CAPITULO 9: Cuentos para dormir cuando estás en casa.
Apareció en el Caldero Chorreante. Era una especie de punto de encuentro establecido, y además, estaba sólo a 15 minutos de su casa andando.
Hermione salió del local sonriendo a los parroquianos y agarrando fuerte la bolsa con sus mudas de ropa, adentrándose en el Londres muggle. Sintió una especie de oleada de familiaridad y comodidad cuando le golpeó en toda la pituitaria el hedor de los tubos de escape de los coches y el fétido aroma de las alcantarillas londinenses colapsadas por la lluvia. Ese constante tufo a humedad que nunca consigue secarse del todo y a pescado frito y cerveza rancia de los puestos callejeros.
Suspiró feliz, sintiéndose en casa.
Caminó lentamente, disfrutando de aquel extraño placer que era recorrer las calles de su ciudad natal en pleno año escolar, cuando debería estar interna en el colegio de magia y hechicería. Por un instante, por un precioso y hermoso instante, se sintió normal. Se sintió en casa. Sintió que todo estaba en su sitio.
Si sólo pudiera dejar de pensar en dragones… o al menos en un dragón en particular… todo sería sencillamente perfecto.
Entró en el callejón de su barrio residencial y vio a sus padres esperándola en el diminuto jardín de su casa. Parecían preocupados. Y no sin razón: que mandaran a su hija a casa tras un "incidente" no era normal. Y no podía ser buena señal.
Pero tras una larga charla en la que padres e hija se sentaron en la cocina, pareció que el tema se relajaba.
Hermione tuvo omitir un montón de detalles y pese a que técnicamente no mintió en ningún momento, hizo una cantidad de omisiones a la verdad que la hacían sentir deshonesta con sus progenitores.
-Fue una especie de accidente. Un compañero -no dijo quien- se metamorfoseó, cayó encima mío y me rompió el brazo...
-¿Pero eso fue todo?- Insistió su madre.
-Me lo arreglaron. Es magia, mamá, un hueso roto puede ser curado en sólo una noche. No te preocupes. Y sí, eso fue todo… pero con el tipo de accidente que fue, como que me asuste mucho. No fue grave, y cuando consigan hacer volver al estudiante a su forma normal todo irá bien… sólo pienso en lo que podría haber pasado y me da ansiedad… eso es todo. -trató de explicarse- Como este año las cosas están un poco tensas, el director pensó que lo más sensato era darme un par de días libres y dejar que descansara en casa. No fue nada grave, y estoy bien, así que no tienen de que preocuparse… es sólo que todo está complicándose mucho y no querían que sufriera más estrés del necesario.
-Si eso es cierto, al menos te tendremos en casa un fin de semana Sonrió su padre tragándose todo aquello sin hacer más preguntas. Era la ventaja de ser una estudiante modelo y una hija perfecta: que cuando necesitas colar una mentira sencillamente cuela porque nadie cree que puedas no decir la verdad. Hermione se sentía muy, pero muy deshonesta.
Hablaron un buen rato de la clínica dental de sus padres, y de las anécdotas de lo que habían pasado esos meses, de la familia, de los vecinos… básicamente se pusieron al día.
-Ah, se me olvidaba comentarte que tu tía Sophie se va a una convención este fin de semana, un retiro de su empresa para hacer unos cursillos de anestesiología -le comentó su madre como si acabara de acordarse- Tu primo Peter va a quedarse hasta el domingo por la tarde.
Hermione sonrió. Peter, su primo de seis años, era realmente agradable. Pasar un par de días con el querubín de la familia se le antojaba mucho en esos momentos. Un poco de inocencia infantil podría darle un poco de sosiego a su mente.
Disfrutó un rato viendo la tele con sus padres. Y cuando ellos tuvieron que irse por la tarde a atender la clínica, cerró las cortinas del salón y se dio el lujo de disfrutar a Bob Marley a todo volumen en el reproductor de música mientras bailaba como una loca con el pijama puesto.
Paseó descalza por el césped del jardín y hojeó los viejos álbums de fotos familiares. Cuando a las nueve de la noche sus padres llegaron a casa con su primo Peter, que la tía Sophie había ido a dejarles en la clínica antes de irse a su convención, Hermione se sentía mucho, mucho, más relajada.
— — — — — — — — — —
En el Colegio de Magia y Hechicería, después que Draco se volviera loco destruyendo una buena porción del Bosque Prohibido, y tras una monumental bronca por parte de Snape a su ahijado, el dragón blanco estaba enfurruñado en su cueva hecho una bola sobre su lecho de oro. Estaba de un humor pésimo.
Tras las clases, Theo había ido a hacerle compañía y a ayudarle con los deberes. A fin de cuentas, su amigo se había saltado ya unas cuantas lecciones y sentía que debía ayudarle.
