Capítulo 8

A Thranduil le temblaron las manos al coger el pergamino y miró preocupado a Hawkeye, que se había posado en la barandilla del balcón. El águila acababa de llegar con un mensaje de Rivendel.

El rey del Bosque Negro volvió a leer el mensaje, con la esperanza de que las palabras cambiaran. No podía creer lo que leía.

'Thranduil, Legolas te necesita.'

Y al final del pergamino, había una frase como posdata.

'Ha vuelto a ocurrir.'

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Elrond entró en la habitación de Aragorn. Su hijo humano estaba profundamente dormido, así que se sentó a su lado en la cama y le tocó la frente. La fiebre había desaparecido y suspiró, aliviado. Tras dos días en cama, el hombre empezaba a recuperarse.

Entonces Aragorn se movió y parpadeó al ver al señor elfo sobre él.

"¿Padre?"

Elrond sonrió.

"¿Te sientes mejor?"

"Supongo –Aragorn intentó sentarse y Elrond lo ayudó, apoyándolo contra las almohadas. El hombre miró al señor elfo, abatido. Era la primera vez que estaba a solas con él desde ese día desastroso-. Perdóname, padre. Me he comportado como un niño. Otra vez."

"Lo entiendo. Estabas enfadado."

"Fui un estúpido. Cuando dijiste que Arwen no se merecía a un hombre cualquiera…"

"Saltaste a la conclusión equivocada."

"Como dije, fui un estúpido. Ni siquiera te di la oportunidad de explicarte."

"Siempre has sido impaciente. Debes aprender a mantener la calma, Estel. Un día gobernarás un reino, y un rey que no se para a pensar solo lo llevará al desastre."

"Y si Arwen se casa algún día, no será nada menos que con el rey de Gondor. Eso dijiste. Pensé que decías que no era lo bastante bueno para ella."

"¿Cómo podría decir que mi hijo no es suficiente? Eres un buen hombre y serás un buen rey, lo sé –Elrond sonrió-. Pero lo que intentaba decir antes de que te fueras…"

"Antes de que huyera, querrás decir."

"Sí. Antes de que huyeras –Elrond se rio-. Lo que intentaba decir es que fueras paso a paso. Tu destino está ante ti y solo tú puedes elegir en qué dirección ir. Es verdad que eres un rey, pero un rey exiliado. Y si no haces nada seguirás exiliado. Gondor es tu herencia, Estel. Tu derecho de nacimiento. No lo pierdas solo porque tu corazón se centra en otra cosa."

"¿Desapruebas mi relación con Arwen, padre?"

"No he dicho eso."

"¿Entonces por qué dices que Arwen será una distracción?"

"¿Eso es lo que dije?"

"Err… no. Pero…"

"Saltas a las conclusiones demasiado rápido, Estel."

"Por favor, padre. Deja de dar rodeos al hablar. Me duele el cerebro de tanto pensar."

"En realidad no creo que ese órgano ni siquiera exista en tu caso."

Aragorn lo taladró con la mirada.

"Muy gracioso. ¿Y ahora vas a explicármelo o no?"

"Como dije, eres impaciente –Elrond sacudió la cabeza-. Lo que quiero decir es que Arwen es inmortal. Tiene una larga vida ante ella, pero tú eres mortal. Tu vida es demasiado corta y necesitas apreciarla más que nosotros. Tienes que cumplir tu destino en un tiempo determinado, así que vete a por él, Estel, con todas tus fuerzas. Arwen no se irá a ninguna parte y si su amor es tan fuerte como creo, esperará por ti."

"¿Quieres decir… que apruebas nuestra relación?"

"¿He dicho eso?"

"¡Padre!" –exclamó Aragorn, exasperado.

Elrond se rio antes de seguir.

"Es mi hija, Estel. Quiero que sea feliz y quiero lo mejor para ella. Si estar contigo es lo que la hace feliz no tengo ninguna queja. Pero como padre, quiero asegurarme de que recibe lo mejor de ti. ¿Entiendes ahora lo que quiero decir?"

Aragorn asintió.

