Buenos días, tardes y noches estimados lectores. Aquí sus escritores desquiciados, Sombra de Maldad, y Meta-Cet. Aquí tienen la continuación de esta mini saga sobre otra de las intensas misiones del abuelo Buttowski. Aquí ya comenzara lo bueno, y tendremos la participación de alguien nuevo. Solo deben imaginarla como cierta joven de la serie que ya conocemos. Sin nada más que decir, les dejamos leer. Esperaremos con ansias sus reviews.


Anécdotas del abuelo

Capitulo 02: Canario Verde

De un momento a otro las patrullas se habían intensificado apenas llegue. Los guardias se volvieron más despiertos, los francotiradores estaban atentos a cualquier movimiento. Pero aun así no fue gran problema para mí burlarlos a todos. Aunque el único problema que tuve fue el encontrar ese teatro. Es difícil ubicarte cuando todo está escrito en otro idioma. Pero finalmente lo halle.

Teatro de los campos elíseos. Paris, Francia. 1944. 18:48.

Oculto en un callejón, ya a altas horas de la noche, el cabo Hager veía la bella edificación que era el Teatro de los Campos Elíseos, donde para su preocupación empezaba a llenarse de oficiales alemanes. Al parecer iban a realizar una obra, o algo así. Dejando su moto escondido detrás de botes de basura, el espía comienza a moverse entre las sombra de las calles parisinas. Rodea el edificio hasta estar en el lado trasero del mismo, donde ve varias entradas traseras en donde al parecer trabajadores metían utilería de último momento para el espectáculo.

Viendo una oportunidad en ello, aborda un perchero repleto de pomposos trajes y vestidos cuando quien lo empujaba se agachaba para recoger una moneda que él americano había tirado. Así, como si estuviera en el caballo de Troya ingreso al teatro, tras bambalinas. Desde su pequeño escondite vio a todos los actores y trabajadores haciendo los preparativos preliminares para llevar a cabo la producción. Algunos ensayando sus líneas en disfraces de soldados, y otros dándole una segunda pintada a la escenografía. Pero, no había a la vista nadie que gritara "espía ingles" entre los presentes.

¿?: Hey! Was machst du denn hier? – una repentina voz le llamo por detrás, alarmando bastante al soldado americano. Ni tuvo tiempo de voltearse cuando lo tomen de los hombros, y lo sacan de su escondrijo. Al principio preocupado con encontrarse cara a cara con algún soldado alemán...

CLIFF: ehm... – pero, lo que vio frente a él fue una chica algo alta de cabello rubio, mirada molesta verde, y vestida con un vestido formal un tanto desarreglado. La misma cargaba un portapapeles repleto que sostenía a la vez que le empezaba a gritar en algún idioma... parecía alemán.

¿?: Warum der Teufel sind Sie verschwenden Ihre Zeit mit den Kostümen der Extras, wenn Sie mit den anderen Soldaten sein sollte?– dice, sin si quiera esperar respuesta del soldado, antes de empezar a empujarlo muy apurada, llevándolo hacia donde estaban más personas vestidas como soldados de los aliados. Pero, con fijarse bien vio que se trataban de actores. No tardo en entender que ella era la productora de la función, y lo había confundido con otro actor. – ... Und gib mir nicht, dass Sie den Text vergessen? – entonces vio que la chica se le quedo viendo, como si esperara una respuesta.

CLIFF: ehm... – pronto sintió la mirada de los otros actores, y de algunos más que veían el griterío de la productora. El no sabía literalmente como responder, ya que se trataba de un idioma que jamás le intereso aprender. Y ahora, resultaba que su vida dependía de ello. Cada vez más preocupado por ello, solo dice la única palabra que sabe... - ...Führer? – responde con una sonrisa. La rubia solo suspira, aparentemente frustrada.

¿?: Sie! Ich ersetze es! – grita a otro actor vestido como militar americano que se encontraba sentado. Este actuó emocionado, y de un empujón saco al cabo de su lugar. Por un momento pensó que se había librado, pero nuevamente la productora lo toma del antebrazo, y se lo lleva a tirones de ahí. - Co-Hersteller! Nehmen Sie kostenlos, während ich mit diesem Arschloch beschäftigen!

Otro hombre vestido de gala afirma emocionado, aparentemente encargándose de los últimos arreglos antes de la función, mientras los dos se marchan del lugar. Aun confundido por lo que estaba ocurriendo, Cliff ve que de pronto lo meten a un camerino, y ella cerró la puerta una vez ambos estaban dentro. Entonces, la mujer empezó a lanzar un montón de insultos dedicados al aparente soldado, mientras este se mantenía sentado, con mirada distraída e ignorando las palabrotas que ni entendía.