-Venga Draco, no te pongas así… -mascullaba Nott al culo del dragón que seguía obstinado en darle la espalda- ¡Tus notas van a bajar!
Un sonido retumbante similar a una carcajada le dejó claro al misántropo todo lo que necesitaba saber sobre lo que le importaban en ese momento a Malfoy sus notas.
-Oye, sé que esto no es fácil para ti y que debe ser incómodo, frustrante y muy molesto… sé que debes estar cabreado, furioso y con lo irascible que eres seguramente debes estar tentado de comenzar a hacer incineraciones masivas… pero nunca te he visto rendirte ante las dificultades, así que no seas cabezón y pon un poco de tu parte. Usa el morse para decirme lo que quieres escribir y yo redacto tus deberes. Si yo voy a hacer el esfuerzo de ayudarte, al menos colabora un poco… que para mi esto tampoco es plato de gusto...
Draco se removió un poco de su posición y alzó la cabeza mirando a su amigo. De pronto sus enormes ojos rasgados se desviaron hacia la entrada de la cueva reflejando cierta sorpresa. Theo lo captó y se giró, quedándose tan de piedra como su amigo.
Ahí estaba la lunática de la escuela con un montón de libros en las manos.
-Oh, ¿molesto? No sabía que ibas a estar aquí, Theodore Nott.
-¿Lovegood?- Dijo el aludido con sorpresa- ¿Qué haces aquí?
-Como Hermione no está, y supe que ella le traía los deberes a Draco, quise ayudar y traérselos yo. Pero veo que tú has tenido la misma idea… -la rubia sonrió con ternura y se quedó un rato allí, mirando a Draco con la fascinación de quien no tiene miedo y está aprovechando para deleitarse la vista con algo que no se ve todos los días.
-Ah, pues, vale… -concedió Theo sin creerse lo que veía. Tras unos segundos incómodos de silencio acabó carraspeando- Oye, si quieres puedes quedarte y echarme una mano. Tenemos un código para comunicarnos con Draco, o mas bien, para que él se comunique con nosotros, pero aunque es sencillo no le tengo pillado aún el ritmo, si quieres puedes ayudar.
-Oh, claro -Luna ensanchó su sonrisa y como si fuera lo más normal del mundo caminó hacia donde estaba el Slytherin sentado y se sentó a su lado. Tomó una copia del código morse y se puso a hojearla.- ¿Por dónde empezamos?- preguntó finalmente como si no hubiera nada fuera de lo común en lo que estaba pasando.
-Pues, supongo que por Herbología.- Theo sacó la lista de ejercicios que debían hacer y miró directamente a Draco -Bueno, hoy hemos estado repasando las cualidades de la pulsatilla azufrada, y tenemos que hacer un ensayo de 30 centímetros sobre sus cualidades, usos y peligros.
Theo sacó el libro de la materia, lo abrió en la pagina apropiada, señalo con la varita el libro, hizo seis engorgios seguidos y miró a Draco como retándole a que le llevara la contraria.
Antes que él dragón protestara, Theo volvió a hablar.
-Cuando acabes la pagina avisa, que entre Luna y yo la pasamos. Que el libro es mío y no quiero que lo destroces con esas garras tan jodidamente afiladas que tienes...
Luna miró aquello entusiasmada. Sacó de su mochila un tintero, pluma, y varios pergaminos.
Empezó a lanzar engorgios también.
Los pergaminos acabaron teniendo el tamaño de sábanas para una cama King Size. El bote de tinta ahora parecía más bien un barril de doscientos litros.
La pluma… bueno, la pluma parecía pertenecer a un pájaro que comiera ballenas azules para desayunar.
Tanto Draco como Theo miraron a Luna sorprendidos.
-No perdemos nada por intentarlo, ¿no?- Susurró Luna con toda su inocencia- Podría intentar escribir con las cosas de este tamaño, sólo tendría que ir con cuidado con las garras...
Nott abrió y cerro la boca sin tener claro si Luna era un genio o una idiota de remate. Pero desde luego, aquello iba a ser interesante...
Fue así como la sesión de estudio mas lenta, extraña y absurda de la historia de Hogwarts dio comienzo.
— — — — — — — — — —
En la casa de los Granger cenaron, vieron un rato más la televisión, y cuando los adultos hechos y derechos se fueron a dormir dejando aquella noche de viernes a la adolescente con el niño cierto margen de libertad en su diversión nocturna, Hermione miro al pequeño.
-¿Qué tienes ganas de hacer? -le preguntó.
-¿Me lees un cuento? -le pidió el niño con la cara llena de esperanza.
-Claro -La castaña sonrió radiante. Le gustaba leer. Aquello parecía un excelente plan -¿Cuál quieres que te lea?
