Buenos días, tardes y noches, estimados lectores. Sombra de Maldad, y Meta-Cet de regreso con más de esta historia proveniente del abuelo Buttowski. Debido a la falta de reviews desde que se publicó el primer capítulo de esta saga, no sabemos si de momento les haya gustado lo que hemos hecho hasta ahora, o si no hemos sabido escribirlo. De cualquier forma, esperemos que con esta parte podamos ser dignos de unas cuantas palabras suyas de apoyo. Nuestra meta es mantener vivo el sueño de nuestro medio doble de riesgo favorito. Al igual de quienes aún se dan su tiempo de continuar sus trabajas dedicados a este pequeño y gran personaje.

Sin nada más que decir, les dejamos con la lectura. Esperaremos con ansias sus reviews.


Anécdotas del abuelo

Capitulo 03: Infiltración

Paris, Francia. 1944

Altas horas de la noche en el lugar conocido como "La ciudad Luz". El silencio es una bella sinfonía que aquella bella ciudad ya no tenía. Las tropas que ocupaban aquella región no descansaban. Siempre marchando, patrullando, vigilando. Asegurándose que la nación que ocupaban se mantuviera completamente bajo su mando. Uno de los lugares mejores defendidos era el Palacio de Versalles. Sede de momentos cruciales para la historia francesa, ahora una de las víctimas de la tragedia que ahora azotaba. Sus hombres disciplinados y fieles a las creencias que impulsaban a su ejército, aunque obedecían a las ordenes sin cuestionar, sentían el tedio de no estar en alguno de los frentes de la batalla, y solo tener que custodiar un palacio al que nadie ha intentado atacar hasta el momento.

Pronto su letargo se interrumpe con la llegada de una caravana de 3 camiones que pertenecían a sus fuerzas. El que lideraba el grupo se detiene frente a la entrada, pronto siendo recibido por el guardia de la misma. Estos, aparentemente conocidos, se metieron en una charla breve amistosa, antes de que el vigilante solicitara la lista de lo que llevaran. Luego de confirmar que era lo que tenía registrado que debían tener, se dirige a revisarlos con sus propios ojos. Los primeros dos fueron revisiones veloces.

Pero, con el tercero aunque iba a ser así, noto algo raro. Le pareció que una patata de las que tenia acumuladas ahí se había movido. Solicitándole rápido a un subordinado su carabina con bayoneta, empieza a picotear con gran fuerza el fondo de la carga. Tras unos golpes revisa la cuchilla, y la ve que solo se manchó con el jugo de algunas patatas. Olvidándose de ello, da el visto bueno y permite la entrada de la caravana.

Éstas una vez dentro, se dirigen hacia una pequeña bahía que se tenía elaborada para ellos con lonas y barras de metal. Y aunque era su deber empezar a descargar los suministros, decidieron irse a comer algo, pues su viaje había sido largo. Pasaron algunos segundos luego de que ya no se escuchara nada alrededor cuando de las papas surgen los dos espías, con unas láminas de metal sobre ellos como cobertores.

JENKINS: No puedo creer que esto funcionara… - murmura impresionada la inglesa, bajando del camión y dejando la placa a un lado.

CLIFF: No es mi primera vez colándome en un camión de comida. – Contesta el cabo, dejando su lámina, con señales de haber sido picoteado por alguna cosa punzante, en otro rincón. – Estamos dentro. ¿Cómo saldremos cuando tengamos el prototipo?

JENKINS: Si tenemos que destruirlo, podemos usar las cloacas. Conectan con toda la ciudad, no podrán rastrearnos. – contesta la rubia, mirando de reojo por una esquina para confirmar que no hubiera tropas enemigas cerca.

CLIFF: Si, aja. ¿Y cuando tengamos el tanque? – pregunta un tanto disgustado de que pareciera dudar de que lo consiguieran.

JENKINS: …hay una salida en la zona trasera para artillería pesada. Podemos usarla. – informa, volviendo a ocultarse junto al soldados, y sacando una de las hojas de datos que les proporciono su amiga. – En 3 minutos harán cambio de guardia. Serán 60 segundos que tendremos para llegar a una de las ventanas laterales, y usarla para entrar. La #7 da a una habitación que usan de almacén de refacciones. Desde ahí podremos empezar a ubicar la entrada al laboratorio.

CLIFF: de acuerdo. – No viendo problemas con su aliado, guarda los papeles, y observando su reloj, esperando a que el tiempo que dijo la espía pasara.

Fueron minutos largos de tensión entre ambos, en los que ninguno quería distraerse con nada para no perder ni un segundo. De repente el sonido de las manecillas se hizo tan fuerte como el de una campana para sus oídos. Apenas la manecilla estuvo en el punto que marcaba el comienzo de su minuto de chance, sin siquiera mirarse se lanzan al exterior.