"Se merece lo mejor y me aseguraré de que no reciba menos que eso, padre. Lo prometo –Aragorn se lanzó a sus brazos, sintiéndose amado y reconfortado-. Perdóname por ser un idiota."

"Puedes seguir siendo idiota, Estel, pero no dejes de ser mi hijo."

Aragorn sonrió.

"Gracias, padre" –se separó de él e iba a empezar a preguntar por Legolas cuando entró Elladan.

"Padre, Thranduil acaba de llegar."

Aragorn se puso rígido, mientras que Elrond se ponía en pie y se dirigía hacia la puerta.

"¿Padre? Legolas sigue vivo, ¿verdad?"

Elrond hizo una pausa.

"Claro que sí. ¿Qué te hace pensar lo contrario?"

"No lo sé. Solo tengo un mal presentimiento… por cómo te tensas cada vez que pregunto por él."

Elrond se obligó a fingir una sonrisa.

"Estará bien, Estel. Legolas solo necesita un poco más de descanso que tú, pues sus heridas eran más graves."

"¿Qué le hicieron exactamente?"

El señor elfo aún sonreía, pero ahora se trataba más bien de una triste mueca.

"No es una historia que deba contar yo. Ahora vuelve a dormir. Tú también necesitas descansar" –Elrond salió de la habitación y lo dejó mirando a Elladan.

"¿Qué pasó?"

Elladan se sentó al lado de su hermano humano.

"¿Tú tampoco sabes lo que le hicieron?"

Aragorn sacudió la cabeza.

"No, pero podía oírle gritar. Nunca lo había oído gritar así, me asusté" –los hermanos permanecieron sentados en silencio, pensando en su mejor amigo y en cómo su padre lo protegía.

De repente, Elladan abrió mucho los ojos. Acababa de analizar toda la situación y había llegado a una terrible conclusión. Aragorn se alarmó al ver su expresión.

"¿Qué?"

Elladan se giró hacia él lentamente. En sus ojos se podía ver claramente la angustia que sentía.

"No te va a gustar, Estel."

"¿De qué estás hablando?"

"Creo… -Elladan dudaba si debía contarle a Aragorn lo que sospechaba que le había ocurrido a su amigo, pero sabía que su hermano se acabaría enterando de todas formas-. Creo que sé lo que le hicieron a Legolas."

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Legolas se despertó al notar que alguien le acariciaba la cabeza con cariño. Abrió los ojos y vio el rostro de su padre inclinado sobre él. El príncipe se dio cuenta de que tenía la cabeza apoyada en su regazo, así que se incorporó de golpe, ignorando la terrible agonía que sintió al hacerlo y ocultó el rostro en el pecho de su padre.

"Padre…" –dijo Legolas, con la voz tomada.

Las lágrimas que llevaba varios días conteniendo empezaron a caer como una cascada. Thranduil abrazó a su hijo, con sus propias mejillas húmedas por las lágrimas. El rey murmuraba palabras sin sentido, acariciando la espalda de Legolas en un intento de consolar al joven elfo.

Elrond los observaba con los ojos empañados. Legolas no era su hijo, pero lo amaba como si lo fuera desde que el príncipe era un elfling. Comprendía muy bien cómo se sentía Thranduil ahora mismo. Que tu hijo cayera en manos de los orcos era la pesadilla de cualquier padre. No entendía cómo Thranduil mantenía la cordura.

Legolas tardó casi media hora en calmarse. Cuando lo hizo, se separó un poco de su padre y lo miró.

"Lo siento. Te he causado más problemas."

Thranduil le secó las lágrimas, sacudiendo la cabeza.

"No. No te disculpes por esto, Legolas. Las cosas pasan. No es culpa tuya."

"¿Cómo puedo proteger a Estel si no puedo protegerme a mí mismo? –dijo Legolas en voz baja-. Soy demasiado débil. ¿Cómo puedo ser el príncipe heredero? Debería haber navegado yo y no Kel."

"¡No, Legolas! –exclamó Thranduil, desesperado, abrazándolo otra vez-. ¡No digas eso!"

"Pero he fallado, padre. Dejé que volvieran a hacerme lo mismo. Dejé que le hicieran daño a Estel cuando prometí protegerle. He fallado…"

Legolas sintió un nudo en la garganta y otra cascada de lágrimas empezó a caer por sus mejillas.