-¡El Dragón del Lago de Fuego!- Chilló entusiasmado.
"Su puta madre" pensó Hermione poniéndose pálida de golpe. "No había otro maldito cuento que quisieras que te leyera ¿no, Peter? En serio. ¿Cualquier otro no servía?"
Intentó que su cara no mostrara las ganas de estrangular al crio que le habían nacido de golpe y se forzó a sonreír.
-Claro -se obligo a decir- tráelo y te lo leo.
"Es un niño y no es su culpa". Se decía a sí misma. "Es un niño y no es su culpa, es un niño y no es su culpa… él no lo sabe, Peter es un niño y no lo sabe" se repetía cual mantra mientras el pequeño iba a su mochila, la abría, sacaba un libro enorme lleno de dibujos y volvía corriendo al lado de su prima con la ilusión reflejándose en su carita redondeada.
Ambos se acurrucaron en el sofá, se taparon bien con la manta y Peter se recostó en el torso de Hermione para ver los dibujos del libro mientras ella comenzaba a leer despacio.
-Había una vez, un reino tranquilo y hermoso rodeado de bellos bosques -comenzó la Gryffindor- Donde un Rey bueno y justo gobernaba a su pueblo desde un hermoso castillo y todos vivían en paz y armonía.
"...Pero el Rey tenía un único hijo, y pese a ser un joven apuesto, hermoso y galante, era mezquino y cruel, pues estaba acostumbrado a que la benevolencia de su padre siempre jugara a su favor y siempre acababa saliéndose con la suya, lo que le convertía en un malcriado. Pero era el Príncipe, y nadie se atrevía a decirle nada, ni a él ni al Rey, que era tan bueno que no se daba cuenta que estaba criando un mal hijo.
Un buen día, el Príncipe fue de cacería. Pero su caballo saltó mal una hondonada y se rompió una pata. El Príncipe estaba lejos de casa y no quería tener que andar días y días hasta volver al castillo. Así que caminó por los alrededores hasta que encontró una pequeña casita. Allí vivía una mujer.
El Príncipe descubrió que la campesina tenía un caballo de tiro para un pequeño carro, y le pidió que le prestara el caballo para volver al castillo.
-Buena mujer -dijo el Príncipe- prestadme vuestro caballo, pues aunque no es mas que un penco y estoy acostumbrado a finos corceles, lo requiero para regresar a casa. Soy hijo del Rey, y os recompensare generosamente por vuestra amabilidad.
Impresionada por los modales del hermoso joven, y queriendo ayudar al hijo de tan buen Rey, la mujer accedió.
Para antes del anochecer, el Príncipe ya había vuelto a casa.
Pero tal como llego al castillo y se vio rodeado de sus lujos, olvido la promesa de devolver el penco a la mujer del bosque, y darle la recompensa prometida.
Días más tarde, la mujer fue al castillo pidiendo audiencia con el Príncipe.
No deseo recompensa alguna, mi buen señor. Sólo deseo que me devolváis el caballo prestado, pues lo requiero para tirar de mi carro y traer mis mercancías del pueblo.
El Príncipe, furioso por la osadía de la mujer al reclamarle algo a él, que era quien un día seria el Rey, mandó a azotar a la mujer públicamente como escarmiento. Y regocijándose en su mezquindad, pues él se creía justo y sensato, se burló de la pobre campesina, viéndola marchar de nuevo a su casucha en el bosque: con la ropa desgarrada, la espalda llena de verdugones sangrantes por los latigazos y humillada.
Lo que el Príncipe no sabía es que la mujer era una bruja. Y que con su acto de crueldad cuando la generosidad habría sido mucho más sencilla, había traído la desgracia al el reino de su padre.
-Y entonces – siguió leyendo la castaña con su primo acurrucado al lado- La hechicera lanzó su terrible maldición, y una enorme bestia fue convocada mediante las artes arcanas para reclamar el precio que el Príncipe no quiso pagar… aunque esta vez, el precio sería cobrado en sangre.
-¿La bestia era un dragón? -preguntó el pequeño con los ojos como platos.
-Eso parece… -contestó la castaña mostrándole el dibujo de un horroroso monstruo alado, todo púas, cuernos y escamas afiladas.
-¿Y que pasó entonces?
-Entonces los caballeros del reino fueron convocados para ir a matar a la criatura. Pero ninguno volvió. Y cuando los consejeros pidieron al gallardo Príncipe que fuera el campeón del reino y ejecutara a la bestia, pues era el que tenía la armadura más fuerte, el mejor entrenamiento con la espada, era comandante de los ejércitos del Rey, y nadie mejor que él conocía las artes de la soldadesca, el Príncipe se negó, cobarde y temeroso de morir, decepcionando a su padre y a su pueblo… El acto deshonroso del Príncipe no le dejó al Rey más remedio que consultar a los adivinos del reino.