Y justo como dijo la rubia, los soldados ubicados en torres, nidos de ametralladoras, e incluso el de la puerta descuidaron por unos instantes sus campos visuales para ver a los compañeros que los iban a relevar. Algunos se centraron de inmediato a ocupar el lugar de sus antecesores, y otros se permitieron unos momentos de pláticas antes de empezar formalmente su labor. Fueron estos descuidos breves que les permitieron a ambos poder desplazarse aun en puntos donde cualquiera pudiera verlos. Y fue por eso que no se demoraron para volver a las sombras que proporcionaba el propio castillo.

Su destino es alcanzado aun dentro del intervalo que la rubia había determinado, y aunque esta ventana estaba abierta, el cabo saca de su bolsillo una navaja suiza. De esta despliega una navaja para vidrio, y con ella corta un circulo lo suficientemente grande para que su mano entrara, y levantara el seguro. Ya abierta, ambos entran por la ventana, justo a tiempo para evitar la tropa que pronto paso por ahí. Ambos espías se dieron unos instantes para recobrar el aliento, en los cuales aprovechan para ver lo que les rodeaban. Como dijo la inglesa, solo repuestos de vehículos, herramientas, e incluso luces descansaban en aquellas repisas. Aunque estas no fueran imprescindibles, sabían que la puerta no tendría vigilancia como si fueran municiones.

JENKINS: Solo tengo los planos de la planta baja del palacio. Pero, en ningún punto indica donde podría estar la entrada al laboratorio. – informa la inglesa, poniéndose de pie.

CLIFF: ¿Me permites ver el mapa de las rutas de patrulla? – pide de inmediato.

JENKINS: ¿Para qué lo quieres? – pregunta, a la vez que le daba lo solicitado.

CLIFF: ¿Qué tan intensa es la seguridad aquí adentro? – pregunta, analizando el croquis.

JENKINS: no mucha. Pero la mayor parte se mueve cuando Giesler se mueve. A esta hora deben de estar custodiando la habitación real, donde lo usa como dormitorio personal. – contesta, no entendiendo que buscaba.

CLIFF: cierto. Pero, la segunda mayor concentración parece encontrarse aquí. – la rubia observa, y ve que tenía razón.

JENKINS: ¡La capilla real! Un lugar lo suficientemente grande como para distribuir suficientes tropas para vigilar la entrada. – comenta, dándole la razón al americano. – pero, la entrada debe estar oculta. Y con las patrullas ahí, será muy difícil descubrir dónde está.

CLIFF: ya veremos cómo nos la arreglamos. – No viendo algo que pudieran hacer de momento, la rubia asiente, y guarda de nuevo los planos.

Estuvieron muy atentos a las sombras que se proyectaban bajo la puerta, verificando si había guardias al otro lado de ella. Solo alcanzaban a ver que había solo uno. Un problema de fácil solución. Aunque no pudieran notarlo, aquel soldado se encontraba muy aburrido, casi somnoliento por lo tediosa de su labor, e internamente quejándose por tener que atender un puesto tan poco importante, a su parecer. Por lo que el repentino sonido de algo cayéndose lo alarmo por lo inesperado que fue.

Ya recuperado del susto, ingresa para ver que rata había tirado que del almacén. Lo siguiente que se escucharon fueron una serie de golpes, antes que luego de unos instantes la pareja de espías saliera con cautela, vigilando que el guardia estuviera bien amordazado y atado antes de cerrar la puerta.

JENKINS: Por aquí no pasan patrullas, por lo que demoraran en darse cuenta de su ausencia. – comenta mientras a paso de puntilla empezaban a recorrer los pasillos de tan bella edificación.

El lugar, aunque no recibía ya el mantenimiento y cuidado de sus ciudadanos natales, la belleza de aquellos muros, las pinturas que una se exhibían, esculturas y antiguas armaduras, así como la misma iluminación elegante que mantenía le daba al interior una belleza que cautivara a cualquiera que la contemplara, incluyendo a Jenkins. En cuanto a Cliff, éste no le interesaba en lo absoluto la obra de arte por la que estaba transitando.

Ocasionalmente se encontraron con algunas patrullas, o enormes salas repletas de soldados. Por suerte, siempre encontraron una ruta alternativa que les permitía rodearlos. O, en caso de que no fuera posible, se escondían en donde pudieran, hasta que los patrullajes pasaran de ellos, para luego continuar. Finalmente, su destino es alcanzado.

La belleza artística de la capilla real, donde se exhibían retratos y esculturas dedicadas a la religión que ahí mismo se predicaba para la realeza en sus primeros días, ahora estaba mancillada por la presencia de tropas, tanto de quienes caminaban por rutas ya establecidas por sus superiores, como estacionados en sitios rodeados de costales de arena. Los dos espías miraron todo el entorno, buscando donde podría estar la entrada al laboratorio que buscaban. Buscaban algo que pudiera desentonar con el entorno religioso de la sala, algo que pudiera facilitar la distinción para el comandante al mando. Y lo encuentran en una enorme pintura del oficial alemán, donde un coro de ángeles, un campo verde, y un asiento de oro era lo que lo acompañaban en el cuadro.

