Capitulo 3: Bestia.
Draco podía sentirlo. En medio de una bruma roja, caliente y brutal. El poder. La fuerza.
En su vida se había sentido tan... tan... invencible.
Sentía como si no hubiera nada en la tierra capaz de detenerlo. Como si pudiera pulverizar montañas sólo con poner sus dedos sobre ellas... se sentía capaz de doblegar los cielos a su voluntad; como si su palabra fuera la ley, y no hubiera nadie capaz de llevarle la contraria. Se sentía... se sentía...
"Y los que me lleven la contraria morirán... yo los mataré a todos." Dijo una voz en su cabeza haciendo que su momento de gloria y éxtasis se redujera a cenizas de forma instantánea. La voz que había oído era la suya propia.
Se sentía como un titán. Como un coloso todopoderoso. Pero esa voz... esa voz lo había hecho sentir pequeño y diminuto. El torrente de poder que lo había embargado parecía de pronto crecer más y más y más. Y fue terriblemente consciente que todo recipiente no puede contener más de lo que es capaz de albergar... o se rompe.
-¿Quién eres?- preguntó sintiéndose un completo imbécil por hablar consigo mismo.
"Soy tú. Lo que siempre has querido. Lo que siempre has deseado. Soy el respeto que siempre has merecido y que nadie te ofrecía. Soy la envidia que siempre has sabido que te tenían todos hecha carne. Ahora conseguirás ese respeto que te corresponde por nacimiento. La gloria, el poder... todos los que siempre se han burlado por ignorancia no podrán ignorar más el hecho de que eres mejor que todos ellos. Despertarás, y serás lo que siempre tuviste que ser: superior a todos los que te rodean"
Draco parpadeó, y ladeó la cabeza tocándose los labios con las yemas de los dedos. Esa voz, aunque sonara como la suya propia, sabía de lo que hablaba. Sonaba convincente. Sonaba sensata. O al menos lo parecía a oídos de Draco.
-Si... es verdad...-susurró arrastrando las palabras mientras se lamía los labios y pensaba en las posibilidades. Borrarles las sonrisas idiotas a todos los cretinos que se creían alguien sólo por poseer una pizca de magia que desde luego no se merecían. Él era Draco Malfoy, era el príncipe de las serpientes. Un sangre pura de larga estirpe y tradición, noble de nacimiento.
"Tienes derechos que siempre te han negado, ahora podrás hacerlos callar a todos. Ocupar tu lugar en el mundo, en la cima más alta, y por encima de ella. Ahora tienes alas para elevarte sobre el mundo y poseerlo por completo. Ahora tu sombra podrá proyectarse haciendo temblar de temor y humillar a todos los que sabes que son inferiores a ti... álzate magnífico, álzate orgulloso, ¡ÁLZATE Y EMPEQUEÑECE AL MUNDO CON TU PODER!" aulló la voz en su cabeza.
Todo se volvió borroso, Draco se sentía borracho de magia. Le ardía en las venas como un fuego liquido. Aunque lo veía todo teñido por un velo rojo sangriento y llameante.
Una serie de imágenes desfilaron por su mente. Y su momento de gloria al pensar en todo lo que podría hacer se congelo.
Veía a gente mutilada, edificios en llamas. Ciudades enteras ardiendo. Campos enteros y calles sembradas con cientos de cadáveres calcinados y despedazados. El fuego lamiendo altas catedrales y castillos, y escuelas llenas de niños de las que salían salvajes gritos de los que estaban siendo calcinados vivos. Draco trago saliva. Paralizado de terror.
-Eso no es lo que quiero...
"¿Cómo van a respetarte si no te temen? ¿Cómo van a arrodillarse ante ti si no les das motivos? La gloria no se ofrece, se conquista. Y tú los conquistaras a todos. El orgullo no se sostiene con palabras bonitas, si no por los actos de los fuertes. Y para ser fuerte, no basta con decirlo, hay que demostrarlo. Si quieres regir el mundo, debes conquistarlo primero, para que todos sepan que estás donde debes estar."