-¿Y qué le dijeron?- Peter parecía un búho de lo abiertos que tenía los ojos en ese momento.
-Le dijeron que la sangre de una mujer inocente derramada por el Príncipe era lo que había comenzado con aquella terrible maldición, y que sólo derramar la sangre inocente de una mujer podría acabar con ello.
-¿Y eso qué significa? -reclamó Peter un tanto molesto.
-No sé lo que significa -rió Hermione- Pero vamos a seguir leyendo, ¿vale?
-Vale...
La castaña se aclaró la garganta antes de seguir:
-Sintiéndose triste y miserable, el Rey tuvo que empezar a sacrificar doncellas a la bestia… -continuó la ojimiel señalando los dibujos- una cada mes, para calmar el apetito del terrible dragón, porque sólo la sangre y la carne de las doncellas núbiles calmaban a la criatura, y manteniéndola contenta, no atacaba al reino. Sacrificaban a una jovencita cada vez para salvar a todas las demás.
-¿Y qué pasó entonces? -el pequeño estaba que se comía las uñas de ansiedad.
-Que muchos valientes caballeros, incluso algunos venidos de otros reinos y tierras lejanas, intentaron dar muerte a la bestia, pero no pudieron. Porque era demasiado grande, demasiado fuerte, y escupía fuego. Además, sus terribles escamas eran como una armadura más fuerte que el acero, y ninguna espada la traspasaba...
Hermione empezó a sentirse incomoda. Aquella historia era demasiado como su vida las últimas semanas.
-¿Y por que no usaban un lanza-misiles o algo así?- inquirió el niño como si fuera lo más obvio del mundo.
-Porque en aquella época, no existían los lanza-misiles. Sólo espadas y dagas, arcos y flechas...
-¿Entonces cómo mataron al dragón?- El niño parecía hasta decepcionado porque no hubieran armas de gran calibre y explosivos de alta potencia en el cuento.
Hermione pasó la pagina, y continuó leyendo la historia, como si aquella sesión de lectura fuera algo surrealista. Se sentía casi como en un sueño.
-La prometida del Príncipe, una hermosa Princesa de un reino vecino, estaba triste y consternada. Ninguna joven de alta cuna había sido jamas elegida como sacrificio al dragón. Siempre eran las hijas de los campesinos y los aldeanos las que sufrían ese horrible destino de morir abrasadas antes de ser devoradas por la bestia que la hechicera malvada había conjurado. Y no podía tolerar semejante injusticia. Así que se escapó del castillo pocos días antes del día que se elegiría a la siguiente joven, y ella misma, sola, se encaminó hacia la guarida del dragón y de forma valiente se adentró en la gruta. La Princesa, temerosa y temblando, se forzó a cada paso a seguir adelante. Para morir en lugar de alguna de sus súbditas, para sacrificarse por su reino y que hubiera paz al menos un mes mas, y para demostrar que ella no estaba por encima de ninguna otra mujer de su reino. Y así, encontró a la bestia. El Dragón parecía sorprendido, se acercó a ella y gruñó y rugió escupiendo fuego en todas direcciones, menos en la de la doncella. Ella estaba aterrada, pero no retrocedió… y el dragón no la ataco. Sólo se quedó allí, mirándola.
-¿El Dragón no se la comió?- el primo de Hermione parecía consternado.
-No… -Hermione tragó saliva, y continuó leyendo la historia- Por lo visto, la maldición de la hechicera malvada era un conjuro de miedo. El dragón se alimentaba de la perversidad, el miedo y la locura. Por eso sólo podía comerse a las doncellas que eran llevadas a rastra en contra de su voluntad, y que eran entregadas por los aldeanos temerosos e ignorantes que tenían demasiado miedo para enfrentarse a la criatura. Pero la Princesa, con su pureza y su auto-sacrificio, al no mostrar miedo y entregarse libre y voluntariamente a la bestia, la había derrotado… rompió la maldición de la hechicera malvada, y desterró a la bestia al terrible lugar de donde procedía, liberando así a su pueblo. Fin.
-¿Y nadie la rescató? ¿No había ningún valiente caballero que rescatara a la Princesa ni nada?- El niño miró confuso a la castaña.
-No, esta princesa se rescató a sí misma… -ella sonrió radiante.
-¡Pues vaya mierda de historia de hadas!.. si nadie rescata a la princesa, ¿dónde esta el heroísmo? Para ser valiente hay que matar al dragón, no decirle "comeme a mi primero"
Hermione suspiró con tristeza.
-Cielo, hay muchos tipos de actos heroicos. Para ser valiente no se necesita ser violento...