"¡No, no lo has hecho! –gritó Thranduil. Legolas dio un salto del susto, así que el rey suspiró y lo abrazó más fuerte, esta vez hablando con más calma-. No has fallado, Legolas. Sigues vivo, ¿no? Y tu amigo también. No puedes rendirte ahora, no cuando has sobrevivido a tanto tormento."

"Me gustaría que Kel estuviera aquí…"

"A mí también, Legolas –respondió Thranduil con tristeza-. A mí también, pero ya no está. Y si estuviera no dejaría que te hundieras en la tristeza. Le gustaría que lucharas… hasta el final."

Legolas lo escuchaba, pensativo. Sus palabras se repetían en su mente una y otra vez. Luchar… hasta el final… no he fallado si aún respiro… Kel querría que siguiera luchando… no admitir la derrota… hasta el final…

"¿Legolas?" –Elrond se acercó y apoyó una mano en el hombro del elfo.

El príncipe lo miró con timidez antes de volverse otra vez hacia Thranduil.

"Creo que estaré bien, mi señor, padre –dijo Legolas, con los ojos brillantes-. Pueden haber destruido mi cuerpo, pero no mi espíritu. Todavía me necesitan aquí y no voy a decepcionar a los que lo hacen. No me rendiré, no tan fácilmente. Os doy mi palabra."

De repente, la puerta se abrió y los elfos se giraron hacia allí, sobresaltados, para ver a Aragorn de pie, sosteniéndose del marco de la puerta. Elladan estaba justo tras él, preparado para cogerlo si perdía el equilibrio.

"¿Estel?" –Elrond se puso en pie y observó, ansioso, cómo Aragorn se acercaba lentamente con los ojos fijos en Legolas, que seguía pegado al pecho de Thranduil.

El hombre se arrodilló al lado de la cama y miró al príncipe a los ojos.

"Legolas."

"Estel –dijo Legolas también. Estaba aliviado al ver a su amigo en pie-. ¿Estás bien, entonces? ¿Cómo vas?"

Para asombro de todos, Aragorn se echó a llorar.

"Estel… por favor, dinos qué está mal. ¿Te duele algo? –las preguntas de Legolas solo le hicieron llorar más fuerte. Elrond puso una mano sobre su cabeza-. ¿Estel?"

"Mi dolor no se compara al tuyo, Legolas –respondió Aragorn finalmente-. ¡Siento haber hecho que te hirieran así! ¡Lo siento tanto!"

Elrond miró a su hijo mayor. Elladan también lloraba en silencio y el señor de Rivendel por fin lo entendió. Aragorn lo sabía.

"No es culpa tuya, Estel –Legolas sujetó la mano de Aragorn-. Por favor, no te culpes por eso."

"¡Esto no habría pasado si te hubiera hecho caso! ¡Podríamos haber evitado todo esto si no hubiera negado tu ayuda! –Aragorn también le cogió la mano-. Puede que no quieras hablarme después de esto… como hace varios años. Era demasiado joven como para entender qué había pasado, pero ahora conozco el alcance de tu promesa… y todo por mi culpa. Lo siento, Legolas. Por favor, no me odies."

"¿Cómo podría odiarte, Estel? Eres mi amigo… y lo serás para siempre –Legolas le sonrió gentilmente-. Y nunca romperé mi promesa de protegerte. Lo juro."

Aragorn lo observó fijamente durante unos segundos y entonces cogió un cuchillo de la bandeja de comida. Ante el shock de los elfos, el hombre usó el cuchillo para hacer un corte en la palma de la mano derecha de Legolas antes de hacer lo mismo en su propia mano. El dolor era soportable, así que Legolas solo lo observaba con interés, dejando que hiciera lo que planeaba.

Tras estrecharse las manos, mezclando la sangre de ambos, Aragorn habló firmemente.

"Yo, Aragorn, hijo de Arathorn y heredero al trono de Gondor, prometo protegerte a ti, Legolas, príncipe heredero del Bosque Negro, con todo lo que tengo; con mi espada, mi vida, mi corazón… y mi alma."