-Pero yo quiero que se arrodillen ante mi, quiero que me muestren respeto, si todos mueren, ¿de qué me sirve haber alcanzado mi lugar en el mundo si no hay nadie para verlo?- Draco trago saliva, pero no había saliva que tragar. Las bizarras y grotescas imágenes seguían llameando en su mente con feroz intensidad. Lo que más le repugnaba no era lo que veía, sino que, a la parte de él que le estaba hablando, le gustaba lo que veía. Que una parte de si mismo disfrutara con esa atrocidad innombrable le desalentaba.
"Quien no se arrodille ante su superior debe perder las piernas, así, no podrá volver a alzarse del suelo. Y si aún así, su orgullo no se doblega ante quien debe, perderá la vida, como escarmiento para los que deben saber que su lugar en el mundo es a los pies de aquellos que nacieron para gobernarlo."
-Mi padre habla así...-susurro Draco algo dubitativo por todo lo que implicaba lo que oía- Y el Lord Tenebroso también...
"Tu padre es un cobarde, se arrodilla y sirve a otros hombres renunciando a sus derechos de nacimiento. Es una decepción constante. Tan poderoso que dice ser, tan orgulloso... pero se conforma con las migajas y los restos de otros. ¿De verdad tomarías como ejemplo a alguien que se oculta tras una máscara para atacar? ¿De alguien que tiene miedo de las represalias? El autentico poder no teme represalias, ¡por que no las tiene! Si fuera quien realmente dice ser, no necesitaría esconderse tras un rostro plateado y una túnica negra, y no se arrodillaría ante nadie, por que serian los demás quienes se arrodillarían ante él..."
Draco se atragantó con su propia lengua, escuchando esas terribles palabras. Esa terrible verdad.
"Y el Lord Tenebroso…-se jactó la voz con sorna- un mestizo que dice ser el avatar de la pureza de la sangre. La sombra de un lagarto que dice ser el rey de los Dragones. Un estúpido ambicioso incapaz de acabar con un niño de pecho. Un insolente que manda a otros a hacer su trabajo, un cobarde que se oculta tras sus súbditos y se regodea en los placebos del poder. Lo sirven por miedo... ¿pero miedo a que? ¿A qué mate a alguno de los que le sirven? Idiota arrogante... un líder que necesita obligar a sus inferiores para que le sigan no es un autentico líder., es un vulgar esclavista. El poder no se adquiere. El poder no se compra ni se vende. El poder no se exige. El poder se tiene. Se nace con el. El poder no necesita ser presentado, ni ser explicado. El poder no convence. El poder es como el Sol. Ilumina, todos lo ve, ningún idiota necesita que le expliquen que el Sol da calor y luz, por que esta ahí, tangible, reconocible con todos los sentidos. El poder es una realidad en sí misma, una verdad que eclipsa todo lo demás. Ante el poder, el autentico poder, los demás se arrodillan. Y los que no lo hacen, que se atiendan a las consecuencias. El poder no trae consigo responsabilidades ni obligaciones, del mismo modo que al Sol no le importa una mierda a quien quema, a quien ilumina, a quien insola o a que planta hace crecer. La vida y la muerte. Las rige a todas por igual con el equilibrio de su criterio. Y tú tienes el poder, Draco. Álzate. Tómalo. Sé el mas grande".
Draco no podía hablar. La tentación estaba ahí, ante sus ojos. Todo lo que siempre había querido. Sentía sus venas pulsar con la fuerza de locomotoras. Sentía la magia burbujear en su interior como geiseres. Pero las palabras que acababa de oír lo acobardaron.
-No puedes hablar así de mi padre y el Lord... no sabes nada de ellos... - dijo con cierta prudencia que ni sabía de donde había sacado.
"Yo no sé nada que tú no sepas. Yo no pienso nada que tú no hayas pensado. Yo no digo nada que tú no quisieras haber dicho. Soy parte de ti. La parte que tu prudencia, tu miedo o tus ridículos escrúpulos han amordazado. Soy la parte que tu código social, tus reglas cívicas y tus normas de etiqueta habían encadenado. Pero ahora soy libre, Draco. Y te haré más grande. Te haré más fuerte. Soy libre para darte lo que siempre has querido, para cobrarnos el tributo que el mundo nos adeuda... Lo que tú quieras, cuando tú quieras, por que tú quieres..."