-Entonces ¿por qué las mejores historias son siempre en las que hay sangre, violencia y caballeros con espadas mágicas?- el niño estaba con el ceño fruncido, cruzado de brazos, y bastante molesto- las historias de verdad, son en las que hay que hacer cosas valientes de verdad. ¡Ponerse delante de un dragón lo puede hacer cualquiera! Pero hay que ser un autentico héroe para matarlo… ¡Con espadas! ¡Y con lanzas! ¡Y con dinamita si hace falta! Eso no lo hace cualquiera...
Hermione miró a su primo casi con tristeza. Ella había estado delante de un dragón. En muchas ocasiones… y era aterrador. Ninguna espada serviría de nada. Ni lanzas. Ni dinamita. Y en muchos casos, ni siquiera una varita y una buena remesa de hechizos potentes. Hermione sabía que muchas veces, ser un héroe no es tener un entrenamiento especial para hacer lo que nadie más hace. Si no más bien, saber que no hay nada que hacer, que no vas a salir vivo… y aún así seguir intentándolo.
-Cielo, a veces ser un héroe no es ser el mejor, si no tener la suerte de ser el único que lo ha conseguido...
-¡Pero para ser un héroe hay que ser especial- Seguía emperrado el niño.
Hermione sólo sacudió la cabeza. Pensando en Harry. Pensando en Ron. Pensando en Cedric. Pensando en Lupin, en Sirius, en Dumbledore...
-Créeme cielo, lo que tú llamas ser especial, a veces sólo significa estar en el momento preciso en el lugar equivocado...
El niño empezó a bostezar y Hermione pensó que ya estaba bien por una noche.
Llevando a su pequeño primo de la mano, subió las escaleras a las habitaciones y lo metió en la cama arropándolo bien.
Luego fue a su dormitorio, se metió en su propia cama y se tapó con las colchas. Inmediatamente supo que conciliar el sueño no le resultaría fácil.
El inocente cuento infantil que le había leído a Peter, de inocente y de infantil no tenía nada. Y lo peor era la relación que inevitablemente había hecho con su actual realidad.
Al principio del cuento debería venir un disclaimer del tipo "Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es mera consecuencia" así una podía prepararse un poco al menos.
La historia además le había dejado picando el bichito de la curiosidad. Las similitudes eran tantas que no podía evitar pensar en si la solución también lo sería. Es decir, no tenían ni la más mínima pista sobre como revertir lo que fuera que aquél espejo había hecho con Malfoy, las únicas cosas seguras que tenían eran que Draco se había convertido en una bestia muy similar a la del relato, y que había generado una maldita y extraña obsesión por ella.
Mierda. Demasiado tarde para ahora frenar el cambio de rumbo que tuvieron sus pensamientos. Imágenes de su último encuentro llegaron a ella como si le hubiera dado play a una presentación de diapositivas.
¡Cómo lo odiaba al maldito! A él y a su maldita facilidad para manipularla. Para torcer las cosas, cualquier cosa, a su conveniencia y salir ganando.
Vale que no había logrado convencerla de quedarse, y que ella nunca admitiría que por un momento su firmeza se tambaleó un poquito al respecto, pero sí había logrado que le dijera que volvería al colegio por él… ¡Por él! Já.
Ella volvería al colegio porque así se lo había hecho prometer Dumbledore, porque era su hogar. Y porque ella amaba ser una bruja y adquirir más y más conocimientos al respecto, ¿verdad? ¿Cómo iba a querer volver por el mismo motivo por el cual había querido irse! ¡Ilógico! ¡Impensable! ¡Imposible!
Ahogó un grito y un poco a ella misma cubriéndose la cara con la almohada. La situación la frustraba a niveles insospechados. Y ella odiaba que las cosas se le fueran de control. Odiaba no conocer la naturaleza de sus emociones. Odiaba tener que justificarse ante los demás. Odiaba no tener la explicación exacta para las cosas. Y Malfoy la llevaba a eso, a todo lo que odiaba.
Por consecuente, odiaba a Malfoy.
Pero su mente, cruel perra traicionera, la llevó al acogedor momento de sentirse cálidamente protegida en el raro abrazo del dragón.
No había justificación para eso. Malfoy se había mostrado inquieto y ella se había preocupado. Le había reconfortado y se encontró disfrutando el contacto… el calor de su piel, las cosquillas de su aliento, la textura de su leng… "¡Basta!" Puso un freno al hilo de sus pensamientos sacudiendo la cabeza.
Ya había pasado el primero de sus días lejos de Dra… del castillo, y no había logrado distenderse casi nada. Y sabía que a como iba, las cosas no cambiarían demasiado. Veía demasiado poco factible la opción de sacarse a cierto dragón de la cabeza… y sospechaba que por la consternación que el cuento había dejado en su primo, él -aunque sin saberlo, no se la dejaría fácil tampoco.
