Capítulo 3
Aragorn le llevaba media hora de ventaja, pero a Legolas no le costó seguirlo. El hombre estaba tan inmerso en su ira que no se había molestado en cubrir sus huellas. Legolas se sintió intranquilo al descubrir que Aragorn se dirigía directamente a Garas, el lugar en el que se habían encontrado con los orcos el día anterior.
"¡Estúpido y tonto humano! ¡¿Los estás buscando, verdad?!" –gruñó para sí mismo mientras se imaginaba sacudiendo al humano por el cuello hasta que le suplicara piedad.
Legolas conocía a Aragorn desde que era niño y conocía de sobra su temperamento, pero también sabía que solía calmarse rápidamente. Ya era un hombre adulto de treinta y cinco años, más prudente e inteligente. También se había convertido en un respetado montaraz y en un habilidoso espadachín. Tenía esa aura a su alrededor que lo señalaba como un hombre fuera de lo normal.
Y lo era. Era un rey; el rey exiliado del reino de Gondor. Sangre élfica corría por sus venas, haciéndole parecer más joven de lo que era, pero seguía siendo un humano con tendencia a sucumbir ante sus propias emociones. Y justo ahora se comportaba como un niño, huyendo y metiéndose en problemas… enfurruñado solo porque le hirieron el orgullo.
Legolas lo alcanzó por fin dos horas después. Aragorn se había detenido para dejar beber a su caballo, pero suspiró, exasperado, al ver cómo el elfo desmontaba.
"Debería haber imaginado que me seguirías. Aléjate, Legolas."
"No puedo, Estel. Juré protegerte."
"Mira, ya soy un adulto. No necesito que me protejas, así que vete."
"¿Por qué estás tan enfadado?"
"¿Quién dice que estoy enfadado?"
"Tu cara lo dice. ¿No te gustó lo que dijo el señor Elrond?"
"¿A alguien le gusta que le humillen de esa forma?"
"¿Eso es lo que crees que ha hecho? ¿Humillarte?"
"¡Me dijo que no soy lo bastante bueno para su hija! –explotó Aragorn, apretando los puños mientras miraba al príncipe-. ¿Qué? ¿Solo por ser humano no me merezco a Arwen?"
"Te estás tomando lo que dijo demasiado en serio, Estel. ¿Esas fueron sus palabras exactas?"
"No… pero eso es lo que quiso decir."
"Entonces lo has entendido mal. No quiso decir eso."
"¿Entonces qué quiso decir? ¡Maldita sea!"
"Piénsalo tú mismo… cuando te hayas calmado."
Aragorn puso los ojos en blanco y bufó.
"No me estás ayudando, elfo."
"Creía que no necesitabas mi ayuda."
"¡Arghh! ¡Me vas a volver loco! –gritó Aragorn, tirándose del pelo. Entonces sujetó las riendas y montó-. Pensaré sobre esto… después de que haya matado unos cuantos orcos. Necesito algo de sangre. Dile a mi padre que me voy de caza."
"Estel…"
"¡Y deja de seguirme! ¡Déjame solo!" –clavó los talones en el costado del caballo, éste salió al galope y Aragorn se alejó a toda velocidad.
Legolas sacudió la cabeza, decepcionado, mientras lo veía irse. ¡Vaya cabezota! De repente se escuchó un graznido y el príncipe vio cómo se acercaba un águila dorada. Legolas sonrió al ver a su viejo amigo.
"¡Hawkeye!"
El ave aterrizó en su muñeca, graznando de alegría. Legolas se rio.
"¡Sí, yo también me alegro de verte, Hawkeye! ¿Dónde has estado? Ya pensaba que te habías olvidado de mí" –Legolas acarició al ave felizmente, pues ya hacía seis meses que no lo veía.
Desde que Gimli le había dado a Hawkeye para que lo curara, el ave volvía a verlo de vez en cuando. Aceptaba al príncipe como su amigo pero conservaba la libertad. Hawkeye graznó y Legolas suspiró, comprendiendo lo que le decía.
"Sí, Estel busca problemas. ¡Ese humano cabezota! –Hawkeye volvió a graznar, esta vez más alto-. Sé que hay orcos por ahí, amigo, pero eso es exactamente lo que Estel quiere. ¡Matarlos! –Legolas se montó en su caballo-. Me dijo que no lo siguiera. ¿Crees que debería hacerle caso?"
Hawkeye dio un largo graznido y Legolas no pudo evitar reírse.
"¡Tienes razón! ¡El humano debería saber que yo soy aún más cabezota que él! Vamos, Hawkeye. Vamos a convertirnos en sus sombras."
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A Aragorn le llevó una hora llegar a las estribaciones de Garas y otra media hora para encontrar a los orcos. Tras desmontar y atar su caballo a un árbol, se ocultó detrás de unos arbustos y observó la escena que tenía delante.
Los orcos que quedaban del asalto del día anterior estaban en una cabaña de madera abandonada en medio del bosque. Aragorn todavía hervía de rabia y estaba a punto de explotar, así que le daría buen uso luchando contra los orcos, o eso creía.
Los contó y solo vio ocho; cinco permanecían fuera de la cabaña, mientras que los otros tres habían entrado hacía unos minutos. Los demás estaban muertos o habían huido tras la batalla. Los orcos pululaban por la Tierra Media sin control y parecían estar por todas partes, pero las fuerzas oscuras del Monte del Destino recobraban sus fuerzas y algo llamaba a los orcos hacia allí. Los montaraces estaban muy ocupados con esas feas criaturas, pues patrullar los bosques ya se había convertido en una situación de vida o muerte. Los orcos destruían todo a su paso, matando a placer humanos, elfos y hobbits.
Aragorn preparó su arco y apuntó a un orco que estaba tendido en el techo de la cabaña. Y entonces disparó. Cuando la flecha golpeó al orco en la frente, éste gritó brevemente de dolor antes de deslizarse por el tejado y caer al suelo… justo delante de sus camaradas.
Los otros se enderezaron al instante y desenfundaron sus espadas, dando la alarma y dirigiéndose al origen de la flecha. Aragorn dejó su arco en el suelo y empuñó su propia espada. Surgió desde detrás de los arbustos y avanzó hacia los orcos, gruñendo.
"¿Os divertisteis ayer?"
Cuando lo vieron, los orcos gritaron al unísono, enfurecidos y emocionados.
"Y ahora que empiece la batalla" –susurró Aragorn, justo antes de balancear su espada.
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Legolas pudo oír el ruido de la batalla a una legua de distancia. El sonido de las espadas y los gritos rompían la tranquilidad del bosque. Hizo acelerar a su caballo, maldiciendo a Aragorn por imprudente y con Hawkeye cerca de él.
A unas cien yardas de la cabaña, Legolas desmontó y se movió silenciosamente, aproximándose a la caótica escena con precaución. Podía sentir a los orcos y abrió los ojos como platos al ver a Aragorn enfrentándose a ellos solo.
"O es muy valiente o muy estúpido" –dijo para sí mismo, asombrado por el valor y las habilidades del hombre.
Ya había varios orcos muertos en el suelo y ahora Aragorn luchaba con tres orcos a la vez, balanceando su espada como loco. Legolas estaba a punto de acercarse a ayudarlo cuando, de repente, Hawkeye dio un graznido de aviso.
Al mismo tiempo, Legolas captó una malvada presencia. ¡Orcos! Pensó, alarmado. ¡Muchos!
El elfo vio, horrorizado, cómo más orcos llegaban a la escena y se acercaban al humano. Legolas palideció. Oh, no.