Legolas se quedó boquiabierto al oír las mismas palabras que le dijo a Aragorn hacía muchos años, pero el hombre todavía no había acabado. Aragorn le soltó la mano, puso la suya sobre la cabeza de Legolas, y la del príncipe sobre la suya.

"Ya no eres mi amigo, querido Legolas –dijo, mirando a los ojos como platos del elfo-. Ahora eres mi hermano."

Y entonces, Aragorn se puso en pie y salió con calma de la habitación… pasando al lado de un aturdido Elladan que seguía cerca de la puerta. Por un momento solo hubo silencio mientras los elfos se observaban, confundidos. Nunca habían visto nada como eso.

"No puede… hacer eso… -dijo Legolas al fin-. ¿Puede?"

"Creo que ya lo ha hecho" –respondió Thranduil, riéndose.

"¡Pero no puede! Se supone que soy yo el que lo protege a él. ¡No al revés!"

Elrond sacudió la cabeza, sonriendo ante el confuso príncipe del Bosque Negro.

"Legolas, ahora que tu hermano se ha ido tú también necesitas a alguien que te proteja. ¿Y quién mejor que Aragorn, mi hijo humano cabezota?"

"Pero… ¿pero cómo puedo protegerlo… si ha jurado protegerme?"

"Entonces tenéis que protegeros el uno al otro. ¡Tan simple como eso! –interrumpió Elladan, acercándose con una enorme sonrisa-. Ahora Elrohir y yo tendremos más tiempo libre. ¡No tenemos que hacer más de niñera!"

Legolas lo taladró con la mirada.

"Qué gracioso, Ell. Aragorn y yo no necesitamos niñeras. ¡Estáis todo el día persiguiéndonos!"

"¿Niñera?" –Elrohir apareció de repente.

Legolas gimió.

"¡Oh, por favor, tu otra mitad también no!"

"¿Quién ha dicho niñera? ¿El bebé de quién? –Elrohir abrió los ojos como platos-. ¡Legolas! ¡No me digas que la has dejado embarazada!"

"¡¿Qué?!" –sus padres se quedaron en estado de shock.

Legolas se tiraba del pelo, agitado.

"¡No hay ningún bebé! ¡Y no está embarazada!"

"¿Quién?" –preguntó Thranduil, con el corazón acelerado.

"Nara, la sobrina de Glorfindel. La novia de Legolas" –explicó Elrond.

"¿Tu novia?"

"Sí. ¡Quiero decir, no! O sea… ¡arghh!... ¡Alejaos de mí, monstruos con cerebro de guisante! ¡Mirad lo que habéis hecho!" –le gritó Legolas a los gemelos, olvidándose ya de su miseria.

Riéndose, Elrond tiró de Thranduil para que lo acompañara.

"Será mejor que os quedéis aquí, chicos. Hacedle compañía al príncipe. Ven, Thranduil, necesitas algo de comida después del largo viaje."

Thranduil y Elrond seguían riéndose en el pasillo.

"Tus hijos son increíbles, Elrond" –comentó Thranduil.

Elrond sonrió en forma de respuesta y se detuvo cuando pasaron por la habitación de Aragorn. Entonces le pidió a Thranduil que siguiera sin él hasta el comedor.

"Iré enseguida. Solo me llevará un minuto" –Thranduil asintió, comprensivo, y se alejó.

Elrond abrió la puerta y vio a Aragorn sentado en la cabecera de la cama, vendándose la mano. El hombre levantó la cabeza al oírlo entrar.

"Nunca dejas de sorprenderme, Estel" –Elrond se sentó al lado de su hijo.

Aragorn sonrió.

"Debería haberlo hecho hace muchos años, padre. Legolas siempre ha sido mi hermano. No puedo creer que haya soportado todo eso por mi bien. Y pensar que lo ha sufrido dos veces… no me lo puedo creer."

Elrond le apretó el hombro.

"Es algo que tienes que aceptar, Estel. Legolas no es el único que sacrificaría su vida por ti. Como rey, es algo que debes aceptar. Tu gente sangrará y morirá por ti y no puedes evitarlo."