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Capítulo 2
—Bueno, chico, hasta aquí llego yo
—¡Gracias por todo! –estrechó la mano contraria en señal de despedida — Me hizo un gran favor
—No hay problema — rió con ganas, como lo haría un viejo agradable y risueño — Sólo fue un viaje, ¡yo también hubiera querido que, a tu edad, alguien me ayudara! Además, es muy propio de los jóvenes improvisar las rutas de su vida~
Y conforme a los cálculos previos, ya estaba en el puerto de Campeche tan sólo cinco días después de su última charla con Arthur
Pero si debía ser un poco más honesto, admitía que había tenido bastante suerte, una que comenzó desde que llegó a La Juana
Los lugareños solían ser bastante desconfiados de los extranjeros, sobre todo de los blancos, así que por algunas horas no encontró a nadie que accediera a llevarlo al puerto necesario, ¡ni siquiera hablaban con él! Le daban la espalda y fingían que no lo habían visto
No los culpaba, después de todo, era muy inusual ver a alguien con su aspecto físico –rubio, de ojos azules-, pero no lo ayudaba ser ignorado con tanto cinismo, ¡tenía prisa!
Para su fortuna, se topó con Carlos Levi, uno de sus contactos en la isla que, además de ser médico, siempre sabía cómo conseguir lo que fuese en aquellos parajes. En vista de que él mismo no podía delatarse con los que lo conocían, le sugirió ir a cierta parte del puerto donde conseguiría con más facilidad que alguien lo escuchase
Así fue: el dueño de una pequeña carabela que transportaba telas accedió que viajara con ellos a cambio de dos monedas, pues suponía que eso era lo único que podía traer un chico que, según le dijo, deseaba llegar a Campeche para encontrarse con unos parientes y trabajar. No sabía si era un buen pretexto o no, aunque solía ser el predilecto para aparentar que era un simple civil que buscaba ganarse la vida
Por otro lado, también le interesaba irse en esa embarcación, ya que el dueño le advirtió que usarían una ruta inusual por su peligroso oleaje, pero que sin duda cortaría el tiempo de llegada. Se notaba que tenían prisa y eso era algo en lo que coincidían
También, habría que decir que ya sabía a qué se refería: Arthur usaba ese camino cuando necesitaban escapar con mucha rapidez, por lo que era muy consciente de qué se requería para salir con vida… y si las cosas se ponían difíciles, en medio de la confusión era muy sencillo tomar en control. El pánico propagado no servía de mucho al momento de pensar algo coherente, así que no representaba ningún problema~
Afortunadamente no hubo ningún contratiempo, y hasta el viento estuvo en su favor, ¡lucky!
Por eso arribaron al puerto cuando el sol de la tarde iluminaba del lado derecho la fortificación que tanto recordaba, dándole al paisaje un color naranja rojizo, con el amarillo oscuro usual del atardecer
Se despidió con una última sonrisa de aquel anciano y continuó su sendero
No le extrañó tanto que fueran de los pocos caminando por aquellos lugares, porque el tipo de tierra de la playa indicaba que había enormes rocas en el fondo que impedían que grandes embarcaciones arribaran sin encallar. Incluso ellos cuando visitaban el sitio, mantenían el Black Gold a cierta distancia y usaban los botes para llegar a tierra
Entró a la ciudad por la puerta Sur, rodeando un poco la enorme muralla que ahora le parecía más grande de lo normal y esos baluartes que vigilaban las afueras… bueno, seguro era por su posición, pero algunas cuerdas y huecos en ciertas áreas indicaba que estaban en trabajo de reparación, ¿el último ataque habría sido tan grave? Debía revisar qué sitios estaban reforzando para un futuro asalto
Cuando cruzó el portal, en la parte superior estaban algunos guardias vigilando las entradas y salidas, aunque pasó por inadvertido al caminar junto con un grupo de pescadores que regresaba de la jornada del día
Enseguida miró la avenida principal que atravesaba el sitio de lado a lado, y también la Iglesia en la parte central con su imponente campanario que comenzaba a sonar, anunciando la misa de la tarde; había varios edificios de tres o cuatro pisos que seguramente ocupaban familias enteras, junto a casas pequeñas hechas de piedra gris con techos de madera o de una piedra rojiza
La gente iba y venía de un lado para otro
