Disclaimer: Ninguno de los personajes de la saga Harry Potter me pertenecen, son propiedad de la ingeniosa J. K. Rowling. Sólo me pertenecen los personajes restantes y el fic. Sólo por diversión.
"Lo que ha de suceder, sucederá"
Virgilio
Kingsley Shacklebolt miraba con recelo la entrada y los alrededores de aquella solitaria mansión. El frío de la costa se sentía en cada poro de su piel a pesar de estar enfundado en su espesa túnica azulada, y el sol transfigurado en un colorido ocaso no ayudaba mucho.
El ministro había recibido una nota anónima donde revelaba que la intercesora estaba recluida en una mansión abandonada en la costa sur de la Isla de Wight, al sur de Inglaterra. Sin perder un segundo más, y avisándole a los demás con un patronus, organizó a los grupos de aurores que estaban disponibles y se trasladaron al condado. Ahora se encontraban dónde, supuestamente, estaba la chica.
Tras una seña del hombre de color, dos de los grupos se dispersaron por los alrededores de la mansión, mientras que el resto se dispuso a entrar.
Con sigilo fueron disipándose por todo el lugar, enfocando la búsqueda en la zona subterránea de la residencia. Shacklebolt estaba por preguntarse dónde podría estar la castaña cuando un grito desgarrador se escuchó de la planta alta, un grito de mujer. El mago salió a toda velocidad en dirección a donde creyó que podía provenir aquel chillido.
Diligente, subió las escaleras acompañado de los aurores quienes se desplegaron a ambos lados de la puerta que, al parecer, daba paso a la recámara principal.
- ¡Bombarda! -
La puerta fue destruida en mil pedazos y el ministro, con varita en ristre, entró en la estancia, dispuesto a atacar de ser necesario. Pero lo que quedó a su vista lo dejó con la mente en blanco.
Frente a él se encontraba un lecho colmado de diferentes especies florales, iluminado con la luz del atardecer que se cernía en el gran ventanal que estaba tras él. Pero lo que lo dejó petrificado fue ver acostada allí a una pálida castaña con un inmaculado vestido blanco.
-Señor...-
Shacklebolt miró, aún pasmado, al auror que lo llamó. El joven señalaba con desconcierto a los alrededores de la cama. Al ver que era lo que el chico quería mostrarle, se percató de la presencia de dos hombres y una mujer.
El ministro los apuntó con la varita. - ¿Quiénes son ustedes? - exclamó imperativo.
La mujer estaba sollozando mientras uno de los hombres la abrazaba, tratando de consolarla.
-Ustedes...- masculló el otro hombre, estaba con los ojos vidriosos y la cara totalmente roja. - ¡Ustedes la mataron! - bramó con furia, señalándolos acusadoramente. - ¡Ustedes asesinaron a mi princesa! -
Kingsley palideció al escuchar aquella afirmación. - ¿Qué? - preguntó en un hilo de voz.
-Será mejor que nos vayamos, Raynor, tenemos que tomar decisiones- dijo el hombre que estaba con aquella pelinegra.
"¿Raynor?" Pensó el ministro horrorizado.
- ¡No hay nada que discutir, Emerick! ¡Ellos tienen que pagar con sangre! -
-Y lo harán, eso no lo dudes- respondió a quien reconoció como el rey de Arthemius, su expresión era fría y sombría. -Pero debemos hablar... ahora-
-Si se ha de hacer justicia, se hará como corresponde- habló Marian con voz entrecortada. -Hay que tomar decisiones Raynor, decisiones que no solo nos incumbe a nosotros tres y lo sabes-
El acquariano miró con molestia a sus camaradas. Sin importar cuánto dolor, impotencia o rabia había en él, la poca lógica que le quedaba le hacía ver que tenían razón. Con renuencia asintió y se marchó tras una fuerte luz, y no sin antes dedicarles una última mirada de odio a aquellos desconocidos hombres.