CLIFF: vaya misión... yo, aquí perdiendo el tiempo con esta loca, en vez de buscar al "Canario Verde"– de pronto, los reclamos dejaron de llover. Levemente intrigado por ello, voltea a la rubia, observando que ahora ella lo veía fijamente, y al parecer dudosa.

¿?: ¿Cómo sabes esa clave, americano? – pregunta de pronto, sorprendiéndolo ahora.

CLIFF: ¡¿Hablas mi idioma?! ¿Por qué hablabas alemán ahí atrás? – interroga de inmediato él.

¿?: Porque ellos hablan alemán, y hubiera sido muy grosero hablar en otro idioma. Ahora, respóndeme. – devuelve, aun firme. Aunque él no cedía en las miradas, responde.

CLIFF: Me mandaron a buscarlo. – contesta a secas, aun no iba a decir todo.

¿?: Buscarla, querrás decir... – dice, descruzando los brazos, y tomando asiento frente a unos espejos.

CLIFF: Espera... ¿eres tú...? Oye... ¿cómo sabias que soy americano? – pregunta sorprendido.

¿?: En ese orden, Si. Agente de Inteligencia Inglesa Jenkins, nombre clave „Canario Verde". Y es obvio, tu traje es un asco como para ser parte del vestuario de mi obra, se noto que no entendías ni pio de lo que te decía, y me estuviste ignorando hace poco. Típico de americanos. – responde, recargándose en su asiento, y cruzando las piernas.

CLIFF: ¿Tú obra? ¿Qué haces dirigiendo una función para los alemanes? ¿No deberías esconderte, o algo así? – interroga dudoso.

JENKINS: Eso hice. El disfrazarse en medio de la multitud puede ser mejor que estar encerrada en una caja, esperando que nadie la abra. – es su respuesta, aun sin perder la mirada en él. – Ahora, dime tú, ¿quién eres? – El joven soldado se mantuvo pensativo unos momentos. Por unos momentos inseguro de responderle.

CLIFF: Cabo Cliff Hager, de los aliados. – la chica se mostró extrañada.

JENKINS: En mi informe, me decía que tu nombre era "Alexander Bouvier". – el soldado frunció el seño al oírlo.

Metaland. Actualidad

KENDALL: ¡Esperen un momento! – vuelve a cortar el hilo de la historia la joven rubia. - ¿Su nombre es Alexander? ¿Por qué Clarence lo llamo Cliff? – pregunta curiosa.

CLIFF: No me gusta cómo se escucha mi verdadero nombre. Suena a señorito fino. – responde, con repudio del asunto.

KICK: Te entiendo, abuelo. – le dice, golpeteando su pecho y luego señalándolo con este.

CLIFF: Bien, ¿en dónde me quede…?

Teatro de los campos elíseos. 1944.

CLIFF: Jamás me ha gustado mi nombre, y agradecería si no me llamaras así. Me dijeron que me ayudarías con mi misión. – dice finalmente, muy serio.

JENKINS: Robar el tanque prototipo de los laboratorios parisinos, ¿verdad? – el cabo asiente. - ¿sabes en dónde está?

CLIFF: ¿no lo sabes tú? – replica dudoso.

JENKINS: En serio, ¿no venía en el informe de misión? – cuestiona incrédula.

CLIFF: Solo me interesa el objetivo. Lo demás lo descubro en la marcha. – la rubia se mostró muy molesta por aquel comentario, pero se calma tras respirar hondo.

JENKINS: Por suerte, yo sé dónde está situado. – dice más tranquila. – Nos iremos en cuanto la función termine, y los oficiales y sus escoltas se hayan marchado. Hasta entonces, quédate aquí, y... – ambos espías de pronto escuchan el sonido de múltiples botas golpeteando el piso.

Alarmados por ello se dirigen a la puerta, y abriéndola levemente asoman los ojos, y ven a un escuadrón armado con carabinas marchando en el escenario. Con sus miradas y porte supieron que no eran actores, idea confirmada cuando empezaron a preguntarle a todo el mundo. Cliff no entendía lo que decían, pero la rubia sí.

CLIFF: ¿Que hacen esos soldados aquí? – pregunta a su nueva aliada.