Se mezclaba desde el carpintero hasta el rico comerciante, del párroco al indio del que tanto había escuchado. Él mismo no representaba nada en ese lugar, sino un punto cualquiera que podría perderse sin que a nadie le importara… sin embargo, fue inevitable percatarse que llamaba la atención por su apariencia: alto, rubio, blanco, de ojos azules entre una población morena de pupilas oscuras…
Se colocó un pedazo de tela sobre el cabello y retomó la ruta, viendo con atención las calles, las construcciones, las iglesias que se topaba con más frecuencia de las que alguna vez recordó
Vio los llamados mercados, el edificio del ayuntamiento, las plazas donde jugaban los niños con los perros y las fachadas de algunos conventos
Las fuentes, los detalles de la arquitectura, incluso los arcos de las cuatro entradas le parecieron muy hermosos, comparándolos con las que había visto en Cartagena…
Por un momento tuvo la intención de dirigirse a la ciudad del centro, la principal de aquel Virreinato para comprobar si era tan impresionante como decían, algo de:
-"Nunca conocerás el Nuevo Mundo si no visitas la capital de la Nueva España"
... empero, lo deshechó casi de inmediato, lamentándolo al reír un poco, ¡no había tiempo para eso! Quizá en otra ocasión~
No obstante, podía afirmar que le satisfacía lo que veía ahí, ¡no estaba mal para ser la primera vez que recorría el sitio sin estar en medio de un motín! Le alegraba saber que estaría dos semanas completas para conocerla lo mejor que se pudiera, al igual que escuchar todo lo posible, ¡no sería demasiado complicado! Porque recientemente fueron atacados -a juzgar por las reparaciones que estaban haciendo en la muralla- y los rumores estarían a la orden del día
Se detuvo un momento en la esquina de una iglesia…
¿A dónde debería ir? El día podría considerarlo aprovechado si ya tenía una mínima pista… ¡y casi lo olvidaba! Tenía que encontrar un sitio donde dormir
En ese caso, debía ir hacia… hacia… u-uhn…
—¡Jaja! ¡No importa! — se convenció mientras se dirigía, por inercia, hacia el Oeste — Me las arreglaré sobre la marcha, ¡no hay situación que no pueda dominar!
Eso era cierto, porque sabía perfectamente cómo defenderse y escapar de ser necesario… sin embargo, tenía desventaja al no conocer siquiera dónde estaba parado, detalle que decidió dejar de lado para no perder la confianza, ¡él podía con lo que fuera! No por nada era Alfred F. Jones, Primer Oficial del Black Gold y mano derecha del Capitán Arthur Kirkland
…
Anduvo por espacio de una media hora… hasta que se encontró completamente en la zona poniente, en los barrios de mala muerte con las que cada nación contaba
Los mendigos dormían en la tierra, las prostitutas de pinta asquerosa se acumulaban en las esquinas, y varios sujetos que apenas lucían un par de dientes en la boca peleaban, robaban y se mataban entre sí
Aquello era común en todos los países, desde Inglaterra hasta Jamaica, de España a Brasil, y a pesar de ser una vista que había presenciado innumerables ocasiones, seguía sin gustarle
Tanta podredumbre humana no tenía sentido
El pensamiento de que no se conseguía nada sin un nombre que resonara en los confines se acentuaba con fuerza en su cerebro, tanto que dolía
Quizá él estaría en una condición similar de no ser por la firme iniciativa de dejar de ser un perfecto cero en el asqueroso planeta
—Hey, amigo mío — un tipo que salía de un callejón le habló de repente — Disculpa, ¿necesitas ayuda?
—No — respondió con firmeza, siguiendo el camino a paso seguro — Estoy bien
—¿En serio? Es que podría apostar que estás perdido
—Está equivocado
—No lo creo — un sujeto más apareció a sus espaldas, dando la vuelta a tiempo para encararlo — Digo, no es por nada, pero se nota que no eres de por aquí
—Además, personas de tu tipo — un tercero se ubicó del otro lado de la estrecha calle — no vienen muy seguido por estos rumbos, ¿sabes a lo que me refiero?
Observó con más atención, notando que aquellos no eran los únicos que ya estaban rodeándolo y cortándole las salidas… ¿Cuántos eran? Uhn, ¿quizá 6 o 7? A lo mucho 10…
—¡Pero no te preocupes! — uno se empezó a acercar más de lo debido — Nosotros te ayudaremos, ¿cierto, chicos?
—Por supuesto — otro por la izquierda —Conocemos este lugar como la palma de la mano, ¡quédate y estarás bien!
Sí, eran 10… y eso fue…
¡Very, very funny!