Emerick miró con frialdad al hombre de color que, por sus características, sabía que era el ministro de magia. -Mi... Pequeña Safir era la conexión entre su mundo y el nuestro, y aun así la destruyeron-
-Nosotros no.…-
-El mundo mágico es responsable de esta bajeza, y como tal, pagará las consecuencias- el señor dragón tomó una de las flores que rodeaban a la castaña y la lanzó a los pies del ex auror, transformándose en un reloj de arena negro. - ¡El Tridium le declara la guerra al mundo mágico! - exclamó con rabia contenida. -Y comenzará al acabarse la arenilla de ese reloj. Ya están advertidos- y al igual que el otro líder, ambos soberanos se retiraron con una fuerte luz.
- ¡Kingsley! - exclamó Sirius al llegar, seguido de Harry. - ¿Ya la encontraste? - preguntó ansioso. Al ver que el aludido no hizo ningún movimiento, se acercó al hombre. Estaba por preguntarle qué pasaba cuando vio horrorizado el escenario que estaba frente a ellos. - ¡Por Merlín, no! - gritó con dolor mientras se acercaba al cuerpo inerte de la joven. Estaba pálida, tenía los labios morados y rotos, con cicatrices en algunas partes de su cara y, al ser de tirantes el vestido, se podía ver que tenía más por todo el cuerpo. Muestra de que la habían torturado antes de asesinarla.
- ¿Qué te hicieron, hermosa? - susurró el animago con la voz quebrada mientras acariciaba con delicadeza su fría mejilla. La ira y el dolor empezaron a ser mella en él, esto había llegado muy lejos. Cerró las manos en puños, tratando de controlar lo incontrolable. - ¡Ella no tenía que terminar así! - bramó dándole un golpe a la cama. Sin soportarlo más salió de la habitación, no quería seguir allí. - ¡Malditos hijos de perra! -
Harry todavía no podía creer lo que veía, todo había sido en vano. Bajó la cabeza, apesadumbrado. No soportaba ver cómo había defraudado a la joven heredera. Él le había prometido cumplir con su trabajo y demostrarle que no se había equivocado en su designio. Y ahora todo se había salido de control y Jessica, a partir de esos momentos, era otra víctima de aquellos miserables. Al fijar la vista en los pies del todavía inmóvil ministro, se percató del reloj de arena que todavía reposaba allí. Con cuidado se agachó, lo tomó y se levantó para detallarlo mejor.
- ¿Y esto? - preguntó sin dejar de mirarlo.
Kingsley salió de su ensimismamiento al ver aquel funesto objeto en manos del ojiverde. Miró serio a su Jefe de Seguridad y con voz lúgubre le respondió.
-Tenemos una nueva guerra, Harry. El Tridium nos ha declarado la guerra-
En eso se escuchó un fuerte portazo en la planta baja y la voz siseante de Severus se hizo presente en el lugar.
-Ay no- murmuró Shacklebolt antes de bajar precipitadamente las escaleras en dirección al ex mortífago, no sin antes darle indicaciones a Harry de que se encargara de aplicar las pautas correspondientes. Al ver que Snape y Malfoy se habían percatado del movimiento en la planta superior, les gritó para que se detuvieran.
- ¿Qué está pasando arriba? - preguntó Draco preocupado.
- ¿Dónde está Jessica, Shacklebolt? - inquirió el pelinegro molesto.
-Está... allá arriba- respondió el ministro al aclararse la garganta. -No, Severus, no puedes subir- dijo al bloquear con su cuerpo las escaleras.
- ¿Y se puede saber por qué no puedo subir? - siseó el mago peligrosamente, no estaba de humor para aguantar estupideces. Él solo deseaba volver a ver a su castaña, tenerla nuevamente a su lado después de dos días de preocupación y desesperación. Y encerrarla si era necesario para que no le ocurriera nada más.
