Otro capítulo.

Muchas gracias por leer.


Harry estaba sumamente irritado, Ron y Hermione, intentaban calmarlo.

- Amigo, esa mesa no tiene la culpa.- dijo tímidamente Ron, el moreno estaba agarrado al borde de una de las mesas de la sala común, dejando impresas sus manos en ella.

- Harry, encontraremos un modo.- dijo la morena suspirando.- Esta situación no es justa, ese funcionario es un gilipollas.

Ambos chicos se quedaron mirando a su amiga, ella jamás utilizaba ese tipo de lenguaje. Injusticia y abuso de poder, eran cosas que Hermione no podía tolerar.

- Mione, te ves tan sexy cuando hablas así.- dijo el pelirrojo ganándose un bufido de su novia.

- Sí, es un gilipollas que no quiere soltar el poder que tiene sobre Draco.- dijo rabioso Harry.

Había pedido a la directora McGonagall poder ir una tarde al Ministerio, se había presentado ante el departamento de Custodia Legal, y había hablado con ese estúpido de Tobías Burrell. No deberían dejar trabajar a gente como él en ese departamento. Con sólo una conversación Harry se había dado cuenta de que aquel tipejo disfrutaba con la situación de Draco, no valía la pena seguir hablando con él, de ahí no sacaría nada más que problemas para el rubio.

Hecho una furia volvió con sus amigos y le contó todo lo que había ocurrido, Hermione no podía creer que esas cosas estuvieran dándose en el Ministerio, con ello sólo se confirmaban sus peores temores.

- Tenemos que hablar con Shacklebolt.- dijo convencida Hermione.- No pueden darse estos comportamientos en el Ministerio, si dejamos que traten así al bando vencido de nada habrá servido esta estúpida guerra.- su mirada era decidida.- Harry, ya va siendo hora de que saques tu fama a dar una vuelta.

Ambos miraban encantados a su amiga, con su cerebro y su sentido del deber, ella iba a darle un buen giro de tuerca al Ministerio, no tenían la más mínima duda.

Harry sentía que debía hacerlo, principalmente por Draco, y por él, no podía dejar de pensar en poder pasar esos días con el rubio, verle sonreír y ser él mismo, sin ese yugo que parecía tener colgado del cuello.

Fuera de que estuviera loco por él, desde … bien, desde siempre. Aquello que había visto en el Ministerio parecía ser solo un caso de muchos contra los vencidos, y Hermione tenía razón, una vez realizadas las sentencias que eran justas, no podían caer en revanchas personales, en injusticias como la simple animadversión de un funcionario por un chico que se encontraba sólo.

Y si él tenía la llave para realizar algunos cambios, lo haría, nunca había tirado de su fama para algo, pero en este caso lo sentía casi cómo un deber.

- Harry, vamos a darle una lección de moral.- dijo la chica.- Viniendo de ti, no podrán obviar que lo que están haciendo no está bien.

- Mañana iremos a hablar con Shacklebolt.- dijo muy decidido Harry.-Gente como Burrell no puede seguir tratando a Draco y los demás chicos así.

- Y además te llevarás al rubio dos semanas a casa.- dijo con picardía el pelirrojo.

- Roooon.- Hermione rodó los ojos exasperada.

- No te enfades, no es como si él no lo estuviera pensando.- dijo defendiéndose de la mirada asesina de su novia.

Harry se sonrojó, pillado.

- De verdad, a veces no sé si porqué me esfuerzo con vosotros dos.- dijo la chica bufando y levantándose airada.

- Mione, venga anda, .- dijo levantándose y siguiendo a la morena.- Puede decirme que soy un "gilipollas".

Harry se quedó allí sentando riéndose cuando escuchó un lejano "Gilipollas".