JENKINS: Alexander... – el aludido gruño en respuesta. - ¿cómo fue que ingresaste al teatro?

CLIFF: tire una moneda al que empujaba el vestuario donde me encontraste, y me escondí ahí. – contesta, aun atento a los soldados enemigos.

JENKINS: Por favor... POR FAVOR dime que no usaste un centavo americano en un teatro repleto de alemanes, en medio de Paris... – tardo un poco en entender el error, y cuando lo hizo mostro una mueca de espanto. Gesto que no le dio buena señal a la inglesa. – uhm... creo que los alemanes tendrán un tanque muy interesante muy pronto.

CLIFF: ¿vas a criticarme, o me ayudaras a salir de aquí antes de que me encuentren? – responde molesto por su comentario.

JENKINS: Los DOS saldremos de aquí. Si sospechan que hay un espía americano aquí, entonces no tendremos mucho tiempo antes de que llegar al prototipo sea imposible. – contesta, para luego cerrar la puerta, y dirigirse tras una pantalla donde al parecer procedió a desvestirse.

CLIFF: ¿tienes un plan para salir de aquí? – pregunta, esperando desde el otro lado.

JENKINS: Podría lanzar una libra inglesa a los soldados. Eso podría funcionar... – responde sarcástica, tomando de pronto un baúl muy cercano, y lo lleva con ella.

CLIFF: Sera tema recurrente, ¿cierto? – interroga con mismo tono, empezando a impacientarse. – mejor, dime dónde están esos laboratorios.

JENKINS: Están debajo del palacio de Versalles. Un comandante alemán, Gabriel Giesler, es el encargado de las operaciones en la ciudad de Paris, y utiliza el palacio como cuartel. También es el supervisor del desarrollo del prototipo, aunque eso le importa muy poco. – responde, aparentemente vistiéndose ahora con lo del baúl. – Proviene de una familia acaudalada, de los principales apoyadores del Führer. Llego a su cargo a base de chantaje y sobornos. Le importa más tener los más finos lujos y mucha servidumbre, que servir a Alemania.

CLIFF: Entonces, llegar al tanque debe ser fácil, ¿no?

JENKINS: ojala. Aunque él sea un desentendido, y solo va de visita de vez en cuando a los laboratorios, el anterior oficial a cargo dejo una muy organizada defensa alrededor del palacio, y en el interior. Aun cuando fue hace meses, sigue perfectamente operativa. Pero, aun así, tienen el deber de responder a las órdenes de Giesler. Y él también es conocido por ser alguien de tomar medidas muy drásticas. Si se entera que dos espías se infiltran a su base, no dudara en usar fuerza excesiva. – dicho eso, la rubia sale, ahora viéndose que vestía un vestido de secretaria, y zapatillas de tacón corto. - ¿tienes un medio de transporte?

CLIFF: Mi motocicleta. La deje escondida en un callejón muy cerca, pero, ¿Por qué te vestiste así? – contesta, dando gracias por dentro de que la rubia terminara.

JENKINS: Es parte del vestuario, nos haremos pasar por actores para poder salir sin que las tropas nos noten. ¿Más preguntas? – el cabo niega con la mirada. – Bien. Entonces debemos irnos. – dicho eso, saca de su traje un par de frascos con sustancias extrañas en ellos. Se dirige a una pila de ropa que había cerca, y los derrama en ellos.

CLIFF: ¿Qué haces? – pregunta extrañado.

JENKINS: estos químicos se prenderán fuego en unos momentos, y con el incendio podremos salir de aquí mientras lo apagan. – contesta, dirigiéndose a la puerta.

CLIFF: Claro, un centavo grita mucho más "espía extranjero" que un incendio químico, ¿no? – comenta con queja, caminando a su lado.

JENKINS: cierra la boca, Alexander. Que si hablas, literalmente harás que nos descubran.

CLIFF: ¡Que no me llames así! – se queja de último, antes de que abrieran la puerta.

Cuando salieron, vieron que la función estaba por empezar, cuando algunos actores se dirigían a escena de modos específicos, además del sonido de la música de la orquesta del teatro. Aun algunos parecían molestos por los interrogatorios de los soldados, quienes aun rondaban preguntando a todo el mundo. Nadie parecía querer notarlos, estaban más concentrados repasando sus libretos. La salida estaba cada vez más cerca, cuando el sonido de un silbato los detiene. Al girarse, el escuadrón de soldados se acercaba a ellos, aparentemente a interrogarlos también.