Kingsley tragó duro, esto tenía que ser una pesadilla. -No pueden subir porque... los aurores tienen que hacer un... un levantamiento-
- ¿Qué? - exclamó Draco en un tono más agudo.
Severus palideció unas tonalidades más de lo normal. "No, por Merlín no. No ella"
-Severus- el ministro respiró profundo. -Jessica está muerta-
Mientras la guerra se cernía inminente sobre el mundo mágico y la desgracia recaía nuevamente en los hombros de Severus Snape, otros se encontraban eufóricos y satisfechos bajo la luz de la luna llena.
Los líderes de los grupos mortífagos se encontraban rodeando la losa de arenisca que estaba ubicada en el interior de la gran Stonehenge.
Una sonriente Tamara caminaba con altivez hacia el centro, acompañada de Darius, quien estaba listo para el próximo paso. Con gran regocijo, la rubia colocó la gran esfera en el altar. Miró con admiración la radiante luna antes de voltearse para dirigirse a sus seguidores.
- ¡Esta es una noche grandiosa! Hoy por fin se cumplió la primera parte de nuestra venganza. El mundo mágico pagará su deslealtad, será destruido por la fuerza de tres ejércitos y no habrá nada que lo impida. Le quitamos al traidor de Snape su bien más preciado- los mortífagos estallaron en gritos y aplausos. -Y ahora cerraremos esta etapa con broche de oro. Todos se preguntaban acerca del porqué recolectar la magia de cien almas, tenían la curiosidad por saber qué objetivo había detrás de todo esto. Pues bien, esta noche sus dudas serán respondidas- Tamara se alejó de la losa y tras una seña, su hermano se colocó en su lugar.
El rubio colocó ambas manos encima de la moltrena.
-Es momento de la invocación- anunció con voz neutra. Los mortífagos guardaron silencio, a la expectativa de lo que ocurriría a continuación. El mago cerró los ojos y prosiguió. -Kio estas gvidilo nordo, sudo, oriento kaj okcidento, en la potenco koncedita Regents elementoj, alvokas la gardiston de Vualo kaj vintre por ĉeesti. Spirita Portal, estos malfermita kiam la peticio de sorcxistino devas reciti. Maljunulino reciti vian peton, ŝajnas aserti... Farunoferon aû Ofero-
Al terminar de recitar la invocación, frente a él se dibujó en el aire una grieta que poco a poco comenzó a separarse hasta formarse un pequeño portal. Un halo de luz salió de aquel angosto espacio, dándole paso a una espectral anciana de piel azulada, vestida con una capa gris y portando un cetro de acebo con una esfera azulada en la parte superior.
- ¿Ofrenda o sacrificio? - preguntó la anciana sin expresión alguna.
-Eso depende de cómo clasifique usted la magia de cien almas- respondió Darius con voz queda.
La Cailleach esbozó una sonrisa ladina. - ¿Cien almas? ¡Por Avalon! Ha pasado muchos siglos desde que recibí una ofrenda como esa-
-Eso lo sabemos, mi estimada guardiana- el mago mostraba impasibilidad al hablar. -Es por ello que, en un día tan especial, venimos a ofrecerte algo que esté a la altura de la situación-
La anciana alzó una ceja. -Y he de suponer que algo querrán a cambio de tan cuantioso presente-
-Y como siempre, demuestra su gran sabiduría- Darius miró fijamente a la ancestral bruja, era el momento de la verdad. -Le ofrezco la magia de cien almas a cambio de alguien que está atrapado en su orla espiritual-
- ¿Y a quién desean incluir en el intercambio? -
-A Tom Marvolo Riddle-
Los mortífagos se miraron sorprendidos entre sí, a excepción de Flint y Avery, quienes ya tenían conocimiento acerca del plan de sus señores. Y el asombro fue en aumento cuando La Cailleach se echó a reír con evidente burla.