En resumen, debía buscar la manera de desconectar su cabeza y encontrar como entretener a Peter en otros temas, quizás encontrando otro cuento, o el lunes volvería a Hogwarts con la misma crisis con la cual lo había dejado… o peor.
Y eso que todavía no estaba tocando el tema de cómo enfrentaría a sus amigos.
Había huido como rata por tirante , de la manera más cobarde posible, con tal de no cruzárselos. Llegó a armar un esquema de lugares en los cuales esconderse hasta la hora en la que partiría para no tener que verle la cara a ninguno, no hubiera sabido si contarles o mentirles en su propia cara, aunque eso a la larga fuera peor.
Tanto peor como ahora. Podía imaginarse cuan furiosos estarían, después de todos los conocía como a ella misma. Ginny se mostraría tranquila al ver que esta bien, al principio no le diría nada pero luego la manipularía de las más retorcidas maneras hasta que largase prenda. Harry estaría enojado, sí… pero donde le dejara explicarse y ella sonara lo suficientemente convincente con sus razones y sus disculpas por no haberlo avisado, él le haría prometer que no lo volvería hacer, le besaría la frente y todo estaría olvidado. Y Ron… bueno, las cosas con Ron podían tornarse un poco más complicadas. El chico tenía un grave problema cuando se trataba de tocarle el orgullo… y sin dudas el haberse ido sin saludarlo… A ÉL… sería un gran golpe, y por ende, un gran escándalo para ella.
Ya le dolía la cabeza de sólo imaginarse los gritos del pelirrojo.
Volvió a ponerle un parate a su cabeza. De ahora en más dejaría todo lo referente a Hogwarts atrás y se enfocaría en relajarse y tranquilizarse. Se imaginó su cerebro como un gran vaso, casi rebalsar de agua… vale, ahora debía lograr vaciarlo para que el gota a gota de los días que la esperaban al volver al colegio no lo rebalsaran. No podía colapsar. Todavía tenía todos los exámenes por delante y una inminente guerra en puerta.
Cerró los ojos, y varios, vaaaarios minutos después el cansancio finalmente se la llevó a rastras a los brazos de Morfeo. Y entonces, comenzó a soñar...
Una voz susurraba. Hermione tenía el espejo de mango de lapislázuli en la mano. Y la voz recitaba las extrañas palabras gravadas en el borde del objeto.
"Soy lo que soy y este es mi reflejo. Porque mi verdadera naturaleza es algo más que lo que deja ver mi cuerpo. Nómbrame, y mira lo que llevo dentro, en la palabra que me nombra encontraras la forma de mi cuerpo."
Sostenía el objeto con la mano derecha. Y en la izquierda, por alguna razón sostenía una pluma… una pluma grande. Delante de ella, en la pared, había una puerta. Hermione la cruzó.
Al otro lado había una balanza. Una balanza custodiado por una bestia quimérica. Aquella cosa tenía la cabeza de un cocodrilo, las patas delanteras y la mitad superior del cuerpo parecían de un león, y las patas traseras y el culo el de un hipopótamo. Era la cosa mas rara y bizarra que Hermione había visto en su vida.
Pero de alguna manera supo qué tenia que hacer: Poner la pluma en uno de los platos de la balanza. Lo hizo, y la bestia habló.
-Ahora en el otro plato, ponlo.
-¿El qué?- Susurró la castaña sorprendida.
-Eso depende.-Respondió la bestia- Tu corazón… o el suyo... o los dos.
-¿Eh?- la ojimiel no entendía nada. Pero cuando se giro, mirando en la dirección que miraba aquella bizarra criatura, vio a Malfoy. Encadenado, atado con las manos a la espalda y restringido. Amordazado. Y sin camisa.
Hermione se dio cuenta en ese instante que en su mano había aparecido un cuchillo. Uno grande. Y muy afilado.
-Elige bien- dijo la bestia. -Escoge sabiamente, porque o se te juzgará a ti, o se le juzgará a él, o se los juzgará a los dos.
-¿Qué quiere decir eso?- respondió Hermione empezando a asustarse.
-Que uno de ustedes morirá. O morirán los dos. O no morirá ninguno.
-Lo que acabas de decir no tiene sentido, ¡son prácticamente todas las posibilidades!
-Sí -respondió la criatura con cabeza de cocodrilo sin inmutarse- Y la elección es tuya.
Hermione iba a decir algo, iba a preguntar algo. Algo importante. Algo que...
Pip... pip pip pip pip... pip pip pip pip.
Se despertó con taquicardia. El despertador sonaba con fuerza y la luz de la mañana se colaba por la ventana.
Pero ella no había puesto el despertador.
Miró a su alrededor confusa. Peter estaba allí mirándola con una expresión de culpa en la cara.
-Es que no sé como se apaga...-dijo el niño en tono inocente.
Pip... pip pip pip pip... pip pip pip pip.