-Pero eso tiene un precio...-susurró Draco sonriendo. Era un autentico Slytherin, y cómo tal, sabía que nunca hay nada gratis en el mundo.
"No hay precio a pagar. Porque nadie puede pedirte que pagues por lo que es tuyo. Y el mundo te pertenece. La magia te pertenece. Lo llevas en la sangre. Tú no pagas el precio. Otros te pagarán a ti tributo. Es la diferencia entre ser grande y no serlo. Es la diferencia entre los que realmente tienen poder y los que no. Es la diferencia entre el león y el cordero. Álzate. Y toma lo que te pertenece..."
El rubio no daba crédito a sus oídos. Se revolvió aún con ciertas dudas, cuando una oleada de algo caliente e hirviente le arraso el cerebro desde alguna parte de la nuca. Una presencia dentro de su cabeza pugnaba sedienta y hambrienta por hacerse con el control. Draco gritó, aferrándose a su voluntad.
-¡No!- Gritó al mundo en general- ¡Mi cuerpo!, ¡mi mente!, ¡mi mundo! Dijiste que tomara lo que quiera, ¡pues esta es mi carne! ¡Yo la controlo! ¡Es mía!
La voz de su mente rugió en carcajadas, y la presencia invasora se retiro hacia atrás, hacia los rincones mas oscuros de su cerebro, dejando a Draco exhausto por el esfuerzo.
"Así habla el poder"
-No, ¡así hablo yo!- Le gritó Draco, furioso y aterrado… pero sobretodo furioso.
"¿Qué diferencia hay?" Siguió riendo la voz, con aquél tono divertido y sarcástico, pero con un tinte desalmado en los armónicos graves.
Draco parpadeo. Sonrió. Tenía razón. La voz tenía razón. Draco era poderoso. Siempre lo había sido. Pero todos los demás parecían no darse cuenta. Quizás ya era hora de cambiar eso, ¿no?
"Si, has aprendido tu primera lección. Bien hecho... Ahora despierta, tienes un mundo entero al que doblegar"
-Pero no estoy dormido...-susurro Draco confuso. Y parpadeó.
Y volvió a parpadear. Ya no estaba donde quiera que estuviera antes. Abrió los ojos y todo el mundo se puso borroso. No. Espera. No estaba en el mundo... bueno, si. En la enfermería del colegio. Rodeado de gente.
¿Por qué todo el mundo parecía tan...pequeño? ¿Por qué lo miraban tan asustados y confusos?
Alzo la cabeza. Y para su sorpresa, y sorpresa de todos los presentes, la siguió alzando. Más y más y más alto. De pronto noto un coscorrón contra algo duro. Draco se dio cuenta de que acababa de chocar con la cabeza contra el techo. El detalle que le hizo percatarse de ese hecho fue que caían cascotes y pequeños trozos de piedra y argamasa alrededor de su cabeza. Pero no le había dolido. Los profesores le gritaban. Intentaban calmarlo. Intentaban que se estuviera quieto. Pero el pánico y la incertidumbre habían hecho presa de Draco que se removía inquieto chocando contra las paredes. Miro hacia abajo, hacia sus manos. Hacia el suelo. Pero no vio sus manos, sino unas inmensas garras de dedos alargados coronadas por unas terribles uñas de más de 30 centímetros de largo. Unas garras forradas de escamas de un blanco metalizado tan puro y radiante que arrancaba destellos irisados que reflectaban la luz como prismas que crean arcoíris. Intentó gritar. Intentó amenazarlos a todos. Intentó exigir que alguien le dijera que cojones estaba pasando.
-¡Mi padre se enterara de esto!- era lo que querría haber dicho. Lo único que salió de su garganta fue un intimidante rugido gutural y ronroneante. Cavernoso. De esos rugidos que tienen la capacidad de aflojar vejigas.