—Lamento si tengo que rechazar la oferta~ — retrocedió un poco, dándose espacio. Había 3 a derecha, 2 en frente, 4 a la izquierda y 1 atrás — Como comprenderán, personas de "mi tipo" no hablan con escoria como los de "su tipo"~
Eso encendió los ánimos
Al tiempo que los primeros de en frente se abalanzaban sobre él, giró ligeramente y le dio un puñetazo al que estaba atrás, tomándolo de los hombros y aventándolo hacia el resto. Eso atontó a la mayoría, lo que le dio espacio libre hacia el otro lado de la calle, golpeando en el estómago a uno que se levantó enseguida, y quebrando la rodilla de otro que quiso atacarlo por la espalda
¡Jah! ¡Tenía tiempo que no se enfrentaba a varios a la vez! No desde la última ocasión que fueron a Haití y donde estaban en medio de una tormenta, ¡esto no era nada! Salvo un buen calentamiento y un poco de diversión que les enseñaría a esos idiotas que nadie se metía con él
Esquivó un golpe, una patada, y devolvió la agresión con un codazo en el rostro de algún infeliz que gritó de dolor
Hubo algo, empero
Por la esquina de la calle, escuchó la voz de una mujer, una que pedía torpemente que alguien trajera a los soldados
"Soldados"
…
¡Mierda! ¡Lo había olvidado!
No podía llamar la atención más de lo debido…
Si lo hacía, las autoridades civiles se meterían y lo fastidiarían buscándolo por todo el lugar… y si alguno llegaba a reconocerlo como un pirata, incluso los soldados se meterían y se armaría un alboroto, ¡no podría reunir información en esas condiciones! En el peor de los casos, hasta lo atraparían… o quizá ese tal Capitán Fernández aparecería y no…
De pronto, se encontró en el suelo sintiendo un agudo dolor en la cabeza
Percibió algunas voces, muchos pasos a su alrededor, y más punzadas de malestar atravesaron su espalda, las costillas y las piernas
Vio el suelo, y algunas gotas de sangre humedecieron la tierra bajo él…
Se había descuidado, maldición…
…
Sintió que lo arrastraban hacia un callejón, y un par de hombres lo levantaron y lo inmovilizaron sujetándolo de los brazos a modo de palanca. Tenía la vista algo borrosa, pero contaba con la suficiente percepción para ver que el resto de los sujetos se acomodaban a su alrededor, y uno portaba un palo especialmente grueso
Vaya, así que le pegaron en la cabeza con eso…
—Oh, pobre chico —se burló el que estaba delante de todos — ¡Qué lástima que rechazaras nuestra ayuda! Tendremos que hacer esto por las malas~
El que tenía la madera se acercó, alegando algo de que le rompería los brazos. Bajó la cabeza a su nivel y le sonrió con esa dentadura podrida que lo hacía ver como un completo imbécil
Sonrió apenas, y de un segundo a otro, le propinó una patada justo en la quijada, noqueándolo y dejando una agradable masa rojiza en lo que osaba llamarse "boca"
El estúpido gritó y cayó de sentón, ganándose la burla de los demás, y él mismo un nuevo golpe en el rostro que le hizo escupir un poco de sangre
Quizá esa fue algún tipo de señal, ya que los otros empezaron a golpearlo en cada lugar posible, apenas perdonándole el rostro para que no perdiera la consciencia, por lo que pudo sentir perfectamente cada cosa que pasaba
Intentó soltarse, moverse, lo que fuera que le diera una mínima oportunidad de amortiguar el dolor, pero estaba bien sujetado, y el golpe en la cabeza lo tenía en un estado de confusión que no le dejaba hacer demasiado
—Personas como tú no deberían estar aquí — apenas escuchó, aunque alcanzó a mirar al hombre que le hablaba — Y ahora te demostraré por qué
Fue cuando sacó una daga de hoja oscura
… esto no pintaba nada bien, ¡no podía terminar así! ¡No iba a morir a manos de unas perfectas basuras que no significaban nada ante él! ¡Ante un gran pirata que había enfrentado situaciones más graves que esa!
Gruñó de pura rabia cuando ese imbécil acercó el filo hacia su rostro y marcó una perfecta línea en su mejilla, ¡nadie se burlaba de él! ¡Nadie podía herirlo así y salirse con la suya!
Tuvo nueva fuerza para moverse, incluso le rompió la nariz a uno y dejó sin aire a otro…
Un nuevo golpe en la quijada lo confundió y permitió que los otros lo retuvieran con mayor dolencia… junto a eso, pudo ver perfectamente la intención del aparente líder al sujetar el arma de aquella forma: iba clavársela hasta el fondo
¡No, no! ¡No lo permitiría! ¡No terminaría en ese asqueroso lugar como si no fuera nadie! ¡No moriría, ni sería olvidado como si no hubiera hecho nada con su existencia!