Hermione alargó la mano como en trance. Apretó el botón superior del aparato, y éste dejó de hacer aquel condenado ruido.
Adoraba a su primo, pero en esos momentos tenía ganas de estrangular al bendito crío.
— — — — — — — — — —
Esa misma noche, mientras en el Londres Muggle Hermione leía un cuento a un niño sobre un terrible dragón, Harry, héroe del mundo mágico, entraba en la cueva de Draco.
-McGonagall nos dijo que Hermione vino a verte antes de irse… -comenzó el ojiverde nada más entrar en la cueva.
Malfoy alzó la cabeza. Se había quedado medio adormilado y que ese individuo en concreto comenzara a hablarle en ese tono sin ni siquiera tener la cortesía de un saludo o pedir permiso para entrar en lo que a todas luces eran sus dominios… su dormitorio... le había puesto de un mal humor terrible.
¡Qué mierda! el mero hecho de que el jodido San Potter se hubiera plantado allí él sólo, haciéndose el héroe, le había hecho hervir la sangre…
Un momento.
Potter.
Solo.
En su cueva.
Draco sonrió. Sonrió mucho. La vena más sádica, cruel y sanguinaria de su personalidad empezaba a susurrarle en tono meloso ideas sobre la carbonización y el mutilamiento recreativo que le parecían de lo más atractivas.
Ni siquiera prestaba atención a lo que ese mamarracho estaba balbuceando. Se lo podía imaginar ardiendo. Retorciéndose de dolor en una agonía ígnea. Casi… casi podía olerlo...
"Mata a ese imbécil" dijo la voz de su cabeza "Es un maldito héroe. Los héroes hacen hazañas. Seguramente nadie sabe que esta aquí. Todos saben que no se llevan bien. Nadie sospecharía que el muy cretino tuvo la genial idea de venir aquí él solito. Lo está pidiendo a gritos. Una llamarada… devora los restos… y nunca nadie lo sabrá. Jamás nadie lo sabría… y tendrás una preocupación menos. Un impresentable menos en la faz de tu mundo..."
Draco parpadeó. La tentación era tan grande... Potter ni siquiera lo miraba. Sólo seguía hablando y murmurando incoherencias que él no escuchaba, sin mirarle, removiéndose incómodo en su posición, pasándose la mano por el pelo.
-Yo lo sabría- Dijo Draco para sus adentros.
"¿Y qué?"
-Que Granger no me lo perdonaría nunca. Potter es su amigo. Si Potter desaparece, Granger nunca sería nuestra… -pensando en lo que acababa de decir, Draco se corrigió a si mismo- Nunca seria mía.
Pudo escuchar a la voz protestar, irritada y molesta. Pero la sintió retirarse al fondo de su mente. Silenciosa pero vigilante, como un depredador que ha visto escapar una presa pero no pierde atención por que pueda pasar otra.
-¿Y bien?- Preguntó Potter alzando la voz. Miraba a Malfoy nervioso. Malfoy sólo parpadeó.
Cojonudo, pensó el Slytherin. Me está preguntando algo y yo no estaba prestando atención.
Bueno, tampoco era tan grave. No es como si le importara una mierda cualquier cosa que viniera de San Potter. Excepto si ese algo tenía que ver con cierta castaña de ojos miel.
La sonrisa del dragón se ensancho. A nadie le amarga un dulce.
Tomó aire, separó sus labios apenas una ranura y sintió los hornos de su pecho encenderse. Luego su garganta hizo algo que sólo podría ser descrito como un tosido.
Una diminuta bola de fuego salió de la boca del dragón e impactó de pleno en la cara de Potter, quien se había puesto a chillar como loco. Fue apenas un suspiro ígneo, como la llamarada de una sartén en la que se flamea algo que se descontrola apenas un segundo. Pero fue suficiente como para quemarle al Gryffindor el flequillo y dejarlo sin cejas.
-¿Pero a ti que te pasa?, ¡gilipollas!- Gritó Potter fuera de sí, mirando como Malfoy se arrellanaba en su lecho de oro y lo miraba divertido. El pecho del dragón subía y bajaba haciendo el sonido de una moto-sierra encendida. Era el equivalente a estarse riendo de aquel maldito lagarto enorme.
La expresión de Potter, llena de furia e indignación se volvió cómica. Draco sabía que lo estaba fulminando con la mirada, pero aquella cara ligeramente manchada de negro, con todo el pelo humeando, con las puntas requemadas al mas puro estilo "diente de león al viento", y la reciente carencia de cejas le restaban total seriedad al asunto.
Malfoy no pudo sostenerse de la risa. Lo que Potter vio, totalmente fuera de sí, fue como Malfoy se retorcía entre carcajadas y a un inmenso dragón blanco revolcándose en su nido con las cuatro patas sacudiéndose en el aire.