- ¿Lord Voldemort? - la bruja enarcó una ceja. - ¿Y a qué se debe esa decisión? -
Darius sonrió malicioso. -Digamos que tiene ciertas cuentas que cobrar-
La guardiana miró un momento al mago y luego dirigió su mirada a la rubia que estaba a una prudente distancia. Sus opacos ojos no dejaban de detallar a la joven bruja que, claramente se podía ver, era hermana del aquel astuto mago. Al percatarse de la fija observación, Tamara alzó la barbilla, mostrándose altiva ante el escrutinio de la dama invernal.
Después de unos momentos, la anciana sonrió curiosa. -Dime, Tamara Beaumont ¿Deseas también que Tom Riddle regrese? -
-Por supuesto que sí- respondió la joven con firmeza.
- ¿Y no deseas volver a ver a tus padres? -
La rubia adoptó una expresión sombría. -No quiera manipularme, Cailleach, la decisión está tomada. Pero respondiendo a su pregunta, mis padres están bien donde quiera que estén-
-Hablas con mucha seguridad, muchacha. Pero ¿Quién te asegura de que eso sea cierto? - Inquirió la guardiana con sorna.
-Si piensas que con esas tontas dudas vas a hacer que cambiemos de opinión, estás muy equivocada- dijo la joven con una sonrisa sobrada. -Las cien almas son a cambio de Tom Marvolo Riddle, así que ¿Aceptas o no el trato, Cailleach? -
El rostro de la atávica mujer se volvió lúgubre, odiaba no confundir a sus invocadores. La negociación era más que tentadora, eso era algo innegable para la guardiana. La última vez que había recibido tal ofrenda fue de manos de los Koriak, y de eso casi un milenio. Sin embargo, aquel siniestro mago era como una de sus "joyas de la corona", no por nada estaba apartado de los demás desdichados que eran accidentales como el tal Sirius Black. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en el maligno rostro de la mujer. Ya era hora que se ajustaran algunos cabos sueltos, y si el regreso de Tom era necesario para ello...
- ¿Saben en qué condiciones regresará, no es así? -
Ambos hermanos asintieron. Al trazar aquella idea, analizaron los pros y los contras de éste. Sabían que Voldemort regresaría con la mitad de su poder, pero era una situación aceptable para ellos.
Con parsimonia, la protectora de portal se acercó al altar. Levantó su cetro, apuntado la esfera azul hacia la jaula.
-Magia por vida, es el trato-
Al decir a aquella frase el cetro se iluminó y comenzó a absorber la energía que estaba retenida en la esfera. Al terminar, el portal emitió una fuerte luz, dándole paso a un hermoso y desconcertado hombre de cabello castaño y ojos oscuros, vestido solamente con una túnica negra.
-El trato se ha cumplido- dijo La Cailleach antes de desaparecer junto con el portal.
Los mortífagos estaban sin habla, no podían creer lo que veían frente a sus ojos. Miraron en dirección a Flint y a Avery, quienes estaban a los lados de Tamara, y se podía ver el terror que los invadía al igual que ellos al ver nuevamente a su maestro.
Tom Riddle miraba minuciosamente el lugar en donde estaba. Lo último que sabía era que Potter lo había vencido y había sido condenado a vagar por el limbo por toda la eternidad. Y ahora, después de tanto tiempo de encierro estaba libre, inesperadamente libre. Al mirar al frente, vio a un joven con una esfera en su mano, que lo mirada con curiosidad. "Insolente" gruñó internamente. Al mirar al lado de chico, a cierta distancia, se percató de algo que lo sorprendió. Aquel cabello dorado, sus ojos azulados, su piel parecida a la más fina porcelana... No, era imposible. No podía ser...
- ¿Amelia? - Preguntó el oscuro mago sorprendido al acercarse a la chica.
Tamara sonrió, la había confundido con su antecesora, pero eso no importaba, lo relevante ahora era que al fin la primera meta estaba totalmente cumplida.
-Bienvenido abuelo-
Continuará…?