CLIFF: ¿Ese comandante… se ama a sí mismo? – pregunta aun pasmado por aquella pintura.

JENKINS: decirle "narcisista" no sería suficiente. – le responde, en mismo ánimo.

CLIFF: Entonces ahí debe de ser. – sentencia seguro, buscando pronto quienes eran los que estaban más atentos de la supuesta entrada secreta. No tarda en ver que en el balcón más alto estaba unos dos. Aunque, estos estaban más entretenidos platicando entre ellos, pero aun así estarían muy visibles si pensaran en ir a su destino. Sabiéndolo, comienza a hurgar en la bolsa que lleva consigo, cosa que no ignora su compañera.

JENKINS: ¿Qué haces, Alexander? – pregunta inquieta, a pesar que él americano no hacía nada de ruido.

CLIFF: un buen amigo mío me dio algo, en caso de una situación como esta… - pronto su mano toma posesión de una de las granadas especiales que el profesor le brindo. Pero, su emoción se esfuma al leer la etiqueta.

"…el profesor Hunther era un brillante científico. Un genio, y un gran amigo mío con quien compartía un trago cada noche en la que podíamos… pero, también era alguien muy torpe, que olvidaba que yo no sabía leer sueco."

JENKINS: Alexander, ¿Qué ocurre…? – pregunta preocupada, viendo como ahora el soldado sacaba y devolvía al interior cada granada que tomaba, siempre con una mirada confusa.

El cabo se resigna, y en lugar de devolver a su sitio la última que sujeta, le prende fuego en la mecha y se prepara. Y haciendo gala de una excelente condición en el brazo y puntería fantástica, la lanza hacia el balcón superior. Los dos alemanes se desconcertaron al percatarse que un objeto repentino había cortado su charla, horrorizándose al imaginar que fue una granada.

Pero antes de dar la señal de alarma, la misma detona con una nube de humo silenciosa de color rosada, la cual se disipa con gran velocidad, dejando a la vista a los dos soldados pasmados. Pero, en solo unos segundos suaves risillas empezaron a salir de ellos, para de pronto convertirse en estruendosas carcajadas. Tan escandalosas como las armas que usaban de querer disparar hasta que se terminaran los cargadores.

CLIFF: ¡Demonios! ¡Estos no son los somníferos! – exclama espantado, intentando recordar que era lo que decía la etiqueta.

JENKINS: ¡¿Qué rayos intentabas hacer, Alexander?! – pregunta disgustada. Parte de su labor era evitar cualquier ruido. Y eso estaba fuera de cualquier cosa que ella hubiera siquiera tolerado.

CLIFF: un momento… ¡Mira! – la rubia obedece, y ve que las risas sonoras de esos dos guardias, pronto causa que los demás voltearan a ver, y unos cuantos fueran, al parecer molestos de que no hicieran guardia. – Es nuestra oportunidad. ¡Andando!

Y tal como dijo el soldado, ninguno de los demás vigías de la capilla si quiera se percató cuando los dos espías corrieron a paso silencioso pero veloz, y llegaban de inmediato a la pintura del comandante. Apenas estuvieron ahí lo levantaron, percatándose que este cubría un enorme agujero que conducía a un corredor apenas iluminado por pocas velas. Los dos habían entrado, y colocaron la pintura en su sitio de nuevo antes de que pronto los alemanes empezaran a abofetear a los risueños, esperando que eso los calmara.

JENKINS: Eres un americano con suerte, ¿sabes? – dice indignada la inglesa, caminando a mismo nivel que su compañero.

CLIFF: Di lo que quieras. Ya estamos aquí. – el pequeño corredor los guía a una puerta hecha de un grueso acero. Lo único que los separaba del otro lado de lo que resguardaba era una serie de cuatro enormes candados.

JENKINS: Me encargo. – dice sin esperar opiniones, sacando pronto una ganzúa, y empezando a mover el cerrojo, buscando como forzar el candado. Los minutos empezaron a transcurrir, pero se sintió más para ambos. Esos candados eran muy complejos, obvia evidencia de que ese era su objetivo. Entendiendo eso, Cliff no presionaba a su compañera para que se apresurara, pero no por eso no se sentía aburrido.

CLIFF: ehm… - empezaba a murmurar el americano bajito. -….este… ¿Tienes novio?

JENKINS: ¿Qué? – pregunta sorprendida.

Metaland. Actualidad.

CHICOS: ¿Qué? – preguntan los oyentes del relato del anciano.