-¡Eres un malnacido hijo de puta, Malfoy!- Le gritó Potter todo indignado mientras se giraba en redondo y salía de la cueva.
Draco estuvo riéndose un buen rato antes de calmarse. Hermione se iba a cabrear por haber dejado sin pelo la cara a Potter. Pero joder si había valido la pena…
— — — — — — — — — — — — — — — — — — —
BONUS TRACK:
-¡Draco!- Ilwen hizo un aspaviento para llamar la atención del rubio- ¿Viste a Promethea? Me tenía que pasar un capitulo hoy...
-Pues creo que está en el estudio siete -respondió el ojigris- con La Comadreja, creo que quería hacer alguna toma extra que no le había gustado de un capítulo anterior o algo así...
Ilwen tuvo un mal presentimiento. Uno pésimo...
Corrió hacia el estudio siete y se extraño de que allí no hubiera absolutamente nadie. Hasta que oyó un grito desgarrador y un golpetazo similar al que haría una sandia al chocar contra el suelo.
-Uhis, lo siento, Ron- Escuchó decir a la española- Te has salido de encuadre un par de segundos, lo lamento, pero toca repetir.
-Oye, ¿sabes que aunque sea un personaje de ficción esto duele horrores, no?
-Lo sé, lo sé… y de verdad que lo lamento. Pero eres un profesional y yo tengo cierta reputación por mi atención a los detalles. Hay que repetir la escena… anda, vuelve a tu posición y la volvemos a filmar.
Ilwen se acercó a aquél rincón del decorado. Promethea estaba sentada en su silla de directora al lado de un juego de cámaras. Ron, vestido de Bran Stark, con una peluca morena, subía por el decorado de una torre hasta llegar a la ventana superior, y se posicionaba.
-Listo… -dijo el pelirrojo a desgana.
-Y… ¡ACCIÓN!- gritó la española mientras Ron se soltaba y haciendo aspavientos y gritando caía al vació hasta darse un soberano golpe contra el suelo.
-¿Que carajos estás haciendo ahora?- Ilwen se quedó petrificada. Ron, por lo visto, se había quedado inconsciente contra el suelo.
-¡Ah!- Promethea se giró sonriendo radiante- Es que me aburría...
-¡Pero las cámaras están apagadas! -Comentó Ilwen mirando el equipo fuera de servicio
-Pero él no lo sabe… -La sonrisa sádica de la española hizo rodar los ojos de Ilwen.
-¿Cuántas veces lo hiciste saltar solamente para ver como se hace mierda contra el suelo?- Ilwen se sentó en la silla libre que había al lado de la de su amiga.
-Pues con esta… 24. -Promethea se puso a rebuscar algo a su lado mientras Ron parecía empezar a despertarse.
-¿Y cuando vas a hacer que deje de saltar?
-Cuando deje de ser divertido...
Ambas sabían lo que quería decir aquello. Era un "nunca" en toda regla.
Ilwen sonrió, tan sádica como Promethea. Y esta vez fue la argentina la que habló con el pelirrojo.
-Ron, vas a tener que tomarte esto más en serio, te saliste de encuadre otra vez. Vamos a tener que repetir.
Lloriqueando lleno de dolores y muy frustrado, pero decidido a hacer bien su trabajo, Ron volvió a subir a la torre.
-Listo… -dijo sintiéndose muy miserable.
-¿Palomitas?- ofreció Promethea a su amiga, pues lo que buscaba era una bolsa enorme de su aperitivo favorito en el cine.
-Obvio… -Ilwen cogió un puñado enorme y se las llevo a la boca antes de hacer bocina con sus manos y gritar- ¡ACCIÓN!
Ron se soltó. Gritó cayendo y haciendo aspavientos y volvió a pegarse una soberana hostia contra el suelo.
-Che, tenés razón, ¡es muy divertido!- Reconoció Ilwen ante el espectáculo.
-Te lo dije… -Promethea empezó a comer palomitas también.
Ambas se quedaron allí, discutiendo sobre que excusa ponerle al pelirrojo para convencerlo que volviera a despeñarse de la torre para su diversión privada.
Hay formas menos entretenidas de pasar una tarde de domingo.
AVISO DE LAS AUTORAS: por motivos personales, seguramente estaremos una o dos semanas sin actualizar este fic, por que nos va a ser imposible coordinarnos para trabajar de forma conjunta.
AVISO DE LAS AUTORAS 2: Ningún personaje de Harry Potter fue herido o dañado en la gravacion del bonus track. Bueno, no demasiado. Además, el médico nos ha asegurado que el traumatismo craneo encefalico lo mas probable es que se sane solo. Además, es imposible que Ron se quede mas tonto de lo que ya esta, así que no es nada de lo que preocuparse.