JENKINS: cierra la boca, yo me encargo… - le murmura molesta, cambiando al instante a una sonrisa amable para el oficial del escuadrón.

En cuanto a Cliff, este se mantuvo callado, mirando como la apodada "Canario Verde" discutía con él sargento. El hombre preguntaba firme, y la rubia contestaba con una sonrisa, a veces tornándose coqueta. De pronto el hombre parecía tornarse galante, mientras sus hombres solo rodaban la mirada con fastidio, mientras la rubia parecía fingir un rubor, avergonzada…

Si hay algo que odio más que no comer cosas con sabor, es ver escenas cursis de coqueteo…

…y fiel a su actitud, el soldado americano pronto muestra gestos de asco. Muecas que el oficial alemán nota, y no le gustaron. Con mirada desafiante se aparta de la chica, y se dirige al cabo. Este pronto le hizo al parecer una pregunta en su idioma, pregunta que no entendió. Jenkins pronto quiso interceder por él, pero el nazi no dejo de mirar a Hager, aparentemente retándolo a dar una respuesta. Al soldado se le ocurrieron muchas, pero ninguna que el alemán pudiera entender, o que no lo delatara…

¿?: Feuer! – gritan de pronto. Ellos se voltearon para ver como algunos de los trabajadores del teatro empezaron a correr, mientras otros buscaban agua, y unos pocos intentaban derribar una puerta de donde salía bastante humo. Los soldados, alarmados salieron de inmediato a dar auxilio, dejando olvidados a los dos que interrogaban.

CLIFF: ¡Vámonos ahora! – murmura bajo a su compañera.

JENKINS: Espera… - le detiene de inmediato. - Qué los alemanes nos saquen…

El cabo no entendió a qué se refería, hasta que vieron como uno de los propios soldados parecía ordenar la evacuación del personal, mientras otro lo hacía con el público. Los dos no dijeron nada cuando se mezclaron con la multitud, todos apurados por salir y evitar el incendio que temían pudiera extenderse.

Una vez fuera todo era confusión y dudas de la gente. Ellos con cuidado y sin llamar tanto la atención se movieron entre las personas, y las patrullas cercanas. Que tratando de calmar al público que se asomaba a ver lo que ocurría en aquel famoso teatro no le dieron importancia a la pareja que se iba alejando de las proximidades. No fue problema para ellos llegar al callejón donde Hager oculto su motocicleta. Asegurándose que las calles estaban vacías, el americano toma asiento como conductor, y la inglesa en la cabina de acompañante. Pronto el vehículo motorizado arranca, y emprende el viaje.

JENKINS: Tenemos mínimo hasta el amanecer antes de que intensifiquen la seguridad. – dice desde su asiento, mirando fija el camino.

CLIFF: ¡Entonces no perdamos tiempo! ¿Para dónde queda el palacio? – pregunta, desviando levemente la mirada para preguntarle.

JENKINS: No podemos ir aun. Tenemos que ir con una conocida. Ella nos permitirá cruzar los muros sin problemas… Dobla a la izquierda… - esa fue la primera indicación que su compañera rubia le dio, la cual obedeció.

Hotel Relaise Christine. Paris, Francia. 22:14.

Una noche despejada de luna llena, un silencio solo quebrado por el sonar de los grillos y de un tocadiscos con música romántica en lentas baladas, la luz del mismo astro nocturno y de delgadas velas rojas, todo eso daba ambientación para una cena en un balcón donde una pareja compuesta por un oficial alemán y una señorita de cabello rubio y ojos azules con un vestido largo rosado. La charla entre ambos, aunque en un idioma ajeno a la región, para cualquier romántico parisino seria evidente la charla entre ambos. En donde el hombre adornado por múltiples medallas dedicadas a su servicio le implórame a la dama que lo acompañara cuando lo trasladaran, suceso que ocurriría en pocos días. Su amante, negaba con pesar aquella posibilidad, dado que París era su hogar, y más que nada no quería que él se marchara, pues temía que su vida peligrara.

El sentimiento en el que aquel momento se llenó, fue el único impulso que la pareja necesitaba para ir acercando sus rostros lentamente, acortando las distancias entre sus labios, mientras la orquesta del disco estaba llegando al clímax de su sinfonía, las llamas pareciendo iluminar aún mas, y el sonido del propio ambiente nocturno enmudecía ante lo que ocurría como si se volvieran espectadores, el aliento de ambos se mezcló, anticipando lo que estaba a punto de suceder…

Cuando un repentino golpe de la botella de vino que trajo el conquistador se estrella con fuerza en su nuca, dejándolo caer como piedra contra su plato. Su acompañante, en vez de verse espantada o si quiera asombrada por aquel ataque imprevisto por una rubia alta vestida con gabardina gris, un sombrero a juego y zapatillas negras acompañada por un soldado bajo, la mira con aburrimiento, y algo de molestia.

