba, dispuesta a cumplir lo dicho.
-¡Qué bueno que despertaste, querida!- exclamó Tamara con alegría, lanzando a quien sabe dónde el recipiente que contenía la ácida sustancia. -¿Sabes que se celebra hoy?-
La morena no tenía ganas de adivinar, solo quería que la mataran de una vez. Lo lamentaba por su familia, hubiese querido pasar más tiempo con ella, visitar más a menudo a sus padres y a su hermano a pesar de que éste todavía estuviese molesto con ella, decirles lo mucho que los quería. Pero su pesar era mayor por Severus, por él lamentaba no tener más fuerza para seguir luchando. Ella no deseaba dejarlo así, sin haberle dicho lo mucho que lo amaba y lo mucho que le dolía dejarlo solo. Pero no, la vida siempre tenía que tomar a las personas por sorpresa. Una fuerte bofetada la hizo salir de sus pensamientos, haciéndola escupir sangre al sentir como la herida en su boca se había abierto nuevamente.
-Eso le pasa por no responderme, Excelencia- le reprochó la bruja con sorna. -Pero de todas maneras se lo voy a decir... ¡Hoy es la fiesta de Oimelc!- respondió eufórica.
"¿La fiesta de Oimelc? ¡Y que le importaba a ella…!" Su pensamiento se detuvo. La mente de Jessica empezó a atar cabos rápidamente: las cien almas, los Koriak, la fiesta de Oimelc...
-La Cailleach- susurró Jessica de forma automática.
-¡Exacto!- chilló Tamara dando pequeños saltos. -La fiesta de Oimelc es el día perfecto para ofrecerle a La Cailleach la energía de cien almas a cambio de algo que solo la guardiana del mundo espiritual puede otorgar-
La morena abrió los ojos con desmesura al saber que era.
-¡Acertaste!- respondió la rubia al ver que tenía la respuesta. -Ese es el plan, y tus queridos amigos ministeriales nunca lo verán venir ¿Y sabes por qué?- la castaña chilló al sentir como la bruja la sujetaba bruscamente del cabello. -Porque gracias a ti el ministerio va a estar muy entretenido con una nueva guerra y no va a tener tiempo para estar al pendiente de nosotros-
"Oh no, no puede ser" pensó la castaña al borde de las lágrimas.
-Así es querida. Sin querer, provocarás la destrucción del mundo mágico- aclamó con alegría. -Y cuando eso ocurra, ¡reclamaremos este mundo como nuestro!- Con rapidez, su buen humor pasó al desdén, sacudiéndola con rudeza. -Y pensar que siendo una maldita extraña, ocupas un lugar en la realeza que no te corresponde- espetó para después soltarla del mismo modo.
Con parsimonia, Tamara comenzó a sacar su varita y una sonrisa malévola se dibujó en su faz. -¿Algunas palabras antes de morir?-
Jessica levantó la cara con dificultad y la miró con toda la rabia que podía mostrar. -Vete al infierno- dijo con voz entrecortada.
-Mmmm no, allí es donde te voy a mandar- apuntó su varita al pecho de la joven. -Adiós, Heredera de Merlín-
"Lo siento Severus"
-¡Avada Kedavra!-