Pero… pasó algo…
Vio en cámara lenta cómo aquel que iba a apuñalarlo caía al suelo de lleno y sin ningún tipo de resistencia
Todos, incluyéndolo, guardaron silencio, confundidos y sin saber quién…
El sonido de varios quejidos le indicó de repente que varios habían sido noqueados, y los que quedaban, dejaron de prestarle atención para dársela al que se atrevió a intervenir
Sintió cómo lo soltaron y lo cálido del suelo donde cayó, empero, se sentó lo suficientemente rápido para ver cómo los sujetos empezaban a derrumbarse heridos y golpeados, algunos sangrando tanto como él debía estar haciéndolo
Uno sacó torpemente un sable de cuchilla oxidada y se abalanzó ante… un chico… sí, parecía serlo, pero encontrarse a contra luz no le dejaba ver bien sus rasgos…
Se oyeron algunos choques de metal, unos pasos, y enseguida otro cuerpo que caía al suelo, inerte
Los que quedaban, o los que podían moverse, iniciaron la huida sin prestarle atención a los que dejaban atrás
Claro, era típico de cobardes abandonar a los compañeros heridos como si no importaran, ¡ni siquiera podían considerárseles verdaderos hombres!
Rió un poco, sintiendo el dolor en las costillas por hacerlo, ¡pensar que hacía unos minutos estuvo a punto de ser derrotado por esos imbéciles! Oh, no, ¡claro que no se quedaría así! ¡Se las pagarían todas juntas…!
…
… fue… hasta entonces que tuvo dentro del foco de vista al chico que lo ayudó
… tendría como 22 años… estaba vestido con un sencillo pantalón negro, botas oscuras que llegaban a sus rodillas, camisa blanca y una gabardina no más debajo de los muslos
Era alto, de complexión delgada con una fina musculatura que le daba buena estructura corporal; extremidades largas y finas, resistentes que aparentaban aguantar cualquier tipo de embate físico; su piel era morena, de apariencia tersa que, al mismo tiempo, delataba cierta aspereza que sólo se lograría con trabajo manual bastante pesado; el cabello castaño oscuro lo tenía suficientemente largo para atarlo en una pequeña coleta a la altura de la nuca; varios mechones caían sobre sus ojos, que eran de un color rojo oscuro… de esa tonalidad que le recordaba a la sangre oscurecida por mezclarse con… algún tipo de veneno…
…
No se le vino nada a la mente por unos momentos
Sólo miró ese cuerpo, ese rostro que le pareció tan bien parecido que casi le impidió respirar
Ese sujeto era tan…
El efecto se duplicó cuando aquella mirada rojiza hizo contacto con la propia, transmitiéndole algo que no supo definir, pero que le golpeó el corazón tan fuerte que amenazó con detenerse
¿Qué era lo que…?
…
No hubo más espacio para aquel efecto que no tenía descripción, a su pesar
Fue por mera inercia que se levantó de un salto y empujó al chico, evitando que el perdedor que tuvo el atrevimiento de ponerse de pie otra vez, clavara el puñal en su espalda. En su lugar, recibió la herida en el hombro derecho, profundo y certero
Gimió por el dolor, aunque no le importó en tanto estaba ofrecida la posibilidad de una mínima compensación: cogió una delgada cuchilla que ubicó en el suelo, y con un movimiento firme, la hundió hasta la empuñadura en el pecho ajeno, sonriendo por el quejido que ese bastardo lanzó patéticamente, ¡¿pues quien creía que era?! ¡¿En verdad pensó que podía salirse con la suya?! Fue tan divertido verlo caer, inmóvil y apenas respirando, muriendo como la basura que era…
…
Y eso fue lo último que sus fuerzas le permitieron hacer
En menos de lo que se dio cuenta, ya estaba doblándose y a punto de estrellarse contra el suelo, sorprendiéndolo de buena forma que el moreno lo hubiera impedido al sostenerlo con una firmeza que aturdió sus sentidos
Quizá escuchó una pregunta, una vaga oración… pero no pudo reconocerla, ya no
Sólo cerró los ojos y perdió la consciencia, pensando un segundo antes que esperaba ver al chico de ojos rojos cuando despertara
Sólo de esa forma, podría considerar aquel día como bien aprovechado
…
Tal vez más que eso