-Cálmate, muchacho- se impuso Dumbledore con voz amplificada caminando hacia el rubio- Ha habido una especie de accidente... has sufrido una metamorfosis que aún no tenemos muy claro como revertir, pero es imperativo que te tranquilices. Solucionaremos esto, Draco, no te preocupes.
Draco parpadeó. Escuchaba con total nitidez las palabras del viejo loco. ¿Qué le hacía pensar a ese miserable anciano que él quería que cesara? ¿Qué había que solucionar? Nunca se había sentido mejor en su vida. Se sentía capaz de todo. No había nada que no pudiera hacer...
De pronto se fijó. Algo le pasaba a sus ojos. Veía con una claridad cristalina. Lo veía todo. Podía ver hasta las palpitaciones y movimientos de la sangre circulando bajo la piel de los que tenía delante. Podía captar la luz de formas impresionantes, podía ver en las sombras. Podía ver... lo podía ver todo.
Y lo siguiente que vio fue a Hermione Granger inconsciente en una de las camas de la enfermería. Lejos del bullicio y el revuelo que había alrededor del rubio. Sólo el maldito Potter y la miserable comadreja estaban con ella, que dormía con un brazo escayolado.
¿Granger había resplandecido alguna vez de esa manera? ¿El pelo siempre se le colocaba como un aura de cobre fundido alrededor de la cabeza? ¿Alguien más veía su piel acaramelada resplandecer como miel al sol? ¿Acaso sólo era él el que la veía tal y como la estaba viendo?
Los enormes ojos reptilianos parpadearon confusos. Hermione se removió en sueños, y Draco sintió un arrebato de celos y rabia. Estaba furioso. Potter y la comadreja no tendrían que estar ahí. Estaba confundido. Granger nunca le había provocado esos sentimientos. La odiaba. Siempre la había odiado. La despreciaba, como siempre la había despreciado. Pero la voz en su cabeza rugía de manera espeluznante.
El Slytherin estaba aterrado. Esa voz aullaba reclamando a Granger para sí. Imágenes de Hogwarts ardiendo y de todos los alumnos muertos desfilaron ante sus ojos intentando tentarlo. Como si aquello debiera complacer a Draco. Pero lo que le encogió el corazón fue la sensación de que podría hacerlo. Que todas las imágenes atroces que le pasaban por la mente podía llevarlas a cabo.
"Y nadie sería capaz de detenerte..." Le dijo la voz. Aunque Draco ya sabía que eso era cierto.
-Pero, ¿por qué Granger? Es despreciable, es idiota, es una sangresucia, Yo no la deseo en ningún sentido - susurro Draco, aunque lo único que salió de su boca fue un gañido lastimero de bestia herida.
"Pero yo sí..." ronroneó la voz riendo. "Ella tiene algo que deseo, algo que tú deberías desear."
-¿Qué es?- Draco casi se divertía; que Granger tuviera algo que él quisiera se le antojaba ridículo.
"La capacidad de destruirte".
El rubio parpadeó confuso. No lo entendía. Giró su inmensa cabeza y miró fijamente a Granger. Dormida en su lecho, rodeada por sus patéticos amigos. ¿Cuándo se había convertido en una muchachita tan hermosa? ¿Había cambiado ella o habían cambiado sus ojos? ¿Qué podía hacer esa inútil sangresucia para hacerle daño a el?
-Dumbledore, ¿qué vamos a hacer?- Maulló histérica madame Pomfrey que se veía desbordada y superada por los acontecimientos.
-Aún no sé ni siquiera que ha pasado...-El anciano director miró la escena.
Draco Malfoy se había transformado en un dragón. El dragón más grande, magnífico y fuerte que había visto en su vida. Casi 40 metros de bestia elegante, cubierta de escamas níveas, con un cuello largo y grácil, coronado por una cabeza astada del tamaño de un camión. Por no hablar de esas alas que si Draco decidía abrir y batir, tirarían abajo la enfermería entera. Era tan hermoso como aterrador. Pero lo que Dumbledore no entendía era por que Draco Malfoy no dejaba de mirar a Granger.