¿?: ¡Jenkins! ¿Ahora qué quieres? Estaba a punto de sacarle el destino del envió de municiones. – se queja la dama del vestido rosa, comiendo desinteresadamente de su platillo.

JENKINS: Estoy por infiltrarme en la base de Giesler. Necesito tu ayuda. – informa seriamente la espía, levantando al oficial inconsciente y tirándolo sobre la cama de la habitación. En cuanto al cabo, este aún seguía extrañado por lo que había visto, y lo que estaba sucediendo hasta ahora.

CLIFF: ¿Me podrías decir quién es esa? – pregunta el soldado, señalando despectivamente a la "ayuda" que le comento la inglesa.

JENKINS: compañera mía. – responde parándose a su lado. – también es espía. Especialista en interrogación y recopilación de datos.

¿?: Agente Ariana Buttowski, a su servicio. – se presente al soldado, acompañado de un guiño.

(INTERRUPCION)

KENDALL: ¡Esperen ahí! ¡¿Dijo Buttowski?! – en esta ocasión, no fue la única en no dar crédito a lo que escuchaba. También los demás quedaron con la boca abierta.

KICK: ¿Abuelo…? ¿A caso era mi tía abuela Ariana? – el anciano ríe divertido ante la pregunta.

CLIFF: Si. Ella se desempeñó de espía mientras su hermano, tu abuelo Buttowski, fue soldado durante las operaciones al norte de África. Y su esposa una laborista. – contesta, pensando en la ironía de que su hija se comprometiera con el sobrino de esa rubia vanidosa.

KICK: Así que toda mi familia participo en la guerra… ¡Increíble! – celebra con su pose personal.

CLIFF: Bueno, ¿Dónde estaba…?

(Regresando)

CLIFF: qué raro apellido… - murmura para sí mismo el cabo. - ¿Qué clase de espía eres? Parecías que más bien tenías una… urgh… cena romántica… con ese tipo. – pregunta, tornándose un poco asqueado con lo último.

ARIANA: Ni te puedes imaginar cuanta información sueltan los hombres por solo una linda cara, como la mía… - contesta arrogante, no ofendida por su tono.

JENKINS: Si terminaste de besar tu reflejo, ¿podrías darnos la información? – pide impaciente su compañera.

ARIANA: De acuerdo… - con algo de disgusto por el comentario, toma un elegante bolso de piel negro, y luego de rebuscar por ahí saca un libro de él. La portada parecía estar escrita en francés, pero por las cursivas de su letra Cliff supo que era alguna absurda novela romántica. Idea que se desvanece al verlo abierto. Las hojas estaban cortadas de modo que en su interior había un hueco donde estaban escondidos varios papeles doblados.

JENKINS: ¿Qué es lo que tienes de la seguridad en el palacio de Versalles? – pregunta, mirando como la rubia baja desdoblaba algunas hojas.

ARIANA: Tengo todo. – pronto, los espías americano e inglesa vieron planos, horarios, solicitudes de envíos, rutas de patrullaje, todo lo relacionado a las tropas resumidas en esos documentos.

CLIFF: ¿Cómo conseguiste eso? – le sorprendió mucho toda la información que esa aparente mujer corriente tenia.

ARIANA: Un consejo. Si vas a salir con una chica demasiado atractiva para ti, asegúrate de no llevar documentos importantes, ni vinos fuertes. – contesta con orgullo, mientras Jenkins revisaba los datos que les proporcionaron. – También tengo los duplicados de las llaves del muro exterior, y la planta baja del palacio. No tengo nada del laboratorio, ni en donde podría estar. Parece que todos los científicos e ingenieros involucrados están completamente encerrados. Toda la comida, agua, y lo que necesiten se los envían haya. Justo esta noche llegara otro envió de suministros, justo a las 0200 horas.

CLIFF: Podemos usarlo para entrar. – sentencia seguro el agente americano.

JENKINS: ¿Crees que no revisan la carga antes? ¿En serio piensas que es una buena idea? – comenta dudosa. Ante tal desconfianza, el cabo solo sonríe.

Continuara