CLIFF: Si. Esa fue justa mi reacción al darme cuenta que pregunte. – responde avergonzado, recordando ese momento demasiado bien.

Entrada secreta. Palacio de Versalles. 1944

CLIFF: ¿Qué? – se pregunta también sorprendido. No entendía bien por qué había preguntado eso. – Digo… usualmente mis amigos que están en esta guerra me dicen que tienen novias esperando en casa. De hecho, mi amigo, el profesor Hunther, parece que le interesa Kiki. No sé si sea igual para las mujeres.

JENKINS: ¿Es acaso un intento de pedirme una cita? – pregunta ofendida, volviendo a su labor.

CLIFF: ¡Claro que no! – se escucha más ofendido. – Es solo curiosidad. Eres la primera mujer que no es enfermera o laborista que he visto involucrada en esto… además de Kiki, claro.

JENKINS: No. No tengo novio… - responde levemente distraída, terminando con el tercer candado. - ¿Y tú, Alexander? ¿Alguna "afortunada" esperándote al otro lado del charco?

CLIFF: neh… no tuve tiempo para esas cosas antes de enlistarme. Estaba muy ocupado en mi carrera… - dice orgulloso, apoyándose contra la pared.

JENKINS: Si… seguro tu trabajo como repartidor de periódico era muy demandante… - replica la rubia con un tono condescendiente.

CLIFF: ¡Oye! Yo era el mejor para eso. Nadie repartía más rápido que yo. – responde indignado, mirando severo a quien ofende su trabajo. – Además, solo era temporal hasta que pudiera pagarme una motocicleta. Tengo decidido unirme a las carreras de motocicletas, y de motocross. Y ser el campeón de todas ellas.

JENKINS: ¿En serio? ¿Quieres desperdiciar tu vida simplemente conduciendo una motocicleta en círculos sin parar? – el americano empezó a apretar el puño. ¿A caso habría problemas si golpeaba a una espía mujer?

CLIFF: No es solo dar vueltas en una pista… espera. ¿Cómo sabias que yo repartía periódicos? – apenas se daba cuenta de aquel detalle. Apenas habían empezado a hablar de temas fuera de la misión. ¿Cómo se había enterado de ello?

JENKINS: No hay tiempo para eso, Alexander. – dice en lugar de responder, dejando caer el ultimo candado, y la puerta finalmente se abre, dejando a la vista un corredor de concreto con escaleras que llevaban hacia abajo.

Los dos espías se miran entre sí, antes de empezar a recorrer el camino de escalones que descubrieron. Este recorrido de concreto y metal, cables adornando los muros e iluminado por tenues lámparas blancas, transmitía un aire frívolo. Y el sonido de maquinaria trabajando a diferentes ritmos y fuerzas se tornaba cada vez más presentes en sus oídos. La tensión empezaba a invadir en las mentes de ambos infiltrados, aunque sus rostros hacían un espectacular trabajo ocultándolo.

Finalmente encuentran el final de las escaleras, estando ahora en un corredor recubierto por completo por concreto gris y helado. Más luces iluminaban a la perfección el pasillo, mostrando la suciedad y polvo que lo bañaran, contrastando mucho con el palacio que estaba construido justo debajo. Sin ningún guardia o patrulla a la vista, los dos se dan el lujo de caminar a paso calmado, pero suave y cauteloso. Sus pies los llevaron a una puerta metálica que para su fortuna no tenía seguro alguno. Antes de abrirla, los dos desenfundan sus pistolas, y con un asentamiento mutuo, la abren lentamente.

"A lo largo de mi vida, niños, he visto y hecho muchas cosas. Varía aun antes de enlistarme. Y durante la guerra esa lista fue incrementando. Pero, ese momento es de los más inolvidables que ni la senilidad podría hacer que olvide. Luego de abrir esa puerta, los dos nos asomamos despacio. Pero, por un instante olvidamos que estábamos infiltrándonos en territorio enemigo al ver al otro lado: Un gigantesco laboratorio y taller se extendía justo debajo del barandal desde que nos asomamos. Maquinas que para ese tiempo eran consideradas del futuro, múltiples científicos trabajando en varios lugares con computadoras enormes, y mesas con químicos. Y muchos mecánicos que mantenían la maquinaria que usaban para trabajar."

"Y hasta lo más fondo del lugar, mostrándose con majestuosidad en una plataforma cuadrada y vigilado por una pareja de soldados en cada esquina, un enorme tanque azul, ruedas con tracción de oruga de gran grosor, y un enorme cañón con cables conectados de su punta a su cuerpo. Era exactamente el mismo que vi en el informe que me dio el general. Con ver que estaba a 5 niveles debajo de donde estábamos, y que en cada piso habia más patrullas marchando con mayor disciplina y atención que los que habíamos burlado, me había dado cuenta de algo…"

CLIFF: Esto será divertido…

Continuara